Las elecciones norteamericanas que se avecinan, como toda elección política, tendrán todo el glamour que los americanos querrán darle, que las circunstancias aconsejan y de momento se estima que la lucha será cerrada.
Todo esto aderezado con numerosos ingredientes, de entre los cuales destaca la osadía por llevar como su candidato a la presidencia es un negrito de Harvard con ascendencia africana en desmedro de Hillary. La respuesta del partido republicano no se hizo esperar: McCain designó a una joven mujer como su compañera de fórmula, ya sea para capturar la decepción de quienes no se convencen que Hillary ya no está en carrera, o para compensar la elevada edad de McCain, o para darle jovialidad y la consiguiente vitalidad a una candidatura que representa a un partido, el republicano, que arrastra el desgaste de 8 años de gobierno de Bush.
Si bien estas elecciones tienen lugar lejos de nuestras fronteras, ellas son importantes para nosotros por el peso que tiene Estados Unidos en el mundo. Lo que haga o deje de hacer su gobierno influye en nosotros. La crisis económica que vive el mundo, y nuestro país en particular, tiene su origen en problemas financieros que enfrenta. Querámoslo o no, lo que ocurre allá influye en nuestras vidas. La fortaleza o debilidad del dólar, incide en nuestras exportaciones/importaciones, y por ende en nuestro nivel de actividad económica.
Hoy Obama ya es el candidato oficial del partido demócrata, logrando lo que en un comienzo se veía como imposible: derrotar a Hillary y encarar las elecciones con un partido demócrata unido tras él a pesar de unas primarias que dejó heridas que recién están cicatrizándose. Con el slogan “Yes, we can” (“si, podemos”) a décadas de los sueños y asesinatos de Martin Luther King y John Kennedy, Obama resucita el entusiasmo de entonces por la vía de invitar a recuperar la fe y la capacidad para soñar y cambiar.
Sin embargo, difícilmente habrá cambios estructurales. A lo más cambios cosméticos para mantener incólume la esencia de un sistema que está siendo gobernado por las grandes corporaciones multinacionales. En esta perspectiva pudiésemos creer que nos da lo mismo quien sea el candidato elegido; sin embargo, a pesar de todo, no da lo mismo porque en los matices está la diferencia, y estos matices no son tan menores.
Si Obama osara desafiar las bases del poder que ostentan estas grandes empresas, lo más probable que corra el mismo trágico destino que los grandes soñadores que le han precedido: asesinado.



