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| Foto de JD Mason en Unsplash |
La calidad de nuestra vejez está condicionada, o se
explica, por diversos factores. Entre ellos la genética, de dónde venimos.
También de la vida que hemos llevado, así como de la mala o buena suerte, y
errores que hayamos cometido.
Estamos viviendo más y están naciendo menos niños. La clásica pirámide
etaria, se está invirtiendo, si es que ya no se ha invertido. Familias
numerosas se encargaban de los viejos, de los adultos mayores. Hoy, familias
pequeñas a duras penas pueden encargarse de ellos mismos. Se vive de otra
manera.
Quienes llegan bien parados a la tercera edad, a la edad plateada, buscan
hacer aquello siempre postergado y que no podían hacer por falta de tiempo.
Aspiran vivir en plenitud, íntegramente, atentos al tema de la salud, más
preventivos que nunca, buscando ejercer a tope su condición de ciudadanos,
atentos al salto de la liebre, a lo que está ocurriendo en el día a día, allí
donde está y en la quebrada del ají, integrados al tejido social.
Para esta vida plena en esta etapa plateada de su existencia, es clave
disponer de hábitos saludables, una mirada más allá del horizonte, una actitud
positiva. Estar en paz consigo mismo, con su familia inmediata, y con su
entorno social. Saludar y ser saludado. Desear lo mejor a los demás y que los
demás te deseen lo mejor. Darle un sentido a la vida. Para ello no debemos
dejar de movernos, de ser curiosos, de interesarnos por los demás, por lo que
está pasando.
Para la mayoría es difícil envejecer. La diferencia la hace envejecer con
salud, o sin salud. Me refiero a lo que denomino como las 4 saludes: física, mental, económica-financiera y
social-familiar.
Desgraciadamente la vejez suele asociarse a decrepitud, a enfermedad, a pobreza.
A los niños y jóvenes de hoy les espera una vida larga, más larga de la que
nos está tocando. Mientras más preparados estén, mejor será esa vida. La
realidad, y difícilmente sea de otra manera, siendo niños y jóvenes, este tema
de la calidad de vida cuando sean viejos, no es algo que les quite el sueño. No
es para menos. Otras son sus prioridades, sus preocupaciones. Pero las
conversaciones de abuelos a nietos pueden ayudar. Las charlas de abuelos en
escuelas también pueden ayudar, al igual que las sobremesas abuelos con niños y
jóvenes.
Es importante que niños y jóvenes vayan preparándose para esa vida larga
que les espera. El mundo que vivimos hoy los viejos no tiene nada que ver con
el de nuestra infancia. En este último medio siglo los cambios han sido
monumentales. Y no se ve que paren. Siguen a un ritmo vertiginoso tal que la
mayoría de nosotros queda fuera de carrera, forzando a abrir válvulas de escape
para que no quedemos fuera de bordo, a la deriva. Hoy el grueso de las
gestiones, de los trámites, de las transacciones ya no es presencial, sino que
vía digital, un mundo que la mayoría de nosotros a duras penas alcanzó a ver en
su niñez.
Nacimos en un mundo analógico, y estamos muriendo en un mundo digital,
donde son otros los gallos que cantan. Y ahora, con la inteligencia artificial,
quién sabe cómo será el mundo que viene, la vejez que les espera a los jóvenes
de hoy.
Al empezar esta columna mencioné el tema de la inversión de la pirámide
etaria. Vamos, si es que ya no estamos, hacia un mundo en el que los viejos
pasaremos a ser una suerte de “mayoría”. Esto sin duda que pondrá en alerta al
mundo, tanto político como empresarial.
En lo político abre espacio a políticas públicas hacia esta nueva
mayoría que se viene.
Y en lo económico, ya se habla de la economía plateada (“silver economy”).
Pero quienes hablan de esta última piensan esencialmente en quienes tienen un
alto poder adquisitivo. ¿Y los demás? ¿Qué pasará con ellos? ¿Con quienes no se
puedan financiar cruceros ni viajes? ¿Quiénes requieran de cuidados? ¿Quiénes
necesiten seguir trabajando para subsistir? Estos no tendrán acceso a edificios
senior ni mucho menos. A lo más a hospederías.
Se desprende que este mercado plateado no es homogéneo ni mucho menos, dado
que en él la desigualdad está vinculada con la existente en la sociedad en que
estamos. Mientras se espera que en los próximos años este mercado de los viejos
crezca sobre el 30% dentro de las próximas décadas, el mercado infantil se va
jibarizando.
Todo cambia, seguirá cambiando, y cambiará más.
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