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octubre 16, 2026

Un modelo previsional que cruje

Nos acabamos a enterar que el fondo E, el más conservador de las AFP, está registrando, de un mes a otro, un desplome de miles de millones de dólares. Una vez más, el gobierno de José Antonio Kast no encontró nada mejor que culpar al gobierno anterior.

Cuesta entender lo que está ocurriendo. Los ahorros previsionales de los chilenos, por ley, están en cinco fondos. Desde el fondo A, el más riesgoso, hasta el fondo E, el más conservador.

Los más jóvenes pueden elegir en qué fondo estén sus ahorros dado que su horizonte es de largo alcance. No así quienes están ad portas de jubilar, quienes forzosamente ven trasladados sus ahorros al fondo E por ser el de menor riesgo. Sin embargo, lo que estamos viendo pareciera ser todo lo contrario, que el fondo más riesgoso es aquel que supuestamente es el más conservador.

Como está el mundo, con tres guerras en curso, sin mostrar visos de terminar -Ucrania, Israel-Gaza e Irak-, cualquiera con dos dedos de frente debe encontrar natural que los fondos previsionales arrojen pérdidas. Mal que mal, en tiempos en los que más se destruye que lo que se construye, se asume que todos perdemos, que todos vamos hacia atrás.

Pero lo que llama la atención es que los fondos más conservadores, que menos arriesguen, sean los que más se estén hundiendo. Los fondos más riesgosos también arrojan pérdidas, pero mucho menores. ¿cómo se entiende?

Estoy seguro que Condorito exigiría una explicación, y lo más probable que esté pensando que acá hay gato encerrado, si es que no hay un asalto a mano armada a los ahorros forzosos de quienes están a punto de jubilar. Con lo que está ocurriendo, si alguien tenía fondos acumulados como para jubilar con un millón de pesos mensuales, ahora tendrá que resignarse con 900 mil pesos mensuales. Esto es, una baja de un 10% en su pensión esperada. De la noche a la mañana, sin decir agua va.

¿Qué se puede desprender de todo esto? Que nuestro modelo previsional simula un modelo de casino, donde a los trabajadores se les fuerza a jugar a una suerte de ruleta rusa, depositando sus ahorros en instituciones, las famosas AFP, gobernadas por quién sabe quiénes y que no arriesgan ni un peso de sus bolsillos.

Como para agarrarse la cabeza.

junio 09, 2023

Arrancándose con los tarros

Foto de Tingey Injury Law Firm en Unsplash

Según un fallo de la Corte Suprema, desde hace años las instituciones de salud previsional (ISAPREs) han estado cobrando por sobre lo legalmente establecido a sus poco más de tres millones de afiliados. Pocas dudas cabe que parte importante de las utilidades que han tenido las ISAPREs tienen su origen en estos cobros en exceso.

Importa destacar que en las ISAPREs se encuentran poco menos de 2 millones de afiliados, quienes con sus respectivas cargas totalizan del orden de 3 millones de beneficiarios. Los cobros de cotizaciones por sobre lo que la Corte Suprema ha considera legales son de alrededor de mil cuatrocientos millones de dólares. Esto es, las ISAPREs debería devolver, en promedio, cerca de unos 600 mil pesos a cada afiliado.

El fallo de la Corte Suprema establece que se debe aplicar la tabla de factores que las ISAPREs no han estado aplicando, lo que daría origen a la devolución de cobros por sobre los legalmente establecidos. Este fallo se genera a partir de demandas interpuestas por afiliados a las ISAPREs

Quienes estén interesados en conocer la cronología, o vía crucis de las tablas de factores y sus consecuencias, les sugiero pulsar aquí.

A conitnuación se acompaña la tabla de factores que debe utilizarse actrualmente para calcular el precio de un plan de salud, buscando generar equidad entre hombres y mujeres, y entre jóvenes y adultos mayores.

Fuente: www.chileatiende.gob.cl

Esta tabla, que las ISAPREs no han estado aplicando, teniendo la obligación de hacerlo, según el fallo de la Corte Suprema, reporta no pocos beneficios que los afiliados deberán aquilatar.

Es única para todos quienes estén afiliados; es simple, dando mayor transparencia a la oferta de planes limitando los tramos de edad a aquellos usualmente utilizados para determinar indicadores de salud y el ciclo de vida de las personas; es solidaria al introducir compensaciones desde los jóvenes hacia los adultos mayores y de hombres hacia las mujeres; y por último, es homogénea al mitigar las variaciones de precios al cambiar de tramo de edad, evitando con ello incrementos bruscos.

A todo esto las ISAPREs le han dado la espalda cosechando pingües ganancias sin asco alguno. Ahora lloran sin vergüenza alguna y amenazan con quebrar, exigiendo indirectamente una operación de salvataje para viabilizar su continuidad. El gobierno no quiere ni hablar de perdonazo alguno, a lo más se ha abierto a alguna ley “corta” que contenga alguna fórmula que posibilite el cumplimiento del fallo de la Corte Suprema.

Todos, moros y cristianos, afiliados y no afiliados, gobernantes y gobernados, estaban convencidos que la aplicación del fallo era general, tenía carácter universal, y por tanto, aplicable a todos los afiliados, no solo a los demandantes.

Se estaba en eso, cuando la vocera de la Corte, Ángela Vivanco, muy suelta de cuerpo, en una entrevista declara que los excedentes de las ISAPREs, esto es, los excesos cobrados, “se tienen que devolver a quienes demandaron”. Posteriormente aclara que fue una arrancada de tarros personal, que es lo que piensa ella, y por tanto, no es una afirmación en su calidad de vocera de la Corte Suprema. Esto bastó para que saltaran los tapones.

Pero ¿quién es Ángela Vivanco? Es abogada y doctora en derecho y ciencias sociales, fue presidenta de Unión de Centro Centro (UCC) de 1995 a 1996, el partido del Fra Fra Errázuriz, un partido de derecha populista de corta duración. De pensamiento conservador, tuvo un paso por Renovación Nacional (RN) e integra la Corte Suprema desde el año 2018 a proposición del gobierno de Piñera.

Con las declaraciones de Ángela, todo crujió. En las ISAPREs se sobaron las manos. Ángela renunció a su condición de vocera. Todo el mundo quedó estupefacto y de todos lados se pidieron aclaraciones a la Corte. La Corte se reúne y frente a todos los recursos de aclaración interpuestos dice que no hay nada que aclarar, que el fallo habla por sí solo.

En eso estamos. Quienes estaban sacando cuentas alegres quedaron a fojas cero. Todo esto en el país del nunca jamás. La pelota se la pasan unos a otros.

 

noviembre 04, 2022

Las pensiones que nos persiguen

Foto de Harli Marten en Unsplash

El gobierno ha dado a luz su proyecto previsional que se presenta al congreso nacional con miras a su análisis para su eventual aprobación. Se trata de un proyecto largamente esperado. Ya han existido iniciativas anteriores, todas fracasadas. Por eso, no faltan quienes afirman que la tercera es la vencida. Estamos ante un proyecto que se balancea entre quienes se han parapetado tras el lema “No más AFP” y quienes están tras “Con mi plata, no”.

Las razones que fundamentan el proyecto apuntan esencialmente a romper su carácter eminentemente individualista, y donde solo el trabajador es el que se pone, forzosamente. Dejar atrás un sistema que en su momento, al crearse en 1980 mediante el DL 3500, prometió el oro y el moro. Lo que ha dejado no ha sido sino una estela de frustraciones por motivos que dan para otra columna.

El proyecto propuesto busca un financiamiento tripartito de las pensiones: con aportes no solo de los trabajadores y del Estado, sino que de las empresas. Lo que se propone es moneda corriente en los países, particularmente en aquellos con los cuales queremos cotejarnos, a los cuales queremos acercarnos, de mayor desarrollo.

La otra rareza del sistema que tenemos reside en que cada uno arma su propia alcancía con los ingresos que tiene, sin que exista solidaridad alguna a nivel intrageneracional ni intergeneracional. Es el sueño del neoliberal extremo, en el que cada uno se rasca con sus propias uñas, asumiendo que lo que cada uno gana es exclusivamente gracias a su propio esfuerzo, siguiendo la máxima de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Como si la cuna no incidiera para nada. Como si la suerte tampoco incidiera, ni las trampas de quienes se avivan. Meritocracia pura y dura. Si nos ponemos una mano en el corazón, sabemos que lo de la meritocracia es más cuento que realidad.

Lo que el proyecto propone es incorporarle al sistema una tímida cuota de solidaridad desde el aporte patronal por la vía de la creación de una cuenta colectiva que apunte a mejorar pensiones actuales y futuras. Es lo que objetan quienes están tras la bandera de “con mi plata no”.

No nos engañemos. Más allá de lo que se logre con este proyecto, no veo posibilidad alguna de tener pensiones dignas mientras persistan los sueldos que la mayoría recibe. No se le pueden pedir peras al olmo. Si en vida activa ganamos poco, lo que recibamos como pensión también será baja. Imposible que no lo sea si no hay un mínimo de solidaridad entre nosotros, si nuestro sistema previsional carece de un componente solidario. Si no somos capaces de reconocer que unos ganan lo que ganan por nacer en cuna de oro y otros en cuna de paja; o que unos ganan lo que ganan por pitutos y otros porque no los tienen, estamos fritos. Y por lo mismo, el foco debe estar en reducir la influencia de los pitutos, la influencia de la cuna, y que la palabra meritocracia deje de ser una expresión vacía, sin contenido. Cuando ocurrirá esto? Al paso que vamos será en el año de las calendas griegas.

Agreguemos el factor suerte, que también incide, en unos más, en otros menos, pero que no deja de estar presente. Si bien es cierto que unos se esfuerzan más que otros, no nos compremos el cuento de que nuestro esfuerzo lo es todo.

La travesía que sufrirá el proyecto, con la composición del congreso que tenemos, será un verdadero vía crucis. Quién sabe cómo y ni cuándo saldrá el proyecto. El arte de la negociación, inherente a la política, alcanzará alturas que en este minuto ni sospechamos.

abril 20, 2022

La caída de los proyectos del quinto retiro: ¿quienes ganaron? ¿quienes perdieron?

Foto de JD Mason en Unsplash

Al comienzo de esta semana en la cámara de diputados se votaron dos proyectos relativos a un quinto retiro del 10% de los fondos de pensiones. Uno de ellos, presentado por la inefable Pamela y su séquito, sin restricciones; y el otro, presentado por el gobierno, acotado a quienes cumplan algunas condiciones específicas (pagos de pensiones alimenticias y de deudas, entre otras).

El primer proyecto estaba en línea con los proyectos ya presentados para el primer, segundo, tercer y cuarto retiro. Su objetivo inicial, cuando la pandemia tenía consecuencias en el campo laboral y los apoyos desde el gobierno eran claramente insuficientes, fue el de posibilitar que desde los propios ahorros previsionales de los trabajadores se pudiese enfrentar la emergencia. Sin embargo, con el tiempo estos retiros han ido perdiendo razón de ser: primero, porque desde el propio gobierno anterior se empezaron a admitir acciones de apoyo a quienes se veían afectados; y segundo, porque la pandemia ha ido perdiendo fuerza y como consecuencia de ello, el mercado laboral se ha ido recuperando.

El gobierno actual, teniendo presente el contexto económico actual, no obstante que está sustentado por una coalición que en el pasado respaldó los proyectos de retiro del 10% anteriores, decidió no respaldar el proyecto mencionado en el apartado anterior. El fundamento de esta decisión se sustenta en el hipotético impacto inflacionario que un quinto retiro tendría en un contexto que de por sí ya tiende al alza de precios por factores internos y externos.

Para compensar esta decisión, como una forma de mostrar su sensibilidad frente a los problemas que subsisten, y para frenar el proyecto original del quinto retiro, el gobierno resolvió presentar un proyecto similar pero acotado, limitado a casos particulares. El resultado ya se conoce: ninguno de los proyectos alcanzó la votación requerida para su aprobación.

Es difícil imputar el resultado de las votaciones a la oposición o a la coalición gubernamental porque hubo votos cruzados. En general hubo diputados de oposición votaron por el quinto retiro sin restricciones y diputados de gobierno que votaron por el proyecto del quinto retiro acotado, pero no faltaron los díscolos de lado y lado que revolviendo el gallinero hicieron caer ambos proyectos.

¿Quién ganó? ¿quién perdió? Paradojalmente estimo que, en términos de los propósitos, ganó tanto la oposición como el gobierno. La oposición, por principio nunca ha querido retiro alguno, salvo algunos que lo hacen mirando la platea, y desde el gobierno el proyecto se presentó nada más que para frenar el que ya estaba en la cámara de diputados.

Desde el punto de vista del país se ganó en el sentido que lo ocurrido es una señal de la necesidad de ponernos serios de una vez por todas. Esto implica dejar de emborracharnos la perdiz presentando una y otra vez proyectos que apuntan a recurrir a los recursos que tenemos reservados para nuestra vejez. Y concentrar toda la energía y capacidad del poder ejecutivo y legislativo para abordar a fondo la tantas veces postergada reforma previsional.  

Si lo que se pretende es tumbar a las AFP es ridículo hacerlo por la vía de dejarnos sin un peso para nuestra vejez. ¿O acaso alguien cree que trabajaremos hasta el fin de nuestros días? ¿O que el Estado será quien se encargue de nosotros para tener una vejez decente y digna? No están los tiempos para milagros.


marzo 31, 2022

Retiros de los fondos previsionales

Pirámides Chile 1990 vs 2020

Gran parte de la clase política está empecinada en que saquemos nuestros fondos de las AFP. Unos, para que las familias en situación crítica puedan salir del paso recurriendo a sus fondos previsionales. Otros, para hacer zumbar las AFP en razón de su oposición al sistema que encarnan. Unos van por el quinto retiro del 10%, en tanto que otros van a por todas, esto es, el 100%.

Quienes promueven esto se ubican en todo el espectro político dado que sus promotores, sin vergüenza alguna, se encuentran tanto a la izquierda como a la derecha. En lugar de centrarnos en conversar y discutir para llegar a un acuerdo en torno al sistema previsional que queremos tener, lo que se nos ofrece es pan para hoy, y hambre para mañana.

Para el mundo político pareciera ser más fácil legislar para autorizar a que metamos mano en nuestros bolsillos para obtener recursos destinados a nuestra vejez, que legislar para construir un sistema previsional capaz de conciliar los intereses individuales con los colectivos. Esta es la tragedia que nos embarga.

Es hora de ponernos serios: no podemos pedirle peras al olmo. Mientras los sueldos sean bajos, es imposible pensar en que las pensiones no lo sean. Cualquiera sea el sistema previsional que nos rija, bajo la lógica dominante que sostiene que las pensiones se calculan en base a los bajos ingresos recibidos a lo largo de nuestra vida, será imposible hacer el milagro de que como jubilados no tengamos pensiones bajas.

El sistema de reparto que no pocos añoran, al menos tal como se conoció, en la actualidad es insostenible dado que la pirámide se ha invertido en los últimos 50 años como resultado del proceso de envejecimiento poblacional que ha elevado la cantidad de personas en edad de jubilar, de la reducción de la tasa de natalidad y del proceso de automatización que han experimentado las empresas. Menos trabajadores tendrían que estar financiando a más pensionistas.

Necesitamos buscar un sistema previsional que considere los antecedentes expuestos sin perder el foco: pensiones decentes requieren de sueldos decentes. Lo primero es lo primero. Y para tener sueldos decentes es imprescindible equilibrar la relación entre el factor capital y el factor trabajo. Este desequilibrio se expresa en el bajo peso que tienen las organizaciones sindicales en relación a las organizaciones gremiales empresariales, y una de sus consecuencias es que las cotizaciones previsionales descansan en los propios trabajadores sin que el dueño del capital haga aporte alguno. Y el extremo individualismo que se vive en el país se expresa en la baja contribución estatal, lo que se ha ido modificando primero con el llamado pilar solidario y últimamente con la pensión universal garantizada.

Sin embargo queda mucho por recorrer, a abrirnos a pensar “fuera de la caja”, incluyendo la posibilidad de desacoplar las pensiones respecto de los ingresos percibidos en nuestra vida laboral. Pero lo que no podemos seguir haciendo es esconder el problema bajo la alfombra, que es lo que se ha estado haciendo con los sucesivos retiros de los fondos desde las AFP.

Las AFP han hecho su aporte al desprestigio que les aqueja. Uno de ellos es el énfasis puesto en su publicidad de que los fondos son de cada uno de los cotizantes para asegurar su futuro. La pregunta que se hace el grueso de quienes cotizan es ¿cuál futuro? Y por otro lado, al insistir en que los fondos son nuestros ¿por qué no podríamos recurrir a ellos en casos de emergencia?

Por otra parte, las propias AFP sembraron expectativas que resultaron ser falsas cuando en sus inicios informaron que jubilaríamos con el 100% de nuestros ingresos. Y que hayan sido creadas en tiempos del innombrable tampoco ayuda a prestigiarlas, y menos aún al ver que los miembros de las FFAA y de Carabineros continúan bajo un sistema de reparto.

abril 28, 2021

El tercer retiro de los fondos previsionales

Photo by Caroline Hernandez on Unsplash

Ya estamos en el tercer retiro del 10% de los fondos de pensiones. No han faltado quienes me reprochan por no haber escrito nada  al respecto. Y me preguntan: ¿qué opinas? ¿Estás a favor o en contra?

De partida debo decir que estoy jubilado, soy pensionado de una AFP, y que no he hecho uso de ningún retiro, ni del primero, el segundo, ni haré uso del tercero. Los motivos para no haber hecho retiro alguno hasta ahora, son dos: uno, que no lo necesito, dado que con la pensión que tengo puedo vivir bien, sin mayores sobresaltos; y dos, porque no quiero ver disminuida mi pensión, la que se vería afectada con los retiros.

Las razones por las cuales tengo una pensión que me permite vivir bien son tres: uno, no tengo lagunas, desde el año 1974; dos, he podido trabajar en buenas organizaciones con sueldos razonables; y tres, he cotizado el doble de lo que era obligatorio. Esto último no lo hice porque tuviera confianza en las AFP, sino porque preveía como imposible jubilar bien con la tasa obligatoria y con el tope imponible existente. En todo caso, lo que prometió el sistema AFP en sus inicios, no se cumplió ni de cerca. Se decía que uno jubilaría en el 2020 con el 100% del sueldo. Una falsedad absoluta que les está pasando la cuenta a las AFP.

Cabe destacar que al menos hasta ahora, la salud me ha acompañado, junto con no tener deudas, atributo que desgraciadamente no muchos tienen, ya sea por tener bajos ingresos y/o caer en un consumismo exacerbado alentado por una publicidad agobiante capaz de transformar deseos en necesidades sin mayor trámite.

Dado lo señalado, si sacara mi 10%, sería para invertir, una alternativa que tendría sentido si fuese un buen inversionista, si me permitiese obtener ingresos por encima de los que dejaría de percibir de mi fondo de pensiones. No es mi caso. En consecuencia, dada mi particular situación, no tengo razón alguna para sacar nada.

Distinto puede ser el caso de otros. La pandemia ha afectado fuertemente, y a muchos los ha pillado mal parados, ya sea por estar endeudados, por tener trabajos informales, precarios y/o mal pagados, o con mala salud. No necesito ahondar respecto del tiempo que vivimos y que está a la vista: muchos han visto perder sus trabajos, pero los gastos fijos permanecen. La imposición de medidas de prevención sanitaria ha impactado tan fuertemente el quehacer económico nacional que, dada la emergencia y la insuficiencia y/o retraso de las medidas de apoyo entregadas  -postergaciones de pagos de servicios básicos y otros, las ayudas, los apoyos desde las más diversas esferas, los bonos, las canastas, entre otras-, insuficientes para la magnitud de las dificultades que atraviesan las familias, se ha abierto la alternativa de recurrir a los fondos destinados a nuestra vejez. 

Si bien esta alternativa surge a raíz de la excepcional realidad que se está viviendo, es preciso resaltar que se ha visto reforzada por tres factores. Uno, el énfasis puesto por en la publicidad de las AFP de que los fondos son de cada uno de los cotizantes para asegurar su futuro.  Por lo mismo, los cotizantes se sienten con el derecho de recurrir a tales fondos cuando de una emergencia se trate, como el que se está enfrentando. Dos, el déficit de legitimidad de las AFP, impuestas en tiempos del innombrable, y que a lo largo de estas décadas no han sido capaces de revertir. Tres, la insuficiencia de las medidas adoptadas a nivel gubernamental dada la envergadura de la crisis económica que se está viviendo y que ha acompañado la crisis sanitaria, como ya se ha dicho más arriba. A los factores señalados se podría agregar un cuarto dado por quienes quieren hacer zumbar el sistema de las AFP

En concreto, cuando me preguntan si estoy a favor del retiro del 10% mi respuesta es sí, dada la emergencia, y dejando en manos de cada uno la decisión de hacerlo o no. 

Mientras persista la pandemia, mientras continúen las restricciones que limitan el desarrollo de actividades productivas, haya personas afectadas y las ayudas sean insuficientes, será inevitable que se persista en el retiro de los fondos previsionales. No debiera sorprendernos que surja un cuarto, quinto, sexto retiro.

Para saber más: 

https://www-latercera-com.cdn.ampproject.org/c/s/www.latercera.com/opinion/noticia/quien-pagara-los-retiros-de-las-afp/L3T2B4TU3ZCZHNHRNHBDF5QGZU/?outputType=amp


noviembre 14, 2020

AFP: ¿seguirán tal cual?

Por estos días se estaría aprobando que los afiliados a las AFP puedan sacar un segundo 10% de sus fondos previsionales. Las razones que sus impulsores aducen se centran en las dificultades que atraviesa la población con motivo de la pandemia y la insuficiente respuesta desde el gobierno para socorrer a quienes se han visto más afectados por la pérdida de sus trabajos y/o la baja de sus ingresos.

Los parlamentarios que han promovido esta iniciativa al momento de aprobarse el primer 10% celebraron como si de un triunfo se tratara. Que para resolver un problema actual haya tenido que hipotecar el futuro para enfrentar el presente constituye todo un fracaso para el país, los trabajadores, el gobierno, el parlamento y el sistema de las AFP. Por lo mismo, más que un triunfo es una derrota.

Para el país porque entra en una espiral que nadie sabe cómo terminará. Desgraciadamente la historia, la experiencia señala que por esos derroteros los perdedores son los más débiles, los de abajo. Es un fracaso para los trabajadores porque para resolver sus acuciantes compromisos actuales no tienen más alternativa que recurrir a sus propios escasos fondos previsionales que se asumen reservados para su vejez.

Para el gobierno porque sus políticas han sido absolutamente insuficientes, por más que traigan a colación cifras que den cuenta del “gran esfuerzo” llevado a cabo. La percepción ciudadana es otra, y ello queda ilustrado con el simple hecho de que parlamentarios de la propia coalición gobernante se han sumado a la opción de extraer el 10%. Es un fracaso del parlamento y de los partidos políticos por su incapacidad para forzar al gobierno a adoptar acciones conducentes a que las familias puedan sortear la pandemia sin que tengan que recurrir a sus propios ahorros previsionales.

Y para las AFP constituye un fracaso por su incapacidad para legitimarse, a lo largo de sus cuatro décadas de existencia. Creadas en tiempos del innombrable, entre cuatro paredes y a espaldas de la gente, cayeron presas de sus propias promesas al asegurar al momento de la creación del sistema que otorgarían pensiones equivalentes entre el 70% al 100% del sueldo en el presente año. Previsiones que no se han cumplido en absoluto por los más diversos motivos: mayor esperanza de vida, discontinuidades laborales, bajos sueldos. Sin embargo, todas estas razones eran totalmente esperables salvo que en su momento se haya supuesto que la esperanza de vida no aumentaría, que las personas no tendrían períodos sin cotizar, y que los sueldos serían altos. Todo un engaño que se confirma al constatar que el mundo de las FFAA y Carabineros se excluyó del sistema que prometió lo que no debió prometer.

Quizás lo único positivo de todo esto, es que finalmente, emerja un sistema previsional obligatorio de carácter público que exprese un espíritu de solidaridad junto con uno voluntario de carácter privado que dé cuenta del esfuerzo individual.

agosto 13, 2020

Todo legal .....

Photo by Matt Lamers on Unsplash

En estos tiempos de pandemia, hemos estado viendo una altísima proporción de la población girando de sus cuentas previsionales individuales el 10% de sus fondos. Digo 10% porque es la cifra mágica, pero quienes tienen pocos fondos pueden llegar a sacar el 100% de lo que disponen, así como quienes tienen acumulados sobre cierta cantidad podrán sacar mucho menos del 10%. Al respecto me han llamado poderosamente la atención hechos que me parecen contradictorios. Haré referencia tan solo a dos de ellos. 

Uno, que la atención mediática se haya concentrado en la compra de televisores plasma o automóviles. No es para menos. Mal que mal la ley que autorizó disponer de los fondos previsionales fue hecha bajo el supuesto que la gente estaba perdiendo sus trabajos, viendo disminuidos sus ingresos, y que por lo mismo necesita recursos frescos para cubrir sus gastos esenciales. Las imágenes y videos que se han visto en los medios de comunicación así como en las redes sociales, dejan la impresión de que la mayoría se habría lanzado a las grandes tiendas para arrasar con productos que difícilmente se podrían calificar de primera necesidad. Sería interesante conocer algún estudio o encuesta confiable que permita identificar el destino que han dado o están dando los afiliados que han hecho uso de la opción de sacar parte importante de sus fondos previsionales. Espero, que la gran mayoría haya recurrido a tales fondos para sortear una emergencia que no encontraba otra salida. La reflexión que me hago apunta en dos direcciones. Por un lado, curiosamente, quienes más objetan este comportamiento son aquellos cuya ideología es más afín al neoliberalismo que supuestamente promueve las libertades individuales, y por otro lado, la ausencia de una educación y cultura previsora por parte de algunos que hacen uso de sus fondos previsionales destinados a la futura vejez para satisfacer necesidades que no son apremiantes. 

Dos, así como no pocos han visto mermados sustantivamente sus ingresos, otros los están viendo aumentados fuertemente a punta de horas extraordinarias, del aprovechamiento de la oportunidad caída del cielo. Me refiero a los pagos por horas extras por parte de jueces de policía local amparados en normas legales. El municipio de Las Condes, en lo que va del año ha destinado más de $ 3 mil millones de pesos al pago de horas extras, en tanto que el municipio de Santiago ha destinado más de $ 2 mil millones por el mismo concepto. Los beneficiarios no son personas necesitadas con bajos ingresos ni mucho menos, son profesionales con ingresos de varios millones de pesos mensuales que, gracias a la pandemia, los ven incrementados en otros millones más. Como puede verse, el sacrificio por el teletrabajo, fuera de jornada laboral, tiene jugosas compensaciones que cualquier mortal se quisiera. Todo legalmente, amparado por la ley. La reflexión que me hago es será legal, pero es una vergüenza reveladora del individualismo reinante, de la ausencia de solidaridad, de los privilegios de unos sobre otros que se ha impuesto en el país y que la pandemia delata y pone sobre la mesa. En estos tiempos, no pocos profesionales y trabajadores, particularmente en el sector salud y educación han tenido que deslomarse, trabajar horas extraordinarias sin que ellas se vean reflejadas en sus ingresos porque legalmente no están contempladas. 

Es el colmo que mientras el país está en ascuas, en emergencia sanitaria, económica y social, conductas que no obstante ser legales, rayan en la inmoralidad. Conductas reveladoras de que algo anda mal a pesar de ser todo legal.

julio 17, 2020

¿Qué es el populismo?

Photo by Randy Colas on Unsplash

Dicen que vivimos tiempos de populismo a todo nivel. A nivel internacional en USA, Brasil y Gran Bretaña, sus gobiernos han sido motejados de populistas. En Chile, a raíz del proyecto que autoriza la disponibilidad del 10% de los fondos a los afiliados a las AFP para enfrentar la crisis económica generada por la pandemia, se ha acusado a sus partidarios de un actuar populista.


Normalmente tiene una connotación negativa que busca desacreditar a quien se acusa como populista. Si bien no existe una definición específica, suele asignarse el rótulo de populista a toda política, persona u organización que adopta decisiones o medidas para complacer a uno o varios grupos de interés, aparentemente sin mayor costo, con miras a conseguir su voto, preferencia o adhesión. Por lo general el populismo se apoya en el nacionalismo, la ignorancia o las emociones, tendiendo a exacerbar problemas no resueltos, o aspiraciones insatisfechas.

El populismo tiende a asociarse a la demagogia y por lo mismo, los movimientos populistas representan todo un desafío para las democracias dado que una de sus características esenciales reside en que las autoridades ejecutivas y legislativas sean elegidas mediante el voto.

Por lo general, al frente del populismo se posiciona una tecnocracia que tiende a subestimarla. Una tecnocracia que se apoya en quienes poseen altos niveles educativos y que suponen que el comportamiento humano es enteramente racional y predecible, obviando que muchas de sus conductas son irracionales e impredecibles, guiadas por las emociones. Al menos hasta ahora no se ha logrado que seamos unos autómatas.

En democracia, la política necesita de la tecnocracia, pero ella por sí sola no es suficiente porque tiende a subestimar las emociones, los sentimientos, los intereses involucrados. La tecnocracia suele analizar lo que se puede y no se puede desde un punto de vista económico-financiero, bajo el aura de la objetividad, sin considerar la viabilidad política. El populismo es su opuesto, pasa por alto la viabilidad económica, centrándose en la voluntad, en lo que se quiere sin atender a razones, explotando las emociones, sentimientos, o intereses comprometidos.

La política entendida como el espacio para resolver civilizadamente los conflictos y problemas inherentes a toda sociedad humana, es despojada de su razón de ser cuando asume un gobierno conformado por tecnócratas que creen que todo es lógica, en circunstancias que en política no todo es lógica, que las consideraciones sociales no pueden obviarse. Y la política se va al garete cuando asume un gobierno populista que hace caso omiso a lo que se puede o no se puede ética, económica y técnicamente.

Una combinación virtuosa es aquella capaz de tomar en consideración todos los factores implicados para poder satisfacer los requerimientos políticos-sociales. La factibilidad de toda política, si bien depende de limitaciones económico-financieras,  éstas también dependen de la correlación de fuerzas, de juegos de intereses. Por eso, ojo al charqui.

Estas líneas se escriben a raíz de la acusación del gobierno a la oposición de populista por aprobar un proyecto que permite que los afiliados puedan sacar hasta un 10% de sus fondos reservados para su jubilación. Importa señalar que se ha llegado a este extremo por una crisis económica-social sin precedentes. Una crisis  que el gobierno ha sido incapaz de atender oportunamente, respondiendo con propuestas que apuntan a incrementar los ya altos niveles de endeudamiento de la población.

Gobernar es educar, es priorizar, es conducir, es mirar a uno y otro lado para conciliar lo que se quiere con lo que se puede. Populismo es todo lo contrario, es ser conducido por terceros. Populismo es repartir cajas con toda la parafernalia publicitaria procurando llevar agua a su molino. Populismo es llevar como candidatos a personajes de la farándula.

El mejor antídoto para no caer en brazos del populismo reside en una ciudadanía empoderada, educada con espíritu crítico y capacidad reflexiva. Lamentablemente la calidad de la educación deja mucho que desear en este plano, lo que facilita su desarrollo.

Para saber más sugiero leer acá.

julio 15, 2020

Las AFP en la cuerda floja

Dada la emergencia en que nos encontramos, y a falta de mejores alternativas que no impliquen endeudamiento adicional al que ya agobia a la mayoría de las personas, se ha levantado la opción de que cada uno pueda retirar hasta un 10% de los fondos que tenga acumulados para sus futuras pensiones en las AFP.

Cabe recordar que las propias AFP han insistido una y otra vez, que cada uno es propietario de sus fondos, y por tanto, en casos extremos como es la emergencia en que nos encontramos, es inevitable pensar en la posibilidad de recurrir a ellos. La ausencia de ingresos por la pandemia frente a las obligaciones a pagar, la necesidad de encarar los costos de una grave enfermedad, o saber que no se sobrevivirá sino unos meses, invitan a pensar en abrirse a opciones excepcionales, particularmente cuando al frente no asoman alternativas razonables.

Es importante destacar que si bien los fondos existen, ellos no se encuentran en cajas de fondos de las AFP, por lo que no están disponibles físicamente, sino que se encuentran invertidos en distintos instrumentos financieros (bonos, acciones, etc.). En consecuencia, frente a un retiro masivo inevitablemente tiene un impacto en el valor de dichos instrumentos, y por lo tanto en los fondos que tienen acumuladas las personas. Por ello deberá haber plazos de entrega, los que no podrán ser tan inmediatos como se quisiera. Con todo, bajo cualquier plazo que se dé, por más que se busque amortiguar el impacto negativo, será imposible evitarlo. Y esto afectará más a unos que a otros, a quienes tengan más fondos acumulados y a quienes estén por jubilar.

Para no enturbiar la reflexión, no voy a entrar a analizar los intereses e interrelaciones existentes entre quienes conforman el gobierno, en particular a nivel de ministros y subsecretarios, y los directores y altos ejecutivos de las AFP, junto con los dueños y ejecutivos de las empresas en que se encuentran invertidos los fondos. No es un tema menor, pero es para otra columna.

Para nadie es una gracia tener que abordar la emergencia actual recurriendo a fondos reservados para la hora de pensionarse. Sin embargo, ¿qué se puede hacer cuando se ha perdido el trabajo? ¿cuando no hay con qué alimentar a la familia? ¿cuando ya no existe capacidad de endeudamiento por parte de la población? No es broma de tener que recurrir a fondos propios destinados a la vejez para sobrellevar el presente. Las tardías y restrictivas propuestas del gobierno que han emergido a modo de cuentagotas, ni siquiera han podido impedir que diputados y senadores de su propio sector se sumen a aprobar el proyecto de retiro del 10% de los fondos acumulados por parte de quienes lo requieran.

Lo curioso es que se ha aprobado un proyecto por el que los trabajadores tendrán que rascarse con sus propias uñas a falta de otras opciones. Como ha afirmado un economista localizado en la puerta norte de Chile, se trata de un triunfo neoliberal que los neoliberales no celebran. 

Por más que se amenace con vetar el proyecto, o que se recurra al tribunal constitucional para detenerlo, lo único que se está logrando es eludir una realidad que no se está atendiendo debidamente. Creo que es la oportunidad de repensarlo todo, de punta a cabo.

Otras miradas se pueden encontrar acá:

El retiro de fondos de las AFP: un triunfo neoliberal que los neoliberales no celebrarán de Enrique Fernández

Malo o peor de Fernando Cabrales


julio 11, 2020

El sistema de AFP existente en el país

Antes que nada es importante destacar que el sistema de AFP no es un sistema de seguridad social propiamente tal, el que supone un mínimo de solidaridad intra e intergeneracional, un mínimo de aporte empresarial y del Estado. Se trata de un sistema privado de seguridad individual obligatorio por el que cada uno va generando su propio fondo en base a los ingresos que haya logrado percibir durante su vida, sin aporte de la empresa en que uno trabaje ni del Estado. Quien a lo largo de su vida ha ganado poco, y más encima haya tenido períodos sin trabajar, acumulará poco, y en consecuencia, si es que llega a los 65 años, recibirá una pensión irrisoria que muy probablemente deba ser complementada con aportes del Estado para alcanza la pensión mínima. Es la realidad de la mayoría del país.

Este sistema convive con el sistema de previsión para las FFAA, Carabineros y la PDI, que se basa en pensiones provenientes del presupuesto público nacional, esto es de todos los chilenos que pagan sus impuestos, más afín a lo que se entiende por un sistema de reparto. Lo que no se entiende es la brutal diferencia en las pensiones que reciben el mundo civil en relación al mundo ligado a la seguridad interior y exterior como se muestra en la figura.


Si bien la seguridad es importante, también lo es la educación, la salud, etc. y tendríamos que entrar a conversar respecto de los criterios para discriminar a unos de otros.

Existen detalles en los que no me he inmiscuido y que tienen relación con las comisiones cobradas al momento de descontar de los ingresos cuando se está trabajando y cuando se pagan comisiones. Es como si los bancos me cobraran por los depósitos y giros que hacemos.

Mas encima las AFP no garantizan rentabilidad alguna, con el agravante que nos da la “libertad para elegir” entre los cinco fondos disponibles, desde el fondo A, el más riesgoso, hasta el fondo E, el menos riesgoso. Cualquiera diría que estamos jugando al casino o a la ruleta rusa. A ello se agrega que el manejo de los fondos es una verdadera caja negra, donde uno –un mortal como cualquiera- no sabe por qué bajan o suben y tiene que tragarse cualquier explicación.

Por otro lado, no me calza que las utilidades de las AFP sean independientes de la rentabilidad de los fondos que gestionan. Esto es, una AFP puede tener utilidades a pesar de que la rentabilidad de los fondos que administra sea negativa.

Por último, está el método de cálculo de la pensión, que es otra misteriosa caja negra, donde por más que los ejecutivos se esmeren en explicar, los mortales de a pie no alcanzamos a entender nada. Quienes estén interesados en recabar mayor información, sugiero:

  • Leer el blog de Víctor Ramió que reúne valiosa información en torno al sistema de AFP que rige en Chile. Sin perjuicio de que Víctor Ramió es un defensor del sistema, efectúa un exhaustivo análisis de sus características, analiza los cambios introducidos desde su creación, y propone importantes modificaciones. El último de sus artículos es Sistema Pensiones Chileno: top ten a nivel mundial.
  • Ver la presentación que distintas personalidades hicieron ante la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado, entre las que destaca la de Patricio Basso (desde el minuto 16 hasta el 44). 


  • También se puede ver otra presentación exclusiva de Patricio Basso centrada en el método de cálculo de la pensión asegurando que su modificación permitiría aumentar significativamente las pensiones actuales y futuras.
  • Ver video de Fundación Sol donde se explica críticamente el modelo de AFP imperante en el país. 
  • Ver un video de Axel Kaiser de Fundación para el Progreso donde el acento está puesto en sus virtudes.

En resumen, considerando estos antecedentes, y otros que por razones de espacio omito, mi posición es contraria al sistema de AFP como sistema obligatorio con sus actuales características. Las razones se centran en:

  • su carácter discriminatorio, dado que deja a los FFAA, Carabineros y PDI fuera del sistema, y a todos los demás dentro de él. Si bien, en general los países tienen sistemas diferenciados para sus fuerzas de seguridad y defensa, sus diferencias no dan origen a pensiones tan desiguales;
  • su carácter individualista, donde cada uno debe rascarse con sus propias uñas, asumiéndose que uno recoge los frutos del esfuerzo realizado en su vida laboral, sin embargo se sabe que por lo general intervienen circunstancias que escapan a dicho esfuerzo: enfermedades, discriminaciones, u otros;
  • su ausencia de solidaridad intrageneracional, esto es, quienes más ganan no contribuyen en nada a quienes menos ganan;
  • su ausencia de solidaridad intergeneracional, esto es, que cada generación debe financiar sus propias pensiones, desentendiéndose de las pensiones de generaciones futuras;
  • su escasa transparencia en el manejo de los fondos, de las comisiones que se cobran y en el método de cálculo de las pensiones;
  • su carácter obligatorio que lo hace operar con ribetes monopolísticos; y
  • su origen ilegítimo al ser fraguado e implementado en tiempos del innombrable sinque hasta la fecha haya sido posible legitimarlo.

Esto no significa que sea partidario de eliminar las AFP. Puede ser un apropiado sistema para quienes tienen buenos y permanentes ingresos, no así para quienes tienen bajas y esporádicas remuneraciones, lo que no es imputable a las AFP. Considero que ellas tienen su razón de ser como un sistema previsional privado voluntario, no obligatorio que complemente un sistema previsional obligatorio de carácter público. Este sistema público obligatorio debe basarse en el principio de que todos los adultos mayores tienen derecho a vivir sus últimos días con dignidad. Por ello, debe otorgar una pensión única similar para todos con independencia de lo que haya logrado imponer cada uno y cuyo valor habría que definir, pero que estimo no debiera ser inferior a un equivalente a los U$S 1,000 con cargo al presupuesto de la nación. Esta pensión base podría verse complementada con lo que cada uno logre acumular  en un sistema previsional privado de carácter voluntario (AFP).

En síntesis, me inclino por un sistema mixto, de reparto e individual con los correctivos correspondientes.

octubre 23, 2018

Conversaciones sobre las pensiones en Chile (parte 2)

Desde la derecha se empecinan en llenar de alabanzas al sistema de pensiones chileno sosteniendo que estaríamos a la vanguardia a nivel mundial y que no pocos países quisieran tener un sistema como el nuestro.

Suelen partir con frases de buena crianza, tales como “recibir una pensión digna es una necesidad de vital importancia”, pero a poco andar efectúan afirmaciones que procuran desmentir lo que se sabe. Por ejemplo, afirman que “cualquier sistema obligatorio es un sistema público” y que en el caso del sistema chileno se le denomina equivocadamente como privado.

No nos emborrachemos: no por ser obligatorio el sistema de pensiones chileno es público. Es privado por donde se le mire. La recaudación, la gestión, la inversión de las cotizaciones, y su distribución, es privada en un cien por ciento, y la efectúan las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) que son cien por ciento privadas. Que las cotizaciones sean obligatorias y las reglas bajo las cuales operan sean fijadas por leyes y regulaciones no convierte en modo alguno al sistema de pensiones en un sistema público.

Importa recordar que las AFP fueron creadas en tiempos del innombrable en 1980, siendo el padre de esta criatura José Piñera, hermano del actual presidente, entonces ministro del trabajo. Si bien en estos casi 40 años de andadura ha sufrido modificaciones, su impronta original, sigue vigente contra viento y marea, a pesar de los esfuerzos de no pocos por cambiar sustantivamente su filosofía central: que cada uno se rasgue con sus propias uñas, esto es, la capitalización individual.

Los defensores del sistema no pueden evitar reconocer que se trata de un tema de interés público, donde por lo mismo, la política importa e influye, tanto por la cantidad de dinero involucrada y como por el alto número de personas afectadas, por lo general electores. Lo que no veo que reconozca la derecha es el desmedido apetito, la codicia que despiertan en las AFP, en sus dueños, las utilidades que les reportan las comisiones que cobran por la administración de las cotizaciones de los trabajadores, las que no se condicen con las rentabilidades de los fondos. Por lo demás, no es posible desconocer los intereses cruzados que existen entre personeros de derecha, los directores, ejecutivos y dueños de las AFP, los que se extienden a las empresas en las que se invierten los fondos, que no son sino los recursos de los trabajadores. No será difícil adivinar que en una sociedad tan desigual como la chilena, donde los superricos se cuentan con los dedos de la mano, que al final del día los apellidos tienden a repetirse. Para darle un toque ocasionalmente escogen a uno que otro despistado del otro lado, que no era de la derecha, pero que termina comprándose el cuento completo.

La derecha procura llevar agua a su molino afirmando que las bajas pensiones se explican fundamentalmente por la inestabilidad e informalidad de más del 20% de los trabajadores, lo que genera que existan muchos meses en que no se cotiza. A ello habría que agregar, que las remuneraciones son bajas y que las expectativas de vida han aumentado. Por tanto, podemos concordar en que mientras todo esto ocurra, inevitablemente las pensiones seguirán siendo bajas. En consecuencia, bajo el paradigma actual, con cualquier sistema, público, privado o semipúblico, de capitalización individual o de reparto, el monto de las pensiones que se reciba al término de una vida de trabajo, no variará sustantivamente.

La derecha, el centro y la izquierda, deben y pueden concordar en la necesidad de innovar por la vía de romper la actual relación entre las remuneraciones recibidas a lo largo de la vida laboral con la pensión a recibir. El monto de las pensiones deberá independizarse de los ingresos recibidos durante los años de trabajo y ser el mismo para quienes jubilen a una misma edad. El origen de este monto deberá ser estatal y puede ser por la vía de un mismo aporte estatal al momento de nacer o por un monto mensual desde el nacimiento. Al cumplirse la edad de pensionarse, todos recibirían un mismo monto, el cual cada uno puede complementar con los ahorros o cotizaciones voluntarias que pueda haber hecho. Si alguien puede y desea seguir trabajando, podría hacerlo posponiendo su jubilación para recibir un monto mayor.

El financiamiento de este esquema lo más razonable debiera ser en base a un impuesto a las empresas más automatizadas, robotizadas, tecnologizadas, que son las que han estado reduciendo la demanda de trabajo, precarizando e informalizando el mercado laboral sin pagar costo alguno. Si no fuese posible implementar un impuesto de esta naturaleza, tendría que pensarse en un porcentaje sobre las transacciones efectuadas con tarjetas de crédito o débito bancarias.

No me fío del sistema de reparto convencional, que a veces parece extrañar a no pocos. Mis aprensiones van por el lado de “las diabluras” que históricamente se han dado, como fueron lo fueron los arreglines que se hacían en los últimos años con las rentas porque se jubilaba con el promedio de las últimas rentas, así como con las entonces famosas “perseguidoras”.

Se me queda en el tintero el tema de la administración de los fondos de origen estatal. El que dejaré para más adelante.

octubre 18, 2018

Conversaciones sobre las pensiones en Chile (parte 1)

Hace tiempo que tengo pendiente escribir sobre este tema, y si no lo he hecho no es por falta de interés, sino porque tengo una mirada muy particular que no calza con lo que se escribe al respecto. Lo más probable es que esta columna deba ser complementada por otras porque resulta imposible condensar en estas líneas todo lo que deseo expresar.

En esta ocasión me limitaré a hacer una suerte de titulares respecto de mis pensamientos sobre la materia. Para empezar, creo que nos estafaron cuando en 1981 se creó el nuevo sistema previsional basado en las cuentas individuales gestionadas por las AFP y que una vez que el sistema funcionara “en régimen”, al momento de jubilar, se recibiría alrededor del 70% de los últimos ingresos. Se presumía la inexistencia de lagunas previsionales, esto es, períodos de desempleo, y que la cotización sería sobre el total de los ingresos.

Tanto lo uno como lo otro resultó ser falso, y se sabía que iba a ser falso. En efecto, la existencia de una continuidad laboral es una excepción, porque lo más común es que existan numerosos períodos en que se está desempleado, particularmente en los sectores de más bajos ingresos. Y respecto de quienes han tenido altos ingresos, por sobre el tope previsional, el monto que se cotiza obligatoriamente no se condice con los ingresos que poseen.

A ello se agrega que en el pasado, antes de 1981, el descuento previsional estaba por encima del 20%, en tanto que bajo el sistema de las AFP la cotización bajó al 10%. Esta diferencia posibilitó que quienes se cambiaran del sistema de reparto existente al nuevo sistema previsional privado vieran aumentados sus ingresos. Este aumento de ingresos fue el cebo, el anzuelo para estimular el traspaso, sin que la gente percibiera los perjuicios futuros que estos cambios le ocasionarían tanto en términos de los ingresos que recibirían al momento de jubilar, como de la extensión de la vida laboral hasta los 65 años a lo menos. Recuérdese que antes de 1981 por lo general se jubilaba al cumplirse una determinada cantidad de años de trabajo.

La estafa se ve corroborada al constatar que las FFAA y carabineros fueron exceptuados de adscribirse al nuevo sistema, lo que solo se explica por los perjuicios que su eventual traspaso ocasionaría a su personal. Es lícito plantearse por qué no se consideraron los daños previsionales que generaría a los civiles.

En síntesis, el sistema previsional actual fue instalado a punta de bayonetas, populismos y engaños que a la fecha no se han podido levantar, que por el contrario, se ha ido consolidando en base a influencias indebidas e intereses creados.

Más allá de lo señalado, estimo que no es sostenible continuar bajo el paradigma actual caracterizado por montos de pensiones basados en los ingresos percibidos a lo largo de una vida laboral. Ya estamos sumergidos en un mundo donde el trabajo se está precarizando y/o informalizando, por lo que las lagunas previsionales han llegado para quedarse. Lo prueba la creciente debilidad del factor trabajo y el mayor peso del capital en el funcionamiento de las organizaciones. La robotización y la automatización han llegado para quedarse.

Lo descrito, así como muchos otros puntos, invitan a pensar en una suerte de reingeniería en materia previsional, no solo en términos de los porcentajes a cotizar, sino respecto del origen de los fondos previsionales, su administración –pública y/o privada-, y su distribución –reparto y/o individual-.