junio 30, 2026

¿Hay o no hay sobreoferta de profesionales? (parte 1 de 2)

Fuente: https://gemini.google.com/app/87db30fa2a8966dc

Loreto Cox, de la Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en su columna titulada “La masificación universitaria” en El Mercurio del 10/07/2026, sostiene que cursar estudios universitarios continúa siendo conveniente dado que para una mayoría de los jóvenes los beneficios de estudiar superan con creces el de no estudiar, salvo para unas pocas carreras.

Al día siguiente, en carta a El Mercurio del 11/07/2026 titulada “Sobreoferta de títulos”, Pablo Ortúzar, investigador del Instituto de Estudios Superiores (IES), afirma, en base a información de la Fiscalía Nacional Económica (FNE) de febrero de este año, que más del 50% del total de estudiantes de educación universitarios están matriculados en un 35% de programas académicos con retornos negativos.

Interesa cotejar lo que afirman Loreto y Pablo. Según Loreto es rentable estudiar en la universidad salvo para “carreras laborales deficientes, incluso en las universidades más selectivas”. Si asumimos que estas carreras laborales deficientes son aquellas con retornos negativos, siguiendo a Pablo y en base a lo informado por la FNE, estas carreras con retornos negativos serían un 35% del total de carreras ofertadas.

Que poco más de una carrera de cada tres no genere los ingresos suficientes para cubrir sus costos, no es menor. Más bien es frustrante, desmoralizador, y contradice la propensión a afirmar que estudiar en la universidad es más rentable que no hacerlo. Lo señalado se agrava con el dato de que en estas carreras “no rentables” se matricula más del 50% de los universitarios.

Esto significaría que más de un 50% de los estudiantes se matriculan en carreras que a la hora de la verdad verían frustradas sus expectativas. Es a lo que Pablo se refiere como “Sueños de cartón”, título de un libro de su autoría, donde pone en jaque la promesa de que la educación superior asegura el futuro de los jóvenes.

Tanto la columna de Loreto como la carta de Pablo complementan un debate que se está dando en torno a si hay, o no, un exceso de profesionales en Chile. Una columna de Felipe Balmaceda (¿Hay exceso de oferta de profesionales? El Mercurio, 29 junio 2026) da cuenta de algo que parece estar viéndose como “un problema”: el del exceso de profesionales en Chile. Y en una carta (El Mercurio, 30 junio 2026), firmada por un personaje que obedecería al nombre de Jaime Undurraga (abogado), se felicita por la columna de Felipe, afirmando que hace muchos años que en Chile se empezaron a inventar carreras “universitarias”. Las comillas están en la carta misma y darían a entender que de universitarias poco o nada tendrían.

Luego la carta prosigue sosteniendo que los principales objetivos de las carreras inventadas eran proponer una “carrera” fácil, pero de cuatro años, y captar el alto pago mensual de la universidad. De este modo se configuraría un engaño a las familias de los alumnos “que con mucha emoción veían cómo, por primera vez, un miembro de la familia lograba entrar a la universidad”.

En su carta, Jaime prosigue denunciando que “para hacer más atractivas estas carreras inventadas en algo (en alimentos, en administración, en turismo, etc.), en cualquiera tema, pero que parezca mucho más seria para cobrar caro”.

Sin pelos en la lengua, Jaime postula que “nos topamos con la realidad de que la mayoría de los “profesionales” egresados de estas universidades no encuentran trabajo porque no están preparados para el mundo laboral de mayor especialización y criterio que deben enfrentar”. Remata la carta con una frase para el bronce “algunos de ellos pasan a ser profesores en las mismas universidades”.

Todo esto es consecuencia de algo, que es lo que veremos en la segunda parte de esta teleserie que saldrá en los próximos días.


junio 29, 2026

La tragedia de Bielsa

A raíz de la eliminación de Uruguay en la primera ronda, el loco Bielsa se encuentra en la picota, como su máximo responsable. No es para menos. Uruguay llegó con miras a ser protagonista. Cuando se le contrató fue con miras a reverdecer laureles. Se le contrató a sabiendas de su estilo, frontal. Y empezó como caballo de carrera. Sendos triunfos en las eliminatorias sobre Brasil y Argentina abrieron apetitos, abrieron expectativas. Todos nos fuimos entusiasmando. De ahí para adelante, todo empezó a cojear, a menguar. ¿Qué mierda ocurrió para que al final se derrumbaran todos los sueños?

Todo apuntaba a que Bielsa le venía anillo al dedo al jugador uruguayo, al ser uruguayo, a la garra charrúa. Su obsesión, su exigencia, su orden, su disciplina, su filosofía, su planteamiento radicalmente ofensivo sin importar si el rival era chico o grande, su autonomía.

Sin embargo, a poco andar afloraron características que en su minuto se soslayaron a pesar de que se conocían. Sus atributos positivos pesaron más. Con el tiempo, y al no darse los resultados esperados, empezaron a ponerse sobre la mesa atributos negativos: su carácter huraño, su mirada huidiza, su sermoneo filosófico, sus decisiones, sus controversias. Quizás le penó alguna
carencia de competencias blandas o sociales que ayudan a saber ser, estar o relacionarse con otros.

Al final del día, para sintonizar, en la convivencia, en el trabajo en equipo, hay un proceso adaptativo de ajuste mutuo. No es unilateral. Son las partes las que se van moldeando, ajustando para dar con el tono. Los resultados son fruto de procesos, de actores, de sus roles, los que se van afinando en el tiempo con miras a su optimización y a la obtención de los objetivos perseguidos. Para su éxito son necesarios recursos físicos, materiales, humanos, financieros. Son necesarios, pero no suficientes. Se requiere disposición, voluntad, integración, empatía de las partes. Esto no se dio. Creo que nos farreamos una oportunidad preciosa.

Quizás lo traicionó su personalidad. Su capacidad para ver los partidos, para estudiarlos una y otra vez, su capacidad formativa, se vino al suelo por una manera poco empática de ser, donde no le importaban las consecuencias. Acá visualizo, a mi modo de ver, que su personalidad ha terminado traicionándolo al comprarse conflictos, odiosidades, que se podrían haber evitado o, al menos, morigerado. 

Convengamos que Bielsa es un personaje difícil, y por lo mismo tiene acérrimos admiradores y acérrimos detractores. O se le quiere, o se le odia. Para unos, ahora los menos, es un héroe, para otros, ahora los más, un vende humo. No admite medias tintas. Y a él no le importa, no le preocupa. Es así. Tengo la sensación de que es una manera de posicionarse ante el mundo, de expresar una timidez. Imagino lo que sufre cada vez que ha debido enfrentarse a las conferencias de prensa de tener que andar dando explicaciones, una y otra vez, de porqué puso a este jugador y no a otro.

Sus detractores estaban al acecho. Desde un inicio no pocos vieron con malos ojos su contratación con argumentos de la más diversa naturaleza. Que cómo podíamos tener a un argentino de entrenador, que debía ser uruguayo. Que era un fracasado, que no le ha ganado a nadie. Qué no se ha dicho de él. Hoy, estos críticos están festinando con él, haciendo leña del árbol caído.

Mal que mal, lo que importa en el mundo de hoy, son los resultados. Si ganas eres la gloria misma, si pierdes, eres un desastre. Por momentos pareciéramos olvidar que resultados sólidos, estables, persistentes, son fruto de procesos serios, exigentes, más largos que cortos, no contaminados. Nunca perdí la esperanza de que Uruguay, su plantel de jugadores, así como su director técnico, fuese capaz de sortear las andanadas experimentadas durante todo el proceso desde los medios de comunicación y las redes sociales. Francamente me impresionaron muchas de las expresiones vertidas, cargadas de mala fe y chauvinismo. Me impresionaron porque desconocía esta faceta del ser uruguayo. Así no se puede.

En síntesis, como siempre, la responsabilidad máxima del fracaso reside en el director técnico, en este caso, en Bielsa, pero ello no exime de responsabilidades a los otros actores, en particular de los jugadores, de la dirigencia, de los medios de comunicación y sus periodistas que no trepidaron en echarle leña al fuego, así como de las redes sociales, donde desde el anonimato aportaron al derrumbe. Ojalá aprendamos algo una vez que se nos pase la calentura.

junio 28, 2026

Repensar la política industrial

Foto de Ant Rozetsky en Unsplash

Cuando el mundo estornuda, Chile se resfría, y si el mundo se resfría, a Chile le da neumonía. La razón es simple: somos un país altamente dependiente, con las ventanas abiertas de par en par que los Chicagos Boys nos han legado sin arbitrar las defensas necesarias.

En honor a la verdad, Chile siempre ha sido un país dependiente. Para reducir la dependencia económica en la primera mitad del siglo pasado se procuró un desarrollo industrial mínimo a sabiendas que no podíamos depender exclusivamente de nuestros recursos naturales. Teníamos la experiencia del salitre. Bastó que apareciera el salitre sintético para que su precio en el mercado se derrumbara y nos fuéramos al garete. La pampa nortina es muda testigo de lo que fueron tiempos de gloria pasajera.

La lección que se supone debió dejarnos es que, si bien siempre tendremos algún grado de dependencia, tenemos que procurar reducirla. Ser menos dependientes. Esto vale para todo, para un país, una región, un pueblo, una familia, para cada uno de nosotros.

Esta realidad impulsó al país hacia un desarrollo orientado a tener una base industrial mínima. Nacen la CORFO, EL Banco del Estado, la Compañía de Acero del Pacífico (CAP), la Empresa Nacional De Electricidad (ENDESA), así como tantas otras, todas bajo impulso estatal. Sin este impulso seguiríamos pateando piedras.

En este marco, la política arancelaria estuvo orientada a desalentar importaciones de bienes de consumo final, y a estimular las importaciones de bienes de capital y de insumos. Una política destinada a promover la sustitución de importaciones por producción nacional.

En eso estábamos cuando de la noche a la mañana, en 1973 y de la mano del innombrable, aparecen los Chicago Boys con su librito El Ladrillo en mano, donde nos dicen que acá hay que cortar por lo sano, que para qué producir acá lo que otros son capaces de hacer con mayor eficiencia y ofrecernos a menor precio. Mejor dediquémonos a producir aquello en lo que somos más eficientes. Así fue como se dio vuelta la tortilla, abriendo nuestras ventanas de par en par bajando los aranceles.  

¿Resultado? Lo que tenemos. La producción nacional se fue a la cresta, y con ella las empresas, el empleo. Para sortear la crisis nacen los programas de empleo mínimo (PEM), los programas de ocupación para jefes de hogar (POJH), los taxis colectivos, los cuidadores de coches en las calles. El empleo informal se multiplica. Las empresas productivas se transformaron en importadoras.

Si bien desde que el innombrable dejó la primera magistratura, pero manteniéndose al cateo de la laucha desde la comandancia en jefe del Ejército, esta política arancelaria se ha amortiguado, en su esencia, no es mucho lo que ha cambiado. Seguimos sin una política industrial propiamente tal, seguimos con una matriz exportadora concentrada en el cobre, y por tanto altamente dependiente del vaivén de su precio, en cuya fijación no pinchamos ni cortamos.

Desde que tengo uso de razón se habla de diversificar las exportaciones, de innovación, etc. etc. pero la realidad es que seguimos en las mismas, con algunos logros que no alcanzan a hacer cosquillas, esto es, a cambiar una realidad. La de que seguimos teniendo una economía extractivista, basada en la succión de nuestros recursos naturales sin mayor valor agregado.

Lo peor de todo es que seguimos con más de lo mismo, ahora bajo el pomposo nombre de “reconstrucción nacional”, donde se quiere crecer pasando a llevar al medio ambiente, a los trabajadores por la vía de arrasar con lo que despectivamente llaman la “permisología” y las conquistas laborales obtenidas a punta del sacrificio y lucha de quienes las impulsaron.

La política económica vigente no da para más. Es necesario repensarlo todo. Pensar en qué sector nos centramos para tener una base industrial mínima. Darnos un plazo para su desarrollo proveyendo todos los recursos necesarios para su sustento. Pasado dicho plazo debe ser capaz de sustentarse por sí mismo y apoyar a otros sectores.

Un ejemplo de lo que se puede hacer lo da Indonesia, donde no se puede exportar ningún recurso natural sin que tenga un valor agregado mínimo, esto es, sin algún grado de procesamiento industrial. Esto es, no se permiten exportar recursos naturales en bruto.

junio 27, 2026

Uruguay, con la cola entre las piernas

Foto de Jared Schwitzke en Unsplash

Finalmente, Uruguay terminó su participación en el campeonato mundial de futbol en la primera ronda con la cola entre las piernas.

La defraudación es mayúscula porque nos habíamos hecho expectativas de avanzar a la siguiente ronda. El grupo en que estábamos era absolutamente abordable. Cabo Verde y Arabia Saudita sin mayor tradición futbolística no parecían ofrecer mayor resistencia. Los favoritos para continuar eran España y Uruguay.

La pregunta que se hace todo el mundo es ¿qué pasó? El tema tiene múltiples aristas, algunas de las cuales intentaré bosquejar aquí.

De partida, todo se ha tornado más competitivo. Nadie se puede dar por ganador antes de jugar. Si bien esto ha sido siempre así, hoy es así más que nunca. Las sorpresas andan a la orden del día. Y dentro de este ambiente de mayor competitividad por la entrada de nuevos actores, en especial del mundo africano, hemos ido quedando atrás.

Se estila que fuimos un desastre. No lo veo así. Así como empatamos dos partidos y perdimos uno, podíamos perfectamente haber ganado dos de los tres partidos. ¿Hubo mala suerte? Sí, y justamente uno de los desafíos es no dejar espacio al infortunio. El partido contra Arabia Saudita debimos haberlo ganado. El que hicimos contra Cabo Verde podíamos haberlo ganado, y contra España no nos vimos inferiores, pudimos empatar. Pero bien sabemos que el futbol es futbol y tiene sus imponderables que no podemos soslayar.

Teníamos plantel para más. No voy a entrar a juzgar si estaban quienes debían estar o no. No soy el indicado para valorarlo. Tampoco voy a dudar si mojaron o no la camiseta. Doy por sentado que lo hicieron, que cada jugador dio lo mejor de sí. No fuimos un desastre como pregonan no pocos con furia. Fuimos protagonistas, nadie nos pasó a llevar, así como nosotros tampoco logramos pasar a llevar a nadie.

Tengo la percepción que la suerte de Uruguay estaba sellada de antemano. El clima en los medios de comunicación y en las redes sociales no era de los mejores. Todo lo contrario, se tendía a la polarización, al extremismo, y pocos ponían paños fríos. Parecía que todos tiraban para abajo, como que se quería, o vaticinaba, que todo se derrumbaría. Una suerte de profecía autocumplida donde todos metían su cuchara.

Qué otro resultado podíamos esperar si nos pasábamos subiendo y bajando al entrenador y a los jugadores. Al entrenador se le atacó porque ganaba mucha guita, porque era argentino, porque no miraba a los ojos, porque filosofaba, porque se sentaba arriba de una heladera, porque no citó a Suárez, a Nandez, etc. Lo mismo respecto de los jugadores. Qué no se decía de ellos, de los citados y de los no citados. No es fácil sobrellevar un ambiente de este tipo. Finalmente mella el espíritu de cualquiera por más preparado que estés.

Al final el horno estaba para bollos, esto es, para que nos fuera bien  En mi opinión no estábamos como para campeonar, pero tampoco para irnos de buenas a primeras de vuelta a casa. No somos tan buenos, pero tampoco tan malos como estamos dando a entender enrabiados por no haber avanzado. Así como hay otros peores que nosotros, aceptemos que hay otros mejores.

El futbol de hoy es muy diferente al del siglo pasado. Antes jugábamos parados a punta de desbordes, de centros a la olla, de juego fuerte. Hoy el futbol es otra cosa, velocidad pura, físico, pases milimétricos, cálculo, donde los errores no se perdonan.

Lo importante es que saquemos las lecciones de lo ocurrido. En frío, no en caliente. Arriba el ánimo.

Hijo de tigre (parte 3 de 3)

Foto de Parsing Eye en Unsplash

Ya hemos hablado del padre y tío de Pablo José Izquierdo Menéndez, en tanto que ahora lo haremos respecto de su tatarabuelo José Menéndez Menéndez, empresario asturiano conocido como el rey de la Patagonia. Así se le llamó por controlar la industria de la lana de oveja en los confines sureños y ser el responsable del exterminio del pueblo ona (selknam).

Estamos frente a una familia de armas tomar que no se arredra ante nada, vinculado a acciones terroristas políticas (asesinato del general Schneider), a corruptelas en la tramitación de la ley de pesca, y a matanzas de indígenas. No cualquier familia tiene este “curriculum”.

Estamos ante una familia con peso tal que una de las calles de Punta Arenas lleva el nombre de José Menéndez Menéndez por decisión del innombrable en el año 1975. Decisión adoptada para conmemorar el centenario del arribo a dichos confines por parte del inmigrante asturiano.

Uno de los nietos de José incidió en esta decisión del innombrable: Enrique Campos Menéndez en su calidad de asesor cultural del innombrable. Ppor lo mismo no tardó en recibir el premio nacional de literatura en 1986. Por esas cosas de la vida, ese mismo año fue destinado a España como embajador de Chile, cargo que ocupó hasta 1990.

José Menéndez Menéndez, fruto de su trabajo de exterminio de indios, termina creando un imperio económico que se prolonga hasta nuestros días de la mano de sus descendientes. Meritocracia pura y dura que les permite hacer lo que quieren por los siglos de los siglos. Y cuando aparece alguien que quiere ponerles coto, no trepidan en asesinar a un comandante en jefe del Ejército ni a indígenas que osen interponerse en sus designios.

Sus tentáculos se extienden desde el mundo de la pesca hasta el mundo de las telecomunicaciones vía redes matrimoniales. No dan puntada sin hilo.

Por algo se quiso mantener en el anonimato a quien conducía a 264 km/h en una de las autopistas santiaguinas sembrando inseguridad cuando el país clama por seguridad. En toda esta telaraña familiar está no solo Pablo José Izquierdo Reyes, tataranieto del rey de la Patagonia, sino el mismísimo ministro de la seguridad, Martin Arrau, al estar casado con una prima de Pablo José.

Ahora, lo más probable es que se desplieguen todos los esfuerzos para encontrar a los responsables de haber identificado a quien corría a una velocidad superior a los 250 km/h violando la prohibición de hacerlo.

Este es el país en que vivimos, donde se asume que somos todos iguales, aunque pareciera que unos somos más iguales que otros.

junio 26, 2026

Hijo de tigre (parte 2 de 3)

Pablo José Izquierdo Reyes fue descubierto conduciendo su vehículo, un BMW, a 264 km por hora en una autopista de Santiago de Chile. Se le trató con cariño, el reservado para los elegidos, para los escogidos. No se le retuvo su licencia de conducir, ni se le envió a prisión, ni multa ni nada. Para rematarla, una jueza ordenó que se prohibiera informar de su identidad. A pesar de esta última orden, se supo quien es.

En mi columna anterior, en una excavación superficial, hice mención a que todo este trato especial, de guante blanco, se explica por la relación familiar de Pablo José con el ministro de seguridad, Martin Arrau: Pablo José es primo de la señora de Martin. Nada grave. Mal que mal, Martin no tiene la culpa, no tiene nada que ver, y así lo hizo saber cuando fue interrogado.

El punto es que el entorno familiar, quiérase o no, debe hacer juego, debe estar en sintonía, porque de lo contrario es inevitable que se explote cualquier anomalía. Está en la naturaleza humana. El contrapunto está dado porque Martin está a cargo de la seguridad del país, y resulta que en la trastienda familiar tiene a un personaje que siembra inseguridad en los caminos de Chile. No solo eso, sino que además se mueven misteriosos hilos destinados a que no se sepa quien era el que se desplazaba por una carretera a una velocidad más digna de un autódromo.

Si nos ponemos a excavar más profundamente en torno a los antecedentes familiares de Pablo José nos encontramos con una sorpresa no menor. Es hijo de Diego Izquierdo Menéndez. Se preguntarán ¿quién es Diego Izquierdo Menéndez? Es uno de los próceres, junto con su hermano Julio, que participó en la conspiración, atentado y secuestro con consecuencia de muerte del General René Schneider en 1970.

Diego y Julio, padre y tío de Pablo José, pertenecen a la casta que hizo todo lo humanamente posible para evitar que Allende fuera proclamado presidente. Recordemos que en esos años no había segunda vuelta, y si nadie ganaba por mayoría absoluta, el congreso nacional en pleno debía decidir entre las dos primeras mayorías, quién sería proclamado como presidente de la República. En la elección del 4 de septiembre de 1970, las candidaturas que ocuparon las dos primeras posiciones fueron Allende y Alessandri, quedando Tomic relegado a una tercera posición.

Para que el congreso nacional no proclamara presidente a Allende -a pesar que éste había obtenido la primera mayoría relativa-, un comando ultraderechista se propuso secuestrar al comandante en Jefe del Ejército de la época, René Schneider, para forzar una decisión del congreso pleno en favor de Alessandri. La resistencia del general Schneider, frustró el secuestro motivando su asesinato por parte del comando.

A pesar de haberse comprobado la participación en el atentado y muerte del general Schneider, ni Diego ni Julio fueron a parar a la cárcel. Al ver fracasado el secuestro se refugiaron en la parroquia de El Bosque, ya en esos tiempos en manos del padre Fernando Karadima, quien los acogió con especial ternura. Tras morir el general Schneider, los Izquierdo Menéndez abandonan el país “donde ya no podían vivir tranquilos”, y se refugian en Argentina esperando “tiempos mejores”.

Regresan a Chilito después del “pronunciamiento militar” del 11 de septiembre, siendo indultados por el innombrable. Impunidad total, la misma impunidad que parece gozar hoy Pablo José.

Estamos ante una familia, la de los Izquierdo Menéndez, que es una de tres familias Menéndez que dan que hablar y que juntos son dinamita pura. Las otras dos son Lecaros Menéndez y Menéndez Ross. Estas 3 familias conforman empresas que incursionan en los sectores forestal, naviero, agrícola, pesquero e inmobiliario. No sé si se me escapa algún otro sector. Lo concreto es que pintan mucho más que monos.

Son empresarios de raza, de esos que pueden hacer lo que se les antoja. Lo de manejar a exceso de velocidad no es más que un pelo de la cola. Y pobres de quienes se les interpongan en su camino. No son broma.

Me he alargado en demasía, por lo que quedo hasta acá. Me queda pendiente el historial que tienen en el ámbito pesquero y en la ley de pesca que tenemos, así como en el exterminio del pueblo selk’nam (u ona) en el territorio austral de Chile y Argentina.

junio 25, 2026

Hijo de tigre (parte 1 de 3)

Fuente: gemini

Pablo José Izquierdo Reyes tuvo la mala suerte de que un policía lo descubriera manejando a 264 km/hora por una autopista de Santiago. Y tuvo la suerte de que lo dejaran en libertad, no le retuvieran su licencia de conducir, y más encima, de que la jueza de turno prohibiera su identificación, lo que hacía presumir que Pablo José fuese un menor de edad. Pero no lo era: tiene 38 años.

El anonimato, la puesta en libertad y la no retención de su licencia de conducir, solo puede tener una explicación: tener santos en la corte que ni el policía ni la jueza se atrevieron a desafiar. En lenguaje más coloquial, Pablo José está bien apitutado, tiene pitutos al más alto nivel.

En una primera excavación superficial, se descubre que es primo de la esposa de Martin Arrau ministro de Seguridad del gobierno de José Antonio Kast (JAK), y por tanto responsable de la seguridad del país. Como no podía ser menos, interrogado sobre el tema Arrau se desmarca al afirmar que no tiene relación de amistad ni cercanía alguna con Pablo José.

Es posible que así sea, pero lo que no puede desmentir es que tiene una relación familiar dado que Pablo José es primo de su esposa. Que un pariente ande en malos pasos y afecte a seguridad del país por la vía de manejar a una velocidad imprudente poniendo en riesgo la seguridad de terceros, sí es algo que le compete.

Lo menos que se puede esperar de un zar de la seguridad es que su entorno familiar esté a la altura y no atente contra la seguridad pública. No solo eso, además, que no se haga uso de una relación familiar para impedir que el policía y la jueza cumplan con sus obligaciones. Eso es lo que finalmente ocurrió desde el minuto que lo enviaron para la casa y que se ordenara no saber quien era el personaje implicado.

Lo ocurrido me hace recordar a Carlos Larraín, quien fuera senador y presidente de Renovación Nacional (RN), uno de los primeros que en plena campaña presidencial desde ChileVamos le dio la espalda a Evelyn Matthei para respaldar a JAK. En efecto, su hijo menor, Martin, con el vehículo que conducía, atropelló, con consecuencia de muerte, a Hernán Canales. Martin, el hijo de su papá, se dio a la fuga sin prestar auxilio a la víctima. 

Todo esto ocurrió hace ya más de 10 años, en el marco de las celebraciones de fiestas patrias, camino a Curanipe, en la región del Maule. Luego de un proceso caracterizado por una autopsia falsa y con un acuerdo económico con la viuda de Hernán, Martin fue absuelto de todos los cargos que se le imputaban. Con plata se compran huevos, conciencias, votos. Y así estamos.

Pero no nos vayamos por las ramas. En una excavación más profunda, veamos qué hay tras Pablo José, de dónde proviene. Es hijo del empresario Diego Izquierdo Menéndez. Éste y su hermano Julio tienen su historial: participaron en la conspiración, atentado y secuestro con consecuencia de muerte, del General René Schneider. Pablo José es hijo de tigre, de los que creen que en este país pueden hacer lo que se es antoja. Que todo se compra. Que hay que extirpar el càncer marxista. Que el país está en los suelos por los zurdos, por los comunistas.

Quedo hasta acá, porque horadando más a fondo seguro que nos encontraremos con más antecedentes que nos ilustran “la chichita con que nos estamos curando”.

junio 24, 2026

Midiendo con distinta vara

Foto de Elyse Chia en Unsplash

Hay dos hechos cuyos contrastes dan cuenta de la vara con que los distintos sectores los relatan, observan, evalúan.

Uno es el de los niños haitianos supuestamente perdidos, descubrimiento que el gobierno de Kast aprovechó para hacer leña del árbol caído, culpabilizando al gobierno de Boric. El paso de los días puso las cosas en su lugar: los niños no están perdidos. Estamos hablando de migrantes vulnerables que arrancan de un país fallido, Haití.

Dos, es el del conductor de un automóvil BMW, que transitaba por Santiago a una velocidad por sobre los 200 km por hora. La policía, al detectarlo, le ordena detenerse. Todo apunta a que se trata de un palo grueso, no perteneciente a sectores vulnerables, por lo que a pesar de manejar a exceso de una velocidad poco razonable, de alto riesgo, no se le retuvo la licencia de conducir ni se le detuvo.

Son dos casos opuestos, uno perteneciente a la casta económica, que debe vivir en el triángulo de Bermudas configurado por las comunas de Vitacura, Las Condes y Lo Barrenechea. Seguramente hijo de la meritocracia, hijo de familia decente. Para protegerlo se ordena ocultar su identidad. El otro, perteneciente a los pobres, marginados, postergados, son nominados públicamente una y otra vez. 

Son casos que revelan empatía con unos, pero no con otros. Empatías que se entrecruzan. En el caso de los niños haitianos ahora se afirma que se violaron las leyes al posibilitar el ingreso a Chile de niños sin su documentación en regla. El servicio de migraciones de la época no habría exigido lo que las leyes exigían. Privilegió la humanidad, la solución del drama haitiano a la obediencia de leyes. Privilegió la reunificación familiar.

En el caso del palo grueso solo faltó que recriminaran al policía que tuvo la osadía de detener al BMW por poner en riesgo a otros. Seguramente, al comunicarse con sus superiores, éstos al consultar quien era el conductor, prefirieron cortar por lo sano, devolviéndole su licencia. Solo faltó que le pidieran disculpas.

Esta es la realidad, la penosa realidad que corroe, que explica porqué todo se nos hace cuesta arriba, porqué estamos como estamos. Para salir de esto hay que cortar por lo sano partiendo por tratarnos como iguales tendiendo la mano a los más pobres.

Érase una vez …..

Llegue a Arica en agosto de 1974 luego de casi un año buscando trabajo. Cuando sobrevino el golpe del 73 y la unidad en la que trabajaba en el Banco Central de Santiago fue suprimida el mismo 11 de septiembre. Justo ese día celebraba mi segundo aniversario de matrimonio. Solo conservé mi calidad de profesor hora en la mítica Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile donde era profesor de cátedra de Estadística luego de haber sido ayudante y profesor auxiliar. La remuneración era más que nada simbólica, tan solo para movilizarme y por el honor de trabajar en la Universidad de Chile.  Enviaba mi currículo a distintas empresas sin que me llegara respuesta alguna. Ya pensaba que estaba en una lista negra. Eran tiempos bravos.

Cada vez más universidades estaban llamando a concurso para proveerse de profesores dado que los rectores militares apoyados por civiles, en el marco de extirpar el cáncer marxista, despidieron a cientos de profesores. Empiezo a postular a tales concursos, aprovechando mi condición de profesor hora en la Universidad de Chile. Me llaman a entrevistas en la Universidad Austral de Valdivia y en la Universidad del Norte, sede Arica. En esta última fui entrevistado por quien era el Director Académico, Enrique Correa. Soy entrevistado y quedo en ambas. Me atraía más Valdivia por su verdor, pero me incliné por Arica por ser ciudad frontera, y por lo mismo, más fácil de emigrar si la cosa se ponía más fea. Tenía el síndrome del perseguido.

Así fue como llegué al departamento de Matemáticas para impartir los cursos de estadísticas, en tiempos de Freddy Veas, Mario Alvarado, Washington Mansilla, Gonzalo Masjuan, Víctor Sánchez, Yanko Ossandón, Eward Trigo, Benjamín Cordero, Miguel Schönfeldt. Poco tiempo después se resuelve que las matemáticas y física estén bajo la responsabilidad de los departamentos que imparten las carreras. A Yanko, Miguel y yo nos destinan al departamento de administración y economía. En este departamento me encuentro con Raúl Díaz, Amparo Nuñez, Jaime Díaz, Angel Henríquez, Pablo Jiménez, René Labraña, Carlos Valencia, Ángel Awad. Este último era el director del departamento. En esos tiempos el Vicerrector de la sede Arica de la Universidad del Norte era Sergio Giaconi, uno de los fundadores de la carrera.

Por 1976 el país experimenta una razzia política que afecta a la universidad y a la carrera de INGECO. Son destituidos el Vicerrector, Sergio Giaconi, y en el departamento son despedidos René Labraña y Carlos Valencia. Fueron los tiempos en los que el mundo cristiano empezó a levantar la voz ante las barbaridades que estaba realizando la dictadura –desapariciones, torturas, asesinatos, exilios- y que se estaban conociendo. En reemplazo de Giaconi, impuesto desde la casa central de la Universidad del Norte en Antofagasta, llega un nuevo Vicerrector, Félix Viveros, dentista, reservista del Ejército, quien en no pocas ocasiones llegaba a sus oficinas en uniforme de combate. Se renueva el departamento con savia nueva, de sus propias entrañas. Allí están Juan Iglesias, Ada Acevedo, Alexis Gutiérrez, Héctor Cáceres. En reemplazo de Ángel Awad llega aparece un nuevo director, Pedro Arriagada, economista traído desde las alturas de Santiago. Dura poco. Eran tiempos en que las universidades estaban intervenidas y distribuidas entre militares, marinos, aviadores y cómplices civiles. La Universidad del Norte había sido asignada a los marinos.

Junto con Yanko empezamos a hacernos cargo de los primeros cursos de computación, sin tener computadores. Eran los tiempos de las tarjetas perforadas, las de la polla gol, de los mazos de tarjetas que partían al Centro de Computación que la Universidad del Norte tenía en Antofagasta (CECUN). Allá tenían un equipo IBM 1130 con 8 KB de memoria RAM y 5 MB en disco, en una gran sala especialmente acondicionada para estos efectos. Los primeros programas eran en FORTRAN, luego en COBOL. En un semestre a duras penas alcanzábamos a procesar un programa computacional! Partían las hojas de codificación de los alumnos y en CECUN las secretarias se encargaban de perforar las tarjetas, armar un mazo de tarjetas por cada programa escrito en las hojas de codificación; y luego pasar cada mazo por la lectora de tarjetas para “compilar” cada programa. Es así como regresaban los mazos de tarjetas con los programas “compilados”. Todo esto tomaba semanas, y siempre llegaban con errores, ya sea de perforación, de interpretación, de compilación o de ejecución. Toda una odisea de la cual son testigos los alumnos de entonces. Y los errores había que buscarlos e identificarlos.

Así los programas iban y venían a paso de tortuga. Es así como con Yanko en más de una oportunidad tuvimos que viajar a Antofagasta para acelerar este proceso. Eran tiempos de viajes por tierra, los fines de semana, sin presupuesto, sin viáticos, por amor a Cristo. Tiempos de colonización computacional. Para el fin del semestre, para aprobar, los alumnos debían tener sus respectivos programas ya ejecutados correctamente. Se acercaba el término del semestre y los programas arrojaban errores, no entregaban los resultados esperados de acuerdo a los datos de entrada que se tenían. Es así como en más de una oportunidad, con los cursos completos organizábamos viaje a Antofagasta, para allá in situ apurar los procesos. Alojábamos en escuelas, durmiendo en sacos de dormir, en el suelo, y ya no recuerdo cómo nos alimentábamos. Viajábamos toda una noche, procesábamos y corregíamos los programas en el día, dormíamos, y al otro día seguíamos en eso. Luego volvíamos a Arica, también por tierra, con los programas ya compilados y ejecutados correctamente, con la íntima satisfacción del deber cumplido. Tiempos heroicos, sin pandemia, cuando no existían bonos, ni ayudas de ningún tipo. Todo por Cristo Nuestro Señor!! 

Tiempos inolvidables, forjados a punta del esfuerzo de alumnas y alumnos a quienes con mucho orgullo veo y sigo sus pasos a la distancia. Mujeres y hombres de bien, profesionales a carta cabal. A los próceres de entonces los recuerdo nítidamente, no así sus nombres. Aún a costa de ser injusto, nombraré a quienes sí recuerdo de esos años dorados: Marcelino Garay, Yamil Jorrat, René Solar, Juan Carlos Gandolfo, Leyla Farah, Aulis Tornero, Teresa Fernández, Marisol Correa, Gonzalo Muñoz, Mauricio Néspolo, Santiago Arata, ….

La gran conquista en dichos años por parte de la sede Arica de la Universidad del Norte, fue la adquisición de una máquina perforadora de tarjetas. Ella nos permitía perforar localmente los mazos de tarjetas, los que remitíamos a Antofagasta para su procesamiento. Esto ayudó a acelerar los procesos. Es así como se logró que en los semestres sucesivos, en vez de un programa al semestre, pudiésemos ejecutar dos programas por alumno en un semestre. Arica seguía sin tener computadores. Ni la universidad, ni el municipio, ni las empresas tenían computadores. No existían en Arica.

Un buen día, un egresado de la carrera, Carlos Norambuena, dueño de Comercial Prat, que estaba en la esquina de 21 de Mayo con Arturo Prat, se acerca a conversar con Yanko y conmigo. Nos cuenta que se compró un computador NCR Century 100 para su empresa y que el vendedor le dijo que si lo compraba, él se lo trabajaría. Lo compró y el vendedor desapareció. Entonces nos planteó: “yo tengo un computador que no sé trabajarlo; ustedes no tienen computador y saben trabajarlo: les propongo crear una empresa de servicios computacionales, donde yo pongo el computador y ustedes lo trabajan. Si la empresa sale adelante, nos repartimos igualitariamente las ganancias; de lo contrario, ustedes pierden el trabajo realizado y yo lo invertido en el computador. Con Yanko nos miramos y aceptamos. Posteriormente se integró como socio Mauricio Néspolo, egresado de la carrera, e integramos a un contador. Con el tiempo se incorporaron a la empresa quienes habían sido alumnos destacados nuestros, como es el caso de Gonzalo Muñoz, Marcelino Garay, René Solar y Juan Carlos Gandolfo. La experiencia fue una apasionante y una excelente escuela de aprendizaje práctico de todo lo que involucra el quehacer empresarial. En esa empresa se prestaron servicios computacionales a la empresa fabricante de los jeans Wrangler, CONTEX, a Bicicletas Oxford, a los municipios de Arica e Iquique, a Ferrocarriles de Arica a La Paz, al Hospital Juan Noé, entre muchas otras.  

Poco después, la universidad logra tener su primer computador, un equipo Digital PDP-11/34 con 128 Kb de memoria RAM, ya no recuerdo cuánto de disco, y una unidad de cinta magnética de respaldo. Esta adquisición constituyó todo un hito, porque permitió independizar la docencia en computación de la casa central, de Antofagasta y generar nuevos trabajos de titulación en quienes egresaban de INGECO. De ahí para adelante, la computación nacida en el seno de la carrera, se hizo extensiva a toda la universidad. 

junio 23, 2026

Tiempos de colonización (*)

Llegué a Arica contratado por la Universidad del Norte (ahora Universidad Católica del Norte) en agosto de 1974, luego de casi un año buscando trabajo. A raíz del golpe del 73, la unidad donde trabajaba en el Banco Central de Santiago, la Secretaría de Relaciones Económicas Externas (SEREX) fue suprimida el mismísimo 11 de septiembre. Justo ese día celebraba mi segundo aniversario de matrimonio. Había egresado como Ingeniero Civil Industrial de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile. Enviaba mi currículo a distintas empresas que ofrecían puestos de trabajo en los medios de comunicación, sin obtener respuesta alguna. Convencido de que me encontraba en una lista negra, empecé a sentir el síndrome del perseguido. Eran tiempos bravos.

Con el propósito de “extirpar el cáncer marxista”, en las universidades los rectores designados por el gobierno militar se encontraban exonerando profesores, ya sea por tener un sello marxista o izquierdista, y/o estar adscritos a unidades académicas que se estaban eliminando por calificarse como innecesarias o conflictivas. De allí que, lentamente, cada vez más universidades estaban empezando a efectuar llamados a concurso para plazas docentes que habían quedado vacantes, las que debían llenarse para restablecer la docencia a las distintas carreras. Todo esto, dentro del marco de recuperación de la actividad académica, particularmente la docente.

Es así como empiezo a postular a tales concursos, aprovechando una experiencia docente como ayudante desde mi segundo año de ingeniería, y como profesor auxiliar en mis últimos años en la Universidad de Chile. Uno de esos llamados provenía de la Sede Arica de la Universidad del Norte. Allí se requería un profesor de Estadísticas, asignatura que estaba impartiendo en Santiago, en la Universidad de Chile como profesor auxiliar.

Soy entrevistado en Santiago, en una de las oficinas de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile por quienes eran el director académico, Enrique Correa, y el profesor del Departamento de Matemáticas y Física (DMF), Mario Alvarado, en representación del director, que en la época era el profesor Freddy Veas. Sorteo con éxito ambas entrevistas.

Así fue como llegué al DMF para impartir los cursos de estadísticas que solicitaban departamentos que tenían carreras a su cargo. En esos tiempos no existían facultades ni escuelas, tan solo departamentos. El DMF estaba conformado, entre otros, por su director Freddy Veas, Mario Alvarado, Washington Mansilla, Gonzalo Masjuan, Eward Trigo, Víctor Sánchez, Jaime Rodríguez, Yanko Ossandón, Benjamín Cordero, Miguel Schönfeldt, Verónica Rey Más, Fresia Zúñiga, Edmundo Lazo y David Lazo.

Poco tiempo después de mi arribo, se resuelve disolver el DMF, distribuyéndose las asignaturas que impartía entre los departamentos que estaban a cargo de las carreras que requerían tales servicios docentes. Me destinan, junto con Yanko Ossandón y Miguel Schönfeldt, al Departamento de Administración y Economía (DAE), donde me encuentro con Ángel Awad, su director, Raúl Díaz, Amparo Núñez, Jaime Díaz, Ángel Henríquez, Pablo Jiménez, René Labraña y Carlos Valencia, entre otros.

En esos tiempos el Vicerrector de la Sede Arica de la Universidad del Norte era Sergio Giaconi, uno de los fundadores de la carrera de Ingeniería Comercial. Poco después arriba Christian Ghymers, economista belga, en el marco de las relaciones existentes entre la Universidad del Norte y la Universidad de Lovaina.

En 1976, con motivo de denuncias de atropellos a los DDHH desde sectores vinculados a la Democracia Cristiana y la Iglesia Católica, el Cardenal Raúl Silva Henríquez resuelve crear la Vicaría de la Solidaridad como instancia de protección y apoyo a quienes estaban siendo afectados. El régimen imperante reacciona, generándose una crisis política que se expresa en la marginación de quienes eran militantes o adherentes demócrata cristianos. Estos, si bien en un inicio habían respaldado al régimen, posteriormente, con motivo de las actuaciones y consecuencias de organismos secretos (DINA) dependientes del gobierno, fueron adoptando posturas crecientemente críticas. Su impacto en la Universidad del Norte se expresa en la destitución del Vicerrector en la Sede Arica, Sergio Giaconi, y en el de los académicos del DAE, Ángel Awad, René Labraña y Carlos Valencia. No eran menores las consecuencias que en el seno de la universidad estaban generando los despidos y las difíciles circunstancias sociales y económicas que estaban viviendo las familias de los estudiantes.

Dentro de las personas más recordadas y queridas en Arica se encuentra el sacerdote jesuita Juan Valdés, quien bautizó a mis dos hijos. Juan Valdés estuvo a cargo de la pastoral universitaria en la década de los 70, en una Universidad del Norte intervenida y con un rector designado. Le tocó vivir un tiempo de gran efervescencia política y una compleja realidad socioeconómica que enfrentó con resistencia ética y acompañamiento crítico, priorizando la defensa de los DDHH y la libertad académica. Un período en el que procuró, con santa paciencia y llevando la palabra de Cristo, amortiguar conflictos, dar consuelo y esperanza entre estudiantes, administrativos y académicos. Amparó y medió siguiendo a Cristo. Dejó un recuerdo que perdura hasta la actualidad, al contribuir a una formación espiritual contextualizada a la realidad que se vivía en la comunidad universitaria. Aportó humanidad allí donde reinaba inhumanidad, expresó cercanía donde imperaba lejanía, dio la cara cuando no se daba, escucha a quienes no eran escuchados, dedicación a quienes no eran atendidos, procurando en todo momento una formación de personas comprometidas socialmente.

Se le atribuye la expresión de que “no sirve de nada un título si no hay un corazón que lata por el prófugo y el pobre”. Pedía a los estudiantes no olvidar la misión que se les ha dado, invitándoles a que “no se dejen seducir por el título, sino por el servicio”. Son muchos los estudiantes que lo recuerdan con cariño. Promovió jornadas, retiros, trabajos voluntarios, misiones en apoyo a necesidades materiales y espirituales en distintos barrios de Arica y de Azapa y Lluta. Apoyándose en las encíclicas sociales de la Iglesia, su presencia fue refugio y espacio de diálogo y deliberación en tiempos en que estaban fuertemente cercenados.

Fueron tiempos en los que el mundo cristiano empezó a levantar la voz ante las desapariciones, torturas, asesinatos y exilios que se estaban dando a conocer públicamente. Desde la Casa Central de la Universidad del Norte en Antofagasta, es impuesto un nuevo Vicerrector, Félix Viveros, dentista, reservista del Ejército, quien en no pocas ocasiones llegaba a la universidad en uniforme de combate. El DAE es renovado con savia nueva de sus propias entrañas, que complementan a quienes ya estaban. Allí están Juan Iglesias, Alda Acevedo, Norman Reyes, Julio Gaete, Benedicto Colina, Jorge Pérez Barbeito, Héctor Cáceres y Alexis Gutiérrez. Por sugerencia de este último, se inicia un proceso de capacitación MBA en el extranjero por parte de algunos académicos.

En reemplazo de Ángel Awad llega un nuevo director, Pedro Arriagada, economista traído desde las alturas de Santiago. Dura poco. Eran tiempos en que las universidades eran distribuidas entre militares, marinos, aviadores y cómplices civiles. La Universidad del Norte había sido asignada a los marinos.

Junto con Yanko Ossandón, en el DAE empezamos a hacernos cargo de los primeros cursos de computación, sin tener computadores. Eran los tiempos de las tarjetas perforadas, las de la Polla Gol, de los mazos de tarjetas que partían al Centro de Computación que la Universidad del Norte tenía en Antofagasta (CECUN), en tiempos cuyo director era Gerardo Vergara. Allá tenían un equipo IBM 1130, en una gran sala especialmente acondicionada para estos efectos. Los primeros cursos de lenguaje de programación eran en FORTRAN, para posteriormente complementarlos con COBOL.

En un semestre a duras penas se alcanzaba a procesar un programa computacional. Partían las hojas de codificación de los alumnos y en CECUN sus secretarias se encargaban de traspasar su contenido a tarjetas de codificación, mediante máquinas perforadoras de tarjetas. Por cada programa escrito en las hojas de codificación se trasladaba a un mazo de tarjetas perforadas, el que era ingresado a una unidad lectora de tarjetas para su compilación y eventual ejecución, si el programa estaba “bien” compilado. Es así como regresaban a Arica los mazos de tarjetas con los programas “compilados”.  Todo esto tomaba semanas, y siempre llegaban con errores, ya sea de perforación, de interpretación, de compilación o de ejecución. Toda una odisea de la cual son testigos los alumnos de entonces. Y los errores había que buscarlos, identificarlos y corregirlos.

Así, los programas iban a Antofagasta y regresaban a Arica a paso de tortuga. Es así como con Yanko en más de una oportunidad viajamos a Antofagasta para acelerar este proceso. Eran tiempos de viajes por tierra, los fines de semana, sin presupuesto, sin viáticos. Tiempos de colonización computacional. Para el fin de cada semestre, para aprobar, exigíamos que los alumnos tuviesen sus respectivos programas ya ejecutados correctamente. Se acercaba el término del semestre y los programas seguían arrojando errores, no entregando los resultados esperados en base a los datos de entrada que se tenían.

Es así como en más de una oportunidad, con los cursos completos, de las carreras que estaban bajo la responsabilidad del DAE (Ingeniería Comercial y Contaduría), organizábamos viajes a Antofagasta, para allá, “in situ”, corregir los errores detectados y así avanzar más rápidamente. Alojábamos en escuelas, durmiendo en sacos de dormir, en el suelo. Ya no recuerdo cómo ni dónde nos alimentábamos. Éramos jóvenes, sentíamos que teníamos toda una vida por delante. Viajábamos toda una noche, procesábamos y corregíamos los programas en el día, dormíamos, y al otro día seguíamos en eso. Luego, regresábamos a Arica, también por tierra, con los programas ya compilados y ejecutados correctamente, con la íntima satisfacción del deber cumplido. Tiempos heroicos, sin pandemia, cuando no existían bonos, ni ayudas de ningún tipo. ¡¡Todo por Cristo Nuestro Señor!!

Tiempos inolvidables, forjados a punta del esfuerzo de alumnas y alumnos a quienes con honda satisfacción veo y sigo sus pasos a la distancia. Mujeres y hombres de bien, profesionales a carta cabal. A los próceres de entonces los recuerdo nítidamente, no así sus nombres. Aun a costa de ser injusto, nombraré a quienes sí recuerdo de esos años dorados: Marcelino Garay, Yamil Jorrat, Edmundo Urra, René Solar, Juan Carlos Gandolfo, Leyla Farah, Aulis Tornero, Teresa Fernández, Marisol Correa, Teresa Fernández, Gonzalo Muñoz, Mauricio Néspolo, Santiago Arata, Ernesto Cellino y Julio Burich.

A pesar de los esfuerzos por independizarnos del CECUN en Antofagasta, para tener un equipamiento computacional propio en Arica, la gran conquista alcanzada a fines de los años 70 no fue otra cosa que la compra de una máquina perforadora de tarjetas, la que nos permitía perforar localmente los mazos de tarjetas, que posteriormente remitíamos a Antofagasta para su procesamiento en CECUN. Esto ayudó a acelerar los procesos. Es así como se logró que, en los semestres sucesivos, en vez de alcanzar a procesar un programa computacional cada semestre, pudiésemos ejecutar dos programas por alumno en un semestre. Para estos efectos, se crea el Área de Computación, que nace de las entrañas del DAE, pero que a poco andar pasó a depender directamente de la Vicerrectoría de Sede, en esos años en manos de Félix Viveros. Pero Arica seguía sin tener computadores. Ni la universidad, ni la municipalidad, ni en las empresas privadas tenían computadores. No existían en Arica.

Así y todo, disponer de una máquina perforadora de tarjetas constituyó todo un hito, dado que pudimos dejar de enviar los programas computacionales escritos en hojas de codificación. Ahora, los traspasos de los programas, desde las hojas de codificación a tarjetas perforadas podían ser realizados en Arica, aliviando la carga de trabajo en Antofagasta y aumentando el número de veces que un mismo programa podía compilarse hasta que saliera sin errores para su ejecución. Esa fue la “independencia” alcanzada.

No olvidemos que eran tiempos de procesamiento en modalidad por lotes, tiempos en los que no se vislumbraba el procesamiento en línea. Es así como todas las semanas remitíamos cajas con mazos de tarjetas, cada uno debidamente individualizado, que al cabo de una semana retornaban bien o mal compilados y ejecutados, para ser reenviados una y otra vez hasta que el programa fuese bien ejecutado, arrojando los resultados esperados para los datos de entrada dados.

En una ocasión nos llegó un reclamo desde CECUN, porque la máquina lectora de tarjetas se había estropeado a causa de un mazo de tarjetas defectuosas. Efectuada la investigación de rigor, se constató que al alumno responsable del mazo se le habían mojado las tarjetas, y no encontró nada mejor que ponerlas a secar al Sol sin decirnos nada. Es así como el mazo partió a Antofagasta, con sus tarjetas secas, pero distorsionadas por la humedad, que al pasar por la lectora, no fue capaz de “leer” las tarjetas. Este hecho nos forzó a reforzar los controles para evitar nuevos bochornos.

Recién en 1982, después de la fusión de las sedes Arica de la Universidad del Norte y la Universidad de Chile, la nueva universidad, la Universidad de Tarapacá, logra tener su primer computador, un equipo Digital PDP-11/34 con 128 Kb de memoria RAM. Pero esta ya es otra historia.

(*) Escrito con ocasión de los 70 años de la Universidad Católica del Norte que podrán encontrar en la web de la UCN (leer


junio 22, 2026

Uruguay se la juega

Foto de Emilio Garcia en Unsplash

En el plano futbolístico masculino, Uruguay ya lleva dos partidos en el mundial con dos magros empates, quedándole tan solo un partido, el más difícil, contra España. La clasificación se ha puesto cuesta arriba.

Las razones para estar en tan comprometida situación dependerán del cristal con que se mira. Para los más, si nos atenemos a las redes sociales y a los medios de comunicación convencionales, la responsabilidad recae en la dirigencia de la AUF, en la elección del director técnico, Marcelo Bielsa, en la nominación de los elegidos para representarnos, y en los jugadores.

Discrepo de esta interpretación. A mi modesto entender, las críticas recibidas desde un primer minuto por el director técnico, hicieron su trabajo: cavar vuestra tumba, aserruchar nuestro piso, para dar cuenta de una profecía autocumplida. Tanto llega el agua al cántaro que al final se rompe. Es lo que está a punto de darse.

Si bien aún tenemos posibilidades de clasificar, ellas son remotas. No digo nulas porque Uruguay no es cualquier país en materia futbolística. Es capaz de hazañas. Todo uruguayo nace con el “maracanazo” a cuestas, cuando nadie daba un peso por Uruguay.

Sí, en 1950, en el estadio de Maracaná, Uruguay disputó la final con Brasil que llegó como favorito incuestionable. Mal que mal, era local, y llegaba a la final a punta de sendas goleadas a España y Suecia. En tanto que Uruguay llegaba a duras penas, raspando. La dirigencia ya se daba por cumplida con haber llegado a la final, y así se lo hicieron saber a los jugadores en los camarines.

El capitán de entonces, Obdulio Varela, “el negro jefe”, una vez que retirados los dirigentes, con todos los jugadores alrededor suyo, afirmó: «¿Cumplidos? ¡No, cumplidos solo si somos campeones!». Y continúa: «Muchachos, los de afuera son de palo. En la cancha somos once contra once. El partido se gana con los huevos en la punta de los botines. No miren para arriba, nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo».

¿Qué nos dice esto? Que un uruguayo nunca se da por derrotado, y eso lo tenemos impregnado quienes hemos nacido en el paisito. Mientras exista un espacio debemos aferrarnos a él y no largar la esponja de antemano. Ya llegará el minuto de la crítica destemplada, del análisis reflexivo de qué pasó. Por ahora solo cabe no olvidar que todo ser humano, y los uruguayos en particular, estamos en condiciones para enfrentar toda clase de adversidades.

Escribo estas líneas desde San Vicente de la Barquera, donde me encuentro residiendo. Pequeño pueblo marinero de la región de Cantabria, España, justo el país contra el cual nos la jugamos. España es favorita, tiene todas las de ganar, un equipo formidable.

Pero como dijo en su minuto Carlos Solé, histórico comentarista uruguayo, aludiendo a la imprevisibilidad en el ámbito futbolístico «fobal es fobal y no hay vuelta que darle». Confianza y esperanza en nosotros mismos es lo último que debemos perder.

junio 19, 2026

Chile: los niños haitianos perdidos

Foto de Heather Suggitt en Unsplash

Un primo muy querido me envía por whatsapp un artículo de uno de los diarios de la cadena mercurial sobre niños haitianos a quienes se les habría perdido el rastro en Chile (leer). El envío lo hizo acompañado de un mensaje “tema para un artículo, el país se caía a pedazos...”, por lo que para no defraudarlo acá van algunas palabras en torno al caso.

Estamos hablando de niños, niñas y adolescentes haitianos que llegaron al país en vuelos charter en el 2025 y años anteriores sin que se sepa dónde están, ni con quién. El motivo por el cual ingresaron a Chile fue la “reunificación familiar” abierto el gobierno de Boric para facilitar el reencuentro de los niños con al menos uno de sus padres, que ya residía en Chile. Menores que habrían ingresado en grupos de la mano de adultos “responsables” de ellos.

Todo esto saltó por los aires gracias a la Contraloría, de la mano de la famosa Dorothy, la misma que destapó la olla de las licencias médicas. Contraloría revisó una muestra de poco más de 100 casos sin localizar a los niños en los domicilios declarados como sus residencias. Dado que, entre el 2022 y 2025 se autorizaron sobre 15 mil “reunificaciones familiares”, que incluían en su gran mayoría a menores de edad, se teme que la cifra de quienes no se sabe dónde están, sea elevada.

En concreto, el problema se centra en que no se sabe dónde, y en qué estado se encuentran estos niños, por lo que se teme la existencia de un tráfico ilícito de migrantes/trata de personas.

Contraloría, con ojo de lince, perdón, de Dorothy, detectó que no se verificaba la relación familiar entre adultos y menores que exigía el motivo aducido, el de la reunificación familiar. En el 2024, en razón de la crisis que se vivía en Haití, y que se extiende hasta la fecha, se “flexibilizó” el control migratorio aceptándose certificados de nacimientos, y/o fotocopias, sin legalizar.

Se sospecha, y teme, que estamos ante un caso de redes de tráfico y explotación de niños bajo la excusa de la reunificación familiar. Como en tantos otros casos, y con mayor razón en éste, tenemos, como país, la obligación de desenmascarar a los responsables utilizando todos los recursos que están a nuestra disposición.

El gobierno de Kast, ni corto ni perezoso, luego de sus primeros y turbulentos 100 días, se está aferrando de esta tragedia para darle como bombo al gobierno precedente. Parece mentira, que una y otra vez, recurra a lo mismo, olvidando que ya pasó la vieja, que su obligación es gobernar lo que hay, no para andar llorando sobre la leche derramada. A esta altura del partido, las quejas solo intentan zafar de las manifiestas incompetencias que están quedando al desnudo desde el primer día.

Cualquiera persona con dos dedos de frente se da cuenta que el gobierno está haciendo uso político de esta tragedia para llevar agua a su molino. Esta actitud revela mezquindad por cuanto bien sabemos cuál es su postura frente a los inmigrantes que no son como “ellos”. El paso de los días está demostrando que el gobierno ha sobrerreaccionado para tender una cortina de humo en torno a los problemas que le afligen. Vergonzoso.