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noviembre 04, 2024

España devastada por la DANA

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

La DANA me pilla estando en España, aunque fuera de la zona de peligro, la que está concentrada en las costas del Mediterráneo de la comunidad valenciana y de Cataluña. Yo me encuentro en la costa que da al mar Cantábrico, entre Santander y Gijón.

¿Qué significa DANA? Es un acrónimo que significa Depresión Aislada en Niveles Altos, originado por el choque de aires fríos, polares, con aires cálidos y húmedos. Según sostienen los expertos, las DANAS no son imputables al cambio climático, dado que han existido siempre, aunque en el pasado se denominaban "gotas frias". Si bien la DANA no es imputable al cambio climático, éste está influyendo en su intensidad y frecuencia con las consecuencias que las noticias destacan, y que las imagenes permiten observar en todo su dramatismo.

Como siempre, los vaivenes de los fenómenos naturales ponen a prueba nuestra capacidad previsora, o imprevisora, para anticiparnos o reducir riesgos. Después de un desastre, nos agarramos la cabeza, lamentándonos por no haber tomado medidas preventivas; o por haber incurrido en la ejecución de obras que reportan beneficios en el corto plazo, minimizando o despreciando los eventuales riesgos que conllevan.

En Chile bien sabemos de estas cosas, donde de tiempo en tiempo tenemos terremotos o inundaciones originadas por torrentes de agua que caen de la cordillera por cauces habitualmente secos. Así y todo, pasado un tiempo hacemos lo que sabemos que no debemos, desafiando a la naturaleza que mas temprano que tarde, reacciona.

Es lo que nos está ocurriendo con el cambio climático. Sabemos que ya está entre nosotros, que debemos actuar, que debemos tomarlo en serio. Desgraciadamente somos incapaces de adoptar las medidas preventivas a tiempo desatendiendo los avisos, las advertencias que los expertos en la materia nos formulan.

La destrucción que las anegaciones ha traido la DANA en España me hacen recordar las vividas en Chile en la region del Maule, particularmente en Lincantén donde su centro de salud quedó sumergido en lodo, al igual que poblaciones nuevas en los alrededores de Curicó.

Para rematarla, en España la DANA ha dado origen a una nueva disputa política, dado que hace poco se redujeron los recursos públicos destinados a la prevención de desastres, lo que explicaría que no se adoptaran las medidas preventivas pertinentes, ni que se diera aviso oportuno de lo que se venía encima. De haberse prevenido lo más probable que muchos de los más de 200 fallecidos habrían sobrevivido.

Nada funcionó, ni siquiera la tecnología, porque la población no pudo comunicarse ni efectuar pagos con tarjetas. De allí la desesperación y enojo de la población afectada, expresado con mucha fuerza cuando tanto el rey, como el presidente del gobierno español y de la comunidad autónoma valenciana se apersonaron en terreno para empatizar con los afectados.

Habrá que ver si la solidaridad de muchos y la capacidad de gestion de las autoridades involucradas será capaz de sortear este nuevo desafío que la fuerza de la naturaleza ha puesto sobre la mesa.

 

agosto 24, 2023

Chile: un país en pelotas

Foto de Chris Gallagher en Unsplash

Una vez más Chile se ve en la encrucijada de reconstruirse producto de la fuerza avasalladora de las aguas que han inundado pueblos y ciudades, cortado caminos y carreteras, destruido puentes. Chile y su loca geografía está sometido a desafíos mayúsculos de todo orden. La impotencia aflora ante fuerzas que parecieran estar fuera de nuestro control, como si nosotros no tuviésemos responsabilidad alguna en ellas, como si nada pudiésemos hacer para evitar algo que nos sobrepasa.

Sin embargo, muchas consecuencias de lo que estamos viviendo podíamos haberlas evitado, aún más, debíamos haberlas evitado. Nada nos obliga a vivir allí donde no se dan las condiciones de seguridad que merecemos. Tan solo debemos respetar la naturaleza en vez de alterarla. Intervenciones que terminan costándonos caro.

Tenemos una cordillera majestuosa, imponente por cuyas laderas bajan las aguas de nieves cada vez menos eternas. Laderas resecas por la sequía, incapaces de absorber el agua que corre por ellas. En los lechos de nuestros ríos, por donde habitualmente corren hilos de agua, si es que no están secos, extraemos ilegalmente áridos, volcamos en ellos nuestros desechos, y en sus riberas no pocos alzan sus viviendas, algunas precarias, otras no tanto, como una suerte de segunda vivienda en plan campestre. Modificamos cursos de agua como quien se cambia de camisa, creyendo que es llegar y llevar, sin percatarnos que estamos interviniendo el medio ambiente con consecuencias que no evaluamos a pesar de contar con todas las herramientas para hacerlo. Los intereses de corto plazo y el afán de lucro pueden más.

Es nuestro comportamiento el que está perturbándolo todo el que debemos revisar. Sin querer queriendo, posponemos lo preventivo. Solo una vez ocurridos los desastres atinamos a afirmar que ahora sí haremos todo como corresponde, efectuando las inversiones preventivas indispensables para evitar, o al menos amortiguar los efectos de procesos naturales que no controlamos. Sin embargo, a poco andar, una vez pasada la emergencia, una y otra vez, al menos hasta ahora, solemos volver a incurrir en las mismas prácticas que nos están conduciendo al drama que estamos viviendo. Nada garantiza que no volvamos a repetirnos el plato. Esto es, y ha sido así, no solo ahora, por privilegiar lo urgente sobre lo importante, el corto plazo por sobre el largo plazo, las políticas correctivas sobre las preventivas.

Acá fallamos todos, personas, empresas privadas y el Estado. Nadie puede lavarse las manos. Las personas fallamos cuando no tenemos la educación suficiente para discernir respecto de las zonas habitables respecto de las no habitables por ser inundables y confiar en que las empresas constructoras y el Estado hacen lo que deben hacer.

El Estado falla al no estar alineadas sus atribuciones y capacidades con las exigencias que plantea una naturaleza de por sí difícil. Los municipios fallan cuando sus direcciones de obras otorgan autorizaciones que cualquiera con dos dedos de frente sabe que no debieran otorgarse. En estos días estamos viendo ejemplos grotescos. Uno, en varias ciudades y pueblos de nuestra región, donde incluso han sido afectadas familias en viviendas prácticamente nuevas, y otro, en la región de Valparaíso, en la ciudad de Viña del Mar, donde un edificio se tuvo que desalojar por completo por riesgo de derrumbe por un socavón. Edificio construido sobre dunas. Es evidente que se requiere una revisión completa de procesos administrativos, de análisis de localizaciones y de muchas hierbas más.  

Las empresas privadas también tienen una responsabilidad enorme en esto. No puede ser que se saquen el pillo aduciendo que cuentan con los correspondientes permisos y recepciones por parte de las instancias correspondientes, como son las municipalidades y el servicio de vivienda y urbanismo. Vaya a saber uno cómo consiguieron tales permisos, ya sea vía corruptelas o vía una legislación extremadamente laxa para construir allí donde no se debería, o donde las exigencias constructivas deben ser sustancialmente mayores.

Las responsabilidades tanto del Estado como de las empresas privadas, son mayores cuando estamos en un país con la desigualdad del nuestro, donde una importante cantidad de familias de bajos recursos económicos debe postular a subsidios para cumplir con el sueño de la vivienda propia. Subsidio que otorga el Estado a empresas privadas para construir viviendas que al final del día terminan inundadas y/o mal construidas. Al final el pobre termina siendo el jamón del sándwich.

Desgraciadamente estamos insertos en un modelo de sociedad, donde se nos educa, consciente o inconscientemente, para que privilegiemos lo urgente posponiendo lo importante, el corto por sobre el largo plazo, lo correctivo en vez de lo preventivo, tanto en el plano individual como colectivo. Una y otra vez, la naturaleza nos invita a cambiar.

marzo 24, 2022

Los límites del crecimiento

Foto de Chris Gallagher en Unsplash

A raíz de la insistencia de no pocos en que sin crecimiento no hay desarrollo he recordado un informe titulado “Los límites del crecimiento” y que fuera presentado ya hace exactamente medio siglo, en 1972. En él se predice lo que estamos viviendo. Se trata de un informe generado por un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) por encargo de lo que se llamó el Club de Roma, institución privada formada por economistas, científicos y políticos preocupados por el futuro.

La pregunta que se hacía el Club de Roma y que cuya respuesta esperaba encontrar en el informe era muy simple: ¿puede el crecimiento económico y material continuar indefinidamente en un planeta finito? Para la elaboración de este informe se barajaron diversos escenarios respecto de la evolución de la sociedad en función de un conjunto de variables tales como el crecimiento poblacional, la contaminación y la disponibilidad de recursos.

Entre los escenarios planteados se incluyó uno que asumía que todo sigue más o menos igual, que la población seguiría creciendo con la misma intensidad, al igual que el consumo y el deterioro del medio ambiente. Bajo este escenario el informe señalaba que en 100 años más colapsaríamos. Esto significa que si este es el escenario en que estamos, nos quedarían tan solo 50 años para que el actual modelo económico-social se venga abajo.

Al momento de publicarse este informe, abundaron las críticas de los sectores económico-empresariales porque se invitaba al crecimiento cero, a no seguir creciendo al ritmo que se venía haciendo. Estas críticas se centraban en que ignoraba las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, la aparición de nuevos recursos, el descubrimiento de nuevos yacimientos. Se presumía que podíamos crecer indefinidamente.

La realidad que estamos viviendo, con las persistentes crisis de todo orden que observamos a diario,  nos está demostrando que el informe del Club de Roma como se le llamó en su tiempo no andaba tan despistado. Lo prueba el hecho de que estamos inmersos en un proceso de cambio climático sin freno, de migraciones sin precedentes y de un deterioro del medio ambiente cuyos alcances aún no dimensionamos. Para rematarla, por si esto fuera poco, ahora último nos acompaña una pandemia global, el retorno de la amenaza de la guerra nuclear que creíamos haber dejado atrás. Todo esto, inevitablemente termina por afectar las relaciones humanas, las que muestran signos crecientes de agresividad. Estamos hablando de un fenómeno global, que cruza todas las fronteras.

El colapso del que estamos siendo testigos era absolutamente previsible, como lo demuestra el informe en comento de medio siglo atrás. Sin embargo no quisimos, o no supimos leerlo. Seguimos como si los recursos naturales fuesen infinitos, como si la naturaleza fuese capaz de aguantar cualquier contaminación generada por nuestras actividades productivas y nuestro comportamiento como consumidores.

Hoy todo está tan entrelazado, tan globalizado, que lo que vale en la quebrada del ají también es válido aquí. El mundo está en crisis, una crisis que se avizoró hace al menos 50 años sin que a la fecha se le ponga atajo. Al menos todo lo que eventualmente se ha realizado por amortiguarlo es claramente insuficiente.  Para remate escribo estas líneas mientras los bombardeos sobre Ucrania continúan dejando toda una estela de destrucción.

No sé si aún estamos a tiempo para atajar este camino en que estamos empeñados, pero lo menos que podemos hacer es seguir bajo el modelo actual de sociedad como si nada. Seguramente Sócrates se estaría preguntando a quienes lo acompañan: ¿Qué será lo que nos empuja a la insensatez? No sé si alguien le habría respondido.

febrero 01, 2021

LLueve que llueve ....

Photo by Alexandre Guimont on Unsplash

En la semana, dale que dale lloviendo, a cántaros, sin parar, en algunos lugares con granizo, truenos y relámpagos, como si a la naturaleza le hubiese venido un ataque de nervios, de furia, descargándose con todo. Todo esto en medio de una pandemia que nos tiene en ascuas, con covid19 avanzando a pasos agigantados por la vía del aumento de casos gracias a quienes no miden las trágicas consecuencias que pueden acarrear sus conductas.

Ya se sabe que debemos reducir al mínimo el contacto social, las relaciones sociales, y que en caso que sea inevitable, debemos recurrir al uso de mascarillas, el distanciamiento físico, la limpieza de manos. Se ha recurrido a recomendaciones, a restricciones, y solo falta que entremos a la tercera erre, la que no queremos, pero que pareciera que estuviésemos buscando: la de la represión.

Las lluvias de la semana han venido a agravar la situación al desnudar, una vez más nuestra precariedad, nuestra desigualdad. Lluvias en medio de una crisis sanitaria, de una recesión económica debida a la pandemia, y una crisis de representación política que muy probablemente se destape en las elecciones de abril próximo, donde postulan toda clase de personajes sin el más mínimo pudor.

Con las lluvias se pone de manifiesto el Chile real de quienes están anegados, de quienes están amenazados por aluviones. Más encima se incendia un hospital en la capital del reino forzando a evacuar a todos los pacientes.

Algunos dirán que estamos pagando las consecuencias del cambio climático, que llegó para quedarse, que debemos aprender a vivir con esta realidad. Unos piensan que debemos detener el cambio climático, que aún estamos a tiempo, que todo lo que está ocurriendo depende de nosotros, que es consecuencia de una manera de relacionarnos con la naturaleza que invita a explotarla más allá de lo que ella es capaz de soportar.

Otros piensan que no hay remedio, que las cosas son como son, que todo seguirá ocurriendo hagamos lo que hagamos. Afirman que cambios climáticos han existido en el pasado y no ven por qué no sigan ocurriendo. Quizás la diferencia estriba en que nunca como ahora el ser humano ha sido capaz de intervenir la naturaleza, de alterar el curso de los ríos, de contaminar aire, suelo y agua. La actual agresividad del ser humano con su medio ambiente no tiene parangón alguno. La persistencia en el crecimiento continuo en una realidad marcada por recursos finitos es insostenible. Poner todas las fichas en el crecimiento implica ejercer una presión que la naturaleza ya es incapaz de soportar. Ella parece estar diciéndonos: no más! basta! más respeto! La madre natura nos está diciendo “déjenme respirar, me están desequilibrando, están abusando de mi”. Más que enfatizar el crecimiento parece ser hora de detenernos para reflexionar.

Adportas de la elaboración de una nueva constitución, las torrenciales lluvias de esta semana nos están invitando a relacionarnos de mejor manera con la naturaleza, en forma armoniosa, sin zonas de sacrificio. También nos invita a centrarnos en la distribución de los recursos, o dicho de otro modo, en un crecimiento inclusivo, pero de verdad, distributivo, que no deje a nadie bajo la mesa, que aborde la lacerante desigualdad reinante. Por último, y no por ello menos importante, nos interpela para hacer bien las tareas que nos competen, dejar de hacerlas a medias. Las lluvias como las que hemos tenido esta semana, en pleno verano, así como los terremotos y otros desastres naturales nos recuerdan las limitaciones a las que estamos sujetos, y al mismo tiempo, a levantar la mirada, a ver con otros ojos lo que ocurre.


octubre 03, 2019

Los ataques a Greta

Confieso que me ha llamado profundamente la atención las críticas de las que ha estado siendo objeto Greta Thunberg, una adolescente ambientalista sueca de 16 años que está liderando un movimiento global contra la crisis climática, desde las más inverosímiles fuentes. Entre ellos me permitiré destacar a Putín, Trump y uno de los hijos de Bolsonaro. Los dos primeros, por ser los líderes de EEUU y de Rusia respectivamente, en tanto que el tercero, por ser el hijo del presidente de Brasil y posible embajador en los EEUU.

Putín, en el más reciente foro energético celebrado en Rusia hizo alusión a la complejidad del mundo moderno y a los altos niveles de pobreza que aún persisten en distintas partes del mundo. Esta realidad dificultaría limitar el uso de combustibles fósiles para alcanzar el desarrollo en aquellos países que aún son subdesarrollados.

Trump por su parte, como es común en él, luego del discurso de Greta en la cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas, apeló al sarcasmo al afirmar que “parece una niña muy feliz que espera un futuro brillante y maravilloso. ¡qué lindo verla!”.

En tanto que el diputado brasileño, Eduardo Bolsonaro, no trepidó en acusar a Greta de estar siendo apoyada por una sociedad financiada por el magnate húngaro George Soros para fomentar una agenda de la izquierda.

Los tres, Putin, Trump y Bolsonaro, dan cuenta de la pobreza mental de los actuales líderes políticos mundiales y del negacionismo en materia climática.

Todas estas afirmaciones son complementadas con videos, fotos trucadas y noticias falsas que se distribuyen por las redes sociales como verdaderas bombas de racimo para contrarrestar el impacto que está teniendo el movimiento de carácter mundial encabezado por Greta. Un movimiento que acusa a los líderes políticos, económicos y financieros mundiales de traicionar a su generación con sus palabras vacías, por su incapacidad para limitar el calentamiento del planeta y enfatizar lo económico. En su apasionado discurso ante las Naciones Unidas llegó a acusar que “estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que ustedes pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno”.

El movimiento que se inició frente al parlamento sueco, se ha ido expandiendo a nivel mundial a través de huelgas escolares pacíficas denominadas “Viernes para el futuro”. Un movimiento al que no pocos, sin prueba alguna, acusan de estar siendo instrumentalizado por oscuros intereses económicos-financieros o por el marxismo leninismo internacional.

Es hora de tomarse en serio lo que expresa este movimiento, que no es otra cosa que la de hacer un alto en el camino para reflexionar respecto de un modo de vida, un modelo de desarrollo depredador, generador de pobreza y de desigualdades extremas.

Los niños y jóvenes nos están invitando a compatibilizar el desarrollo humano con la naturaleza. Tras este movimiento no hay oscuros intereses, muy por el contrario, hay una invitación a actuar con mayor humanidad, con mayor respeto por la madre tierra que nos cobija, por nosotros mismos. Una invitación a modificar nuestros actuales comportamientos y decisiones con miras a dejar de hipotecar el futuro de las generaciones que vienen. Nuestros hijos y nietos lo agradecerán. Nada de mal nos hace efectuar un alto en el camino para repensar lo que estamos haciendo.

septiembre 03, 2019

El cambio climático: ¿qué nos dicen los datos duros?

Hace poco un amigo me hizo llegar una pregunta que calificó de trascendental: ¿el calentamiento global –o lo que ahora se denomina cambio climático- obedece a un ciclo natural de la tierra o ha sido causado por el hombre? Quien me formuló la pregunta lo hizo acompañándola con un video titulado “La verdad sobre el cambio climático. El negocio de la ONU” donde un ingeniero chileno, Douglas Pollock, expone su pensamiento sobre la materia.

En el video se plantea que toda la parafernalia en torno al tema no sería más un nuevo gran fraude al que nos tendría acostumbrados la ONU (Organización de las Naciones Unidas) al hacerse eco de la “gran mentira” del calentamiento global para engordar su corte de burócratas, refugiar a izquierdistas, y/o lucrarse con las temáticas de la tecnología renovable, la economía circular y tantas otras yerbas que pululan por estos tiempos. Importa recordar que la ONU es una organización creada al término de la segunda guerra mundial con el propósito de generar una instancia global que reduzca la posibilidad de nuevas conflagraciones a nivel planetario.

Quien me formuló la pregunta afirmó no tener la formación ni siquiera para intentar dar una respuesta. Yo tampoco la tengo, así como tampoco la tiene el grueso de los mortales. Son pocos, muy pocos, quienes poseen la formación científica para responder la pregunta, y quienes la poseen, tienen respuestas discordantes. En concreto, no existe consenso en la materia, aunque la opinión ampliamente mayoritaria en el campo científico, es la que está tras la postura de la ONU.

¿Quién tiene la razón? No lo sé, y el caso es ilustrativo de una realidad. En este tema, así como en tantos otros, no existen respuestas únicas. Se han logrado grandes avances científico-tecnológicos, la frontera del conocimiento se ha extendido notablemente, pero así y todo, estamos lejos, muy lejos de tener respuestas o caminos únicos. A los expertos les encanta respaldar sus posturas, los resultados de sus experiencias, en base a evidencias. ¿Qué nos dice la realidad? Que allí donde existen controversias, encontraremos evidencias para todas las posturas.

Lo señalado no nos exime de opinar ni tomar postura, ya no en base a conocimientos que no tenemos, sino en base a la información que recogemos, a nuestras intuiciones, miradas, personalidades. Sin descartar que el cambio climático pueda obedecer a un ciclo natural de la tierra, me inclino a pensar, y quiero creer, que ha sido causado por las actividades del ser humano. Mi postura se sustenta esencialmente en que si el cambio climático es producto del ciclo natural de la tierra, independiente de lo que hagamos, entonces no tenemos remedio, estamos fritos; por el contrario, si es causado por nosotros, y estamos a tiempo de revertir el proceso, entonces pongamos manos a la obra para hacer todo aquello que se requiera para salvarnos. Sería triste que por creer que todo lo que ocurre es independiente de las actividades del ser humano no hagamos nada y nuestros hijos y nietos se vayan a la cresta cuando capaz que podían salvarse. Más vale prevenir.

Por lo demás, lo que se nos pide no tiene nada de malo, muy por el contrario, se nos exige una producción más limpia, mayor austeridad por parte de quienes están ahogados en el consumismo, un comportamiento más afín con la naturaleza, en sintonía con ella. No creo que haya una mano negra que guía las acciones de la ONU o que la minoría ni la mayoría de los científicos esté siendo cooptada por oscuros intereses capitalistas o socialistas.

Por último, respondiendo la pregunta que encabeza la columna: ¿qué nos dicen los datos duros? Nos dicen que tenemos que andar con pies de plomo, ojo al charqui.

agosto 06, 2019

Tiempo de aromos

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Por estos días, en la zona centrosur de Chile los aromos están en flor, luciéndose con su amarillo furioso, arrebatado, cuando el sol está radiante, en todo su esplendor, en pleno invierno. A pesar de los fríos que nos azotan, Imposible esquivar la sonrisa frente a los aromos que buscan alegrarnos el almanaque, ya sea en los campos, los caminos, como en las ciudades.

Me recuerdan la niñez, mi ciudad natal, Montevideo, donde por estos días también su aroma nos inundaba acompañando nuestros juegos en las plazas, parques y calles, cuando jugábamos a las bolitas, a los trompos, a las tapaditas con los figurines de antaño, con las pelotas de trapo.

Tanto los aromos como los árboles desnudos que se preparan para reverdecer sus laureles, invitan al optimismo en medio del frío, invitan a resucitar, a renovarnos una vez más. Es la invitación que por momentos también nos hace a nosotros mismos, a repensar lo que hacemos, lo que queremos en medio de un mundo que parece ir a la deriva, un mundo que hostiga a la naturaleza, que busca someterla, sin percatarse que al hacerlo, se está autoinfligiendo una herida mortal.

Cuando los problemas parecieran acosarnos por todos lados –la xenofobia, la homofobia, la inseguridad, la corrupción, el pesimismo- los aromos en flor nos sorprenden y llaman al optimismo, a mirar la otra cara de la medalla. Su amarillo brillante nos fuerza a levantar la vista en medio del frío invernal, a sonreir, a confiar, a abrirnos, a abrazar, a buscar puntos de encuentro, a recordar que hay caminos de solución, que la naturaleza es maravillosa.

En Europa los calores son de miedo, por sobre los 40 grados Celsius, el ártico se está derritiendo, China y USA agarrándose de las mechas, Bolsonaro afirmando que el Amazonas es suyo y que en él se podrá hacer lo que él quiera. En Chile una línea de buses opera con patente adulterada y una empresa proveedora de agua potable deja sin ese vital elemento a toda una ciudad por más de una semana por un error que deja al desnudo el nivel de precariedad bajo el cual opera. En Venezuela, si no fuera por la tragedia que encierra lo que se está viviendo en sus confines, uno creería que se trataría de una de esas telenovelas a las que nos tenían acostumbrados décadas atrás. Tragedia expresada en la emigración de millones de sus habitantes. En Argentina, su presidente haciendo malabarismos para reelegirse con el desembozado apoyo de plomo del FMI y la banca internacional.

La irrupción de los aromos en flor, en un ciclo que se repite todos los años, nos dice, una y otra vez, que no debemos bajar los brazos ni dejarnos llevar por el pesimismo. Muy por el contrario, nos recuerda que siempre existe una nueva oportunidad para hacer las cosas como corresponde, en base al sentido común. Tan simple como eso.

Aunque parezca mentira, el mundo no es una porquería. Otro mundo es posible. Renunciar a esto es como morir en vida. Hay que pelearla con la convicción de que sí, se puede. Los aromos nos señalan el camino.

julio 25, 2019

Camino al abismo

Hasta la fecha la idea de desarrollo que tenemos parece asumir que estamos ante un mundo con recursos infinitos y/o que funciona con una suerte de control automático de modo tal que de alguna manera se las arregla para que se logren sortear los problemas que se pongan al frente.

Las razones de esta postura se basan en que a lo largo de la historia el ser humano ha sobrevivido a catalismos naturales o provocados de las más diversas índoles. Históricamente los agoreros del fin del mundo han tenido que morderse sus premoniciones. Si bien esto ha sido cierto hasta ahora, ello no garantiza que siga siendo así.

Al paso que vamos, la sostenibilidad de la vida planetaria, está en jaque. No podemos seguir recorriendo el camino hacia el desarrollo promoviendo el crecimiento y el consumo sin fin. En algún minuto este comportamiento nos pasará la cuenta, quizás no a nuestra generación, pero sí a las que vienen.

El cambio climático parece confirmar lo señalado. Los significativos aumentos en las temperaturas extremas, cuyas consecuencias están generando desastres en los más diversos confines a un ritmo creciente, dan cuenta de una realidad de una magnitud difícil de dimensionar. En paralelo, estamos viviendo tiempos de progreso científico-tecnológico sin precedentes, un progreso dulce y amargo.

Dulce porque ha permitido eliminar algunos cataclismos, como enfermedades que diezmaban a poblaciones enteras, así como prevenir cataclismos como terremotos y maremotos, de modo de amortiguar sus nefastas consecuencias. Y también porque ha permitido elevar la calidad de vida de muchas personas.

Amargo porque incluye una capacidad de producción de armamentos y de destrucción nuclear inimaginables, junto con la de alterar negativamente el medio ambiente en forma irreversible.

Si nuestro comportamiento fuese esencialmente racional, debiéramos ser capaces de internalizar las consecuencias y los costos futuros en terceros de nuestras decisiones y actuaciones presentes.

Para desviarnos del camino al abismo en que pareciera que estuviésemos empeñados, es indispensable incorporar en nuestras cabezas los conceptos de sostenibilidad y economía circular.

agosto 29, 2018

Un nuevo conflicto medioambiental

En Chile, una vez más se desata una crisis ambiental en la bahía de Quintero, Puchuncaví y Ventanas, localizadas en la zona costera norte de la región de Valparaíso. Es la que llaman zona de sacrificio, que se expresa en periódicas intoxicaciones masivas, enfermedades y una tasa de muertes por cáncer por sobre la media nacional, mala calidad de vida, como consecuencia de la contaminación generada por las empresas que allí operan. Esta realidad se ha ido repitiendo periódicamente no solo en esa zona, sin visos de erradicarse y con altos costos en la salud y desarrollo de sus habitantes.

Al igual que frente a otros hechos de similar tenor, como si de un temporal se tratara, las autoridades reaccionan sobre la marcha haciéndose eco de la indignación de los vecinos, anunciando medidas y responsabilidades, sin asumir sus respectivas responsabilidades. Anuncios que desafortunadamente, al menos hasta ahora, no son más que palabras que se lleva el viento. Pasada la emergencia todo vuelve a fojas cero, hasta un próximo episodio crítico.

En la zona afectada la contaminación a la que se hace referencia tiene relación con la emanación de gases tóxicos generados por empresas que allí operan. En otras oportunidades, la contaminación ha sido consecuencia de la evacuación de residuos líquidos al mar o derrames de petróleo, así como por la contaminación de los suelos por parte de una o más empresas públicas y privadas que operan en el sector.

En todos estos casos el gobierno, asociado al neoliberalismo, no ha desperdiciado la ocasión para inculpar, vía la Ministra del Medio Ambiente, desde el primer minuto a la Empresa Nacional de Petróleo (ENAP), empresa autónoma estatal. Desde la oposición, esta temprana acusación ha llamado poderosamente la atención, por cuanto la mayoría de las empresas que se encuentran en la zona son privadas, y donde no pocos de sus dueños están fuertemente vinculados con el pinochetismo y el piñerismo.

Si queremos que de verdad estos fenómenos no se repitan, que suelen afectar a los más pobres, es imposible sustraerse a las siguientes razones que explican estos desastres con consecuencias tan nocivas.

1. Una legislación ambiental laxa con bajos estándares de exigencias medioambientales en beneficio del crecimiento económico y las fuentes laborales; 2. Las presiones de empresarios y políticos, orientadas a obtener altas rentabilidades por la vía de traspasar costos medioambientales a la población en que operan; y 3. Un modelo de sociedad –el neoliberal- que invita a la población a mirar los problemas individualmente, y no colectivamente, como si ellos fuesen de los responsables de las situaciones en que se encuentran.

Solo abordando estas razones de frente, sin escabullir el bulto, y teniendo en mente los derechos que nos asisten a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, podremos superar esta crisis socioambiental. Para ello, es indispensable una ciudadanía empoderada, organizada, que tome el toro por las astas y plenamente consciente de los derechos que le asisten, capaces de hacer enfrentarse a empresarios y políticos cooptados por ellos.

marzo 02, 2017

Mala puntería

Chile, junto con los países que bordean el océano pacífico de América Latina, que comparten la majestuosa cordillera de los Andes, están dentro de los que se encuentran más afectados por el cambio climático que Trump ignora olímpicamente.

Las nieves eternas ya no son tan eternas, los deshielos, las abruptas pendientes, están generando aluviones que se llevan todo por delante. Si a ello agregamos los incendios podríamos afirmar que tenemos el cuadro completo. Sin embargo, no es así.

Somos países que no debiésemos tener problemas de agua. Nuestra cordillera ha sido el maravilloso estanque de almacenamiento natural que está dejando de serlo.

Todos los esfuerzos por detener el cambio climático están siendo tirados a la borda al asumir Trump la presidencia de USA, convencido que todo ello no sería más que producto de una campaña artificial guiada por grupos de interés. Mientras tanto, los multimillonarios están programando viajes a otras galaxias donde tipos como él y sus respectivas familias puedan vivir. Vaya paradoja!

Mientras tanto, nosotros, seguimos votando por ellos como si fueses santos varones. Total, tienen tanto, que no tienen para qué robar. Para no herir sensibilidades internas, tan solo mencionaré los casos de Berlusconi en Italia, Trump en USA, Macri en Argentina. Pero la lista es más larga.

Al mismo tiempo, quienes les votan, los pobres, andan por la vida pateando piedras, cuando no se mueren porque se localizan en las tierras no aptas para asentamientos humanos, por el alto riesgo que encierran, como es el caso de quebradas. Superada una emergencia, los afectados vuelven a construir sus casas en los mismos lugares, con los mismos materiales. No tienen salida, son quienes no tienen la libertad de elegir, son los que el modelito económico expulsa una y otra vez. Mientras tanto, nos refugiamos en nuestro mundo y miramos al techo encadenados a un modelo político-económico que ha derivado en un Estado que hace agua por todos lados, incapaz de actuar preventivamente, a tiempo. Ahí tenemos universidades a  las que se les permite operar sin que sus alumnos sepan si al terminar sus estudios seguirán existiendo; ahí tenemos un instituto de salud previsional (isapre) al que se le ha tenido que aplicar “un corralito”, esto es, al cual nadie puede afiliarse ni desafiliarse por un período de tiempo mientras se ve qué se hace. Se actúa después que haya quedado “la crema”.

No obstante estar viviendo tiempos de un progreso científico-tecnológico sin precedentes, el resultado es decepcionante: más fragilidad, más precariedad, más desigualdad. Para resolverlo, en vez de políticas preventivas, estamos optando por políticas represivas.

En USA, Trump incrementa el presupuesto militar en un 10% para “volver a ser grandes”. En Chile, el alcalde de una de las comunas más ricas de Chile, Las Condes, resuelve prohibir a quienes ofrecen sus servicios para limpian los vidrios de los coches que se detienen en las esquinas con semáforos de su comuna. Y después nos quejamos de la inseguridad reinante.

Está fallando la puntería. Como para agarrarse la cabeza.

febrero 02, 2017

Gestión de incendios

Todo indica que la fiebre de incendios que ha estado azotando al país, se está controlando, tanto gracias a los miles de voluntarios como a la colaboración nacional e internacional. Esta última muy significativa, además de encerrar todo un simbolismo que tanto USA como Rusia se encuentren representados con dos aviones de características tan diferenciados y especiales.

La cantidad de incendios en esta época de cada año, al igual que la superficie, y la cantidad de damnificados, aumentan año a año, tendencia que proseguirá inevitablemente si no reaccionamos, si no hacemos nada, si superado “el percance” damos vuelta la página hasta el próximo año. Sería el clásico caso de un país conducido por una agenda concentrada en lo urgente, sin abocarse a lo importante. Incapaces de prevenir, nos pasamos de urgencia en urgencia, tapando hoyos.

Tenemos que dar por hecho que el clima ha cambiado, que los veranos son cada vez más calurosos, que las abundantes y eternas nieves de nuestra majestuosa cordillera, que eran nuestra gran reserva, ya no son tan abundantes ni tan eternas, y por lo tanto aumentan las posibilidades que se incendien nuestras praderas y bosques.

Sobre esa realidad no podemos hacer nada, pero sí podemos actuar para que nuestras praderas y bosques no se incendien tan fácilmente, y para ser más eficaces y eficientes cuando se incendien actuando sobre la gestión de ellos. Esto implica revisar nuestras leyes, normas y comportamientos sobre la materia.

¿Tiene sentido que nuestro cuerpo de bomberos siga siendo voluntario? Si bien nos enorgullece su comportamiento, su sacrificio, su ejemplo, acá estamos frente a una realidad que demanda algo más que voluntarismo y solidaridad: se requiere profesionalismo, recursos tecnológicos y capacidad de manejo.

Lo ocurrido da como para pensar en tener más y mejores aviones para combatir incendios, o en reconvertir los aviones de guerra que tenemos y que por más de un siglo no han entrado en acciones de guerra, excepto para bombardear el palacio de gobierno.

¿Tiene sentido que no tengamos un capacidad mínima de acción por la vía aérea sabiendo que muchas áreas donde se encuentran nuestros bosques son de difícil acceso? Resulta un tanto grotesco observar como vecinos desesperados procuraban salvar sus modestas pertenencias apoyándose con lo que tenían a mano. Tercermundismo puro y duro.

Mientras no cambiemos este enfoque difícilmente saldremos del subdesarrollo. Quizá una de sus características sea justamente esta, la de no tener tiempo para abordar lo importante por estar sumergidos en resolver urgencias.

Así nos la hemos pasado en lo que concierne a la reforma educacional, la reforma de la salud, la reforma previsional, la reforma tributaria, la reforma laboral. Resultado: al final terminamos siendo un país a medias, con el desarrollo a la vista, inalcanzable para los más.

No he tocado el tema de los pirómanos, que es otro punto sobre el que no se me ocurre qué hacer salvo el de generar conciencia por la vía educacional, pero esto último solo serviría para reducir los incendios provocados por negligencias. Me cuesta creer que estemos ante una suerte de banda pirómanos concertados para actuar.

enero 24, 2017

Chile en llamas

Foto de Christopher Burns en Unsplash
Por estos días es imposible no reflexionar en torno a los incendios que están afectando a Chile. Ya superan las 100,000 hectáreas las afectadas, esencialmente forestales y viñas. Se trata del mayor registro histórico de superficie arrasada por el fuego que está afectando a la zona central del país.

La envergadura del drama, más que buscar responsables, obliga a pensar en qué hacer para evitar que se repita y suframos las consecuencias que se derivan. Lo señalado no quita que de existir responsabilidades individuales, empresariales o de cualquier grupo, se deje caer todo el peso de la ley.

Para reducir el riesgo de incendio será preciso identificar sus causas gruesas. No siendo experto en el tema, me aventuro a explicitar las siguientes: las altas temperaturas que por estos meses se registran, que tienden a ir en aumento y que incrementan las posibilidades de que cualquier chispazo desencadene una tragedia. Altas temperaturas que están vinculadas con el cambio climático, el calentamiento global. Chile es una de los países que está siendo más afectado por este fenómeno que en USA su nuevo presidente Trump parece mirar a huevo.

La otra cara de la moneda está dada por la escasez de agua. Nuestra cordillera, verdadero contenedor de agua con sus nieves eternas, está dejando de serlo, razón por la cual la disponibilidad de recursos hídricos parece ser cada vez menor. A lo anterior se agrega que su demanda es cada vez mayor por parte de los distintos sectores –industrial, minero, agrícola, humano-.

A las reflexiones anteriores debemos agregar que el grueso de la superficie arrasada corresponde al sector forestal, con plantaciones de pinos o eucaliptus, especies no autóctonas que se inflaman con extrema facilidad. La CONAF, entidad estatal responsable del manejo forestal nacional, debe revisar sus políticas al respecto. No cabe duda que las capacidades, tanto de CONAF como de las empresas forestales, no guardan relación con los riesgos de incendios.

Por el lado de nuestra conciencia y capacidad para combatir el fuego deja bastante que desear como lo ilustra el carácter voluntario del cuerpo de bomberos que tanto nos enorgullece. Desgraciadamente los tiempos que corren obligan a revisar esta visión. Si deseamos un contingente de bomberos profesionalizado, capacitado, con los recursos y las tecnologías que los tiempos modernos proveen, necesariamente tenemos que cambiar nuestra actual mirada romántica, con bomberos dependiendo de la caridad, del municipio, o solicitando aportes voluntarios en peajes, cruces de calles.

Ojalá que pasada la emergencia, no se disipen todas las iniciativas que por estos días han estado surgiendo para que no volvamos a vivir este drama que nos destruye. De lo contrario volveremos tropezar una y otra vez con la misma piedra. En nuestras manos está reducir significativamente lo posibilidad de que esto vuelva a ocurrir.

septiembre 08, 2016

En punto de quiebre

En Chile, progresivamente, las manifestaciones de protesta desde los más diversos sectores se multiplican cada vez con mayor frecuencia, dando cuenta de una nueva realidad que parece asomar con fuerza luego de un período de letargo.

La transición hacia la democracia desde 1990, ha sido un proceso complejo, difícil, para no pocos, interminable. En un primer período, se puede afirmar que estuvo marcado por una política de “acuerdos” forzada por la presencia del innombrable, la influencia y visibilidad de las FFAA, y el peso de una derecha sobrerrepresentada gracias a un sistema electoral binominal. Una política de acuerdos que condujo a perfeccionar un modelo neoliberal heredado, impuesto a sangre y fuego, y que en la transición se ha estado consolidando.

El segundo período está siendo marcado por un cierto malestar, descontento que se ha estado expresando socialmente, antes que políticamente, a través de movimientos sociales inicialmente inorgánicos, pero que lentamente buscan formalizarse. En breve, pareciera tenerse claro lo que no se quiere, pero no lo que se quiere. Ahí las diferencias persistirían, lo que explicaría la fragmentación y multiplicación de partidos políticos, lo que explica las dificultades para expresarse como una corriente de opinión contundente tras un objetivo compartido. Una vez que se superen estos obstáculos, se ingresaría a una suerte de tercer período, el cual aún no se vislumbra con claridad.

Los signos de malestar son innumerables. Ejemplos se tienen al por mayor: se aprueba una ley de pesca de corrupto origen en virtud de la cooptación de legisladores por parte de las grandes empresas pesqueras; por ley no se puede lucrar en las universidades, pero no obstante ello, y se sabiéndose que se lucra, poco o nada se hace para impedirlo; quien fuera nuestro máximo dirigente del futbol, se encuentra procesado en USA por corrupto; en la última elección de la CUT que agrupa a los sindicatos a nivel nacional, uno de los candidatos se proclama unilateralmente luego de una semana sin conocerse los resultados de la elección; en materia previsional el rechazo al sistema de capitalización individual junto a la administración privada de las pensiones, se toma la agenda noticiosa; y los grandes empresarios se coluden una y otra vez sin que se atine a nada.

La población se encuentra estupefacta ante la suma de tapones que van saltando diariamente, dando cuenta de un descontento soterrado que aún no encuentra cauce político. Este fenómeno no solo se da en Chile. Los paralelismos se multiplican por doquier. Haciendo un símil tenístico, podríamos afirmar que estaríamos ante una suerte de punto de quiebre, ad portas de un nuevo escenario.

noviembre 20, 2014

Santiago debe colapsar

La capital del reino está sufriendo, ya no solo por el Transantiago, sino por el tren metropolitano (metro). Los problemas del Transantiago, si bien se han mitigado, o la población se ha adaptado a ellos, parecen estar contagiando al metro. En mi opinión, tales problemas no debieran ser resueltos, para que se agudicen y fuercen decisiones que de otra manera no se adoptan.

Como todo lo que se deja al libre mercado, salvo que exista capacidad de planificación urbana no capturada por intereses espúreos, la tendencia es a la conformación de megápolis de 5, 10 y más millones de habitantes a expensas de pequeñas ciudades y del desarrollo integral del país. Estas megápolis concentradoras de población demandan, entre otros, más y más transporte y seguridad pública. Esto es, inversión pública por más y más calles, subterráneos, policías.

De tiempo en tiempo, se nos anuncian ampliaciones de líneas existentes, o nuevas líneas del metro; o de aumentar la planta de carabineros. Todo esto, para mantener la sostenibilidad de Santiago. Desgraciadamente, por esta vía, los recursos destinados a sustentar la capital del reino son cada vez más significativos. Como los recursos tienen usos alternativos, el resultado es que todo peso que se destina a Santiago, es peso que se resta de regiones.

El resultado es lo que tenemos, una capital que tiende a absorber más y más recursos, que convive con regiones raquíticas, que por lo mismo van perdiendo y ganando atracción. Perdiendo, porque bajo el modelo de desarrollo que vivimos, centralizador, los mejores empleos tienden a concentrarse en Santiago, dado que allá está todo. Ganando, porque la vida en regiones tiende a ser más plácida, menos tensa.
En concreto, al país le haría bien dar vuelta la tortilla, esto es, hacer un alto, y tomar la decisión de hacer más atractivas las regiones y menos atractivo Santiago. Ver como un bien fortalecer asentamientos humanos en regiones y como un mal el crecimiento de Santiago. Visto así, deben aplicarse impuestos a quienes viven en Santiago y subsidios a quienes viven en regiones.

Actualmente, las empresas tienden a usar las regiones como espacios para extraer recursos y trasladarlos a la capital. Los impuestos que tales actividades generan, deben ser para las regiones donde tienen lugar.

Los recursos humanos más calificados tienden a concentrarse en Santiago, restándole fuerza a las regiones. Esto puede cambiar si se les subsidia cuando se instalan en regiones y se les castiga con impuestos cuando prefieren estar en Santiago. Así de simple.

Lo descrito está asociado al concepto de las externalidades que manejan los economistas. Externalidades negativas, cuando genero costos en terceros y que uno no paga; externalidades positivas cuando genero beneficios en terceros por los cuales éstos no pagan. En este caso, Santiago está generando externalidades negativas, que estamos pagando quienes vivimos en regiones.

En concreto, en su propio beneficio, a falta de decisiones políticas contundentes, Santiago debe colapsar si es incapaz de dejar atrás un modelo de desarrollo centralizador que está imposibilitando un modelo de desarrollo nacional, integrado, descentralizado.

diciembre 08, 2012

La nueva ley de pesca en Chile

La ley que se ha estado abordando en el Congreso está destinada a ordenar, establecer las reglas de juego del sector pesquero. Por tanto, se supone que apunta a salvaguardar la sustentabilidad de los recursos marinos, mediante un apropiado manejo de su explotación en beneficio del país delimitando áreas y cuotas de pesca para los distintos sectores participantes, boteros, pescadores artesanales e industriales. Su importancia radica en las nefastas consecuencias que pueda tener una mala ley, así como los beneficios que generaría una buena ley.

Una buena ley sería aquella que conserva la biodiversidad marina, posibilita una explotación de los recursos de forma tal que las futuras generaciones puedan seguir contando con los recursos marinos que hoy degustamos. Una buena ley es aquella que preserva y desarrolla fuentes de trabajo del sector, que son parte de la tradición e identidad nacional. Una buena ley es aquella que apoya a los pescadores artesanales, que reconozca su aporte, no solo en el ámbito pesquero, sino que en términos turísticos.

Una mala ley sería aquella que conduce a la sobreexplotación, produciendo los efectos contrarios a los postulados, esto es, disminución de la biodiversidad, en la magnitud de los recursos marinos, llegando a la desaparición de algunas especies y de la pesca artesanal.

Es lo que temen, no sin razón, los pescadores artesanales. En un país donde, en los más diversos sectores, los grandes se comen a los chicos, la sensación de vulnerabilidad de estos últimos es brutal. Los temores no son infundados. Aseguran que los industriales, bajo esta nueva ley, tendrán 20 años de chipe libre para extracciones sin límites en grandes extensiones de mar concesionadas.

Lamentablemente se está legislando apurado porque la ley actual vence ahora, a fin de este año. Para un país como el nuestro, con la privilegiada costa que tenemos, la ley en debate no es un tema menor. Nos debe importar, y mucho, incluso debiera importarnos tanto o más que el fallo de La Haya, tema del cual espero conversar en otra oportunidad.

Los involucrados somos todos. No solo los boteros, los pescadores artesanales y las industrias pesqueras. También nosotros, los consumidores, y las futuras generaciones.

A la nueva ley se le reprocha que busque favorecer a la industria pesquera, no abordando el tema de la pesca de arrastre, que mata la biodiversidad de los fondos marinos. Bajo la nueva ley, tal como está, se acepta que tan solo 7 poderosas familias puedan seguir haciendo de las suyas en nuestros mares por 20 años más. Poderosas familias que no pagan impuestos específicos por la extracción de los recursos marinos que nos pertenecen a todos.

El gobierno, tal como en educación no quiere regular el lucro, en este caso, no quiere regular la pesca de arrastre que utilizan los pesqueros industriales, modalidad responsable de la pérdida de biomasa en nuestros mares sobreexplotados por ellos. La responsabilidad de este gobierno, y de todo gobierno, cualquiera sea su signo, es gobernar para las mayorías, no para minorías, y menos, para tan solo 7 familias, por mas empingorrotadas que sean.

junio 22, 2012

El presidente más pobre del mundo

Pepe Mujica, el actual presidente uruguayo, es el más pobre de todos los presidentes a nivel mundial. De los 6 millones que gana mensualmente, destina el 90% de su sueldo a fondos sociales. Esto significa que vive con unos 600 mil pesos al mes. Su único patrimonio es un viejo escarabajo del 87 que maneja él mismo. Ahora, siendo presidente, sigue viviendo allí. Cuando lo encaran respecto de cómo puede vivir, simplemente afirma: “Ese dinero me alcanza y me tiene que alcanzar porque hay muchos uruguayos que viven con mucho menos”. Le gusta andar sin escolta y cuando sale a comer, no deja que no le cobren, exigiendo que le pasen la cuenta para pagarla.

Vive con su esposa, senadora, que también dona parte importante de su sueldo y su perra Manuela, un vulgar quiltro. Ambos viven en una parcela en las afueras de Montevideo, parcela que es de su esposa

El Pepe, como le dicen cariñosamente sus coterráneos, no tiene cuentas bancarias, ni deudas. Vive con lo que tiene. No quiere más. Aunque no lo crean, es feliz. Solo lo amarga la injusticia, y lucha contra ella.

Ante una reciente ola de frío polar, ordenó que todos las propiedades fiscales se acondicionaran para servir de refugio a los indigentes, los hoy llamados siúticamente “en situación de calle”, entre ellas la casa destinada a los presidentes.

Este es el presidente actual de los uruguayos y que los enorgullece. Un hombre sencillo, humilde, que sin grandes palabras llega al corazón de la humanidad.

En sus tiempos mozos fue florista, vendedor de flores de la chacra. En las décadas de los 60 y 70, fue guerrillero, tupamaro, participó en acciones armadas. La dictadura lo encarceló y torturó. Se fugó. Con el retorno a la democracia, colgó las armas, las que reemplazó por la caza de votos. Llegó a ser diputado, luego ministro con el primer gobierno del Frente Amplio.

Ahora es presidente, el más pobre del mundo. Cuando le preguntan ¿qué cambió? Su respuesta, con sus ojos brillando, es contundente: “En esos tiempos quería cambiar el mundo; ahora me conformo con cambiar la vereda de la casa”.

Con ocasión de la cumbre de Río + 20 que se llevó a cabo esta semana en Brasil bajo el alero de la ONU, y donde estuvieron Bachellet y Piñera, el Pepe, con la sencillez y honestidad que lo caracterizan se refirió a temas candentes que pocos encaran de frente. Hizo las preguntas básicas cuyas respuestas están destinadas a darle un sentido a nuestra existencia en esta tierra tan vapuleada, tan maltratada por nosotros mismos.

Se preguntó ¿Qué buscamos? ¿Somos realmente felices? ¿Estamos gobernando la globalización? ¿O la globalización nos está gobernando a nosotros? “¿Qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para respirar? ¿Es posible hablar de solidaridad y que estamos todos juntos en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

Preguntas quemantes que nos interpelan e impulsan a modificar un modelo de desarrollo que nos está llevando al despeñadero.

Sugiero escucharlo en este video:


abril 19, 2012

Lo siento mucho

El rey de España fue sorprendido cazando elefantes en Botswana, África. El hecho solo se vino a conocer porque tuvo una caída que le produjo una factura en la cadera que obligó a su traslado a España para ser sometido a una operación quirúrgica. Al salir del quirófano, para sortear la oleada de críticas, declaró: “Lo siento mucho. Me he equivocado. No se volverá a repetir”.

El hecho no tendría mayor trascendencia si se hubiese tratado de cualquier hijo de vecino. Sin embargo, no es este el caso por tratarse de uno de los pocos monarcas que siguen existiendo en el mundo. Un rey cuyo prestigio se forjó al alero de su destacado rol en la transición española desde la dictadura de Franco a la democracia actual y reforzado por su actuación ante el fallido golpe de Tejero en febrero de 1981.

Desafortunadamente, una serie de hechos han minado el prestigio de la familia real española, de los cuales este no es sino la gota que rebalsó el vaso. Primero el yerno acusado de corrupción, luego uno de sus nietos, quien recientemente se disparó accidentalmente el pie la escopeta que tenía en sus manos, y ahora el propio rey cazando elefantes en un safari. En el caso del nieto, se trata de un niño jugando con armas de fuego. Todo esto, en un continente sumido en la hambruna y mientras la economía española se hunde.

El resultado es una monarquía en jaque, cuya existencia en los tiempos actuales viene a ser como una reliquia histórica, una anécdota, turística, resabios de una época dorada que se fue, pero que se resiste a batirse en retirada.

El rey, al declarar que “lo siento mucho; me he equivocado y no volverá a ocurrir”, ha logrado amainar la crítica, sin embargo el hecho dejará huella por ser, lisa y llanamente, impresentable que no logra ocultar el proceso de descomposición en que se encuentra la monarquía en España a quien le llueve sobre mojado. Es como para pensar que los miembros de la monarquía no saben qué hacer con el tiempo y los recursos económicos de que disponen.

Que conste que del safari se supo por casualidad, nada más que porque se facturó, obligando a hacer pública una actividad que estaba catalogada como privada. Participando en una caza de elefantes mientras al mismo tiempo el rey preside honoríficamente, desde 1968, una organización mundial protectora de la naturaleza, como lo es la WWF (World Wide Fund for Nature), organización conservacionista independiente internacional.

Para cualquier persona con dos dedos de frente es claro que ese cargo es incompatible con la matanza de elefantes indefensos. También ha quedado meridianamente clara la ausencia total de ética en el comportamiento del rey. Todo esto mientras en España a los ciudadanos de a pie, común y corrientes, les están dejando sin trabajo o reduciendo sus remuneraciones. Gracias al sacrificio de un elefante, la monarquía española debe tener sus días contados.

mayo 13, 2011

Lo que hay tras Hidroaysen

El tema de Hidroaysen ha traído cola, dando la impresión de que todo estaba cocinado. Algunos dicen que la institucionalidad funciona, otro que no funciona, o que es de cartón.

Se trata de un megaproyecto destinado a cubrir el déficit de suministro de energía eléctrica que se proyecta para las próximas décadas. Como dijera Sebastián, el proyecto nos permitiría vivir sin apagones.

Sin embargo este megaproyecto tiene detractores tanto por la contaminación ambiental que genera en un entorno paradisíaco, como porque aducen la existencia de energías alternativas no convencionales cuyo desarrollo aconsejan promover.

Quienes respaldan el proyecto se amparan en que se trata de algo inevitable si es que queremos llegar a ser un país desarrollado, como un mal menor, mientras que sus opositores aducen que se trata de una falacia sostener su inevitabilidad, que el desarrollo no pasa por destruir el medio ambiente, sino que por el contrario.

Esto es lo que está a la vista, en la superficie de una suerte de iceberg, porque tras el proyecto hay intereses y un modelo de desarrollo altamente demandante de energía. También hay interrogantes no resueltas. Uno de ellos es el de la transparencia de los mercados. No sabemos todo lo que debemos saber, y un desarrollo sin transparencia no es desarrollo. Otra duda existencial tiene que ver con el nivel de competencia en el mercado de la generación eléctrica.

Sus principales actores son 2 empresas, las que cubren el 74% de la producción de energía eléctrica. Estamos ante un duopolio que explica los altos precios de energía de los que “gozamos”. Estas dos empresas son las que “mandan”. Por una casualidad no tan casual, estas dos empresas son las dueñas del proyecto Hidroaysen. Para que no hagan lo que quieran se requiere de regulaciones, de un Estado regulador fuerte, capaz de pararse de igual a igual frente a ellas.

Y este Estado no existe, por el contrario, está lo suficientemente debilitado después de años de prédica anti Estado, que abre cancha a especulaciones, colusiones y corruptelas. A ello se agrega que este Estado está siendo gobernado por los campeones de la privatización, por quienes ven al Estado como un mal necesario que debe abstenerse de involucrarse en la producción de bienes y servicios, cuya responsabilidad debe estar en manos de privados.

Prueba lo expuesto que la energía en nuestro país es 40% más cara que en Estados Unidos, mucho mayor que en los países de mayor desarrollo y de menor desarrollo. ¿Cómo se explica esto si no es por la ausencia de competencia?

Por ello la población está rabiosa. No le gusta que le presenten alternativas cocinadas, donde una de ellas es la que nos salvará y las restantes nos condenarán. Y que quienes resuelvan no sean sino peones de una historia cuyo final ya se conocía.

Todo ya estaba oleado y sacramentado. Son muchos los intereses en juego.

octubre 07, 2010

Domos en la región

A raíz del terremoto, en la región hemos visto surgir algunos domos que llaman poderosamente la atención por ser construcciones basadas en cuerpos geométricos de caras planas, las que suelen ser triángulos cuyas aristas se apoyan mutuamente. Triángulos que unidos entre sí dan origen a pentágonos y hexágonos. La elección del triángulo se basa en ser una figura de gran estabilidad y rigidez estructural, que da origen hermosas construcciones de gran resistencia sin necesidad de emplear vigas ni pilares.

Si bien existen distintos tipos de domos según los materiales a utilizar, lo que tienen en común es una estructura soportante, la que suele ser de madera. Si nos dirigimos hacia Constitución, pasado el famoso puente Loncomilla, mirando hacia la derecha, a lo alto podremos ver en todo su esplendor uno de estos domos.

Pareciera tratarse de un método constructivo alternativo atractivo en la región, ya sea porque los materiales que se ocupan están en la región –madera, fardos de paja, aserrín, arena, etc.- como por su resistencia frente a los terremotos. Los fardos de paja -desechos de la producción de trigo- son mejores aislantes térmicos y acústicos, además de ser más económicos, que el ladrillo y el cemento, en tanto que el mortero con el que se revisten los fardos al contener aserrin (desecho de la producción de maderas que por estos lados es casi gratis), lo hace liviano, con buena aislación térmica. Por otra parte, los muros construidos de esta manera alcanzan a respirar, permitiendo que salgan las naturales humedades que se producen en toda vivienda.

Sin embargo no todo lo que brilla es oro. Su esencial desventaja pareciera centrarse en el espesor de los muros, que puede llegar a ser del orden de los 50 cm. En el caso de las ciudades, no es un tema menor, porque el espacio disponible suele ser reducido. Esto explica las dificultades que enfrenta esta modalidad constructiva en los espacios urbanos. Sin embargo, en el campo el espacio disponible no es una restricción que pueda inhibir una decisión a favor de este método y estilo constructivo.

En términos de costos, compiten con leve ventaja respecto de la construcción convencional, aunque cabe destacar la limitación que implica la no existencia de maestros con experiencia en este tipo de construcciones.

septiembre 02, 2010

Mineros, Centrales y Mapuches

Mezclar el tema de los mineros, con el de los mapuches y las centrales, pareciera ser lo mismo que mezclar peras con manzanas. Sin embargo ellos dan cuenta de un denominador común: el extremo presidencialismo existente en nuestro país y de una relación entre la ciudadanía y las autoridades que hace recordar aquella existente entre el patrón de fundo y sus inquilinos, del patrón con sus favoritos.

En este minuto los favoritos son los mineros, en sintonía con los sentimientos de todo un país. En buena hora. Por ellos no se escatima, ni debe escatimarse esfuerzo ni recurso alguno. Recursos hay de sobra: las multimillonarias utilidades que han obtenido las empresas mineras. La mina San José fue reabierta porque pasó a ser rentable a raíz del precio del cobre, haciéndose la vista gorda frente a las mínimas exigencias de seguridad que se imponían. La vía alternativa de escape que debía tener, no estaba. Entre los mineros atrapados hay al menos uno con más de 60 años. Esto en un país donde tenemos militares, aviadores, marinos y carabineros que jubilan con menos de 50 años. ¿En qué país estamos? Todas nuestras esperanzas puestas en un presidente para que adopte la decisión de jugársela por el rescate.

Por otro lado, en algo mas propio de Macondo, toda una institucionalidad ambiental salta por los aires con una llamada de su excelencia, el presidente al gerente de una empresa. Una empresa presentando informes ambientales a lo largo de 3 años, una comisión regional del medio ambiente cuyos integrantes son representantes directos e indirectos del gobierno que resuelve aprobar la instalación de una central termoeléctrica en Punta de Choros, santuario de la Naturaleza. Quizás qué presiones debieron soportar, pero no importa porque para eso está el presidente, quien cual superman, aparece abortándolo todo con una simple llamada telefónica, donde imagino la siguiente conversación: Aló! ¿Hablo con el gerente de la empresa X? Si… Ud. habla con Sebastián, el presidente … Tanto gusto ¿qué se le ofrece? Mira, te llamo por la central que quieres instalar en Punta de Choros donde yo tantas veces buceé en el pasado y que me está dejando la crema ….. ¿Por qué no ves si puedes instalarla en otra parte? Es solo una sugerencia porque tú sabes que soy hombre de derecho…..

Ningún presidente de la Concertación hubiese tenido tamaña osadía porque se le habría acusado de romper el estado de derecho, de incurrir en subterfugios legales y la seguridad jurídica del país estaría en entredicho. Si Chávez hace esto en Venezuela le caen las penas del infierno, pero acá en Chile a Sebastián, no. Escuchó la voz del pueblo dicen sus adláteres. Que a nadie se le ocurra pensar que este es un país bananero.

Mientras tanto, más de 30 mapuches están en huelga de hambre por más de 50 días y pocos saben porqué lo están. Se les ningunea, se les invisibiliza. Por momentos pareciera que nos tapan con noticias vinculadas a los mineros y los choros, perdón, la Punta de Choros, para que no sepamos qué está pasando allá en el sur, o bien, para que aparezca el presidente como el gran salvador.

El común denominador de estos 3 casos, no es tan solo el extremo presidencialismo, sino la precariedad, inseguridad laboral en el caso de los mineros; ambiental en el caso de los pobladores; y vivencial en el caso de los mapuches.