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agosto 13, 2026

¿Escándalo en FONDECYT?

Me ha llegado un video titulado escándalo FONDECYT donde se daría cuenta de millonarios proyectos de dudosa prioridad para Chile. 

En él se asume que una revisión de fondos públicos postdoctorales revela investigaciones en las que se asignarían $97 millones para moda feminista en el cine chileno, $91 millones para masculinidad en el Partido Socialista (1932-1958), $81 millones para el conejo europeo, $80 millones para "Amor amapuchao" en el Wallmapu y $96 millones para vegetarianismo. 

Finaliza sosteniendo que no son inventos, que serían proyectos Fondecyt adjudicados y financiados con recursos de todos los chilenos.

Dado el tenor de lo que se afirmaba en el video que podrán ver pulsando 

https://www.instagram.com/reels/Db9guB8FAAp/ decidí indagar en torno a su veracidad.  

Para ello me aboqué a buscar información en el repositorio que posee la ANID (Asociación Nacional de Investigación y Desarrollo), sucesora de CONICYT (Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica) a partir del código de los proyectos que aparecen en el mismo video. 

El video es una clara muestra de la estrategia seguida por quienes adhieren a la política gubernamental en torno a la investigación a desarrollar en nuestro país. No emitiré juicios para que cada uno saque sus propias conclusiones y las lecciones que se desprenden.

A continuación acompaño la información obtenida desde el repositorio de ANID (https://repositorio.anid.cl/home). Quienes estén interesados en recabar información de éstos y otros proyectos pueden hacerlo ingresando los códigos de los proyectos.

Proyectos FONDECYT DE POSTDOCTORADO financiados por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) de Chile.

Nº proyecto

Investigador(a) principal

Nombre del proyecto

3190110

Millaleo-Hernández, Ana (USACH)

Amor amapuchao’: Historias de amor con perspectiva de género y sus implicancias en la construcción del Wallmapu.

Foco del estudio

Aportar a un giro epistemológico centrado en perspectivas mapuche y proponer devolver el amor y las relaciones afectivas a las reflexiones sobre la sociedad y movimiento mapuche el lugar central que ellas poseen y que han sido invisibilizadas por medio del protagonismo que ha tomado lo público político como expresión de la colonialidad del saber.

 

Nº proyecto

Investigador(a) principal

Nombre del proyecto

3210060

Laura Christine Tavolacci

(UChile)

South Asian Knowledge and the Formation of Agricultural and Horticultural Science in Britain: 1820-1880 (El conocimiento del sur de Asia y la formación de la ciencia agrícola y hortícola en Gran Bretaña: 1820-1880).

Foco del proyecto

Explorar desde una perspectiva histórica y global el flujo de conocimientos, centrándose en cómo los saberes e información botánica, hortícola y agrícola provenientes del sur de Asia (particularmente la India bajo la influencia colonial) contribuyeron directamente a dar forma y consolidar las ciencias agrícolas y de cultivo en Gran Bretaña durante el siglo XIX.

 

Nº proyecto

Investigador(a) principal

Nombre del proyecto

3220027

Correa-Cuadros, Jennifer Paola

(PUC)

Efecto de la invasión del conejo europeo en las redes tróficas y el ecosistema en Chile central y austral

Foco del estudio

Analizar cómo el conejo europeo (Oryctolagus cuniculus), una de las especies exóticas invasoras más extendidas en Chile central, altera y articula las cadenas alimenticias nativas. Específicamente, estudia su dinámica en zonas sensibles como la Reserva Nacional Las Chinchillas, donde actúa de forma dual: sirve de alimento para depredadores autóctonos pero, al mismo tiempo, compite agresivamente por recursos vegetales con los herbívoros locales.

 

Nº proyecto

Investigador(a) principal

Nombre del proyecto

3240037

Acevedo-Arriaza, Nicolas Patricio

(USACH)

Masculinidad de la política. Prácticas de género y militancia ampliada en el Partido Socialista de Chile (1932-1958)

Foco del estudio

Explorar la intersección entre las identidades de género y la actividad política a mediados del siglo XX en Chile. En particular, analizar cómo se construyó y ejerció la masculinidad dentro de la militancia del Partido Socialista de Chile desde su fundación en 1932 hasta fines de la década de 1950, examinando las prácticas de género que moldearon la cultura política de la izquierda tradicional chilena.

 

Nº proyecto

Investigador(a) principal

Nombre del proyecto

3240544

Olivares-Olivares, Valeria Alejandra

(UChile)

Trayectorias intelectuales de mujeres de izquierda en Chile: entre la producción de un pensamiento feminista propio y la discusión sobre la renovación socialista, 1950-1990

Foco del estudio

Analizar la trayectoria intelectual de un conjunto de mujeres de izquierda que, durante el periodo que va desde 1950 a 1990, se dedicaron a la producción de conocimiento, el desarrollo de su intelecto y a la reflexión teórica desde diversas disciplinas, con el fin de incidir de manera crítica en los procesos políticos que marcaron su época.

 

Nº proyecto

Investigador(a) principal

Nombre del proyecto

3250123

Alberdi-Soto, Begoña

(USACH)

Revolución verde: vegetarianismo, cultura y gastropolítica en Chile (1904-1959)

Foco del estudio

Explorar el vegetarianismo como un movimiento contracultural en las primeras décadas del siglo XX en Chile con el propósito de entender el diálogo entre estas corrientes vinculadas al cuerpo y la alimentación con la práctica literaria y los discursos intelectuales, espirituales y artísticos de la época. Al rescatar sujetos y textos no solo olvidados, sino marginados de la historia de las ideas y de la cultura, se busca explorar el lugar del vegetarianismo dentro del contexto político y cultural chileno y sus vínculos con otros movimientos disidentes como feminismo, espiritismo, anarquismo y naturismo.

 

Nº proyecto

Investigador(a) principal

Nombre del proyecto

3260471

Cristián Alexis Cabello Valenzuela

(UChile)

Entre el vestir y el actuar: mirada feminista sobre la moda en el cine chileno reciente (2010-2025)

Foco del estudio

Analizar cómo el cine chileno construye representaciones socio-culturales del género y la sexualidad a través del estilo y la moda. Se entiende el género como una construcción performativa y artística, indagándose en el modo en que las decisiones estéticas vinculadas al vestuario permean debates sobre cuerpos, deseo y normas sexuales.

 No incluyo el presupuesto ni sus resultados porque no los encontré. Si alguien me los puede hacer llegar, se lo agradeceré.

mayo 24, 2026

La docencia universitaria degradada

Le pedí a IA que me hiciera una ilustración de muchas de las actuales universidades, como instituciones que están tendiendo a ver a los alumnos como clientes, antes que como ciudadanos, con capacidad de pensamiento crítico, de ver bajo el agua. El resultado es la ilustración que encabeza estas líneas.

En esta ocasión me centraré en la docencia universitaria. Ya tendré ocasión de hacerlo en torno a la investigación universitaria, así como de la vinculación con el medio.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ha sostenido, sin pelos en la lengua, que la universidad actual se ha convertido en una fábrica de producción y rendimiento. Y pone sobre la mesa los nombres de quienes fueron profesores universitarios hace 250 años. Y los compara con quienes lo son en la actualidad. En esos años estaban los genios. Hoy los genios pareciera que no están en las universidades. Lo mismo podríamos afirmar respecto de quienes están a la cabeza de las universidades. El grueso de los rectores pareciera que no les llegan ni a los talones de los rectores de antaño. Basta escucharlos para percatarse de la penetración alcanzada por la ideología neoliberal e iliberal y la consecuente banalización del ser universitario.

En la actualidad, las universidades, se hallan subsumidas en un ramplón neoliberalismo, en el que han caído también no pocas universidades públicas, las que en la práctica han dejado de ser tales. La máxima que parece inspirarlas es la misma que ilumina a las empresas productoras privadas, donde lo que importan son los resultados, los desempeños y la eficiencia. En este contexto no hay espacio para el pensamiento profundo, crítico, y sí abre espacio para la trampa, la corrupción, el engaño. Y no pocos rectores se han prestado para estos efectos, siguiendo al pie de la letra el racional neoliberal.

En efecto, la educación ha pasado a ser una mercancía más, que se compra-vende en el mercado al mejor postor donde se entra como alumno a una suerte de cañería -pipeline-, que es la universidad a la que ingresa, y se sale como profesional, con título en mano. Se asemeja a quien entra a un quirófano para hacerse una operación estética, donde se entra feo y se sale lindo, o supuestamente lindo. Claro que no pocas veces se sale convertido en un desastre, como mamarracho, e incluso aparentemente lindo. En el caso educativo, el título con que se egrese, puede valer callampa, como no pocos ilustres profesionales pueden estar comprobando.

El valor del título vendrá dado por el proceso educativo que tuvo lugar en la universidad. Y no es ningún misterio que este proceso, tal como se está llevando a cabo, está siendo fuertemente cuestionado desde el minuto que los alumnos son vistos como clientes o consumidores que compran un servicio, el educativo. Y los profesores deben tratarlos como tales, bajo la lógica de que “el cliente siempre tiene la razón”. Mal que mal están pagando por un servicio. Si bien no se explicita así, es lo que se subentiende, está implícito cada vez que hay alguna dificultad.

De ahí a una inflación de notas, de calificaciones, no hay un abismo, ni un paso siquiera, todo lo contrario, es lo que ya tenemos en todos los niveles educativos, no solo el terciario ¿Para qué hacernos problemas? ¿Para qué convertirnos en conflictivos? Y así vamos arando. El consumidor estudiante que entra a este proceso educativo sale como consumidor profesional, como un ciudadano pasivo, cuando lo que se supone es que una universidad forma personas con pensamiento crítico, profundo, agudo. No veo a la universidad formando para aprender a pensar. Quizás esto explique los tiempos de estamos viviendo, de nihilismo, de radicalismos, de mentiras que somos incapaces de detectar.

Todo esto se ve rematado por tratarse la docencia universitaria como la pariente pobre al lado de la investigación y su irrelevancia a la hora de la jerarquización académica.

El proceso de docencia universitaria no puede limitarse a la generación de competencias destinadas a satisfacer un mercado laboral crecientemente dinámico. Cada vez adquieren más y más relevancia las competencias ciudadanas, las de saber ser y estar en medio de tiempos en los que el piso se mueve sin parar. Los tiempos de certezas ya se fueron, y estamos entrando en tiempos de incertidumbre. La inteligencia artificial no está más que acelerando este proceso.

En concreto, sin darnos cuenta, visualizo una universidad, que en lenguaje de Byung-Chul Han, “ha sido colonizada por el mercado, convirtiendo el saber en información empaquetada, al profesor en un proveedor de servicios y al estudiante en un auto-explotado que busca acumular capital humano para cotizarse mejor en el sistema”.

Para saber más sobre el pensamiento de Byung-Chul Han en torno a la universidad actual sugiero leer sus libros La sociedad del cansancio (2010), La agonía del Eros (2012), Psicopolítica (2014) y Vida contemplativa (2022).

mayo 09, 2026

JAK y las investigaciones con recursos públicos

En la semana, el presidente José Antonio Kast (JAK) se despachó una frase para el bronce: “A veces 500 millones para una investigación que termina en un libro precioso, empastado en la biblioteca ¿cuántos trabajos generó? Ninguno”.

Esta declaración la hizo en Puerto Montt, la ciudad popularizada por el conjunto uruguayo Los Iracundos, en las dependencias de la Empresa Portuaria de Chile (EMPORCHI), donde hice mi segunda práctica como estudiante de ingeniería en el verano de 1970 (la primera la hice en 1969 en Fanaloza. Declaración emitida en una de sus salidas denominadas “Presidente presente” con miras a proyectar un gobierno en terreno, en acción.

Su declaración supone que los dineros públicos destinados a la investigación en las universidades van a saco roto, se dilapidan, dado que no conducen a nada, salvo a producir libros y/o papers, que podrán verse muy lindos en los anaqueles de las bibliotecas, pero que no generarían trabajo.

Esta declaración no viene sola, dado que va acompañada de otras que encierran veneno puro. En una de ellas nos invita a hacer “un seguimiento a todos los recursos que se han entregado en los centros de educación y veamos cuál es el resultado (…), se van a sorprender”.

Esta invitación no deberíamos dejarla pasar sin una contundente respuesta que haga referencia a un conjunto de puntos.

Uno, qué país queremos ser. Si queremos seguir siendo, per secula seculorum, un país dependiente, exportando piedras, minerales, recursos naturales sin mayor valor agregado, viviendo al compás de la música que nos pongan terceros, entonces JAK tiene toda la razón del mundo. Todo apunta a que JAK querría que sigamos a la vuelta de la rueda, mordiendo el polvo de la derrota. Espero que el país no quiera eso. Si queremos tener algún grado de autonomía, dejar de ser un país que se limita a extraer sus recursos minerales, necesariamente debemos invertir en ciencia y tecnología.

Dos, los recursos que el país destina a investigación y desarrollo (I+D) está por debajo del 1% del PIB y dos tercios de ellos son públicos, siendo tan solo un tercio recursos privados. Para aspirar a salir del subdesarrollo, es imperativo más que duplicar la inversión en I+D. Los países desarrollados lo son porque apostaron invirtiendo más del 2% de su PIB en ciencia y tecnología. Mientras nos pasamos centrados en lo urgente, descuidando lo importante, seguiremos a la vuelta de la rueda sin salir del círculo vicioso en que estamos sumidos. Encontrar la combinación apropiada de políticas que atiendan a lo urgente, así como políticas que atiendan a lo importante es el desafío en que estamos inmersos.  

Tres, los recursos que las universidades destinan a sus investigaciones no son a punta de olfato ni a ojo de buen cubero, sin medición alguna. Existen organismos públicos que administran fondos concursables a los cuales postulan los investigadores. Postulaciones que no se limitan a pedir fondos. Hay filtros vinculados a la temática que se aborda, a la solidez de los equipos de investigadores que hay tras cada proyecto, hay que justificar, hay que especificar resultados, beneficiarios, problemas que abordan, metodologías a emplear. No es llegar y postular; tampoco es postular y ganar. Hay que traspirar la gota gorda. No es llegar y llevar como en La Polar. O llegar y ganar, o llegar y llevarse la plata para la casa como parecen creer JAK y su círculo inmediato. Es lo que también creyó en su momento Federici, el rector de la Chile designado por el innombrable.

Cuatro, a diferencia de lo que señala JAK, las investigaciones sí generan empleo. Tras los millones que se destinan a los proyectos hay trabajo en terreno desarrollado por trabajadores, hay científicos, ayudantes, asistentes a los cuales hay que remunerar, laboratorios que se deben financiar. No me extiendo para no abusar. Es como si preguntara cuánto empleo generó JAK con los millones que se embolsó en su más de una década como parlamentario en la Cámara de Diputados.

Cinco, los resultados no se limitan a libros y/o papers, que son tan solo expresiones tangibles. También están los intangibles, “los que no se ven”, de difícil medición, las nuevas preguntas que emergen en busca de respuestas, los descartes de alternativas que se creían viables, pero que se demostraron inviables. A esto debemos agregar que no todos los resultados son inmediatos, también están aquellos que solo tienen lugar en el largo plazo. Y, por último, también hay resultados indirectos.

A modo de ejemplo, la reducción en el tamaño de artefactos electrónicos, así como el aumento de sus capacidades fue consecuencia de investigaciones con recursos públicos en el ámbito espacial cuyos resultados fueron escritos en papeles, de allí fueron a parar a papers y libros. Y finalmente terminaron en productos concretos a cuya producción se lanzó con especial furor el mundo privado al detectar una potencial demanda por parte de consumidores ávidos de novedades espoloneadas por un marketing a la vena.

También está el caso de internet, la red de redes, la web que está inundando nuestras existencias. Nació de investigaciones cuyos primeros resultados estaban contenidos en libros, bien o mal empastados, que iban a parar a bibliotecas. No todos los resultados de las investigaciones terminan en innovaciones que impacten en la vida de las personas. Todo parte de una idea, o un conjunto de ideas, y las expectativas no siempre cristalizan. Las investigaciones están plagadas de ensayos y errores siguiendo métodos científicos y los resultados no siempre son los esperados. Sin investigaciones seguiríamos creyendo que la tierra es plana, que nacemos en virtud del Espíritu Santo, y seguiríamos viviendo en la penumbra, como parece vivir JAK iluminado por una vela.

En fin, no sigo para no abrumarlos, pero esto es tema para más de una columna, porque tampoco se trata de meter todas las investigaciones que realizan las universidades en un único saco. Mal que mal, hay investigaciones e investigaciones, pero según nuestro ordenamiento institucional, no es el presidente ni sus colaboradores los iluminados para decirnos cuáles han de ser financiadas con recursos públicos.

abril 08, 2026

La educación agredida

Foto de note thanun en Unsplash

Uno de los mayores problemas que está enfrentando Chile, se inscribe en el ámbito educacional. No solo en Chile, sino que en numerosos países. Me refiero a una suerte de degradación, desvalorización, a pesar de que, en el discurso, en el papel, nos llenamos la boca afirmando que la educación es muy importante. Llevo décadas escuchando esta música.

Una decadencia que se expresa en múltiples indicadores de todo orden. El broche de oro lo acaban de poner el asesinato de una inspectora en una escuela en el norte de Chile, específicamente en Calama, por parte de uno de sus alumnos; y la agresión a la ministra de ciencias en la Universidad Austral. Hoy se habla de instalar portales detectores de armas blancas en las entradas de los establecimientos educativos. Este es un tema, el de la violencia física al interior de ellos. Pero no es el único tema, puesto que también está el del acoso escolar, bulling, en aulas y patios escolares.

Como si esto fuera poco, ahora también está el debate en torno al impacto que están teniendo los celulares, las redes sociales, la inteligencia artificial en el desarrollo de niños y jóvenes. Y para rematarla, la crisis educacional se expresa en que estamos viendo jóvenes que egresan de enseñanza básica sin saber leer ni escribir. Olvidamos que nos educamos para desarrollar nuestra capacidad para pensar y convivir.

El drama reside en que esta crisis se ve multiplicada desde el minuto que la educación terciaria -universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica- está recibiendo anualmente alumnos con menos conocimientos para cursar y rendir satisfactoriamente estudios superiores. Cada vez son más quienes inician tales estudios sin comprender lo que leen ni escribir sin errores ortográficos.

La paradoja reside en que al mismo tiempo que decaen los conocimientos con el que los estudiantes ingresan a la educación terciaria, aumentan las vacantes. Toda una paradoja que solo se explica por la desgraciada y perversa asociación existente entre el financiamiento y la matrícula.

Así de simple: sin estudiantes, no hay financiamiento, por tanto, mientras más estudiantes, más financiamiento. En este contexto, no hay que ser muy astuto para constatar que los responsables de dirigir las instituciones educativas no trepiden en abrir las puertas de par en par aumentando las vacantes. Bienvenidos todos.

Y al interior de los planteles, en el marco de procesos de acreditación, se piden indicadores de deserción, de titulación, de tiempos de egreso, etc. etc. para que tales indicadores den valores “decentes” hay que retener estudiantes, evitar que deserten; que egresen y se titulen lo más pronto posible. Sin querer queriendo desde las más altas esferas de cada universidad, instituto profesional o centro de formación técnica, se presiona para que los valores de los indicadores sean “favorables”.

Todo esto va empujando a los profesores responsables de la docencia, suave y lentamente, a rebajar exigencias, o lo que coloquialmente podríamos llamar “a bajarse los pantalones”. Hay que tener cojones para resistir. Para remate, al menos en las universidades, la docencia es la pariente pobre al lado de la relevancia que se le asigna a la investigación.

En consecuencia, el docente si no investiga se encuentra en una suerte de callejón sin salida, por lo que procura investigar, o hacer como que investiga, a como dé lugar. Este es otro tema, porque para “demostrar” que investiga, hay que ganar proyectos y publicar como sea. Pero esto es harina de otro costal 

Ramón Espejo, catedrático de la Universidad de Sevilla, con más de tres décadas de experiencia académica, sostiene que estamos ante un problema estructural que afecta al modelo educativo no solo chileno, sino que de muchos países. Un problema comparable al de un edificio cuyos cimientos, cuya base, está completamente erosionada, y cuyas “deficiencias no son aisladas ni corregibles con reformas parciales, sino que afectan al conjunto del modelo”.

Podemos simular que estamos hablando de un edificio cuyo primer piso es la educación inicial, la que provee la familia y el ambiente en que se desenvuelve; un segundo piso constituido por la educación básica; un tercer piso en el que está la educación media; y un cuarto piso donde estaría la educación superior. No escapará a mis queridos lectores que tal como están las cosas, es imposible que quienes están en todos los pisos no se encuentren a medio morir saltando aceleradamente, muy especialmente en el último piso.

febrero 17, 2026

Historia y compañía: las claves para votar

Foto de Emily Karakis en Unsplash

La sociedad conserva una visión de las universidades un tanto idealizada, como si fuesen instituciones de cristal, donde estarían los mejores, donde se concentra el conocimiento, donde la miseria humana no tendría lugar. Es posible que así haya sido en sus primeros tiempos, y que lo siga siendo, pero solo en algunas universidades. Mal que mal, hoy se compran y venden universidades. Así y todo, dentro de la población persiste una imagen positiva de ellas.

Se asume que las universidades son instituciones superiores, que están libres de polvo y paja, tal como la visión que se tiene de la Corte Suprema, cuyos integrantes, particularmente las más altas jerarquías, se asume que garantizan justicia para todos por igual. No sin estupor hemos estado presenciando que los bajos instintos también recorren sus espacios.

De hecho, ninguna institución, desde el minuto que está conformada por personas de carne y hueso, se salva de verse arrastrada al barro, y encontrará mil fórmulas para ocultarlo, esconderlo, simulando que todo está bien, pero al final del día, aunque tarde, la realidad saldrá a la luz. Y mientras más tarde, más en el barro estará, y más costará sacarlo.

Mientras mayor sea el nivel de autonomía de una institución, mayor es el riesgo de corrupción, de nepotismo, de amiguismo, el que se ve multiplicado cuando se está ante una organización altamente jerarquizada. Jerarquía que se asume dada por los méritos de quienes la conforman, pero que en la práctica se ve distorsionada a punta de redes, contactos, influencias, de poderes que trabajan en la sombra, los poderes fácticos. La autonomía es un arma de doble filo.

Todo esto ¿está en la naturaleza humana? Siempre existirán influencias indebidas, pero el desafío es tener la capacidad para denunciarlas, reducirlas, eliminarlas, y tenerlas presente para que a la hora en que a uno le toque incidir, decidir, enfrentarse a ellas. Se asume que somos libres, que el voto es secreto, pero, así y todo, no es fácil librarse de presiones, atosigamientos. Incluso en las universidades, donde se asume que sus integrantes tienen suficiente independencia.

A la hora de elegir a autoridades, los cantos de sirena de los candidatos en carrera -sus propuestas, programas-, ofreciendo el oro y el moro, inevitablemente estarán a la orden del día. Pero no podemos dejarnos llevar por ellos porque bien sabemos que suelen quedar en el papel, y rara vez cristalizan. No necesariamente por falta de voluntad, sino porque dirigir una organización, sea esta pequeña, mediana o grande, supone navegar por aguas no siempre previsibles.

He trabajado por más de 40 años en distintas universidades y participado en distintos procesos eleccionarios al interior de ellas. Creo que la clave para tomar una decisión, para votar por un rector, más allá de las propuestas, de lo que se dice que se va a hacer, de la forma en que se implementará lo que se propone, son dos variables: la credibilidad del candidato, y quienes están tras él, quienes le acompañan.

En cuanto a credibilidad me refiero no tanto a tener una trayectoria académica plagada de títulos, grados, proyectos o papers, sino a una vida personal intachable, sin mancha alguna. Un historial tal que allí donde pueda haber existido una relación de poder, no se haya hecho uso y abuso de él, como es el caso de involucrarse en una relación afectiva con un(a) subordinado(a), o un(a) alumno(a). Una credibilidad que viene dada por cuánto trecho hay entre lo que dices y lo que haces.

En la vida puedes estar toda la vida proclamando a los cuatro vientos la participación, pero a la hora de la verdad, andar “cocinando” consejos, reuniones, juicios, para que los resultados sean los que quieres. No olvidar que la mona, por más que se vista de seda, mona queda.

En cuanto a quienes acompañan a un candidato, es importante saber quienes son las dos o tres personas más próximas a él y con quienes más se relaciona, así como quienes están en las sombras, agazapados. Éstos son quienes no se dan a conocer explícitamente, pero ante quienes el candidato ha de responder antes que a sus votantes. Dime con quién andas, y te diré quien eres.


abril 10, 2025

Una universidad para los tiempos que corren

Foto de Priscilla Du Preez 🇨🇦 en Unsplash

Los modelos académicos imperantes están siendo jaqueados desde los más diversos ámbitos. Ha venido para quedarse, la inteligencia artificial, que en los profesores incide en el modo de enseñar, y en los estudiantes en su forma de aprender. También, la virtualización, acicateada por COVID-19, pero que ha llegado para quedarse con el propósito de complementar la educación presencial convencional. Los soportes de tecnológicos de apoyo al proceso educativo también están mutando con fuerza planteando fuertes desafíos en todos los niveles, pero muy especialmente en el sector terciario, y en él, al universitario.

Sin embargo, los retos a los que nos vemos abocados van más allá, y tienen que ver con la necesidad del desarrollo de emprendimiento, de creación, de innovación, materias en la que las universidades se encuentran al debe. Basta echar una mirada a quienes emprenden, a quienes crean nuevas empresas, a quienes innovan al interior de ellas, y veremos que muchos de ellos no salen de aulas universitarias, sino todo lo contrario, se marginan de ellas. Se aburren, rechazan formatos predefinidos, prefiriendo correr por cuenta propia, con colores propios. Preguntémonos dónde estudiaron Steve Jobs y tantos otros que han cambiado sustantivamente los modelos de negocios vigentes o que han innovado en el ámbito tecnológico.

En lo sustantivo, en este contexto, las universidades siguen operando bajo un formato conservador siguiendo los acontecimientos, el comportamiento de los mercados, en vez de ir por delante de ellos. Y seguirá así mientras el nepotismo reine en ellas, mientras esté capturado por intereses de sus actores internos mirándose al ombligo, y mientras no incorpore en su seno a quienes marcan la pauta, a los adelantados, a quienes son capaces de anticiparse y visualizan el futuro, lo que viene, a quienes son capaces de hacer, de concretar y no perderse en divagaciones y elucubraciones inconducentes.

Lo que demanda la realidad del siglo en que vivimos, es una universidad con un modelo académico alineado con la realidad que viene marcada por una estrecha interrelación entre la teoría y la práctica, entre estar en el limbo y con los pies en la tierra. Necesariamente la universidad debe estar estrechamente vinculada con la sociedad en que se inscribe -el mundo político y social-, así como con las empresas con las que necesariamente se asociará -el mundo empresarial y laboral-. Y con lo que viene, con lo que está por venir.

Para estos efectos es imperativo implementar un aprendizaje experiencial que combine metodologías activas, junto con tecnologías de vanguardia para que los estudiantes estén en condiciones de abordar escenarios y casos reales que les permita encarar una realidad social y laboral marcado por el cambio permanente. Esto conlleva necesariamente el desarrollo de proyectos en el medio profesional, empresarial, político, social, laboral, artístico, fuera del aula, para resolver problemas reales, no ficticios.

Por más que Trump esté declarando la guerra arancelaria, la globalización y la competencia llegó para quedarse y la educación superior deberá tomar nota de ello, particularmente de la necesidad de  abandonar una formación de profesionales acríticos que de buenas a primeras acepten lo que se les diga. Por esta vía estamos perdidos. En el mundo que vivimos si no queremos engañarnos, ni que nos engañen, estamos obligados a desarrollar la capacidad para ver bajo el agua, de preguntarse una y otra vez, porqué, para qué, para quiénes, cuándo, dónde y cómo de todo aquello que se estudia e investiga.

Bajo el modelo académico actual esto no suele hacerse, predominando un enfoque vertical, de aprendizaje pasivo, donde el académico manda y el estudiante obedece, aceptando acríticamente lo que el académico dicta. Profesionales con esta formación corren un alto riesgo de convertirse en profesionales rastreros, limitados.  

De lo expuesto se deduce que el grueso de las universidades parecieran estar marcando el paso, sin las capacidades para asumir y enfrentar los retos que parecieran sobrepasarla.

enero 02, 2023

Los jóvenes deciden su futuro

Foto de Naassom Azevedo en Unsplash

Estas líneas van dirigidas principalmente a los jóvenes que hacen su ingreso a la educación superior. Es el momento en que deben tomar decisiones relevantes que incidirán en su futuro. Son dos las decisiones claves: qué carrera estudiar y dónde. A continuación intentaré esbozar las variables que estimo indispensables que deben evaluarse a la hora de adoptar una decisión. Veamos primero qué estudiar. Las variables a ponderarse son tres: 

1) mi voluntad, qué es lo que más me gusta, cuál siento que es mi vocación, lo que me gustaría ser; 

2) mis capacidades, qué me es más fácil, qué me sale naturalmente, o dicho coloquialmente “si tengo dedos para el piano”. Algo puede gustarme mucho, pero si mis capacidades no van en esa dirección, tendremos un choque de trenes. Esto no implica que no se estudie lo que más se quiere, pero si no calza con las capacidades que se tienen, debe tenerse claro que el trayecto será un tanto pedregoso, nos planteará exigencias que quizás no seamos capaces de sortear; y 

3) mi futuro laboral, si lo que he decidido estudiar existen suficientes puestos de trabajo atractivos en términos de ambiente laboral y de remuneraciones.

El escenario ideal es que las dos primeras variables calcen, esto es, que mis capacidades están en línea con mi voluntad, con lo que quiero estudiar, y que el campo laboral que se abre es promisorio. Desgraciadamente, en la mayoría de los casos no se da esta suerte de constelación. 

Soslayar la tercera variable, esto es, el mercado, la realidad labora que se abre una vez terminados los estudios, encierra un riesgo.  Terminar los estudios y percatarse que  hay pocos puestos de trabajo para muchos postulantes, y/o que los ingresos monetarios a percibir dejan mucho que desear. El riesgo es que al final se termine amargado, frustrado. De allí la importancia de analizar, sopesar bien lo que se habrá de estudiar.

Después viene la decisión de dónde estudiar. Lo peor es dejarse llevar por la publicidad con que en esta época suele bombardeársenos desde las distintas instituciones de educación superior. Mi sugerencia es que una vez que sepa qué estudiar, lo primero que debemos hacer es un catastro de las instituciones que ofrecen lo que queremos estudiar y conocer sus características esenciales. Idealmente visitarlas físicamente, conversar con sus estudiantes para recabar información respecto del profesorado, de la infraestructura física, tecnológica y deportiva, así como captar el alma mater, el espíritu de la que está impregnada cada institución. 

Por último, conocer a quienes ya han cursado la carrera para saber dónde están trabajando, cómo les va, qué recuerdos tienen de sus respectivas casas de estudio.

En síntesis, me atrevería a afirmar que si se tienen en consideración los factores señalados, la mesa estaría servida. Que les vaya bien!