septiembre 27, 2026

Mi vida académica.... parte 2

Ilustración creada por Gemini

Como escribí en mi columna anterior (leer), mi trayectoria académica se inició por necesidad, más adelante por gusto e interés, pero nunca pensé que sería mi medio de sustento económico como terminaría siéndolo.

Estaba iniciando mi vida profesional como egresado de ingeniería civil industrial en el Banco Central, en el campo del control de divisas, cuando éstas escaseaban y había que racionalizar su destino. Me tocó trabajar en el área de lo que entonces se llamaba la línea blanca, la de los productos electrodomésticos, con las empresas productoras de lavadoras, refrigeradores, etc. que demandaban divisas para la compra de partes y piezas importadas. Entre las empresas destacaban Fensa, Mademsa y Trotter.

Con el golpe del 73, la unidad en que trabajaba dentro del Banco Central, fue eliminada. Su razón de ser, la escasez de divisas, desapareció dado que por obra del birbiriloque, o del Espíritu Santo, o del golpe, las divisas aparecieron. De un día para otro, ya casado, con 25 años, quedé sin trabajo, sin indemnización, sin nada, al igual que todos los que allí trabajábamos. Solo conservaba mi trabajo como profesor de cátedra de Estadísticas en la Universidad de Chile por 4 horas semanales que a duras penas me reportaba ingresos para la locomoción colectiva.

Envié mi currículum a las pocas empresas que ponían avisos ofreciendo trabajo. Eran tiempos de convulsión. Ninguna empresa respondió, ni que sí ni que no. La angustia arreciaba. Un pituto y un emprendimiento educacional en el que me sumergí me permitió sobrevivir. En marzo de 1974, las universidades empiezan a hacer llamados a concurso para completar vacantes generadas por la expulsión de muchos académicos en el marco de la política de “extirpar el cáncer marxista que se había enquistado en el seno de ellas”.

Dado que mis postulaciones a empresas que requerían profesionales en el campo que había estudiado no estaban siendo consideradas, empecé a pensar que estaba en una suerte de “lista negra”. Es así como empiezo a postular a las universidades que llamaban a concurso, enfatizando mi experiencia docente en la Universidad de Chile y eliminando de mi currículum la experiencia vivida en el Banco Central porque intuía que sería mal visto por haber sido despedido el mismísimo 11 de septiembre. En esos tiempos las universidades habían sido intervenidas, sus rectores defenestrados y reemplazados por rectores “delegados” nominados por el gobierno. En general fueron repartidas entre las distintas ramas de las FFAA. La Universidad de Chile fue asignada al ejército, y la Universidad del Norte a la marina.

Así como de un día para otro quedé sin trabajo, de un día para otro quedé aceptado en dos universidades: la Universidad Austral en Valdivia y la Universidad del Norte en Arica. En la primera (la USACH) fue gracias a un pituto: el marido de una prima, trabajaba allí y me había pasado el dato; en la segunda, fue sin pituto, sorteando entrevistas.  

En ambas era para hacerme cargo de las asignaturas de Estadística que se impartían a varias carreras. Tenía que decidirme por una de ellas. Me atraía más la Universidad Austral por su localización, su verdor. Sin embargo, opté por la Universidad del Norte, en medio de la aridez del desierto. Opción tomada porque ya estaba empapado del síndrome del perseguido y pensé que, si las cosas no se daban bien, desde Arica sería más fácil apretar cachete por ser ciudad fronteriza.  

Cuando llega el momento de concretar, se me piden papeles, entre ellos, que no estaba siendo procesado en tiempos de guerra. Documento que había que solicitar en el edificio del Ministerio de Defensa Nacional. Allá concurro, no sin temor. Después de unos días se me entrega el documento que guardo como hueso santo.

En él se indica que no estaba siendo procesado en tiempos de guerra y lleva la firma, no del innombrable, pero sí la del general Sergio Arellano Stark, en su calidad de comandante de la Guarnición Militar de Santiago. Esto es, del mismísimo responsable de la operación conocida como la Caravana de la Muerte entre los meses de septiembre y octubre de 1973.

Con ese documento se allanó el camino para ser contratado, como académico jornada completa en la sede Arica de la Universidad del Norte a partir del 20 de agosto de 1974. Es así como, junto con mi señora, nos instalamos con camas y patacas en la puerta norte de Chile.

Dicen que querer es poder. No es mi caso. Fui académico por accidente, por esas cosas de la vida, no porque me lo propusiera.

En esos tiempos, ser académico era ser docente. La investigación era una actividad reservada para pocos y en áreas muy específicas. En Arica se investigaba en las disciplinas de agricultura y arqueología, sin que existieran carreras asociadas a ellas; y se impartía docencia en educación, ingeniería y otras áreas, sin que existiera mayor investigación en ellas.

Como pueden ver, fue el golpe del 73 el que torció mi trayectoria profesional hacia el mundo académico en tiempos en los que no existían jerarquías académicas tal como se definen hoy, ni una Universidad de Chile y una Universidad Técnica del Estado jibarizadas, despojadas de sus sedes regionales, transformadas hoy en universidades regionales.

Eran tiempos en los que la actividad académica universitaria si bien incluía la docencia, la investigación y la vinculación con el medio, en ese momento llamada extensión universitaria, en unas más que en otras, era dominada por la docencia que en ellas se impartía.

A ver si en una próxima columna escribo unas líneas de lo que fue mi evolución académica desde que llegué a Arica.

Carlos V en San Vicente de la Barquera

Hoy 27 de septiembre se conmemora un año más del arribo de Carlos V a San Vicente de la Barquera en 1517, hace ya más de 500 años. Nació en Flandes (Holanda), donde residió.

En 1516, con motivo de la muerte de su abuelo Fernando el Católico, Carlos de Habsburgo es proclamado rey dado que su abuela, la reina Isabel I la Católica, había fallecido en 1504, al igual que su padre, Felipe el Hermoso en 1506. Por su parte, su madre, Juana I la Loca, había sido declarada incapacitada para gobernar.

En consecuencia, Carlos con tan solo 17 años, tuvo que tomar posesión de los reinos de Castilla y Aragón por derecho de herencia al fallecer sus abuelos maternos, los Reyes Católicos. Para estos efectos se organizó su primer viaje a España, zarpando desde el puerto de Middelburg, acompañado de una nutrida comitiva de cortesanos y consejeros flamencos.

Si bien estaba previsto desembarcar en Santander o Loredo, las malas condiciones climáticas imperantes forzaron el desembarco en Tazones-Villaviciosa, para desde allí seguir por vía terrestre hacia Valladolid, donde se encontraban las Cortes Castellanas.

En esta ruta se encuentra San Vicente de la Barquera, pequeño pueblo marinero, con capacidad para recibir al rey con su comitiva real. La idea era pasar aquí una noche para descansar antes de seguir viaje, pero Carlos se vio obligado a permanecer más de 10 días al ser afectado por una fiebre que se resistía a remitir. Finalmente pudo recuperarse, prosiguiendo su camino.

El idioma que manejaba al revés y al derecho era el francés y el flamenco, llegando a San Vicente de la Barquera, sin saber nada de castellano. Con el tiempo, el rey Carlos lo aprendió hasta dominarlo totalmente. También aprendería el alemán y el italiano, idiomas que también se hablaban en los extensos dominios bajo su tutela. De allí que la tradición popular le atribuye la frase "Hablo alemán a los caballos, italiano a los hombres, francés a las mujeres y español a Dios."

En San Vicente de la Barquera, el futuro rey Carlos I fue recibido con un gran despliegue institucional y religioso, mediante numerosas celebraciones e himnos de bienvenida, destacando el Te Deum interpretado en su honor en la Iglesia de Santa María de los Ángeles.

Es así como hoy, las gentes de San Vicente de la Barquera recrean la llegada de Carlos V con desfiles, conciertos y recreaciones históricas de su desembarco y recepción.




septiembre 26, 2026

Mi vida académica.... parte 1

Fuente: Generada por IA

Ingresé al mundo académico por gusto o interés, necesidad y casualidad. Estando en mi tercer año en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que está en Beaucheff (Santiago de Chile), postulé a distintas ayudantías, de Cálculo, de Estadísticas.

Lo hacía por necesidad, para tener dinero en el bolsillo, para tomar las famosas ”liebres” de entonces, cuando no habían taxis colectivos. Primero tomaba la de “Los Leones” en Pedro Torres con Diagonal Oriente, me bajaba en la Alameda con Ejército, y desde allí me iba caminando y tomaba otra liebre, la Castillo Velasco que me dejaba a una cuadra. Estamos hablando de la segunda mitad de la década de los 60.   

También lo hacía por interés, dado que me permitía profundizar, aprender más, consolidar las materias correspondientes. Las categorías de entonces eran las de ayudante, profesor auxiliar y profesor de cátedra. Los ayudantes se limitaban a tomar (controlar) y evaluar las pruebas; los profesores auxiliares a impartir las clases auxiliares que por lo general eran de ejemplos de aplicación de los conceptos que los profesores de cátedra impartían en sus clases de cátedra. Este último era el rey, impartía su clase y se iba, casi no interactuaba con los estudiantes. El profesor auxiliar era una suerte de súbdito del rey, esto es, del profesor de cátedra. El profesor auxiliar era el responsable de impartir las ayudantías y elaborar las pruebas que eran tomadas y corregidas por los ayudantes.

Por momentos tengo la duda si las ayudantías muchas veces las hacíamos los ayudantes, en reemplazo de los profesores auxiliares. En todo caso, lo clave es que los ayudantes teníamos la responsabilidad de tomar, evaluar las pruebas, y posteriormente publicar los resultados fijando fecha y lugar de “reclamo”. Esto es, fecha y lugar para que los estudiantes pudiesen ver sus pruebas, sus errores, y eventualmente reclamar un cambio en la calificación obtenida. Las calificaciones eran draconianas, sin importar amistades, vínculos ni pitutos.

En esos tiempos, ser académico (ayudante, profesor auxiliar o profesor de cátedra) era un honor, un privilegio. Las remuneraciones eran paupérrimas. Muchos eran profesores de cátedra ad honorem, que trabajaban en empresas, públicas y privadas, con una intensa vida profesional ejecutiva. Tuve el privilegio de tener a verdaderas eminencias en sus respectivos campos y que ocuparon posiciones del más alto nivel. Los menos eran académicos de tiempo completo, eximios investigadores. Entre ellos recuerdo a Igor Saavedra, una eminencia en física, quien en muchas oportunidades interactuaba con nosotros en los pasillos de la Facultad.

Entre quienes tuve como profesor de cátedra, recuerdo a Jorge Cauas, cuando era el vicepresidente del Banco Central. Siempre llegaba puntual, y sagradamente a clases con una libreta donde tenía apuntado hasta dónde había llegado en la última de sus clases. No era el presidente del Banco Central nada más que porque protocolarmente el cargo le correspondía al ministro de la cartera. Pero en la práctica era el mandamás del banco. No recuerdo que haya faltado a alguna una clase. Eran los tiempos del gobierno de Frei Montalva.

Después, por esas cosas del destino, veo a Jorge Cauas como ministro de Hacienda, en los primeros tiempos del innombrable, aplicando una política de shock en la economía nacional para frenar la espiral inflacionaria imperante.

También recuerdo a Efraín Friedmann, a quien tuve como profesor de Mecánica Racional, cuyas clases eran de película. Él llegaba siempre atrasado, pero así y todo, lo esperábamos porque sus clases estaban cargadas de ejemplos en los que se le veía el plumero, pero lo hacia con una gracia tal que no nos importaba.

Recuerdo que en algún minuto, mientras estábamos viendo algo relacionado con la velocidad, la aceleración, la masa y la fuerza, dibujó un mapa en la pizarra, marcó NY (Nueva York) en EEUU y Moscú en lo que entonces era la URSS, y preguntó: “Con qué fuerza, y bajo qué ángulo, debemos disparar un proyectil de un peso X para que llegue a Moscú que está a una distancia de tantos kilómetros”.

Su ironía política no era muy fina que digamos. Lo que importaba era que aprendíamos, nos interesábamos. En esos tiempos ocupaba el cargo de director ejecutivo de la Empresa Nacional de Computación (ECOM). Posteriormente fue Director del Comité de Investigaciones Atómicas de Chile.

Otro profesor que tuve fue el de Mecánica de Fluidos, cuyo nombre no recuerdo, pero que era Director de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDESA), en los tiempos que era estatal. Sus ejemplos eran siempre prácticos. Entre los que atesoro en mi memoria se encuentran los embalses, donde debíamos calcular la resistencia que debían oponer los muros de contención. El texto guía que ocupábamos era el de un autor llamado Streeter.

Retomo el hilo antes de seguir yéndome por las ramas. Cuando ya estaba en quinto año de ingeniería, pasé a ser profesor auxiliar de Estadísticas de un profesor de apellido Prado, quien ocupaba un texto de muy bueno de Paul Meyer.

Como ayudante mi obligación se limitaba a tomar y corregir las pruebas elaboradas por los profesores auxiliares, y posteriormente corregirlas, publicar las evaluaciones y atender eventuales reclamos por las calificaciones obtenidas.

Cuando estaba en quinto año, pasé a ser profesor auxiliar donde me correspondía realizar las clases auxiliares y elaborar las pruebas. Ya egresado pasé a ser profesor de cátedra en paralelo a mi trabajo en la secretaría de relaciones económicas externas (SEREX) del Banco Central. Como profesor de cátedra me limitaba a impartir las clases de cátedra y eventualmente coordinarme con el profesor auxiliar asignado.

Pero mis estudios eran de Ingeniería Civil Industrial, no de pedagogía. La academia, la docencia, se asumía que era tan solo un accidente en mi existencia, una suerte de hobby, un complemento.

Así inicié mi vida académica, como ayudante por necesidad, finalmente, las casualidades, o las vueltas de la vida, terminaron porque mi vida profesional se centrara en la academia, en la universidad, inicialmente como docente y ya más tarde como docente e investigador.

Eran tiempos en los que no existían las jerarquías académicas; tiempos en que los académicos eran pobres de solemnidad; tiempos en que los académicos de tiempo completo eran investigadores. Los docentes universitarios eran profesionales, en su mayoría de gran prestigio, que trabajaban en las más importantes empresas del país, y que hacían clases por el honor de servir, como una manera de devolver la mano al país por la educación recibida. Algunos investigadores, por voluntad propia, también hacían clases, como fue el caso de Igor Saavedra.

En una próxima columna espero tocar el tema de las “casualidades” que condujeron mi vida en la academia universitaria.

septiembre 24, 2026

IIE la rompe … (parte 17)

A mi última columna (leer), donde abordé el tema de la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la carrera, algunos de mis lectores me hicieron algunos alcances, entre ellas, la necesidad de asegurar el manejo responsable en el uso de herramientas de IA por parte de estudiantes, académicos y autoridades universitarias.

Aproveché de apoyarme en la IA para obtener una respuesta, la que daré a conocer partiendo por las autoridades universitarias. En mis siguientes columnas daré a conocer las respuestas dadas para el caso de académicos y estudiantes.

Para el caso de las autoridades universitarias, se plantea que ellas deben liderar la transición institucional hacia la IA mediante la regulación, la inversión en recursos y el liderazgo ético. Para estos efectos se clasifica el uso de la IA en una escala de tres niveles bien diferenciados:

1. Uso Permitido (Integración Autorizada)

Comprende todas aquellas tareas donde la IA actúa exclusivamente como un soporte pedagógico, organizativo o de investigación preliminar, manteniendo siempre el control, análisis y autoría humana sobre el producto final. Las directrices y políticas habituales:

·         Permiten emplear la IA para explorar temas, generar tormentas de ideas o estructurar esquemas de trabajo.

·         Autorizan el uso para la corrección gramatical, ortográfica o de estilo en textos redactados previamente por el estudiante.

·         Obligan a declarar formalmente las herramientas utilizadas en la metodología o en la sección de agradecimientos/anexos.

Algunos ejemplos prácticos:

·         Generación de esquemas de estudio: Solicitar a ChatGPT o Gemini un esquema preliminar de los temas principales sobre La Revolución Industrial para organizar los apartados de un ensayo.

·         Búsqueda y explicación de conceptos: Utilizar la IA como tutor para pedirle que explique una fórmula matemática compleja o un concepto filosófico ("Explicar el imperativo categórico de Kant de forma sencilla con ejemplos").

·         Depuración de código: En asignaturas de programación, usar IA para encontrar un error de sintaxis (bug) en un código escrito por el propio alumno.

·         Mejora de redacción: Introducir un párrafo redactado por el estudiante para corregir la puntuación o adaptar el tono a un lenguaje más académico.

2. Uso Asistido (Colaboración Regulada)

Ocurre cuando la IA participa activamente en la creación parcial de contenidos o análisis de datos, sirviendo como coautor técnico. Requiere la autorización previa y explícita del docente según los objetivos de la asignatura. Las directrices y políticas habituales:

  • Exigen contar con la aprobación expresa dentro del plan docente (syllabus) o por instrucción directa del profesor.
  • Exigen que el trabajo presentado incluya una Declaración de Uso de IA donde se detalle: herramienta utilizada, la secuencia de instrucciones (prompts) enviadas y qué partes del resultado se modificaron o verificaron.
  • Exigen la verificación activa de todas las afirmaciones o citas generadas por la máquina contra fuentes académicas primarias o secundarias contrastadas.

Algunos ejemplos prácticos:

  • Análisis y síntesis de grandes volúmenes de texto: Introducir un informe de 50 páginas en un modelo de IA para extraer tendencias clave y, posteriormente, contrastar y redactar una visión crítica propia sobre los resultados.
  • Generación y optimización de código complejo: Usar la IA para escribir una función o algoritmo extenso dentro de un proyecto de ingeniería, documentando qué parte generó la IA y realizando las pruebas de funcionamiento correspondientes.
  • Creación de material audiovisual o gráfico: Utilizar generadores de imágenes por IA para acompañar la presentación oral de un proyecto, acreditando debidamente la fuente de la imagen.

3. Plagio o Fraude Académico mediante IA (Uso Prohibido)

Se considera falta a la integridad académica toda práctica en la que se utilice la IA para sustituir el esfuerzo intelectual, el análisis propio o la autoría del estudiante, haciendo pasar contenido generado automáticamente como propio o vulnerando la evaluación. Las directrices y políticas habituales:

  • Prohíben la entrega de texto, código o resolución de problemas generados íntegramente por IA sin la debida atribución o autorización.
  • Tipifican como fraude la presentación de fuentes, citas o referencias bibliográficas ficticias inventadas por la IA ("alucinaciones").
  • Sancionan el uso de IA no autorizado durante pruebas de evaluación presenciales o en línea (exámenes, cuestionarios en tiempo real).
  • Sanciones: Según el reglamento disciplinario de cada universidad, las consecuencias pueden ir desde la suspensión automática de la asignatura (calificación 0) hasta la apertura de un expediente disciplinario o la expulsión.

Algunos ejemplos prácticos:

  • Generación completa de trabajos (Copy-Paste de IA): Pedirle a la IA "Escribe un ensayo de 2.000 palabras sobre el impacto macroeconómico de la inflación" y entregar el texto directamente como si fuera de autoría propia.
  • Falsificación o invención de fuentes: Incluir en un trabajo bibliografía o citas textuales inventadas por la IA sin haberlas consultado o comprobado previamente.
  • Resolución automatizada de exámenes: Utilizar extensiones o herramientas de IA en segundo plano durante la realización de un examen virtual o test en línea no supervisado.
  • Parafraseo engañoso para eludir detectores: Generar un texto con IA y luego pasar dicho texto por un "humanizador" o software de reescritura para ocultar el rastro de la herramienta generativa.

Lo expuesto exige 

a) financiar y promover programas de alfabetización digital en IA dirigidos tanto al personal docente como al administrativo y estudiantil; 

b) proporcionar acceso equitativo a herramientas y licencias institucionales para evitar brechas educativas entre los estudiantes con diferentes capacidades económicas; y

c) garantizar que las herramientas de IA utilizadas en la universidad cumplan con las normativas de protección de datos personales y propiedad intelectual de los trabajos académicos. 



septiembre 23, 2026

IIE la rompe .... (parte 16)

En mi última columna de esta serie (leer) revelé el modelo de escuela que inspiró la creación de la carrera de Ingeniería en Informática Empresarial (IIE) a quienes la diseñaron. 

En dicho modelo se plantea que la propuesta de valor de la carrera de IIE está “centrada en la formación de profesionales capaces de innovar dentro de las organizaciones en que se desempeñen en base a las TICs sobre la base del desarrollo de competencias mediante un temprano acercamiento al ambiente laboral”.

Hoy, ya en la tercera década de este siglo, a más de 20 años de la creación de la carrera, no obstante los vertiginosos cambios producidos en estos años, la propuesta de valor mantiene intacta su vigencia. A pesar de que hoy estamos ante una revolución en marcha, en pleno desarrollo, el de la inteligencia artificial (IA), que está remeciendo los cimientos de los más diversos campos. En particular, para los efectos de lo que nos interesa, el laboral y el educacional.

Hay profesiones que literalmente desaparecerán, si es que ya no están desapareciendo, en tanto que otras cobrarán mayor realce, así como surgirán nuevas profesiones. Estamos en pleno período de transición, en el que veremos destrucción de puestos de trabajo, así como de creación de nuevos puestos laborales.

La revolución informática, en un primer período, impactó esencialmente a los niveles operativos, repetitivos, posibilitando la automatización de procesos al interior de las organizaciones, lo que conllevó a un importante aumento en la productividad al mejorar la eficacia y eficiencia de los trabajos que se desarrollaban.

La revolución actual, marcada por la inteligencia artificial, apoyada en el desarrollo de las comunicaciones y de las capacidades de almacenamiento, está impactando fuertemente, ya no los niveles operativos de las organizaciones, sino sus niveles de control y estratégicos, esto es, sus niveles cognitivos.

Esta revolución en la que estamos inmersos, remece el plano educacional, y en el caso particular de IIE, a revisar no su propuesta de valor, sino su plan de estudios, el contenido de las asignaturas que lo componen, y la comunicación-interacción con los alumnos. Las clases frontales perdieron valor. Los profesores ya no tienen el monopolio del conocimiento, el que los alumnos pueden encontrar interactuando con un agente de IA.

Las clases deben convertirse en espacios de discusión, de profundización, de interacción. Esto supone que los alumnos llegan a clase sabiendo lo que se va tratar, y habiéndolo estudiado con asistencia de IA. La clase es para discutir, intercambiar observaciones, aclaraciones, y donde el profesor actúa como mentor, mediador, orientador. La clase ya no es para pasar materia. Para qué ver lo que está en la red y que la IA nos puede proveer sin mayores problemas.

El punto clave para que esto funcione reside en el supuesto, esto es, que los alumnos ingresen a la sala de clase habiendo estudiado lo que se va a tratar, con la batería de dudas y certezas, como para entrar a debatir a una clase de dejó de ser expositiva para pasar a ser un taller de discusión. Ahí está la madre del cordero, porque si los alumnos entran a la sala sin haber buceado en torno a lo que se abordará, estamos fritos. Solo se estaría perdiendo el tiempo. Y eso es responsabilidad de cada alumno.

Otros puntos se relacionan con la evaluación y aspectos éticos que no son soslayables, y que inevitablemente, también deben abordarse. Pero esto, tendremos que dejarlo para otra ocasión. Abrazo!