febrero 17, 2026

Historia y compañía: las claves para votar

Foto de Emily Karakis en Unsplash

La sociedad conserva una visión de las universidades un tanto idealizada, como si fuesen instituciones de cristal, donde estarían los mejores, donde se concentra el conocimiento, donde la miseria humana no tendría lugar. Es posible que así haya sido en sus primeros tiempos, y que lo siga siendo, pero solo en algunas universidades. Mal que mal, hoy se compran y venden universidades. Así y todo, dentro de la población persiste una imagen positiva de ellas.

Se asume que las universidades son instituciones superiores, que están libres de polvo y paja, tal como la visión que se tiene de la Corte Suprema, cuyos integrantes, particularmente las más altas jerarquías, se asume que garantizan justicia para todos por igual. No sin estupor hemos estado presenciando que los bajos instintos también recorren sus espacios.

De hecho, ninguna institución, desde el minuto que está conformada por personas de carne y hueso, se salva de verse arrastrada al barro, y encontrará mil fórmulas para ocultarlo, esconderlo, simulando que todo está bien, pero al final del día, aunque tarde, la realidad saldrá a la luz. Y mientras más tarde, más en el barro estará, y más costará sacarlo.

Mientras mayor sea el nivel de autonomía de una institución, mayor es el riesgo de corrupción, de nepotismo, de amiguismo, el que se ve multiplicado cuando se está ante una organización altamente jerarquizada. Jerarquía que se asume dada por los méritos de quienes la conforman, pero que en la práctica se ve distorsionada a punta de redes, contactos, influencias, de poderes que trabajan en la sombra, los poderes fácticos. La autonomía es un arma de doble filo.

Todo esto ¿está en la naturaleza humana? Siempre existirán influencias indebidas, pero el desafío es tener la capacidad para denunciarlas, reducirlas, eliminarlas, y tenerlas presente para que a la hora en que a uno le toque incidir, decidir, enfrentarse a ellas. Se asume que somos libres, que el voto es secreto, pero, así y todo, no es fácil librarse de presiones, atosigamientos. Incluso en las universidades, donde se asume que sus integrantes tienen suficiente independencia.

A la hora de elegir a autoridades, los cantos de sirena de los candidatos en carrera -sus propuestas, programas-, ofreciendo el oro y el moro, inevitablemente estarán a la orden del día. Pero no podemos dejarnos llevar por ellos porque bien sabemos que suelen quedar en el papel, y rara vez cristalizan. No necesariamente por falta de voluntad, sino porque dirigir una organización, sea esta pequeña, mediana o grande, supone navegar por aguas no siempre previsibles.

He trabajado por más de 40 años en distintas universidades y participado en distintos procesos eleccionarios al interior de ellas. Creo que la clave para tomar una decisión, para votar por un rector, más allá de las propuestas, de lo que se dice que se va a hacer, de la forma en que se implementará lo que se propone, son dos variables: la credibilidad del candidato, y quienes están tras él, quienes le acompañan.

En cuanto a credibilidad me refiero no tanto a tener ununa trayectoria académica plagada de títulos, grados, proyectos o papers, sino a una vida personal intachable, sin mancha alguna. Un historial tal que allí donde pueda haber existido una relación de poder, no se haya hecho uso y abuso de él, como es el caso de involucrarse en una relación afectiva con un(a) subordinado(a), o un(a) alumno(a). Una credibilidad que viene dada por cuánto trecho hay entre lo que dices y lo que haces.

En la vida puedes estar toda la vida proclamando a los cuatro vientos la participación, pero a la hora de la verdad, andar “cocinando” consejos, reuniones, juicios, para que los resultados sean los que quieres. No olvidar que la mona, por más que se vista de seda, mona queda.

En cuanto a quienes acompañan a un candidato, es importante saber quienes son las dos o tres personas más próximas a él y con quienes más se relaciona, así como quienes están en las sombras, agazapados. Éstos son quienes no se dan a conocer explícitamente, pero ante quienes el candidato ha de responder antes que a sus votantes. Dime con quién andas, y te diré quien eres.


febrero 10, 2026

Las jugarretas de Trump

Foto de Sean Ferigan en Unsplash

Parece increíble todo lo que ha estado haciendo Trump en su primer año de gobierno, disparando de chincol a jote, dejando la crema, por decir lo menos, tanto a nivel interno, como externo. Pocos, muy pocos iluminados han sido capaces de prever lo que sobrevendría. Tal como hay borrascas, temporales, ciclones en el ámbito climático, Trump está representándolo en el ámbito político. Y eso que la película aún no termina.

El ciclón Trump se veía venir, era absolutamente previsible, pero no queríamos verlo. Hay algo que nos impide ver, que nos impide creer, tal como hace casi un siglo atrás ocurrió en Europa, cuando surgió la figura de Hitler en Alemania y de Mussolini en Italia. Siempre cuesta creer lo increíble. Dejamos pasar, total, no es para tanto, son exageraciones. Todos los signos, todas las pistas, todas las huellas que nos pongan por delante son insuficientes cuando no queremos creer

Es lo que está ocurriendo con Trump. En su primer mandato dejó algunas pistas de su carácter autocrático, el que no pudo desarrollar por estar encorsetado por un congreso que no le era afín. Hoy el panorama es distinto porque, al menos hasta ahora, el partido republicano es mayoría en el congreso, y los tiene en el bolsillo. Mientras tanto, los demócratas están paralizados, sin atinar a reaccionar.

Todo esto está cambiando, muy lentamente, muy a destiempo, pero está cambiando. Y estos cambios hay que reforzarlos. Es imperativo poner freno a todos los autócratas, a todos los que creen que pueden hacer lo que quieren, sean de la ideología que sean, de izquierda, derecha, arriba o abajo. No podemos mantenernos impávidos ante los abusos de poder. Nuestra pasividad terminará por pasarnos la cuenta. Nadie tiene derecho a hacer lo que se le antoje en perjuicio de terceros.

Trump lo está haciendo a vista y paciencia de todo el mundo. Cree que es llegar y llevar (*).  Aspira imponer el imperio de la fuerza bruta. Si no haces lo que quiero, te impongo aranceles; si no subes el gasto militar, te bloqueo. Y así está gobernando para complacer a sus adherentes agrupados en Make América Great Again (MAGA).

Se ha dado el lujo de capturar a Maduro en Venezuela, sin que pase nada, sin que haya reacción ni capacidad reactiva alguna por parte del gobierno y el pueblo venezolano. Ahora, está jugando con Venezuela de la mano de Delcy Rodríguez, la “presidenta encargada”. ¿presidenta encargada de quién? ¿de Venezuela o de Trump? Acá hay gato encerrado.

En una conferencia de prensa, también se dio el lujo de trapear públicamente con el primer ministro de Ucrania, Zelensky, enrostrándole que estaba perdido, que tenía que ceder ante Putin. También ha menospreciado a Europa, aprovechando la falta de unidad, la existencia de distintas posturas en los gobiernos que constituyen la Unión Europea (UE). Trump no ha dado puntada sin hilo. Trump y Putin son las dos caras de una misma moneda.

En su campaña, Trump sostuvo que la guerra en Ucrania la terminaría en 24 horas. Afirmación que suponía la entrega, el abandono de Ucrania por parte de Europa para complacer a Putin. Lo concreto es que la guerra continúa desangrando no solo a Ucrania, sino que al mundo entero.

Si a esto agregamos la pretensión trumpista de hacer suya Groenlandia, por las buenas o las malas, tenemos la mesa servida. Por suerte, al menos para este caso, la UE parece haberse puesto de acuerdo, forzando a Trump a poner marcha atrás. El mensaje es claro: ante personajes de este tenor, no caben respuestas pusilánimes. Macron parece ser uno de los primeros en visualizarlo.

Ahora se le abrió un frente interno gracias a la ICE, la policía de control inmigratorio, cuyas actuaciones están generando consecuencias que delatan el tenor, el verdadero rostro del gobierno de Trump. Los miembros de ICE parecen ser equivalentes a las fuerzas paramilitares, o policías secretas propias de las dictaduras, como fueron los Tonton Macoutes de Duvalier, los miembros de la Schutzstaffel (SS) de Hitler, los integrantes de la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) de Stalin, y quienes conformaron la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) de Pinochet en Chile.

La elección parlamentaria de fines de año, en EEUU, es la oportunidad para ponerle freno a la embestida trumpista, la que debe ser acompañada por una postura de párele por parte de Europa y el resto del mundo. Trump es el clásico personaje que exige tener al frente a quienes tengan la capacidad para entender que no es con palabras de buena crianza, ni cediendo terreno, como puedas hacerlo entrar en razón.

Todo esto se enmarca en la gran batalla cultural en que se ha embarcado Trump bajo la premisa de que el mundo occidental se encontraría amenazado por el comunismo, el islamismo, el feminismo, el homosexualismo, el indigenismo, el ecologismo, el animalismo. 

El presidente electo, José Antonio Kast, recientemente se ha hecho eco de este enfoque en un foro mundial que congregó a quienes consideran que el mundo ha ido demasiado lejos, alejándose de los valores judeocristianos que nos caracterizarían.

Lo curioso es que el contenido de los archivos de Epstein, que involucran a Trump, va en la dirección contraria de la que pregonan sus adherentes.

(*) “Llegar y llevar, compre en La Polar” gancho publicitario empleado por una empresa comercial chilena llamada La Polar. 

febrero 08, 2026

Digan lo que digan

 

Digan lo que digan, el gobierno de Boric, no ha sido tan malo, ni terminará tan mal como lo pregonaron sus adversarios desde el primer día; y no terminará tan bien como esperaban quienes votaron por él en la primera vuelta en el 2021 pensando que vendrían cambios fundacionales.

Digan lo que digan, el país no requiere un gobierno de emergencia, slogan de batalla con que José Antonio Kast (JAK) se impuso en la contienda electoral, puesto que el gobierno de Boric deja un país andando, con sus instituciones en regla, una economía en marcha ascendente, con un nivel de exportaciones batiendo records, y con una inflación por debajo de la recibida, en medio de un mundo convulsionado.

Digan lo que digan, los tropiezos y errores vividos al inicio, producto de un gabinete sin mayor experiencia, fueron sorteados y/o disminuidos con la incorporación del socialismo democrático en las más altas esferas de decisión, permitiendo arribar al final de la andadura gubernamental, al menos no mal parado. 

Digan lo que digan lo realizado por el gobierno de Boric fue insuficiente para revalidar la adhesión de quienes respaldaron a Boric en la segunda vuelta en el 2021, posibilitando esta vez el triunfo de la ultraderecha, con apoyo de la derecha, y votos de pobres y jóvenes desencantados.

Digan lo que digan, JAK ganó democráticamente, con su sonrisa mefistofélica y ocultando su agenda valórica, así como los poderes fácticos que están tras él. Esto implica que deberá hacer el malabarismo de responder tanto a unos, sus votantes, como a otros, sus financistas, quienes descorcharon sus botellas la noche del triunfo confiando en que su inversión les reditúe pingües ganancias. Como buen schönstatiano sabe que no se puede servir a Dios y al Diablo al mismo tiempo. 

Digan lo que digan, los nombres que configuran tanto su equipo de primera línea -los ministros-, como los de segunda -subsecretarios ministeriales-, y de tercera -delegados presidenciales- se contradicen con el espíritu de urgencia y emergencia con que asume JAK. Un gobierno de emergencia requiere un gabinete ministerial conformado por políticos pesos pesados, de los que carece el gabinete. 

Digan lo que digan, el gabinete de JAK, estará conformado en su mayoría por independientes que serán fusibles de corta duración, ya sea por falta de respaldo político, ya sea por conflictos de interés, ya sea porque tropezarán consigo mismos a la primera dificultad. Todos saben que estamos ante independientes de mentira, que si bien no responden a partidos políticos, sí responden ante terceros en las sombras.

Digan lo que digan, JAK partirá afirmando que todo lo malo será por culpa del gobierno que le precedió, así como de la oposición que se le pare enfrente; y que todo lo bueno será gracias a él y sus boys. Afirmación que será secundada por los medios de comunicación que lo auparon y de los bulos que transmita vía redes sociales. Así y todo, será difícil que no dé pasos en falso.

Digan lo que digan, la población tiene paciencia, pero no paciencia infinita, y por más que su segundo piso y los medios de comunicación digan que estamos en un mundo de bilz y pap, más temprano que tarde, la verdad revelada terminará por salir a flote.

Digan lo que digan, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se tuvo que tragar la captura de Maduro para terminar siendo una marioneta de Trump y sus secuaces, en tanto que María Corina Machado quedarse con las ganas.

Digan lo que digan, por sus amigos los conocereis. ¿Quiénes son los amigos de JAK? Bolsonaro, Milei, Meloni, Orban, Abascal? Con estos amigos más vale dar batalla desde el primer día.

Qué tengan todos un buen día si están despertando, o que hayan tenido un buen día si se están acostando.

Los dejo con Digan lo que digan de Rafael!!

Gran abrazo a mis pacientes lectores!!

febrero 07, 2026

Las vueltas de la vida (parte 2)

Estando con mi familia en Madrid, en los años 83 al 85, en mi apartamento localizado en Alcalá 290, un buen día, toca a la puerta el más impensado de los visitantes: Lupercio Vásquez Fuchslocher. El mismísimo que siendo la máxima autoridad de la Universidad del Norte en Arica, quiso echarme en 1979 (*). No sin sorpresa, abro la puerta para hacerlo pasar. Su expresión asemejaba a la de un paciente recién dado de alta de un hospital. Le ofrezco una taza de té que acepta gustoso.

Me cuenta que venía llegando de un congreso realizado en la India, al que había asistido en representación del gobierno del innombrable, donde ocupaba el cargo de subsecretario de Agricultura. En su estadía en el país asiático se intoxicó. “La pasé muy mal, no sé cómo salí vivo”, dijo evidenciando en su rostro los signos del inconveniente de salud. El regreso lo tenía previsto vía Madrid, para estar unos días conociendo la capital española. No contaba con la intoxicación. “Pero acá me tienes, a mal traer, solo, aunque recuperándome”, acotó.

Intrigado por haber dado conmigo, a pesar del altercado que habíamos tenido hace unos pocos años  le pregunto cómo fue que dio conmigo. Me responde que antes de viajar desde Chile estuvo con Emilio Lorca, el mismísimo que se la jugó para sacarme de la lista negra. Y Emilio, quien ya estaba radicado en Santiago al igual que Lupercio, cuando supo que se iba a un congreso a la India, y que a la vuelta pasaría por Madrid, le dijo que yo estaba estudiando un magister en la Universidad Politécnica de Madrid, no resistió la tentación de decirle que podría pasar a verme. Lupercio le respondió que no pensaba hacerlo. Emilio insistió dándole mi número telefónico y dirección (en esos años no existían los celulares). Estando en Madrid no se atrevió a llamarme por teléfono por temor a que lo mandara a freír monos a otra parte. Así fue como llegó a Alcalá 290 quien había intentado sacarme de la universidad, herido por una carta donde lo mandaba a ocuparse de cosas más importantes que los atrasos de mi secretaria.

Ya relajados, y degustando el té servido, me consulta si tengo tiempo para sacarlo de paseo para conocer el Alcázar de Toledo. Envalentonado, e imbuido de los aires de la transición española, le respondo que no podía acceder a su petición, porque se trataba del símbolo de la resistencia fascista en tiempos de la Guerra Civil.

“Bueno, entonces llévame al Valle de los Caídos”, contraataca, confiando que no me negara nuevamente. Quise resistirme, pero me fue imposible. Sin querer queriendo, en un día helado, con nieve, en la popular renoleta (Renault 4) que tenía, viajamos junto a Cielo y los niños a conocer el lugar donde reposan los restos de los líderes del fascismo español, acompañando al subsecretario de agricultura del gobierno del capitán general, el innombrable.

Para quienes no conocen la historia del Valle de los Caídos me basta señalar que es uno de los íconos de la ultraderecha española, donde estaban enterrados Franco y José Antonio Primo de Rivera. A ello se agrega que fue construido con las manos de quienes fueron perseguidos y apresados por la dictadura franquista. Así fue como gracias a Lupercio conocí el Valle de los Caídos. Son las vueltas de la vida.

Nota: Me observan que desde el año 2019 los restos de Franco ya no están allí.

(*) Leer en parte 1 https://rodolfoschmal.blogspot.com/2026/02/las-vueltas-de-la-vida-parte-1.html