Estamos bajo un gobierno que
llegó con la bandera de que el país se estaba cayendo a pedazos, poniendo
énfasis en la inseguridad imperante y el bajo crecimiento experimentado en los últimos
años. Los republicanos, de la mano de libertarios y la “derechita cobarde”
vendrían a salvarnos para sanearnos, proveernos seguridad y enderezar la
economía nacional. Uno de sus personeros habló, al voleo, de la necesidad de extirpar
a los parásitos. Otro, que el Estado estaba quebrado. Bajo el poncho traerían
el programa que nos sacaría del marasmo, de la decadencia, y que no quisieron
dar a conocer para evitar roces, resquemores.
Lo concreto, la verdad a la
milanesa, es que no hay plan de seguridad, ni nada de nada. Tuvieron que pasar
dos meses desde que asumieron para que reconocieran que no había plan de
seguridad alguno, y que el único con que cuentan, es el de Boric.
Para que la economía crezca,
mandan al congreso una ley miscelánea, donde caben sapos y culebras para hacer
pasar gatos por liebres, pero cuya esencia es clara: hay que bajar los
impuestos a los de arriba, asegurándoles que no les cambiarán las reglas de
juego por más de dos décadas, para que puedan invertir a campo traviesa. Es la
clásica receta: tratar con guantes de seda a quienes tienen capacidad para
generar empleo. Es la política que el innombrable, en sus tiempos de gloria, calificó
como “hay que cuidar a los ricos”.
Es lo obsesión por el empleo,
de la boca para afuera, de quienes se encuentran en las alturas. Quiroz,
ministro de hacienda, sostuvo que la mejor política pública es la del empleo, y
que la mejor noticia que le puede dar a la clase media es que el país crezca,
que el empleo crezca. Afirma que ahí está la madre del cordero, que la ley
miscelánea apunta a eso. Cuando se buscó bajar la pelota al piso, y se le
preguntó por la efectividad de los incentivos contenidos en la ley miscelánea,
sostuvo muy suelto de cuerpo que no podía garantizar que se contratara más
gente. O sea, estamos jugando al tuntún, al emboque, a la ruleta rusa. La ley
miscelánea no asegura nada. Sólo se asegura que los impuestos a los de arriba
bajarán, pero no se asegura que los ingresos de los de abajo subirán.
En el interín, para asegurar
la aprobación de la ley miscelánea, también llamada de reconstrucción nacional,
pero que llamaría derechamente de destrucción nacional, las huestes
oficialistas están pirquineando votos por las más diversas vías, incluso dispuestos
a sacrificar el IVA para los pañales. Abren una verdadera caja de Pandora para
que el día de mañana hagamos lo mismo con los libros, el pan, la leche, la
construcción. Y la evasión tendrá su agosto. Milton Friedmann debe estar
agarrándose la cabeza allí donde esté.
Estamos frente a un gobierno
en el que JAK posa de ingenuo, con cara de gringo bueno, de cristiano ejemplar,
pero en la práctica, lo que estamos viendo es de un maquiavelismo brutal.
Pruebas al canto:
1. En
campaña amenazó a los inmigrantes ilegales con su expulsión, iniciando un
conteo de los días que les quedaban para irse desde el minuto que él asumiera
la presidencia, la que inició ordenando la construcción de una zanja en el
norte para detener la llegada de nuevos inmigrantes ilegales.
2. Respalda
a su ministro de vivienda, Iván Poduje, quien se las da de campeón para
resolver el déficit habitacional, y no encuentra nada mejor que poner en jaque
los humedales, afirmando que más vale resolver el problema de la vivienda que
andar preocupándose de hábitats donde se concentran fauna y flora especializada.
3. No
tiene empacho en ofender al mundo universitario que demanda recursos públicos
para desarrollar investigación, al señalar que muchos de sus proyectos terminan
en lindos libros para las estanterías de las bibliotecas, pero que no generan
empleo.
4. Tiene
la desvergüenza de organizar una cena privada en la casa de gobierno, invitando
a sus excompañeros de leyes en la Pontificia Universidad Católica de Chile,
mientras reclama por el paisito que le dejaron.
5. Dime
con quien andas y te diré quién eres: Trump, Milei, Bolsonaro, Bukele y Orban. A
Milei fue a verlo a pocos días de haber ganado en la segunda vuelta. Este quinteto
de “referentes” lo retrata de cuerpo entero. Si a esto agregamos su apoyo al
innombrable, tenemos el cuadro aparentemente completo.
6. Se
golpea el pecho en favor de la vida a propósito de su postura frente al aborto,
mientras estudia indultar a los militares que se encuentran purgando por
crímenes de lesa humanidad, no por delitos comunes, sino por ser ejecutores del
terrorismo de estado que sufrió el país en tiempos del innombrable.
La pregunta que no pocos me
han hecho, es ¿cómo es posible que un personaje con estas características pudo
haber ganado democráticamente las elecciones? Buena pregunta, que nos obliga a reflexionar,
y cuya respuesta amerita otra columna.



