junio 28, 2026

Repensar la política industrial

Foto de Ant Rozetsky en Unsplash

Cuando el mundo estornuda, Chile se resfría, y si el mundo se resfría, a Chile le da neumonía. La razón es simple: somos un país altamente dependiente, con las ventanas abiertas de par en par que los Chicagos Boys nos han legado sin arbitrar las defensas necesarias.

En honor a la verdad, Chile siempre ha sido un país dependiente. Para reducir la dependencia económica en la primera mitad del siglo pasado se procuró un desarrollo industrial mínimo a sabiendas que no podíamos depender exclusivamente de nuestros recursos naturales. Teníamos la experiencia del salitre. Bastó que apareciera el salitre sintético para que su precio en el mercado se derrumbara y nos fuéramos al garete. La pampa nortina es muda testigo de lo que fueron tiempos de gloria pasajera.

La lección que se supone debió dejarnos es que, si bien siempre tendremos algún grado de dependencia, tenemos que procurar reducirla. Ser menos dependientes. Esto vale para todo, para un país, una región, un pueblo, una familia, para cada uno de nosotros.

Esta realidad impulsó al país hacia un desarrollo orientado a tener una base industrial mínima. Nacen la CORFO, EL Banco del Estado, la Compañía de Acero del Pacífico (CAP), la Empresa Nacional De Electricidad (ENDESA), así como tantas otras, todas bajo impulso estatal. Sin este impulso seguiríamos pateando piedras.

En este marco, la política arancelaria estuvo orientada a desalentar importaciones de bienes de consumo final, y a estimular las importaciones de bienes de capital y de insumos. Una política destinada a promover la sustitución de importaciones por producción nacional.

En eso estábamos cuando de la noche a la mañana, en 1973 y de la mano del innombrable, aparecen los Chicago Boys con su librito El Ladrillo en mano, donde nos dicen que acá hay que cortar por lo sano, que para qué producir acá lo que otros son capaces de hacer con mayor eficiencia y ofrecernos a menor precio. Mejor dediquémonos a producir aquello en lo que somos más eficientes. Así fue como se dio vuelta la tortilla, abriendo nuestras ventanas de par en par bajando los aranceles.  

¿Resultado? Lo que tenemos. La producción nacional se fue a la cresta, y con ella las empresas, el empleo. Para sortear la crisis nacen los programas de empleo mínimo (PEM), los programas de ocupación para jefes de hogar (POJH), los taxis colectivos, los cuidadores de coches en las calles. El empleo informal se multiplica. Las empresas productivas se transformaron en importadoras.

Si bien desde que el innombrable dejó la primera magistratura, pero manteniéndose al cateo de la laucha desde la comandancia en jefe del Ejército, esta política arancelaria se ha amortiguado, en su esencia, no es mucho lo que ha cambiado. Seguimos sin una política industrial propiamente tal, seguimos con una matriz exportadora concentrada en el cobre, y por tanto altamente dependiente del vaivén de su precio, en cuya fijación no pinchamos ni cortamos.

Desde que tengo uso de razón se habla de diversificar las exportaciones, de innovación, etc. etc. pero la realidad es que seguimos en las mismas, con algunos logros que no alcanzan a hacer cosquillas, esto es, a cambiar una realidad. La de que seguimos teniendo una economía extractivista, basada en la succión de nuestros recursos naturales sin mayor valor agregado.

Lo peor de todo es que seguimos con más de lo mismo, ahora bajo el pomposo nombre de “reconstrucción nacional”, donde se quiere crecer pasando a llevar al medio ambiente, a los trabajadores por la vía de arrasar con lo que despectivamente llaman la “permisología” y las conquistas laborales obtenidas a punta del sacrificio y lucha de quienes las impulsaron.

La política económica vigente no da para más. Es necesario repensarlo todo. Pensar en qué sector nos centramos para tener una base industrial mínima. Darnos un plazo para su desarrollo proveyendo todos los recursos necesarios para su sustento. Pasado dicho plazo debe ser capaz de sustentarse por sí mismo y apoyar a otros sectores.

Un ejemplo de lo que se puede hacer lo da Indonesia, donde no se puede exportar ningún recurso natural sin que tenga un valor agregado mínimo, esto es, sin algún grado de procesamiento industrial. Esto es, no se permiten exportar recursos naturales en bruto.

junio 27, 2026

Uruguay, con la cola entre las piernas

Foto de Jared Schwitzke en Unsplash

Finalmente, Uruguay terminó su participación en el campeonato mundial de futbol en la primera ronda con la cola entre las piernas.

La defraudación es mayúscula porque nos habíamos hecho expectativas de avanzar a la siguiente ronda. El grupo en que estábamos era absolutamente abordable. Cabo Verde y Arabia Saudita sin mayor tradición futbolística no parecían ofrecer mayor resistencia. Los favoritos para continuar eran España y Uruguay.

La pregunta que se hace todo el mundo es ¿qué pasó? El tema tiene múltiples aristas, algunas de las cuales intentaré bosquejar aquí.

De partida, todo se ha tornado más competitivo. Nadie se puede dar por ganador antes de jugar. Si bien esto ha sido siempre así, hoy es así más que nunca. Las sorpresas andan a la orden del día. Y dentro de este ambiente de mayor competitividad por la entrada de nuevos actores, en especial del mundo africano, hemos ido quedando atrás.

Se estila que fuimos un desastre. No lo veo así. Así como empatamos dos partidos y perdimos uno, podíamos perfectamente haber ganado dos de los tres partidos. ¿Hubo mala suerte? Sí, y justamente uno de los desafíos es no dejar espacio al infortunio. El partido contra Arabia Saudita debimos haberlo ganado. El que hicimos contra Cabo Verde podíamos haberlo ganado, y contra España no nos vimos inferiores, pudimos empatar. Pero bien sabemos que el futbol es futbol y tiene sus imponderables que no podemos soslayar.

Teníamos plantel para más. No voy a entrar a juzgar si estaban quienes debían estar o no. No soy el indicado para valorarlo. Tampoco voy a dudar si mojaron o no la camiseta. Doy por sentado que lo hicieron, que cada jugador dio lo mejor de sí. No fuimos un desastre como pregonan no pocos con furia. Fuimos protagonistas, nadie nos pasó a llevar, así como nosotros tampoco logramos pasar a llevar a nadie.

Tengo la percepción que la suerte de Uruguay estaba sellada de antemano. El clima en los medios de comunicación y en las redes sociales no era de los mejores. Todo lo contrario, se tendía a la polarización, al extremismo, y pocos ponían paños fríos. Parecía que todos tiraban para abajo, como que se quería, o vaticinaba, que todo se derrumbaría. Una suerte de profecía autocumplida donde todos metían su cuchara.

Qué otro resultado podíamos esperar si nos pasábamos subiendo y bajando al entrenador y a los jugadores. Al entrenador se le atacó porque ganaba mucha guita, porque era argentino, porque no miraba a los ojos, porque filosofaba, porque se sentaba arriba de una heladera, porque no citó a Suárez, a Nandez, etc. Lo mismo respecto de los jugadores. Qué no se decía de ellos, de los citados y de los no citados. No es fácil sobrellevar un ambiente de este tipo. Finalmente mella el espíritu de cualquiera por más preparado que estés.

Al final el horno estaba para bollos, esto es, para que nos fuera bien  En mi opinión no estábamos como para campeonar, pero tampoco para irnos de buenas a primeras de vuelta a casa. No somos tan buenos, pero tampoco tan malos como estamos dando a entender enrabiados por no haber avanzado. Así como hay otros peores que nosotros, aceptemos que hay otros mejores.

El futbol de hoy es muy diferente al del siglo pasado. Antes jugábamos parados a punta de desbordes, de centros a la olla, de juego fuerte. Hoy el futbol es otra cosa, velocidad pura, físico, pases milimétricos, cálculo, donde los errores no se perdonan.

Lo importante es que saquemos las lecciones de lo ocurrido. En frío, no en caliente. Arriba el ánimo.

Hijo de tigre (parte 3 de 3)

Foto de Parsing Eye en Unsplash

Ya hemos hablado del padre y tío de Pablo José Izquierdo Menéndez, en tanto que ahora lo haremos respecto de su tatarabuelo José Menéndez Menéndez, empresario asturiano conocido como el rey de la Patagonia. Así se le llamó por controlar la industria de la lana de oveja en los confines sureños y ser el responsable del exterminio del pueblo ona (selknam).

Estamos frente a una familia de armas tomar que no se arredra ante nada, vinculado a acciones terroristas políticas (asesinato del general Schneider), a corruptelas en la tramitación de la ley de pesca, y a matanzas de indígenas. No cualquier familia tiene este “curriculum”.

Estamos ante una familia con peso tal que una de las calles de Punta Arenas lleva el nombre de José Menéndez Menéndez por decisión del innombrable en el año 1975. Decisión adoptada para conmemorar el centenario del arribo a dichos confines por parte del inmigrante asturiano.

Uno de los nietos de José incidió en esta decisión del innombrable: Enrique Campos Menéndez en su calidad de asesor cultural del innombrable. Ppor lo mismo no tardó en recibir el premio nacional de literatura en 1986. Por esas cosas de la vida, ese mismo año fue destinado a España como embajador de Chile, cargo que ocupó hasta 1990.

José Menéndez Menéndez, fruto de su trabajo de exterminio de indios, termina creando un imperio económico que se prolonga hasta nuestros días de la mano de sus descendientes. Meritocracia pura y dura que les permite hacer lo que quieren por los siglos de los siglos. Y cuando aparece alguien que quiere ponerles coto, no trepidan en asesinar a un comandante en jefe del Ejército ni a indígenas que osen interponerse en sus designios.

Sus tentáculos se extienden desde el mundo de la pesca hasta el mundo de las telecomunicaciones vía redes matrimoniales. No dan puntada sin hilo.

Por algo se quiso mantener en el anonimato a quien conducía a 264 km/h en una de las autopistas santiaguinas sembrando inseguridad cuando el país clama por seguridad. En toda esta telaraña familiar está no solo Pablo José Izquierdo Reyes, tataranieto del rey de la Patagonia, sino el mismísimo ministro de la seguridad, Martin Arrau, al estar casado con una prima de Pablo José.

Ahora, lo más probable es que se desplieguen todos los esfuerzos para encontrar a los responsables de haber identificado a quien corría a una velocidad superior a los 250 km/h violando la prohibición de hacerlo.

Este es el país en que vivimos, donde se asume que somos todos iguales, aunque pareciera que unos somos más iguales que otros.

junio 26, 2026

Hijo de tigre (parte 2 de 3)

Pablo José Izquierdo Reyes fue descubierto conduciendo su vehículo, un BMW, a 264 km por hora en una autopista de Santiago de Chile. Se le trató con cariño, el reservado para los elegidos, para los escogidos. No se le retuvo su licencia de conducir, ni se le envió a prisión, ni multa ni nada. Para rematarla, una jueza ordenó que se prohibiera informar de su identidad. A pesar de esta última orden, se supo quien es.

En mi columna anterior, en una excavación superficial, hice mención a que todo este trato especial, de guante blanco, se explica por la relación familiar de Pablo José con el ministro de seguridad, Martin Arrau: Pablo José es primo de la señora de Martin. Nada grave. Mal que mal, Martin no tiene la culpa, no tiene nada que ver, y así lo hizo saber cuando fue interrogado.

El punto es que el entorno familiar, quiérase o no, debe hacer juego, debe estar en sintonía, porque de lo contrario es inevitable que se explote cualquier anomalía. Está en la naturaleza humana. El contrapunto está dado porque Martin está a cargo de la seguridad del país, y resulta que en la trastienda familiar tiene a un personaje que siembra inseguridad en los caminos de Chile. No solo eso, sino que además se mueven misteriosos hilos destinados a que no se sepa quien era el que se desplazaba por una carretera a una velocidad más digna de un autódromo.

Si nos ponemos a excavar más profundamente en torno a los antecedentes familiares de Pablo José nos encontramos con una sorpresa no menor. Es hijo de Diego Izquierdo Menéndez. Se preguntarán ¿quién es Diego Izquierdo Menéndez? Es uno de los próceres, junto con su hermano Julio, que participó en la conspiración, atentado y secuestro con consecuencia de muerte del General René Schneider en 1970.

Diego y Julio, padre y tío de Pablo José, pertenecen a la casta que hizo todo lo humanamente posible para evitar que Allende fuera proclamado presidente. Recordemos que en esos años no había segunda vuelta, y si nadie ganaba por mayoría absoluta, el congreso nacional en pleno debía decidir entre las dos primeras mayorías, quién sería proclamado como presidente de la República. En la elección del 4 de septiembre de 1970, las candidaturas que ocuparon las dos primeras posiciones fueron Allende y Alessandri, quedando Tomic relegado a una tercera posición.

Para que el congreso nacional no proclamara presidente a Allende -a pesar que éste había obtenido la primera mayoría relativa-, un comando ultraderechista se propuso secuestrar al comandante en Jefe del Ejército de la época, René Schneider, para forzar una decisión del congreso pleno en favor de Alessandri. La resistencia del general Schneider, frustró el secuestro motivando su asesinato por parte del comando.

A pesar de haberse comprobado la participación en el atentado y muerte del general Schneider, ni Diego ni Julio fueron a parar a la cárcel. Al ver fracasado el secuestro se refugiaron en la parroquia de El Bosque, ya en esos tiempos en manos del padre Fernando Karadima, quien los acogió con especial ternura. Tras morir el general Schneider, los Izquierdo Menéndez abandonan el país “donde ya no podían vivir tranquilos”, y se refugian en Argentina esperando “tiempos mejores”.

Regresan a Chilito después del “pronunciamiento militar” del 11 de septiembre, siendo indultados por el innombrable. Impunidad total, la misma impunidad que parece gozar hoy Pablo José.

Estamos ante una familia, la de los Izquierdo Menéndez, que es una de tres familias Menéndez que dan que hablar y que juntos son dinamita pura. Las otras dos son Lecaros Menéndez y Menéndez Ross. Estas 3 familias conforman empresas que incursionan en los sectores forestal, naviero, agrícola, pesquero e inmobiliario. No sé si se me escapa algún otro sector. Lo concreto es que pintan mucho más que monos.

Son empresarios de raza, de esos que pueden hacer lo que se les antoja. Lo de manejar a exceso de velocidad no es más que un pelo de la cola. Y pobres de quienes se les interpongan en su camino. No son broma.

Me he alargado en demasía, por lo que quedo hasta acá. Me queda pendiente el historial que tienen en el ámbito pesquero y en la ley de pesca que tenemos, así como en el exterminio del pueblo selk’nam (u ona) en el territorio austral de Chile y Argentina.

junio 25, 2026

Hijo de tigre (parte 1 de 3)

Fuente: gemini

Pablo José Izquierdo Reyes tuvo la mala suerte de que un policía lo descubriera manejando a 264 km/hora por una autopista de Santiago. Y tuvo la suerte de que lo dejaran en libertad, no le retuvieran su licencia de conducir, y más encima, de que la jueza de turno prohibiera su identificación, lo que hacía presumir que Pablo José fuese un menor de edad. Pero no lo era: tiene 38 años.

El anonimato, la puesta en libertad y la no retención de su licencia de conducir, solo puede tener una explicación: tener santos en la corte que ni el policía ni la jueza se atrevieron a desafiar. En lenguaje más coloquial, Pablo José está bien apitutado, tiene pitutos al más alto nivel.

En una primera excavación superficial, se descubre que es primo de la esposa de Martin Arrau ministro de Seguridad del gobierno de José Antonio Kast (JAK), y por tanto responsable de la seguridad del país. Como no podía ser menos, interrogado sobre el tema Arrau se desmarca al afirmar que no tiene relación de amistad ni cercanía alguna con Pablo José.

Es posible que así sea, pero lo que no puede desmentir es que tiene una relación familiar dado que Pablo José es primo de su esposa. Que un pariente ande en malos pasos y afecte a seguridad del país por la vía de manejar a una velocidad imprudente poniendo en riesgo la seguridad de terceros, sí es algo que le compete.

Lo menos que se puede esperar de un zar de la seguridad es que su entorno familiar esté a la altura y no atente contra la seguridad pública. No solo eso, además, que no se haga uso de una relación familiar para impedir que el policía y la jueza cumplan con sus obligaciones. Eso es lo que finalmente ocurrió desde el minuto que lo enviaron para la casa y que se ordenara no saber quien era el personaje implicado.

Lo ocurrido me hace recordar a Carlos Larraín, quien fuera senador y presidente de Renovación Nacional (RN), uno de los primeros que en plena campaña presidencial desde ChileVamos le dio la espalda a Evelyn Matthei para respaldar a JAK. En efecto, su hijo menor, Martin, con el vehículo que conducía, atropelló, con consecuencia de muerte, a Hernán Canales. Martin, el hijo de su papá, se dio a la fuga sin prestar auxilio a la víctima. 

Todo esto ocurrió hace ya más de 10 años, en el marco de las celebraciones de fiestas patrias, camino a Curanipe, en la región del Maule. Luego de un proceso caracterizado por una autopsia falsa y con un acuerdo económico con la viuda de Hernán, Martin fue absuelto de todos los cargos que se le imputaban. Con plata se compran huevos, conciencias, votos. Y así estamos.

Pero no nos vayamos por las ramas. En una excavación más profunda, veamos qué hay tras Pablo José, de dónde proviene. Es hijo del empresario Diego Izquierdo Menéndez. Éste y su hermano Julio tienen su historial: participaron en la conspiración, atentado y secuestro con consecuencia de muerte, del General René Schneider. Pablo José es hijo de tigre, de los que creen que en este país pueden hacer lo que se es antoja. Que todo se compra. Que hay que extirpar el càncer marxista. Que el país está en los suelos por los zurdos, por los comunistas.

Quedo hasta acá, porque horadando más a fondo seguro que nos encontraremos con más antecedentes que nos ilustran “la chichita con que nos estamos curando”.