Dos hechos dan cuenta de que no
solo en la capital del Reino se cuecen habas, sino que también en regiones. Ambos,
en regiones donde he tenido el privilegio y gusto de vivir: en la región del Maule
y en la de Arica. Ambos hechos tienen una connotación ideológica claramente
identificable.
La suspensión es atribuida a una
orden directa de Pablo Amaro Valenzuela, Secretario Regional Ministerial (SEREMI)
de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de la Región del Maule.
¿Quién es Pablo? Es periodista chileno, cercano o militante de
la UDI, que prestó servicios a honorarios en la municipalidad de Villa Alegre durante
2024 para un Programa de la Juventud y otro de Gestión Comunicacional. En ese
año Contraloría instruyó un sumario administrativo para establecer eventuales
responsabilidades por pagos sin respaldos en el Programa para la Juventud, y
por informes genéricos en el Programa de Gestión Comunicacional. Hasta la fecha
se desconoce el resultado de este sumario. Además, Pablo ha sido concejal en la
comuna de San Clemente.
Con los antecedentes expuestos,
la
explicación dada por Pablo es todo un clásico y se enmarca dentro del esquema
de que todo lo que se ve no es como parece y donde por esas cosas de la vida no
se alcanzó a avisar con tiempo y que nada tiene que ver con lo que el autor denuncia
en el libro.
Desgraciadamente es imposible no asociar la suspensión a una
censura y una obstrucción a la libertad de expresión como se ha denunciado,
dado que quien hoy nos gobierna, José Antonio Kast (JAK), es un admirador
confeso del innombrable, al igual que el núcleo duro de quienes le apoyan, para quienes la libertad de expresión es una piedra en el zapato.
Mal que mal, en el libro se hace
alusión a las violaciones masivas a los DDHH, a la violencia estatal, a la memoria histórica, y a los crímenes que tuvieron lugar
en Colonia Dignidad en tiempos del innombrable. Actividades que se cotejan
con las que tuvieron lugar en los campos de concentración de la Alemania nazi en
particular, en Auschwitz. El libro destaca que tanto Colonia Dignidad como los campos de
concentración nazi eran espacios cerrados destinados a anular la condición
humana mediante la práctica de la represión, tortura y el trabajo forzado con
la complicidad del poder estatal y sus cómplices pasivos nacionales.
Por último, el libro invita a reflexionar en torno a
la necesidad de preservar la verdad frente al negacionismo y los intentos por
silenciar las atrocidades cometidas en un tiempo no tan remoto.
“Casualmente”, por estos días el gobierno
de JAK, por medio del Programa de DDHH, ha resuelto dejar de alegar en 20 casos
en los que era querellante en contra de exagentes de la dictadura, de un total
de 23. Esto implica dejar de perseguir a personas condenadas por violaciones a
los DDHH.
¿Será pura casualidad que ambas decisiones
-la de suspender la presentación del libro y la de dejar de alegar contra
violadores de DDHH-tengan alguna relación entre sí? Por la boca muere el pez.




