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| Foto de Heather Suggitt en Unsplash |
Un primo muy querido me envía por whatsapp un artículo de uno de los diarios de la cadena mercurial sobre niños haitianos a quienes se les habría perdido el rastro en Chile (leer). El envío lo hizo acompañado de un mensaje “tema para un artículo, el país se caía a pedazos...”, por lo que para no defraudarlo acá van algunas palabras en torno al caso.
Estamos hablando de niños, niñas y adolescentes
haitianos que llegaron al país en vuelos charter en el 2025 y años anteriores sin
que se sepa dónde están, ni con quién. El motivo por el cual ingresaron a Chile fue la “reunificación
familiar” abierto el gobierno de Boric para facilitar el reencuentro de los niños con al menos uno de sus padres, que ya residía en Chile.
Menores que habrían ingresado en grupos de la mano de adultos
“responsables” de ellos.
Todo esto saltó por los aires gracias a la Contraloría, de la
mano de la famosa Dorothy, la misma que destapó la olla de las licencias médicas.
Contraloría revisó una muestra de poco más de 100 casos sin localizar a los
niños en los domicilios declarados como sus residencias. Dado que,
entre el 2022 y 2025 se autorizaron sobre 15 mil “reunificaciones familiares”, que
incluían en su gran mayoría a menores de edad, se teme que la cifra de quienes
no se sabe dónde están, sea elevada.
En concreto, el problema se centra en que no se sabe dónde, y
en qué estado se encuentran estos niños, por lo que se teme la existencia de
un tráfico ilícito de migrantes/trata de personas.
Contraloría, con ojo de lince, perdón, de Dorothy, detectó
que no se verificaba la relación familiar entre adultos y menores que
exigía el motivo aducido, el de la reunificación familiar. En el 2024, en razón
de la crisis que se vivía en Haití, y que se extiende hasta la fecha, se “flexibilizó” el control migratorio
aceptándose certificados de nacimientos, y/o fotocopias, sin legalizar.
Se sospecha, y teme, que estamos ante un caso de redes de tráfico
y explotación de niños bajo la excusa de la reunificación familiar. Como en
tantos otros casos, y con mayor razón en éste, tenemos, como país, la obligación de desenmascarar
a los responsables utilizando todos los recursos que están a nuestra
disposición.
El gobierno de Kast, ni corto ni perezoso, luego de sus
primeros y turbulentos 100 días, se está aferrando de esta tragedia para darle
como bombo al gobierno precedente. Parece mentira, que una y otra vez, recurra
a lo mismo, olvidando que ya pasó la vieja, que su obligación es gobernar lo
que hay, no para andar llorando sobre la leche derramada. A esta altura del
partido, las quejas solo intentan zafar de las manifiestas incompetencias que están
quedando al desnudo desde el primer día.
Cualquiera persona con dos dedos de frente se da cuenta que
el gobierno está haciendo uso político de esta tragedia para llevar agua a su
molino. Esta actitud revela mezquindad por cuanto bien sabemos cuál es su
postura frente a los inmigrantes que no son como “ellos”. El paso de los días está demostrando que el gobierno ha sobrerreaccionado para tender una cortina de humo en torno a los problemas que le afligen. Vergonzoso.




