mayo 28, 2026

Un gobierno de destrucción nacional

Estamos bajo un gobierno que llegó con la bandera de que el país se estaba cayendo a pedazos, poniendo énfasis en la inseguridad imperante y el bajo crecimiento experimentado en los últimos años. Los republicanos, de la mano de libertarios y la “derechita cobarde” vendrían a salvarnos para sanearnos, proveernos seguridad y enderezar la economía nacional. Uno de sus personeros habló, al voleo, de la necesidad de extirpar a los parásitos. Otro, que el Estado estaba quebrado. Bajo el poncho traerían el programa que nos sacaría del marasmo, de la decadencia, y que no quisieron dar a conocer para evitar roces, resquemores.

Lo concreto, la verdad a la milanesa, es que no hay plan de seguridad, ni nada de nada. Tuvieron que pasar dos meses desde que asumieron para que reconocieran que no había plan de seguridad alguno, y que el único con que cuentan, es el de Boric.

Para que la economía crezca, mandan al congreso una ley miscelánea, donde caben sapos y culebras para hacer pasar gatos por liebres, pero cuya esencia es clara: hay que bajar los impuestos a los de arriba, asegurándoles que no les cambiarán las reglas de juego por más de dos décadas, para que puedan invertir a campo traviesa. Es la clásica receta: tratar con guantes de seda a quienes tienen capacidad para generar empleo. Es la política que el innombrable, en sus tiempos de gloria, calificó como “hay que cuidar a los ricos”.

Es lo obsesión por el empleo, de la boca para afuera, de quienes se encuentran en las alturas. Quiroz, ministro de hacienda, sostuvo que la mejor política pública es la del empleo, y que la mejor noticia que le puede dar a la clase media es que el país crezca, que el empleo crezca. Afirma que ahí está la madre del cordero, que la ley miscelánea apunta a eso. Cuando se buscó bajar la pelota al piso, y se le preguntó por la efectividad de los incentivos contenidos en la ley miscelánea, sostuvo muy suelto de cuerpo que no podía garantizar que se contratara más gente. O sea, estamos jugando al tuntún, al emboque, a la ruleta rusa. La ley miscelánea no asegura nada. Sólo se asegura que los impuestos a los de arriba bajarán, pero no se asegura que los ingresos de los de abajo subirán.

En el interín, para asegurar la aprobación de la ley miscelánea, también llamada de reconstrucción nacional, pero que llamaría derechamente de destrucción nacional, las huestes oficialistas están pirquineando votos por las más diversas vías, incluso dispuestos a sacrificar el IVA para los pañales. Abren una verdadera caja de Pandora para que el día de mañana hagamos lo mismo con los libros, el pan, la leche, la construcción. Y la evasión tendrá su agosto. Milton Friedmann debe estar agarrándose la cabeza allí donde esté.

Estamos frente a un gobierno en el que JAK posa de ingenuo, con cara de gringo bueno, de cristiano ejemplar, pero en la práctica, lo que estamos viendo es de un maquiavelismo brutal. Pruebas al canto:

1.      En campaña amenazó a los inmigrantes ilegales con su expulsión, iniciando un conteo de los días que les quedaban para irse desde el minuto que él asumiera la presidencia, la que inició ordenando la construcción de una zanja en el norte para detener la llegada de nuevos inmigrantes ilegales.

2.      Respalda a su ministro de vivienda, Iván Poduje, quien se las da de campeón para resolver el déficit habitacional, y no encuentra nada mejor que poner en jaque los humedales, afirmando que más vale resolver el problema de la vivienda que andar preocupándose de hábitats donde se concentran fauna y flora especializada.

3.      No tiene empacho en ofender al mundo universitario que demanda recursos públicos para desarrollar investigación, al señalar que muchos de sus proyectos terminan en lindos libros para las estanterías de las bibliotecas, pero que no generan empleo.

4.      Tiene la desvergüenza de organizar una cena privada en la casa de gobierno, invitando a sus excompañeros de leyes en la Pontificia Universidad Católica de Chile, mientras reclama por el paisito que le dejaron.

5.      Dime con quien andas y te diré quién eres: Trump, Milei, Bolsonaro, Bukele y Orban. A Milei fue a verlo a pocos días de haber ganado en la segunda vuelta. Este quinteto de “referentes” lo retrata de cuerpo entero. Si a esto agregamos su apoyo al innombrable, tenemos el cuadro aparentemente completo.

6.      Se golpea el pecho en favor de la vida a propósito de su postura frente al aborto, mientras estudia indultar a los militares que se encuentran purgando por crímenes de lesa humanidad, no por delitos comunes, sino por ser ejecutores del terrorismo de estado que sufrió el país en tiempos del innombrable.

La pregunta que no pocos me han hecho, es ¿cómo es posible que un personaje con estas características pudo haber ganado democráticamente las elecciones?  Buena pregunta, que nos obliga a reflexionar, y cuya respuesta amerita otra columna.

mayo 27, 2026

El rearme alemán

Foto de Pascal Bernardon en Unsplash

Por estos días estamos viendo, gracias a Trump, que Alemania está volviendo por sus fueros. Una suerte de resurrección del nazismo y de volver a armarse. Todo, como consecuencia de unos EEUU que en manos de Trump postula la necesidad de que la Unión Europea se las arregle por su cuenta, al mismo tiempo que alienta el resurgimiento de la ultraderecha. Para ello apoya a los regímenes nacionalistas, eufemísticamente llamados euroescépticos, que comulgan con su visión del mundo. Trump olvida que fueron los mismos EEUU quienes prohibieron el rearme de Alemania a fines de la década de los cuarente del siglo pasado.

Pocas dudas caben que busca horadar las bases de los países que conforman la UE, unidad política, económica y social que se alcanzó a fraguar a medio siglo del término de la segunda guerra mundial (2GM). La gran paradoja es que, al término de la 2GM, con una Alemania derrotada, dividida, con su economía por los suelos, para que no volviese a verse tentada por rearmarse, las potencias ganadoras -EEUU, URSS, Francia e Inglaterra-, los aliados, acordaron prohibir el rearme alemán, al igual que el rearme japonés.

Todo esto me recuerda el término de la primera guerra mundial (1GM) de 1914-18, las condiciones impuestas por las potencias vencedoras a través del tratado de Versalles a Alemania, también derrotada en esa oportunidad. Entre ellas, las de prohibir su rearme. Esta prohibición, junto con la ausencia de ayuda para recuperar la economía, fue generando un contexto político y social que posibilitó la emergencia de un populismo que se hizo carne en el nacionalsocialismo -nazismo en Alemania- bajo la figura de un personaje, Adolf Hitler, quien tuvo la paciencia para esperar su hora, no trepidando en violar las disposiciones que impedían el rearme alemán, impulsándolo bajo cuerda con la venia de las élites políticas alemanas de entonces.  

Para estos efectos, no dudó en explotar la realidad que se vivía enfocando el blanco a grupos específicos de quienes conformaban la sociedad alemana: los judíos, los comunistas, los gitanos, los homosexuales y otros grupos minoritarios. La experiencia nazi ya sabemos cómo terminó: con su hundimiento, dejando tras sí millones de muertos y familias destruidas. Como consecuencia de esta 2GM uno de los acuerdos, al igual que cuando finalizó la 1GM, se acordó prohibir el rearme alemán. Pero ahora esta prohibición fue complementada con un programa de ayuda para la recuperación no solo de Alemania, sino que, de Europa, el llamado plan Marshall, concebido a partir de la experiencia vivida después de la 1GM.

Este plan fue una iniciativa de EEUU con dos objetivos explícitos y uno implícito. Los explícitos fueron contribuir a reconstruir una Europa que estaba en escombros, y detener la expansión del comunismo de la URSS. El implícito, fue evitar que Alemania volviese a tentarse a rearmarse.

El resultado de este plan, en Alemania, de la mano de Ludwig Erhard, entonces ministro de finanzas del gobierno encabezado por Konrad Adenauer, junto con la laboriosidad y disciplina del pueblo alemán, dieron forma a lo que suele llamarse como el milagro económico alemán. La prohibición de destinar recursos al rearme militar terminó siendo una ventaja para Alemania, porque la forzó a concentrar sus recursos económicos y capacidades humanas en su recuperación para convertirse en la potencia industrial que es actualmente.

Por eso, no se entiende la presión de Trump para que la UE aumente su presupuesto militar, que inevitablemente deberá provenir de una disminución de recursos que se destinan a otros sectores. Lo más probable es que con la mirada puesta en los negocios, Trump esté pensando en que el mayor gasto militar de los países de la UE esté destinado a la compra de armamentos estadounidenses. En el minuto actual, como están las cosas, Trump le está dando alas al extremismo. Dijo que, con él en el gobierno, al otro día terminarían las guerras. No está haciendo otra cosa que, todo lo contrario. Pero esto ya es tema para otra columna.

mayo 26, 2026

Uruguay adportas del mundial 2026








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Desgraciadamente, no veo a Uruguay llegando al mundial con la fe del carbonero. Soy un uruguayo que vive fuera de Uruguay hace decenas de años, más de 6 décadas. Me fui en el 62 y solo he vuelto esporádicamente. Me fui, pero Uruguay no se fue de mí. No soy exiliado político ni económico, tan solo una tragedia familiar, hizo que me fuera sin querer irme. Mi infancia está allá. Allá están mis calles, mis playas, mis parques, mis árboles, mis amigos, mis lágrimas, mis alegrías. Soy de los tiempos de jugar con una pelota de trapo en la calle, con arcos hechos a punta de piedras.

Soy de los tiempos en que Peñarol y Nacional dominaban la escena futbolística, de los tiempos de Gonzalvez -capitán de capitanes-, de Spencer -cabeza mágica-, Joya -negro el 11- y Rocha -el verdugo- en Peñarol, y de Emilio “Cococho” Álvarez, de Walter Taibo en el arco, de Troche, de Douksas, de Domingo Perez, del negro Escalada en Nacional. Cada temporada, la disputa para alcanzar la punta era monopolizada por Peñarol o Nacional, porque los demás no les hacían sombra, eran todos equipos chicos, cuya hazaña se centraba en empatarles o ganarles a alguno de los grandes. Hoy la disputa parece haberse “democratizado”, los grandes ya no son tan grandes ni los chicos tan chicos.

Entonces éramos atractivos, contratábamos a estrellas foráneas en sus mejores tiempos -Spencer, Joya, Artime, Onega, entre otros-; hoy, nuestras estrellas se van buscando mejores horizontes. No sé qué cambió, pero lo concreto es que se dio vuelta la tortilla. Antes importábamos buenos jugadores, ahora los exportamos. Vuelven, en el mejor de los casos cuando están en su ocaso, para volver al terruño, al paisito, porque como Uruguay no hay.

Uruguay, en la primera mitad del siglo pasado dictaba cátedra en materia futbolística. Nos parábamos en la cancha de igual a igual. No sé en qué minuto nos venimos abajo ni porqué. Quizás vino de la mano de crisis políticas y/o económicas. Lo concreto es que dejamos de roncar, pero así y todo, seguimos inspirando respeto.  Ningún rival puede mirarnos por encima, ni pisarnos los callos, porque en cualquier minuto nos sale la garra, el pundonor, el alma y corazón uruguayo que tenemos quienes hemos tenido el privilegio de nacer allí sin pedirle permiso a nadie.

Todo esto a propósito del mundial que se nos viene encima, y los nominados, los seleccionados para ponerse la celeste, esa celeste que nos energiza, que nos multiplica, que explica lo inexplicable. 

Y bueno, bastó que saliera la nómina para que los millones de técnicos que nos creemos, nos pusiéramos a subir y bajar al técnico, que para que puso a este que no juega a nada, o a este que ya no corre; o porqué no puso a este otro que está jugando bárbaro, o que es capaz de dar vuelta un partido de un minuto a otro, o que provee experiencia y sagacidad. Y así vamos poniendo palos a la carreta.

El proceso eliminatorio no fue de los mejores, lo que temo incida en el mundial propiamente tal. La dirigencia escogió como director técnico a Bielsa, quien, desgraciadamente, desde que fue contratado generó controversia. Es todo un personaje, obsesivo a más no poder, pero que a poco de llegar no faltaron quienes empezaron a tirarle piedras: que nunca ha ganado nada, y para remate, que no es uruguayo. No fue la mejor bienvenida que se le podía dar.

En sus primeros partidos eliminatorios el plantel que dirigió consiguió una hazaña difícil de igualar: le ganó tanto a Argentina, campeón del mundo, y a Brasil por dos goles a cero en el estadio Centenario. De ahí para adelante se empezó a trastabillar. Las dudas, el acoso periodístico, las patadas en las canillas, la desconfianza en el trabajo del técnico, empezaron a mellar, lo que no alcanzó a dejarnos fuera de clasificación. Con todo, clasificamos, y bien, con un buen plantel. Si bien no tenemos figuras para tirar por la ventana, sí tenemos un bien número considerando el paisito que somos. Un plantel a respetar, que ningún país puede mirar por sobre el hombro por el simple hecho de que no cualquiera viste la celeste.

Nuestra chance está para llegar lo más arriba posible. Para el mundial del 50, nadie daba un peso por nosotros, y mira a dónde llegamos. Lo que tenemos que tener claro, meridianamente, es que Uruguay está para cualquier cosa, pero para ello, es imprescindible que dejemos a un lado el chaqueteo, el pesimismo.

La filosofía, la psicología también juega en esto. Los jugadores uruguayos no son de palo, tienen alma y espíritu. El pesimismo es contagioso, al igual que el optimismo. Si queremos ganar, hay que ser optimista, respaldar con todo al cuerpo técnico y al plantel nominado. Aunque el loco Bielsa sea argentino, aunque sea hosco, antipático, o lo que sea, aunque no estén los jugadores que quisiéramos. Están los que están. ¡Vamos Uruguay, arriba Uruguay porque como Uruguay no hay!

mayo 24, 2026

La docencia universitaria degradada

Le pedí a IA que me hiciera una ilustración de muchas de las actuales universidades, como instituciones que están tendiendo a ver a los alumnos como clientes, antes que como ciudadanos, con capacidad de pensamiento crítico, de ver bajo el agua. El resultado es la ilustración que encabeza estas líneas.

En esta ocasión me centraré en la docencia universitaria. Ya tendré ocasión de hacerlo en torno a la investigación universitaria, así como de la vinculación con el medio.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ha sostenido, sin pelos en la lengua, que la universidad actual se ha convertido en una fábrica de producción y rendimiento. Y pone sobre la mesa los nombres de quienes fueron profesores universitarios hace 250 años. Y los compara con quienes lo son en la actualidad. En esos años estaban los genios. Hoy los genios pareciera que no están en las universidades. Lo mismo podríamos afirmar respecto de quienes están a la cabeza de las universidades. El grueso de los rectores pareciera que no les llegan ni a los talones de los rectores de antaño. Basta escucharlos para percatarse de la penetración alcanzada por la ideología neoliberal e iliberal y la consecuente banalización del ser universitario.

En la actualidad, las universidades, se hallan subsumidas en un ramplón neoliberalismo, en el que han caído también no pocas universidades públicas, las que en la práctica han dejado de ser tales. La máxima que parece inspirarlas es la misma que ilumina a las empresas productoras privadas, donde lo que importan son los resultados, los desempeños y la eficiencia. En este contexto no hay espacio para el pensamiento profundo, crítico, y sí abre espacio para la trampa, la corrupción, el engaño. Y no pocos rectores se han prestado para estos efectos, siguiendo al pie de la letra el racional neoliberal.

En efecto, la educación ha pasado a ser una mercancía más, que se compra-vende en el mercado al mejor postor donde se entra como alumno a una suerte de cañería -pipeline-, que es la universidad a la que ingresa, y se sale como profesional, con título en mano. Se asemeja a quien entra a un quirófano para hacerse una operación estética, donde se entra feo y se sale lindo, o supuestamente lindo. Claro que no pocas veces se sale convertido en un desastre, como mamarracho, e incluso aparentemente lindo. En el caso educativo, el título con que se egrese, puede valer callampa, como no pocos ilustres profesionales pueden estar comprobando.

El valor del título vendrá dado por el proceso educativo que tuvo lugar en la universidad. Y no es ningún misterio que este proceso, tal como se está llevando a cabo, está siendo fuertemente cuestionado desde el minuto que los alumnos son vistos como clientes o consumidores que compran un servicio, el educativo. Y los profesores deben tratarlos como tales, bajo la lógica de que “el cliente siempre tiene la razón”. Mal que mal están pagando por un servicio. Si bien no se explicita así, es lo que se subentiende, está implícito cada vez que hay alguna dificultad.

De ahí a una inflación de notas, de calificaciones, no hay un abismo, ni un paso siquiera, todo lo contrario, es lo que ya tenemos en todos los niveles educativos, no solo el terciario ¿Para qué hacernos problemas? ¿Para qué convertirnos en conflictivos? Y así vamos arando. El consumidor estudiante que entra a este proceso educativo sale como consumidor profesional, como un ciudadano pasivo, cuando lo que se supone es que una universidad forma personas con pensamiento crítico, profundo, agudo. No veo a la universidad formando para aprender a pensar. Quizás esto explique los tiempos de estamos viviendo, de nihilismo, de radicalismos, de mentiras que somos incapaces de detectar.

Todo esto se ve rematado por tratarse la docencia universitaria como la pariente pobre al lado de la investigación y su irrelevancia a la hora de la jerarquización académica.

El proceso de docencia universitaria no puede limitarse a la generación de competencias destinadas a satisfacer un mercado laboral crecientemente dinámico. Cada vez adquieren más y más relevancia las competencias ciudadanas, las de saber ser y estar en medio de tiempos en los que el piso se mueve sin parar. Los tiempos de certezas ya se fueron, y estamos entrando en tiempos de incertidumbre. La inteligencia artificial no está más que acelerando este proceso.

En concreto, sin darnos cuenta, visualizo una universidad, que en lenguaje de Byung-Chul Han, “ha sido colonizada por el mercado, convirtiendo el saber en información empaquetada, al profesor en un proveedor de servicios y al estudiante en un auto-explotado que busca acumular capital humano para cotizarse mejor en el sistema”.

Para saber más sobre el pensamiento de Byung-Chul Han en torno a la universidad actual sugiero leer sus libros La sociedad del cansancio (2010), La agonía del Eros (2012), Psicopolítica (2014) y Vida contemplativa (2022).