José Antonio Kast (JAK) ya ha designado
a la totalidad de sus ministros. Si bien falta la nominación de quienes lo
acompañarán en una segunda línea (subsecretarías, delegaciones, etc.), la
conformación de su gabinete ya permite esbozar las primeras impresiones que nos
genera.
Para estos efectos, con miras a
ordenarme mentalmente, he elaborado una tabla a 3 columnas: la primera titulada
Ministerio que contiene el nombre de(l) (la) ministro(a), su profesión y edad;
la segunda, las fortalezas que tendría el(la) ministro(a) en referencia; y la
tercera, sus debilidades. Para identificar las fortalezas me remití al
documento generado por la misma OPE (Oficina del Presidente Electo), en tanto que para las debilidades, me
remití a aquellas que me han parecido relevantes y que han aparecido en los más
diversos medios de comunicación. Esta tabla va al final de estas líneas.
Desde los más próximos allegados a
JAK, se trataría de un gabinete para un gobierno de emergencia conformado para
enfrentar una emergencia nacional caracterizada por una crisis de seguridad,
una crisis económica y una crisis social. Para ello desde la OPE se afirma que JAK ha optado por un equipo que combina
experiencia, capacidad técnica, conocimiento del Estado y vínculo real con el
mundo del trabajo y las regiones.
Afirmar que estamos ante una
emergencia nacional es consistente con la expresión de que estamos en un país
que se cae a pedazos, pero que no tiene sustento en la realidad. Cualquiera que
mire la historia nacional, así como lo que está ocurriendo en el mundo, si
tiene al menos dos dedos de frente, se da cuenta que se trata de un slogan
vacío, de una falsedad evidente. El concepto de emergencia que ha instalado JAK
y su equipo, no tiene otro afán que el de justificar la adopción de medidas, de
un tinte no democrático, ámbito en la que parecen sentirse más cómodos. No hay
ningún indicador que respalde la instalación y vigencia de un gobierno de emergencia.
A poco andar el equipo
comunicacional de JAK seguramente transmitirá el milagro de recuperación que
experimentará el país al salir de la catástrofe en que se encontraría y hallarán
la fórmula para empezar a hablar del “milagro chileno”, como lo hicieron en
tiempos del innombrable.
El gobierno que se va el próximo
11 de marzo deja un país andando, sin crisis económica alguna, que ha respetado
escrupulosamente la institucionalidad vigente. Si hay crisis social es la que recibió, amortiguada con las políticas que alcanzaron a aprobadas bajo un
parlamento hostil; si hay crisis de seguridad no hay que olvidar que acá
confluyen elementos externos e internos: los externos vienen dados por el
narcotráfico a partir de carteles foráneos que están afectando a todo el mundo;
y los internos vienen dados por la incapacidad de los sectores más
conservadores para abordar el conflicto chileno-mapuche en todas sus
dimensiones. Desgraciadamente, los intentos de abordaje desde el primer minuto por
parte del gobierno de Boric fracasaron.
Pero no nos vayamos por las
ramas, y vamos al grano, al análisis del gabinete.
1.
Hay un claro
predominio de ministros sin afiliación partidaria, aparentemente independientes,
pero bien sabemos que de independientes poco tienen dado que, si bien no
responden a partidos, responden a corporaciones, o a fundaciones, o a agendas/intereses
personales. No nos engañemos. No me fío de los independientes en política.
2.
De entre los ministros
con afiliación partidaria, llama la atención que 4 de ellos (Ximena Rincón,
Jaime Campos, Francisco Undurraga y Judith Marín) sean de partidos en
disolución. Dos de ellos, Ximena y Campos, se han cambiado de acera, dado que fueron
ministros en tiempos de la Concertación.
3.
Con excepción del
partido republicano que tiene 3 ministros (Martin Arrau, María Jesús Wulf y
Natalia Ducó), los otros partidos que sustentan al gobierno solo tienen un
ministro de sus filas (Claudio Alvarado, UDI; José García, RN; y Judith Marín,
PSC). También llama la atención que el partido nacional libertario (PNL) no
esté incluido por decisión propia.
4.
Todos sabemos que
quienes no tienen un partido sólido atrás que los respalde, asumen “colgando de
una brocha”, o “yogures con fecha de vencimiento” como señaló recientemente
Pablo Longueira. Sirven a modo de fusibles ante cualquier crisis. Son los
primeros en pagar los platos rotos. A modo de ejemplo, basta recordar unos
pocos episodios pasados, como el de Jaime Ravinet en tiempos de Piñera o de
Iskia Siches a comienzos de este gobierno.
5.
Ninguno de los
ministros designados tiene mayor tonelaje político. Quienes más experiencia
política tienen, Alvarado y García Ruminot, si bien se les reconoce capacidad
negociadora, hasta ahora nunca han estado en la primera línea política. Si bien
esto parece dar más libertad de acción a JAK, se corre un alto riesgo que quede
a merced de los poderes fácticos.
6.
Los poderes fácticos
que actúan en las sombras, identificados por las grandes organizaciones empresariales
y los mayores medios de comunicación se encuentran representados en varios de
los ministros designados (Daniel Más, Jorge Quiroz, Martín Arrau, Francisco Pérez
Mackenna).
7.
La resurrección del
pinochetismo está dada por la designación de dos abogados, Fernando Barros y
Tomás Rabat. El primero, como defensor del innombrable cuando estuvo detenido
en Londres; y el segundo, también como defensor del innombrable ante las acusaciones
por robo de recursos públicos. Que Barros asuma la cartera de defensa a la que
deben subordinarse las FFAA, y Rabat asuma la cartera de “Justicia y DDHH” da
cuenta de una realidad política inimaginable años atrás.
8.
La aspiración de
proyectar consistencia, seriedad y planificación por parte de la OPE choca con
una realidad marcada por designaciones de última hora que denotan improvisación.
Es el caso del ministro de minería designado, que en su entusiasmo se anticipó
al anuncio público, cavando su propia tumba; también es el caso de la ministra
del deporte, Natalia Ducó, quien fue designada una vez que se supo que Francisca
Crovetto había rechazado la oferta; por último, también están los casos de los
ministros de seguridad (María Trinidad Steinert) y de defensa (Fernando Barros).
Desconozco otros casos.
9.
La futura ministra de
deportes (Natalia Ducó) parte con el pie izquierdo desde el momento en que ha
sido condenada por dopaje. Si de señales se trata, estamos ante una pésima
señal. No se trata de condenar de por vida a una persona por un delito, sino
que de poner al frente de un ministerio a alguien que, si ha campeonado, ha
ganado medallas, lo haya hecho en buena lid, sin recurrir al dopaje.
10. Jorge Quiroz,
el zar de Hacienda, tiene un pasado ligado a los intereses empresariales como
lo prueban sus informes en defensa de empresas (farmacias y pollos) que se han
coludido en perjuicio de los consumidores. Con este antecedente no se puede
firmar que sea un promercado, sino un prointereses de grandes empresarios. Que él
esté a cargo de las finanzas del país no deja de inquietar.
11. Jaime Campos,
abogado radical, ha sido ministro de varios gobiernos
concertacionistas, y como tal no ha estado exento de polémicas. Una de ellas
fue cuando no acató la solicitud de la presidenta de entonces, Michelle
Bachelet, de cierre del penal en Punta Peuco; y la otra tiene que ver con una
crisis en gendarmería, cuando expresó que “las bolas del director de Gendarmería
están puestas las 24 horas en mi mesa”.
12. A Judith Marín,
del PSC, ser evangélica o activista religiosa, no la inhabilita como ministra
de la cartera de la Mujer, tal como no inhabilita a nadie por ser atea,
cristiana, agnóstica. Lo que la inhabilitaría es si en el ejercicio de sus funciones
no cumple ni hace cumplir las leyes. Ella está obligada a acatar las leyes
vigentes. Si no le gustan, debe proponer cambios y tales cambios deben seguir
el itinerario que la institucionalidad ha fijado. No puede correr con colores
propios, tal como no lo pudo hacer ninguna de las mujeres que han ocupado el
cargo. Esto es válido para ella y para cualquier otra persona, cualquiera sea
el cargo que ocupe. No procede cancelación alguna.
13. En el Ministerio de las Ciencias la escogida fue
Ximena Lincolao, quien hace años reside en el exterior, en EEUU, no tiene experiencia
política ni mayores vínculos con científicos nacionales, y su carrera ha sido en
el ámbito del emprendimiento tecnológico antes que en la investigación
científica.
Espero que no se me haya escapado
nada. Resumiendo, estamos ante un gabinete que podríamos asimilar a un equipo
de futbol que subirá a la cancha jugando a la ofensiva y con talante
marcadamente conservador, con una mayoría de jugadores aficionados, los
independientes, y unos pocos profesionales, que no han destacado
mayormente (los militantes de partidos). Todo apunta a un estilo de juego
que intentará imponer sus términos, para lo cual no dudará en recurrir al juego
fuerte, brusco.
Su rendimiento dependerá del comportamiento que tenga en los minutos iniciales del partido y del equipo que se le ponga al frente. Preveo que el equipo que
está ingresando al gobierno es altamente vulnerable y que a poco andar deberá
hacer cambios de relevancia. Esta vulnerabilidad será tanto mayor o menor
dependiendo de las características que asuma la oposición.
Saldrá a la cancha un equipo de
gobierno que antes que responder a sus hinchas (quienes le votaron), deberá
responder a sus dueños, a los intereses que están tras ellos y que financiaron
su ascenso.
Si bien falta definir la segunda
línea de gobierno (subsecretarios, delegados presidenciales, seremías regionales,
etc.), donde probablemente tengan mayor protagonismo los partidos políticos, el
sello de lo que viene ya está dado: asegurar el orden público, criminalizar la
protesta, imponer su agenda conservadora en los planos valórico y económico.