junio 23, 2026

Tiempos de colonización (*)

Llegué a Arica contratado por la Universidad del Norte (ahora Universidad Católica del Norte) en agosto de 1974, luego de casi un año buscando trabajo. A raíz del golpe del 73, la unidad donde trabajaba en el Banco Central de Santiago, la Secretaría de Relaciones Económicas Externas (SEREX) fue suprimida el mismísimo 11 de septiembre. Justo ese día celebraba mi segundo aniversario de matrimonio. Había egresado como Ingeniero Civil Industrial de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile. Enviaba mi currículo a distintas empresas que ofrecían puestos de trabajo en los medios de comunicación, sin obtener respuesta alguna. Convencido de que me encontraba en una lista negra, empecé a sentir el síndrome del perseguido. Eran tiempos bravos.

Con el propósito de “extirpar el cáncer marxista”, en las universidades los rectores designados por el gobierno militar se encontraban exonerando profesores, ya sea por tener un sello marxista o izquierdista, y/o estar adscritos a unidades académicas que se estaban eliminando por calificarse como innecesarias o conflictivas. De allí que, lentamente, cada vez más universidades estaban empezando a efectuar llamados a concurso para plazas docentes que habían quedado vacantes, las que debían llenarse para restablecer la docencia a las distintas carreras. Todo esto, dentro del marco de recuperación de la actividad académica, particularmente la docente.

Es así como empiezo a postular a tales concursos, aprovechando una experiencia docente como ayudante desde mi segundo año de ingeniería, y como profesor auxiliar en mis últimos años en la Universidad de Chile. Uno de esos llamados provenía de la Sede Arica de la Universidad del Norte. Allí se requería un profesor de Estadísticas, asignatura que estaba impartiendo en Santiago, en la Universidad de Chile como profesor auxiliar.

Soy entrevistado en Santiago, en una de las oficinas de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile por quienes eran el director académico, Enrique Correa, y el profesor del Departamento de Matemáticas y Física (DMF), Mario Alvarado, en representación del director, que en la época era el profesor Freddy Veas. Sorteo con éxito ambas entrevistas.

Así fue como llegué al DMF para impartir los cursos de estadísticas que solicitaban departamentos que tenían carreras a su cargo. En esos tiempos no existían facultades ni escuelas, tan solo departamentos. El DMF estaba conformado, entre otros, por su director Freddy Veas, Mario Alvarado, Washington Mansilla, Gonzalo Masjuan, Eward Trigo, Víctor Sánchez, Jaime Rodríguez, Yanko Ossandón, Benjamín Cordero, Miguel Schönfeldt, Verónica Rey Más, Fresia Zúñiga, Edmundo Lazo y David Lazo.

Poco tiempo después de mi arribo, se resuelve disolver el DMF, distribuyéndose las asignaturas que impartía entre los departamentos que estaban a cargo de las carreras que requerían tales servicios docentes. Me destinan, junto con Yanko Ossandón y Miguel Schönfeldt, al Departamento de Administración y Economía (DAE), donde me encuentro con Ángel Awad, su director, Raúl Díaz, Amparo Núñez, Jaime Díaz, Ángel Henríquez, Pablo Jiménez, René Labraña y Carlos Valencia, entre otros.

En esos tiempos el Vicerrector de la Sede Arica de la Universidad del Norte era Sergio Giaconi, uno de los fundadores de la carrera de Ingeniería Comercial. Poco después arriba Christian Ghymers, economista belga, en el marco de las relaciones existentes entre la Universidad del Norte y la Universidad de Lovaina.

En 1976, con motivo de denuncias de atropellos a los DDHH desde sectores vinculados a la Democracia Cristiana y la Iglesia Católica, el Cardenal Raúl Silva Henríquez resuelve crear la Vicaría de la Solidaridad como instancia de protección y apoyo a quienes estaban siendo afectados. El régimen imperante reacciona, generándose una crisis política que se expresa en la marginación de quienes eran militantes o adherentes demócrata cristianos. Estos, si bien en un inicio habían respaldado al régimen, posteriormente, con motivo de las actuaciones y consecuencias de organismos secretos (DINA) dependientes del gobierno, fueron adoptando posturas crecientemente críticas. Su impacto en la Universidad del Norte se expresa en la destitución del Vicerrector en la Sede Arica, Sergio Giaconi, y en el de los académicos del DAE, Ángel Awad, René Labraña y Carlos Valencia. No eran menores las consecuencias que en el seno de la universidad estaban generando los despidos y las difíciles circunstancias sociales y económicas que estaban viviendo las familias de los estudiantes.

Dentro de las personas más recordadas y queridas en Arica se encuentra el sacerdote jesuita Juan Valdés, quien bautizó a mis dos hijos. Juan Valdés estuvo a cargo de la pastoral universitaria en la década de los 70, en una Universidad del Norte intervenida y con un rector designado. Le tocó vivir un tiempo de gran efervescencia política y una compleja realidad socioeconómica que enfrentó con resistencia ética y acompañamiento crítico, priorizando la defensa de los DDHH y la libertad académica. Un período en el que procuró, con santa paciencia y llevando la palabra de Cristo, amortiguar conflictos, dar consuelo y esperanza entre estudiantes, administrativos y académicos. Amparó y medió siguiendo a Cristo. Dejó un recuerdo que perdura hasta la actualidad, al contribuir a una formación espiritual contextualizada a la realidad que se vivía en la comunidad universitaria. Aportó humanidad allí donde reinaba inhumanidad, expresó cercanía donde imperaba lejanía, dio la cara cuando no se daba, escucha a quienes no eran escuchados, dedicación a quienes no eran atendidos, procurando en todo momento una formación de personas comprometidas socialmente.

Se le atribuye la expresión de que “no sirve de nada un título si no hay un corazón que lata por el prófugo y el pobre”. Pedía a los estudiantes no olvidar la misión que se les ha dado, invitándoles a que “no se dejen seducir por el título, sino por el servicio”. Son muchos los estudiantes que lo recuerdan con cariño. Promovió jornadas, retiros, trabajos voluntarios, misiones en apoyo a necesidades materiales y espirituales en distintos barrios de Arica y de Azapa y Lluta. Apoyándose en las encíclicas sociales de la Iglesia, su presencia fue refugio y espacio de diálogo y deliberación en tiempos en que estaban fuertemente cercenados.

Fueron tiempos en los que el mundo cristiano empezó a levantar la voz ante las desapariciones, torturas, asesinatos y exilios que se estaban dando a conocer públicamente. Desde la Casa Central de la Universidad del Norte en Antofagasta, es impuesto un nuevo Vicerrector, Félix Viveros, dentista, reservista del Ejército, quien en no pocas ocasiones llegaba a la universidad en uniforme de combate. El DAE es renovado con savia nueva de sus propias entrañas, que complementan a quienes ya estaban. Allí están Juan Iglesias, Alda Acevedo, Norman Reyes, Julio Gaete, Benedicto Colina, Jorge Pérez Barbeito, Héctor Cáceres y Alexis Gutiérrez. Por sugerencia de este último, se inicia un proceso de capacitación MBA en el extranjero por parte de algunos académicos.

En reemplazo de Ángel Awad llega un nuevo director, Pedro Arriagada, economista traído desde las alturas de Santiago. Dura poco. Eran tiempos en que las universidades eran distribuidas entre militares, marinos, aviadores y cómplices civiles. La Universidad del Norte había sido asignada a los marinos.

Junto con Yanko Ossandón, en el DAE empezamos a hacernos cargo de los primeros cursos de computación, sin tener computadores. Eran los tiempos de las tarjetas perforadas, las de la Polla Gol, de los mazos de tarjetas que partían al Centro de Computación que la Universidad del Norte tenía en Antofagasta (CECUN), en tiempos cuyo director era Gerardo Vergara. Allá tenían un equipo IBM 1130, en una gran sala especialmente acondicionada para estos efectos. Los primeros cursos de lenguaje de programación eran en FORTRAN, para posteriormente complementarlos con COBOL.

En un semestre a duras penas se alcanzaba a procesar un programa computacional. Partían las hojas de codificación de los alumnos y en CECUN sus secretarias se encargaban de traspasar su contenido a tarjetas de codificación, mediante máquinas perforadoras de tarjetas. Por cada programa escrito en las hojas de codificación se trasladaba a un mazo de tarjetas perforadas, el que era ingresado a una unidad lectora de tarjetas para su compilación y eventual ejecución, si el programa estaba “bien” compilado. Es así como regresaban a Arica los mazos de tarjetas con los programas “compilados”.  Todo esto tomaba semanas, y siempre llegaban con errores, ya sea de perforación, de interpretación, de compilación o de ejecución. Toda una odisea de la cual son testigos los alumnos de entonces. Y los errores había que buscarlos, identificarlos y corregirlos.

Así, los programas iban a Antofagasta y regresaban a Arica a paso de tortuga. Es así como con Yanko en más de una oportunidad viajamos a Antofagasta para acelerar este proceso. Eran tiempos de viajes por tierra, los fines de semana, sin presupuesto, sin viáticos. Tiempos de colonización computacional. Para el fin de cada semestre, para aprobar, exigíamos que los alumnos tuviesen sus respectivos programas ya ejecutados correctamente. Se acercaba el término del semestre y los programas seguían arrojando errores, no entregando los resultados esperados en base a los datos de entrada que se tenían.

Es así como en más de una oportunidad, con los cursos completos, de las carreras que estaban bajo la responsabilidad del DAE (Ingeniería Comercial y Contaduría), organizábamos viajes a Antofagasta, para allá, “in situ”, corregir los errores detectados y así avanzar más rápidamente. Alojábamos en escuelas, durmiendo en sacos de dormir, en el suelo. Ya no recuerdo cómo ni dónde nos alimentábamos. Éramos jóvenes, sentíamos que teníamos toda una vida por delante. Viajábamos toda una noche, procesábamos y corregíamos los programas en el día, dormíamos, y al otro día seguíamos en eso. Luego, regresábamos a Arica, también por tierra, con los programas ya compilados y ejecutados correctamente, con la íntima satisfacción del deber cumplido. Tiempos heroicos, sin pandemia, cuando no existían bonos, ni ayudas de ningún tipo. ¡¡Todo por Cristo Nuestro Señor!!

Tiempos inolvidables, forjados a punta del esfuerzo de alumnas y alumnos a quienes con honda satisfacción veo y sigo sus pasos a la distancia. Mujeres y hombres de bien, profesionales a carta cabal. A los próceres de entonces los recuerdo nítidamente, no así sus nombres. Aun a costa de ser injusto, nombraré a quienes sí recuerdo de esos años dorados: Marcelino Garay, Yamil Jorrat, Edmundo Urra, René Solar, Juan Carlos Gandolfo, Leyla Farah, Aulis Tornero, Teresa Fernández, Marisol Correa, Teresa Fernández, Gonzalo Muñoz, Mauricio Néspolo, Santiago Arata, Ernesto Cellino y Julio Burich.

A pesar de los esfuerzos por independizarnos del CECUN en Antofagasta, para tener un equipamiento computacional propio en Arica, la gran conquista alcanzada a fines de los años 70 no fue otra cosa que la compra de una máquina perforadora de tarjetas, la que nos permitía perforar localmente los mazos de tarjetas, que posteriormente remitíamos a Antofagasta para su procesamiento en CECUN. Esto ayudó a acelerar los procesos. Es así como se logró que, en los semestres sucesivos, en vez de alcanzar a procesar un programa computacional cada semestre, pudiésemos ejecutar dos programas por alumno en un semestre. Para estos efectos, se crea el Área de Computación, que nace de las entrañas del DAE, pero que a poco andar pasó a depender directamente de la Vicerrectoría de Sede, en esos años en manos de Félix Viveros. Pero Arica seguía sin tener computadores. Ni la universidad, ni la municipalidad, ni en las empresas privadas tenían computadores. No existían en Arica.

Así y todo, disponer de una máquina perforadora de tarjetas constituyó todo un hito, dado que pudimos dejar de enviar los programas computacionales escritos en hojas de codificación. Ahora, los traspasos de los programas, desde las hojas de codificación a tarjetas perforadas podían ser realizados en Arica, aliviando la carga de trabajo en Antofagasta y aumentando el número de veces que un mismo programa podía compilarse hasta que saliera sin errores para su ejecución. Esa fue la “independencia” alcanzada.

No olvidemos que eran tiempos de procesamiento en modalidad por lotes, tiempos en los que no se vislumbraba el procesamiento en línea. Es así como todas las semanas remitíamos cajas con mazos de tarjetas, cada uno debidamente individualizado, que al cabo de una semana retornaban bien o mal compilados y ejecutados, para ser reenviados una y otra vez hasta que el programa fuese bien ejecutado, arrojando los resultados esperados para los datos de entrada dados.

En una ocasión nos llegó un reclamo desde CECUN, porque la máquina lectora de tarjetas se había estropeado a causa de un mazo de tarjetas defectuosas. Efectuada la investigación de rigor, se constató que al alumno responsable del mazo se le habían mojado las tarjetas, y no encontró nada mejor que ponerlas a secar al Sol sin decirnos nada. Es así como el mazo partió a Antofagasta, con sus tarjetas secas, pero distorsionadas por la humedad, que al pasar por la lectora, no fue capaz de “leer” las tarjetas. Este hecho nos forzó a reforzar los controles para evitar nuevos bochornos.

Recién en 1982, después de la fusión de las sedes Arica de la Universidad del Norte y la Universidad de Chile, la nueva universidad, la Universidad de Tarapacá, logra tener su primer computador, un equipo Digital PDP-11/34 con 128 Kb de memoria RAM. Pero esta ya es otra historia.

(*) Escrito con ocasión de los 70 años de la Universidad Católica del Norte que podrán encontrar en la web de la UCN (leer


junio 22, 2026

Uruguay se la juega

Foto de Emilio Garcia en Unsplash

En el plano futbolístico masculino, Uruguay ya lleva dos partidos en el mundial con dos magros empates, quedándole tan solo un partido, el más difícil, contra España. La clasificación se ha puesto cuesta arriba.

Las razones para estar en tan comprometida situación dependerán del cristal con que se mira. Para los más, si nos atenemos a las redes sociales y a los medios de comunicación convencionales, la responsabilidad recae en la dirigencia de la AUF, en la elección del director técnico, Marcelo Bielsa, en la nominación de los elegidos para representarnos, y en los jugadores.

Discrepo de esta interpretación. A mi modesto entender, las críticas recibidas desde un primer minuto por el director técnico, hicieron su trabajo: cavar vuestra tumba, aserruchar nuestro piso, para dar cuenta de una profecía autocumplida. Tanto llega el agua al cántaro que al final se rompe. Es lo que está a punto de darse.

Si bien aún tenemos posibilidades de clasificar, ellas son remotas. No digo nulas porque Uruguay no es cualquier país en materia futbolística. Es capaz de hazañas. Todo uruguayo nace con el “maracanazo” a cuestas, cuando nadie daba un peso por Uruguay.

Sí, en 1950, en el estadio de Maracaná, Uruguay disputó la final con Brasil que llegó como favorito incuestionable. Mal que mal, era local, y llegaba a la final a punta de sendas goleadas a España y Suecia. En tanto que Uruguay llegaba a duras penas, raspando. La dirigencia ya se daba por cumplida con haber llegado a la final, y así se lo hicieron saber a los jugadores en los camarines.

El capitán de entonces, Obdulio Varela, “el negro jefe”, una vez que retirados los dirigentes, con todos los jugadores alrededor suyo, afirmó: «¿Cumplidos? ¡No, cumplidos solo si somos campeones!». Y continúa: «Muchachos, los de afuera son de palo. En la cancha somos once contra once. El partido se gana con los huevos en la punta de los botines. No miren para arriba, nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo».

¿Qué nos dice esto? Que un uruguayo nunca se da por derrotado, y eso lo tenemos impregnado quienes hemos nacido en el paisito. Mientras exista un espacio debemos aferrarnos a él y no largar la esponja de antemano. Ya llegará el minuto de la crítica destemplada, del análisis reflexivo de qué pasó. Por ahora solo cabe no olvidar que todo ser humano, y los uruguayos en particular, estamos en condiciones para enfrentar toda clase de adversidades.

Escribo estas líneas desde San Vicente de la Barquera, donde me encuentro residiendo. Pequeño pueblo marinero de la región de Cantabria, España, justo el país contra el cual nos la jugamos. España es favorita, tiene todas las de ganar, un equipo formidable.

Pero como dijo en su minuto Carlos Solé, histórico comentarista uruguayo, aludiendo a la imprevisibilidad en el ámbito futbolístico «fobal es fobal y no hay vuelta que darle». Confianza y esperanza en nosotros mismos es lo último que debemos perder.

junio 19, 2026

Chile: los niños haitianos perdidos

Foto de Heather Suggitt en Unsplash

Un primo muy querido me envía por whatsapp un artículo de uno de los diarios de la cadena mercurial sobre niños haitianos a quienes se les habría perdido el rastro en Chile (leer). El envío lo hizo acompañado de un mensaje “tema para un artículo, el país se caía a pedazos...”, por lo que para no defraudarlo acá van algunas palabras en torno al caso.

Estamos hablando de niños, niñas y adolescentes haitianos que llegaron al país en vuelos charter en el 2025 y años anteriores sin que se sepa dónde están, ni con quién. El motivo por el cual ingresaron a Chile fue la “reunificación familiar” abierto el gobierno de Boric para facilitar el reencuentro de los niños con al menos uno de sus padres, que ya residía en Chile. Menores que habrían ingresado en grupos de la mano de adultos “responsables” de ellos.

Todo esto saltó por los aires gracias a la Contraloría, de la mano de la famosa Dorothy, la misma que destapó la olla de las licencias médicas. Contraloría revisó una muestra de poco más de 100 casos sin localizar a los niños en los domicilios declarados como sus residencias. Dado que, entre el 2022 y 2025 se autorizaron sobre 15 mil “reunificaciones familiares”, que incluían en su gran mayoría a menores de edad, se teme que la cifra de quienes no se sabe dónde están, sea elevada.

En concreto, el problema se centra en que no se sabe dónde, y en qué estado se encuentran estos niños, por lo que se teme la existencia de un tráfico ilícito de migrantes/trata de personas.

Contraloría, con ojo de lince, perdón, de Dorothy, detectó que no se verificaba la relación familiar entre adultos y menores que exigía el motivo aducido, el de la reunificación familiar. En el 2024, en razón de la crisis que se vivía en Haití, y que se extiende hasta la fecha, se “flexibilizó” el control migratorio aceptándose certificados de nacimientos, y/o fotocopias, sin legalizar.

Se sospecha, y teme, que estamos ante un caso de redes de tráfico y explotación de niños bajo la excusa de la reunificación familiar. Como en tantos otros casos, y con mayor razón en éste, tenemos, como país, la obligación de desenmascarar a los responsables utilizando todos los recursos que están a nuestra disposición.

El gobierno de Kast, ni corto ni perezoso, luego de sus primeros y turbulentos 100 días, se está aferrando de esta tragedia para darle como bombo al gobierno precedente. Parece mentira, que una y otra vez, recurra a lo mismo, olvidando que ya pasó la vieja, que su obligación es gobernar lo que hay, no para andar llorando sobre la leche derramada. A esta altura del partido, las quejas solo intentan zafar de las manifiestas incompetencias que están quedando al desnudo desde el primer día.

Cualquiera persona con dos dedos de frente se da cuenta que el gobierno está haciendo uso político de esta tragedia para llevar agua a su molino. Esta actitud revela mezquindad por cuanto bien sabemos cuál es su postura frente a los inmigrantes que no son como “ellos”. El paso de los días está demostrando que el gobierno ha sobrerreaccionado para tender una cortina de humo en torno a los problemas que le afligen. Vergonzoso.

 

junio 17, 2026

Registro Nacional de Vándalos

Foto de pixmike en Unsplash

No sé si será cierto, porque hoy, con el desarrollo de la inteligencia artificial, hay que andar con pies de plomo. No es fácil discernir si lo que que vemos con nuestros propios ojos, o escuchamos con nuestros oídos es verdad o mentira. Hoy por hoy, la mentira es capaz de pasar por verdad. Sin tener claridad de lo que se entiende por posverdad, me atrevo a conjeturar que estaríamos viviendo tiempos de posverdad.

Todo esto a propósito de que una bancada parlamentaria ha anunciado la presentación de un proyecto para crear un registro nacional de vándalos de cuello y corbata (RNVCC). Iniciativa que nace en respuesta a la propuesta del gobierno de crear un registro único de vándalos e incivilidades (RUVI) mediante un proyecto de ley destinado a tener un listado público y sancionar a quienes cometan delitos violentos, destrozos o faltas que afecten el orden urbano y los barrios.

Las sanciones van en la línea de la perdida de beneficios estatales, tales como becas, bonos y otros. Estas sanciones se agrupan en dos categorías. Una sería la de delitos graves y actos vandálicos, y la otra, de incivilidades y faltas locales.

La primera incluye atentados o maltratos a autoridades de distintos ámbitos, tráfico de drogas, cortes de ruta, daños a la propiedad pública, uso de explosivos, fuegos artificiales o disparos; la segunda tiene relación con aquellas conductas que no configurando delitos penales graves, alteran la vida social, tales como el consumo de drogas o alcohol, venta ilegal de alcohol. Comercio ambulante sin permiso, rayados en propiedades, no pagos de pasajes, acumulación de escombros o basuras en lugares no autorizados.

Las sanciones, antes que a cárceles que ya no dan abasto, apuntan a la pérdida de beneficios o derechos, entre otros, la pérdida de la gratuidad en la educación superior, la inhabilitación para postular a subsidios habitacionales o de arriendo, la pérdida de pensiones de gracia o de la pensión garantizada universal.

Está claro que todo esto tiene como objetivo que nos portemos bien. Teniendo esto presente se estaría presentando un proyecto complementario por parte de la bancada parlamentaria demócrata cristiana que incorpore a quienes cometan incivilidades de orden superior, como son los delitos económicos, tales como colusiones, evasiones, elusiones, corrupciones, lavados de dinero, fugas de capitales a paraísos fiscales. Respecto de las sanciones la idea es que vayan más allá de meras clases de ética o de pagos de fianza. Entre las sanciones se plantea la pérdida del derecho a obtener pasaportes y licencias de conducir, del derecho a la devolución del crédito fiscal, a participar en licitaciones públicas y en directorios de empresas.

 La idea es clara: si queremos ponernos bravos, seámoslo con todos, con los de arriba y los de abajo. No vale que lo seamos con los de abajo y no con los de arriba. O nos cuidamos todos o se arma la zamba canuta. La iniciativa gubernamental me recuerda los tiempos del innombrable cuando se afirmaba que había que cuidar a los ricos. Alfombra roja para todos, o para nadie. O como dijo un diputado “no puede haber una mano dura para ciertos delitos y una mano blanda para quienes van contra el Estado o el patrimonio público”.

Sería interesante un gran acuerdo nacional destinado inificar ambos registros. Interesante sería. El país lo agradecería.

El factor trabajo cuesta abajo

Foto de Javad Esmaeili en Unsplash

Estamos viviendo tiempos de pérdida de peso de los trabajadores. Atrás parecen haber quedado los tiempos de lucha por vacaciones, por contratos de trabajo, por limitar las horas de trabajo, por condiciones ambientales decentes. Logros obtenidos con sangre, sudor y lágrimas. Una soga con dos puntas, en una los trabajadores en representación del factor trabajo, y en la otra, los capitalistas, representando al factor capital.

Luego de un paulatino incremento en el peso del factor trabajo, hasta llegar al 65% en los años 70, se inicia, de la mano del neoliberalismo, un descenso que se prolonga hasta nuestros días como podemos observar en la tabla que sigue:

Año

Trabajo (%)

Capital (%)

Trabajo/Capital (%)

1950

63

37

1,70

1960

64

36

1,78

1970

65

35

1,86

1980

64

36

1,78

1990

61

39

1,56

2000

58

42

1,38

2010

56

44

1,27

2020

55

45

1,22

Los valores de la tabla no se refieren a un sector específico ni a un país en particular. Son datos a nivel mundial obtenidos desde diversas fuentes tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Banco Mundial (BM).

Estos valores dan cuenta que estamos frente a una realidad indesmentible: la pérdida de peso del mundo del trabajo que estamos observando, esto es, una disminución de la incidencia de los trabajadores y un aumento de la incidencia de los dueños del capital en la generación del producto geográfico bruto. Las preguntas que podríamos hacernos son esencialmente dos: cuáles son sus causas y si estamos ante una buena o mala noticia.

Las causas que tienden a mencionarse se centran en el debilitamiento del poder sindical, en la globalización, en la concentración empresarial y en el desarrollo científico-tecnológico subyacente en la automatización y digitalización que nos está invadiendo.

Me atrevería a sostener que la causa última es la aspiración por vivir mejor, trabajando menos, en labores que demanden menos esfuerzo físico, para así disponer de más tiempo libre, de ocio. Es lo que quizás unos llamen la ley del mínimo esfuerzo que algunos intentan implementar por la vía del engaño, de la corruptela, del atajo, pero que otros procuran hacerlo por la vía del desarrollo científico-tecnológico que es el que ha hecho posible, logros que nuestros padres jamás imaginaron. Son los avances científico-tecnológicos los que han posibilitado la automatización y digitalización. Avances que exigen grandes capitales, las que son posibles solo con la conformación de grandes consorcios empresariales: Avances que son causa y consecuencia de la globalización en que estamos sumidos. Avances que explican el crecimiento de sectores intensivos en capital y activos intangibles.

Respecto de la segunda pregunta, si estamos ante una buena o mala noticia, la respuesta es un tanto esquizofrénica porque “depende” como diría Larry. Depende del sector en que se desempeñe el trabajador, de sus capacidades, de sus conocimientos, de su edad. También depende del país dónde vive, de dónde viene, y/o de dónde nació. No solo depende de sus “méritos” intrínsecos.

Pero convengamos que debiera ser una buena noticia en la medida que lo sea para todos. Este es el punto. Mal que mal, como mencionaba al principio, la lucha de los trabajadores ha apuntado a mejorar su calidad de vida, no a empeorarla que es lo que señala la pérdida de su peso en relación al capital desde los años 70.  

En este escenario surge la pregunta ¿qué hacer para que los trabajadores no sigan perdiendo terreno y puedan subirse al carro del desarrollo? La respuesta no la veo simple, por lo que tendré que terminar acá, para desarrollarla en otra columna que dejo pendiente.

Abrazo!