julio 04, 2026

Intentando entender el anarcocapitalismo (parte 1)

Intentando entender el ascenso del anarcocapitalismo que por estos días está viviendo tiempos de gloria de la mano de sus impulsores, he dado con Murray Rothbard, fallecido en 1995, y de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento. Milei, Musk y otros lo recuerdan.

¿Quién es Murray Rothbard? Nació en Nueva York, en 1926, hijo de inmigrantes judíos, siendo su madre rusa y su padre polaco. Fruto de su experiencia como inmigrantes a comienzos del siglo pasado, ambos inculcaron en Murray valores orientados a la promoción del esfuerzo individual, a la valoración de la propiedad privada, y al rechazo a toda injerencia estatal.

Ahí reside el punto de partida de su anarquismo sustentado en su defensa radical de la libertad y un pensamiento hostil a la existencia de un Estado. Estudia matemáticas y economía, obteniendo los grados de bachiller y maestría en economía, doctorándose en la Universidad de Columbia con la tesis titulada El pánico de 1819: Reacciones y políticas. En ella analizó la primera gran crisis financiera de EEEUU, demostrando cómo la expansión del crédito bancario terminó por distorsionar la economía.

Políticamente es imposible encasillar a Murray dentro de las categorías de derecha e izquierda, porque unas veces respaldó a unos, y en otras ocasiones a otros. Rechazaba todo intervencionismo estatal, no solo el económico, sino que el militar, como lo prueba su rechazo a la guerra del Vietnam en los años 60.

En 1940, huyendo de la Alemania nazi, llega a Nueva York, Ludwig von Mises, a quien Murray conoce a fines de década cuando estaba haciendo su posgrado en la Universidad de Columbia. Pasa a ser su discípulo. En 1949 Ludwig publica su libro La Acción Humana, un tratado que deslumbró a Murray al encontrar en él lo que buscaba: una adhesión sin matices de la economía de libre mercado que incluía todos los elementos para su defensa.

Es a partir de entonces que Murray abandona el liberalismo clásico, abrazando la Escuela Austríaca (de economía) de Ludwig, convirtiéndose en un anarcocapitalista. En lenguaje actual, abandona las posturas de “la derecha cobarde”. Murray pasa a defender los derechos individuales absolutos basada en el derecho natural, promoviendo la eliminación total del Estado en todas las esferas de la vida, tanto pública como privada, la existencia de un mercado totalmente libre.

Estos conceptos los desarrolla durante su vida mediante múltiples artículos y se pueden encontrar en los siguientes textos claves de su autoría: “Hombre, economía y Estado” (1962), donde explica la economía desde la perspectiva de la acción humana individual; “Hacia una nueva libertad: El manifiesto libertario” (1973), donde se explaya sobre el funcionamiento de una sociedad sin Estado; y “La ética de la libertad” (1982), donde expone la base moral y filosófica de sus ideas.

Sus ideas pueden agruparse en los siguientes ámbitos:

Político: promueve la eliminación total del Estado sobre la base de que los servicios que provee pueden ser atendidos más eficientemente por empresas privadas en un mercado competitivo, incluyendo los servicios policiales, militares, y de justicia.

Economía: promueve el libre mercado puro, sin intervención gubernamental alguna en la economía, la propiedad privada, y la eliminación de los bancos centrales o estatales.

Ética: el Estado es visto como una organización criminal que se financia con impuestos coercitivos, y nadie tiene derecho a emplear la fuerza física o la coacción contra otra persona o su propiedad privada.

Cabe agregar que Murray fue un incansable activista político que cofundó el Cato Institute, cuna del conservadurismo económico norteamericano, y el Mises Institute, la institución destinada a preservar y difundir, no solo el legado intelectual de Ludwig, sino que Murray, así como de otros próceres del pensamiento anarcocapitalista que hoy abrazan algunos de sus más fieles seguidores que encabezan los destinos de algunas naciones.

En una segunda parte intentaré indagar en torno a cómo enfrenta Murray el tema de la seguridad, de la justicia, de la convivencia, de que el pez más grande no se coma al más pequeño, el más fuerte al más débil, el de la defensa cuando se es atacado. Aspectos todos que para mi resultan todo un misterio resolver sin que medie un Estado.


junio 30, 2026

Exceso de profesionales

Fuente: https://gemini.google.com/app/87db30fa2a8966dc

Una columna de Felipe Balmaceda (¿Hay exceso de oferta de profesionales? El Mercurio, 29 junio 2026) da cuenta de algo que parece estar viéndose como “un problema”: el del exceso de profesionales en Chile. Y en una carta (El Mercurio, 30 junio 2026), firmada por un personaje que obedecería al nombre de Jaime Undurraga (abogado), se felicita la columna de Felipe, afirmando que hace muchos años que en Chile se empezaron a inventar carreras “universitarias”. Las comillas están en la carta misma y darían a entender que de universitarias poco o nada tendrían.

Luego la carta prosigue sosteniendo que los principales objetivos de las carreras inventadas eran proponer una “carrera” fácil, pero de cuatro años, y captar el alto pago mensual de la universidad. De este modo se configuraría un engaño a las familias de los alumnos “que con mucha emoción veían cómo, por primera vez, un miembro de la familia lograba entrar a la universidad”.

En su carta, Jaime prosigue denunciando que “para hacer más atractivas estas carreras inventadas en algo (en alimentos, en administración, en turismo, etc.), en cualquiera tema, pero que parezca mucho más seria para cobrar caro”.

Sin pelos en la lengua, Jaime postula que “nos topamos con la realidad de que la mayoría de los “profesionales” egresados de estas universidades no encuentran trabajo porque no están preparados para el mundo laboral de mayor especialización y criterio que deben enfrentar”. Remata la carta con una frase para el bronce “algunos de ellos pasan a ser profesores en las mismas universidades”.

No dejan de sorprenderme, tanto el columnista Felipe, como quien escribe la carta felicitándolo, Jaime. Me sorprende que se sorprendan. ¿Acaso esperaban otra cosa? ¿Olvidan el paisito en que vivimos? Acá van algunas pildoritas recordatorias:

1.      En Chile existen carreras universitarias que son tales por esnobismo, clasismo o arribismo. Acá el universitario se sobrevalora, en tanto que el técnico se infravalora. Ser un profesional universitario en el mercado laboral chileno, pareciera que le sube el pelaje a uno.

2.      El esnobismo, clasismo o arribismo se expresa en que lo que en el mundo son técnicos, en Chile se reemplazó por la figura del ingeniero de ejecución como una forma de “ascenderlo” social y académicamente.

3.      El resultado es que tenemos más profesionales universitarios que técnicos (alrededor de 3 profesionales universitarios por cada técnico) en circunstancias que debiera ser al revés. En los países desarrollados es de 8 a 10 técnicos por ingeniero.

4.      Las universidades, ni cortas ni perezosas, se subieron al carro dado que al mismo tiempo se les empezó a mover el piso financiero. Dejaron de tener asegurado su financiamiento, eliminándose la gratuidad en la educación superior.

5.      Con el innombrable se abrieron las compuertas para que surgieran universidades privadas, con una mano adelante y otra atrás, sin mayores requisitos.

6.      Unos vieron a la opción de generar un nuevo y suculento negocio dado que las instituciones existentes eran incapaces de absorber la demanda por educación superior. Esto, a pesar de que por ley se asumía que a las universidades que se crearan se les exigía que fueran “sin fines de lucro”.  

7.      Otros, antes que un nuevo negocio financiero, vieron la creación de nuevas universidades como una forma de generar nuevos profesionales imbuidos de un nuevo espíritu político-cultural-económico que asegure a la continuidad de la ideología subyacente en el régimen del innombrable.

8.      Como bien dice Jaime, lo concreto es que hoy estamos llenos de profesionales de primera generación, lo son a punta de un endeudamiento no sostenible con los ingresos que disponen “gracias” a la formación recibida. Y no pocos de ellos, sin trabajo o con trabajos que poco o nada tienen que ver con la formación recibida, o con una formación que no es la que el mercado laboral demanda.  

9.      Y la fiesta continúa. Ahora se está descubriendo la pólvora: que hay carreras muy largas, que hay que acortarlas. Y las acortan al mismo tiempo que crean posgrados y postítulos para compensar el descubrimiento de la pólvora. Se chutea la pelota hacia adelante.

¿A dónde iremos a parar? No lo sé. Sólo sé que nada sé, o sólo sé que un libre mercado sin algún grado de planificación no es el camino, asó como tampoco lo es una educación superior planificada de espaldas al mercado. Creo que el camino a seguir pasa por el encuentro entre el mercado y un mínimo de planificación que incluya una suerte de “observatorio” que nos diga para dónde va la micro.

Más en los tiempos que corren, donde ya nos acompaña la inteligencia artificial que no podemos soslayar.

 

junio 29, 2026

La tragedia de Bielsa

A raíz de la eliminación de Uruguay en la primera ronda, el loco Bielsa se encuentra en la picota, como su máximo responsable. No es para menos. Uruguay llegó con miras a ser protagonista. Cuando se le contrató fue con miras a reverdecer laureles. Se le contrató a sabiendas de su estilo, frontal. Y empezó como caballo de carrera. Sendos triunfos en las eliminatorias sobre Brasil y Argentina abrieron apetitos, abrieron expectativas. Todos nos fuimos entusiasmando. De ahí para adelante, todo empezó a cojear, a menguar. ¿Qué mierda ocurrió para que al final se derrumbaran todos los sueños?

Todo apuntaba a que Bielsa le venía anillo al dedo al jugador uruguayo, al ser uruguayo, a la garra charrúa. Su obsesión, su exigencia, su orden, su disciplina, su filosofía, su planteamiento radicalmente ofensivo sin importar si el rival era chico o grande, su autonomía.

Sin embargo, a poco andar afloraron características que en su minuto se soslayaron a pesar de que se conocían. Sus atributos positivos pesaron más. Con el tiempo, y al no darse los resultados esperados, empezaron a ponerse sobre la mesa atributos negativos: su carácter huraño, su mirada huidiza, su sermoneo filosófico, sus decisiones, sus controversias. Quizás le penó alguna
carencia de competencias blandas o sociales que ayudan a saber ser, estar o relacionarse con otros.

Al final del día, para sintonizar, en la convivencia, en el trabajo en equipo, hay un proceso adaptativo de ajuste mutuo. No es unilateral. Son las partes las que se van moldeando, ajustando para dar con el tono. Los resultados son fruto de procesos, de actores, de sus roles, los que se van afinando en el tiempo con miras a su optimización y a la obtención de los objetivos perseguidos. Para su éxito son necesarios recursos físicos, materiales, humanos, financieros. Son necesarios, pero no suficientes. Se requiere disposición, voluntad, integración, empatía de las partes. Esto no se dio. Creo que nos farreamos una oportunidad preciosa.

Quizás lo traicionó su personalidad. Su capacidad para ver los partidos, para estudiarlos una y otra vez, su capacidad formativa, se vino al suelo por una manera poco empática de ser, donde no le importaban las consecuencias. Acá visualizo, a mi modo de ver, que su personalidad ha terminado traicionándolo al comprarse conflictos, odiosidades, que se podrían haber evitado o, al menos, morigerado. 

Convengamos que Bielsa es un personaje difícil, y por lo mismo tiene acérrimos admiradores y acérrimos detractores. O se le quiere, o se le odia. Para unos, ahora los menos, es un héroe, para otros, ahora los más, un vende humo. No admite medias tintas. Y a él no le importa, no le preocupa. Es así. Tengo la sensación de que es una manera de posicionarse ante el mundo, de expresar una timidez. Imagino lo que sufre cada vez que ha debido enfrentarse a las conferencias de prensa de tener que andar dando explicaciones, una y otra vez, de porqué puso a este jugador y no a otro.

Sus detractores estaban al acecho. Desde un inicio no pocos vieron con malos ojos su contratación con argumentos de la más diversa naturaleza. Que cómo podíamos tener a un argentino de entrenador, que debía ser uruguayo. Que era un fracasado, que no le ha ganado a nadie. Qué no se ha dicho de él. Hoy, estos críticos están festinando con él, haciendo leña del árbol caído.

Mal que mal, lo que importa en el mundo de hoy, son los resultados. Si ganas eres la gloria misma, si pierdes, eres un desastre. Por momentos pareciéramos olvidar que resultados sólidos, estables, persistentes, son fruto de procesos serios, exigentes, más largos que cortos, no contaminados. Nunca perdí la esperanza de que Uruguay, su plantel de jugadores, así como su director técnico, fuese capaz de sortear las andanadas experimentadas durante todo el proceso desde los medios de comunicación y las redes sociales. Francamente me impresionaron muchas de las expresiones vertidas, cargadas de mala fe y chauvinismo. Me impresionaron porque desconocía esta faceta del ser uruguayo. Así no se puede.

En síntesis, como siempre, la responsabilidad máxima del fracaso reside en el director técnico, en este caso, en Bielsa, pero ello no exime de responsabilidades a los otros actores, en particular de los jugadores, de la dirigencia, de los medios de comunicación y sus periodistas que no trepidaron en echarle leña al fuego, así como de las redes sociales, donde desde el anonimato aportaron al derrumbe. Ojalá aprendamos algo una vez que se nos pase la calentura.

junio 28, 2026

Repensar la política industrial

Foto de Ant Rozetsky en Unsplash

Cuando el mundo estornuda, Chile se resfría, y si el mundo se resfría, a Chile le da neumonía. La razón es simple: somos un país altamente dependiente, con las ventanas abiertas de par en par que los Chicagos Boys nos han legado sin arbitrar las defensas necesarias.

En honor a la verdad, Chile siempre ha sido un país dependiente. Para reducir la dependencia económica en la primera mitad del siglo pasado se procuró un desarrollo industrial mínimo a sabiendas que no podíamos depender exclusivamente de nuestros recursos naturales. Teníamos la experiencia del salitre. Bastó que apareciera el salitre sintético para que su precio en el mercado se derrumbara y nos fuéramos al garete. La pampa nortina es muda testigo de lo que fueron tiempos de gloria pasajera.

La lección que se supone debió dejarnos es que, si bien siempre tendremos algún grado de dependencia, tenemos que procurar reducirla. Ser menos dependientes. Esto vale para todo, para un país, una región, un pueblo, una familia, para cada uno de nosotros.

Esta realidad impulsó al país hacia un desarrollo orientado a tener una base industrial mínima. Nacen la CORFO, EL Banco del Estado, la Compañía de Acero del Pacífico (CAP), la Empresa Nacional De Electricidad (ENDESA), así como tantas otras, todas bajo impulso estatal. Sin este impulso seguiríamos pateando piedras.

En este marco, la política arancelaria estuvo orientada a desalentar importaciones de bienes de consumo final, y a estimular las importaciones de bienes de capital y de insumos. Una política destinada a promover la sustitución de importaciones por producción nacional.

En eso estábamos cuando de la noche a la mañana, en 1973 y de la mano del innombrable, aparecen los Chicago Boys con su librito El Ladrillo en mano, donde nos dicen que acá hay que cortar por lo sano, que para qué producir acá lo que otros son capaces de hacer con mayor eficiencia y ofrecernos a menor precio. Mejor dediquémonos a producir aquello en lo que somos más eficientes. Así fue como se dio vuelta la tortilla, abriendo nuestras ventanas de par en par bajando los aranceles.  

¿Resultado? Lo que tenemos. La producción nacional se fue a la cresta, y con ella las empresas, el empleo. Para sortear la crisis nacen los programas de empleo mínimo (PEM), los programas de ocupación para jefes de hogar (POJH), los taxis colectivos, los cuidadores de coches en las calles. El empleo informal se multiplica. Las empresas productivas se transformaron en importadoras.

Si bien desde que el innombrable dejó la primera magistratura, pero manteniéndose al cateo de la laucha desde la comandancia en jefe del Ejército, esta política arancelaria se ha amortiguado, en su esencia, no es mucho lo que ha cambiado. Seguimos sin una política industrial propiamente tal, seguimos con una matriz exportadora concentrada en el cobre, y por tanto altamente dependiente del vaivén de su precio, en cuya fijación no pinchamos ni cortamos.

Desde que tengo uso de razón se habla de diversificar las exportaciones, de innovación, etc. etc. pero la realidad es que seguimos en las mismas, con algunos logros que no alcanzan a hacer cosquillas, esto es, a cambiar una realidad. La de que seguimos teniendo una economía extractivista, basada en la succión de nuestros recursos naturales sin mayor valor agregado.

Lo peor de todo es que seguimos con más de lo mismo, ahora bajo el pomposo nombre de “reconstrucción nacional”, donde se quiere crecer pasando a llevar al medio ambiente, a los trabajadores por la vía de arrasar con lo que despectivamente llaman la “permisología” y las conquistas laborales obtenidas a punta del sacrificio y lucha de quienes las impulsaron.

La política económica vigente no da para más. Es necesario repensarlo todo. Pensar en qué sector nos centramos para tener una base industrial mínima. Darnos un plazo para su desarrollo proveyendo todos los recursos necesarios para su sustento. Pasado dicho plazo debe ser capaz de sustentarse por sí mismo y apoyar a otros sectores.

Un ejemplo de lo que se puede hacer lo da Indonesia, donde no se puede exportar ningún recurso natural sin que tenga un valor agregado mínimo, esto es, sin algún grado de procesamiento industrial. Esto es, no se permiten exportar recursos naturales en bruto.