julio 08, 2026

Trump sin filtros

Nos guste o no, la realidad política internacional actual está marcada por Trump, un personaje que nos recuerda tiempos prehistóricos, sin reglas, de la imposición de la fuerza. Ahora, estando en una reunión de la OTAN en Ankara, la capital de Turquía, una vez más se dio el lujo de subir y bajar a su antojo a quienes no le rinden pleitesía.

Cuesta creer que sea el presidente de los EEUU, y que haya sido elegido por sus conciudadanos. Temo que hayan generado un monstruo, tal como hace casi un siglo los alemanes depositaron su confianza en quién los condujo al desastre bajo la excusa de conducirlos a la Gran Alemania. La diferencia estriba en que entonces Hitler no contaba con la bomba atómica. Trump sí cuenta con ella. Al igual que Hitler, pareciera no tener frenos a sus propósitos de expansión.

Basta tener dos dedos de frente para percatarnos que Trump es un niño malcriado que siempre ha hecho lo que ha querido, sin límites, ni escrúpulos para hacer y decir lo que se le antoja, para insultar y adular según sus intereses. Un nuevo rico, maleducado, sin los filtros que provee la educación para saber ser y estar, para comportarnos, relacionarnos, no insultar, respetar a los demás. Lo dramático es que tiene poder de destrucción gracias a sus seguidores, sus votantes, quienes aprecian y valoran su rusticidad, su brutalidad.

Se dio el lujo, y gusto, de raptar al presidente de un país, Venezuela, supuestamente soberano, y llevárselo a EEUU para que lo enjuicien. Lo hizo sin arrugarse siquiera. Para remate ahora tiene a una presidenta encargada, Delcy, para ver si se porta bien, según su parecer, mientras a María Corina la tiene en estado de espera. Mientras tanto, tiene a Cuba, no bailando cumbia, sino que al compás de sus arbitrios.

En Irán se dio el lujo de descabezar el régimen imperante asesinando a toda su cúpula. Uno de los motivos, para evitar que tengan la capacidad de destrucción que proveen las bombas atómicas, que EEUU sí puede tenerlas, pero no Irán. ¿Qué se cree? Basta que alguien tenga capacidad nuclear para que los demás también lo quieran. Es como el niño que tiene un juguete, pero que no quiere que otros niños lo tengan.

Lo lógico es que nadie tenga bombas atómicas y a eso apuntaba el tratado de no proliferación nuclear firmado hace más de 10 años, de ir desmontando todas las capacidades nucleares. Fue el mismísimo Trump resolvió desahuciar el tratado con la excusa de que no estaba siendo respetado.

Para el mundial de futbol no se aguantó de meter su cuchara, solicitando al presidente de la FIFA, Infantino, que levantara una sanción que imposibilitaba la actuación de uno de los jugadores cruciales de EEUU en un partido crucial ante Bélgica. Infantino, no lo pensó dos veces, accediendo rastreramente a la petición. 

Seguramente, Trump soñaba con una final entre EEUU y Argentina, de modo de poder verla junto con Milei, su fan número uno en América Latina. Los belgas se encargaron de poner en su lugar a Trump dejando fuera de carrera a EEUU.

Ahora, en Ankara vuelve a sus andadas resucitando su aspiración por hacerse de Groenlandia, e insultar a quienes no le rinden pleitesía. Penoso el rol de Rutte, el secretario general de la OTAN, su perro faldero.

Quiere suprimir todo comercio con España porque Sánchez, el presidente del gobierno de España, le negó el acceso a las bases militares que tiene en España para agredir a Irán. Todo un matón de barrio, de la más baja estofa, impresentable. 

Paradojalmente, a pesar de que el gobierno de Sánchez está al borde de la cornisa por la corrupción de no pocos de sus colaboradores inmediatos, España crece más que los demás paìses europeos, en gran parte gracias a su postura de NO a la guerra y su actitud frente a los inmigrantes. Al paso que vamos, capaz que en las elecciones generales que tendrán lugar próximamente, la consigna se plantee en forma tal que los españoles escojan entre Sànchez y Trump, asimilando las posturas de Feijóo y Abascal a las del trumpismo.

EEUU tiene la desgracia de celebrar sus 250 años de independencia dependiendo de los vaivenes y palos de ciego de un presidente que nos está haciendo retrotraer a rtiempos del Ku Klux Klan. El Trump que en campaña dijo que en 24 horas terminaría todas las guerras, es el mismo de la operación "furia épica" contra Irán.

Pero lo más patético es presenciar la reproducción de personajes de su calaña (Bukele, Milei, De la Espirella, etc.), aupados, elegidos, por quienes serán sus primeras víctimas. Bajo la bandera de hacer nuevamente grande a América, el movimiento MAGA (Make America Great Again), la está empobreciendo a pasos agigantados. Mientras tanto, él y quienes le rodean enriquecen a manos llenas a vista y paciencia de todo el mundo.

China y Rusia, de momento están tomando palco, pero no dudo que también están tomando nota de un proceso cuyo final es difícil de prever.

El futuro del trabajo y la educación

Hace ya unos 10 años escribí una columna titulada "Hacia un mundo sin trabajo" (leer) donde hago referencia a lo que ya estamos viendo hoy, ahora acentuado por la irrupción de la inteligencia artificial.

Hoy reafirmo lo sostenido y si vuelvo a escribir sobre el tema es para reforzar algunas ideas a la luz de lo que estamos viendo. De partida, para suavizar esta transición hacia este mundo con menos trabajo, de modo que afecte a menos personas, lo que ya se está viendo. Bill Gates nos habla de una nueva jornada laboral semanal de 2 a 3 días. Si no queremos que el desempleo se dispare, es inevitable la reducción de la jornada laboral.

Lo que está importando es el valor generado trabajando, la productividad, no el tiempo que estamos contratados. Esto es algo que no tiene vuelta. Oponerse a esto es chocar contra una pared inamovible. Para allá vamos dentro de lo que ha sido la tónica desde los tiempos de Adán y Eva marcada por nuestro deseo de obtener lo máximo con el menor esfuerzo posible. La única diferencia reside en que ahora este proceso se ha acelerado.

Las consecuencias son fuertes en todos los ámbitos. Si no queremos vernos engullidos por la automatización, es imperativo que asumamos su conducción y adaptemos a sus consecuencias. De lo contrario corremos el riesgo de que nos veamos engullidos y que la democracia sea devorada por la tecnocracia, lo que de alguna forma estamos viendo en nuestros días. No debemos dejar que Musk, Theil y otros gurúes tecnológicos sean quienes determinen nuestro destino. Pero para esto es imperativo que asumamos la realidad tal cual es y terceros definan nuestras vidas.

De partida, una vida adulta no necesariamente estará marcada por el trabajo. Esto será así para unos pocos, con trabajos de alta especialización, que es la que tendrán quienes estén tras el desarrollo de la inteligencia artificial, tras los procesos de robotización, de análisis de datos, de ciberseguridad y otros de la más alta calificación. 

Ya hay más tiempo libre, tiempo de ocio, y seguirá creciendo porque esto no tiene vuelta atrás. Por tanto, tenemos que enfrentar el qué hacer en este mayor tiempo libre que dispondremos, y que de hecho ya estamos disponiendo. Esta es, creo, la madre del cordero, aprender a saber qué hacer con este "nuevo" tiempo. Para ello tenemos que darle un sentido a nuestras vidas, a saber qué hacer con nuestro creciente tiempo de ocio, y tener una educación alineada con esta nueva realidad.

Esto implica que las instituciones educacionales, particularmente las superiores, que nos educan para incorporarnos al mundo del trabajo, tendrán que reformularse, dejando de formar profesionales que un futuro más próximo que lejano, no demandará.

¿Significa esto que muchas instituciones educativas superiores desaparecerán? No necesariamente en la medida que sean capaces de adaptarse ya no formando profesionales para trabajar, sino que personas para saber qué hacer en sus vidas, para desarrollar competencias blandas vinculadas con el saber ser y estar, para tener pensamiento crítico, para ser capaces de ver bajo el agua, para discernir de modo que no les pasen gatos por liebre. 

Por último, pero no por ello menos importante, una sólida formación ética que nos provea de un sólido muro de contención frente a la tentación de ser corrompido o corromper a terceros que hoy está más presente que nunca.

julio 06, 2026

La lección de Noruega

El reciente triunfo de Noruega sobre Brasil en el campeonato mundial de futbol no debiera sorprendernos. Representa una victoria que va más allá de lo futbolístico. El propósito de estas líneas es reflexionar en torno a las características que, a mi juicio, marcan y explican la actuación de los noruegos que los condujo al éxito.

En primer lugar me atrevería a afirmar que se trató de un equipo, en el más plano sentido de la palabra. Fue el triunfo de un trabajo en equipo, en el que todos remaron para un mismo lado, partiendo por el propio goleador, Haaland. Esto queda muy graficado cuando se sientan simulando hacerlo en un bote remando todos juntos. Las individualidades pasan a un segundo plano, primando el sentido colectivo. Tras esto hay humildad, modestia.

En segundo lugar, el espíritu integrador, la simbiosis entre nativos e inmigrantes tanto en defensa, como en el medio campo y en la delantera. Si bien el grueso de los planteles de las selecciones europeas cuenta con nativos e inmigrantes, en el caso de Noruega la actuación de unos y otros es tal que se hacen indistinguibles, sin que se visualice primacía de unos u otros, facilitando su integración.

En tercer lugar, agruparía la paciencia, la perseverancia, la calma, la modestia, todas virtudes que terminan facilitando y potenciando el trabajo en equipo donde nadie se cree estrella y que deben estar en la esencia de todo trabajo colectivo.

A inteligencia artificial, vía Chagpt, meta y Gemini, le consulté sobre cuáles serían las virtudes que identificarían a los noruegos. La respuesta recibida fue:

·  amor por la vida al aire libre que llaman el friluftsliv;

· nadie es mejor que nadie, expresión de horizontalidad en las relaciones sociales y de preferencia por el bienestar colectivo por sobre el éxito individual, lo que denominan janteloven, ley de Jante;

·  alta valoración del silencio, la tranquilidad y el tiempo de los demás;

· gran frialdad y paciencia para trabajar bajo presión, la que llaman mentalidad vikinga; y

· alto pragmatismo, disciplina y eficiencia, poco proclives a los rodeos.

A quienes vieron el partido les invito a encontrar estas características que definirían a los noruegos. Y a quienes no lo vieron, les invito a buscarlo para verlo. Esto último solo si les interesa.

Hasta viendo un partido de futbol siempre hay algo para aprender. Más que una lección, creo que Noruega nos ha dejado varias lecciones positivas.

julio 05, 2026

Intentando entender el anarcocapitalismo (parte 3)

Foto de Specna Arms en Unsplash

En relación con las Fuerzas Armadas (FFAA), Murray Rothbard sostiene que no deben existir bajo ninguna circunstancia por visualizarlas como el “brazo armado” del Estado. Y como tal, el Estado tiende a utilizarlas ya sea para embarcarse en guerras de conquista de territorios y expansión del poder, como para reprimir protestas internas y forzar a la población a financiar, vía impuestos, el monopolio de la violencia estatal representado por las FFAA. Consistente con lo expuesto, Murray se opone al servicio militar obligatorio, que asemeja a la esclavitud, donde el Estado obliga a jóvenes para que mueran o maten en guerras decididas por políticos.

En su análisis de las FFAA, Murray constata la existencia de un espacio de corrupción entre las empresas fabricantes de armas y la alta oficialidad armada estatal dados los jugosos contratos implicados. A esto se agrega la fuerte propensión a generar tensiones geopolíticas que inflan los presupuestos militares. Surge entonces la pregunta ¿cómo se defiende un país frente a un ataque armado si no tiene FFAA? Murray responde que la mejor defensa sería por la vía de las milicias ciudadanas y guerrillas voluntarias, junto con empresas armadas de defensa privadas.

Esta postura se basa en que a lo largo de la historia se ha comprobado que ejércitos profesionales regulares estatales de alto costo pueden ser derrotados por fuerzas irregulares organizadas a nivel local y bajo un formato de guerrillas -Cuba y Vietnam son tan solo dos claros ejemplos-.

Las empresas armadas privadas tendrían un carácter eminentemente defensivo, de protección de los activos de sus clientes frente a cualquier ataque externo. En concreto, en materia de defensa, el anarcocapitalismo rechaza la existencia de FFAA estatales por verlas como un monopolio estatal de las fuerzas armadas financiadas con impuestos forzados. En su lugar el anarcocapitalismo y Murray proponen empresas de defensa y milicias voluntarias destinadas a la defensa de los implicados.

Murray concibe la defensa de ataques externos, como un bien o servicio privado a transar en el mercado como cualquier otro. Quien quiera defensa, que la pague; quien no lo quiera, no tiene por qué pagarlo. Esto es, propone la privatización total de la defensa nacional, donde el rol de las FFAA sería desempeñado por agencias de defensa privadas, las que competirían entre sí para ofrecer protección a los interesados y con recursos económicos para contratarlos. Estas agencias estarían conformadas por mercenarios, como suelen ser llamados. 

Por otra parte, habría empresas aseguradoras, las que se encargarían de invertir en prevención para evitar ser atacados y tener que pagar la destrucción que origina una guerra. Así como existe un seguro contra terremotos, existiría un seguro contra guerras. Si no contrato el seguro y hay una guerra que destruye mi casa, seguro no paga; si por el contrario, como consecuencia de una guerra mi casa es destruida, y he contratado el seguro, éste me paga el costo de la reconstrucción de la casa.

Murray lo resume afirmando que “la defensa nacional puede ser provista por el mercado igual que la comida”. Así de simple. La simplicidad elevada a su máxima expresión. Como para decir “Chao Estado”, “Adiós FFAA”, "Chao pescado”.

Confieso que me cuesta imaginar que no existan FFAA, ni un ministerio de Defensa, pero como hemos visto más arriba, Murray no se inmuta ante las objeciones convencido que mediante agencias de defensa privadas, empresas aseguradoras y milicias voluntarias, el tema de la seguridad queda mucho mejor resuelto y más eficientemente.

Imagino a Kaiser soplándole al oído a Kast que elimine las FFAA. Éste lo mirará feo como diciéndole: “¿Me estás pistoleando?”. Y Kaiser, con apoyo de Murray, le dirá que en el mundo actual las FFAA son ineficientes y corruptas, que más vale tener empresas privadas armadas que compitan entre sí por proveer un mejor servicio de seguridad. A esto agregaría que frente a un ataque externo, el agresor en vez de enfrentar a unas FFAA, enfrentaría a cientos de empresas privadas armadas y a miles de milicianos voluntarios. La defensa sería por la vía de una suerte de guerra de guerrillas.  

Esta mirada tiene muchas críticas, y no es para menos, porque cuesta imaginar que no se tenga una institución estatal como son las FFAA. Pero la historia tiene ejemplos de todo orden, ya sea de países sin FFAA (Suiza, Andorra, Lichtenstein e Islandia entre otros), como de países con FFAA que no han logrado imponerse ante guerrillas internas (Cuba, Nicaragua, Etiopía, Angola, entre otros), y de países con poderosas FFAA que han perdido guerras externas enfrentando guerrillas (EEEE en Vietnam y Afganistán, URSS en Afganistán, Francia en Argelia).

Es un tema para largo, pero lo que llama la atención en la actualidad es que los más cercanos al anarcocapitalismo, tienden a postular la necesidad de privatizar todo, pero nada dicen respecto de las FFAA y las fuerzas policiales.

Queda harto paño que cortar, pero por el momento quedaré hasta acá para no abusar de vuestro tiempo Espero continuar más adelante.

julio 04, 2026

Intentando entender el anarcocapitalismo (parte 2)

Fuente: https://chatgpt.com/c/6a49839a-6fa4-83eb-88ae-a84d43daa317

El anarcocapitalismo propone la supresión del Estado por considerar que coarta las libertades individuales e impide el pleno desarrollo de mercados libres sin restricciones ni reglas que lo entorpezcan. Sin Estado me pregunto quién se encarga de la justicia, de dirimir los conflictos, de la provisión de seguridad que suele estar bajo la responsabilidad de agentes policiales estatales dado que se consideran servicios de carácter públicos.

La respuesta que da Murray Rothbard, padre del anarcocapitalismo, es que la justicia y la seguridad no tienen por qué verse como servicios públicos de carácter "especial", sino que como servicios económicos al igual que cualquier otro servicio.

Lo que nos propone su modelo es, en lugar de una policía estatal, monopólica, disponer de múltiples agencias de protección privadas, tal como en la actualidad lo hacen las empresas privadas de seguridad que toda persona o empresa, interesada en su seguridad, contrataría. Así como cuando contratamos seguros contra incendios, contra robos, contra terremotos.

En vez de pagar un impuesto al Estado, pagas la contratación de un seguro de protección a la empresa que tú quieres, que te provea más confianza, más seguridad. Si no quieres, no contratas el servicio. Así de simple, y no pagas nada. Las empresas proveedoras de seguridad competirán por ofrecerte el máximo de seguridad, al menor precio posible, y tú eliges.

El trabajo de estas empresas se centrará en evitar y/o reducir la delincuencia porque las consecuencias de sus acciones deberán ser cubiertas por ellas. Si un delincuente roba a quien no está asegurado, -este pierdo lo robado; si por el contrario, robó a quien está asegurado, éste se verá resarcido de acuerdo al seguro contratado. En consecuencia, la misión de estas empresas será de carácter preventivo como disuasivo, buscando proteger las propiedades aseguradas y evitar que los delincuentes cometan delitos.

Respecto del tema judicial, de la provisión de justicia, frente a conflictos o delitos, Murray nos propone, en reemplazo de los juzgados estatales, tribunales privados de arbitraje donde los jueces y árbitros son elegidos y contratados por las partes en conflicto. Al igual que en el caso de la seguridad, acá las empresas responsables de proveer justicia, conformadas por abogados, serían contratadas por las partes comprometidas en un conflicto o delito.

También habría empresas aseguradoras de justicia. No me queda claro de dónde vienen estos jueces y árbitros. Probablemente se encuentren adscritos a empresas.

La justicia rothbardiana no requiere cárceles estatales ni multas dado que se basa en la indemnización económica a las víctimas por los daños causados y los costos de la captura del victimario. En caso que los victimarios no tengan los recursos para pagar a las víctimas, serían forzados a trabajar para empresas privadas destinando los sueldos a pagar a las víctimas hasta saldar su deuda.

Las críticas a este modelo no son menores, tanto desde una perspectiva de lógica económica como de factibilidad. En un mercado totalmente libre, sin regulaciones, las empresas más grandes, tanto para proveer seguridad como justicia, terminarían absorbiendo a las más pequeñas, por las buenas, o por las malas dado que no existe un Estado moderador. La paradoja reside en que al final del día la empresa más grande terminaría comiéndose a las demás. Sería una suerte de nuevo Estado, pero de carácter privado.

A lo señalado habría que agregar el tema de los fallos de mercado. Si en un barrio una familia contrata a una empresa de seguridad para el cuidado de su casa, la vecindad se ve indirectamente beneficiada con la incorporación de un vigilante. Es el caso conocido como el del polizón o del free-rider dado que hay un tercero que se beneficia sin pagar un peso.

En una sociedad desigual, y más si existe mucha desigualdad, ésta se expresará a la hora de contratar seguridad y justicia. Quienes tienen más poder económico, dispondrán de más y mejor seguridad y justicia. Si una persona no ha contratado empresa de seguridad por no disponer de recursos, y es asaltado. No tiene defensa alguna y el delincuente no es enjuiciado. En este esquema la vulnerabilidad de quien no dispone de recursos, es total.

En una tercera parte incursionaré en el pensamiento de Murray respecto de las FFAA.

Intentando entender el anarcocapitalismo (parte 1)

Intentando entender el ascenso del anarcocapitalismo que por estos días está viviendo tiempos de gloria de la mano de sus impulsores, he dado con Murray Rothbard, fallecido en 1995, y de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento. Milei, Musk y otros lo recuerdan.

¿Quién es Murray Rothbard? Nació en Nueva York, en 1926, hijo de inmigrantes judíos, siendo su madre rusa y su padre polaco. Fruto de su experiencia como inmigrantes a comienzos del siglo pasado, ambos inculcaron en Murray valores orientados a la promoción del esfuerzo individual, a la valoración de la propiedad privada, y al rechazo a toda injerencia estatal.

Ahí reside el punto de partida de su anarquismo sustentado en su defensa radical de la libertad y un pensamiento hostil a la existencia de un Estado. Estudia matemáticas y economía, obteniendo los grados de bachiller y maestría en economía, doctorándose en la Universidad de Columbia con la tesis titulada El pánico de 1819: Reacciones y políticas. En ella analizó la primera gran crisis financiera de EEEUU, demostrando cómo la expansión del crédito bancario terminó por distorsionar la economía.

Políticamente es imposible encasillar a Murray dentro de las categorías de derecha e izquierda, porque unas veces respaldó a unos, y en otras ocasiones a otros. Rechazaba todo intervencionismo estatal, no solo el económico, sino que el militar, como lo prueba su rechazo a la guerra del Vietnam en los años 60.

En 1940, huyendo de la Alemania nazi, llega a Nueva York, Ludwig von Mises, a quien Murray conoce a fines de década cuando estaba haciendo su posgrado en la Universidad de Columbia. Pasa a ser su discípulo. En 1949 Ludwig publica su libro La Acción Humana, un tratado que deslumbró a Murray al encontrar en él lo que buscaba: una adhesión sin matices de la economía de libre mercado que incluía todos los elementos para su defensa.

Es a partir de entonces que Murray abandona el liberalismo clásico, abrazando la Escuela Austríaca (de economía) de Ludwig, convirtiéndose en un anarcocapitalista. En lenguaje actual, abandona las posturas de “la derecha cobarde”. Murray pasa a defender los derechos individuales absolutos basada en el derecho natural, promoviendo la eliminación total del Estado en todas las esferas de la vida, tanto pública como privada, la existencia de un mercado totalmente libre.

Estos conceptos los desarrolla durante su vida mediante múltiples artículos y se pueden encontrar en los siguientes textos claves de su autoría: “Hombre, economía y Estado” (1962), donde explica la economía desde la perspectiva de la acción humana individual; “Hacia una nueva libertad: El manifiesto libertario” (1973), donde se explaya sobre el funcionamiento de una sociedad sin Estado; y “La ética de la libertad” (1982), donde expone la base moral y filosófica de sus ideas.

Sus ideas pueden agruparse en los siguientes ámbitos:

Político: promueve la eliminación total del Estado sobre la base de que los servicios que provee pueden ser atendidos más eficientemente por empresas privadas en un mercado competitivo, incluyendo los servicios policiales, militares, y de justicia.

Economía: promueve el libre mercado puro, sin intervención gubernamental alguna en la economía, la propiedad privada, y la eliminación de los bancos centrales o estatales.

Ética: el Estado es visto como una organización criminal que se financia con impuestos coercitivos, y nadie tiene derecho a emplear la fuerza física o la coacción contra otra persona o su propiedad privada.

Cabe agregar que Murray fue un incansable activista político que cofundó el Cato Institute, cuna del conservadurismo económico norteamericano, y el Mises Institute, la institución destinada a preservar y difundir, no solo el legado intelectual de Ludwig, sino que Murray, así como de otros próceres del pensamiento anarcocapitalista que hoy abrazan algunos de sus más fieles seguidores que encabezan los destinos de algunas naciones.

En una segunda parte intentaré indagar en torno a cómo enfrenta Murray el tema de la seguridad, de la justicia, de la convivencia, de que el pez más grande no se coma al más pequeño, el más fuerte al más débil, el de la defensa cuando se es atacado. Aspectos todos que para mi resultan todo un misterio resolver sin que medie un Estado.