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| Foto de Nadine E en Unsplash |
Consulté a “inteligencia
artificial” qué se entendía por abuso de poder, definiéndola como “como el
ejercicio indebido, ilegal o coercitivo de la autoridad que una persona tiene
sobre otras”. Esta respuesta coincide con la idea que tenemos de lo que
entendemos como tal y donde se visualiza una perniciosa relación de dependencia
que condiciona conductas.
Luego consulté por el contexto en
que tiende a darse, respondiéndome que “ocurre cuando alguien utiliza su
posición, cargo o influencia para obtener beneficios personales, gratificación
propia o para perjudicar a terceros, desviándose de los fines para los que le
fue otorgada esa autoridad”.
Se desprende que para que estemos
ante un abuso de poder, debe existir la intención, voluntad de aprovechar la
existencia de una asimetría de poder, cualquiera sea su naturaleza, la que
puede ser de carácter económico (empresario-trabajador), político
(mayoría-minoría; gobernante-ciudadano; público-privado), jerárquico
(jefe-empleado), físico (varón-mujer; adulto-niño), familiar (padre-hijo), disponibilidad
de información (médico-paciente; profesor-alumno), o de cualquier otra índole.
Una asimetría de poder,
particularmente cuando los estándares éticos están por los suelos, que tiende a
conducir a abusos de poder, y éstos a amedrentar de manera tal que el miedo
termine modelando la conducta de los afectados.
Escrito esto, me tomé la libertad
de consultar a Gemini si para que exista abuso de poder debe existir asimetría
de poder. La respuesta recibida fue
“Efectivamente, esa es una
premisa fundamental en la sociología, el derecho y la ética. La asimetría de
poder es el terreno sobre el cual se construye el abuso. Si no existiera una
disparidad en la capacidad de influencia, control o recursos entre dos partes,
estaríamos hablando de un conflicto entre iguales, pero no necesariamente de un
abuso”.
Esta respuesta me confirma que
para evitar, o al menos reducir los abusos de poder, es esencial arbitrar las
medidas conducentes a reducir la disparidad de poder existente.
Por eso, con todas las
limitaciones, defectos que pueda tener, y que de hecho tiene, mi preferencia absoluta hacia la vigencia de la democracia, de un sistema democrático. Su esencia, su
razón de ser, su nacimiento, reside justamente en la búsqueda de reducir la asimetría
de poder entre los distintos actores.
Que se logre o no, es otro cuento,
pero lo importante es dar pasos en esa dirección. La democratización de una
sociedad apunta a que nadie esté en condiciones de poner el pie encima
de otro, de abusar del otro, bajo ninguna circunstancia. El desarrollo reside justamente
en eso, que todos nos respetemos. Diferencias de poder siempre habrá, son
inevitables, consustanciales a las diferencias entre unos y otros, pero ellas en
ningún modo validan los abusos de poder.
Por eso importa el equilibrio de
los distintos poderes; por eso importa que no exista mucha desigualdad. Cuando
la asimetría es inevitable, es la ética la que entra en acción dado que ella pasa a ser el freno para que no exista abuso de poder de unos sobre otros.




