agosto 01, 2026

La famosa curva de Laffer

Llegó a Chile, Arthur Laffer, invitado por Res Pública e Ideas Republicanas, dos think tank de derecha. Llegó para dar un ciclo de conferencias en la Universidad del Desarrollo y traernos la buena nueva de las bondades que traen los recortes de impuestos. Su visita se enmarca dentro de lo que dentro de la ultraderecha se la llamado la gran batalla cultural en que están empeñados para combatir a los zurdos, al zurderío.

Entrevistado por The Mercury Times sostuvo que, en referencia a la mega reforma en trámite legislativo “Ahora creo que Chile ha retomado el rumbo”. Esto es, viene a decirnos que estaríamos haciendo bien las cosas.

Pero ¿quién es Arthur Laffer? Es un economista estadounidense conocido por darle nombre a un gráfico donde se relaciona la tasa de impuestos con la recaudación fiscal. La famosa curva de Laffer escrita en una servilleta. Digo famosa porque nació en diciembre de 1974, en una reunión en el restaurante del Washington Hotel con altos personeros del gobierno de Gerald Ford, cuando se le pidió que explicara su tesis de que subiendo mucho los impuestos no necesariamente aumenta la recaudación del Estado. Para explicarlo Laffer agarró una servilleta que tenía a mano y dibujó la curva en ella, la que ilustra el inicio de esta columna.

Laffer, en la década de los 80, fue asesor económico de la administración del presidente Ronald Reagan e influyó fuertemente en los recortes fiscales implementados en esos tiempos. Recortes implementados tanto en EEUU como en la Inglaterra de Margaret Thatcher, y que ahora están reverdeciendo en manos de Trump y sus boys. Acá ya tenemos una pista de porqué se le trajo. Para respaldar la mega reforma de la dupla Kast-Quiroz.

Pero ¿qué nos dice la curva de Laffer? En simple, si la tasa de impuestos es 0, el Estado no recauda nada. Sin impuestos el Estado no existiría, el sueño de no pocos libertarios o iliberales. En el otro extremo, si el impuesto es 100, esto es, del 100%, tampoco recaudaría un solo peso por el simple hecho de que nadie produciría bien o servicio alguno. Esto último, porque nadie emprendería un negocio para que todos sus ingresos se los lleve el Estado.

Entre medio de estos dos valores (0 y 100) está la curva de Laffer, representación gráfica que se caracteriza por ilustrar el crecimiento de recaudación por parte del Estado a medida que aumenta la tasa impositiva. Esto se reconoce como tal hasta cierto valor. Pasado dicho valor de la tasa impositiva, la recaudación fiscal empieza a decrecer hasta llegar a 0 cuando la tasa pasa a ser del 100%.

La madre del cordero reside en identificar el punto óptimo, esto es, el valor óptimo de la tasa impositiva, en el que se maximiza la recaudación estatal.

Si se nos pasa la mano, esto es, aplicamos una tasa impositiva mayor corremos el riesgo de disminuir el nivel de actividad económica y de alentar el fraude fiscal, con lo que en vez de recaudar más terminamos recaudando menos. Como quien dice, fuimos por lana y salimos trasquilados.  

Si, por el contrario, aplicamos una tasa impositiva menor al punto óptimo, habiendo espacio para subirla sin afectar la actividad económica ni estimular el fraude impositivo, corremos el riesgo de déficit fiscal y/o de disponer de un Estado sin la capacidad para proveer los bienes/servicios que se le exigen.

En resumen, ni tanto ni tan poco. Unos empujan hacia abajo, otros hacia arriba. Y el tema se complica si nos adentramos en la estructura de la tasa impositiva y a quienes afecta, quienes se benefician y/o perjudican con un valor u otro.

La tesis que sostienen quienes promueven la baja de impuestos es que los recortes se pagan solos dado que generarían crecimiento económico, y éste una mayor recaudación impositiva que compensa la baja de impuestos. O sea, la tesis de que los recortes se pagan solos y con creces.

Una tesis sin evidencias empíricas. En la práctica, lo que se ha visto al final del día, es que los recortes terminan en déficit fiscal. Efectivamente tiende a generar crecimiento, pero un crecimiento insuficiente para evitar el déficit fiscal.

julio 25, 2026

Uruguay: un fracaso mundialista

Foto de Nikolai Kolosov en Unsplash

La contratación de Bielsa como entrenador de la selección uruguaya tuvo un propósito claro. No solo clasificar para el mundial que acaba de finalizar, sino que para estar al menos dentro de los 4 primeros. Y transformar al futbol uruguayo. Es claro que, si éste era el propósito, el fracaso fue mayúsculo. Y así se siente. No es para menos. Si bien clasificamos para llegar al mundial, no logramos pasar la primera ronda quedando ni siquiera dentro de los mejores terceros. Y no transformó nada. Pero no solo por eso fracasamos. Fracasamos porque al final del día tan solo quedaron resquemores, diatribas, desencuentros, malestares.

Es imperativo preguntarnos ¿qué pasó? ¿en qué fallamos? Las respuestas serán múltiples dependiendo del cristal con que lo miremos, pero aún así, haré un ejercicio muy personal. Mal que mal me hice expectativas de que podríamos llegar lejos con él.

No soy de los que cree que nos fue mal porque es argentino. Eso constituye un chauvinismo que desconozco en los uruguayos. Tampoco soy de los que creen que Bielsa nunca ha ganado nada, o porque habla sin mirar de frente.

A Bielsa no se le contrató por ser argentino, ni por ganar copas, ni por ser de fácil trato, ni por simpático. Se le contrató porque su convicción, su filosofía de juego, era lo que se aspiraba para la selección uruguaya. Se le contrató para abandonar el juego defensivo, del contrataque, de esperar el error adversario. Se le contrató para tener un Uruguay ganador, disciplinado, profesional, dominador, en cancha rival, al ataque, donde todos atacan y todos defienden.  Y sus primeros partidos por las eliminatorias deslumbraron.

Bielsa estaba en su salsa, feliz en Uruguay. Él mismo sentía que su forma de ver el futbol, como un juego, en el que lo que importa es la búsqueda del gol era compatible con la personalidad de los uruguayos. Él mismo debe haber pensado que la simbiosis entre lo que él buscaba y los atributos de los uruguayos, calzaba totalmente. Creo que en ninguna otra parte del mundo podía sentirse más cómodo.

A Bielsa me tocó verlo cuando estuvo dirigiendo la selección chilena. Curiosamente, en Chile se le quiere. Logró sacar trote a los jugadores, levantar la autoestima a los jugadores. Logró cambiar el juego defensivo habitualmente temeroso donde lo que más importaba era no perder, o perder por lo menos posible.

El público chileno vió por primera vez un equipo que no entraba a defenderse, sino que al ataque, no importando a quien se tenía al frente. Se podía estar ganando por un gol y no por ello se retrocedían las líneas. El pressing era permanente, persistente. Y los jugadores respondieron. No salieron campeones ni mucho menos, pero marcaron una época. Impuso un estilo de juego ofensivo que trascendió a su presencia.

En Chile lo que Bielsa veía como errores en el juego, se asumían como tales para corregirse, ya sea por parte de los propios jugadores como desde los medios de comunicación. En Uruguay, no. Lo que él veía como errores no se aceptaban como tales, ni por jugadores ni por nadie, excepto los bielsistas.

En Uruguay, no sé en qué minuto, algo se volvió tóxico y todo apunta a que pasó sin pena ni gloria. Que los conflictos de camarín y sus obsesiones le pasaron la cuenta.

A Bielsa no hay que evaluarlo tan solo por las copas ganadas, porque si fuera por eso, no se le contrata. Se le contrató porque allí donde ha estado deja huella, deja una impronta, una manera de jugar, más allá de si por esa vía se gana o se pierde. La dejó en Chile, la dejó en España, en Francia, en Inglaterra. El punto es que acá no parece haber dejado nada, excepto, que haya dejado a todo el mundo viendo estrellas, marcando ocupado, forzándonos a preguntarnos ¿qué pasó?

Ojalá esta experiencia sirva para sacar las lecciones del caso. Imputar toda la responsabilidad del fracaso a Bielsa, creo que es un error. La tiene y mucha, pero eso no habilita para que otros, que tienen tanta o más responsabilidad, se laven las manos.

Si no hacemos este ejercicio de sacar las lecciones correspondientes de este nuevo fracaso, seguiremos de tumbo en tumbo.

 

julio 24, 2026

Seguiremos haciéndonos los locos

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash        

Una columna anterior titulada Chile se descose (leer), abordé la tragedia que periódicamente nos afecta, el sistema frontal. Lo hice reproduciendo un texto titulado Llueve que se cree fue escrito por Pedro Lemebel.

Al término de la columna pregunté ¿Qué nos dice todo esto? Para responder esta interrogante haré alusión a lo que nos dicen algunos expertos en esta temática. Me apoyaré en Marcelo Lagos, Geógrafo especialista en procesos naturales extremos y gestión de riesgo de desastres, académico de la UC; y en Roberto Pizarro, Ingeniero Forestal, Doctor en Hidrología, director de la Cátedra UNESCO en Hidrología de Superficie y académico de las Universidades de Chile y de Talca.

1. Chile no está preparado para abordar aluviones, desbordes, inundaciones, frente a las cuales nuestra vulnerabilidad es crítica. Estamos mucho más preparados para enfrentar terremotos que inundaciones. Nuestras políticas, acciones, leyes y normativas son extremadamente severas en materia de construcción para responder ante emergencias sísmicas, no así ante emergencias hidrológicas. Incluso más, muchas veces se reprocha la existencia de normativas impulsadas por expertos para construir en terrenos potencialmente inundables. Esto da cuenta de un alto nivel de conciencia sísmica, y un bajo nivel de conciencia hidrológica.

2. Las emergencias han dejado de ser tales desde el momento que se producen frecuentemente. Se han invertido los papeles: ahora la emergencia es que no pase nada porque lo común es que pase algo. Lo excepcional dejó de serlo para pasar a ser lo habitual. Ahora, lo habitual es que pase algo. Los eventos extremos, como son lluvias intensas en poco tiempo, dejaron de ser anomalías para pasar a ser recurrentes, siendo ahora la nueva normalidad.

3. Muchos están viviendo allí donde no existe la infraestructura adecuada de drenaje y mitigación, o en zonas de riesgo como son los cauces naturales de ríos y las quebradas. Por tanto, son los primeros damnificados, y por esas cosas del “destino”, son los más pobres. Acá se denota la ausencia de una planificación urbana, u ordenamiento territorial, que tome en cuenta estas emergencias que llegaron para quedarse.

4. La naturaleza parece tener razones que el ser humano no entiende. No es llegar y doblarle la mano a la naturaleza. Pizarro nos dice que la naturaleza nos recuerda que es dueña del territorio, que los cauces de ríos, humedales, dunas y quebradas tienen memoria hidráulica. Basta que llueva mucho para que el agua busque recuperar el espacio que el ser humano le ha usurpado. Así de simple.

3. Recordando la obra de Benjamín Subercaseaux (Chile o una loca geografía), Chile es una larga y delgada franja territorial situada entre la majestuosa cordillera de los Andes y el océano Pacifico, con una pendiente de miedo. Por tanto, cuando se producen fuertes lluvias, ellas dan origen a vertiginosas caídas de agua desde las alturas que suelen arrasar con todo lo que encuentren en su camino. Lechos de ríos que habitualmente están secos y de donde se han extraído. Legal o ilegalmente áridos, pasan a convertirse en trampas mortales.

Así como hay una polarización política, también estamos teniendo una polarización climática, pasando de sequías a inundaciones y viceversa. Una realidad que habría llegado para quedarse.

Con lo escrito espero haber dado respuesta a la pregunta que formulé en su momento (¿qué nos dice esto?) y que nos lleva a la pregunta ¿qué hacer? A partir de lo que nos dicen los expertos podemos resumir en que necesitamos dejar de mirar al techo y:

a) Tomar conciencia de una realidad que llegó para quedarse, forzándonos a adoptar políticas y acciones preventivas, tal como lo hacemos en el ámbito sísmico;

b) Gestionar adecuadamente las cuencas hidrográficas, esto es, reforestar, proteger los suelos contra la erosión y diseñar obras de conservación de aguas y suelos en las partes altas y medias de la cuenca para frenar el impacto en las zonas bajas;

c) Planificar el uso de suelos urbanos de manera que reduzcan el impacto destructivo de las lluvias extremas en el país;

d) Implementar una infraestructura de drenaje pluvial dimensionada para eventos extremos o continuos; y

e) Liberar las vías naturales de escurrimiento o quebradas que se reactivan históricamente ante eventos extremos y que tienden a ser ocupados ilegalmente.

¿Seremos capaces de hacerlo? O ¿seguiremos haciéndonos los lesos?

julio 23, 2026

Chile se descose

Foto de Yara Kinds en Unsplash

En Chile, un escrito anónimo, titulado LLUEVE, recorre las redes sociales que se atribuye a Pedro Lemebel y que se ha publicado en Ojo de Loca. En este escrito da cuenta de las miserias que las lluvias revelan y que no queremos ver. 

Afirma que llueve y Chile se descose. No de golpe, no de una vez. Primero aparecen las goteras. Después las filtraciones. Luego el techo que cruje. Después la grieta en la ampliación construida con sacrificio, zinc reciclado y dos maestros que cobraron en cerveza. Y finalmente aparece algún periodista a mostrar "el Chile real". Porque en Chile una tragedia no está completa hasta que un periodista empapado la relata frente a una cámara.

Prosigue afirmando que el invierno chileno tiene algo de ritual. Todos los años ocurre exactamente lo mismo. Todos los años las autoridades se declaran preparadas. Todos los años los meteorólogos anuncian sistemas frontales como si estuvieran relatando el desembarco de Normandía. Todos los años las municipalidades aseguran que existe un plan de contingencia. Y todos los años el agua encuentra la forma de demostrar que no existe ninguno.

Porque basta que llueva dos días seguidos para descubrir que el progreso nacional está sostenido con silicona, buena voluntad y declaraciones de prensa.

Los canales se desbordan. Los cerros se deslizan. Las quebradas recuerdan que siguen ahí. Los árboles se caen. La luz desaparece. Las calles se convierten en ríos. Y las casas quedan colgando de la tierra como dientes flojos.

Entonces llegan las autoridades. Siempre después. Nunca antes. Porque en este país la prevención es una especie de leyenda urbana. Algo que todos mencionan pero que nadie ha visto jamás.

Las familias llaman durante años denunciando grietas. Informan que el terreno se está hundiendo. Que el canal se sale cada invierno. Que el muro está cediendo. Y la respuesta suele ser la misma: "Vamos a evaluar." "Vamos a revisar." "Vamos a monitorear." Hasta que la casa finalmente se cae.

Ahí sí. Ahí aparecen la ayuda. Porque en Chile primero ocurre la tragedia y después comienza la planificación. Como si el desastre fuera un requisito administrativo. Mientras tanto, en las poblaciones, la lluvia no tiene nada de romántica.

La lluvia cuesta plata. Cuesta parafina. Cuesta gas. Cuesta leña. Cuesta remedios. Cuesta ropa seca. Cuesta días de trabajo. Cuesta enfermedades. Cuesta salud mental.

La gente no está viendo caer la lluvia desde una cabaña escandinava decorada para Instagram. La está viendo entrar por debajo de la puerta. La está viendo avanzar por el patio. La está viendo acercarse a los enchufes. La está viendo mojar los cuadernos de los cabros. La está viendo transformarse en humedad que después habrá que raspar durante meses.

Pero el Chile publicitario insiste en otra imagen. La del café caliente. La manta. La película. La chimenea. La ventana empañada. La pareja abrazada mirando Netflix, mientras la lluvia golpea suavemente los vidrios.

Una fantasía neoliberal. Una fantasía que tiene su precio. Porque para millones de personas el invierno no es una experiencia estética. Es una amenaza palpable.

Y mientras los más pobres calculan cuánta parafina queda para llegar a fin de mes, el temporal se transforma en espectáculo. Porque en Chile todo termina transformándose en espectáculo.

Incluso el agua. Sobre todo el agua. Los meteorólogos se convierten en celebridades. Los mapas adquieren relevancia política. Los radares meteorológicos parecen instrumentos militares. Y los matinales despliegan reporteros por todo el territorio nacional como si estuvieran cubriendo una invasión extraterrestre. Ahí están. Empapados. Azotados por el viento. Con la parka inflada como vela de embarcación. Gritando mientras la lluvia les golpea la cara. Tratando de explicarnos que está lloviendo. Como si el agua no fuera suficientemente convincente por sí sola.

Mientras tanto los conductores observan desde estudios perfectamente climatizados. Indignados. Conmovidos. Alarmados. A veces incluso furiosos.

Y no deja de tener algo profundamente chileno esa imagen. Un periodista siendo golpeado por el temporal para demostrar que el temporal golpea. Un corresponsal peleando cuerpo a cuerpo con una ráfaga para explicarnos que hay viento. Una señora relatando entre lágrimas que perdió el techo. Un poblado que nadie mencionó durante veinte años convirtiéndose en noticia durante cuarenta minutos.

Porque al letrero de Los Vilos se le voló la V y ahora se llama "Los ilos". Y a los días desaparecen todos nuevamente del mapa. Hasta el próximo desastre. Porque la tragedia también tiene calendario televisivo. Dura exactamente lo que dura el rating. Y el morbo es el padre del rating. Se termina el morbo y volvemos a la programación habitual.

Y de pronto vimos a un país entero entrar en estado de alerta. P rque esa es quizás la palabra que mejor define al invierno chileno. Alerta. Siempre alerta. Alerta temprana. Alerta preventiva. Alerta amarilla. Alerta roja. Alerta meteorológica. Alerta por marejadas. Alerta por remociones en masa. Alerta por viento. Alerta por lluvia. Alerta por frío.

Vivimos permanentemente anunciando la catástrofe que viene. Porque sabemos que viene. No sabemos cuándo. No sabemos dónde. Pero sabemos que viene.

Y también sabemos que después pasará. Como pasa todo. Saldrá el sol. La humedad empezará a retirarse. Las noticias buscarán otro espectáculo. Los periodistas volverán al estudio. Los meteorólogos perderán protagonismo. Las autoridades declararán que aprendieron lecciones.

Y las familias volverán a esperar el próximo invierno. Porque el próximo invierno llegará. Y volverá a mostrar exactamente las mismas grietas. Las mismas desigualdades. Las mismas casas colgando. Las mismas calles sin luz. Los mismos canales desbordados. Los mismos discursos. Las mismas promesas.

Porque la lluvia tiene una virtud que ningún gobierno ha conseguido derrotar: Dice la verdad. Cada invierno cae del cielo para recordarnos dónde están las costuras del país.

Y entonces la cordillera aparece blanca. Vestida de novia. Radiante. Perfecta. Decorando el paisaje para las postales. Mientras abajo, mucho más abajo, alguien sigue poniendo baldes en el living para que no se le llueva la casa.

Y quizás esa sea la imagen más exacta de Chile. La belleza arriba. La emergencia abajo. Y el agua, como siempre, encargándose de unir ambas cosas. Sin respeto también.

Lo descrito es un retrato de Chile, pero que por desgracia se hace extensivo a muchos otros países. Una y otra vez. Y así seguimos.

En invierno son las lluvias las que nos descosen; en verano, son los incendios. Pero ojo que esto no es exclusivo de Chile. Es extensivo a muchos países. A modo de ejemplo, hoy España está siendo azotada por incendios de marca mayor.

¿Qué nos dice todo esto? A ver si en otra ocasión vemos qué no hacemos y debemos hacer..

Fuente: 

://www.facebook.com/Acunadiputadoxd8/posts/llueve-y-chile-se-descose-no-de-golpeno-de-una-sola-vez-la-lluvia-tiene-modales-/10242934959370715/ 

IIE la rompe … (parte 15)

A poco andar de la creación de la carrera de Ingeniería Informática Empresarial (IIE), aprovechando que una de las asignaturas bajo mi responsabilidad era Modelamiento de Negocios, les pedí a los alumnos del curso, que levantaran el modelo de escuela IIE tal cual lo veían. Para ello ocupamos el modelo de Osterwalder que consta de 9 componentes. 

Importa destacar que uno de los alumnos de la carrera fue quien me dio a conocer la existencia de este modelo específico que permite levantar un modelo con cierta facilidad a partir de un enfoque participativo.

El resultado, luego de sucesivas presentaciones y ajustes por parte de distintos grupos de alumnos, lo que emergió fue un modelo de escuela caracterizado por:

Una propuesta de valor centrada en la formación de profesionales capaces de innovar dentro de las organizaciones en que se desempeñen en base a las Tics sobre la base del desarrollo de competencias mediante un temprano acercamiento al ambiente laboral.

Asumimos como segmentos de alumnos a los egresados de enseñanza media, provenientes de colegios municipales o particulares subvencionados de las regiones VI y VII región del Maule, interesados en la aplicación de Tics en las empresas.

Respecto de las relaciones con los potenciales alumnos se ofrecía como atractivo el ingreso a una universidad pública regional pujante, con una sólida infraestructura física y amplios espacios para la convivencia estudiantil y prestación de servicios de apoyo (salud, psicológicos, bibliotecarios, gastronómicos), además de la implementación de un Programa de Apoyo y Seguimiento a Alumnos en Riesgo (PASAR).

Como canales de distribución y comunicación anualmente se realizan, por parte de los profesores de la escuela, charlas a alumnos de 3ro y 4to año de enseñanza media en establecimientos de las VI y VII regiones, una feria pública de posters en que los alumnos muestran los resultados de los proyectos realizados en las empresas de la región, actividades que se complementan con la página web de la carrera, folletos informativos distribuidos en medios de comunicación tradicional y redes sociales, además de la campaña promocional que realiza la propia universidad.

Las actividades consideradas como claves por parte de la Escuela son las de promoción de la carrera en la enseñanza media, las de enseñanza-aprendizaje (docencia), la retención de alumnos, la formalización del trabajo con empresas que faciliten la realización de consultorías y proyectos a lo largo de la carrera, y el proceso de titulación de los alumnos.

Los recursos claves son la disponibilidad de una infraestructura física universitaria, equipamiento tecnológico de vanguardia, y un cuerpo de profesores con sólidos conocimientos en sus respectivas disciplinas y comprometidos con el éxito de la carrera, junto con las empresas, las que son vistas como los laboratorios de la Escuela.

Son considerados como socios estratégicos por parte de la Escuela, la red de empresas que apoyan a la Escuela facilitando la realización de proyectos y consultorías por parte de los alumnos; la red de preuniversitarios y establecimientos educacionales de donde provienen los alumnos que ingresan a la carrera.

En cuanto a la estructura de costos se encuentra concentrada en los sueldos del personal docente, paradocente (ayudantes) y administrativos. 

Respecto del flujo de ingresos, ellos se concentran en los aranceles y las matrículas.

A poco más de 10 años de esta visión, de este modelo de Escuela, cabe preguntarnos ¿sigue vigente? ¿se ha actualizado? ¿qué mejoras se han producido?