julio 14, 2026

En torno al fascismo

Fuente: https://gemini.google.com/app/76d5aba2d904e8ae

En un reciente artículo de opinión publicado en el diario El País (La política de negatividad de izquierdas) en el día de ayer (13 julio 2026), el sociólogo chileno Alfredo Joignant, afirmó que “Si bien el presidente Kast es sumamente conservador en el plano económico y cultural, eso no habilita la crítica hacia un Gobierno “fascista”, de “extrema derecha”, “ultra-radical” o con cualquier otro calificativo de la misma índole” (leer).

Joignant, admite que el gobierno de José Antonio Kast (JAK) es el más derechista de todos los gobiernos desde el retorno a la democracia en 1990 y que no ha ocultado su adhesión al pinochetismo, pero eso no nos habilitaría para calificarlo como de extrema derecha, o de fascista. Para estos efectos se basa en su práctica concreta de gobernante. Afirmar que no correspondería calificar al gobierno de JAK como fascista, o de extrema derecha por las acciones llevadas a cabo en tan solo poco más de 100 días de gobierno, es tanto o más temerario que sostener que sí lo es.

Joignant tiene razón cuando sostiene que “las izquierdas sentaron un pésimo precedente al tratar de “fascista” al expresidente Sebastián Piñera, en un abuso de las categorías utilizadas para nombrar al adversario”. Efectivamente, Piñera al recordar los 30 años del golpe, en septiembre del 2013, denunció a los cómplices pasivos, entre los cuales estaba JAK. Esto es, no son comparables: Piñera no fue un fascista, en JAK está por verse, pero hay muchas pistas en esa dirección.

Joignant encuentra “muy buenas razones para calificar de extrema derecha a los gobiernos de Trump, Orbán y Bolsonaro, en donde la experiencia de ser reprimidos, instrumentalizados por reglas del juego manipuladas y, para decirlo en una sola palabra, de estar regidos por un gobierno “iliberal” justificaba con creces el diagnóstico. La extrema derecha manda en Estados Unidos, y mandaba en Brasil y Hungría”.

Si bien es un tanto prematuro afirmar que estamos ante un gobierno fascista, tampoco corresponde negarlo porque hay poderosos signos que apuntan hacia allá. Pero para poder continuar tenemos que aclarar por qué entendemos por fascismo.

Para estos efectos hace ya casi dos años, escribí un artículo titulado ¿Qué es el fascismo? (leer). En él describo un conjunto de características que identificarían al fascismo, las que resumiré en una tabla que sigue incorporando una columna conteniendo una puntuación que va del 0 al 10, donde 0 significa que el gobierno de JAK no tiene esta característica, y 10 que si lo tiene en grado sumo. Valores intermedios dan cuenta de la fuerza que la característica tiene.

 

Características del fascismo

Puntuación

1

ensalza la patria, idealizándola a través de símbolos (la bandera, el escudo y el himno)

10

2

glorifica la guerra y a las FFAA

8

3

rechaza la globalización que restringe sus ámbitos de actuación nacionales.

6

4

controla y censura a quienes ve como amenazas a su existencia, a sus tradiciones, a su identidad.

4

5

promueve el culto al líder, al que se debe adorar y exigir que defina lo que es verdadero y lo que es falso

0

6

se estructura jerárquicamente a imagen y semejanza de las FFAA, donde unos mandan y otros obedecen

0

7

discrimina los “normales” de “no normales”, en base a la sexualidad, raza, religión, política, u otros factores

2

8

ve la igualdad como una amenaza, como lo prueba la mirada supremacista blanca, aria u otra

4

9

rechaza la democracia liberal, valorando la imposición del orden y la seguridad, sobre la libertad y la justicia.

6

10

promueve la existencia de gobiernos autoritarios, centralizados con poderes para intimidar o suprimir toda oposición política y social

6

11

idealiza la vida campestre, rural, glorificando la historia y la tradición nacional

10

12

valora el trabajo como mecanismo para ser libres “Arbeit macht frei” (“El trabajo nos hará libres”).

8

13

promueve una representación apolítica de los distintos componentes de las ramas productivas

4

14

busca controlar la vida social y política apelando a las emociones por sobre la racionalidad

4

 

Total

72

En consecuencia, si nos atenemos a la tabla, a la puntuación que he dado, de un total máximo posible de 140 puntos, el puntaje total alcanzado de 72 puntos, podríamos afirmar que estamos ante un gobierno, el de JAK, al menos en un inicio, del orden de un 50% fascista. Aprovecho de decirles que la tabla no la encuentro infalible ni mucho menos. Creo que faltan características, así como hay algunas que se pueden fusionar. Con todo, estimo que nos puede servir para responder la pregunta ¿es fascista el gobierno de JAK? Pregunta que espero podamos volvernos a hacer en un tiempo más.

Invito a mis lectores a hacer el ejercicio de poner los puntos (entre 0 y 10) que considera aplicar a cada característica, así como a construir una nueva tabla con las características que a su juicio definirían en un régimen fascista.

Y ojalá me cuenten cómo les fue.


julio 12, 2026

Jugando sucio

Foto de jesse orrico en Unsplash

En la semana vimos un espectáculo grotesco. Un ministro de hacienda acordando con un grupo de senadores de un partido, el PPD, una rebaja al impuesto corporativo a un 23%, para a la hora de los quiu, bajo cuerda, tras las bambalinas, bajarlo a un 22%. Acá hay varios puntos a observar.

En primer lugar, la aplicación de la estrategia “dividir para reinar” para aprobar la famosa megareforma tributaria que pareciera ser el corazón de la política de reconstrucción nacional en que se ha empeñado el gobierno. Aprovechó la disponibilidad de 3 senadores del PPD para “mejorar” el proyecto llegándose a un acuerdo que terminó vulnerando por si pasaba piola.

En segundo lugar, la ruptura de la institucionalidad por parte de los senadores que se pusieron a negociar con el gobierno a espaldas del partido que representan, y de la oposición que dicen constituir. Cuando se es parte de algo, no es llegar y arrancarse con los tarros.

En tercer lugar, el ministro y el gobierno se pasaron de listos. Creyendo tener los votos de los senadores en el bolsillo, rebajaron otro poquito el impuesto en debate dando por sentado que ya no tendrían tiempo para echarse para atrás.

En cuarto lugar, al ver que la movida no había resultado, el ministro echa marcha atrás para salvar el acuerdo que él mismo hizo trizas, o que en lenguaje de gobierno, “hizo caer a pedazos”. La marcha atrás de Quiroz la hace dando a entender que se trataría de un "malentendido".

¿Qué nos dice todo esto? Que todos los actores de este episodio salieron mal parados. El gobierno, porque mostró a uno de sus ministros jugando sucio. Los senadores que se prestaron al juego a espaldas de los partidos por los cuales fueron elegidos. Los partidos políticos por su incapacidad para ordenarse y hacer respetar su institucionalidad.

Que el presidente del PPD no supiera que los senadores de su partido estaban conversando y negociando a sus espaldas, es una vergüenza. No se trata de que no puedan hacerlo, dado que conversar y negociar es la esencia de la política. El punto es que no puedes andar haciéndolo a tu pinta, corriendo solo, a espaldas de tu partido. Eres un senador que representas a un conjunto de votantes, el pensamiento de un partido político. Al final del día todos salieron mal parados.

Sería interesante sacar alguna lección de este episodio. Aprender que la estrategia de dividir para reinar puede ser válida en el ámbito militar, pero no en el político, salvo que en este mundo primen quienes no tengan más de dos dedos de frente. Aprender a respetar la democracia que tenemos si queremos respetarnos a nosotros mismos.

No hacerlo conduce a la prostitución de la democracia. Se la prostituye cuando se actúa jugando a las escondidas o a los bandidos, que es lo que ha dejado al desnudo la maniobra del ministro Quiroz. Así no se hace política. Así no se gobierna. Así no se reconstruye un país, sino todo lo contrario. Cuidar la democracia es tarea de todos, pero muy especialmente por quienes son autoridades.

julio 10, 2026

Neoliberalismo: antes y después

Fuente: https://gemini.google.com/app/8f5dc11099a59519 

El déficit se produce cuando los costos en que se incurre son mayores que los ingresos que se generan. Esto es válido ya sea que estemos hablando acerca del presupuesto personal, familiar, empresarial, comunal, regional, nacional o internacional.

Si se dispone de ahorros, éstos pueden ocuparse para financiar el déficit, o para que no se manifieste, y/o el déficit se financie mediante endeudamiento con terceros, lo que supone que a futuro se espera, o confía, disponer de ingresos por sobre los costos.

En un pasado no tan remoto, cuando no se disponía de un mercado financiero crediticio tan “robusto” como el que tenemos hoy, hablar de endeudamiento eran palabras mayores. Solo nos endeudábamos en casos extremos, como es el caso de comprar una vivienda en el caso de una familia, o de grandes maquinarias para el caso de una empresa.

Pero el caso es que en algún minuto esto cambió. Tal como el plano histórico del mundo occidental se divide en antes y después de Cristo (AC y DC), en el plano financiero podríamos hablar de antes y después de las tarjetas de crédito. Lo digo porque a partir del nacimiento de las tarjetas de crédito la capacidad de consumo se disparó de la mano de un marketing a la vena marcada por una publicidad apabullante que jugó psicológicamente con las aspiraciones de las personas.

Y este antes y después de la aparición de las tarjetas plásticas de crédito en las décadas de los 70 y 80, por esas casualidades de la vida, coincide con el arribo del axioma neoliberal que tan bien encarnaron en su tiempo Reagan y Tatcher en EEUU e Inglaterra, y nuestro innombrable en Chile vía manu militare.

Por tanto podríamos hablar que el tiempo se divide ya no en AC y DC, sino en AN y DN, esto es, antes después del neoliberalismo. Así como estamos viviendo en el año 2026 después de Cristo (DC), en términos económicos-financieros podríamos estar hablando de que estamos en el año 50 DN si creemos que el neoliberalismo nace en 1976. Es cosa de fijar esta u otra fecha.

Lo digo porque da la impresión que no podríamos volver atrás, que habría que dar por sentado que el neoliberalismo llegó para quedarse. Uno conversa con un neoliberal y es algo de Perogrullo, indiscutible, axiomático, que no hay por donde perderse y que cuando celebremos el primer centenario, esto es, el año 100 DN, los progresos pueden llegar a ser tales que nos encontraríamos en el mundo de bilz y pap, en la tierra prometida.

Quienes adhieren al dogma neoliberal no se cansan de vanagloriarse de los avances alcanzados, así como de los perfeccionamientos efectuados en este primero medio siglo. Incluso más, todos los esfuerzos por desmontar el neoliberalismo habrían chocado frente a una realidad que solo invita a perfeccionarlo para su consolidación. Proceso histórico que sus adherentes consideran como irreversible. En esto se asemejan a quienes hablan de la irreversibilidad de los procesos. Bien sabemos que todo es reversible, que solo el tiempo es irreversible. Minuto que pasa, no vuelve.

Todo un tema dado que estos primeros 50 años DN se caracterizan por no tener precedentes en las más diversas esferas, tanto positivas como negativas. Basta ver los logros en el campo científico-tecnológico, en destrucción masiva, en desarrollo espacial, en superación de la pobreza, así como en producción de pobreza, en incremento de la desigualdad, en disponibilidad de bienes y servicios, en precarización del trabajo y en tantos otros ámbitos.

Sin darme cuenta, me he ido por las ramas porque partí con el tema del déficit y después me he ido en volada a otros confines. Lo concreto es que los déficits que vivíamos en los años AN persisten a 50 años DN, pero su contenido, su estructura es otra, muy distinta. AN no existía la capacidad de déficit económico que existe actualmente, pero sin duda que existía un déficit, pero era un déficit de consumo, dado que la pobreza se expresaba en desnutrición, en alta mortalidad infantil, baja esperanza de vida. Hoy el déficit es de otro tenor, es un déficit económico en su origen, pero que se extiende a un déficit de estabilidad laboral, familiar, social. El piso se mueve más que nunca, excepto para los que están arriba.

julio 08, 2026

Trump sin filtros

Nos guste o no, la realidad política internacional actual está marcada por Trump, un personaje que nos recuerda tiempos prehistóricos, sin reglas, de la imposición de la fuerza. Ahora, estando en una reunión de la OTAN en Ankara, la capital de Turquía, una vez más se dio el lujo de subir y bajar a su antojo a quienes no le rinden pleitesía.

Cuesta creer que sea el presidente de los EEUU, y que haya sido elegido por sus conciudadanos. Temo que hayan generado un monstruo, tal como hace casi un siglo los alemanes depositaron su confianza en quién los condujo al desastre bajo la excusa de conducirlos a la Gran Alemania. La diferencia estriba en que entonces Hitler no contaba con la bomba atómica. Trump sí cuenta con ella. Al igual que Hitler, pareciera no tener frenos a sus propósitos de expansión.

Basta tener dos dedos de frente para percatarnos que Trump es un niño malcriado que siempre ha hecho lo que ha querido, sin límites, ni escrúpulos para hacer y decir lo que se le antoja, para insultar y adular según sus intereses. Un nuevo rico, maleducado, sin los filtros que provee la educación para saber ser y estar, para comportarnos, relacionarnos, no insultar, respetar a los demás. Lo dramático es que tiene poder de destrucción gracias a sus seguidores, sus votantes, quienes aprecian y valoran su rusticidad, su brutalidad.

Se dio el lujo, y gusto, de raptar al presidente de un país, Venezuela, supuestamente soberano, y llevárselo a EEUU para que lo enjuicien. Lo hizo sin arrugarse siquiera. Para remate ahora tiene a una presidenta encargada, Delcy, para ver si se porta bien, según su parecer, mientras a María Corina la tiene en estado de espera. Mientras tanto, tiene a Cuba, no bailando cumbia, sino que al compás de sus arbitrios.

En Irán se dio el lujo de descabezar el régimen imperante asesinando a toda su cúpula. Uno de los motivos, para evitar que tengan la capacidad de destrucción que proveen las bombas atómicas, que EEUU sí puede tenerlas, pero no Irán. ¿Qué se cree? Basta que alguien tenga capacidad nuclear para que los demás también lo quieran. Es como el niño que tiene un juguete, pero que no quiere que otros niños lo tengan.

Lo lógico es que nadie tenga bombas atómicas y a eso apuntaba el tratado de no proliferación nuclear firmado hace más de 10 años, de ir desmontando todas las capacidades nucleares. Fue el mismísimo Trump resolvió desahuciar el tratado con la excusa de que no estaba siendo respetado.

Para el mundial de futbol no se aguantó de meter su cuchara, solicitando al presidente de la FIFA, Infantino, que levantara una sanción que imposibilitaba la actuación de uno de los jugadores cruciales de EEUU en un partido crucial ante Bélgica. Infantino, no lo pensó dos veces, accediendo rastreramente a la petición. 

Seguramente, Trump soñaba con una final entre EEUU y Argentina, de modo de poder verla junto con Milei, su fan número uno en América Latina. Los belgas se encargaron de poner en su lugar a Trump dejando fuera de carrera a EEUU.

Ahora, en Ankara vuelve a sus andadas resucitando su aspiración por hacerse de Groenlandia, e insultar a quienes no le rinden pleitesía. Penoso el rol de Rutte, el secretario general de la OTAN, su perro faldero.

Quiere suprimir todo comercio con España porque Sánchez, el presidente del gobierno de España, le negó el acceso a las bases militares que tiene en España para agredir a Irán. Todo un matón de barrio, de la más baja estofa, impresentable. 

Paradojalmente, a pesar de que el gobierno de Sánchez está al borde de la cornisa por la corrupción de no pocos de sus colaboradores inmediatos, España crece más que los demás paìses europeos, en gran parte gracias a su postura de NO a la guerra y su actitud frente a los inmigrantes. Al paso que vamos, capaz que en las elecciones generales que tendrán lugar próximamente, la consigna se plantee en forma tal que los españoles escojan entre Sànchez y Trump, asimilando las posturas de Feijóo y Abascal a las del trumpismo.

EEUU tiene la desgracia de celebrar sus 250 años de independencia dependiendo de los vaivenes y palos de ciego de un presidente que nos está haciendo retrotraer a rtiempos del Ku Klux Klan. El Trump que en campaña dijo que en 24 horas terminaría todas las guerras, es el mismo de la operación "furia épica" contra Irán.

Pero lo más patético es presenciar la reproducción de personajes de su calaña (Bukele, Milei, De la Espirella, etc.), aupados, elegidos, por quienes serán sus primeras víctimas. Bajo la bandera de hacer nuevamente grande a América, el movimiento MAGA (Make America Great Again), la está empobreciendo a pasos agigantados. Mientras tanto, él y quienes le rodean enriquecen a manos llenas a vista y paciencia de todo el mundo.

China y Rusia, de momento están tomando palco, pero no dudo que también están tomando nota de un proceso cuyo final es difícil de prever.

El futuro del trabajo y la educación

Hace ya unos 10 años escribí una columna titulada "Hacia un mundo sin trabajo" (leer) donde hago referencia a lo que ya estamos viendo hoy, ahora acentuado por la irrupción de la inteligencia artificial.

Hoy reafirmo lo sostenido y si vuelvo a escribir sobre el tema es para reforzar algunas ideas a la luz de lo que estamos viendo. De partida, para suavizar esta transición hacia este mundo con menos trabajo, de modo que afecte a menos personas, lo que ya se está viendo. Bill Gates nos habla de una nueva jornada laboral semanal de 2 a 3 días. Si no queremos que el desempleo se dispare, es inevitable la reducción de la jornada laboral.

Lo que está importando es el valor generado trabajando, la productividad, no el tiempo que estamos contratados. Esto es algo que no tiene vuelta. Oponerse a esto es chocar contra una pared inamovible. Para allá vamos dentro de lo que ha sido la tónica desde los tiempos de Adán y Eva marcada por nuestro deseo de obtener lo máximo con el menor esfuerzo posible. La única diferencia reside en que ahora este proceso se ha acelerado.

Las consecuencias son fuertes en todos los ámbitos. Si no queremos vernos engullidos por la automatización, es imperativo que asumamos su conducción y adaptemos a sus consecuencias. De lo contrario corremos el riesgo de que nos veamos engullidos y que la democracia sea devorada por la tecnocracia, lo que de alguna forma estamos viendo en nuestros días. No debemos dejar que Musk, Theil y otros gurúes tecnológicos sean quienes determinen nuestro destino. Pero para esto es imperativo que asumamos la realidad tal cual es y terceros definan nuestras vidas.

De partida, una vida adulta no necesariamente estará marcada por el trabajo. Esto será así para unos pocos, con trabajos de alta especialización, que es la que tendrán quienes estén tras el desarrollo de la inteligencia artificial, tras los procesos de robotización, de análisis de datos, de ciberseguridad y otros de la más alta calificación. 

Ya hay más tiempo libre, tiempo de ocio, y seguirá creciendo porque esto no tiene vuelta atrás. Por tanto, tenemos que enfrentar el qué hacer en este mayor tiempo libre que dispondremos, y que de hecho ya estamos disponiendo. Esta es, creo, la madre del cordero, aprender a saber qué hacer con este "nuevo" tiempo. Para ello tenemos que darle un sentido a nuestras vidas, a saber qué hacer con nuestro creciente tiempo de ocio, y tener una educación alineada con esta nueva realidad.

Esto implica que las instituciones educacionales, particularmente las superiores, que nos educan para incorporarnos al mundo del trabajo, tendrán que reformularse, dejando de formar profesionales que un futuro más próximo que lejano, no demandará.

¿Significa esto que muchas instituciones educativas superiores desaparecerán? No necesariamente en la medida que sean capaces de adaptarse ya no formando profesionales para trabajar, sino que personas para saber qué hacer en sus vidas, para desarrollar competencias blandas vinculadas con el saber ser y estar, para tener pensamiento crítico, para ser capaces de ver bajo el agua, para discernir de modo que no les pasen gatos por liebre. 

Por último, pero no por ello menos importante, una sólida formación ética que nos provea de un sólido muro de contención frente a la tentación de ser corrompido o corromper a terceros que hoy está más presente que nunca.