junio 09, 2026

Tejiendo la telaraña

El gobierno se ha empeñado en implementar un plan de reconstrucción nacional cuyo eje dice estar centrado en la economía y la seguridad. La razón está dada por lo que en campaña se sostuvo, sin medias tintas, que el país estaba por los suelos, que se estaba cayendo a pedazos. Razón que calzaba muy bien con la idea de reconstrucción nacional, a imagen y semejanza de lo que afirmara la dictadura al iniciar su gobierno el 11 de septiembre de 1973 en la voz del innombrable.

Por algo, quienes idearon el proyecto de reconstrucción nacional son los que en esos tiempos eran quienes se frotaban las manos tras bambalinas, los llamados cómplices pasivos, a los que hoy cabría agregar a sus hijos. Éstos tienen el dudoso honor de llevar y mantener viva la antorcha.

En el plano económico, como hace ya poco más de medio siglo, todo está centrado en la necesidad de crecer a como dé lugar, levantando toda restricción, toda limitación que obstaculice el propósito de crecer. Propósito que se da por sentado beneficiará a moros y cristianos, más temprano a unos, más tarde a otros para que seamos, al fin, la gran nación que el destino nos depara, y que tan esquiva nos ha sido.

Estamos hablando de un lejano y lindo país con esquina vista al mar, delgado como pocos, que de tiempo en tiempo tiende a sacudirse -orgásmica, espasmódica, telúrica o epilépticamente- por las más diversas vías.

Los próceres llamados a liderar la reconstrucción en que quieren sumergirnos, aseguran que no hay atajos, que la verdad a la milanesa es una sola: para crecer es imprescindible invertir más, y quienes invierten son los de arriba, los que tienen. Nos guste o no. Y por desgracia se resisten a invertir porque no habría suficientes incentivos, dado que consideran alta la carga impositiva. La receta a aplicar al enfermo incluye un tratamiento que tendría al menos tres patas.

Una, bajarles los impuestos a quienes más tienen en base a la receta que en su minuto aplicó el innombrable: a los ricos hay que cuidarlos, para que inviertan aquí y no en la quebrada del ají. Más vale dinero en sus bolsillos que en los del Estado. Se basa en la lógica de que un peso en manos de un privado, de seguro que tendrá un uso más eficiente que en manos de un burócrata del Estado.

Dos, bajar los gastos del Estado hincándole el diente a programas estatales de todo orden, así como a eliminar el personal público innecesario que inundaría el aparato estatal. Los bautizados como parásitos por Cristian Valenzuela, uno de los más conspicuos asesores de José Antonio Kast, y que, desde el 11 de marzo del presente año, teje la telaraña desde el segundo piso de la casa de gobierno. Ahora en calidad de parásito top one.

Tres, aumentar los gastos en las FFAA y carabineros, a lo que cabría agregar gendarmería, con el propósito de hacer carne la tan querida seguridad a la que aspiramos. Una seguridad de terror. La educación, la salud y la previsión no caen dentro de esta concepción de seguridad.

El punto es complejo, nada de trivial, porque al final del día, lo que se recortará -eliminará, disminuirá o discontinuará- del gasto estatal, en lo grueso, se relaciona con servicios que el Estado brinda, no a los de arriba, sino que a los de abajo.

Para rematarla, para implementar esto, el gobierno, sobre la hora, y sin mencionarlo en la cuenta pública del pasado 1 de junio, está solicitando que le habiliten para endeudarse por varios miles de millones de dólares. Endeudamiento que terminaremos pagando los mismos de siempre. ¿Adivinen quienes?

En síntesis, lo que tendremos al final del día, es que a los de arriba les aflojaremos el cinturón, en tanto que a los de abajo se los apretarán. Ya lo estamos viendo al concentrar los dardos en los deudores del CAE. Quienes están tras esto son los mismos que se resisten a levantar el secreto bancario que permitiría conocer la ruta del dinero mal habido.

Todo, con la promesa de que al final del túnel veremos la luz. Esto me recuerda las expresiones del innombrable el mismísimo 11 de septiembre de 1973, donde nos aseguró que todo el sacrificio era para hacer de Chile una gran nación.

No sé por qué, pero de repente siento la sensación de que nos ven las canillas una y otra vez.

junio 07, 2026

El Papa en España


Aprovechando que el Papa León XIV llegó a España escribiré estas líneas centradas en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, donde hace alusión a la inteligencia artificial, advirtiéndonos respecto de sus alcances.

Lo hago porque estamos ante un Papa que en el año que lleva como sucesor de Francisco, ha tenido una actuación sin aspavientos, eminentemente observadora, silenciosa, pero firme. Algunos lo han tildado de león gato, por lo tranquilo, porque no rugiría. Ha sido un año de introspección, del que ha emergido con todas sus luces, para sorpresa de no pocos.  

Y ha emergido con una encíclica que nos invita al discernimiento para llevar luz allí donde pareciera reinar la oscuridad, para invitarnos a ser optimistas, para actuar en consecuencia, y dejar a un lado el pesimismo paralizante.

Lo hace ante un mundo polarizado in extremis, ad portas de zozobrar. Un mundo en el que conviven, al mismo tiempo, inmensas capacidades constructivas y destructivas gracias a un desarrollo científico-tecnológico sin precedentes, que el Papa Francisco denunció en su momento en la Encíclica Laudato Si. El Papa León XIV lo rememora en Magnifica Humanitas al afirmar que el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocrático en el mundo globalizado nos está encaminando:

“a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas”.

El Papa León XIV también nos recuerda

“que la técnica no es un simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz”.

Expresiones que delatan preocupación y denuncia de que estamos construyendo una sociedad con alto riesgo de derrumbe bajo los cantos de sirena de una tecnocracia de la mano de la sacrosanta eficacia.

El Papa León XIV no se opone al progreso técnico. De hecho lo considera valioso en sí mismo, pero advierte que:

“requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue. Si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad: se “tiene más”, pero no se “es más”, y la persona corre el riesgo de ser valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece”.

Si no supiéramos quién ha vertido estas expresiones ni dónde se han volcado no pocos apostarían que se trata de expresiones de un comunista, de un rojo, de un socialista, de un zurdo, de un personaje “woke”. Pero no, son del Papa León XIV, del sucesor de Pedro, quien nos invita a ser más antes que a tener más. Invitación que deberíamos considerar muy seriamente si no queremos sucumbir como sociedad.

Prosigue luego abordando el tema de la inteligencia artificial donde aprovecha de interrogarnos respecto de la sociedad que estamos construyendo. En fin, veo al Papa León XIV rugiendo, plantando cara ante los poderosos, ante una clase tecnocrática, representando a quienes no tienen voz, llamándonos a no renunciar al desarrollo humano integral, al cuidado de la casa común, a rescatar nuestra capacidad de discernimiento dentro de un marco espiritual, ético y político.

En resumen, nos anima a no perder nuestra condición humana, la magnífica humanidad con que fuimos creados por Dios Padre Todopoderoso, por Jesucristo, por Alá, por Jehová, por el Gran Arquitecto, o por quien sea.

Si bien se me quedan muchas cosas en el tintero a propósito del Papa León XIV y su encíclica, no quiero abusar de vuestra paciencia, por lo que terminó aquí esperando seguir en otra ocasión.

Abrazo!


mayo 28, 2026

Un gobierno de destrucción nacional

Estamos bajo un gobierno que llegó con la bandera de que el país se estaba cayendo a pedazos, poniendo énfasis en la inseguridad imperante y el bajo crecimiento experimentado en los últimos años. Los republicanos, de la mano de libertarios y la “derechita cobarde” vendrían a salvarnos para sanearnos, proveernos seguridad y enderezar la economía nacional. Uno de sus personeros habló, al voleo, de la necesidad de extirpar a los parásitos. Otro, que el Estado estaba quebrado. Bajo el poncho traerían el programa que nos sacaría del marasmo, de la decadencia, y que no quisieron dar a conocer para evitar roces, resquemores.

Lo concreto, la verdad a la milanesa, es que no hay plan de seguridad, ni nada de nada. Tuvieron que pasar dos meses desde que asumieron para que reconocieran que no había plan de seguridad alguno, y que el único con que cuentan, es el de Boric.

Para que la economía crezca, mandan al congreso una ley miscelánea, donde caben sapos y culebras para hacer pasar gatos por liebres, pero cuya esencia es clara: hay que bajar los impuestos a los de arriba, asegurándoles que no les cambiarán las reglas de juego por más de dos décadas, para que puedan invertir a campo traviesa. Es la clásica receta: tratar con guantes de seda a quienes tienen capacidad para generar empleo. Es la política que el innombrable, en sus tiempos de gloria, calificó como “hay que cuidar a los ricos”.

Es lo obsesión por el empleo, de la boca para afuera, de quienes se encuentran en las alturas. Quiroz, ministro de hacienda, sostuvo que la mejor política pública es la del empleo, y que la mejor noticia que le puede dar a la clase media es que el país crezca, que el empleo crezca. Afirma que ahí está la madre del cordero, que la ley miscelánea apunta a eso. Cuando se buscó bajar la pelota al piso, y se le preguntó por la efectividad de los incentivos contenidos en la ley miscelánea, sostuvo muy suelto de cuerpo que no podía garantizar que se contratara más gente. O sea, estamos jugando al tuntún, al emboque, a la ruleta rusa. La ley miscelánea no asegura nada. Sólo se asegura que los impuestos a los de arriba bajarán, pero no se asegura que los ingresos de los de abajo subirán.

En el interín, para asegurar la aprobación de la ley miscelánea, también llamada de reconstrucción nacional, pero que llamaría derechamente de destrucción nacional, las huestes oficialistas están pirquineando votos por las más diversas vías, incluso dispuestos a sacrificar el IVA para los pañales. Abren una verdadera caja de Pandora para que el día de mañana hagamos lo mismo con los libros, el pan, la leche, la construcción. Y la evasión tendrá su agosto. Milton Friedmann debe estar agarrándose la cabeza allí donde esté.

Estamos frente a un gobierno en el que JAK posa de ingenuo, con cara de gringo bueno, de cristiano ejemplar, pero en la práctica, lo que estamos viendo es de un maquiavelismo brutal. Pruebas al canto:

1.      En campaña amenazó a los inmigrantes ilegales con su expulsión, iniciando un conteo de los días que les quedaban para irse desde el minuto que él asumiera la presidencia, la que inició ordenando la construcción de una zanja en el norte para detener la llegada de nuevos inmigrantes ilegales.

2.      Respalda a su ministro de vivienda, Iván Poduje, quien se las da de campeón para resolver el déficit habitacional, y no encuentra nada mejor que poner en jaque los humedales, afirmando que más vale resolver el problema de la vivienda que andar preocupándose de hábitats donde se concentran fauna y flora especializada.

3.      No tiene empacho en ofender al mundo universitario que demanda recursos públicos para desarrollar investigación, al señalar que muchos de sus proyectos terminan en lindos libros para las estanterías de las bibliotecas, pero que no generan empleo.

4.      Tiene la desvergüenza de organizar una cena privada en la casa de gobierno, invitando a sus excompañeros de leyes en la Pontificia Universidad Católica de Chile, mientras reclama por el paisito que le dejaron.

5.      Dime con quien andas y te diré quién eres: Trump, Milei, Bolsonaro, Bukele y Orban. A Milei fue a verlo a pocos días de haber ganado en la segunda vuelta. Este quinteto de “referentes” lo retrata de cuerpo entero. Si a esto agregamos su apoyo al innombrable, tenemos el cuadro aparentemente completo.

6.      Se golpea el pecho en favor de la vida a propósito de su postura frente al aborto, mientras estudia indultar a los militares que se encuentran purgando por crímenes de lesa humanidad, no por delitos comunes, sino por ser ejecutores del terrorismo de estado que sufrió el país en tiempos del innombrable.

La pregunta que no pocos me han hecho, es ¿cómo es posible que un personaje con estas características pudo haber ganado democráticamente las elecciones?  Buena pregunta, que nos obliga a reflexionar, y cuya respuesta amerita otra columna.

mayo 27, 2026

El rearme alemán

Foto de Pascal Bernardon en Unsplash

Por estos días estamos viendo, gracias a Trump, que Alemania está volviendo por sus fueros. Una suerte de resurrección del nazismo y de volver a armarse. Todo, como consecuencia de unos EEUU que en manos de Trump postula la necesidad de que la Unión Europea se las arregle por su cuenta, al mismo tiempo que alienta el resurgimiento de la ultraderecha. Para ello apoya a los regímenes nacionalistas, eufemísticamente llamados euroescépticos, que comulgan con su visión del mundo. Trump olvida que fueron los mismos EEUU quienes prohibieron el rearme de Alemania a fines de la década de los cuarente del siglo pasado.

Pocas dudas caben que busca horadar las bases de los países que conforman la UE, unidad política, económica y social que se alcanzó a fraguar a medio siglo del término de la segunda guerra mundial (2GM). La gran paradoja es que, al término de la 2GM, con una Alemania derrotada, dividida, con su economía por los suelos, para que no volviese a verse tentada por rearmarse, las potencias ganadoras -EEUU, URSS, Francia e Inglaterra-, los aliados, acordaron prohibir el rearme alemán, al igual que el rearme japonés.

Todo esto me recuerda el término de la primera guerra mundial (1GM) de 1914-18, las condiciones impuestas por las potencias vencedoras a través del tratado de Versalles a Alemania, también derrotada en esa oportunidad. Entre ellas, las de prohibir su rearme. Esta prohibición, junto con la ausencia de ayuda para recuperar la economía, fue generando un contexto político y social que posibilitó la emergencia de un populismo que se hizo carne en el nacionalsocialismo -nazismo en Alemania- bajo la figura de un personaje, Adolf Hitler, quien tuvo la paciencia para esperar su hora, no trepidando en violar las disposiciones que impedían el rearme alemán, impulsándolo bajo cuerda con la venia de las élites políticas alemanas de entonces.  

Para estos efectos, no dudó en explotar la realidad que se vivía enfocando el blanco a grupos específicos de quienes conformaban la sociedad alemana: los judíos, los comunistas, los gitanos, los homosexuales y otros grupos minoritarios. La experiencia nazi ya sabemos cómo terminó: con su hundimiento, dejando tras sí millones de muertos y familias destruidas. Como consecuencia de esta 2GM uno de los acuerdos, al igual que cuando finalizó la 1GM, se acordó prohibir el rearme alemán. Pero ahora esta prohibición fue complementada con un programa de ayuda para la recuperación no solo de Alemania, sino que, de Europa, el llamado plan Marshall, concebido a partir de la experiencia vivida después de la 1GM.

Este plan fue una iniciativa de EEUU con dos objetivos explícitos y uno implícito. Los explícitos fueron contribuir a reconstruir una Europa que estaba en escombros, y detener la expansión del comunismo de la URSS. El implícito, fue evitar que Alemania volviese a tentarse a rearmarse.

El resultado de este plan, en Alemania, de la mano de Ludwig Erhard, entonces ministro de finanzas del gobierno encabezado por Konrad Adenauer, junto con la laboriosidad y disciplina del pueblo alemán, dieron forma a lo que suele llamarse como el milagro económico alemán. La prohibición de destinar recursos al rearme militar terminó siendo una ventaja para Alemania, porque la forzó a concentrar sus recursos económicos y capacidades humanas en su recuperación para convertirse en la potencia industrial que es actualmente.

Por eso, no se entiende la presión de Trump para que la UE aumente su presupuesto militar, que inevitablemente deberá provenir de una disminución de recursos que se destinan a otros sectores. Lo más probable es que con la mirada puesta en los negocios, Trump esté pensando en que el mayor gasto militar de los países de la UE esté destinado a la compra de armamentos estadounidenses. En el minuto actual, como están las cosas, Trump le está dando alas al extremismo. Dijo que, con él en el gobierno, al otro día terminarían las guerras. No está haciendo otra cosa que, todo lo contrario. Pero esto ya es tema para otra columna.