junio 17, 2026

Registro Nacional de Vándalos

Foto de pixmike en Unsplash

No sé si será cierto, porque hoy, con el desarrollo de la inteligencia artificial, hay que andar con pies de plomo. No es fácil discernir si lo que que vemos con nuestros propios ojos, o escuchamos con nuestros oídos es verdad o mentira. Hoy por hoy, la mentira es capaz de pasar por verdad. Sin tener claridad de lo que se entiende por posverdad, me atrevo a conjeturar que estaríamos viviendo tiempos de posverdad.

Todo esto a propósito de que una bancada parlamentaria ha anunciado la presentación de un proyecto para crear un registro nacional de vándalos de cuello y corbata (RNVCC). Iniciativa que nace en respuesta a la propuesta del gobierno de crear un registro único de vándalos e incivilidades (RUVI) mediante un proyecto de ley destinado a tener un listado público y sancionar a quienes cometan delitos violentos, destrozos o faltas que afecten el orden urbano y los barrios.

Las sanciones van en la línea de la perdida de beneficios estatales, tales como becas, bonos y otros. Estas sanciones se agrupan en dos categorías. Una sería la de delitos graves y actos vandálicos, y la otra, de incivilidades y faltas locales.

La primera incluye atentados o maltratos a autoridades de distintos ámbitos, tráfico de drogas, cortes de ruta, daños a la propiedad pública, uso de explosivos, fuegos artificiales o disparos; la segunda tiene relación con aquellas conductas que no configurando delitos penales graves, alteran la vida social, tales como el consumo de drogas o alcohol, venta ilegal de alcohol. Comercio ambulante sin permiso, rayados en propiedades, no pagos de pasajes, acumulación de escombros o basuras en lugares no autorizados.

Las sanciones, antes que a cárceles que ya no dan abasto, apuntan a la pérdida de beneficios o derechos, entre otros, la pérdida de la gratuidad en la educación superior, la inhabilitación para postular a subsidios habitacionales o de arriendo, la pérdida de pensiones de gracia o de la pensión garantizada universal.

Está claro que todo esto tiene como objetivo que nos portemos bien. Teniendo esto presente se estaría presentando un proyecto complementario por parte de la bancada parlamentaria demócrata cristiana que incorpore a quienes cometan incivilidades de orden superior, como son los delitos económicos, tales como colusiones, evasiones, elusiones, corrupciones, lavados de dinero, fugas de capitales a paraísos fiscales. Respecto de las sanciones la idea es que vayan más allá de meras clases de ética o de pagos de fianza. Entre las sanciones se plantea la pérdida del derecho a obtener pasaportes y licencias de conducir, del derecho a la devolución del crédito fiscal, a participar en licitaciones públicas y en directorios de empresas.

 La idea es clara: si queremos ponernos bravos, seámoslo con todos, con los de arriba y los de abajo. No vale que lo seamos con los de abajo y no con los de arriba. O nos cuidamos todos o se arma la zamba canuta. La iniciativa gubernamental me recuerda los tiempos del innombrable cuando se afirmaba que había que cuidar a los ricos. Alfombra roja para todos, o para nadie. O como dijo un diputado “no puede haber una mano dura para ciertos delitos y una mano blanda para quienes van contra el Estado o el patrimonio público”.

Sería interesante un gran acuerdo nacional destinado inificar ambos registros. Interesante sería. El país lo agradecería.

El factor trabajo cuesta abajo

Foto de Javad Esmaeili en Unsplash

Estamos viviendo tiempos de pérdida de peso de los trabajadores. Atrás parecen haber quedado los tiempos de lucha por vacaciones, por contratos de trabajo, por limitar las horas de trabajo, por condiciones ambientales decentes. Logros obtenidos con sangre, sudor y lágrimas. Una soga con dos puntas, en una los trabajadores en representación del factor trabajo, y en la otra, los capitalistas, representando al factor capital.

Luego de un paulatino incremento en el peso del factor trabajo, hasta llegar al 65% en los años 70, se inicia, de la mano del neoliberalismo, un descenso que se prolonga hasta nuestros días como podemos observar en la tabla que sigue:

Año

Trabajo (%)

Capital (%)

Trabajo/Capital (%)

1950

63

37

1,70

1960

64

36

1,78

1970

65

35

1,86

1980

64

36

1,78

1990

61

39

1,56

2000

58

42

1,38

2010

56

44

1,27

2020

55

45

1,22

Los valores de la tabla no se refieren a un sector específico ni a un país en particular. Son datos a nivel mundial obtenidos desde diversas fuentes tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Banco Mundial (BM).

Estos valores dan cuenta que estamos frente a una realidad indesmentible: la pérdida de peso del mundo del trabajo que estamos observando, esto es, una disminución de la incidencia de los trabajadores y un aumento de la incidencia de los dueños del capital en la generación del producto geográfico bruto. Las preguntas que podríamos hacernos son esencialmente dos: cuáles son sus causas y si estamos ante una buena o mala noticia.

Las causas que tienden a mencionarse se centran en el debilitamiento del poder sindical, en la globalización, en la concentración empresarial y en el desarrollo científico-tecnológico subyacente en la automatización y digitalización que nos está invadiendo.

Me atrevería a sostener que la causa última es la aspiración por vivir mejor, trabajando menos, en labores que demanden menos esfuerzo físico, para así disponer de más tiempo libre, de ocio. Es lo que quizás unos llamen la ley del mínimo esfuerzo que algunos intentan implementar por la vía del engaño, de la corruptela, del atajo, pero que otros procuran hacerlo por la vía del desarrollo científico-tecnológico que es el que ha hecho posible, logros que nuestros padres jamás imaginaron. Son los avances científico-tecnológicos los que han posibilitado la automatización y digitalización. Avances que exigen grandes capitales, las que son posibles solo con la conformación de grandes consorcios empresariales: Avances que son causa y consecuencia de la globalización en que estamos sumidos. Avances que explican el crecimiento de sectores intensivos en capital y activos intangibles.

Respecto de la segunda pregunta, si estamos ante una buena o mala noticia, la respuesta es un tanto esquizofrénica porque “depende” como diría Larry. Depende del sector en que se desempeñe el trabajador, de sus capacidades, de sus conocimientos, de su edad. También depende del país dónde vive, de dónde viene, y/o de dónde nació. No solo depende de sus “méritos” intrínsecos.

Pero convengamos que debiera ser una buena noticia en la medida que lo sea para todos. Este es el punto. Mal que mal, como mencionaba al principio, la lucha de los trabajadores ha apuntado a mejorar su calidad de vida, no a empeorarla que es lo que señala la pérdida de su peso en relación al capital desde los años 70.  

En este escenario surge la pregunta ¿qué hacer para que los trabajadores no sigan perdiendo terreno y puedan subirse al carro del desarrollo? La respuesta no la veo simple, por lo que tendré que terminar acá, para desarrollarla en otra columna que dejo pendiente.

Abrazo!

junio 14, 2026

¿Quién es Peter Thiel?

Foto de Mariia Shalabaieva en Unsplash

La reciente visita de Peter Thiel a Chile para reunirse con el presidente José Antonio Kast (JAK) no es inocua. Thiel, llegó procedente de Argentina, donde se reunió con Milei. Thiel no es un personaje cualquiera, como magnate tecnológico y fundador de la empresa Palantir, algo trae bajo la manga. Oficialmente se informa que la reunión habría sido breve y protocolar. Como diría un conocido abogado, ”somos tontos hasta las 12”. 

Lo confirma el hecho de que JAK se haya negado a informar de los temas tratados con la excusa de la inviolabilidad de las comunicaciones privadas. ¿Conversaciones privadas en la casa de gobierno, en La Moneda? ¿Estaremos ante una nueva metáfora? ¿o de una hipérbole?

Hasta ahora se ignoran los motivos y contenidos de lo conversado. Por tanto, tenemos chipe libre para especular en torno a lo que pueden haber estado conversando, porque no creo que se hayan reunido para jugar a las bolitas ni para tratar temas que no sean de interés público.

Partamos preguntándonos quién es Peter Thiel. Estamos ante un personaje que nació en Frankfurt, Alemania, en 1967, cuyo padre era ingeniero químico. Su infancia está marcada por la itinerancia familiar, dado que, al año de vida, en 1968, sus padres emigran a EEUU en busca de nuevos horizontes, y a comienzos de los 70 vuelven a emigrar, esta vez a Sudáfrica, en tiempos de apartheid, de la segregación racial. Acá es internado en una escuela de habla alemana caracterizada por su estrictez y los castigos físicos.

Los cambios de residencia de sus padres, obligan a cambiarlo de escuela múltiples veces, hasta que en 1977 deciden retornar a EEUU en forma definitiva, país donde termina sus estudios secundarios e inicia estudios superiores en la Universidad de Stanford para estudiar filosofía (bachelor of arts), graduándose en 1989. Luego estudia leyes, titulándose como abogado en 1992, en la misma universidad.

Fueron los estudios de filosofía los que lo marcaron al sumergirse en la teoría mimética de Girard, filósofo francés, quien sostuvo que el deseo humano no es innato, sino que aprendido e imitativo (mímesis), que copiamos lo que otros desean, lo que inevitablemente generaría rivalidad, competencia, conflicto y violencia, lo que llevaría a explicar terminaría la necesidad de restaurar el orden social.

Esta teoría terminaría por empapar la visión de los negocios por parte de Thiel, postulando que la competencia destruye las ganancias. Su tesis es que para tener éxito toda empresa debe buscar el monopolio, algo único, en vez de competir por la vía de imitar a los demás.

Su adhesión a esta teoría va definiendo su perfil ideológico libertario, conservador, opositor a la cultura progresista institucional, caracterizada por su multiculturalismo. Para expresar sus ideas, funda en 1987 la revista The Stanford Review, donde conoce a quienes más adelante serían sus socios en PayPal y en Palantir, tejiendo con ellos una red de poder en Silicon Valley.

Se afirma que su formación escolar inicial en Sudáfrica, estricta, severa, rígida puede haber incidido en su actual pensamiento libertario caracterizado por su rechazo al control estatal, al uniformismo y a la disciplina ciega. Esto, a pesar de haber estado en una colonia de expatriados alemanes nostálgicos del pasado imperial alemán y del nazismo.

En la actualidad, su afinidad con gobiernos y/o sectores iliberales, autoritarios, tecnocráticos es indesmentible desde el minuto que contribuye financieramente, con mucha fuerza, a quienes impulsan la agenda de la derecha radical estadounidense en los campos de la política y de los negocios.

Estamos ante un personaje de temer que recién está dando sus primeros pasos, pero cuya influencia ya se está haciendo sentir en las más diversas instancias, tanto políticas, económicas, sociales, como tecnológicas. Espero escribir en otra ocasión en torno a ellas.

junio 10, 2026

Sesgo persecutorio

Foto de Markus Spiske en Unsplash

Mientras la Tesorería General de la República (TGR) empezó a embargar los sueldos y bienes raíces de los deudores del Crédito con Aval del Estado (CAE), el Senado de la República rechazó el levantamiento del secreto bancario.

Lo ocurrido me hizo recordar los años 80, cuando estando en España, a un gran amigo ecuatoriano, Diego del Alcázar, le consulté su opinión respecto de quien entonces era el presidente de su país, León Febres Cordero. Socarronamente me respondió: “León con los pobres, Cordero con los ricos”.

Lo recuerdo porque el famoso CAE nació en el año 2006 para quienes querían estudiar en la universidad sin tener los recursos financieros para hacerlo. Esto es, no se implementó para quienes provenían de familias pudientes ni mucho menos. Desde su creación fue objeto de muchas críticas por los más diversos motivos, muchas de ellas razonables, y la experiencia a lo largo de dos décadas, las confirman.

No soy ni he sido defensor del CAE cuya implementación ha dado lugar a consecuencias abusivas y/o perversas. Si mal no recuerdo, surgió porque no se tenían las mayorías parlamentarias para implementar una política de gratuidad o de arancel diferenciado. Por otro lado, bajo el gobierno de Boric se intentó, sin éxito, modificar el sistema de financiamiento universitario vigente.

Si bien el CAE posibilitó que muchos pudiesen seguir estudios superiores que de otro modo no habrían podido cursar, lo concreto es que hoy se tiene a más de medio millón de deudores del CAE por 4 billones de pesos.

El punto es que si bien el origen del CAE fue para que pudiesen ingresar a la universidad quienes de otro modo no podrían, lo concreto es que para que pasara el filtro parlamentario, el CAE terminó siendo un negocio redondo para las universidades -públicas y privadas- y para los bancos. El Estado avalaba y al final del día el estudiante debía pagar. Los bancos se aseguraban el retorno del crédito gracias al aval del Estado, y las universidades se aseguraban ingresos contantes y sonantes. Tanto ejecutivos bancarios como universitarios se sobaban las manos.

Ni cortos ni perezosos las universidades, tanto públicas como privadas no encontraron nada mejor que expandir las matrículas de aquellas carreras de menor costo, las de papel -que demandaran menos recursos en laboratorios, máquinas, equipamientos-: no las carreras que necesita el país, sino que las más rentables. Total, es el mercado el que regula y no un burócrata el que define que es lo que el país necesita.

Y así estamos con todos mirando para otro lado a lo largo de todos estos años hasta que llegó Kast con motosierra en mano para decir basta de jolgorio, basta de impagos. Dentro del medio millón de deudores no habrán de faltar los frescos que se suben por el chorro para no pagar teniendo los recursos para hacerlo. Temo que sean los menos. 

Pero ¿el resto? ¿quiénes no tienen recursos para hacerlo? ¿Quiénes estudiaron carreras que al egresar no les da para pagar el CAE? ¿es responsabilidad de ellos? ¿o de las universidades que les abrieron las puertas de par en par sin medir las consecuencias? ¿o de los bancos que no les importó nada porque al final avalaba el Estado? Esto es, pagaba moya. ¿O de los parlamentarios que aprobaron una política que engañó a medio mundo?

Al mismo tiempo, a pesar de la penetración del narco y del crimen organizado en el país, el parlamento, resuelve negarle al Estado la entrega de las atribuciones, necesarias en los tiempos actuales, para levantar el secreto bancario. Esto, mientras estamos siendo testigos del desembozado uso de la banca por parte de los narcotraficantes. Queda la impresión de que el narcotráfico ha logrado introducirse en los más altos círculos de poder del país. De otro modo cuesta explicarse la negativa del gobierno y sus parlamentarios para dotarse de una herramienta clave para poder hacer un seguimiento de operaciones bancarias “irregulares, anómalas o inexplicables”.

Por eso resulta chocante que estemos haciendo la vista gorda con unos, mientras nos ensañamos con otros. Leones con los de abajo, y corderos con los de arriba. Nada nuevo bajo el sol.

junio 09, 2026

Tejiendo la telaraña

El gobierno se ha empeñado en implementar un plan de reconstrucción nacional cuyo eje dice estar centrado en la economía y la seguridad. La razón está dada por lo que en campaña se sostuvo, sin medias tintas, que el país estaba por los suelos, que se estaba cayendo a pedazos. Razón que calzaba muy bien con la idea de reconstrucción nacional, a imagen y semejanza de lo que afirmara la dictadura al iniciar su gobierno el 11 de septiembre de 1973 en la voz del innombrable.

Por algo, quienes idearon el proyecto de reconstrucción nacional son los que en esos tiempos eran quienes se frotaban las manos tras bambalinas, los llamados cómplices pasivos, a los que hoy cabría agregar a sus hijos. Éstos tienen el dudoso honor de llevar y mantener viva la antorcha.

En el plano económico, como hace ya poco más de medio siglo, todo está centrado en la necesidad de crecer a como dé lugar, levantando toda restricción, toda limitación que obstaculice el propósito de crecer. Propósito que se da por sentado beneficiará a moros y cristianos, más temprano a unos, más tarde a otros para que seamos, al fin, la gran nación que el destino nos depara, y que tan esquiva nos ha sido.

Estamos hablando de un lejano y lindo país con esquina vista al mar, delgado como pocos, que de tiempo en tiempo tiende a sacudirse -orgásmica, espasmódica, telúrica o epilépticamente- por las más diversas vías.

Los próceres llamados a liderar la reconstrucción en que quieren sumergirnos, aseguran que no hay atajos, que la verdad a la milanesa es una sola: para crecer es imprescindible invertir más, y quienes invierten son los de arriba, los que tienen. Nos guste o no. Y por desgracia se resisten a invertir porque no habría suficientes incentivos, dado que consideran alta la carga impositiva. La receta a aplicar al enfermo incluye un tratamiento que tendría al menos tres patas.

Una, bajarles los impuestos a quienes más tienen en base a la receta que en su minuto aplicó el innombrable: a los ricos hay que cuidarlos, para que inviertan aquí y no en la quebrada del ají. Más vale dinero en sus bolsillos que en los del Estado. Se basa en la lógica de que un peso en manos de un privado, de seguro que tendrá un uso más eficiente que en manos de un burócrata del Estado.

Dos, bajar los gastos del Estado hincándole el diente a programas estatales de todo orden, así como a eliminar el personal público innecesario que inundaría el aparato estatal. Los bautizados como parásitos por Cristian Valenzuela, uno de los más conspicuos asesores de José Antonio Kast, y que, desde el 11 de marzo del presente año, teje la telaraña desde el segundo piso de la casa de gobierno. Ahora en calidad de parásito top one.

Tres, aumentar los gastos en las FFAA y carabineros, a lo que cabría agregar gendarmería, con el propósito de hacer carne la tan querida seguridad a la que aspiramos. Una seguridad de terror. La educación, la salud y la previsión no caen dentro de esta concepción de seguridad.

El punto es complejo, nada de trivial, porque al final del día, lo que se recortará -eliminará, disminuirá o discontinuará- del gasto estatal, en lo grueso, se relaciona con servicios que el Estado brinda, no a los de arriba, sino que a los de abajo.

Para rematarla, para implementar esto, el gobierno, sobre la hora, y sin mencionarlo en la cuenta pública del pasado 1 de junio, está solicitando que le habiliten para endeudarse por varios miles de millones de dólares. Endeudamiento que terminaremos pagando los mismos de siempre. ¿Adivinen quienes?

En síntesis, lo que tendremos al final del día, es que a los de arriba les aflojaremos el cinturón, en tanto que a los de abajo se los apretarán. Ya lo estamos viendo al concentrar los dardos en los deudores del CAE. Quienes están tras esto son los mismos que se resisten a levantar el secreto bancario que permitiría conocer la ruta del dinero mal habido.

Todo, con la promesa de que al final del túnel veremos la luz. Esto me recuerda las expresiones del innombrable el mismísimo 11 de septiembre de 1973, donde nos aseguró que todo el sacrificio era para hacer de Chile una gran nación.

No sé por qué, pero de repente siento la sensación de que nos ven las canillas una y otra vez.