junio 07, 2026

El Papa en España


Aprovechando que el Papa León XIV llegó a España escribiré estas líneas centradas en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, donde hace alusión a la inteligencia artificial, advirtiéndonos respecto de sus alcances.

Lo hago porque estamos ante un Papa que en el año que lleva como sucesor de Francisco, ha tenido una actuación sin aspavientos, eminentemente observadora, silenciosa, pero firme. Algunos lo han tildado de león gato, por lo tranquilo, porque no rugiría. Ha sido un año de introspección, del que ha emergido con todas sus luces, para sorpresa de no pocos.  

Y ha emergido con una encíclica que nos invita al discernimiento para llevar luz allí donde pareciera reinar la oscuridad, para invitarnos a ser optimistas, para actuar en consecuencia, y dejar a un lado el pesimismo paralizante.

Lo hace ante un mundo polarizado in extremis, ad portas de zozobrar. Un mundo en el que conviven, al mismo tiempo, inmensas capacidades constructivas y destructivas gracias a un desarrollo científico-tecnológico sin precedentes, que el Papa Francisco denunció en su momento en la Encíclica Laudato Si. El Papa León XIV lo rememora en Magnifica Humanitas al afirmar que el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocrático en el mundo globalizado nos está encaminando:

“al dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas”.

El Papa León XIV también nos recuerda

“que la técnica no es un simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz”.

Expresiones que delatan preocupación y denuncia de que estamos construyendo una sociedad con alto riesgo de derrumbe bajo los cantos de sirena de una tecnocracia de la mano de la sacrosanta eficacia.

El Papa León XIV no se opone al progreso técnico. De hecho lo considera valioso en sí mismo, pero advierte que:

“requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue. Si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad: se “tiene más”, pero no se “es más”, y la persona corre el riesgo de ser valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece”.

Si no supiéramos quién ha vertido estas expresiones ni dónde se han volcado no pocos apostarían que se trata de expresiones de un comunista, de un rojo, de un socialista, de un zurdo, de un personaje “woke”. Pero no, son del Papa León XIV, del sucesor de Pedro, quien nos invita a ser más antes que a tener más. Invitación que deberíamos considerar muy seriamente si no queremos sucumbir como sociedad.

Prosigue luego abordando en el tema de la inteligencia artificial donde aprovecha de interrogarnos respecto de la sociedad que estamos construyendo. En fin, veo al Papa León XIV rugiendo, plantando cara ante los poderosos, ante una clase tecnocrática, representando a quienes no tienen voz, llamándonos a no renunciar al desarrollo humano integral, al cuidado de la casa común, a rescatar nuestra capacidad de discernimiento dentro de un marco espiritual, ético y político.

En resumen, nos anima a no perder nuestra condición humana, la magnífica humanidad con que fuimos creados por Dios Padre Todopoderoso, por Jesucristo, por Alá, por Jehová, por el Gran Arquitecto, o por quien sea.

Si bien se me quedan muchas cosas en el tintero a propósito del Papa León XIV y su encíclica, no quiero abusar de vuestra paciencia, por lo que terminó aquí esperando seguir en otra ocasión.

Abrazo!


mayo 28, 2026

Un gobierno de destrucción nacional

Estamos bajo un gobierno que llegó con la bandera de que el país se estaba cayendo a pedazos, poniendo énfasis en la inseguridad imperante y el bajo crecimiento experimentado en los últimos años. Los republicanos, de la mano de libertarios y la “derechita cobarde” vendrían a salvarnos para sanearnos, proveernos seguridad y enderezar la economía nacional. Uno de sus personeros habló, al voleo, de la necesidad de extirpar a los parásitos. Otro, que el Estado estaba quebrado. Bajo el poncho traerían el programa que nos sacaría del marasmo, de la decadencia, y que no quisieron dar a conocer para evitar roces, resquemores.

Lo concreto, la verdad a la milanesa, es que no hay plan de seguridad, ni nada de nada. Tuvieron que pasar dos meses desde que asumieron para que reconocieran que no había plan de seguridad alguno, y que el único con que cuentan, es el de Boric.

Para que la economía crezca, mandan al congreso una ley miscelánea, donde caben sapos y culebras para hacer pasar gatos por liebres, pero cuya esencia es clara: hay que bajar los impuestos a los de arriba, asegurándoles que no les cambiarán las reglas de juego por más de dos décadas, para que puedan invertir a campo traviesa. Es la clásica receta: tratar con guantes de seda a quienes tienen capacidad para generar empleo. Es la política que el innombrable, en sus tiempos de gloria, calificó como “hay que cuidar a los ricos”.

Es lo obsesión por el empleo, de la boca para afuera, de quienes se encuentran en las alturas. Quiroz, ministro de hacienda, sostuvo que la mejor política pública es la del empleo, y que la mejor noticia que le puede dar a la clase media es que el país crezca, que el empleo crezca. Afirma que ahí está la madre del cordero, que la ley miscelánea apunta a eso. Cuando se buscó bajar la pelota al piso, y se le preguntó por la efectividad de los incentivos contenidos en la ley miscelánea, sostuvo muy suelto de cuerpo que no podía garantizar que se contratara más gente. O sea, estamos jugando al tuntún, al emboque, a la ruleta rusa. La ley miscelánea no asegura nada. Sólo se asegura que los impuestos a los de arriba bajarán, pero no se asegura que los ingresos de los de abajo subirán.

En el interín, para asegurar la aprobación de la ley miscelánea, también llamada de reconstrucción nacional, pero que llamaría derechamente de destrucción nacional, las huestes oficialistas están pirquineando votos por las más diversas vías, incluso dispuestos a sacrificar el IVA para los pañales. Abren una verdadera caja de Pandora para que el día de mañana hagamos lo mismo con los libros, el pan, la leche, la construcción. Y la evasión tendrá su agosto. Milton Friedmann debe estar agarrándose la cabeza allí donde esté.

Estamos frente a un gobierno en el que JAK posa de ingenuo, con cara de gringo bueno, de cristiano ejemplar, pero en la práctica, lo que estamos viendo es de un maquiavelismo brutal. Pruebas al canto:

1.      En campaña amenazó a los inmigrantes ilegales con su expulsión, iniciando un conteo de los días que les quedaban para irse desde el minuto que él asumiera la presidencia, la que inició ordenando la construcción de una zanja en el norte para detener la llegada de nuevos inmigrantes ilegales.

2.      Respalda a su ministro de vivienda, Iván Poduje, quien se las da de campeón para resolver el déficit habitacional, y no encuentra nada mejor que poner en jaque los humedales, afirmando que más vale resolver el problema de la vivienda que andar preocupándose de hábitats donde se concentran fauna y flora especializada.

3.      No tiene empacho en ofender al mundo universitario que demanda recursos públicos para desarrollar investigación, al señalar que muchos de sus proyectos terminan en lindos libros para las estanterías de las bibliotecas, pero que no generan empleo.

4.      Tiene la desvergüenza de organizar una cena privada en la casa de gobierno, invitando a sus excompañeros de leyes en la Pontificia Universidad Católica de Chile, mientras reclama por el paisito que le dejaron.

5.      Dime con quien andas y te diré quién eres: Trump, Milei, Bolsonaro, Bukele y Orban. A Milei fue a verlo a pocos días de haber ganado en la segunda vuelta. Este quinteto de “referentes” lo retrata de cuerpo entero. Si a esto agregamos su apoyo al innombrable, tenemos el cuadro aparentemente completo.

6.      Se golpea el pecho en favor de la vida a propósito de su postura frente al aborto, mientras estudia indultar a los militares que se encuentran purgando por crímenes de lesa humanidad, no por delitos comunes, sino por ser ejecutores del terrorismo de estado que sufrió el país en tiempos del innombrable.

La pregunta que no pocos me han hecho, es ¿cómo es posible que un personaje con estas características pudo haber ganado democráticamente las elecciones?  Buena pregunta, que nos obliga a reflexionar, y cuya respuesta amerita otra columna.

mayo 27, 2026

El rearme alemán

Foto de Pascal Bernardon en Unsplash

Por estos días estamos viendo, gracias a Trump, que Alemania está volviendo por sus fueros. Una suerte de resurrección del nazismo y de volver a armarse. Todo, como consecuencia de unos EEUU que en manos de Trump postula la necesidad de que la Unión Europea se las arregle por su cuenta, al mismo tiempo que alienta el resurgimiento de la ultraderecha. Para ello apoya a los regímenes nacionalistas, eufemísticamente llamados euroescépticos, que comulgan con su visión del mundo. Trump olvida que fueron los mismos EEUU quienes prohibieron el rearme de Alemania a fines de la década de los cuarente del siglo pasado.

Pocas dudas caben que busca horadar las bases de los países que conforman la UE, unidad política, económica y social que se alcanzó a fraguar a medio siglo del término de la segunda guerra mundial (2GM). La gran paradoja es que, al término de la 2GM, con una Alemania derrotada, dividida, con su economía por los suelos, para que no volviese a verse tentada por rearmarse, las potencias ganadoras -EEUU, URSS, Francia e Inglaterra-, los aliados, acordaron prohibir el rearme alemán, al igual que el rearme japonés.

Todo esto me recuerda el término de la primera guerra mundial (1GM) de 1914-18, las condiciones impuestas por las potencias vencedoras a través del tratado de Versalles a Alemania, también derrotada en esa oportunidad. Entre ellas, las de prohibir su rearme. Esta prohibición, junto con la ausencia de ayuda para recuperar la economía, fue generando un contexto político y social que posibilitó la emergencia de un populismo que se hizo carne en el nacionalsocialismo -nazismo en Alemania- bajo la figura de un personaje, Adolf Hitler, quien tuvo la paciencia para esperar su hora, no trepidando en violar las disposiciones que impedían el rearme alemán, impulsándolo bajo cuerda con la venia de las élites políticas alemanas de entonces.  

Para estos efectos, no dudó en explotar la realidad que se vivía enfocando el blanco a grupos específicos de quienes conformaban la sociedad alemana: los judíos, los comunistas, los gitanos, los homosexuales y otros grupos minoritarios. La experiencia nazi ya sabemos cómo terminó: con su hundimiento, dejando tras sí millones de muertos y familias destruidas. Como consecuencia de esta 2GM uno de los acuerdos, al igual que cuando finalizó la 1GM, se acordó prohibir el rearme alemán. Pero ahora esta prohibición fue complementada con un programa de ayuda para la recuperación no solo de Alemania, sino que, de Europa, el llamado plan Marshall, concebido a partir de la experiencia vivida después de la 1GM.

Este plan fue una iniciativa de EEUU con dos objetivos explícitos y uno implícito. Los explícitos fueron contribuir a reconstruir una Europa que estaba en escombros, y detener la expansión del comunismo de la URSS. El implícito, fue evitar que Alemania volviese a tentarse a rearmarse.

El resultado de este plan, en Alemania, de la mano de Ludwig Erhard, entonces ministro de finanzas del gobierno encabezado por Konrad Adenauer, junto con la laboriosidad y disciplina del pueblo alemán, dieron forma a lo que suele llamarse como el milagro económico alemán. La prohibición de destinar recursos al rearme militar terminó siendo una ventaja para Alemania, porque la forzó a concentrar sus recursos económicos y capacidades humanas en su recuperación para convertirse en la potencia industrial que es actualmente.

Por eso, no se entiende la presión de Trump para que la UE aumente su presupuesto militar, que inevitablemente deberá provenir de una disminución de recursos que se destinan a otros sectores. Lo más probable es que con la mirada puesta en los negocios, Trump esté pensando en que el mayor gasto militar de los países de la UE esté destinado a la compra de armamentos estadounidenses. En el minuto actual, como están las cosas, Trump le está dando alas al extremismo. Dijo que, con él en el gobierno, al otro día terminarían las guerras. No está haciendo otra cosa que, todo lo contrario. Pero esto ya es tema para otra columna.

mayo 26, 2026

Uruguay adportas del mundial 2026








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Desgraciadamente, no veo a Uruguay llegando al mundial con la fe del carbonero. Soy un uruguayo que vive fuera de Uruguay hace decenas de años, más de 6 décadas. Me fui en el 62 y solo he vuelto esporádicamente. Me fui, pero Uruguay no se fue de mí. No soy exiliado político ni económico, tan solo una tragedia familiar, hizo que me fuera sin querer irme. Mi infancia está allá. Allá están mis calles, mis playas, mis parques, mis árboles, mis amigos, mis lágrimas, mis alegrías. Soy de los tiempos de jugar con una pelota de trapo en la calle, con arcos hechos a punta de piedras.

Soy de los tiempos en que Peñarol y Nacional dominaban la escena futbolística, de los tiempos de Gonzalvez -capitán de capitanes-, de Spencer -cabeza mágica-, Joya -negro el 11- y Rocha -el verdugo- en Peñarol, y de Emilio “Cococho” Álvarez, de Walter Taibo en el arco, de Troche, de Douksas, de Domingo Perez, del negro Escalada en Nacional. Cada temporada, la disputa para alcanzar la punta era monopolizada por Peñarol o Nacional, porque los demás no les hacían sombra, eran todos equipos chicos, cuya hazaña se centraba en empatarles o ganarles a alguno de los grandes. Hoy la disputa parece haberse “democratizado”, los grandes ya no son tan grandes ni los chicos tan chicos.

Entonces éramos atractivos, contratábamos a estrellas foráneas en sus mejores tiempos -Spencer, Joya, Artime, Onega, entre otros-; hoy, nuestras estrellas se van buscando mejores horizontes. No sé qué cambió, pero lo concreto es que se dio vuelta la tortilla. Antes importábamos buenos jugadores, ahora los exportamos. Vuelven, en el mejor de los casos cuando están en su ocaso, para volver al terruño, al paisito, porque como Uruguay no hay.

Uruguay, en la primera mitad del siglo pasado dictaba cátedra en materia futbolística. Nos parábamos en la cancha de igual a igual. No sé en qué minuto nos venimos abajo ni porqué. Quizás vino de la mano de crisis políticas y/o económicas. Lo concreto es que dejamos de roncar, pero así y todo, seguimos inspirando respeto.  Ningún rival puede mirarnos por encima, ni pisarnos los callos, porque en cualquier minuto nos sale la garra, el pundonor, el alma y corazón uruguayo que tenemos quienes hemos tenido el privilegio de nacer allí sin pedirle permiso a nadie.

Todo esto a propósito del mundial que se nos viene encima, y los nominados, los seleccionados para ponerse la celeste, esa celeste que nos energiza, que nos multiplica, que explica lo inexplicable. 

Y bueno, bastó que saliera la nómina para que los millones de técnicos que nos creemos, nos pusiéramos a subir y bajar al técnico, que para que puso a este que no juega a nada, o a este que ya no corre; o porqué no puso a este otro que está jugando bárbaro, o que es capaz de dar vuelta un partido de un minuto a otro, o que provee experiencia y sagacidad. Y así vamos poniendo palos a la carreta.

El proceso eliminatorio no fue de los mejores, lo que temo incida en el mundial propiamente tal. La dirigencia escogió como director técnico a Bielsa, quien, desgraciadamente, desde que fue contratado generó controversia. Es todo un personaje, obsesivo a más no poder, pero que a poco de llegar no faltaron quienes empezaron a tirarle piedras: que nunca ha ganado nada, y para remate, que no es uruguayo. No fue la mejor bienvenida que se le podía dar.

En sus primeros partidos eliminatorios el plantel que dirigió consiguió una hazaña difícil de igualar: le ganó tanto a Argentina, campeón del mundo, y a Brasil por dos goles a cero en el estadio Centenario. De ahí para adelante se empezó a trastabillar. Las dudas, el acoso periodístico, las patadas en las canillas, la desconfianza en el trabajo del técnico, empezaron a mellar, lo que no alcanzó a dejarnos fuera de clasificación. Con todo, clasificamos, y bien, con un buen plantel. Si bien no tenemos figuras para tirar por la ventana, sí tenemos un bien número considerando el paisito que somos. Un plantel a respetar, que ningún país puede mirar por sobre el hombro por el simple hecho de que no cualquiera viste la celeste.

Nuestra chance está para llegar lo más arriba posible. Para el mundial del 50, nadie daba un peso por nosotros, y mira a dónde llegamos. Lo que tenemos que tener claro, meridianamente, es que Uruguay está para cualquier cosa, pero para ello, es imprescindible que dejemos a un lado el chaqueteo, el pesimismo.

La filosofía, la psicología también juega en esto. Los jugadores uruguayos no son de palo, tienen alma y espíritu. El pesimismo es contagioso, al igual que el optimismo. Si queremos ganar, hay que ser optimista, respaldar con todo al cuerpo técnico y al plantel nominado. Aunque el loco Bielsa sea argentino, aunque sea hosco, antipático, o lo que sea, aunque no estén los jugadores que quisiéramos. Están los que están. ¡Vamos Uruguay, arriba Uruguay porque como Uruguay no hay!