marzo 31, 2026

IIE la rompe … (parte 14)

Foto de Growtika en Unsplash

Toda empresa, a la hora de tener que contratar a un profesional, quisiera contratar a quien tenga experiencia y esté en la punta del conocimiento en la disciplina correspondiente. Dados los vertiginosos cambios científico-tecnológicos en que estamos inmersos, se trata de un desafío no menor.

No es el único desafío, puesto que también estamos en tiempos en los que ha cobrado creciente relevancia contar con profesionales con capacidad para ensamblar, integrar conocimientos, capacidades, competencias que habitualmente eran contrapuestos, incapaces de convivir en un mismo profesional.

Al momento de crearse la carrera de Ingeniería en Informática Empresarial (IIE), en los primeros años del presente siglo, estos dos desafíos estuvieron muy presentes en su gestación, y fue el sello que se le impuso desde el primer minuto por parte de su director de entonces, Andrés Ruiz-Tagle, a quien tuve el gusto de acompañar junto a otros académicos que proveníamos del Departamento de Informática, así como de otros departamentos de la entonces Facultad de Ciencias Empresariales (FACE), hoy Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Talca.  

El primer desafío, implicó generar un plan de estudios tal que los estudiantes de IIE, no solo egresaran con un título bajo el brazo, sino con experiencia laboral, con capacidad para congeniar teoría con práctica. Para estos efectos la carrera tomó muy a pecho el modelo orientado al desarrollo de competencias en el que se había embarcado la Universidad de Talca.

Un modelo que miraba la competencia como la puesta en acción de un conjunto de capacidades. Competencia que debía evidenciarse. De allí que al menos una asignatura, en cada semestre, debía tener asociado el desarrollo de un proyecto en una empresa, proyecto que debía dejar evidencias de que se estaba en posesión de la competencia a desarrollar. A esto se agregó la inclusión del concepto de consultorías, en reemplazo de las tradicionales prácticas.

No fue una viverncia fácil ni mucho menos porque estábamos insertos en una región con un débil tejido empresarial, marcado por pocas empresas consolidadas y muchas microempresas familiares.

Esta concepción es la que permitió que los estudiantes de la carrera, al minuto de egresar lo hicieran con experiencia laboral. No era primera vez que incursionaban en una empresa, ya estaban fogueados, le habían perdido el miedo. Esta es una faceta de la carrera que tanto los egresados como los empleadores valoraban muy positivamente.

El segundo desafío, formar egresados capaces de fusionar conocimientos que suelen estar en veredas opuestas, estuvo en la génesis misma de la carrera, dado que los ámbitos de la gestión y de la tecnología se daban la espalda. Se era un profesional de la gestión, o se era un profesional del mundo de la tecnología. IIE fue la primera carrera de pregrado, en todo el país, que asumió la tarea de formar un profesional que integrara competencias en materias de gestión y tecnológicas.

Satisfechos estos desafíos, no podemos sentarnos en los laureles porque los desafíos de hoy son otros. El mundo está cambiando, y mucho con la irrupción de la inteligencia artificial. Esta incide tanto en el mundo educativo, como en el mundo del trabajo. El rol del profesor docente ya no es el tradicional, al igual que la forma de trabajar en las empresas, así como el aprendizaje por parte de los estudiantes..

Al menos los egresados de las primeras generaciones pueden dar fe de lo expuesto.

marzo 24, 2026

Pisándose la cola

Esta columna también podría llamarse no escupir al cielo, o por la boca muere el pez, o disparándose a los pies. En efecto, si nos atenemos a lo que está haciendo actualmente, José Antonio Kast (JAK) como presidente de Chile, a raíz de la crisis de petróleo con motivo de la guerra desatada por EEUU e Israel en Irak, me cuesta creer que en abril del 2023 se expresara en los términos señalados en la imagen que encabeza la columna.

Dado que por las redes circula cualquier cantidad de falsedades, las que se multiplican como reguero de pólvora, antes de dar por verdadera la declaración, hice lo que se supone debemos hacer todos: verificar que no estamos retransmitiendo mentiras al por mayor.

Hice la consulta a inteligencia artificial, que supuestamente todo lo sabe, confirmándome que todo lo que se dice que dijo JAKfue dicho, es real. Pueden confirmarlo vía Chatgpt de OpenAI, a Gemini de Google, Llama de Meta, Copilot de Microsoft, u otro asistente virtual de inteligencia artificial, también llamados chatbots.

Me llamó la atención que, por lo general, intentan evadir la respuesta o intentan adobarla, explicarla en el marco de una campaña política. Como si hiciera una pregunta incómoda. A modo de ejemplo, los asistentes virtuales afirman que tales declaraciones fueron emitidas cuando JAK era opositor al gobierno de Boric, no como presidente de Chile. O que la invitación a que "salgan a la calle y despierten" era un llamado a la movilización electoral, y a manifestar el descontento en las urnas.

Lo concreto es que  son reales. La expresión “salgan a la calle, despierten” fue emitida en abril de 2023 en el marco de la campaña de consejeros para elaborar una nueva constitución en distintas entrevistas de radio (Agricultura y Biobío) y puntos de prensa. En la misma campaña arremetió contra el gobierno de Boric acusándolo de ser "bruto, ciego y sordo" por no querer eliminar el Impuesto Específico a los Combustibles. Para no quedarse corto calificó el impuesto como un "robo a la clase media".

La imagen que proyecta JAK no se condice con estas expresiones. En efecto, su imagen no es la misma que proyecta, por ejemplo, Milei, el presidente libertario argentino. A su lado, JAK parece todo un caballero. No se le ve con motosierra en mano como Milei, pero las declaraciones en comento, así como sus primeros días al mando del gobierno lo están delatando de cuerpo entero. Si bien no anda con motosierra, sí parece con motosierra bajo el poncho.

Cada vez va quedando más y más claro, que se está echando al bolsillo a la “derechita cobarde” como denomina a la derecha conservadora, para aspirar a restaurar un pasado esplendoroso para unos, y terrorífico para otros.

Lo paradojal es que salió elegido sobre la base del relato de un país que se caía a pedazos que está resultando más falso que Judas. Le dio como bombo a la necesidad de un gobierno de emergencia, y como una suerte de profecía autocumplida, tendrá que enfrentar, no una emergencia ficticia, inventada, sino una real, como consecuencia de la desatada por la derecha internacional encabezada por Trump y Netanyahu, y secundada por sus perros falderos.

Lo paradojal es que los platos rotos, desgraciadamente los pagarán quienes los auparon, los que se compraron sucuento, quienes andan de a pie, con una mano adelante y otra atrás, no los de arriba. A estos últimos les bajarán los impuestos para así tener más recursos destinados a inversiones que generen empleo y nos permita crecer, abandonando la mediocridad en que estamos sumidos.

Todo este discurso lo conocemos de memoria, el de la libre competencia, que nos vienen predicando desde las facultades de economía y negocios, tanto públicas como privadas, con contadas y honrosas excepciones. Y todo esto, de la mano de un ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, que ha sido protagonista clave en colusiones de pollos y farmacias, quien ahora viene a darnos lecciones de responsabilidad fiscal sobre el populismo. Lo más probable es que echará mano al recurso más populista del que tienden a agarrarse los gobiernos, el de los bonos. 

Ahora hará su estreno el bono transporte de emergencia para mitigar el alza del precio de la gasolina. Será una inyección a la vena de los transportistas y colectiveros. Por último, no puedo dejar de reproducir una frase para el bronce del ministro Quiroz (“Gobernar es elegir entre lo difícil y lo imposible; no podemos ser nosotros los ciegos ante un barril de petróleo a 140 dólares"), la que está destronando a la frase para el bronce del novel senador Rodolfo Carter ("Seremos más pobres, pero más felices").

Siempre, cuando se inicia un nuevo gobierno, he sido partidario de no pronunciarme mayormente para dar espacio a la posibilidad de que no sea como temo. Pero este gobierno, desde el primer día no hace sino confirmar lo que más me temía, ser un gobierno extremista, altamente ideologizado. Que partiera con todo, como Milei, como Trump, para arrasar, para reinicializar el país, para refundarlo todo, con cara de sonrisal. Partimos mal.

marzo 19, 2026

Con licencia para matar

Foto de Jeff Kingma en Unsplash

Como dos matones de barrio, Trump y Netanyahu, se encuentran haciendo de las suyas. La lógica que tienen es impecable: prevenir y/o liberar. El mismo racional de siempre, y de los mismos de siempre. Prevenir que tengan la capacidad de producción nuclear, de tener la bomba atómica, o de instalar un régimen que coarte las libertades. Liberar a los pueblos de tiranías, de regímenes opresivos. 

Mientras Netanyahu habla poco, Trump habla hasta por los codos, pero ambos hacen gala de su poder armado, con licencia para matar. El fin justifica los medios, no importando si en el camino caen niños ni civiles. Todo vale en esta cruzada.

Esto terminará mal. De momento se trata de guerras, bombardeos, capturas, asesinatos, bloqueos que estamos viviendo por vía televisiva, pero cuyas consecuencias recién estamos empezando a percibir. Lo más trágico en que observamos los acontecimientos impertérritos, sin capacidad para hacer nada, para detenerlo. Estamos ante la imposición de la fuerza bruta, del ingreso a un mundo sin reglas. Los esfuerzos desplegados hasta la fecha para revertir este estado de cosas, al menos hasta ahora, han sido insuficientes e infructuosos.

No me calza que Trump pueda capturar a un presidente, el de Venezuela llevárselo a su casa, y no pase nada. Si alguien pensó que era para restaurar la democracia, ya se habrá percatado que tras el rapto está el interés por apoderarse del petróleo que yace bajo suelo venezolano. Si alguien pensó que el pueblo venezolano saldría a defender a su presidente convertido en rehén, se habrá percatado que eso no ocurrió, sino todo lo contrario.

No me calza que Trump pueda colocar un testaferro en Cuba para dar vuelta la tortilla, lo que está a punto de ocurrir si es que ya no ha ocurrido, sin que pase nada. Si alguien pensó que el pueblo cubano saldría a las calles a defender la revolución, se habrá percatado que eso no ocurrió, y capaz que termine ocurriendo lo contrario, que las masas salgan a las calles celebrando la “liberación”.

No me calza que Trump e Israel maten de un paraguazo a la cúpula gobernante iraní sin que pase nada. Dicen que lo hacen para liberar al pueblo iraní de un régimen opresor nacido a partir de la revolución islámica de 1979. Cualquiera con dos dedos de frente se percatará que lo que le interesa a Trump no es la instauración de la democracia, sino el petróleo. En tanto que a Netanyahu lo que le importa es que no tenga capacidad nuclear.

Lo que estamos viendo es la caída de máscaras. Lo que está importando es el poder puro y duro. Nada de democracia, organismos internacionales, de paz, de reglas, de DDHH, ni qué otros ocho cuartos. Todo esto está saltando por los aires.

Aprovecho de señalar que los regímenes imperantes en Venezuela, Cuba e Irán son de mi devoción. Mis preferencias de gobierno están muy lejos de lo que esos regímenes representan, por lo que de estas líneas no cabe deducir que adhiero a ellos. Quienes me conocen, bien lo saben.

¿Qué es lo que me está llamando la atención?

Uno, que ahora las intervenciones son puntuales, capturando o matando a peces gordos, esperando que surjan líderes políticos locales, testaferros, sin involucrarse directamente. Así han procedido en Venezuela y esperan hacerlo en Cuba e Irán.

Dos, que Rusia y China no se estén dando por aludidos, no implicándose. En el caso de Rusia presumo que por estar centrado en Ucrania, y no tener capacidad de producción interna de petróleo. El caso de China, es distinto, para no empeorar las cosas, pero en algún minuto sospecho que tendrá que meter la cuchara porque su aparato productivo es altamente dependiente del abastecimiento de petróleo de Irán.

Tres, que ni Trump ni Netanyahu hayan querido descabezar el régimen de Corea del Norte, país que sí tendría la capacidad nuclear que los iraníes han querido desarrollar. Quizás por eso mismo no lo han descabezado, porque ganas les debe sobrar. Y también porque Corea del Norte no tendría petróleo. A fin de cuentas, lo que está tras todo esto, es el control del petróleo.

Cuatro, todo esto me hace recordar tiempos de niños, en los que uno quiere llevarse todas las pelotas. Yo puedo tener la pelota, pero tú no, y si tienes una, te la quito porque solo yo puedo tenerla. Los países que tienen capacidad nuclear no quieren que otros países la tengan. El remedio para esto es simple: que nadie la tenga. O nadie tiene una pelota, o todos tienen una pelota. ¿Por qué unos sí, otros no? ¿Porque unos son buenos y otros los malos?

Con todo, soy optimista. No puede triunfar el mal. Más temprano que tarde, el bien se impondrá.

marzo 16, 2026

A disfrutar, o sufrir lo votado

Existen circunstancias en que tenemos dichos que vienen anillo al dedo. Uno de ellos es “más vale diablo conocido que santo por conocer” particularmente cuando se trata de votar, de elegir entre distintas opciones.

Unos se tirarán a la piscina asumiendo que tiene agua, en tanto que otros verificarán si tiene agua antes de tirarse. En política el tema tiene varias aristas. Los conservadores prefieren perseverar con lo conocido, pero el tema va más allá. De lo que se trata es de no dar un salto al vacío. Una cosa es gerenciar una institución, o un país, y otra cosa es gerenciar una parte de ella.

A modo de ejemplo, tenemos al “choro” Soria, caudillo de Iquique, a quien nadie ha podido hacerle sombra dentro de su región, pero que a nadie se le ocurriría ponerlo a cargo del país. Son quienes hacen carrera vía electoral para llegar a lo alto.

También tenemos el caso inverso, de quienes nunca han asumido jefaturas o responsabilidades parciales por vía electoral, sino por la vía de la designación, excepto cuando se trata de llegar a la cúspide organizacional, en que las circunstancias exigen que debe someterse al escrutinio electoral de las bases.

Bien sabemos que existen personajes que se sienten más cómodos en la arena electoral que nominados a dedo. Los primeros. por personalidad, por labia, por contactos, por redes. Suelen ser quienes buscan, ambicionan el poder. Los segundos, prefieren ser designados, no pasar por el filtro electoral, por timidez, por parquedad, por frialdad. Suelen ser quienes, al menos aparentemente, no buscan el poder, más bien les llega vía varita mágica y apoyos en la sombra.

Hay quienes nacieron para vender la pomada, particularmente cuando se trata de la propia, en cambio otros son un desastre. Yo soy un claro ejemplo de esto último. A la memoria se me viene cuando décadas atrás postulé a un cargo, aupado por quienes querían que me tirara a la piscina electoral. 

Agarré papa, me tiré, y en la campaña recuerdo haber estado en un barrio donde al hacer entrega de un volante, la señora que lo recibe me dice: “porqué voy a votar por Ud. ¿acaso me va a pagar la cuenta de la luz y el agua? La miro y le respondo: “Ud. cree que mi función como autoridad es pagarle la cuenta de su consumo de luz y agua?”. Con esta respuesta cavé mi tumba electoral.

No escapará a mis queridos lectores, que no fui elegido. Por la noche de ese día, reunido el equipo de campaña me recriminó la respuesta dada porque así no se ganan las elecciones, sino todo lo contrario, se pierden. “Y qué respuesta creen que debí haber dado?”. Haber tomado nota de la petición, y responder que haremos todo lo posible para ver qué podemos hacer. En concreto, dar esperanza, dejar el asunto en el aire, lo importante es sumar a como dé lugar. Olvidé que uno más uno somos más. Si no lo haces tú, lo hará el otro candidato. Así de simple.

La noche de la derrota fue amarga, pero mirando en perspectiva, por suerte perdí. Me salvé jabonado. De allí que uno de mis refranes favoritos sea: “No hay mal que por bien no venga”.

Uno rara vez sabe con qué chicha se está curando. Al momento de votar entra en juego la racionalidad con la emocionalidad bajo intensa presión en uno u otro sentido. Sustraerse a esta presión a la hora de votar es el gran desafío.