![]() |
| Foto de Emilio Garcia en Unsplash |
En el plano
futbolístico masculino, Uruguay ya lleva dos partidos en el mundial con dos magros empates, quedándole tan solo un partido, el más difícil, contra España. La
clasificación se ha puesto cuesta arriba.
Las razones
para estar en tan comprometida situación dependerán del cristal con que se
mira. Para los más, si nos atenemos a las redes sociales y a los medios de
comunicación convencionales, la responsabilidad recae en la dirigencia de la
AUF, en la elección del director técnico, Marcelo Bielsa, en la nominación de
los elegidos para representarnos, y en los jugadores.
Discrepo de
esta interpretación. A mi modesto entender, las críticas recibidas desde un
primer minuto por el director técnico, hicieron su trabajo: cavar vuestra tumba,
aserruchar nuestro piso, para dar cuenta de una profecía autocumplida. Tanto llega
el agua al cántaro que al final se rompe. Es lo que está a punto de darse.
Si bien aún
tenemos posibilidades de clasificar, ellas son remotas. No digo nulas porque
Uruguay no es cualquier país en materia futbolística. Es capaz de hazañas. Todo
uruguayo nace con el “maracanazo” a cuestas, cuando nadie daba un peso por Uruguay.
Sí, en 1950,
en el estadio de Maracaná, Uruguay disputó la final con Brasil que llegó como
favorito incuestionable. Mal que mal, era local, y llegaba a la final a punta
de sendas goleadas a España y Suecia. En tanto que Uruguay llegaba a duras
penas, raspando. La dirigencia ya se daba por cumplida con haber llegado a la
final, y así se lo hicieron saber a los jugadores en los camarines.
El capitán
de entonces, Obdulio Varela, “el negro jefe”, una vez que retirados los
dirigentes, con todos los jugadores alrededor suyo, afirmó: «¿Cumplidos? ¡No, cumplidos solo si somos campeones!».
Y continúa: «Muchachos, los de afuera son de palo. En la cancha somos once
contra once. El partido se gana con los huevos en la punta de los botines. No
miren para arriba, nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo».
¿Qué nos dice esto? Que un uruguayo
nunca se da por derrotado, y eso lo tenemos impregnado quienes hemos nacido en
el paisito. Mientras exista un espacio debemos aferrarnos a él y no largar la
esponja de antemano. Ya llegará el minuto de la crítica destemplada, del
análisis reflexivo de qué pasó. Por ahora solo cabe no olvidar que todo ser humano,
y los uruguayos en particular, estamos en condiciones para enfrentar toda clase
de adversidades.
Escribo estas líneas desde San Vicente
de la Barquera, donde me encuentro residiendo. Pequeño pueblo marinero de la
región de Cantabria, España, justo el país contra el cual nos la jugamos.
España es favorita, tiene todas las de ganar, un equipo formidable.
Pero como dijo en su minuto Carlos Solé,
histórico comentarista uruguayo, aludiendo a la imprevisibilidad en el ámbito futbolístico «fobal es fobal y no hay vuelta que darle». Confianza y esperanza en
nosotros mismos es lo último que debemos perder.
.jpg)



