Nos guste o no, la realidad política internacional actual está marcada por Trump, un personaje que nos recuerda tiempos prehistóricos, sin reglas, de la imposición de la fuerza. Ahora, estando en una reunión de la OTAN en Ankara, la capital de Turquía, una vez más se dio el lujo de subir y bajar a su antojo a quienes no le rinden pleitesía.
Cuesta creer que sea el presidente de los EEUU, y que haya
sido elegido por sus conciudadanos. Temo que
hayan generado un monstruo, tal como hace casi un siglo los alemanes
depositaron su confianza en quién los condujo al desastre bajo la excusa de
conducirlos a la Gran Alemania. La diferencia estriba en que entonces Hitler no
contaba con la bomba atómica. Trump sí cuenta con ella. Al igual que Hitler, pareciera no tener frenos
a sus propósitos de expansión.
Basta tener dos dedos de frente para percatarnos que Trump es un niño malcriado que siempre ha hecho lo que ha querido, sin límites, ni escrúpulos para hacer y decir lo que se le antoja, para insultar y adular según sus intereses. Un nuevo rico, maleducado, sin los filtros que provee la educación para saber ser y estar, para comportarnos, relacionarnos, no insultar, respetar a los demás. Lo dramático es que tiene poder de destrucción gracias a sus seguidores, sus votantes, quienes aprecian y valoran su rusticidad, su brutalidad.
Se dio el lujo, y gusto, de raptar al presidente de un país, Venezuela, supuestamente soberano, y llevárselo a EEUU para que lo enjuicien. Lo hizo sin
arrugarse siquiera. Para remate ahora tiene a una presidenta encargada, Delcy,
para ver si se porta bien, según su parecer, mientras a María Corina la
tiene en estado de espera. Mientras tanto, tiene a Cuba, no bailando cumbia,
sino que al compás de sus arbitrios.
En Irán se dio el lujo de descabezar el régimen imperante asesinando
a toda su cúpula. Uno de los motivos, para evitar que tengan la capacidad de
destrucción que proveen las bombas atómicas, que EEUU sí puede tenerlas, pero no Irán. ¿Qué se cree? Basta que alguien tenga capacidad nuclear para que los demás
también lo quieran. Es como el niño que tiene un juguete, pero que no quiere
que otros niños lo tengan.
Lo lógico es que nadie tenga bombas atómicas y a eso apuntaba
el tratado de no proliferación nuclear firmado hace más de 10 años, de ir desmontando todas las capacidades
nucleares. Fue el mismísimo Trump resolvió desahuciar el tratado con la excusa
de que no estaba siendo respetado.
Para el mundial de futbol no se aguantó de meter su cuchara, solicitando al presidente de la FIFA, Infantino, que levantara una sanción que imposibilitaba la actuación de uno de los jugadores cruciales de EEUU en un partido crucial ante Bélgica. Infantino, no lo pensó dos veces, accediendo rastreramente a la petición.
Seguramente, Trump soñaba con una final entre EEUU y Argentina, de
modo de poder verla junto con Milei, su fan número uno en América Latina. Los belgas se encargaron de poner en su lugar a Trump dejando fuera de
carrera a EEUU.
Ahora, en Ankara vuelve a sus andadas resucitando su
aspiración por hacerse de Groenlandia, e insultar a quienes no le rinden
pleitesía. Penoso el rol de Rutte, el secretario general de la OTAN, su perro faldero.
Quiere suprimir todo comercio con España porque Sánchez, el presidente del gobierno de España, le negó el acceso a las bases militares que tiene en España para agredir a Irán. Todo un matón de barrio, de la más baja estofa, impresentable.
Paradojalmente, a pesar de que el gobierno de Sánchez está al borde de la cornisa por la corrupción de no pocos de sus colaboradores inmediatos, España crece más que los demás paìses europeos, en gran parte gracias a su postura de NO a la guerra y su actitud frente a los inmigrantes. Al paso que vamos, capaz que en las elecciones generales que tendrán lugar próximamente, la consigna se plantee en forma tal que los españoles escojan entre Sànchez y Trump, asimilando las posturas de Feijóo y Abascal a las del trumpismo.
EEUU tiene la desgracia de celebrar sus 250 años de independencia dependiendo de los vaivenes y palos de ciego de un presidente que nos está haciendo retrotraer a rtiempos del Ku Klux Klan. El Trump que en campaña dijo que en 24 horas terminaría todas las guerras, es el mismo de la operación "furia épica" contra Irán.
Pero lo más patético es presenciar la reproducción de personajes de su calaña (Bukele, Milei, De la Espirella, etc.), aupados, elegidos, por quienes serán sus primeras víctimas. Bajo la bandera de hacer nuevamente grande
a América, el movimiento MAGA (Make America Great Again), la está empobreciendo
a pasos agigantados. Mientras tanto, él y quienes le rodean enriquecen a manos llenas a vista y paciencia de todo el mundo.
China y Rusia, de momento están tomando palco, pero no dudo que también están tomando nota de un proceso cuyo final es difícil de prever.





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