agosto 04, 2026

Crisis migratoria en Ceuta

No sé si estamos enfrentando más o menos crisis migratorias que en otros períodos de la historia de la humanidad, pero lo que sí se está poniendo de manifiesto es que vivimos en una suerte de crisis perpetua. De una u otra índole. Si no es migratoria es climática, política, o militar.

Quizás sea porque hoy vivimos tiempos de inmediatez, nos enteramos al minuto de todo. La información ya no gotea, sino que es una avalancha en la que debemos separar la paja del grano, la mentira de la verdad. Son tiempos inauditos los que nos están tocando vivir. Difícilmente lo que ocurre nos puede ser ajeno mientras las imágenes y los sonidos nos dan cuenta de lo que ocurre. Y la famosa inteligencia artificial ya ha metido su cuchara creando imágenes y sonidos falsas haciéndolas pasar por verdaderas. En España hay un programa llamado Todo es Mentira que ilustra el estado en que nos encontramos.

En este escenario, de la noche a la mañana, una ciudad española de menos de 100 mil habitantes, localizada al norte de África, rodeada de territorio marroquí, Ceuta, se vio invadida por una corriente migratoria conformada por más de 60 mil niños y jóvenes marroquíes. ¿Qué gatilló esta estampida? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Qué pasó? Los habitantes de Ceuta se sintieron asaltados.

Y a las pocas horas, casi todos volvieron a Marruecos. Como para pensar que acá hay gato encerrado. Todo se infla y desinfla. Tiempos en los que todo se ha vuelto efímero. Poco antes incendios descomunales, alentados por los calores y vientos imperantes, arrasaron miles de hectáreas, incluyendo poblados, cuya extinción se veía imposible. Pero lo imposible se volvió posible, y a otra cosa mariposa.

Se afirma, que la política inmigratoria española es la que habría facilitado la invasión. La evidencia dice otra cosa. Entre los años 2021 y 2026 los mayores ingresos irregulares se produjeron a través de Italia (sobre los 470 mil), seguidos por los Balcanes occidentales (sobre los 340 mil) y Grecia (casi 260 mil). A España ingresaron menos de 240 mil en el mismo período. Desgraciadamente, propalar mentiras pareciera estar a la orden del día en no pocos.

Al gobierno de España, encabezado por Pedro Sánchez, concentrado en abatir los incendios, la crisis migratoria lo descolocó. No se lo esperaba. Dicen que todo partió por un bulo, que la corte suprema había dado carta blanca para ingresar por mar a España. Mentira multiplicada como reguero de pólvora por las redes sociales. Desde los sectores opositores, la derecha y la ultraderecha, tanto española como europea, afirman que se debe a la existencia de una política migratoria y una legislación muy generosa hacia los inmigrantes. Los datos del apartado anterior lo desmienten.

Nada nuevo bajo el sol. Los mismos argumentos se trasladan de un país a otro. Olvidan que las causas de fondo de toda migración son más complejas. Olvidan que nadie deja su tierra por gusto, por placer. Olvidan que tras toda migración hay una tragedia de la que se busca escapar. Olvidan, o quieren olvidar, malintencionadamente o no, que tras toda migración hay mafias que buscan explotar la precariedad en que se encuentran los migrantes. Olvidan la responsabilidad que le cabe al Reino de Marruecos por inhibirse y hacerse el loco, por intereses políticos subalternos.

Cuesta creer que no haya mano mora tras esta invasión. Cuesta creer que esto no haya sido organizado con premeditación. Cuesta creer que Trump y Netanyahu no se hayan sobado las manos celebrando este asalto en venganza por la postura de España frente a la guerra en Gaza e Irán. Cuesta creer la reacción del gobierno de Meloni solicitando la expulsión de España del espacio Schengen, así como la de otros países europeos que no estuvieron a la altura de las circunstancias.

Por lo expuesto, asombra que esta tragedia se haya podido desactivar pacíficamente, por parte del gobierno español, mediante una respuesta humanitaria, empática, con pleno respeto a los DDHH, al derecho internacional y la legislación vigente.

Las preguntas cuyas respuestas siguen quedando en el tintero son ¿quién responde por lo ocurrido y las muertes de un centenar de jóvenes? ¿qué mar de fondo hay tras esta invasión que nos pilló a todos volando bajo? ¿qué monos pintan el rey de Marruecos, Trump y Netanyahu en todo esto?

agosto 01, 2026

La famosa curva de Laffer

Llegó a Chile, Arthur Laffer, invitado por Res Pública e Ideas Republicanas, dos think tank de derecha. Llegó para dar un ciclo de conferencias en la Universidad del Desarrollo y traernos la buena nueva de las bondades que traen los recortes de impuestos. Su visita se enmarca dentro de lo que dentro de la ultraderecha se la llamado la gran batalla cultural en que están empeñados para combatir a los zurdos, al zurderío.

Entrevistado por The Mercury Times sostuvo que, en referencia a la mega reforma en trámite legislativo “Ahora creo que Chile ha retomado el rumbo”. Esto es, viene a decirnos que estaríamos haciendo bien las cosas.

Pero ¿quién es Arthur Laffer? Es un economista estadounidense conocido por darle nombre a un gráfico donde se relaciona la tasa de impuestos con la recaudación fiscal. La famosa curva de Laffer escrita en una servilleta. Digo famosa porque nació en diciembre de 1974, en una reunión en el restaurante del Washington Hotel con altos personeros del gobierno de Gerald Ford, cuando se le pidió que explicara su tesis de que subiendo mucho los impuestos no necesariamente aumenta la recaudación del Estado. Para explicarlo Laffer agarró una servilleta que tenía a mano y dibujó la curva en ella, la que ilustra el inicio de esta columna.

Laffer, en la década de los 80, fue asesor económico de la administración del presidente Ronald Reagan e influyó fuertemente en los recortes fiscales implementados en esos tiempos. Recortes implementados tanto en EEUU como en la Inglaterra de Margaret Thatcher, y que ahora están reverdeciendo en manos de Trump y sus boys. Acá ya tenemos una pista de porqué se le trajo. Para respaldar la mega reforma de la dupla Kast-Quiroz.

Pero ¿qué nos dice la curva de Laffer? En simple, si la tasa de impuestos es 0, el Estado no recauda nada. Sin impuestos el Estado no existiría, el sueño de no pocos libertarios o iliberales. En el otro extremo, si el impuesto es 100, esto es, del 100%, tampoco recaudaría un solo peso por el simple hecho de que nadie produciría bien o servicio alguno. Esto último, porque nadie emprendería un negocio para que todos sus ingresos se los lleve el Estado.

Entre medio de estos dos valores (0 y 100) está la curva de Laffer, representación gráfica que se caracteriza por ilustrar el crecimiento de recaudación por parte del Estado a medida que aumenta la tasa impositiva. Esto se reconoce como tal hasta cierto valor. Pasado dicho valor de la tasa impositiva, la recaudación fiscal empieza a decrecer hasta llegar a 0 cuando la tasa pasa a ser del 100%.

La madre del cordero reside en identificar el punto óptimo, esto es, el valor óptimo de la tasa impositiva, en el que se maximiza la recaudación estatal.

Si se nos pasa la mano, esto es, aplicamos una tasa impositiva mayor corremos el riesgo de disminuir el nivel de actividad económica y de alentar el fraude fiscal, con lo que en vez de recaudar más terminamos recaudando menos. Como quien dice, fuimos por lana y salimos trasquilados.  

Si, por el contrario, aplicamos una tasa impositiva menor al punto óptimo, habiendo espacio para subirla sin afectar la actividad económica ni estimular el fraude impositivo, corremos el riesgo de déficit fiscal y/o de disponer de un Estado sin la capacidad para proveer los bienes/servicios que se le exigen.

En resumen, ni tanto ni tan poco. Unos empujan hacia abajo, otros hacia arriba. Y el tema se complica si nos adentramos en la estructura de la tasa impositiva y a quienes afecta, quienes se benefician y/o perjudican con un valor u otro.

La tesis que sostienen quienes promueven la baja de impuestos es que los recortes se pagan solos dado que generarían crecimiento económico, y éste una mayor recaudación impositiva que compensa la baja de impuestos. O sea, la tesis de que los recortes se pagan solos y con creces.

Una tesis sin evidencias empíricas. En la práctica, lo que se ha visto al final del día, es que los recortes terminan en déficit fiscal. Efectivamente tiende a generar crecimiento, pero un crecimiento insuficiente para evitar el déficit fiscal.

julio 25, 2026

Uruguay: un fracaso mundialista

Foto de Nikolai Kolosov en Unsplash

La contratación de Bielsa como entrenador de la selección uruguaya tuvo un propósito claro. No solo clasificar para el mundial que acaba de finalizar, sino que para estar al menos dentro de los 4 primeros. Y transformar al futbol uruguayo. Es claro que, si éste era el propósito, el fracaso fue mayúsculo. Y así se siente. No es para menos. Si bien clasificamos para llegar al mundial, no logramos pasar la primera ronda quedando ni siquiera dentro de los mejores terceros. Y no transformó nada. Pero no solo por eso fracasamos. Fracasamos porque al final del día tan solo quedaron resquemores, diatribas, desencuentros, malestares.

Es imperativo preguntarnos ¿qué pasó? ¿en qué fallamos? Las respuestas serán múltiples dependiendo del cristal con que lo miremos, pero aún así, haré un ejercicio muy personal. Mal que mal me hice expectativas de que podríamos llegar lejos con él.

No soy de los que cree que nos fue mal porque es argentino. Eso constituye un chauvinismo que desconozco en los uruguayos. Tampoco soy de los que creen que Bielsa nunca ha ganado nada, o porque habla sin mirar de frente.

A Bielsa no se le contrató por ser argentino, ni por ganar copas, ni por ser de fácil trato, ni por simpático. Se le contrató porque su convicción, su filosofía de juego, era lo que se aspiraba para la selección uruguaya. Se le contrató para abandonar el juego defensivo, del contrataque, de esperar el error adversario. Se le contrató para tener un Uruguay ganador, disciplinado, profesional, dominador, en cancha rival, al ataque, donde todos atacan y todos defienden.  Y sus primeros partidos por las eliminatorias deslumbraron.

Bielsa estaba en su salsa, feliz en Uruguay. Él mismo sentía que su forma de ver el futbol, como un juego, en el que lo que importa es la búsqueda del gol era compatible con la personalidad de los uruguayos. Él mismo debe haber pensado que la simbiosis entre lo que él buscaba y los atributos de los uruguayos, calzaba totalmente. Creo que en ninguna otra parte del mundo podía sentirse más cómodo.

A Bielsa me tocó verlo cuando estuvo dirigiendo la selección chilena. Curiosamente, en Chile se le quiere. Logró sacar trote a los jugadores, levantar la autoestima a los jugadores. Logró cambiar el juego defensivo habitualmente temeroso donde lo que más importaba era no perder, o perder por lo menos posible.

El público chileno vió por primera vez un equipo que no entraba a defenderse, sino que al ataque, no importando a quien se tenía al frente. Se podía estar ganando por un gol y no por ello se retrocedían las líneas. El pressing era permanente, persistente. Y los jugadores respondieron. No salieron campeones ni mucho menos, pero marcaron una época. Impuso un estilo de juego ofensivo que trascendió a su presencia.

En Chile lo que Bielsa veía como errores en el juego, se asumían como tales para corregirse, ya sea por parte de los propios jugadores como desde los medios de comunicación. En Uruguay, no. Lo que él veía como errores no se aceptaban como tales, ni por jugadores ni por nadie, excepto los bielsistas.

En Uruguay, no sé en qué minuto, algo se volvió tóxico y todo apunta a que pasó sin pena ni gloria. Que los conflictos de camarín y sus obsesiones le pasaron la cuenta.

A Bielsa no hay que evaluarlo tan solo por las copas ganadas, porque si fuera por eso, no se le contrata. Se le contrató porque allí donde ha estado deja huella, deja una impronta, una manera de jugar, más allá de si por esa vía se gana o se pierde. La dejó en Chile, la dejó en España, en Francia, en Inglaterra. El punto es que acá no parece haber dejado nada, excepto, que haya dejado a todo el mundo viendo estrellas, marcando ocupado, forzándonos a preguntarnos ¿qué pasó?

Ojalá esta experiencia sirva para sacar las lecciones del caso. Imputar toda la responsabilidad del fracaso a Bielsa, creo que es un error. La tiene y mucha, pero eso no habilita para que otros, que tienen tanta o más responsabilidad, se laven las manos.

Si no hacemos este ejercicio de sacar las lecciones correspondientes de este nuevo fracaso, seguiremos de tumbo en tumbo.

 

julio 24, 2026

Seguiremos haciéndonos los locos

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash        

Una columna anterior titulada Chile se descose (leer), abordé la tragedia que periódicamente nos afecta, el sistema frontal. Lo hice reproduciendo un texto titulado Llueve que se cree fue escrito por Pedro Lemebel.

Al término de la columna pregunté ¿Qué nos dice todo esto? Para responder esta interrogante haré alusión a lo que nos dicen algunos expertos en esta temática. Me apoyaré en Marcelo Lagos, Geógrafo especialista en procesos naturales extremos y gestión de riesgo de desastres, académico de la UC; y en Roberto Pizarro, Ingeniero Forestal, Doctor en Hidrología, director de la Cátedra UNESCO en Hidrología de Superficie y académico de las Universidades de Chile y de Talca.

1. Chile no está preparado para abordar aluviones, desbordes, inundaciones, frente a las cuales nuestra vulnerabilidad es crítica. Estamos mucho más preparados para enfrentar terremotos que inundaciones. Nuestras políticas, acciones, leyes y normativas son extremadamente severas en materia de construcción para responder ante emergencias sísmicas, no así ante emergencias hidrológicas. Incluso más, muchas veces se reprocha la existencia de normativas impulsadas por expertos para construir en terrenos potencialmente inundables. Esto da cuenta de un alto nivel de conciencia sísmica, y un bajo nivel de conciencia hidrológica.

2. Las emergencias han dejado de ser tales desde el momento que se producen frecuentemente. Se han invertido los papeles: ahora la emergencia es que no pase nada porque lo común es que pase algo. Lo excepcional dejó de serlo para pasar a ser lo habitual. Ahora, lo habitual es que pase algo. Los eventos extremos, como son lluvias intensas en poco tiempo, dejaron de ser anomalías para pasar a ser recurrentes, siendo ahora la nueva normalidad.

3. Muchos están viviendo allí donde no existe la infraestructura adecuada de drenaje y mitigación, o en zonas de riesgo como son los cauces naturales de ríos y las quebradas. Por tanto, son los primeros damnificados, y por esas cosas del “destino”, son los más pobres. Acá se denota la ausencia de una planificación urbana, u ordenamiento territorial, que tome en cuenta estas emergencias que llegaron para quedarse.

4. La naturaleza parece tener razones que el ser humano no entiende. No es llegar y doblarle la mano a la naturaleza. Pizarro nos dice que la naturaleza nos recuerda que es dueña del territorio, que los cauces de ríos, humedales, dunas y quebradas tienen memoria hidráulica. Basta que llueva mucho para que el agua busque recuperar el espacio que el ser humano le ha usurpado. Así de simple.

3. Recordando la obra de Benjamín Subercaseaux (Chile o una loca geografía), Chile es una larga y delgada franja territorial situada entre la majestuosa cordillera de los Andes y el océano Pacifico, con una pendiente de miedo. Por tanto, cuando se producen fuertes lluvias, ellas dan origen a vertiginosas caídas de agua desde las alturas que suelen arrasar con todo lo que encuentren en su camino. Lechos de ríos que habitualmente están secos y de donde se han extraído. Legal o ilegalmente áridos, pasan a convertirse en trampas mortales.

Así como hay una polarización política, también estamos teniendo una polarización climática, pasando de sequías a inundaciones y viceversa. Una realidad que habría llegado para quedarse.

Con lo escrito espero haber dado respuesta a la pregunta que formulé en su momento (¿qué nos dice esto?) y que nos lleva a la pregunta ¿qué hacer? A partir de lo que nos dicen los expertos podemos resumir en que necesitamos dejar de mirar al techo y:

a) Tomar conciencia de una realidad que llegó para quedarse, forzándonos a adoptar políticas y acciones preventivas, tal como lo hacemos en el ámbito sísmico;

b) Gestionar adecuadamente las cuencas hidrográficas, esto es, reforestar, proteger los suelos contra la erosión y diseñar obras de conservación de aguas y suelos en las partes altas y medias de la cuenca para frenar el impacto en las zonas bajas;

c) Planificar el uso de suelos urbanos de manera que reduzcan el impacto destructivo de las lluvias extremas en el país;

d) Implementar una infraestructura de drenaje pluvial dimensionada para eventos extremos o continuos; y

e) Liberar las vías naturales de escurrimiento o quebradas que se reactivan históricamente ante eventos extremos y que tienden a ser ocupados ilegalmente.

¿Seremos capaces de hacerlo? O ¿seguiremos haciéndonos los lesos?