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agosto 01, 2026

La famosa curva de Laffer

Llegó a Chile, Arthur Laffer, invitado por Res Pública e Ideas Republicanas, dos think tank de derecha. Llegó para dar un ciclo de conferencias en la Universidad del Desarrollo y traernos la buena nueva de las bondades que traen los recortes de impuestos. Su visita se enmarca dentro de lo que dentro de la ultraderecha se la llamado la gran batalla cultural en que están empeñados para combatir a los zurdos, al zurderío.

Entrevistado por The Mercury Times sostuvo que, en referencia a la mega reforma en trámite legislativo “Ahora creo que Chile ha retomado el rumbo”. Esto es, viene a decirnos que estaríamos haciendo bien las cosas.

Pero ¿quién es Arthur Laffer? Es un economista estadounidense conocido por darle nombre a un gráfico donde se relaciona la tasa de impuestos con la recaudación fiscal. La famosa curva de Laffer escrita en una servilleta. Digo famosa porque nació en diciembre de 1974, en una reunión en el restaurante del Washington Hotel con altos personeros del gobierno de Gerald Ford, cuando se le pidió que explicara su tesis de que subiendo mucho los impuestos no necesariamente aumenta la recaudación del Estado. Para explicarlo Laffer agarró una servilleta que tenía a mano y dibujó la curva en ella, la que ilustra el inicio de esta columna.

Laffer, en la década de los 80, fue asesor económico de la administración del presidente Ronald Reagan e influyó fuertemente en los recortes fiscales implementados en esos tiempos. Recortes implementados tanto en EEUU como en la Inglaterra de Margaret Thatcher, y que ahora están reverdeciendo en manos de Trump y sus boys. Acá ya tenemos una pista de porqué se le trajo. Para respaldar la mega reforma de la dupla Kast-Quiroz.

Pero ¿qué nos dice la curva de Laffer? En simple, si la tasa de impuestos es 0, el Estado no recauda nada. Sin impuestos el Estado no existiría, el sueño de no pocos libertarios o iliberales. En el otro extremo, si el impuesto es 100, esto es, del 100%, tampoco recaudaría un solo peso por el simple hecho de que nadie produciría bien o servicio alguno. Esto último, porque nadie emprendería un negocio para que todos sus ingresos se los lleve el Estado.

Entre medio de estos dos valores (0 y 100) está la curva de Laffer, representación gráfica que se caracteriza por ilustrar el crecimiento de recaudación por parte del Estado a medida que aumenta la tasa impositiva. Esto se reconoce como tal hasta cierto valor. Pasado dicho valor de la tasa impositiva, la recaudación fiscal empieza a decrecer hasta llegar a 0 cuando la tasa pasa a ser del 100%.

La madre del cordero reside en identificar el punto óptimo, esto es, el valor óptimo de la tasa impositiva, en el que se maximiza la recaudación estatal.

Si se nos pasa la mano, esto es, aplicamos una tasa impositiva mayor corremos el riesgo de disminuir el nivel de actividad económica y de alentar el fraude fiscal, con lo que en vez de recaudar más terminamos recaudando menos. Como quien dice, fuimos por lana y salimos trasquilados.  

Si, por el contrario, aplicamos una tasa impositiva menor al punto óptimo, habiendo espacio para subirla sin afectar la actividad económica ni estimular el fraude impositivo, corremos el riesgo de déficit fiscal y/o de disponer de un Estado sin la capacidad para proveer los bienes/servicios que se le exigen.

En resumen, ni tanto ni tan poco. Unos empujan hacia abajo, otros hacia arriba. Y el tema se complica si nos adentramos en la estructura de la tasa impositiva y a quienes afecta, quienes se benefician y/o perjudican con un valor u otro.

La tesis que sostienen quienes promueven la baja de impuestos es que los recortes se pagan solos dado que generarían crecimiento económico, y éste una mayor recaudación impositiva que compensa la baja de impuestos. O sea, la tesis de que los recortes se pagan solos y con creces.

Una tesis sin evidencias empíricas. En la práctica, lo que se ha visto al final del día, es que los recortes terminan en déficit fiscal. Efectivamente tiende a generar crecimiento, pero un crecimiento insuficiente para evitar el déficit fiscal.

julio 23, 2026

Chile se descose

Foto de Yara Kinds en Unsplash

En Chile, un escrito anónimo, titulado LLUEVE, recorre las redes sociales que se atribuye a Pedro Lemebel y que se ha publicado en Ojo de Loca. En este escrito da cuenta de las miserias que las lluvias revelan y que no queremos ver. 

Afirma que llueve y Chile se descose. No de golpe, no de una vez. Primero aparecen las goteras. Después las filtraciones. Luego el techo que cruje. Después la grieta en la ampliación construida con sacrificio, zinc reciclado y dos maestros que cobraron en cerveza. Y finalmente aparece algún periodista a mostrar "el Chile real". Porque en Chile una tragedia no está completa hasta que un periodista empapado la relata frente a una cámara.

Prosigue afirmando que el invierno chileno tiene algo de ritual. Todos los años ocurre exactamente lo mismo. Todos los años las autoridades se declaran preparadas. Todos los años los meteorólogos anuncian sistemas frontales como si estuvieran relatando el desembarco de Normandía. Todos los años las municipalidades aseguran que existe un plan de contingencia. Y todos los años el agua encuentra la forma de demostrar que no existe ninguno.

Porque basta que llueva dos días seguidos para descubrir que el progreso nacional está sostenido con silicona, buena voluntad y declaraciones de prensa.

Los canales se desbordan. Los cerros se deslizan. Las quebradas recuerdan que siguen ahí. Los árboles se caen. La luz desaparece. Las calles se convierten en ríos. Y las casas quedan colgando de la tierra como dientes flojos.

Entonces llegan las autoridades. Siempre después. Nunca antes. Porque en este país la prevención es una especie de leyenda urbana. Algo que todos mencionan pero que nadie ha visto jamás.

Las familias llaman durante años denunciando grietas. Informan que el terreno se está hundiendo. Que el canal se sale cada invierno. Que el muro está cediendo. Y la respuesta suele ser la misma: "Vamos a evaluar." "Vamos a revisar." "Vamos a monitorear." Hasta que la casa finalmente se cae.

Ahí sí. Ahí aparecen la ayuda. Porque en Chile primero ocurre la tragedia y después comienza la planificación. Como si el desastre fuera un requisito administrativo. Mientras tanto, en las poblaciones, la lluvia no tiene nada de romántica.

La lluvia cuesta plata. Cuesta parafina. Cuesta gas. Cuesta leña. Cuesta remedios. Cuesta ropa seca. Cuesta días de trabajo. Cuesta enfermedades. Cuesta salud mental.

La gente no está viendo caer la lluvia desde una cabaña escandinava decorada para Instagram. La está viendo entrar por debajo de la puerta. La está viendo avanzar por el patio. La está viendo acercarse a los enchufes. La está viendo mojar los cuadernos de los cabros. La está viendo transformarse en humedad que después habrá que raspar durante meses.

Pero el Chile publicitario insiste en otra imagen. La del café caliente. La manta. La película. La chimenea. La ventana empañada. La pareja abrazada mirando Netflix, mientras la lluvia golpea suavemente los vidrios.

Una fantasía neoliberal. Una fantasía que tiene su precio. Porque para millones de personas el invierno no es una experiencia estética. Es una amenaza palpable.

Y mientras los más pobres calculan cuánta parafina queda para llegar a fin de mes, el temporal se transforma en espectáculo. Porque en Chile todo termina transformándose en espectáculo.

Incluso el agua. Sobre todo el agua. Los meteorólogos se convierten en celebridades. Los mapas adquieren relevancia política. Los radares meteorológicos parecen instrumentos militares. Y los matinales despliegan reporteros por todo el territorio nacional como si estuvieran cubriendo una invasión extraterrestre. Ahí están. Empapados. Azotados por el viento. Con la parka inflada como vela de embarcación. Gritando mientras la lluvia les golpea la cara. Tratando de explicarnos que está lloviendo. Como si el agua no fuera suficientemente convincente por sí sola.

Mientras tanto los conductores observan desde estudios perfectamente climatizados. Indignados. Conmovidos. Alarmados. A veces incluso furiosos.

Y no deja de tener algo profundamente chileno esa imagen. Un periodista siendo golpeado por el temporal para demostrar que el temporal golpea. Un corresponsal peleando cuerpo a cuerpo con una ráfaga para explicarnos que hay viento. Una señora relatando entre lágrimas que perdió el techo. Un poblado que nadie mencionó durante veinte años convirtiéndose en noticia durante cuarenta minutos.

Porque al letrero de Los Vilos se le voló la V y ahora se llama "Los ilos". Y a los días desaparecen todos nuevamente del mapa. Hasta el próximo desastre. Porque la tragedia también tiene calendario televisivo. Dura exactamente lo que dura el rating. Y el morbo es el padre del rating. Se termina el morbo y volvemos a la programación habitual.

Y de pronto vimos a un país entero entrar en estado de alerta. P rque esa es quizás la palabra que mejor define al invierno chileno. Alerta. Siempre alerta. Alerta temprana. Alerta preventiva. Alerta amarilla. Alerta roja. Alerta meteorológica. Alerta por marejadas. Alerta por remociones en masa. Alerta por viento. Alerta por lluvia. Alerta por frío.

Vivimos permanentemente anunciando la catástrofe que viene. Porque sabemos que viene. No sabemos cuándo. No sabemos dónde. Pero sabemos que viene.

Y también sabemos que después pasará. Como pasa todo. Saldrá el sol. La humedad empezará a retirarse. Las noticias buscarán otro espectáculo. Los periodistas volverán al estudio. Los meteorólogos perderán protagonismo. Las autoridades declararán que aprendieron lecciones.

Y las familias volverán a esperar el próximo invierno. Porque el próximo invierno llegará. Y volverá a mostrar exactamente las mismas grietas. Las mismas desigualdades. Las mismas casas colgando. Las mismas calles sin luz. Los mismos canales desbordados. Los mismos discursos. Las mismas promesas.

Porque la lluvia tiene una virtud que ningún gobierno ha conseguido derrotar: Dice la verdad. Cada invierno cae del cielo para recordarnos dónde están las costuras del país.

Y entonces la cordillera aparece blanca. Vestida de novia. Radiante. Perfecta. Decorando el paisaje para las postales. Mientras abajo, mucho más abajo, alguien sigue poniendo baldes en el living para que no se le llueva la casa.

Y quizás esa sea la imagen más exacta de Chile. La belleza arriba. La emergencia abajo. Y el agua, como siempre, encargándose de unir ambas cosas. Sin respeto también.

Lo descrito es un retrato de Chile, pero que por desgracia se hace extensivo a muchos otros países. Una y otra vez. Y así seguimos.

En invierno son las lluvias las que nos descosen; en verano, son los incendios. Pero ojo que esto no es exclusivo de Chile. Es extensivo a muchos países. A modo de ejemplo, hoy España está siendo azotada por incendios de marca mayor.

¿Qué nos dice todo esto? A ver si en otra ocasión vemos qué no hacemos y debemos hacer..

Fuente: 

://www.facebook.com/Acunadiputadoxd8/posts/llueve-y-chile-se-descose-no-de-golpeno-de-una-sola-vez-la-lluvia-tiene-modales-/10242934959370715/ 

julio 16, 2026

¿Hay o no hay sobreoferta de profesionales? (parte 2 de 2)

En la columna anterior (leer) hicimos alusión a dos columnas y dos cartas que abordan un eventual problema de sobreoferta de títulos o exceso de profesionales que existiría en el país (Chile). En ellas no dejan de sorprenderme porque se trata de un debate absolutamente previsible. Más bien me sorprende que, tanto Loreto, Pablo, como Felipe y Jaime, se sorprendan. ¿Acaso esperaban otra cosa? ¿Olvidan el paisito en que vivimos? Acá van algunas pildoritas recordatorias:

1.     En Chile existen carreras universitarias que son tales por esnobismo, clasismo o arribismo. Acá el universitario se sobrevalora, en tanto que el técnico se infravalora. Ser un profesional universitario en el mercado laboral chileno, pareciera que nos sube el pelaje.

2.     El esnobismo, clasismo o arribismo se expresa en que lo que en el mundo son técnicos, en Chile se reemplazó por la figura del ingeniero de ejecución como una forma de “ascenderlo” social y académicamente.

3.  El resultado es que tenemos más profesionales universitarios que técnicos (alrededor de 3 profesionales universitarios por cada técnico) en circunstancias que debiera ser al revés. En los países desarrollados es de 8 a 10 técnicos por ingeniero.

4.   Las universidades, ni cortas ni perezosas, se subieron al carro dado que al mismo tiempo se les empezó a mover el piso financiero. Dejaron de tener asegurado su financiamiento, eliminándose la gratuidad en la educación superior, la que se restauró parcialmente.

5.    Con el innombrable se abrieron las compuertas para que surgieran universidades privadas, con una mano adelante y otra atrás, sin mayores requisitos.

6.     Unos vieron la opción de generar un nuevo y suculento negocio dado que las instituciones existentes eran incapaces de absorber la demanda por educación superior. Esto, a pesar de que por ley se asumía que a las universidades que se crearan se les exigía que fueran “sin fines de lucro”. 

7.      Otros, antes que un nuevo negocio financiero, vieron la creación de nuevas universidades como una forma de generar nuevos profesionales imbuidos de un nuevo espíritu político-cultural-económico que asegure la continuidad de la ideología subyacente en el régimen del innombrable.

8.   Lo concreto es que hoy estamos llenos de profesionales de primera generación, a punta de un endeudamiento no sostenible con los ingresos que disponen “gracias” a la formación recibida. Y no pocos de ellos, sin trabajo o con trabajos que poco o nada tienen que ver con la formación recibida, o con una formación que no es la que el mercado laboral demanda.

9.      De esta forma se multiplicaron universidades y profesionales, hasta que se descubrió que había que regularlas dado que estaban ingresando estudiantes que no entienden lo que leen, y lanzando al mercado profesionales como quien produce salchichas.

10. Y no se encontró mejor manera de “regular” que creando el concepto de acreditación, de universidades y carreras, subdividiéndose en acreditadas y no acreditadas. Hoy pareciera que vamos camino hacia una paulatina y creciente desacreditación de "dudosos" procesos de acreditación.

11. Y la fiesta continúa. Ahora se está descubriendo la pólvora: que hay carreras muy largas, que hay que acortarlas. Y las acortan al mismo tiempo que crean posgrados y postítulos para compensar el descubrimiento de la pólvora. Se chutea la pelota hacia adelante.

¿A dónde iremos a parar? No lo sé. Sólo sé que nada sé, o sólo sé que un libre mercado sin algún grado de planificación no es el camino, así como tampoco lo es una educación superior planificada de espaldas al mercado.

El camino a seguir pasa por el encuentro entre el mercado y un mínimo de planificación que incluya una suerte de “observatorio” honesto que nos diga para dónde va la micro. El drama reside en que la honestidad brilla por su ausencia en tiempos de amoralidad, por ni decir de inmoralidad.

Más en los tiempos que corren, donde ya nos acompaña un nivel de inseguridad y una inteligencia artificial, de Padre y Señor mío, que no podemos soslayar.

 

Carta de JPMatus nov 2002

 
De: Jean Pierre Matus Acuña <jpmatusa@utalca.cl>

Fecha: Tue, 12 Nov 2002 18:55:48 -0300

Para: Área UTALCA <dpenal@pehuenche.utalca.cl>

Asunto: despedida

Estimados colegas y funcionarios de la Universidad:

Como muchos de Uds. ya saben, se ha aceptado por la autoridad mi renuncia voluntaria al cargo de profesor asociado de la Fac. de Cs. Jurídicas y Sociales de nuestra Universidad, efectiva a partir del 30 de este mes, hecho que comuniqué por escrito al Rector y al Decano de mi Facultad el día 23 del pasado mes, después de mucho meditarlo y de haberle solicitado personalmente ­pero sin éxito­ al Sr. Rector, a fines de  mayo de este año (a propósito del traslado de mi familia a Santiago), que se redujera mi carga horaria o se me permitiera trabajar en la oficina de Santiago de la Universidad. Así que la principal razón por la que dejo mis labores en Talca es la misma de aquella solicitud: que quiero estar junto a mi esposa y mis dos hijas, verlas despiertas en la tarde todos los días y no ya durmiendo, como me sucede hoy en día cada vez que vuelvo de Talca.

A la hora de hacer un recuento de estos 10 años, lo primero que se me viene a la cabeza es agradecer, otra vez, al Sr. Rector y a la Universidad la oportunidad que me dieron de incorporarme a lo que era en 1992 sólo un proyecto que recién se iniciaba; el apoyo que me dieron para realizar mis estudios de Doctorado; y, sobre todo, la oportunidad de conocer y trabajar junto a quien se convirtió en mi maestro y amigo: don Sergio Politoff L..

También quiero agradecer a los funcionarias y funcionarios de la Universidad, mis colegas y las autoridades que siempre se mostraron cordiales y colaboraron desinteresadamente en los proyectos que emprendimos: Consuelo Cruz, Silvia Torres, Ximena Letelier, Cecilia  Tapia, Gerardo Herrera, Pilar Orozco, Guisela Reyes, Patricia Barrios, Mª Fernanda Pino, Marcela Albornoz, Mª Emilia Murgas, Soledad Jara, José Lara, Carmen Gloria Romero, Patricia Sepúlveda, Elizabeth Díaz, Guacolda Pérez, Leandro Garrido,  Clementina Zapata, Mario Villagra, Luis Navarro, Gabriel Bustos, Francisco Stecher, Patricio Bravo, Marcela Briones, Alejandro Madariaga, Luis Valenzuela, Edgardo Paredes y todos sus colaboradores, Raquel Reyes, Claudia González, Nelson Quezada, Claudio Zúñiga, Sergio Torres, Jenny Mathes, Martin Schafernicht, Blanca Zúñiga, Paulina Royo, Javier Pinedo, Irene Rojas, Juan Robertson, Patricio Masbernatt, Diego Palomo, Patricio Madariaga, Guillermo Schmeda, Matilde García, Carlos Hojas, Juan Franco, Pedro Emilio Zamorano, Patricio Ortúzar, Ricardo Sánchez, Paola Gutiérrez, Sonia Sepúlveda, Ana Gutiérrez, Juan Pablo Prieto, Iván Palomo, y tantos otros que mi mala memoria dejó en el tintero (como el personal de vigilancia y casinos). No puedo dejar de mencionar, además, a mis colegas del Departamento de Derecho Público que, no siendo de la planta de esta Universidad, siempre estuvieron dispuestos a colaborar en las iniciativas que dirigí o coordiné: los Ministros de la I. Corte de Apelaciones don Rodrigo Biel y don Eduardo Meins, el Prof. Alex Carocca, mis alumnos ayudantes y ahora profesionales Patricio Aravena, Carlos Palma y Humberto Alarcón, mis actuales ayudantes Marcia Allendes, Jennifer González, Scarlet Quiroga, Rodrigo Troncoso y Nelson Lorca y, sobre todo, quien ahora es el Ayudante de nuestro Departamento, Roberto Navarro D.

Y en cuanto a los problemas y demases cuitas vividas en la Facultad este último año, comprenderán Uds. con facilidad mi desazón y frustración personal al ver el estado al que hemos llegado  después de estos años en que sin buscar cargos ni prebendas me dediqué exclusivamente al Proyecto común de ³hacer Universidad² como docente (evaluado por los alumnos estos últimos años siempre por encima de la media de la Facultad), formador de numerosos memoristas, investigador y autor de diversas publicaciones (entre las cuales se cuentan, por el sello de nuestra Editorial, las Lecciones de Derecho Penal Chileno que hiciéramos con mi esposa y que en un año han agotado prácticamente sus dos ediciones), creador de medios de enseñanza visuales y electrónicos, organizador y director de Diplomados y capacitaciones a los funcionarios de la Reforma Procesal Penal que incluyen a buen número de Magistrados, Fiscales y Defensores de esta Región y del resto del país, Director de Departamento y agente de la extensión de nuestra Universidad hacia la comunidad local (incluyendo lazos con el Colegio de Abogados y la Asociación de Magistrados) y nacional a través de la realización de cursos, charlas y seminarios varios, y también hacia la comunidad internacional, invitando a participar en seminarios internacionales a profesores europeos que así van conociendo y difundiendo nuestra empresa común.

Creo que es por este trabajo que la Universidad me concedió el honor de promoverme, a fines del año pasado, a la categoría de Profesor Asociado; y  la misma publicación que nos llenara de orgullo al haber puesto a nuestra Universidad entre las 10 mejores del país, menciona mi nombre entre un pequeño grupo de profesores  y profesionales menores de cuarenta años dedicados al Derecho, que puede calificarse como parte de "la nueva generación de hombres y mujeres, menores de 40 años, que cada vez con más fuerza están tomando posiciones de influencia en sus respectivos ámbitos de actividad" (Revista Qué Pasa, 26 de enero de 2002, páginas 15 y 22, Reportaje "La generación de recambio").

Resulta más frustrante aún que, así y todo, haya profesores de mi Facultad que se den el lujo de atribuirme ³incapacidad²,"indecencia", "cobardía", falta de "felling" con el Rector, ³chulería², "profunda imbecilidad", "descarada hipocresía", y otra serie de linduras por el estilo que, lamentablemente, podrían dar la impresión de tener algún viso de realidad si alguien considera que esas serían las razones de fondo por las cuales esos mismos profesores intentaron y lograron impedir las elecciones de Decano que debían realizarse estatutariamente en enero de este año, elecciones a las que, creyendo que los reglamentos de la Universidad y sus instituciones debían operar normalmente, intenté presentarme con el apoyo entonces de un buen número de profesores de la Facultad en enero de este año, aunque sin éxito (por no haberse siquiera realizado las elecciones).

En un ambiente así, donde se ha llegado al punto de difundir el rumor de que mi promoción a la categoría de Profesor Asociado estuvo de alguna manera ³arreglada² (lo que claramente ofende más a la Universidad que a mí), Uds. comprenderán por qué, sumado  al sacrificio personal de tener mi familia en Santiago, se me hacía un poco pesada la pista venir a trabajar todos los días a nuestra Escuela de Derecho.

Finalmente, quisiera decirles que aunque me vaya, y a despecho de los apelativos de ³egoísmo desenfrenado² y "ambición desmedida" que esa gente anda transmitiendo por ahí, tengo la tranquilidad de no irme sin dejarles algo a ellos mismos, a la Facultad y a mis alumnos: en Bilioteca dejo más de un ciento de libros de estudio y de investigación (comprados no sólo por medio de proyectos FONDECYT, sino también a través de las ³actividades extraordinarias² que dirigí y coordiné estos años), junto al depósito de una biblioteca de Derecho Procesal Penal de los Estados Unidos, que consiguiera a través de su Embajada; en las oficinas de la Facultad,  más de $15.000.000 en computadores, impresoras y otros equipos que se encuentran incorporados al patrimonio de la Universidad, adquiridos también con recursos provenientes de esas ³actvidades extraordinarias²; y en nuestro Edificio, la Sala de Práctica Forense ­inaugurada este año por el Pdte. de la Corte Suprema y el Sr. Fiscal Nacional del Ministerio Público­, completamente equipada con mesa de sonido, proyector, internet, y sistema de grabación y edición digital de vídeos, y cuyo financiamiento proviene en buena medida de los ³overheads² de dichas ³actividades

extraordinarias².

Esperando que el dolor que esta renuncia me causa pueda servir para disculparme ante quienes -ya con mucha razón parece-, han sufrido mis mails dirigidos a la comunidad universitaria y no desean recibir más comunicaciones de esta clase, y si ello no es suficiente, que me sirva de excusa la seguridad de que será la última vez que les molesto con mis cavilaciones,

Les saluda afectuosamente,

Jean Pierre Matus A.

P.S.: Por si acaso, también es falso el rumor de que tengo "algo arreglado" en Santiago.

 

julio 14, 2026

En torno al fascismo

Fuente: https://gemini.google.com/app/76d5aba2d904e8ae

En un reciente artículo de opinión publicado en el diario El País (La política de negatividad de izquierdas) en el día de ayer (13 julio 2026), el sociólogo chileno Alfredo Joignant, afirmó que “Si bien el presidente Kast es sumamente conservador en el plano económico y cultural, eso no habilita la crítica hacia un Gobierno “fascista”, de “extrema derecha”, “ultra-radical” o con cualquier otro calificativo de la misma índole” (leer).

Joignant, admite que el gobierno de José Antonio Kast (JAK) es el más derechista de todos los gobiernos desde el retorno a la democracia en 1990 y que no ha ocultado su adhesión al pinochetismo, pero eso no nos habilitaría para calificarlo como de extrema derecha, o de fascista. Para estos efectos se basa en su práctica concreta de gobernante. Afirmar que no correspondería calificar al gobierno de JAK como fascista, o de extrema derecha por las acciones llevadas a cabo en tan solo poco más de 100 días de gobierno, es tanto o más temerario que sostener que sí lo es.

Joignant tiene razón cuando sostiene que “las izquierdas sentaron un pésimo precedente al tratar de “fascista” al expresidente Sebastián Piñera, en un abuso de las categorías utilizadas para nombrar al adversario”. Efectivamente, Piñera al recordar los 30 años del golpe, en septiembre del 2013, denunció a los cómplices pasivos, entre los cuales estaba JAK. Esto es, no son comparables: Piñera no fue un fascista, en JAK está por verse, pero hay muchas pistas en esa dirección.

Joignant encuentra “muy buenas razones para calificar de extrema derecha a los gobiernos de Trump, Orbán y Bolsonaro, en donde la experiencia de ser reprimidos, instrumentalizados por reglas del juego manipuladas y, para decirlo en una sola palabra, de estar regidos por un gobierno “iliberal” justificaba con creces el diagnóstico. La extrema derecha manda en Estados Unidos, y mandaba en Brasil y Hungría”.

Si bien es un tanto prematuro afirmar que estamos ante un gobierno fascista, tampoco corresponde negarlo porque hay poderosos signos que apuntan hacia allá. Pero para poder continuar tenemos que aclarar por qué entendemos por fascismo.

Para estos efectos hace ya casi dos años, escribí un artículo titulado ¿Qué es el fascismo? (leer). En él describo un conjunto de características que identificarían al fascismo, las que resumiré en una tabla que sigue incorporando una columna conteniendo una puntuación que va del 0 al 10, donde 0 significa que el gobierno de JAK no tiene esta característica, y 10 que si lo tiene en grado sumo. Valores intermedios dan cuenta de la fuerza que la característica tiene.

 

Características del fascismo

Puntuación

1

ensalza la patria, idealizándola a través de símbolos (la bandera, el escudo y el himno)

10

2

glorifica la guerra y a las FFAA

8

3

rechaza la globalización que restringe sus ámbitos de actuación nacionales.

6

4

controla y censura a quienes ve como amenazas a su existencia, a sus tradiciones, a su identidad.

4

5

promueve el culto al líder, al que se debe adorar y exigir que defina lo que es verdadero y lo que es falso

0

6

se estructura jerárquicamente a imagen y semejanza de las FFAA, donde unos mandan y otros obedecen

0

7

discrimina los “normales” de “no normales”, en base a la sexualidad, raza, religión, política, u otros factores

2

8

ve la igualdad como una amenaza, como lo prueba la mirada supremacista blanca, aria u otra

4

9

rechaza la democracia liberal, valorando la imposición del orden y la seguridad, sobre la libertad y la justicia.

6

10

promueve la existencia de gobiernos autoritarios, centralizados con poderes para intimidar o suprimir toda oposición política y social

6

11

idealiza la vida campestre, rural, glorificando la historia y la tradición nacional

10

12

valora el trabajo como mecanismo para ser libres “Arbeit macht frei” (“El trabajo nos hará libres”).

8

13

promueve una representación apolítica de los distintos componentes de las ramas productivas

4

14

busca controlar la vida social y política apelando a las emociones por sobre la racionalidad

4

 

Total

72

En consecuencia, si nos atenemos a la tabla, a la puntuación que he dado, de un total máximo posible de 140 puntos, el puntaje total alcanzado de 72 puntos, podríamos afirmar que estamos ante un gobierno, el de JAK, al menos en un inicio, del orden de un 50% fascista. Aprovecho de decirles que la tabla no la encuentro infalible ni mucho menos. Creo que faltan características, así como hay algunas que se pueden fusionar. Con todo, estimo que nos puede servir para responder la pregunta ¿es fascista el gobierno de JAK? Pregunta que espero podamos volvernos a hacer en un tiempo más.

Invito a mis lectores a hacer el ejercicio de poner los puntos (entre 0 y 10) que considera aplicar a cada característica, así como a construir una nueva tabla con las características que a su juicio definirían en un régimen fascista.

Y ojalá me cuenten cómo les fue.


julio 08, 2026

El futuro del trabajo y la educación

Hace ya unos 10 años escribí una columna titulada "Hacia un mundo sin trabajo" (leer) donde hago referencia a lo que ya estamos viendo hoy, ahora acentuado por la irrupción de la inteligencia artificial.

Hoy reafirmo lo sostenido y si vuelvo a escribir sobre el tema es para reforzar algunas ideas a la luz de lo que estamos viendo. De partida, para suavizar esta transición hacia este mundo con menos trabajo, de modo que afecte a menos personas, lo que ya se está viendo. Bill Gates nos habla de una nueva jornada laboral semanal de 2 a 3 días. Si no queremos que el desempleo se dispare, es inevitable la reducción de la jornada laboral.

Lo que está importando es el valor generado trabajando, la productividad, no el tiempo que estamos contratados. Esto es algo que no tiene vuelta. Oponerse a esto es chocar contra una pared inamovible. Para allá vamos dentro de lo que ha sido la tónica desde los tiempos de Adán y Eva marcada por nuestro deseo de obtener lo máximo con el menor esfuerzo posible. La única diferencia reside en que ahora este proceso se ha acelerado.

Las consecuencias son fuertes en todos los ámbitos. Si no queremos vernos engullidos por la automatización, es imperativo que asumamos su conducción y adaptemos a sus consecuencias. De lo contrario corremos el riesgo de que nos veamos engullidos y que la democracia sea devorada por la tecnocracia, lo que de alguna forma estamos viendo en nuestros días. No debemos dejar que Musk, Theil y otros gurúes tecnológicos sean quienes determinen nuestro destino. Pero para esto es imperativo que asumamos la realidad tal cual es y terceros definan nuestras vidas.

De partida, una vida adulta no necesariamente estará marcada por el trabajo. Esto será así para unos pocos, con trabajos de alta especialización, que es la que tendrán quienes estén tras el desarrollo de la inteligencia artificial, tras los procesos de robotización, de análisis de datos, de ciberseguridad y otros de la más alta calificación. 

Ya hay más tiempo libre, tiempo de ocio, y seguirá creciendo porque esto no tiene vuelta atrás. Por tanto, tenemos que enfrentar el qué hacer en este mayor tiempo libre que dispondremos, y que de hecho ya estamos disponiendo. Esta es, creo, la madre del cordero, aprender a saber qué hacer con este "nuevo" tiempo. Para ello tenemos que darle un sentido a nuestras vidas, a saber qué hacer con nuestro creciente tiempo de ocio, y tener una educación alineada con esta nueva realidad.

Esto implica que las instituciones educacionales, particularmente las superiores, que nos educan para incorporarnos al mundo del trabajo, tendrán que reformularse, dejando de formar profesionales que un futuro más próximo que lejano, no demandará.

¿Significa esto que muchas instituciones educativas superiores desaparecerán? No necesariamente en la medida que sean capaces de adaptarse ya no formando profesionales para trabajar, sino que personas para saber qué hacer en sus vidas, para desarrollar competencias blandas vinculadas con el saber ser y estar, para tener pensamiento crítico, para ser capaces de ver bajo el agua, para discernir de modo que no les pasen gatos por liebre. 

Por último, pero no por ello menos importante, una sólida formación ética que nos provea de un sólido muro de contención frente a la tentación de ser corrompido o corromper a terceros que hoy está más presente que nunca.