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agosto 01, 2026

La famosa curva de Laffer

Llegó a Chile, Arthur Laffer, invitado por Res Pública e Ideas Republicanas, dos think tank de derecha. Llegó para dar un ciclo de conferencias en la Universidad del Desarrollo y traernos la buena nueva de las bondades que traen los recortes de impuestos. Su visita se enmarca dentro de lo que dentro de la ultraderecha se la llamado la gran batalla cultural en que están empeñados para combatir a los zurdos, al zurderío.

Entrevistado por The Mercury Times sostuvo que, en referencia a la mega reforma en trámite legislativo “Ahora creo que Chile ha retomado el rumbo”. Esto es, viene a decirnos que estaríamos haciendo bien las cosas.

Pero ¿quién es Arthur Laffer? Es un economista estadounidense conocido por darle nombre a un gráfico donde se relaciona la tasa de impuestos con la recaudación fiscal. La famosa curva de Laffer escrita en una servilleta. Digo famosa porque nació en diciembre de 1974, en una reunión en el restaurante del Washington Hotel con altos personeros del gobierno de Gerald Ford, cuando se le pidió que explicara su tesis de que subiendo mucho los impuestos no necesariamente aumenta la recaudación del Estado. Para explicarlo Laffer agarró una servilleta que tenía a mano y dibujó la curva en ella, la que ilustra el inicio de esta columna.

Laffer, en la década de los 80, fue asesor económico de la administración del presidente Ronald Reagan e influyó fuertemente en los recortes fiscales implementados en esos tiempos. Recortes implementados tanto en EEUU como en la Inglaterra de Margaret Thatcher, y que ahora están reverdeciendo en manos de Trump y sus boys. Acá ya tenemos una pista de porqué se le trajo. Para respaldar la mega reforma de la dupla Kast-Quiroz.

Pero ¿qué nos dice la curva de Laffer? En simple, si la tasa de impuestos es 0, el Estado no recauda nada. Sin impuestos el Estado no existiría, el sueño de no pocos libertarios o iliberales. En el otro extremo, si el impuesto es 100, esto es, del 100%, tampoco recaudaría un solo peso por el simple hecho de que nadie produciría bien o servicio alguno. Esto último, porque nadie emprendería un negocio para que todos sus ingresos se los lleve el Estado.

Entre medio de estos dos valores (0 y 100) está la curva de Laffer, representación gráfica que se caracteriza por ilustrar el crecimiento de recaudación por parte del Estado a medida que aumenta la tasa impositiva. Esto se reconoce como tal hasta cierto valor. Pasado dicho valor de la tasa impositiva, la recaudación fiscal empieza a decrecer hasta llegar a 0 cuando la tasa pasa a ser del 100%.

La madre del cordero reside en identificar el punto óptimo, esto es, el valor óptimo de la tasa impositiva, en el que se maximiza la recaudación estatal.

Si se nos pasa la mano, esto es, aplicamos una tasa impositiva mayor corremos el riesgo de disminuir el nivel de actividad económica y de alentar el fraude fiscal, con lo que en vez de recaudar más terminamos recaudando menos. Como quien dice, fuimos por lana y salimos trasquilados.  

Si, por el contrario, aplicamos una tasa impositiva menor al punto óptimo, habiendo espacio para subirla sin afectar la actividad económica ni estimular el fraude impositivo, corremos el riesgo de déficit fiscal y/o de disponer de un Estado sin la capacidad para proveer los bienes/servicios que se le exigen.

En resumen, ni tanto ni tan poco. Unos empujan hacia abajo, otros hacia arriba. Y el tema se complica si nos adentramos en la estructura de la tasa impositiva y a quienes afecta, quienes se benefician y/o perjudican con un valor u otro.

La tesis que sostienen quienes promueven la baja de impuestos es que los recortes se pagan solos dado que generarían crecimiento económico, y éste una mayor recaudación impositiva que compensa la baja de impuestos. O sea, la tesis de que los recortes se pagan solos y con creces.

Una tesis sin evidencias empíricas. En la práctica, lo que se ha visto al final del día, es que los recortes terminan en déficit fiscal. Efectivamente tiende a generar crecimiento, pero un crecimiento insuficiente para evitar el déficit fiscal.

julio 16, 2026

¿Hay o no hay sobreoferta de profesionales? (parte 2 de 2)

En la columna anterior (leer) hicimos alusión a dos columnas y dos cartas que abordan un eventual problema de sobreoferta de títulos o exceso de profesionales que existiría en el país (Chile). En ellas no dejan de sorprenderme porque se trata de un debate absolutamente previsible. Más bien me sorprende que, tanto Loreto, Pablo, como Felipe y Jaime, se sorprendan. ¿Acaso esperaban otra cosa? ¿Olvidan el paisito en que vivimos? Acá van algunas pildoritas recordatorias:

1.     En Chile existen carreras universitarias que son tales por esnobismo, clasismo o arribismo. Acá el universitario se sobrevalora, en tanto que el técnico se infravalora. Ser un profesional universitario en el mercado laboral chileno, pareciera que nos sube el pelaje.

2.     El esnobismo, clasismo o arribismo se expresa en que lo que en el mundo son técnicos, en Chile se reemplazó por la figura del ingeniero de ejecución como una forma de “ascenderlo” social y académicamente.

3.  El resultado es que tenemos más profesionales universitarios que técnicos (alrededor de 3 profesionales universitarios por cada técnico) en circunstancias que debiera ser al revés. En los países desarrollados es de 8 a 10 técnicos por ingeniero.

4.   Las universidades, ni cortas ni perezosas, se subieron al carro dado que al mismo tiempo se les empezó a mover el piso financiero. Dejaron de tener asegurado su financiamiento, eliminándose la gratuidad en la educación superior, la que se restauró parcialmente.

5.    Con el innombrable se abrieron las compuertas para que surgieran universidades privadas, con una mano adelante y otra atrás, sin mayores requisitos.

6.     Unos vieron la opción de generar un nuevo y suculento negocio dado que las instituciones existentes eran incapaces de absorber la demanda por educación superior. Esto, a pesar de que por ley se asumía que a las universidades que se crearan se les exigía que fueran “sin fines de lucro”. 

7.      Otros, antes que un nuevo negocio financiero, vieron la creación de nuevas universidades como una forma de generar nuevos profesionales imbuidos de un nuevo espíritu político-cultural-económico que asegure la continuidad de la ideología subyacente en el régimen del innombrable.

8.   Lo concreto es que hoy estamos llenos de profesionales de primera generación, a punta de un endeudamiento no sostenible con los ingresos que disponen “gracias” a la formación recibida. Y no pocos de ellos, sin trabajo o con trabajos que poco o nada tienen que ver con la formación recibida, o con una formación que no es la que el mercado laboral demanda.

9.      De esta forma se multiplicaron universidades y profesionales, hasta que se descubrió que había que regularlas dado que estaban ingresando estudiantes que no entienden lo que leen, y lanzando al mercado profesionales como quien produce salchichas.

10. Y no se encontró mejor manera de “regular” que creando el concepto de acreditación, de universidades y carreras, subdividiéndose en acreditadas y no acreditadas. Hoy pareciera que vamos camino hacia una paulatina y creciente desacreditación de "dudosos" procesos de acreditación.

11. Y la fiesta continúa. Ahora se está descubriendo la pólvora: que hay carreras muy largas, que hay que acortarlas. Y las acortan al mismo tiempo que crean posgrados y postítulos para compensar el descubrimiento de la pólvora. Se chutea la pelota hacia adelante.

¿A dónde iremos a parar? No lo sé. Sólo sé que nada sé, o sólo sé que un libre mercado sin algún grado de planificación no es el camino, así como tampoco lo es una educación superior planificada de espaldas al mercado.

El camino a seguir pasa por el encuentro entre el mercado y un mínimo de planificación que incluya una suerte de “observatorio” honesto que nos diga para dónde va la micro. El drama reside en que la honestidad brilla por su ausencia en tiempos de amoralidad, por ni decir de inmoralidad.

Más en los tiempos que corren, donde ya nos acompaña un nivel de inseguridad y una inteligencia artificial, de Padre y Señor mío, que no podemos soslayar.

 

Carta de JPMatus nov 2002

 
De: Jean Pierre Matus Acuña <jpmatusa@utalca.cl>

Fecha: Tue, 12 Nov 2002 18:55:48 -0300

Para: Área UTALCA <dpenal@pehuenche.utalca.cl>

Asunto: despedida

Estimados colegas y funcionarios de la Universidad:

Como muchos de Uds. ya saben, se ha aceptado por la autoridad mi renuncia voluntaria al cargo de profesor asociado de la Fac. de Cs. Jurídicas y Sociales de nuestra Universidad, efectiva a partir del 30 de este mes, hecho que comuniqué por escrito al Rector y al Decano de mi Facultad el día 23 del pasado mes, después de mucho meditarlo y de haberle solicitado personalmente ­pero sin éxito­ al Sr. Rector, a fines de  mayo de este año (a propósito del traslado de mi familia a Santiago), que se redujera mi carga horaria o se me permitiera trabajar en la oficina de Santiago de la Universidad. Así que la principal razón por la que dejo mis labores en Talca es la misma de aquella solicitud: que quiero estar junto a mi esposa y mis dos hijas, verlas despiertas en la tarde todos los días y no ya durmiendo, como me sucede hoy en día cada vez que vuelvo de Talca.

A la hora de hacer un recuento de estos 10 años, lo primero que se me viene a la cabeza es agradecer, otra vez, al Sr. Rector y a la Universidad la oportunidad que me dieron de incorporarme a lo que era en 1992 sólo un proyecto que recién se iniciaba; el apoyo que me dieron para realizar mis estudios de Doctorado; y, sobre todo, la oportunidad de conocer y trabajar junto a quien se convirtió en mi maestro y amigo: don Sergio Politoff L..

También quiero agradecer a los funcionarias y funcionarios de la Universidad, mis colegas y las autoridades que siempre se mostraron cordiales y colaboraron desinteresadamente en los proyectos que emprendimos: Consuelo Cruz, Silvia Torres, Ximena Letelier, Cecilia  Tapia, Gerardo Herrera, Pilar Orozco, Guisela Reyes, Patricia Barrios, Mª Fernanda Pino, Marcela Albornoz, Mª Emilia Murgas, Soledad Jara, José Lara, Carmen Gloria Romero, Patricia Sepúlveda, Elizabeth Díaz, Guacolda Pérez, Leandro Garrido,  Clementina Zapata, Mario Villagra, Luis Navarro, Gabriel Bustos, Francisco Stecher, Patricio Bravo, Marcela Briones, Alejandro Madariaga, Luis Valenzuela, Edgardo Paredes y todos sus colaboradores, Raquel Reyes, Claudia González, Nelson Quezada, Claudio Zúñiga, Sergio Torres, Jenny Mathes, Martin Schafernicht, Blanca Zúñiga, Paulina Royo, Javier Pinedo, Irene Rojas, Juan Robertson, Patricio Masbernatt, Diego Palomo, Patricio Madariaga, Guillermo Schmeda, Matilde García, Carlos Hojas, Juan Franco, Pedro Emilio Zamorano, Patricio Ortúzar, Ricardo Sánchez, Paola Gutiérrez, Sonia Sepúlveda, Ana Gutiérrez, Juan Pablo Prieto, Iván Palomo, y tantos otros que mi mala memoria dejó en el tintero (como el personal de vigilancia y casinos). No puedo dejar de mencionar, además, a mis colegas del Departamento de Derecho Público que, no siendo de la planta de esta Universidad, siempre estuvieron dispuestos a colaborar en las iniciativas que dirigí o coordiné: los Ministros de la I. Corte de Apelaciones don Rodrigo Biel y don Eduardo Meins, el Prof. Alex Carocca, mis alumnos ayudantes y ahora profesionales Patricio Aravena, Carlos Palma y Humberto Alarcón, mis actuales ayudantes Marcia Allendes, Jennifer González, Scarlet Quiroga, Rodrigo Troncoso y Nelson Lorca y, sobre todo, quien ahora es el Ayudante de nuestro Departamento, Roberto Navarro D.

Y en cuanto a los problemas y demases cuitas vividas en la Facultad este último año, comprenderán Uds. con facilidad mi desazón y frustración personal al ver el estado al que hemos llegado  después de estos años en que sin buscar cargos ni prebendas me dediqué exclusivamente al Proyecto común de ³hacer Universidad² como docente (evaluado por los alumnos estos últimos años siempre por encima de la media de la Facultad), formador de numerosos memoristas, investigador y autor de diversas publicaciones (entre las cuales se cuentan, por el sello de nuestra Editorial, las Lecciones de Derecho Penal Chileno que hiciéramos con mi esposa y que en un año han agotado prácticamente sus dos ediciones), creador de medios de enseñanza visuales y electrónicos, organizador y director de Diplomados y capacitaciones a los funcionarios de la Reforma Procesal Penal que incluyen a buen número de Magistrados, Fiscales y Defensores de esta Región y del resto del país, Director de Departamento y agente de la extensión de nuestra Universidad hacia la comunidad local (incluyendo lazos con el Colegio de Abogados y la Asociación de Magistrados) y nacional a través de la realización de cursos, charlas y seminarios varios, y también hacia la comunidad internacional, invitando a participar en seminarios internacionales a profesores europeos que así van conociendo y difundiendo nuestra empresa común.

Creo que es por este trabajo que la Universidad me concedió el honor de promoverme, a fines del año pasado, a la categoría de Profesor Asociado; y  la misma publicación que nos llenara de orgullo al haber puesto a nuestra Universidad entre las 10 mejores del país, menciona mi nombre entre un pequeño grupo de profesores  y profesionales menores de cuarenta años dedicados al Derecho, que puede calificarse como parte de "la nueva generación de hombres y mujeres, menores de 40 años, que cada vez con más fuerza están tomando posiciones de influencia en sus respectivos ámbitos de actividad" (Revista Qué Pasa, 26 de enero de 2002, páginas 15 y 22, Reportaje "La generación de recambio").

Resulta más frustrante aún que, así y todo, haya profesores de mi Facultad que se den el lujo de atribuirme ³incapacidad²,"indecencia", "cobardía", falta de "felling" con el Rector, ³chulería², "profunda imbecilidad", "descarada hipocresía", y otra serie de linduras por el estilo que, lamentablemente, podrían dar la impresión de tener algún viso de realidad si alguien considera que esas serían las razones de fondo por las cuales esos mismos profesores intentaron y lograron impedir las elecciones de Decano que debían realizarse estatutariamente en enero de este año, elecciones a las que, creyendo que los reglamentos de la Universidad y sus instituciones debían operar normalmente, intenté presentarme con el apoyo entonces de un buen número de profesores de la Facultad en enero de este año, aunque sin éxito (por no haberse siquiera realizado las elecciones).

En un ambiente así, donde se ha llegado al punto de difundir el rumor de que mi promoción a la categoría de Profesor Asociado estuvo de alguna manera ³arreglada² (lo que claramente ofende más a la Universidad que a mí), Uds. comprenderán por qué, sumado  al sacrificio personal de tener mi familia en Santiago, se me hacía un poco pesada la pista venir a trabajar todos los días a nuestra Escuela de Derecho.

Finalmente, quisiera decirles que aunque me vaya, y a despecho de los apelativos de ³egoísmo desenfrenado² y "ambición desmedida" que esa gente anda transmitiendo por ahí, tengo la tranquilidad de no irme sin dejarles algo a ellos mismos, a la Facultad y a mis alumnos: en Bilioteca dejo más de un ciento de libros de estudio y de investigación (comprados no sólo por medio de proyectos FONDECYT, sino también a través de las ³actividades extraordinarias² que dirigí y coordiné estos años), junto al depósito de una biblioteca de Derecho Procesal Penal de los Estados Unidos, que consiguiera a través de su Embajada; en las oficinas de la Facultad,  más de $15.000.000 en computadores, impresoras y otros equipos que se encuentran incorporados al patrimonio de la Universidad, adquiridos también con recursos provenientes de esas ³actvidades extraordinarias²; y en nuestro Edificio, la Sala de Práctica Forense ­inaugurada este año por el Pdte. de la Corte Suprema y el Sr. Fiscal Nacional del Ministerio Público­, completamente equipada con mesa de sonido, proyector, internet, y sistema de grabación y edición digital de vídeos, y cuyo financiamiento proviene en buena medida de los ³overheads² de dichas ³actividades

extraordinarias².

Esperando que el dolor que esta renuncia me causa pueda servir para disculparme ante quienes -ya con mucha razón parece-, han sufrido mis mails dirigidos a la comunidad universitaria y no desean recibir más comunicaciones de esta clase, y si ello no es suficiente, que me sirva de excusa la seguridad de que será la última vez que les molesto con mis cavilaciones,

Les saluda afectuosamente,

Jean Pierre Matus A.

P.S.: Por si acaso, también es falso el rumor de que tengo "algo arreglado" en Santiago.

 

julio 14, 2026

En torno al fascismo

Fuente: https://gemini.google.com/app/76d5aba2d904e8ae

En un reciente artículo de opinión publicado en el diario El País (La política de negatividad de izquierdas) en el día de ayer (13 julio 2026), el sociólogo chileno Alfredo Joignant, afirmó que “Si bien el presidente Kast es sumamente conservador en el plano económico y cultural, eso no habilita la crítica hacia un Gobierno “fascista”, de “extrema derecha”, “ultra-radical” o con cualquier otro calificativo de la misma índole” (leer).

Joignant, admite que el gobierno de José Antonio Kast (JAK) es el más derechista de todos los gobiernos desde el retorno a la democracia en 1990 y que no ha ocultado su adhesión al pinochetismo, pero eso no nos habilitaría para calificarlo como de extrema derecha, o de fascista. Para estos efectos se basa en su práctica concreta de gobernante. Afirmar que no correspondería calificar al gobierno de JAK como fascista, o de extrema derecha por las acciones llevadas a cabo en tan solo poco más de 100 días de gobierno, es tanto o más temerario que sostener que sí lo es.

Joignant tiene razón cuando sostiene que “las izquierdas sentaron un pésimo precedente al tratar de “fascista” al expresidente Sebastián Piñera, en un abuso de las categorías utilizadas para nombrar al adversario”. Efectivamente, Piñera al recordar los 30 años del golpe, en septiembre del 2013, denunció a los cómplices pasivos, entre los cuales estaba JAK. Esto es, no son comparables: Piñera no fue un fascista, en JAK está por verse, pero hay muchas pistas en esa dirección.

Joignant encuentra “muy buenas razones para calificar de extrema derecha a los gobiernos de Trump, Orbán y Bolsonaro, en donde la experiencia de ser reprimidos, instrumentalizados por reglas del juego manipuladas y, para decirlo en una sola palabra, de estar regidos por un gobierno “iliberal” justificaba con creces el diagnóstico. La extrema derecha manda en Estados Unidos, y mandaba en Brasil y Hungría”.

Si bien es un tanto prematuro afirmar que estamos ante un gobierno fascista, tampoco corresponde negarlo porque hay poderosos signos que apuntan hacia allá. Pero para poder continuar tenemos que aclarar por qué entendemos por fascismo.

Para estos efectos hace ya casi dos años, escribí un artículo titulado ¿Qué es el fascismo? (leer). En él describo un conjunto de características que identificarían al fascismo, las que resumiré en una tabla que sigue incorporando una columna conteniendo una puntuación que va del 0 al 10, donde 0 significa que el gobierno de JAK no tiene esta característica, y 10 que si lo tiene en grado sumo. Valores intermedios dan cuenta de la fuerza que la característica tiene.

 

Características del fascismo

Puntuación

1

ensalza la patria, idealizándola a través de símbolos (la bandera, el escudo y el himno)

10

2

glorifica la guerra y a las FFAA

8

3

rechaza la globalización que restringe sus ámbitos de actuación nacionales.

6

4

controla y censura a quienes ve como amenazas a su existencia, a sus tradiciones, a su identidad.

4

5

promueve el culto al líder, al que se debe adorar y exigir que defina lo que es verdadero y lo que es falso

0

6

se estructura jerárquicamente a imagen y semejanza de las FFAA, donde unos mandan y otros obedecen

0

7

discrimina los “normales” de “no normales”, en base a la sexualidad, raza, religión, política, u otros factores

2

8

ve la igualdad como una amenaza, como lo prueba la mirada supremacista blanca, aria u otra

4

9

rechaza la democracia liberal, valorando la imposición del orden y la seguridad, sobre la libertad y la justicia.

6

10

promueve la existencia de gobiernos autoritarios, centralizados con poderes para intimidar o suprimir toda oposición política y social

6

11

idealiza la vida campestre, rural, glorificando la historia y la tradición nacional

10

12

valora el trabajo como mecanismo para ser libres “Arbeit macht frei” (“El trabajo nos hará libres”).

8

13

promueve una representación apolítica de los distintos componentes de las ramas productivas

4

14

busca controlar la vida social y política apelando a las emociones por sobre la racionalidad

4

 

Total

72

En consecuencia, si nos atenemos a la tabla, a la puntuación que he dado, de un total máximo posible de 140 puntos, el puntaje total alcanzado de 72 puntos, podríamos afirmar que estamos ante un gobierno, el de JAK, al menos en un inicio, del orden de un 50% fascista. Aprovecho de decirles que la tabla no la encuentro infalible ni mucho menos. Creo que faltan características, así como hay algunas que se pueden fusionar. Con todo, estimo que nos puede servir para responder la pregunta ¿es fascista el gobierno de JAK? Pregunta que espero podamos volvernos a hacer en un tiempo más.

Invito a mis lectores a hacer el ejercicio de poner los puntos (entre 0 y 10) que considera aplicar a cada característica, así como a construir una nueva tabla con las características que a su juicio definirían en un régimen fascista.

Y ojalá me cuenten cómo les fue.


julio 12, 2026

Jugando sucio

Foto de jesse orrico en Unsplash

En la semana vimos un espectáculo grotesco. Un ministro de hacienda acordando con un grupo de senadores de un partido, el PPD, una rebaja al impuesto corporativo a un 23%, para a la hora de los quiu, bajo cuerda, tras las bambalinas, bajarlo a un 22%. Acá hay varios puntos a observar.

En primer lugar, la aplicación de la estrategia “dividir para reinar” para aprobar la famosa megareforma tributaria que pareciera ser el corazón de la política de reconstrucción nacional en que se ha empeñado el gobierno. Aprovechó la disponibilidad de 3 senadores del PPD para “mejorar” el proyecto llegándose a un acuerdo que terminó vulnerando por si pasaba piola.

En segundo lugar, la ruptura de la institucionalidad por parte de los senadores que se pusieron a negociar con el gobierno a espaldas del partido que representan, y de la oposición que dicen constituir. Cuando se es parte de algo, no es llegar y arrancarse con los tarros.

En tercer lugar, el ministro y el gobierno se pasaron de listos. Creyendo tener los votos de los senadores en el bolsillo, rebajaron otro poquito el impuesto en debate dando por sentado que ya no tendrían tiempo para echarse para atrás.

En cuarto lugar, al ver que la movida no había resultado, el ministro echa marcha atrás para salvar el acuerdo que él mismo hizo trizas, o que en lenguaje de gobierno, “hizo caer a pedazos”. La marcha atrás de Quiroz la hace dando a entender que se trataría de un "malentendido".

¿Qué nos dice todo esto? Que todos los actores de este episodio salieron mal parados. El gobierno, porque mostró a uno de sus ministros jugando sucio. Los senadores que se prestaron al juego a espaldas de los partidos por los cuales fueron elegidos. Los partidos políticos por su incapacidad para ordenarse y hacer respetar su institucionalidad.

Que el presidente del PPD no supiera que los senadores de su partido estaban conversando y negociando a sus espaldas, es una vergüenza. No se trata de que no puedan hacerlo, dado que conversar y negociar es la esencia de la política. El punto es que no puedes andar haciéndolo a tu pinta, corriendo solo, a espaldas de tu partido. Eres un senador que representas a un conjunto de votantes, el pensamiento de un partido político. Al final del día todos salieron mal parados.

Sería interesante sacar alguna lección de este episodio. Aprender que la estrategia de dividir para reinar puede ser válida en el ámbito militar, pero no en el político, salvo que en este mundo primen quienes no tengan más de dos dedos de frente. Aprender a respetar la democracia que tenemos si queremos respetarnos a nosotros mismos.

No hacerlo conduce a la prostitución de la democracia. Se la prostituye cuando se actúa jugando a las escondidas o a los bandidos, que es lo que ha dejado al desnudo la maniobra del ministro Quiroz. Así no se hace política. Así no se gobierna. Así no se reconstruye un país, sino todo lo contrario. Cuidar la democracia es tarea de todos, pero muy especialmente por quienes son autoridades.

julio 05, 2026

Intentando entender el anarcocapitalismo (parte 3)

Foto de Specna Arms en Unsplash

En relación con las Fuerzas Armadas (FFAA), Murray Rothbard sostiene que no deben existir bajo ninguna circunstancia por visualizarlas como el “brazo armado” del Estado. Y como tal, el Estado tiende a utilizarlas ya sea para embarcarse en guerras de conquista de territorios y expansión del poder, como para reprimir protestas internas y forzar a la población a financiar, vía impuestos, el monopolio de la violencia estatal representado por las FFAA. Consistente con lo expuesto, Murray se opone al servicio militar obligatorio, que asemeja a la esclavitud, donde el Estado obliga a jóvenes para que mueran o maten en guerras decididas por políticos.

En su análisis de las FFAA, Murray constata la existencia de un espacio de corrupción entre las empresas fabricantes de armas y la alta oficialidad armada estatal dados los jugosos contratos implicados. A esto se agrega la fuerte propensión a generar tensiones geopolíticas que inflan los presupuestos militares. Surge entonces la pregunta ¿cómo se defiende un país frente a un ataque armado si no tiene FFAA? Murray responde que la mejor defensa sería por la vía de las milicias ciudadanas y guerrillas voluntarias, junto con empresas armadas de defensa privadas.

Esta postura se basa en que a lo largo de la historia se ha comprobado que ejércitos profesionales regulares estatales de alto costo pueden ser derrotados por fuerzas irregulares organizadas a nivel local y bajo un formato de guerrillas -Cuba y Vietnam son tan solo dos claros ejemplos-.

Las empresas armadas privadas tendrían un carácter eminentemente defensivo, de protección de los activos de sus clientes frente a cualquier ataque externo. En concreto, en materia de defensa, el anarcocapitalismo rechaza la existencia de FFAA estatales por verlas como un monopolio estatal de las fuerzas armadas financiadas con impuestos forzados. En su lugar el anarcocapitalismo y Murray proponen empresas de defensa y milicias voluntarias destinadas a la defensa de los implicados.

Murray concibe la defensa de ataques externos, como un bien o servicio privado a transar en el mercado como cualquier otro. Quien quiera defensa, que la pague; quien no lo quiera, no tiene por qué pagarlo. Esto es, propone la privatización total de la defensa nacional, donde el rol de las FFAA sería desempeñado por agencias de defensa privadas, las que competirían entre sí para ofrecer protección a los interesados y con recursos económicos para contratarlos. Estas agencias estarían conformadas por mercenarios, como suelen ser llamados. 

Por otra parte, habría empresas aseguradoras, las que se encargarían de invertir en prevención para evitar ser atacados y tener que pagar la destrucción que origina una guerra. Así como existe un seguro contra terremotos, existiría un seguro contra guerras. Si no contrato el seguro y hay una guerra que destruye mi casa, seguro no paga; si por el contrario, como consecuencia de una guerra mi casa es destruida, y he contratado el seguro, éste me paga el costo de la reconstrucción de la casa.

Murray lo resume afirmando que “la defensa nacional puede ser provista por el mercado igual que la comida”. Así de simple. La simplicidad elevada a su máxima expresión. Como para decir “Chao Estado”, “Adiós FFAA”, "Chao pescado”.

Confieso que me cuesta imaginar que no existan FFAA, ni un ministerio de Defensa, pero como hemos visto más arriba, Murray no se inmuta ante las objeciones convencido que mediante agencias de defensa privadas, empresas aseguradoras y milicias voluntarias, el tema de la seguridad queda mucho mejor resuelto y más eficientemente.

Imagino a Kaiser soplándole al oído a Kast que elimine las FFAA. Éste lo mirará feo como diciéndole: “¿Me estás pistoleando?”. Y Kaiser, con apoyo de Murray, le dirá que en el mundo actual las FFAA son ineficientes y corruptas, que más vale tener empresas privadas armadas que compitan entre sí por proveer un mejor servicio de seguridad. A esto agregaría que frente a un ataque externo, el agresor en vez de enfrentar a unas FFAA, enfrentaría a cientos de empresas privadas armadas y a miles de milicianos voluntarios. La defensa sería por la vía de una suerte de guerra de guerrillas.  

Esta mirada tiene muchas críticas, y no es para menos, porque cuesta imaginar que no se tenga una institución estatal como son las FFAA. Pero la historia tiene ejemplos de todo orden, ya sea de países sin FFAA (Suiza, Andorra, Lichtenstein e Islandia entre otros), como de países con FFAA que no han logrado imponerse ante guerrillas internas (Cuba, Nicaragua, Etiopía, Angola, entre otros), y de países con poderosas FFAA que han perdido guerras externas enfrentando guerrillas (EEEE en Vietnam y Afganistán, URSS en Afganistán, Francia en Argelia).

Es un tema para largo, pero lo que llama la atención en la actualidad es que los más cercanos al anarcocapitalismo, tienden a postular la necesidad de privatizar todo, pero nada dicen respecto de las FFAA y las fuerzas policiales.

Queda harto paño que cortar, pero por el momento quedaré hasta acá para no abusar de vuestro tiempo Espero continuar más adelante.

julio 04, 2026

Intentando entender el anarcocapitalismo (parte 2)

Fuente: https://chatgpt.com/c/6a49839a-6fa4-83eb-88ae-a84d43daa317

El anarcocapitalismo propone la supresión del Estado por considerar que coarta las libertades individuales e impide el pleno desarrollo de mercados libres sin restricciones ni reglas que lo entorpezcan. Sin Estado me pregunto quién se encarga de la justicia, de dirimir los conflictos, de la provisión de seguridad que suele estar bajo la responsabilidad de agentes policiales estatales dado que se consideran servicios de carácter públicos.

La respuesta que da Murray Rothbard, padre del anarcocapitalismo, es que la justicia y la seguridad no tienen por qué verse como servicios públicos de carácter "especial", sino que como servicios económicos al igual que cualquier otro servicio.

Lo que nos propone su modelo es, en lugar de una policía estatal, monopólica, disponer de múltiples agencias de protección privadas, tal como en la actualidad lo hacen las empresas privadas de seguridad que toda persona o empresa, interesada en su seguridad, contrataría. Así como cuando contratamos seguros contra incendios, contra robos, contra terremotos.

En vez de pagar un impuesto al Estado, pagas la contratación de un seguro de protección a la empresa que tú quieres, que te provea más confianza, más seguridad. Si no quieres, no contratas el servicio. Así de simple, y no pagas nada. Las empresas proveedoras de seguridad competirán por ofrecerte el máximo de seguridad, al menor precio posible, y tú eliges.

El trabajo de estas empresas se centrará en evitar y/o reducir la delincuencia porque las consecuencias de sus acciones deberán ser cubiertas por ellas. Si un delincuente roba a quien no está asegurado, -este pierdo lo robado; si por el contrario, robó a quien está asegurado, éste se verá resarcido de acuerdo al seguro contratado. En consecuencia, la misión de estas empresas será de carácter preventivo como disuasivo, buscando proteger las propiedades aseguradas y evitar que los delincuentes cometan delitos.

Respecto del tema judicial, de la provisión de justicia, frente a conflictos o delitos, Murray nos propone, en reemplazo de los juzgados estatales, tribunales privados de arbitraje donde los jueces y árbitros son elegidos y contratados por las partes en conflicto. Al igual que en el caso de la seguridad, acá las empresas responsables de proveer justicia, conformadas por abogados, serían contratadas por las partes comprometidas en un conflicto o delito.

También habría empresas aseguradoras de justicia. No me queda claro de dónde vienen estos jueces y árbitros. Probablemente se encuentren adscritos a empresas.

La justicia rothbardiana no requiere cárceles estatales ni multas dado que se basa en la indemnización económica a las víctimas por los daños causados y los costos de la captura del victimario. En caso que los victimarios no tengan los recursos para pagar a las víctimas, serían forzados a trabajar para empresas privadas destinando los sueldos a pagar a las víctimas hasta saldar su deuda.

Las críticas a este modelo no son menores, tanto desde una perspectiva de lógica económica como de factibilidad. En un mercado totalmente libre, sin regulaciones, las empresas más grandes, tanto para proveer seguridad como justicia, terminarían absorbiendo a las más pequeñas, por las buenas, o por las malas dado que no existe un Estado moderador. La paradoja reside en que al final del día la empresa más grande terminaría comiéndose a las demás. Sería una suerte de nuevo Estado, pero de carácter privado.

A lo señalado habría que agregar el tema de los fallos de mercado. Si en un barrio una familia contrata a una empresa de seguridad para el cuidado de su casa, la vecindad se ve indirectamente beneficiada con la incorporación de un vigilante. Es el caso conocido como el del polizón o del free-rider dado que hay un tercero que se beneficia sin pagar un peso.

En una sociedad desigual, y más si existe mucha desigualdad, ésta se expresará a la hora de contratar seguridad y justicia. Quienes tienen más poder económico, dispondrán de más y mejor seguridad y justicia. Si una persona no ha contratado empresa de seguridad por no disponer de recursos, y es asaltado. No tiene defensa alguna y el delincuente no es enjuiciado. En este esquema la vulnerabilidad de quien no dispone de recursos, es total.

En una tercera parte incursionaré en el pensamiento de Murray respecto de las FFAA.