agosto 17, 2026

Puro humo

Foto de Pascal Meier en Unsplash

El gobierno de Kast acaba de ver aprobada en el parlamento su megareforma económica destinada a que el país, que en su diagnóstico “se ha caído a pedazos”, se “reconstruya”.  El gobierno parte con un diagnóstico equivocado al afirmar que el país está en el suelo. Con este discurso ganó la elección presidencial. Con este discurso embaucó a medio país. Ahora este país se está percatando que no se estaba cayendo a pedazos ni mucho menos. Y que sí está corriendo un alto riesgo, si al gobierno no le cae la teja, de que se caiga a pedazos con su accionar.

Este interés por la reconstrucción en el que se encuentra empeñado, tiene como ideas medulares, una sustancial baja en la tasa tributaria a los sectores más pudientes, una reducción del peso del Estado en el quehacer nacional, y un levantamiento de las restricciones que inhibirían la actividad empresarial.

Megareforma donde se asume que la baja impositiva no tiene por qué resultar en déficit como pregona la oposición. La explicación dada desde las esferas oficialistas, gobiernistas, es que tal déficit solo está en la imaginación de los opositores.  Afirman que no habrá déficit porque las medidas contempladas:

1. Incentivarán la inversión, el empleo y el consumo, produciendo un crecimiento económico suficiente para mantener o incluso aumentar la recaudación tributaria;

2. Eliminarán la grasa existente en el aparato estatal para hacerlo más eficiente y abrir mayor espacio al emprendimiento privado; y

3. Eliminarán las restricciones en las más diversas materias, particularmente las asociadas al medioambientalismo.

¿Qué nos dicen las evidencias? Nos dicen que la disminución de los impuestos a los sectores más adinerados:

1. No impactan significativamente en el crecimiento del PIB per cápita ni en el nivel de empleo (conclusiones del London School of Economics, luego de un análisis de recortes de impuestos a los más adinerados en 18 países de la OCDE en el período 1965-2015) y de los recortes en EEUU en tiempos de Reagan, Bush, y más recientemente de Trump, en su primera presidencia. En cualquier caso, los crecimientos alcanzados son de la magnitud que se proyectan.

2. Aumentan el déficit fiscal dado que la disminución de impuestos siempre reduce los ingresos del Estado, los que solo pueden verse compensados si van acompañados de drásticos recortes en el gasto público. En la práctica está comprobado que las reformas fiscales que alivian la carga tributaria de los de “arriba”, como la de esta megareforma, no hacen más que incrementar la deuda pública.

3. Incrementan la desigualdad de ingresos puesto que, para los sectores de mayores ingresos, la disponibilidad de mayor liquidez no la destinan a consumo, sino que a “ahorro”, dado que sus necesidades, al menos las esenciales, ya están más que ampliamente satisfechas. Esto es, esos recursos no “chorrean” al resto de la economía como suponen sus adherentes.

Todo esto me recuerda los tiempos del innombrable quien afirmaba que “había que cuidar a los ricos” para que sus recursos chorrearan al resto de la economía. Me recuerda a los tiempos en que había que cuidar a los patrones porque dan trabajo.

Resumiendo, las evidencias nos dicen algo muy distinto a lo que sostienen quienes empujaron esta megareforma. En efecto, no es difícil prever que el crecimiento que se alcance no es el que se está pregonando, que los inversionistas estarán “ojo al charqui” antes de invertir, que no es llegar y aplicar una liposucción para eliminar grasa estatal, así como pasar a llevar dunas, humedales y otras áreas sin consecuencias indeseables.

Lamentablemente, el resultado final no será otro que un déficit fiscal de proporciones que termina siendo una losa para el desarrollo del país. Como lo sostuvo un connotado economista nacional (Claudio Agostini), la promesa del gobierno, de que la baja de impuestos a los más ricos y/o a las más grandes empresas, se compensará con mayor crecimiento “no pasa, no ha pasado y no va a pasar”.

Basta ver lo que ha ocurrido, y sigue ocurriendo en EEUU. Los gobiernos republicanos tienden a reducir impuestos dejando al país con sus cuentas con saldos negativos, que al final del día terminarán pagando los sectores medios y los más pobres al verse privados de los servicios públicos en áreas que son esenciales para ellos: la salud y la educación.

En síntesis, la megareforma es puro humo cuyas consecuencias no pagarán quienes la impulsaron, sino que los demás. Y quienes la promovieron se reirán de los peces de colores aludiendo a las excusas más inverosímiles e imaginables.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario