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| Foto de Mohamed Nohassi en Unsplash |
Mirando hacia atrás, y al tenor de lo que fue el período
de la última campaña presidencial llevada a cabo en el curso del año 2025, no puedo
sino confirmar que los resultados, tanto de las primarias, de la primera vuelta,
como de la segunda vuelta, al menos carecen de legitimidad. En su minuto tuve dudas, ahora tengo certezas
Las razones de mis dudas se centraban en el tenor de
una campaña plagada de mentiras esparcidas como reguero de pólvora por medio de
las redes sociales de parte de expertos en la materia que actuaban tras bambalinas
financiados por peces gordos. Personajes, que se sobaban las manos y congratulaban
entre sí cuando se enteraban de los logros que estaban alcanzando. No era para
menos. Lograron que los candidatos de sus amores se llevara la guinda de la
torta, la presidencia de la república, y un parlamento a pedir de boca.
Esto está ocurriendo no solo en Chile, sino que, en
América Latina (Argentina, Colombia, Ecuador, etc.), y no solo en nuestro continente, sino que en todo el mundo. La conjunción
de la explotación de las redes sociales, con el respaldo de gurúes tecnológicos
y la inseguridad sembrada por sectas religiosas de la mano de organizaciones
criminales, están dando sus frutos.
La democracia, al igual que las libertades, frente a
una población impávida y sorprendida, están siendo zarandeadas como nunca antes.
Una población conformada por habitantes, que parece resignada a ser tratada
como meros consumidores, abandonando su condición de ciudadanos. Una población
anestesiada a punta de siniestros fabricantes de mentiras que se hacen los
desentendidos o que posan con cara de santos, como diciendo “yo no fui”, “no tengo
nada que ver”.
Son quienes están tras las fábricas o granjas de “bots”
o “fake news”, las que se producen como bombas de racimo, o bombas de mentiras
capaces de tergiversar realidades, votaciones y resultados para llevar agua a los
molinos de quienes están a su sombra. Estamos hablando de fábricas productoras al
por mayor de cuentas en las redes sociales, de mentiras, de comentarios, de
videos editados, de manipulación de encuestas, de alteración de audios. Quienes están tras esto se ocultan en el anonimato.
El punto es que esta capacidad está distorsionando
resultados, la voluntad popular que se expresa mediante el voto. Y con ello la
democracia es distorsionada dado que inevitablemente el naipe se desordena. Se pierde
credibilidad. Ya no se sabe qué creer ni a quien creer. No resulta fácil
discernir dónde empieza y termina la mentira.
Es este contexto, en el que todo parece ser mentira,
y que hay que bucear bajo el agua para distinguir dónde está la verdad, el que
explica el descrédito que está viviendo el sistema político democrático, y que
invita a soluciones simples para problemas complejos, que no son simples ni
mucho menos. Por lo mismo, exigen información veraz, no maliciosa,
fidedigna, confiable. Y el tiempo que estamos viviendo se está caracterizando
por todo lo contrario, información tendenciosa, sino falsa, que más
ayuda a despistar, desorientar, que a desentrañar y resolver los problemas que
nos aquejan como sociedad.
Si bien lo señalado es sabido, no por sabido ha de callarse y deja de
ser un tema grave. Lo prueba la elección de políticos que acceden a cargos por
votación popular por medio de malas artes. Por ello, al inicio de estas líneas
afirmé que tengo serias dudas en torno a la legalidad y/o legitimidad de
quienes resultaron ganadores, tanto en las elecciones presidenciales como
parlamentarias.
Por estos días estoy viendo confirmadas mis
sospechas con la detención de uno de los siniestros personajes que están tras las
campañas que posibilitaron el triunfo de Kast y de los republicanos. Y temo que no es el único que está tras toda la campaña orquestada para distorsionar,
alterar maliciosamente la voluntad popular.
La confirmación de mis sospechas la tengo porque por esas casualidades de la vida, en Bolivia fue
detenido Fernando Cerimedo. ¿Razón de la
detención? Acusado de contratar a una o más personas para asesinar a un
tercero, en este caso a quien fuera su pareja, Nadia Beller. El problema es que
hicieron mal su trabajo porque a pesar de descerrajarle varios disparos, no
alcanzaron a matarla.
Pero ¿quién es Fernando Cerimedo, aparte de ser el
autor intelectual del intento de asesinato al contratar sicarios para que
realizaran el trabajo sucio? Yo al menos no tenía idea de quién es.
Para desgracia de Fernando, Nadia sobrevivió. Sobrevivió
para contarlo todo y enterarnos de quien es y qué hacía, no solo Fernando, sino
con quienes y para quienes trabajaba. Y esto nos está permitiendo desenredar la
madeja. Nos venimos a enterar que Fernando y sus boys estaban encargados de una
fábrica o “granja” de “bots” (mentiras) para generar mensajes meticulosamente
estudiados para causar terror. Todo a cambio de millonarias sumas de dinero
contante y sonante. No es necesario ser adivino para descubrir quienes eran sus
financistas.
Así ganó las elecciones Rodrigo Paz en Bolivia. Así ganaron las elecciones los postulantes a quienes asesoraba (Milei en Argentina; Abelardo de la Espiriella en Colombia, por mencionar tan solo los que tengo más a mano). Así ganó Kast.
La mano de Fernando está tras los triunfos de todos los candidatos
presidenciales ultraderechistas. En Chile, quien más sufrió las consecuencias
de su accionar fue Evelyn Matthei, quien quedó fuera de la segunda vuelta
gracias a los mensajes subliminales, y no tan subliminales, conteniendo
acusaciones nacidas en las oficinas de Fernando. Basta recordar la edición de
videos manipulados destinados a dar la impresión de tener problemas mentales e
insinuar padecer de la enfermedad de Alzheimer.
Por ello, insisto, la elección de Kast está viciada. En estricto rigor, lo que correspondería es que renuncie.

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