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julio 15, 2025

Las políticas económicas de Jara y Allende

Foto de Andre Taissin en Unsplash

En una de sus columnas mercuriales en las que Sebastián Edwards dicta cátedra en torno a temas económicos, este 15 de julio, expresa preocupación frente a la candidatura de Jeannette Jara. Preocupación que nace del interés de la candidata por aumentar el salario mínimo a $ 750,000 y una política que fomente la demanda interna.

Para ello Sebastián nos invita a responder la pregunta ¿Lo que sugiere Jara ha sido implementado alguna vez en la historia? Él mismo se responde la pregunta en términos afirmativos, razón por la que después se pregunta ¿cuáles fueron los resultados de esta política? Para estos efectos hace un paralelo con las medidas adoptadas bajo el gobierno de Salvador Allende hace más de medio siglo atrás como parte de la política económica adoptada.

Sebastián termina afirmando que bajo tal política económica los salarios reales se derrumbaron, la producción industrial y agrícola colapsó, que el acaparamiento, desabastecimiento y mercado negro campearon, que el dólar real se disparó con relación al oficial, y que se desencadenó la inflación. Esto es, Jara pretendería implementar una política económica fracasada.

Pero lo que no hace Sebastián es contar la película completa. ¿Qué pasó realmente? El país tenía una importante capacidad productiva, tanto agrícola como industrial, ociosa, esto es, había un espacio para el crecimiento tanto agrícola como manufacturero que viabilizaba un mayor poder adquisitivo vía un aumento en las remuneraciones de los trabajadores sin que ello impactara mayormente en la inflación. Y así ocurrió en el primer año de gobierno.

Esto, en circunstancias normales, supondría todo un incentivo para mayores inversiones conducentes a aumentar la capacidad instalada que permitiera dar continuidad a una política de esta naturaleza. Estas mayores inversiones no tuvieron lugar por razones políticas. No solo no tuvieron lugar, sino que además se desató toda una campaña orientada a impedir que la experiencia chilena de implementar un “socialismo con sabor a vino tinto y empanadas” tuviera éxito. Campaña orquestada y financiada por la oligarquía chilena de la mano de The Mercury Times en connivencia de los EEUU.

Un análisis serio de la experiencia vivida bajo el gobierno de Allende no puede omitir tampoco que, hiciera lo que hiciera, estaba condenado a fracasar. El imperio y la oligarquía nacional habían dado prueba indesmentible de que no estaban dispuestos a que el gobierno de la Unidad Popular (UP) fuera exitoso: el secuestro y asesinato del comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider. Estaban dispuestos a todo. El gobierno estaba condenado a fracasar, hiciera lo que hiciera Allende. Poderes reales y fácticos ya habían dictado condena. Las cartas estaban echadas: había que hacer “gritar” la economía como lo ordenó Nixon en su minuto.

Lo señalado apunta a complementar lo que señala Sebastián en un intento por contar el cuento completo, sin sesgos. También apunta a la relevancia que tiene considerar factores difíciles de evaluar, pero que no se pueden dejar de tomar en cuenta para saber qué es lo realmente factible. Y esto vale, no solo para un lado, sino para ambos, izquierda y derecha. No es posible soslayar las consecuencias de no evaluarlas adecuadamente en base a la correlación de fuerzas existentes, tanto políticas, como económicas, sociales y militares.

Una gran lección que nos deja lo vivido entre los años 70 y 73, es que todo aumento de la demanda interna debe necesariamente ser acompañada de un incremento en la capacidad productiva del país. De lo contrario, el aumento en el salario mínimo o vital se nos escurrirá entre los dedos. Y la otra gran lección es que si no queremos terminar mal, se precisa de un gran acuerdo nacional entre el mundo del trabajo y del capital bajo un gobierno que lo aliente generando un ambiente propicio a ello.

Ir a la pelea, a los combos, a la imposición de unos sobre otros, es inconducente, o mejor dicho, nos condena al fracaso. Jugando al todo o nada ya sabemos cómo terminamos, con nada.

La idea de aumentar la demanda interna no es mala idea, sobre todo en el contexto mundial en que estamos con un imperio, el de EEUU, en manos de un presidente que está usando la política arancelaria como instrumento de imposición y vasallaje. Hay que perseverar en esta idea de modo de hacerla factible. 

mayo 21, 2025

Milei y las criptomonedas

Foto de Kanchanara en Unsplash

En las recientes elecciones legislativas de Buenos Aires, el partido de Milei, La Libertad Avanza (LLA), se impuso holgadamente, de la mano de su portavoz Adorni, relegando a un tercer lugar al candidato de PRO. Con ello ganó el gallito que sostenía con Macri, quien sufrió una fuerte derrota allí donde desde hace años era su feudo, el gran Buenos Aires.

Recordemos que a mediados de febrero de este año, hace poco más de 3 meses, Milei, como presidente de Argentina promovió la criptomoneda $LIBRA a través de las redes sociales, subiendo su cotización como la espuma en un 1300% en tan solo horas. Ni cortos ni perezosos, decenas de miles de inversores se sintieron atraídos en su compra con el aval de la publicidad que le había dado Milei. Lo concreto es que en pocos segundos, “alguien” tiró del mantel para que la cotización de la criptomoneda se fuera a pique, desplomándose. Quienes compraron la criptomoneda, creyendo hacer fortuna, se encontraron con que de la noche a la mañana lo invertido se les había desvanecido entre los dedos. En simple, se sintieron estafados, o dicho de otro modo: fueron estafados.

Y en medio de este escenario estaba el mismísimo presidente de la República Argentina, Javier Milei, el de la motosierra, el de viva la libertad carajo.

¿Por qué se desplomó la criptomoneda? Alentados por Milei, muchos la compraron, haciendo subir su valor, hasta que uno o más vivarachos, se desprendieron de los paquetes que tenían, vendiéndolos para aprovechar su alto valor. Su venta masiva produjo una abrupta caída en su valor ocasionando cuantiosas pérdidas a quienes habían comprado a alto valor.

Todo legal. Dado el escándalo generado, para sacudirse del escándalo generado, Milei conformó una comisión para determinar la existencia de fraude y encontrar a los responsables de lo ocurrido, haciéndose el desentendido, que inocentemente había promovido la criptomoneda porque creía en ella, que quienes estaban atrás eran serios.

Lo concreto es que nadie sabe qué hizo la comisión designada por el mismísimo Milei, que nadie recuperó su dinero perdido, apostaron y perdieron, que Milei se lavó las manos, nadie es responsable de nada. Y colorín colorado la comisión se acabó.

Sin perder tiempo, Milei aprovechó de inmediato la holgada victoria obtenida recientemente para disolver la comisión que él mismo había creado destinada a investigar a su propio gobierno por el escándalo de las criptomonedas. La disolvió sin arrugarse siquiera porque supuestamente, en palabras de su portavoz Adorni, “ya había dado respuestas a todos los requerimientos que se había autoencomendado”. Nadie conoce tales respuestas.

Moraleja: no hay que dejarse engañar con el cuento de ganancias rápidas, aun cuando el mismísimo presidente nos esté invitando a hacerlo. Ojo, que no es primera vez que Milei promueve una criptomoneda que termina yéndose a pique. Hace tan solo poco más de 3 años que siendo diputado de LLA hizo lo mismo promoviendo una criptomoneda, $VULC, que a las pocas semanas perdió todo su valor.

Hay que ser bien carajo. Y los argentinos lo siguen votando. Mientras tanto, sus admiradores chilenos y en todo el mundo, están creciendo a vista y paciencia de todos. ¿Nos estaremos volviendo locos?  ¿Nos estarán viendo las canillas?

abril 04, 2025

El día después de la guerra comercial desatada por Trump

Foto de visuals en Unsplash

Finalmente, Trump concretó lo que venía amenazando desde que estaba en campaña: alzar los aranceles a las importaciones procedentes de más de 150 países, declarando lo que en los países afectados denominan una guerra arancelaria.

El objetivo perseguido está dado por su slogan de campaña, hacer grande nuevamente a América (“Make Amerika Great Again” -MAGA) por la vía de reducir el déficit comercial y equilibrar el comercio exterior. Lo que buscan Trump y su gobierno, es proteger a la industria estadounidense, desalentando las importaciones de terceros países al encarecerlos por la vía de los aranceles, que no son otra cosa que impuestos a los bienes importados.

Esto lo está aplicando un gobierno de un país, EEUU, que por décadas ha estado promoviendo tratados de libre comercio destinados a facilitar el comercio exterior por la vía de la rebaja de aranceles. Tratados de libre comercio que han sido firmados con innumerables países por parte de gobiernos encabezados tanto por presidentes republicanos (Nixon, Ford, Reagan, Bush padre e hijo), como demócratas (Carter, Clinton, Obama, Biden).

Es claro que Trump está haciendo saltar por los aires lo preconizado por todos sus antecesores, incluyendo su propio partido, el republicano, del cual se ha apoderado gracias a su experiencia en el mundo de las comunicaciones, particularmente el televisivo, y su condición de multimillonario. No está de más recordar que Trump estuvo afiliado al partido demócrata al cual renunció, para después recalar en el partido republicano, del que logró tomar el control, desplazando a su dirigencia tradicional a punta de un discurso que tiene su origen en el Tea Party, una versión ultraconservadora republicana de origen religioso.

No es un misterio para nadie que Trump está buscando reventar todo un orden mundial que en su momento impulsaron los propios EEUU: un orden basado en la libre competencia, buscando facilitar el comercio mundial, por la vía de la reducción aranceles. Un orden mundial que si bien se inició al término de la 2ª Guerra Mundial, se vio reforzado en tiempos de Nixon y de Reagan, ambos republicanos al igual que Trump.

Richard Nixon lo hace en la década de los 70 ordenando a su canciller, Henry Kissinger realizar una visita secreta a la China de Mao con el propósito de reanudar relaciones diplomáticas, y por esta vía abrir y penetrar a un apetitoso mercado conformado por millones de chinos. Nixon y Kissinger hicieron la vista gorda a las características del régimen comunista imperante.

Y Ronald Reagan, también republicano, encabeza, junto con Margaret Tatcher, la cruzada neoliberal que perdura hasta hoy, donde se pregona que cada país produzca aquello en que es más eficiente, dejando que terceros países produzcan aquello en no se es eficiente.

El resultado de las acciones iniciadas por Nixon y Reagan fue todo lo contrario de lo esperado por ellos, que todo el mundo consumiera productos estadounidenses, producidos por empresas estadounidenses en EEUU. A lo largo de estas décadas el mercado norteamericano ha estado siendo invadido por bienes foráneos, y el mercado chino no ha logrado ser penetrado como se esperaba. Los campeones de la libre competencia fueron por lana y salieron trasquilados.

El declive norteamericano en el concierto mundial tanto productivo como económico, es manifiesto, al igual que la emergencia china. Esta constatación es la que a mi juicio explica el MAGA, las actuaciones de Trump. Actuaciones que parecen ser un intento por detener la decadencia de los EEUU y poner coto al crecimiento de la presencia china en el mundo.

La ofuscación de Trump la asemejo a la del matón del barrio que se apoya en la amenaza militar, donde aún ronca bajo el paraguas nuclear. Ofuscación que también es asimilable a la del berrinche del niño que ha perdido la pelota que creía suya. No se puede llevar gratis la pelota a su casa.

No hay otro camino que cerrarle el paso, plantarle cara y hacerle morder el polvo de la derrota. ¿Cómo? Mediante aranceles recíprocos, dejando de comprar productos de origen norteamericano, facilitando el comercio exterior entre nuestros países, fortaleciendo la producción nacional.

La gran lección que deja todo esto es que todo país debe tener una base productiva esencial mínima que le permita sustentarse con autonomía de las acciones de terceros. De lo contrario se corre el riesgo de quedar en pampa y aparezca un personaje como Trump que crea que nos tiene en sus manos. ¿Se entiende?

marzo 14, 2025

Guerra arancelaria

Foto de Антон Дмитриев en Unsplash

Ya antes de asumir, Trump había amenazado con aplicar aranceles a diestra y siniestra. Ya asumido no está haciendo más que concretar lo que no pocos temían: que hiciera realidad sus amenazas. Estirando más o menos la cuerda en función de las reacciones de los afectados. Partió con la vecindad inmediata -Canadá y México- para luego hacerlo con los países de la Unión Europea. Ya le tocará el turno a América Latina y a Chile en particular. Todo dependerá de cómo se porten los afectados, de la importancia que tengan para los EEUU y del poder que sean capaces de esgrimir.

¿Qué está explicando el afán de Trump por aplicar aranceles a todos los productos que importa? Trump salió elegido en gran parte con el argumento de que el mundo los estaba estafando gracias a la debilidad de los gobiernos demócratas que le precedieron. Debilidad que ha generado un mercado estadounidense que se ha estado llenando de productos importados, entre otros, los chinos.

Recordemos que las relaciones entre China y EEUU estaban rotas hasta 1971, año en que Kissinger hace una visita secreta a la China de Mao, visita que dio origen al establecimiento de relaciones diplomáticas y a la histórica visita del presidente Nixon a China. El propósito buscado por el entonces gobierno estadounidense, en manos del partido republicano, no era otro que abrir el gran mercado chino a las empresas de EEUU. Es así como las más grandes empresas de EEUU han terminado por instalarse en China aprovechando que allá sus costos son más bajos. Con el tiempo, tan solo medio siglo, les salió el tiro por la culata dado que el resultado final es el que estamos viendo: abrir a los chinos, no solo el mercado norteamericano, sino el mundial. Es así como hoy la producción china florece y la estadounidense languidece.

Esto es lo que ahora Trump parece querer revertir en su objetivo de “Make America Great Again” (MAGA). Para eso no ha encontrado nada mejor que implementar aranceles que encarezcan las importaciones para alentar la producción interna y por esta vía reactivar la economía interna.

Lo curioso es que esto está ocurriendo en el país que supuestamente promueve la libre competencia; donde desde la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, por décadas se ha estado alentando la firma de tratados de libre comercio conducentes a eliminar aranceles al comercio internacional porque de esta manera cada país se dedica a producir aquellos bienes en los que es más eficiente.

La realidad, ha sido más fuerte. El concepto de eficiencia supone que todos operamos en y bajo las mismas condiciones, lo que en la práctica no ocurre. El mejor ejemplo lo dan los mismos chinos cuyas condiciones laborales son muy distintas a las de los países occidentales. También está el hecho de que existen gobiernos que protegen y/o alientan a sus empresas a exportar, con lo que la competencia se hace desleal (dumping), lo que se procura controlar, pero que habitualmente se logra sortear. El resultado es que no solo se impone quien es más eficiente en la producción y comercialización de bienes; sino quien tiene más capacidad para presionar económica, política y/o militarmente. El concepto de eficiencia va más allá del productivo.

Y lo que estamos viendo es que Trump recurre a todos estas presiones. Se cabreó de la diplomacia. El suyo es un gobierno del poder puro y duro, con garrote en mano, donde todo depende de las cartas que tengas como le hizo saber a Zelensky. Con las cartas que tiene, o cree tener, está declarando una guerra arancelaria que dejará secuelas al hacer tabla rasa con tratados económicos internacionales firmados por gobiernos de su propio país. Está convencido que le saldrá gratis. Creo que se equivoca.

agosto 23, 2024

Horas sin luz

Foto de Mike Labrum en Unsplash

A raíz de los recientes temporales, gran parte del país y millones de sus habitantes, han quedado sin luz, sin energía eléctrica, muchos de ellos por más de una semana. Todo esto en tiempos de una sociedad aun altamente dependiente de la provisión de energía por parte de empresas de distribución eléctrica. Empresas que desde los tiempos del innombrable están en manos privadas a partir de un simulacro de capitalismo popular que el tiempo se encargó de desmentir. Efectivamente, al final recayeron en quienes eran los más altos ejecutivos del sector público de entonces, muchos de ellos de las mismas empresas que serían privatizadas.

Ejemplo paradigmático de lo señalado, fue SOQUIMICH, hoy SQM, que prácticamente quedó en manos del yernísimo, Ponce Lerou. Otro ejemplo fue el de José Yuraszeck, en su tiempo gerente general de CHILECTRA, empresa responsable de la distribución y comercialización de energía eléctrica en Santiago y Valparaíso. En efecto, a la hora de la privatización adquirió para sí un importante paquete accionario que posteriormente vendió a Endesa España en lo que se llamó el negocio del siglo, conocido como el caso chispas. Ambos se privatizaron a su pinta, comprando a precio de huevo y vendiendo a precio de oro.

Todo en el marco de un proceso de privatización sustentado en el racional neoliberal cuya máxima es que el Estado, por su propia naturaleza, tiende a ser ineficiente, en tanto que los privados, por el contrario, tienden a ser eficientes. El fundamento es muy simple: el Estado no puede quebrar, en tanto que los privados sí pueden, aunque en la práctica la tendencia apunta a privatizar ganancias y socializar pérdidas.

Lo concreto es que las consecuencias de lluvias y vientos inusuales volvieron a poner sobre la mesa la propiedad y el desempeño de la empresa responsable de distribuir la energía eléctrica (hoy ENEL) para que el país -el aparato productivo y los hogares- se mantengan en pie. Esto, a raíz de la demora en la reposición del servicio de energía que afectó a tantos, no obstante los múltiples llamados realizados por el gobierno. Un gobierno que se vio impotente, sin capacidad para hacer nada, salvo exigir la reposición del servicio y amenazar con revocar la concesión a la empresa multinacional ENEL donde tienen una importante participación tanto el estado italiano como el estado chino.

Curiosamente, el estado chileno no está presente, no tiene pito que tocar, porque así lo dispuso la constitución política fraguada en los 80 y que no ha podido modificarse hasta ahora. El estado chileno no puede, pero sí otros estados. Uno podría pensar: lo que pasa es que el estado chilenos es por naturaleza ineficiente, pero otros estados, por el contrario, son eficientes. Confieso que no me calza. Tampoco me calza que la distribución de energía en Chile esté en manos de estados extranjeros, y que quienes hacen gárgaras con la patria, la bandera y otras hierbas, miren al techo en esta materia.

Y ahora no faltan quienes descubrieron que el problema no es de propiedad -estatal o privada- que da igual, que el punto está en la regulación, que ahí estaría la madre y el padre del cordero. Que el foco debe estar ahí, en la calidad del servicio, no en la propiedad. El problema no sería que ENEL haya actuado ineficientemente, sino que las regulaciones no habrían ido en la dirección correcta. Todo esto mientras paradojalmente las tarifas eléctricas suben y suben. Por momento pienso que nos están tomando el pelo.

Mientras tanto, seguiremos pateando piedras, caracterizándonos por ser un país lleno de cables y dando palos de ciego ante emergencias climáticas cada vez más frecuentes y de mayor envergadura.

junio 25, 2024

El modelito económico (parte 1)

Foto de Eilis Garvey en Unsplash
Esta columna consta de 3 partes, siendo esta la primera, y fue escrita en las postrimerías de la década de los 80, esto es, hace 35 años. La reproduzco, porque ilustra los tiempos que se vivían y porque creo que mantiene plena vigencia. En la columna, cuando hablo de la oposición estoy haciendo referencia a lo que después sería la Concertación.

Está de moda afirmar que el actual modelo económico imperante en Chile debe ser mantenido y reafirmado, si es que se desea un desarrollo sostenido, continuado y estable en nuestra economía. Incluso personeros de la oposición no resisten la tentación de considerarlo atractivo, al cual solo cabría realizarle algunos ajustes marginales. Este modelo cuyos adalides quieren llamar economía social de mercado (ESM), suele ser denominado de mercado a secas por los opositores en virtud de que de social nada tendría. Incluso algunos dudan que sea de mercado siquiera. Habiéndosenos empapado de eufemismos durante más de 15 años, uno de los que más ha penetrado en nuestros esquemas mentales es justamente este: el de hacernos pasar una dictadura económica por ESM. Otros eufemismos han ido quedando en el desván de los recuerdos -léase el de “pronunciamiento” en vez de golpe; “gobierno autoritario” en vez de dictadura; “racionalizaciones”, “reestructuraciones” en vez de despidos o cierres.

Lo que intentaré en estas líneas es bosquejar los motivos que me inducen a sostener que esta no es una ESM, sino que una dictadura económica con rasgos, apariencias de ESM.

Primeramente, precisemos y pongámonos de acuerdo respecto de qué entendemos por una ESM. Lo haremos a través de las características esenciales que debiera tener a la luz de los conceptos que ella incluye, de las experiencias y del devenir mundiales.

Los conceptos que la ESM sostiene son: economía, que tiene relación con la disponibilidad -abundancia/escasez- de recursos, su generación, distribución y consumo; social, que concentra la atención en la distribución de los recursos entre los distintos componentes de la sociedad; mercado, que sería aquella abstracción representativa de la confluencia de la oferta y demanda de recursos que definen sus precios.

Tras estos conceptos existe un conjunto de supuestos implícitos, tales como la concurrencia de múlti0les productores y consumidores, de tal forma que ninguno de ellos, individualmente, esté en condiciones de imponer el precio de ningún bien en particular; la libre movilidad de los factores, en particular los recursos de capital y los humanos; la transparencia en la información, esto es, que todos tengamos acceso equitativo a la información existente requerida para la toma de decisiones.

El rol que suele asignar la ESM al Estado puede ser tanto subsidiario, orientador, como planificador. Incluso cada uno de estos roles puede ser asumido en distintos matices, desde el directo al indirecto, del pasivo al activo.

Es justamente esta diversidad de roles que puede jugar el Estado, como las distintas realidades educativas, sanitarias, previsionales, poblacionales, distribución del ingreso y de la propiedad, las que posibilitan que bajo el nombre de ESM quepa tanto una economía capitalista (EC) como una economía socialista (ES). ¿Por qué entonces, moros y cristianos, hablan de ESM? Simplemente porque hoy “vende más”.

De hecho, las ES, vía “perestroika” y “glasnost” están incorporando al mercado como un asignador nada despreciable de recursos/precios para muchos de sus bienes. Las que no lo hacen están dando la espalda a la realidad, quizás por orgullo, quizás por tozudez, pero más temprano que tarde se cabecearán.

Por otro lado, las EC, muy a pesar de ellas mismas, no han podido reducir el tamaño de sus aparatos estatales. Todo lo que reducen de su rol natural, cual es el de reducir, atenuar, corregir la desigual distribución/dotación de recursos -cualesquiera que éstos sean-, no es para otra cosa que, para incrementar su rol militarista, coercitivo. Con los avances tecnológicos, al rol natural del Estado habría que agregarle el de cautelar y resguardar el uso de los recursos de forma tal que se preserven en cantidad y calidad para generaciones futuras y no se destruya el extraordinario equilibrio que nos ofrece la naturaleza. Un adecuado manejo de los recursos debe ser capaz de evitar talas indiscriminadas de bosques; de pescas y cazas que sobrepasen la capacidad de reproducción de las especies; etc.

Relacionando entre sí los términos EC, ES y ESM, dejando de lado definiciones peyorativas, podemos definir una EC como una ESM que pone énfasis en el mercado como asignador de recursos, y que eleva a un primer rango de importancia el derecho a la propiedad. Por su parte, la ES sería una ESM con el acento puesto en la distribución del ingreso, limitando al mercado como asignador de recursos/precios a aquellos bienes donde se cumplan los supuestos implícitos ya mencionados -pluralidad de oferentes y demandantes, disponibilidad de información, movilidad de factores, etc.-

febrero 22, 2024

El cuento de la independencia

Foto de Iftikhar Shah en Unsplash

Es bastante común en el mundo laboral hablar de dependientes e independientes, donde los primeros suelen tener un superior o jefe, un trabajo relativamente estable, y una remuneración fija. Los segundos, por el contrario, no tendrían jefe y sus ingresos tienden a ser inestables. Los independientes pueden ser tanto formales como informales.

Mi tesis es que la independencia como tal, no existe, al menos para los mortales de a pie sin mayores espaldas financieras capaces de soportar un chaparrón o los períodos de vacas flacas que inevitablemente la vida nos pone por delante; o para quienes juegan con las cartas marcadas al tener santos en la corte. Me temo que siempre somos dependientes de "algo".

En efecto, siempre seremos dependientes en un sentido estricto, si no lo somos de un jefe, de alguien con rostro y apellido, lo seremos de una multitud de seres anónimos, del inefable mercado, veleidoso mercado, del “cruel” mercado como en su momento lo calificó el expresidente Aylwin. También seremos dependientes de las reglas del juego, de los reglamentos, de las leyes que se imponen para “perfeccionar” los mercados para hacerlos más competitivos, pero que en la práctica no pocas veces lo “imperfeccionan” para deleite de personajes que se sitúan en la sombra.

Pero si estamos jugando limpio, estaremos a merced de un mercado al cual deberemos estar permanentemente atentos, que no debemos dejar ni a sol ni a sombra y que no perdona si te equivocas en tu estrategia, en tu marketing, en tu localización, en tu política de precios.

La independencia es muy apetecida. Emprender, no tener que mirarle la cara a ningún superior ni estar a merced de él es algo que atrae, pero que guarda tintes engañosos. Sin capital ni espaldas financieras es una trampa mortal. Lo escrito lo he comprobado en vivo y en directo.

Una vez lo fui por necesidad, por quedar sin trabajo. En mis tiempos mozos me tiré con un preuniversitario, partimos muy bien con una estrategia de marketing que iba al mercado que apuntábamos. Una estrategia de hormiga, laboriosa, de bajo costo, pero eficiente. Nos fue tan bien que se nos subieron los humos a la cabeza y decidimos apuntar más alto, cambiamos la estrategia de marketing, pusimos todos los huevos en una única canasta, y no pasó nada, fue un rotundo fracaso. Por suerte, justo al momento de fracasar logré ser seleccionado a un concurso académico en la Universidad del Norte, sede Arica.

Eran tiempos difíciles, ya con una familia y dos hijos, la remuneración que recibía, a duras penas alcanzaba para parar la olla. La tentación de la independencia para salir a flote seguía al acecho hasta que se presentó una oportunidad, la de crear la primera empresa de servicios computacionales en Arica: una empresa que demandó sangre, sudor y lágrimas, que prestó servicios tanto a empresas privadas, como públicas y municipales. Si nos iba bien, dejaría mi dependencia de la universidad donde impartía clases, para ser “independiente”. 

Todo iba viento en popa a punto tal que habíamos resuelto renovar el equipamiento computacional para satisfacer la creciente demanda de nuevos proyectos que con los equipos que disponíamos no estábamos en condiciones de desarrollar. Dimos el pie para el nuevo equipo y el saldo en cómodas cuotas mensuales en dólares cuyo valor se había prometido mantener por varios años más. Vino la recesión, la promesa de mantener el valor del dólar no se cumplió. La consecuencia fue inmediata: nuestros costos presupuestados se duplicaron y los nuevos ingresos que presupuestamos tener no fueron tales porque los clientes decidieron posponer sus decisiones de implementar nuevos proyectos. Nos fuimos a pique. Por suerte no había abandonado la universidad. Tenía una patita en la dependencia (el trabajo en la universidad) y otra en la independencia, listo para ser “totalmente independiente”.

Me tocó conocer también otro caso, en el ámbito familiar, de quien fue contratado para asumir altas responsabilidades gerenciales en el ámbito de la producción en una empresa nacional. Todo iba bien, a punto tal que se creyó el cuento de la independencia, de para qué trabajar para terceros. No lo pensó dos veces. Se largó por su cuenta, todo bien, hasta que le fue mal. una cosa es estar a cargo de la parte productiva y otra, la gestión, el manejo del personal, la contabilidad, la gestión de compras, las ventas. De esclavo de los dueños de una empresa pasó a ser esclavo del mercado. Sin tener espaldas para soportar más que un par de temporadas malas, la salud terminó por jugarle una mala pasada: un infarto terminó con su vida.

En síntesis, no es broma tirarse con colores propios. Hay que andar con pies de plomo. La vida tiene sus vueltas. Otra cosa es con guitarra.

noviembre 10, 2022

Interlocking

Fuente: www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl
La Fiscalía Nacional Económica (FNE) es una institución pública cuyo objetivo es luchar contra la corrupción, para lo cual persigue ílicitos anticompetitivos, analiza preventivamente fusiones que pudiesen derivar en monopolios y realiza estudios de mercado. En el cumplimiento de sus funciones, la FNE acusó a un alto personero de los tiempos del innombrable, de haber sido al mismo tiempo director o ejecutivo relevante de tres empresas (Banco Chile, Consorcio Financiero y Falabella) que competían entre sí en los servicios bancarios y financieros que ofrecen. El resultado de este proceso acaba de salir a luz: que Falabella deberá pagar una multa de 1,2 millones de dólares, que se deberán reforzar las normas en materia de libre competencia, y que el personaje implicado deberá renunciar a Falabella. Esto último ya lo habría hecho.

El delito al que estamos haciendo referencia es uno de los clásicos de cuello y corbata, el de ocupar cargos directivos y ejecutivos en instituciones que se asumen deben competir. En este caso: Banco de Chile, Consorcio Financiero y Falabella. A este delito se le denomina Interlocking, definido como la participación simultánea de una persona en calidad de director o ejecutivo principal de empresas competidoras. Como si CocaCola y PepsiCola compartieran ejecutivos. O Paris y Ripley. Simulan competencia allí donde no la hay. Para que nuestro personaje no fuera a parar a la cárcel se llegó a un acuerdo con la FNE: Falabella pagará el millón doscientes mil dólares, el personaje renuncia y todos quedan libres de polvo y paja, como si acá no hubiese pasado nada. Tal como en su momento “los hermanos Carlos” de una importante financiera de la plaza (PENTA) fueron castigados con clases de ética y un trato de guante blanco.

¿A quién estamos refiriéndonos? ¿Quién es el involucrado? Hernán Büchi, quien fuera subsecretario de Salud, ministro de la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN) y ministro de Hacienda en tiempos del innombrable. Luego del triunfo del NO en el plebiscito del 88, fue nominado como candidato presidencial en representación de la UDI y RN. Su lema de campaña fue “Büchi es el hombre”. Fue derrotado inapelablemente por Patricio Aylwin, quien logró liderar exitosamente a la coalición opositora de entonces. Büchi solo alcanzó a obtener el 30% de los votos.

Posteriormente, en 1990 funda Libertad y Desarrollo, institución que presta apoyo y asesoría a la derecha en materias de orden público y de defensa del neoliberalismo imperante en Chile. Entre 1992 y 1994 pasa a integrar la comisión política de la UDI. De allí para adelante pasa a desempeñarse como ejecutivo y/o director de diversas empresas de los más diversos grupos empresariales (Luchetti, Madeco, SOQUIMICH, Falabella, COPESA, Parque Arauco, etc.). En el año 2014 Büchi lanza, junto a Gabriel Ruiz-Tagle y otros, el medio digital El Líbero para la difusión de las bondades de la doctrina que abrazó, el neoliberalismo. Recordemos que en el 2015 Gabriel Ruiz-Tagle estuvo implicado en la colusión del papel higiénico y que en el año 2019 fue sancionado por usar información privilegiada en su condición de director de Blanco y Negro en una transacción de acciones del club deportivo Colo Colo.

Desde hace años que Büchi ya no vive en Chile. En el 2016 decidió irse a Suiza, donde reside en la actualidad. La razón principal que adujo en su momento fue el de la “incerteza jurídica” que se habría estado viviendo en el país en los años del segundo gobierno de Bachelet por querer modificar la constitución del 80 vía asamblea constituyente, el parlamento o por cualquier otra vía. Esto era visto como una herejía por parte de quienes se parapetaban tras la constitución del innombrable. Büchi no quería que se le moviera el piso al país.

Importa constatar que Büchi solo ve certeza jurídica allí donde las leyes promueven y sostienen un modelo político, económico y social que a él y a quienes representa, las grandes empresas en sus directorios, les gusta. De lo contrario hay incerteza jurídica. Está igual que quienes denuncian fraude cuando pierden una elección, como Trump y Bolsonaro. O como los niños cuando se llevan la pelota para la casa si ven que están perdiendo el partido. O como quienes cuando pierden una elección afirman que es porque los votantes son tontos. Es lo que se llama no saber perder.

Resulta curioso constatar que no se fue del país en tiempos del innombrable, cuando existía incerteza total, no solo jurídica. Cuando no sabíamos si conservaríamos nuestros trabajos, nuestras familias, nuestras vidas. Cuando organismos clandestinos (DINA, CNI y otros) hacían de las suyas. Todo lo contrario, sirvió al dictador de turno sin pedirle cuentas.

A Büchi lo recuerdo como compañero en la universidad. Es de mi generación, compartimos más de un curso. No parecía estudiar para rendir las pruebas, y no obstante ello su rendimiento era excepcional. Parecía tener una inteligencia superdotada.  

Lo relatado en esta columna refleja a un Büchi que al menos yo no conocí, y al mismo tiempo retrata lo que un sistema, un modelo de país es capaz de incidir en nuestros comportamientos. No recuerdo cuál era su concepto de la ética, pero todo indica que al término de la dictadura terminó con ella en los suelos. Un tipo como Büchi, quien tenía bastante más de dos dedos de frente bien sabe que el riesgo de coordinarse y coludirse incide en la intensidad de la competencia, la que se asume debe beneficiarnos ya sea con menores precios, mayor variedad de productos/servicios y/o mayor innovación.

julio 26, 2022

¿Qué entendemos por neoliberalismo?

El neoliberalismo es una expresión que surge y/o adquiere difusión en la década de los 70 queriendo expresar un nuevo (de neo) liberalismo, pero circunscrito al ámbito económico, aislándolo o separándolo del ámbito político, el cual es reducido a la más mínima expresión. Se suele asociar su origen a la sociedad de Mont Pélerin, a la Escuela austríaca de Economía, a la Escuela de Chicago en los Estados Unidos de Norteamérica y a los economistas Friedrich von Hayek y Milton Friedmann, este último como su promotor y difusor a través del libro “La libertad de elegir” de su autoría.

El neoliberalismo adquiere su máxima expresión con Chile en tiempos del innombrable, siendo nosotros un verdadero laboratorio experimental a nivel mundial que mereció la visita de uno de sus máximos impulsores, Milton Friedman. Experimento impuesto a rajatabla en Chile sin participación ciudadana alguna. Sus impulsores en Chile fueron un conjunto de economistas formados en la Universidad de Chicago que aprovechando la existencia de una dictadura y la crisis económica en que se encontraba el país en 1973 ofrecieron sus “desinteresados” servicios a un gobierno militar que carecía de una política económica.

El neoliberalismo lo podemos caracterizar por impulsar, promover o apoyar a ultranza la libre competencia, el libre mercado, la iniciativa privada, la organización empresarial en desmedro de la de los trabajadores, el derecho de propiedad, y la existencia de un Estado mínimo. No le importan los costos sociales ni políticos que esto genere.

En Chile se vio favorecido por implementarse en dictadura y su mantenimiento desde 1990 en plena transición democrática se vio facilitado por la vigencia de una constitución que resguarda estas características y que no ha podido ser modificada hasta ahora. Lo más que se ha podido hacer es limar sus aristas más ásperas, introduciendo mínimas regulaciones, siempre y cuando sean respaldadas por quienes impulsaron el neoliberalismo en Chile.

Bajo este modelo el derecho de propiedad adquiere el rango de sagrado, no así el de la vida humana. Carabineros y las FFAA son fortalecidos no para proteger los DDHH, sino que para proteger la propiedad privada, y en no pocos casos para violar impunemente los DDHH.  Propugna un Estado reducido a la más mínima expresión que no interfiera en el quehacer privado y cuya razón de ser se centra en el mantenimiento de poderosas FFAA y Carabineros destinadas a resguardar el orden interno. Un particular orden, el de las élites en desmedro de  “los que sobran”.

El neoliberalismo promueve una economía de mercado en nombre de la libertad individual, dejando que el mercado se desarrolle sin la intervención del estado, razón por la cual apoya, en este ámbito, la desaparición progresiva del sector  público en favor del sector privado. Por el contrario, procura fortalecer el Estado en los ámbitos policial y militar, con miras a proteger los intereses de las élites o castas económicas.

El neoliberalismo alcanzó su máximo  esplendor en tiempos de Reagan y Tatcher, la década de los 80, con apoyo del laboratorio experimental que supuso el gobierno del innombrable. La consecuencia del neoliberalismo ha sido un incremento de las desigualdades sociales y la desprotección de los trabajadores al limitar sus derechos más elementales por la vía de facilitar el despido libre, disminuir las prestaciones sociales con el propósito de abaratar los costos laborales.

Entre las bondades que se le achacan, se incluye la reducción de la pobreza, lo que no ha sido sino un volador de luz porque se trata de una reducción ficticia, falsa, inestable, frágil, precaria, temporal, sin solidez alguna. Todo ello dado que no se basó en un aumento en los ingresos, sino que en una liberalización de la capacidad de endeudamiento a tasas de interés usureros. Es así como los de arriba se pueden dar el lujo de comprar un bien a menor precio que los de abajo. ¿Por qué? Porque mientras los de abajo compran al crédito, los de arriba lo hacen al contado. Basta una pandemia o una crisis económica para que el pobre vuelva a su pobreza de siempre, para que todo vuelva a fojas cero, testimoniando con ello que el desarrollo que pregona el neoliberalismo tiene pies de barro. Es lo que estamos viendo por estos días, donde quienes a lo largo de las últimas décadas salieron de la pobreza, están volviendo a caer en ella.

Superar el neoliberalismo que nos corroe, con toda la carga de individualismo que trae consigo, es el gran desafío que tenemos por delante: la construcción de un modelo económico capaz de conciliar el individualismo con la solidaridad, la cooperación, capaz de armonizar el desarrollo humano con el respeto a las limitaciones de la naturaleza. Es un imperativo la construcción de una economía circular y solidaria. 

marzo 31, 2022

Retiros de los fondos previsionales

Pirámides Chile 1990 vs 2020

Gran parte de la clase política está empecinada en que saquemos nuestros fondos de las AFP. Unos, para que las familias en situación crítica puedan salir del paso recurriendo a sus fondos previsionales. Otros, para hacer zumbar las AFP en razón de su oposición al sistema que encarnan. Unos van por el quinto retiro del 10%, en tanto que otros van a por todas, esto es, el 100%.

Quienes promueven esto se ubican en todo el espectro político dado que sus promotores, sin vergüenza alguna, se encuentran tanto a la izquierda como a la derecha. En lugar de centrarnos en conversar y discutir para llegar a un acuerdo en torno al sistema previsional que queremos tener, lo que se nos ofrece es pan para hoy, y hambre para mañana.

Para el mundo político pareciera ser más fácil legislar para autorizar a que metamos mano en nuestros bolsillos para obtener recursos destinados a nuestra vejez, que legislar para construir un sistema previsional capaz de conciliar los intereses individuales con los colectivos. Esta es la tragedia que nos embarga.

Es hora de ponernos serios: no podemos pedirle peras al olmo. Mientras los sueldos sean bajos, es imposible pensar en que las pensiones no lo sean. Cualquiera sea el sistema previsional que nos rija, bajo la lógica dominante que sostiene que las pensiones se calculan en base a los bajos ingresos recibidos a lo largo de nuestra vida, será imposible hacer el milagro de que como jubilados no tengamos pensiones bajas.

El sistema de reparto que no pocos añoran, al menos tal como se conoció, en la actualidad es insostenible dado que la pirámide se ha invertido en los últimos 50 años como resultado del proceso de envejecimiento poblacional que ha elevado la cantidad de personas en edad de jubilar, de la reducción de la tasa de natalidad y del proceso de automatización que han experimentado las empresas. Menos trabajadores tendrían que estar financiando a más pensionistas.

Necesitamos buscar un sistema previsional que considere los antecedentes expuestos sin perder el foco: pensiones decentes requieren de sueldos decentes. Lo primero es lo primero. Y para tener sueldos decentes es imprescindible equilibrar la relación entre el factor capital y el factor trabajo. Este desequilibrio se expresa en el bajo peso que tienen las organizaciones sindicales en relación a las organizaciones gremiales empresariales, y una de sus consecuencias es que las cotizaciones previsionales descansan en los propios trabajadores sin que el dueño del capital haga aporte alguno. Y el extremo individualismo que se vive en el país se expresa en la baja contribución estatal, lo que se ha ido modificando primero con el llamado pilar solidario y últimamente con la pensión universal garantizada.

Sin embargo queda mucho por recorrer, a abrirnos a pensar “fuera de la caja”, incluyendo la posibilidad de desacoplar las pensiones respecto de los ingresos percibidos en nuestra vida laboral. Pero lo que no podemos seguir haciendo es esconder el problema bajo la alfombra, que es lo que se ha estado haciendo con los sucesivos retiros de los fondos desde las AFP.

Las AFP han hecho su aporte al desprestigio que les aqueja. Uno de ellos es el énfasis puesto en su publicidad de que los fondos son de cada uno de los cotizantes para asegurar su futuro. La pregunta que se hace el grueso de quienes cotizan es ¿cuál futuro? Y por otro lado, al insistir en que los fondos son nuestros ¿por qué no podríamos recurrir a ellos en casos de emergencia?

Por otra parte, las propias AFP sembraron expectativas que resultaron ser falsas cuando en sus inicios informaron que jubilaríamos con el 100% de nuestros ingresos. Y que hayan sido creadas en tiempos del innombrable tampoco ayuda a prestigiarlas, y menos aún al ver que los miembros de las FFAA y de Carabineros continúan bajo un sistema de reparto.

julio 25, 2021

David Ricardo y la razón de ser de los royalties

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David Ricardo fue un economista británico (1772-1823) que a los 25 años ya había obtenido una fortuna invirtiendo en la bolsa, lo que le permitió concentrarse el resto de su vida en el estudio de la economía. Su obra ha fructificado hasta nuestros días. De hecho la globalización imperante se nutre esencialmente de sus principios y leyes, en particular del principio de las ventajas comparativas. Es Ricardo la fuente de los argumentos del grueso de los líderes políticos, negociadores, empresarios y economistas, quienes al unísono promueven el comercio internacional por la vía de las rebajas arancelarias y los tratados de libre comercio asumiéndose sin mayor discusión que bajo este esquema todos ganan. En ninguna parte se exponen las razones por las cuales los paises instauran mecanismos de protección arancelaria que limitan el libre comercio.

Si bien la paternidad del neoliberalismo actual es asignada a Adam Smith, en estricto rigor habría que atribuírsela a Ricardo, pues es éste quien otorga a la economía el status de ciencias económicas, al proveerle de un soporte “científico”, marginando por completo el soporte “ético” que las relaciones productivo-económicas poseían hasta los tiempos de  Smith.  El aporte de Ricardo va en esta línea. Bajo su pensamiento se presume que los propietarios de los factores productivos que participan en el proceso de producción de bienes y servicios reciben un pago por su uso.  A los propietarios del capital –los capitalistas- se les paga una utilidad;  a los propietarios de los recursos naturales se les paga una renta; y a los propietarios del trabajo se les pagan sueldos y salarios.

Por ello sorprende que quienes se arrogan el título de neoliberales se opongan al royalty minero, que no es otra cosa que la renta de quien es el propietario de los recursos mineros. Esta postura, más que estar amparada por los principios que rigen al neoliberalismo, parece explicarse esencialmente por la defensa de intereses. Curiosamente quienes hoy ponen el grito en el cielo, no lo hacen cuando del factor trabajo se trata. Este ejemplo que atraviesa tímidamente la discusión económica en el Chile de hoy, ilustra el trasfondo político –la defensa de intereses contrapuestos- existente, pero que se oculta bajo una concepción aséptica (“científica”) de la economía, la que se asume que está por sobre espurios intereses políticos. 

En síntesis, a Ricardo los neoliberales le aplican la política de “usar y tirar”, donde se le usa cuando conviene, y se le tira en caso contrario.

julio 08, 2021

General Motors versus Ford parte 2

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En la primera parte vimos como un siglo atrás, en 1921, General Motors (GM) decidió incursionar en el mercado de vehículos de bajo precio que estaba monopolizado por Ford. La estrategia implementada para ingresar a dicho mercado se basó en producir un vehículo de superior calidad a un precio levemente mayor que el de Ford.

Recordemos que Alfred Sloan, entonces máximo ejecutivo de GM, había clasificado los modelos de automóviles en 6 categorías según su precio. En moneda actual, asumamos que los tramos por categoría eran entre US$ 4,500 y 6,000; entre US$ 6,000 y 9,000; entre US$ 9,000 y 12,000; entre US$ 12,000 y 17,000; entre US$ 17,000 y 25,000; y el último sobre los US$ 25,000. GM decide fabricar un automóvil por un valor del orden de US$ 6,000, esto mes, en el límite superior de la categoría de vehículos de bajo precio, categoría en la que Ford dominaba sin contrapeso alguno.

Si bien este precio superaba al de Ford, GM confiaba que el superior diseño de este nuevo automóvil, el Chevrolet, le permitiría desviar parte del mercado de Ford. En particular por parte de quienes estuviesen dispuestos a pagar un poco más por algo de mayor calidad. La estrategia radicó en que ahorrando una pequeña cantidad adicional era posible obtener un vehículo superior.

El mercado automotriz de bajo precio en 1921, en USA era del orden de un millón de vehículos. Para poder vender el modelo Chevrolet a US$ 6,000, GM alcanzaba su punto de equilibrio vendiendo entre 150,000 y 200,000 automóviles al año. Esto significaba que GM debía capturar entre un 15 a un 20% del mercado de Ford. Y si GM quería bajar su precio tendría que capturar una mayor proporción de dicho mercado. De hecho, GM perdió un diez millones de dólares mensuales en 1921 al vender tan solo 70,000 vehículos.

El juego recién comenzaba. Pero otro elemento importante a tener presente en este “juego” tenía que ver con la evolución de la economía, puesto que en buenos tiempos el mercado del millón de compradores de vehículos de bajo precio podría aumentar, o viceversa en caso contrario. Es así como se definieron cuatro escenarios. Uno, que la economía declinara, lo que era poco probable; dos, que la economía se mantuviera, escenario de bajísima probabilidad; tres, que la economía creciera, lo que era altamente probable; y cuatro, que la economía creciera fuertemente, lo que era poco probable. Estas eran las estimaciones del staff directivo de GM, y          que coincidían con las apreciaciones por parte de los altos ejecutivos de Ford y del ”mercado” a comienzos de la década de los 20 del siglo pasado. Nadie predijo el boom que se produjo en 1923 así como nadie previó la gran depresión de la década siguiente.

Cada uno de los jugadores, GM y Ford, solo podía controlar sus propios movimientos, pero no los del otro. Los potenciales resultados que obtendrían dependerán de cómo interactúan. Es así como GM realiza su primera movida introduciendo su nuevo modelo, el Chevrolet, a un precio en el límite superior de la gama de vehículos de bajo precio. ¿Qué opciones tenía Ford? Eso espero abordarlo en la próxima columna.

marzo 03, 2021

Dándole vueltas a la renta básica universal (RBU)

 


En el ámbito público, se ha estado dando un debate, desde el inicio de la pandemia respecto de si priorizar la economía del país o la salud pública. Este debate tiene su origen en que sin trabajo es imposible vivir, y sin salud te puedes morir.

La afirmación de que sin trabajo es imposible vivir, a esta altura del desarrollo científico-tecnológico y de lo que vemos a diario, es a lo menos discutible. A propósito de esta afirmación, en una sobremesa familiar, en medio de la conversación me atreví a sostener que vamos hacia un mundo sin trabajo tal como lo hemos concebido hasta ahora. Por tanto, más temprano que tarde, tendremos que romper el cordón umbilical entre trabajo e ingreso al que estamos habituados por los siglos de los siglos. Esto implica que, irremediablemente tendremos que ir hacia lo que se ha dado en llamar renta básica universal (en adelante RBU), una suerte de piso que nos permita vivir con independencia de si tenemos o no trabajo.

Esta concepción se ha visto reforzada gracias a la pandemia, la que ha puesto de manifiesto la fragilidad del mundo laboral. Bastó un covid19 para que muchas actividades disminuyeran su nivel habitual o se dejaran de realizar –turismo, hotelería, gastronomía, comercio-, lo que motivó que muchos perdieran sus empleos, el consumo descendiera significativamente. La consiguiente grave crisis sanitaria y económica, ha impulsado a los distintos gobiernos del mundo a implementar fórmulas orientadas a amortiguar el impacto pandémico.

En materia sanitaria, aprovechando la entrada en escena de las vacunas, han puesto en marcha procesos de vacunación, con mayor o menor éxito según el país que se trate; en materia económica, se han activado subsidios de cesantía e ingresos familiares de emergencia. Estos últimos no son sino un prolegómeno de lo que se entiende por RBU. Su única diferencia estriba en que el primero, tal como su nombre lo indica, es de emergencia, y por lo mismo se asume temporal, a diferencia de la RBU que tiene carácter permanente. Digo que es un prolegómeno porque si el desempleo se mantiene en el tiempo, la RBU va ir cobrando fuerza para evitar males mayores. De hecho, aun cuando la pandemia quede atrás en el tiempo, la RBU se irá consolidando a medida que se profundicen los procesos de automatización, disminuya la demanda de empleo por parte de las empresas, se agudicen los conflictos sociales por la falta de empleo.

Estamos inmersos en una sociedad que tiene una capacidad de destrucción de puestos de trabajo que está muy por encima de su capacidad de creación de nuevos puestos de trabajo. Si a la fecha esto no se ha puesto de manifiesto ha sido tan solo gracias a la aparición de las tarjetas de crédito que nos han permitido incrementar nuestro consumo en base a endeudamiento. Este endeudamiento encierra un costo que va más allá de los usureros intereses cobrados, que terminan expresándose en tensiones, depresiones, obesidades, y las más diversas psicopatías.

En la sobremesa familiar fue inevitable que surgieran dos puntos que para quienes se oponen a la RBU son cruciales. Uno de ellos tiene relación con la anomalía que implica la percepción de un ingreso sin trabajar, y el otro tiene que ver con ¿cómo lo financiamos? Estas observaciones espero abordarlas en próximas columnas.

diciembre 16, 2020

No hay primera sin segunda, ni segunda sin tercera

Photo by Josh Appel on Unsplash

El primer 10% que se autorizó extraer del fondo que cada uno tiene en la correspondiente AFP tuvo como origen la insuficiente y tardía reacción del gobierno para encarar las dificultades financieras que aquejan a las familias a raíz del desplome de la actividad laboral en tiempos de pandemia.

El gobierno se opuso desde un principio, por principio, dado que se trata de recursos provenientes de cotizaciones obligatorias, cuya acumulación está destinada a la vejez de los cotizantes. No obstante ello, el proyecto asociado fue aprobado en el parlamento, no solo con votos opositores, sino que de la propia coalición gobernante, ChileVamos. Ello se dio no obstante la presión desde el gobierno enfatizando las consecuencias negativas y amenazando con recurrir al tribunal constitucional, carta segura a jugar en tiempos de apremio. Por razones políticas la amenaza no se concretó y el proyecto fue aprobado sin mayores consecuencias, dando un respiro a una economía que se venía abajo.

No se apagaban aún los ecos del primer 10% cuando desde el congreso nace un nuevo proyecto que va tras un segundo 10%, que también es aprobado. Ello, no obstante que desde esferas oficialistas se vuelve a insistir en sus efectos negativos, razón por la cual amenaza con vetarlo. Finalmente el gobierno resuelve presentar un proyecto alternativo con variantes menores de carácter impositivo, pero que mantiene la esencia del proyecto original. La mona por más que se vista de seda, mona queda.

Ahora, tanto en el gobierno como en la oposición festejan que este segundo 10% se haya logrado para antes de las fiestas de fin de año. Todo esto en plena pandemia, la que se encuentra en su esplendor, como si estuviésemos con ánimo y salud para celebrar a costa de nuestros propios ahorros. Lo demuestra la reacción que se observa por estos días, con el centro lleno de gente, las calles congestionadas de vehículos y con el coronavirus circulando a sus anchas.

Para rematarla, cuando aún no se apagan los ecos del segundo 10%, ahora se nos viene la ola del tercer 10%. Como dicen por ahí, no hay primera sin segunda, ni segunda sin tercera. Y así vamos rematando nuestro futuro al mejor postor.

¿Qué nos dice todo esto? Nos dice que tanto el gobierno como la oposición se han sacado el pillo a costa nuestra, de nuestros propios recursos. Es algo francamente inverosímil.

Nos dice que el sistema de AFP carece de toda legitimidad, que cayó en su propia trampa al insistir una y otra vez, majaderamente, que los recursos son de cada uno, como si esa fuese su virtud. Todo ello con la esperanza de que los propios dueños de los fondos –cada uno de nosotros- fuésemos sus máximos defensores. Lo que se asume estaba reservado exclusivamente para el futuro, ahora está para urgencias, o para lo que a cada uno se le antoje. Total, es platita de cada uno, y por lo mismo, cada uno sabrá qué hacer con ella.

Está claro que tras todo esto está el deseo, confesado o inconfesado, de reventar un esquema de pensiones impuesto a sangre y fuego en tiempos del innombrable cuya alma mater no hemos sido capaces de alterar sustantivamente desde el inicio de la democracia en 1990, esto es, a lo largo de 30 años.