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octubre 21, 2024

Desde Comillas

Por un primo que por esos días estaba en Valdivia, me entero de que Comillas donde me encuentro en estos meses, llegó a ser la capital de España por tan solo un día, el 5 de septiembre de 1881, por iniciativa del monarca de entonces, Alfonso XII. ¿Quién sabe por qué? Podríamos decir  que fue capital “entre comillas” como respondiera otro primo residente en la capital del reino de Chile, Santiago. Allí donde diariamente se cuecen habas para todos los gustos.

En todo caso confesemos que habas se cuecen en todas partes, como lo confirma el apagón total que ha vivido Cuba al momento de escribir estas líneas, el descarrilamiento de un tren entre las estaciones de Atocha y Chamartin en Madrid, la batalla por la presidencia entre Trump y Harris en EEUU, la reducción del presupuesto público universitario argentino impulsado por Milei, por mencionar tan solo algunos botones de muestra.

Comillas es un pueblo con tan solo del orden de dos mil habitantes registrados, pero en tiempos de verano se multiplica al menos por diez, superando los 20 mil gracias a su hermosa playa de arenas blancas contra las cuales colisionan las olas del mar cantábrico. Olas que tienden a enfurecerse según el tiempo para chocar con bravura contra los acantilados que circundan la playa y que conforman la cornisa cantábrica.

Situado el pueblo en la región de Cantabria a 45 kilómetros de su capital, Santander, su construcción se caracteriza por su sobriedad y talante aristocrático, señal de gloriosos tiempos pretéritos en los que la nobleza solía vacacionar por estos confines. De ello dan muestra algunos de sus edificios más emblemáticos.

Uno de ellos, El Capricho, proyectado por el arquitecto Antoni Gaudí, máximo representante del modernismo catalán, y construido entre 1883. Este edificio fue proyectado bajo el período de influjo oriental que vivió Gaudí por esos años. Hoy está convertido en un museo que destaca por su luminosidad y sus azulejos con girasoles.

El lado del Capricho nos encontramos con el palacio de Sobrellano, conocido también como el palacio del Marqués de Comillas. De estilo neogótico, tiene una fachada impresionante, sobrecogedora, destacando en lo alto una suerte de púlpito desde el cual un político podría lanzar una perorata capaz de emborrachar a quienes lo escuchen. Quien ordenó su construcción fue Antonio López y López, el primer marqués de Comillas, para dar cuenta de su nueva posición social y atraer a su amigo, el rey de entonces, Alfonso XII, para que lo escogiera como su destino vacacional. Se terminó de construir poco después de El Capricho, en 1888. En su interior se alojaba a los invitados, sus familiares y personal de servicio. Actualmente pertenece al gobierno de Cantabria y es visitable.

Por último, cabe destacar lo que fue el Seminario Mayor de la antigua Universidad de Comillas, fundada en 1890, donde hoy se desenvuelve el CIESE (Centro Internacional de Estudios Superiores del Español)-Fundación Comillas, adscrito a la Universidad de Cantabria.  Este edificio, cuya construcción fue iniciada en 1883 es de estilo gótico-mudéjar, y fue otra obra ordenada por el marqués de Comillas, su “obra pía” para “ganarse el cielo” y perpetuar su nombre.

Otro cantar son sus calles adoquinadas, sus casas abalconadas, sus subidas y bajadas, sus cafés, sus gentes, sus vientos, las praderas que rodean a Comillas. 

junio 16, 2022

Desde Nieder-Klingen

Por razones familiares me encuentro en Alemania, en un pueblito alemán de menos de mil habitantes llamado Nieder-Klingen, cerca de Darmstadt, que está localizado al sur de Frankfurt am Main.

La zona está repleta de pequeños pueblos similares distanciados por tan solo unos pocos kilómetros interconectados con excelentes caminos por donde circulan automóviles, todos en perfecto estado, a velocidades prudentes y donde las reglas de tránsito, tales como las velocidades máximas, son escrupulosamente respetadas. Entre ellos se encuentran unos pocos pueblos con más de 10 mil habitantes, todos comunicados entre sí mediante modernos buses.

Nieder-Klingen, al igual que todos los otros pueblitos, es precioso, donde las casas tienden a tener sus pequeños jardines cuyos moradores suelen tener sus huertos caseros. La basura orgánica es ocupada para mejorar las tierras o alimentar los animales con que los moradores se hacen acompañar, sean estos patos, gallinas, cabras, caballos, perros, gatos. Hasta los animales parecen estar educados. Escribo estas líneas acompañado del canto de un gallo. En esta época, todo está verde, con la primavera a punto de irse para dar paso al verano. Cada pueblo está rodeado de campos cultivados y árboles frutales entre los cuales hay senderos para hacer a pie o en bicicleta. Todo es privado pero parece público porque no hay alambradas ni divisiones a la vista. Abierto a todos.

Todo parece una fantasía, de película. No obstante la belleza visual que irradian estos pueblitos, no hay dónde tomarse un café ni una plaza donde se congregue la población. Todos están en sus casas o han salido en sus vehículos a abastecerse en algunos de los pueblos de mayor tamaño donde sí hay comercio. Por las noches Nieder-Klingen parece un pueblo sin vida, con casas donde pareciera que no hubiese moradores. La mayoría de ellas sin luces, sin saberse si es porque no hay nadie o porque ya están durmiendo.

Poco se sabe de la guerra en Ucrania y nada de la segunda vuelta en Colombia donde todo está que arde. Menos se sabe de la trifulca constitucional imperante en un lejano país cuya larga costa mira hacia un océano que obedece al nombre de Pacífico, pero que no tiene nada de tal.

Sólo se sabe que la naturaleza impone su ritmo, que es tiempo de cosechar cerezas por estos lados y que dentro de un par de meses será tiempo de cosechar manzanas y nueces. La vida gira en torno al campo. No sé si llamar agricultores, campesinos o granjeros a quienes viven de esta actividad. Los llamaría granjeros porque sus dueños son quienes trabajan el campo con el apoyo de maquinaria tanto tradicional como moderna. Cada uno trabaja en lo suyo y todo se conjuga tranquilamente.

La conciencia ecológica está presente por doquier y en todo momento. Sobre la mayoría de los techos de las casas podemos ver planchas solares destinadas a capturar la energía solar y todo el país parece empeñado en independizarse del petróleo ruso, buscando alentar la producción de automóviles eléctricos y el uso de los tranvías basados en la electricidad. Todo acompañado de políticas orientadas a disminuir el uso de los vehículos particulares y en favor de la locomoción pública. A partir de este mes el gobierno alemán decidió implementar un boleto válido por todo un mes por 9 euros (del orden de 8 mil pesos chilenos). Con este boleto puedes hacer uso las veces que quieras tanto de los buses de superficie como de los tranvías y los trenes del metro (U-Bahn y S-Bahn).   

septiembre 20, 2019

Desde Pullay

 
Entre las noticias de estos días, a media página de un diario nacional, se informó que los servicios de hoteles de mascotas, guardias y aplicaciones de transporte estaban colapsados para fiestas patrias.

Las cuentas alegres corrían a raudales en estos ámbitos. Muchos se quedaron con los crespos hechos por no haber obtenido cupo para sus mascotas. Algunos de los “hoteles” ya tenían sus cupos completados con más de 15 días de antelación. Las peluquerías caninas también veían incrementada la demanda por sus servicios para amononar a las mascotas.

Curiosamente, una de las cosas que más llaman la atención a los turistas extranjeros que nos visitan, aparte de la basura y el cablerío que observan por doquier, es la cantidad de perros callejeros que suelen encontrar. Solo faltaría que estos últimos solicitaran al gobierno, junto a diputados y senadores, que subsidie el financiamiento de nuevos hoteles y peluquerías caninas para que los acojan.

En paralelo, hay niños que no tienen hogar, que son derivados al servicio nacional de menores o a casas de acogida. Las familias parecen preferir recoger mascotas antes que recoger niños abandonados.

Las empresas de seguridad también se frotan las manos, ante la creciente demanda por sus servicios en estos días, tanto para resguardar los recintos donde se desarrollan los distintos eventos asociados a las fiestas patrias, como a casas particulares cuyos moradores salen de vacaciones. Lo mismo ocurre con las aplicaciones de transporte como Uber y Cabify, que por estos días ofrecen tarifas y servicios especiales.

Al leer estas noticias, uno pensaría que estamos en jauja, en el país de las mil maravillas, de un país desarrollado, en marcha, que ha resuelto sus problemas esenciales, que se da el lujo de preocuparse de sus mascotas –perros y gatos-, que está a otro nivel.

En paralelo, un pueblo al sur de Chile, Puerto Octay, celebra las fiestas patrias sin agua potable, pero no importa. Su alcaldesa afirma que los vecinos entienden la emergencia, en tanto que el gobernador sostiene que están replicando la experiencia adquirida cuando en Osorno se quedaron sin agua por más de una semana, y por último, un comerciante, en un alarde de infinita comprensión declaró que gracias a Dios pudo retomar sus actividades luego de estar parado tres días. Los camiones aljibe están permitiendo sortear la emergencia.

En el diario nacional al que se hizo referencia al inicio de la columna, en una misma página, también se informa que distintas autoridades nacionales –desde el ministro de Desarrollo Social hasta la ministra de Deporte- sugieren consumir comida saludable, celebrar con recato, y no dejar de hacer ejercicio, o al menos bailar cueca, dado que con 40 minutos de cueca nos permiten quemar una empanada de pino o un choripán. Simultáneamente, en avisos publicitarios a página entera, se nos invita a comprar vinos, empanadas, carnes, chorizos, con grandes facilidades de pago. Total, de la obesidad se hará cargo el país a través de sus servicios públicos colapsados.

Son las contradicciones del país en que vivimos. Mientras tanto, en nuestras manos está la libertad de caer en tentación y endeudarnos bajo la presión mediática, o de resistir alejándonos del consumismo, yéndonos a Pullay.

agosto 08, 2018

La fiesta del chancho muerto

Este fin de semana tendrá lugar una fiesta costumbrista en plena plaza de armas de Talca y cuyo nombre despierta la curiosidad de no pocos. Se trata de una fiesta que nació hace una década que identifica muy bien a Talca y a la región del Maule, en particular su vida campesina. Con los años ha ido subsanando sus ripios iniciales y ya el año pasado mostró su madurez, la que se espera confirmar en estos días.


El fuerte de la fiesta es la oferta gastronómica basada en el chancho, la que se ha extendido acogiendo cocinas del resto del país que permiten saborear la riqueza culinaria existente en el país y que no siempre se valora.

La expresión “Talca está de chancho muerto”, se asocia a aquellos momentos de alegría familiar en torno al chancho sacrificado en medio de su crudo invierno para saborear los productos que se derivan de él, entre los que se destacan las prietas, los arrollados, los costillares, los chuncheles y las longanizas.

La vida campesina por estos lares gira alrededor del chancho de tal forma que muchos de sus refranes se relacionan con él y que se han extendido a nivel nacional e internacional. Cuántas veces no “la pasamos chancho” expresando con ello lo bien que la hemos pasado; o cuando afirmamos que alguien anda “más perdido que chancho en misa”; o “ese chancho no da manteca” o “chancho limpio no engorda”, todas expresiones propias del campo chileno que se han ido extendiendo.

Ojalá la fiesta mantenga su origen costumbrista, regional que tan bien nos identifica y que su organización siga caracterizándose por su sobriedad, limpieza y orden. Cada uno de nosotros puede ayudar a ello, llevando sus propios cubiertos, sus ganas de pasarlo bien en familia degustando, saboreando los distintos platos campestres acompañados de un rico vaso de vino de la zona.

agosto 11, 2016

Desde Cuba (parte 2 de 4): lo bueno y lo malo

Photo by Alexander Kunze on Unsplash

Así como en la primera parte hice un racconto histórico, ahora escribiré sobre lo que vi, lo bueno, lo malo y lo feo, dentro de lo que he alcanzado a percibir durante mi estadía en Cuba.

Respecto de lo bueno, difícilmente pueden haber dos opiniones: la gente, los cubanos y las cubanas, acogedores, amables, alegres, expresivos, expansivos, pareciera que hablaran con los ojos y que sus cuerpos bailaran al son de la música tropical, como si nacieran con ella. Así como en otros países pocos saludan, acá todos saludan como si te conocieran de siempre. Hospitalarios, buena onda.

Parece un país congelado en el tiempo, en hace más de 50 años, sin congestión vehicular, con calles amplias, por donde circulan “guaguas”, que no son sino camiones habilitados, acondicionados para el transporte de pasajeros. Las calles parecen verdaderos museos por donde circulan vehículos de antes de los 60. La gran mayoría de ellos funcionan como taxis para pasear al creciente número de turistas que visitan la isla desde la reanudación de las relaciones con EEUU.

Lo malo tiene que ver con las comunicaciones, las colas y la política. En efecto, las comunicaciones son un desastre. Para conectarte con internet tienes que adquirir una tarjeta que te habilita para navegar por el lapso de una hora, pero en la práctica es una odisea porque cuesta hacer la conexión, y cuando te conectas, la bajada de las páginas es lenta en extremo. Una vez que te conectas, el tiempo empieza a correr irremediablemente, con lo que no alcanzas a hacer ni la mitad de lo que harías en tu país. Por tanto, hay que encomendarse al Señor para que a uno le vaya bien. Lo único decente en este tema es que la velocidad de la navegación es independiente de si eres pobre o rico, revolucionario o contrarrevolucionario. Claro que si eres pobre lo más probable que te importe un comino conectarte. Dicen que en las plazas existe wifi para conectarte, lo que no pude comprobar porque mis intentos en este plano fueron absolutamente infructuosos, aunque sí he visto a muchos extranjeros haciendo como que estaban conectados o intentando conectarse.

Colas hay para todo. De partida, al llegar en el aeropuerto había cola para cambiar la moneda. Así como en Chile cuando hay una persona atendiendo allí donde se necesitan dos, en Cuba parece existir la política contraria: allí donde se necesita una persona, hay dos o tres o cuatro. Así y todo hay colas, por lo general, porque uno es el que está atendiendo, otro está ordenando la cola, y los otros dos conversando. Consecuencia de dos modelos económicos diametralmente opuestos. Uno neoliberal, que busca maximizar utilidades sacándole el jugo a los trabajadores; y el otro, que no posee incentivo alguno para trabajar ni para mejorar la productividad o la eficiencia. Para consumir un helado en el Coppelia, también había una cola sideral, de más de una cuadra! Adonde vayas, te encontrarás con alguna cola.

Y en lo político resulta vergonzoso que a más de medio siglo de la revolución, Fidel no haya tenido más remedio que delegar su poder en Raúl, su hermano. Después de él ¿quién? Más parece dinastía. Uno de los mayores dramas no resueltos por las dictaduras pareciera ser el de la sucesión.

De lo feo ya escribiremos la próxima semana, mientras estoy gestionando una conversación con Fidel ad portas de su cumpleaños número 90, que estoy seguro será sabrosísima y de cuyo contenido espero poder rendirles cuenta.

octubre 15, 2015

Desde Casapueblo

Encontrándome en Uruguay no resistí la tentación de ir, una vez más, a Casapueblo, concebida como una escultura habitable. Casapueblo, localizada a unos 15 km antes de llegar a Punta del Este, es la obra maestra de Carlos Paez Vilaró, consumado artista uruguayo fallecido el año pasado a los 90 años.
Se trata de una obra monumental, cuya construcción se inició a fines de la década de los 50 sobre unos acantilados rocosos de una pequeña península. Al poniente se observa la magnífica playa de Punta Ballena, en tanto que al oriente, elevando la mirada se divisan los rascacielos de Punta del Este.

Carlos Paez Vilaró fue un autodidacta, que se formó a sí mismo sin conocer la universidad. Construyó Casapueblo, con sus propias manos y el apoyo de pescadores, para que fuera su casa, taller y museo. Al hacerlo, afirmó:“pido perdón a la arquitectura por mi libertad de hornero”.

Hace unos años, tuve el privilegio de verlo y compartir con él. Cuando supo que venía de Chile su mirada se encendió y sus brazos se extendieron para acogerme. En 1972, Carlos Miguel, uno de sus hijos, viajaba en el avión siniestrado en la cordillera de los Andes. Luego de más de 2 meses de infructuosa búsqueda, y cuando las esperanzas se desvanecían, en víspera de navidad, un arriero chileno se encuentra con algunos sobrevivientes. Entre ellos venia su hijo, Carlos Miguel. Desde entonces, en señal de gratitud, su vinculación con Chile y los chilenos se fortaleció.

En Casapueblo se puede observar la extensa y portentosa obra de Carlos Paez Vilaró, que se extiende al ámbito de los murales, pinturas, cerámicas, esculturas, collages, letras. Su creatividad no tenía límites, y su temática favorita era el candombé, expresión musical-cultural de origen africano muy arraigada en Uruguay, yque Carlos Paez Vilaró hizo suya.

La construcción de Casapueblo demoró más de 40 años, y allá llegan quienes quieren ver magníficos atardeceres en un ambiente de paz, con espacios y rincones para la reflexión sobre el sentido de la vida y disfrutar del arte.

Su admiración por la mujer lo llevó a expresar:

Si Casapueblo es mi homenaje al sol, también mi ofrenda a la mujer.
A todo el universo de la mujer.
Me refiero a la mujer obrera, a la mujer maestra. A la que encorvada bajo el sol lava la ropa en el arroyo o la que lleva su hijo de mochila mientras transporta el cesto de frutas en la cabeza. La que enfrenta el desnudo la cresta de la ola o la que sofisticada decora el salón con belleza de pavo real.
Ella ha significado el mayor estimulo en todas las batallas que eh debido librar o las empresas que eh acometido.
Siempre pienso que sin mujer no hay creación.
Es la base de todos nuestros proyectos y de todo lo que hacemos. Por ella somos capaces de levantar una casa, emprender una aventura, pintar, componer, escribir o hacer una revolución.
Es la raíz de nuestras motivaciones, la salsa que condimenta con su belleza nuestra vida.

septiembre 18, 2015

Desde Cartagena de Indias

Estas líneas se escriben desde la histórica, colonial y cálida Cartagena de Indias, localizada en Colombia, país que vive, como tantos otros países, el drama de la desigualdad, la inseguridad, el narcotráfico.

Fundada en 1533 por los españoles, esto es hace ya poco menos que 500 años, se constituyó en un importante puerto comercial y de tráfico de esclavos. Desde entonces ha experimentado el acoso de ingleses y franceses, lo que explica las numerosas fortificaciones de las que está revestida y que delimitan su centro histórico marcado por sus balcones y respeto a su arquitectura que luce sobremanera gracias a la exuberante vegetación que la acompaña, en particular helechos, palmeras y buganvillas de brillantes colores.

Cuando Colombia alcanza la independencia en 1811, ya Cartagena de Indias había perdido el rol estratégico y comercial que caracterizaba a la ciudad, viviendo un período de estancamiento que logró sortear recién el siglo pasado sobre la base de dejar atrás los recuerdos de tiempos gloriosos y asumir en plenitud su condición turística a partir de su arquitectura colonial acompañada de la alegría, ritmo y calidez de su gente, la que se expresa en todo momento, pase lo que pase. Por sus venas, en vez de sangre, parece circular música, ritmo, vallenato, rumba, lo que les impediría conocer el derrotismo. En este plano, los chilenos tenemos mucho que aprender de ellos.

De Cartagena es difícil no destacar a sus mujeres, al igual que en toda Colombia, ya sea por su andar, su gracia, su sensualidad, su alegría. Los chilenos ya estamos sabiendo de ello gracias a la fuerte inmigración hacia nuestro país que se ha estado produciendo en los últimos años en busca de mejores horizontes. No obstante las dificultades que vive Colombia, sustantivamente mayores que las que enfrenta Chile, y tener un ingreso per cápita significativamente menor al de Chile, quien sabe porqué, al lado de ellos nosotros parecemos un pueblo triste, sin alegría de vivir.

De su gastronomía llama la atención el contraste en que oscilan sus comidas. Por un lado está la frescura de sus sabrosas frutas y jugos naturales, y por otra, sus frituras, de allí que se observen tanto jóvenes y adultos delgados, físicamente bien dotados, sin grasas; como obesos, estos últimos adictos a frituras y comidas chatarras.

Visito Colombia en un momento muy especial, cuando crece la tensión con Venezuela como consecuencia de la deportación decretada por Maduro, tensión que no se expresa a nivel de quienes habitan estas hermosas tierras, dada la afinidad existente entre ambos pueblos. También es un momento especial porque luego de más de 4 décadas de guerrilla, que tanto han debilitado a un país bien dotado por la naturaleza, emerge una luz de esperanza. Actualmente, las fuerzas en pugna parecen estar empeñadas en un proceso destinado a alcanzar una paz definitiva, como se lo merecen los colombianos.

diciembre 23, 2011

Tren navideño

El domingo último tuve el privilegio de participar en una actividad destinada a llevar alegría a los niños que se residen en los poblados localizados en el recorrido del ramal a Constitución. Esta actividad, que se realiza desde hace ya 20 años, organizada por la Dirección de Extensión de la Universidad de Talca, se ha transformado en un clásico a nivel nacional.

El ramal a Constitución ya tiene características de leyenda y su subsistencia tiene características heroicas en tiempos de competitividad, de búsqueda de rentabilidad, en los que se suele dar la espalda a lo tradicional para abrir paso a la modernidad. En este caso, estamos en presencia de algo que se resiste a morir.

El tren estaba engalanado para la ocasión, llevando consigo al viejo pascuero y los regalos a los niños que esperaban ansiosamente su llegada en las distintas estaciones. La primera estación fue Colín, donde la delegación fue invitada a compartir un clásico desayuno: café o té, con un rico pan amasado, recién salido del horno, chancho en piedra y queso fresco. Ordenadamente, los niños fueron recibiendo sus regalos, uno por uno, de manos de un viejo pascuero, siempre disponible con una sonrisa y una palabra de aliento para cada niño.

También nos acompañaba el coro de la Universidad, jóvenes entusiastas dirigidos por un más entusiasta director, que en cada estación cantaban con energía sin igual, transmitiendo un mensaje de fraternidad, solidaridad y esperanza.

Bordeando el río Maule, el tren avanzó pausadamente, deteniéndose en cada estación, que cada año parece envejecer en el abandono. Las secuelas del terremoto del año pasado se sienten. El abandono está a la vista. Pero las familias y sus niños se resisten a irse. Son de allí, de la zona, ahí están sus antepasados, sus vidas, y la alternativa de abandonar esos lares, es morir un poco; en esos parajes, quedarse también es morir lentamente. No hay trabajo y el abandono es manifiesto.

Es imperativo vertebrar un proyecto que permita recuperar un espacio geográfico de excepción que haría las delicias de cualquier turista del primer mundo. No obstante que cualquier cálculo económico de corto o mediano plazo que se haga, no resistiría el más mínimo análisis, es importante consignar que el costo de cualquier proyecto debe cotejarse con los beneficios que reportará en el tiempo y que la humanidad sabrá valorar.

Para terminar, vayan mis mejores deseos para que tengan una muy feliz navidad!

diciembre 14, 2011

Desde la Punta

Es increíble cómo en pocos días este país puede ofrecernos toda clase de días, porque los hubo de sol, de lluvia, de tormentas con relámpagos y vientos. Los de sol me pillaron en Punta del Este, una península que a un lado tiene playas mansas que dan al río de la plata, y al otro, playas bravas, que dan al océano atlántico. Todas amplias, generosas, de arenas blancas, donde la distensión se adereza en sillas plegables con mate en mano para conversar de lo divino y lo humano, resolviendo en la imaginación lo que la realidad no logra concretar. Luego, a esperar el atardecer, que en la punta adquiere especial realce.

La península es atravesada por la calle Gorlero, que se inicia con un casino remozado, y donde los cafés, restaurantes, librerías, heladerías y boutiques se alternan para abrir sus puertas a turistas, mayoritariamente argentinos y brasileros que llegan de vacaciones o asistiendo a congresos. Estos se centran en el hotel Conrad, un monumento a la magnificencia, destinado a cobijar al jet set latinoamericano, y en cuyo subterráneo sus más de 10 salones para conferencias posibilitan la realización de congresos con cientos de expositores y otros tantos participantes.

De un momento a otro, los truenos y relámpagos anunciaron tormentas, ventarrones y lluvias, con granizadas incluidas. Cobijado en una confitería en plena rambla, ya en Montevideo, frente a la playa Pocitos, veía llover y llover mientras agraciadas mozas me preguntaban “¿cómo andás?” “¿qué te quieres servir? Pedí café con leche y una media luna de jamón con queso. Y me puse a leer el diario local mientras la lluvia arreciaba y sorbía el delicioso café con leche, cuyo color era el mismo del río de la plata que estaba viendo, ahora con fuerte oleaje.

Las noticias dan cuenta de similares temas a los cuales estamos acostumbrados acá. De la inseguridad, de las protestas por mejoras salariales. Claro que allá con un presidente tupamaro que anda por las calles sin custodia y que gobierna filosofando. Un guerrillero de los años 60 que participó en acciones armadas, por las cuales pasó años encarcelado y que hoy es presidente.

Todo esto en un paisito llamado Uruguay, que tuvo tiempos de gloria, simbolizados en lo futbolístico por ser el primer campeón mundial de fútbol, allá en 1930, supremacía que reverdeció en el 50, en Brasil, en el famoso maracanazo cuando 11 futbolistas le aguaron la fiesta a millones de brasileros. Desde entonces, la persistente decadencia del Uruguay, en aquellos tiempos tradicional país exportador de lana y cueros, se expresaba en la falta de trabajo para los suyos que forzó a la emigración a tantos uruguayos.

Con el cambio de siglo, Uruguay parece reencontrarse consigo mismo, apostando a un futuro a partir de su pasado, de lo que es: su sencillez, su hospitalidad, su nivel educacional, su calidad de vida, su fuerte talante democrático que se expresa en la forma que tienen de relacionarse unos con otros. Su recuperación futbolística en el concierto mundial, ahora como campeones de América parece todo un símbolo de un Uruguay que mira con más optimismo que ayer su futuro.

marzo 03, 2011

Desde Postdam

Poco antes de regresar a Chile tuve ocasion de visitar Postdam, situado en las cercanías de Berlin, a orillas del río Havel, con un compañero de colegio y amigo de mi infancia a quien no veía hace ya 50 años. Llegamos mediante una combinación de tren y bus con un ticket válido por el día. La lógica del sistema de transporte alemán es muy interesante por varios factores. Uno, porque tienes la opción de comprar un ticket, entre otros, para un viaje, para el día, para el mes; dos, funciona, lo que para un chileno no deja de ser un factor llamativo; tres, no existen torniquetes y se asume que estás viajando con un ticket válido en base a la confianza; tres, el control es tan solo ocasional ejercido por jóvenes que se encuentran cobrando el seguro de desempleo, quienes verifican si estás en posesión de un ticket válido; y por ultimo, la tarifa es alta, más de tres veces el valor del sistema de transporte público chileno. Si viajas sin ticket válido para el viaje que estás efectuando, la multa a pagar te hace ver estrellas, razón por la cual la gente tiende a viajar con ticket.

Llegando a Postdam caminamos por un parque bordeando el río Havel, semicongelado por donde no faltaban quienes osaban esquiar. El día asoleado en pleno invierno, con los árboles desnudos, invita a salir e inundar los parques y las cafeterias que extienden sus mesas de cara al sol. Atravesamos el Castillo de Cecilienhof donde tuvo lugar en 1945 la conferencia de Postdam entre los gobernantes de las fuerzas aliadas y donde se acordó la repartición de Alemania y su capital, Berlin. Distribución que alcanzó a durar casi 50 años.

Destacan en Postdam sus aceras y calles adoquinadas, amplias, con construcciones históricas que revelan una fuerte influencia holandesa, construcciones que alcanzaron a salvarse del bombardeo que sufrió de las fuerzas aéreas británicas en las postrimerías de la última guerra mundial.

Acá se percibe el peso de la historia, de las grandezas y miseries del ser humano que desafortunadamente, de tiempo en tiempo, se observan, com mayor o menor fuerza, en uno u otro lugar.

Salí de Chile, iniciando mi periplo por la vieja Europa cuando se iniciaban nuevos tiempos en el norte de Africa con la rebelión tunecina. Alllegar a Berlin ya Mubarak, el faraon egipcio, estaba caido. Regreso a Chile con Libia en ebullición y Kaddafi con sus minutos contados. Los sátrapas están viviendo sus últimos días. Estamos asistiendo a a un movimiento telúrico de proporciones que cambiará el mapa politico del norte de África, del Medio Oriente y del conjunto de países árabes. Los pueblos, más tarde unos, más temprano otros, se cansan de ser traicionados. El caso más patético es el de Kaddafi que ha gobernado Libia por varias décadas, calificado por el mundo occidentalcomo el terrorista número uno a nivel mundial en sus primeros tiempos, y luego, por obra del birbiriloque, como aliado, permitiendo que se enriqueciera sin medida al mismo tiempo que sumergía a su pueblo en la pobreza. Todo sea por el petróleo existente bajo sus suelos y por atajar el fundamentalismo islámico.

Lo que está ocurriendo está marcando el fin de una etapa sin que se esté dibujando con claridad la etapa que viene. La incertidumbre se asemeja a aquella de hace dos décadas atrás, cuando  el muro de Berlin se vino abajo y se desintegró la Unión Soviética.

Regreso a mi querido Chilito, con el privilegio de haberme saltado la farándula del Festival de Viña, donde quizá lo más recatable haya sido el espectacular piscinazo de Andrea Dellacasa, cuyo escultural cuerpo hizo las delicias de muchos.

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febrero 17, 2011

Desde Berlín

Estando en plena Alexander Platz de Berlín, puedo observar parte de la huella que dejó la era comunista a través de la arquitectura dominante en aquella parte de la ciudad que estuvo bajo su férula. Cemento, mucho cemento, todo grisáceo, líneas rectas, edificación simétrica, todo igual como queriendo hacer juego con el igualitarismo que pregonaban los próceres comunistas.

Produce cierto escozor caminar por donde hubo un muro que dividía la otrora capital de Alemania, y que fue repartida entre los países triunfadores como una suerte de botín al término de la segunda guerra mundial. Berlín del este quedó en manos de los comunistas, y Berlín del oeste en manos de las llamadas fuerzas aliadas, compuestas por USA, Inglaterra y Francia. Geográficamente Berlín quedó inserta dentro de lo que fue Alemania Oriental, la llamada República Democrática de Alemania, la comunista, la de Erik Hoenecker, primer ministro que terminó sus días refugiado en Chile en los albores de la transición chilena. Berlín del este se constituyó en la capital de la Alemania comunista.

La otra Alemania, la Occidental, instaló su primer gobierno posguerra en Bonn, con Konrad Adenauer como Primer Ministro. Berlín oeste se encontraba aislada de Berlín oriental por el muro, y de la República Federal de Alemania, como se llamó a la Alemania Occidental, por alambradas.

La caída del muro a fines de los 80, como consecuencia del derrumbe del imperio soviético, es todo un símbolo de un cambio de época, del término de los tiempos de la guerra fría que imperó desde el fin de la última guerra mundial. Alemania se reunificó, no sin dificultades, y Berlín es todo un símbolo. El esfuerzo por dejar atrás el pasado y mirar el futuro es mayúsculo. Allí donde campeó la intolerancia y la discriminación, hoy avanza a pasos agigantados hacia la tolerancia, la integración, la no discriminación.

Da mucho gusto caminar por las planas calles de Berlín y respirar multiculturalidad. Los alemanes están experimentando un proceso acelerado hacia una modernidad sin renuncia a su pasado, sin olvido. Por estos días una exposición titulada Hitler y el pueblo alemán nos recuerda lo que fue el Tercer Reich mostrándonos el contexto en el que surge y sus consecuencias. Su objetivo no es otro que el de reflexionar respecto de cómo fue posible que el gobierno de Hitler llegara a los extremos de crueldad que llegó, y también reflexionar en torno a la pasividad y complicidad del pueblo alemán frente a las medidas que fue adoptando hasta llegar a lo que se denominó “la solución final” fraguada en las afueras de Berlin.

Mientras veía esta exposición, me fue imposible evitar una cierta analogía, guardando las proporciones, con nuestro país, e imaginé una exposición equivalente en Chile, y que por analogía llamaría “Pinochet y el pueblo chileno”.

Impacta observar el dinamismo de Alemania, su resurgimiento de entre las cenizas de una guerra y de una división que alcanzó a durar casi medio siglo, que ha abierto sus brazos a la inmigración, y que hoy parece que tendrá que resignarse a asumir el liderazgo de la recuperación económica de Europa.
Escribo estas líneas mientras en los países árabes sus gobiernos tambalean como consecuencia de manifestaciones populares incitadas por sectores medios instruidos vía internet –facebook, twitter, etc.-  que se esparcen como regueros de pólvora. Salí de Chile con Mubarak al frente del gobierno de Egipto, y llegué a Europa con Mubarak renunciado y con cuentas bancarias por totales inimaginables. Bastó que Obama le quitara el piso para que se cayera. Pero esto es tema para otra columna.

En Chile, aún buscan entrenador para su selección nacional de fútbol. Dudo que encuentren a alguien que le llegue a los talones del loco, y si lo encuentran dudo que lo dejen trabajar. Desafortunadamente los dirigentes que tenemos creen que son los dueños del boliche.

En lo político, el verano chiliensis ha sido aderezado con la historia inventada por la Jacqueline para allegar recursos. Al final de algunas vueltas de carnero el gobierno de Piñera la ha confirmado en su puesto de intendenta, pero dejando a la vista grietas entre los partidos aliados que han aprovechado la ocasión para mostrarse los dientes.

En Alemania, la noticia del día está dada por la acusación al ministro de Defensa alemán de haber plagiado partes de su tesis doctoral. Este escándalo está afectando al político alemán más popular del momento. Como podemos ver, en todas partes se cuecen habas.

febrero 04, 2010

Vacaciones en Talca

Para el próximo martes 9 está programada la presentación del gabinete por parte del presidente electo. Para darle un toque mágico decidió hacerlo en el museo histórico nacional. Mientras tanto la expectación gira en torno a los nombres, si habrá cuoteo, si predominarán nuevos rostros, etc.

Todo esto en pleno período estival. En la región del Maule, y en Talca en particular, entiendo que la tasa de exportación turística siempre ha superado a la de importación, esto es, que la cantidad de maulinos que salen de la región por estas fechas supera con creces a la de quienes nos visitan. Sin embargo tengo la sensación que estos últimos, esto es, los turistas que vienen a la región cada año está creciendo significativamente.

Como pocas veces estamos viendo delegaciones, grupos de turistas que vienen de países lejanos, para apreciar las bondades de nuestra región. Los he visto en el mercado central, en los restaurantes, en los cafés, en los terminales de buses, en la feria (Crea), en los alrededores. Si bien la región nunca ha tenido una vocación turística, desde hace años se han estado desarrollando iniciativas de parte de distintos actores –agentes turísticos, servicios públicos, universidades- en procura de generar conciencia de nuestras bellezas naturales, de nuestro patrimonio histórico, de la bondad de nuestra gente, lo que en su conjunto habla de una calidad de vida excepcional. No obstante que no tenemos ninguna de las catalogadas maravillas de la humanidad, sí podemos enorgullecernos de la calidad de vida que impera en nuestra región. Calidad dada por la sencillez con que se vive, por la relación calidad/precio de nuestras frutas y verduras.

Si bien aún nos falta infraestructura turística, creo que lentamente vamos por el buen camino. Para un turismo de lujo nuestros viñedos están ofreciendo servicios hoteleros y gastronómicos de primer nivel; para un turismo popular en nuestra costa existe una amplia gama de servicios –Duao, Iloca, Pelluhue, Curanipe, Pellines, entre otros- donde disfrutan familias enteras, al igual que en nuestra cordillera para delicia de los montañistas. Por otra parte tenemos pueblos, poblados que mantienen ricas tradiciones y hospitalidad sin igual en tiempos de humitas, pasteles de choclos y porotos granados. Un imperdible es viajar en tren hacia la costa en el último ramal que va quedando, que bordeando el río Maule llega hasta Constitución, ciudad que tuvo su época de gloria.
Cada vez que me visitan parientes o amigos, si el tiempo me da, tampoco puedo dejar de llevarlos a Yerbas Buenas, a Villa Alegre, y si hay ánimo, para ir a ver las 7 tazas, al interior de Molina.

Mientas nosotros descansamos, y Piñera arma su equipo ministerial, la Concertación se va preparando para asumir el nuevo rol que la ciudadanía la ha asignado: ser oposición. Interesantes los tiempos que vienen. Todo esto con una presidenta que cuenta con un respaldo popular increíble, por sobre el 80%. Quienes nos visitan no pueden dejar de preguntarme: en nuestros países, cuando un presidente tiene una popularidad de esta magnitud, la coalición que lo apoya tiene el triunfo asegurado, sin embargo esto no ocurrió acá: ¿qué pasó? No tengo respuesta, razón por la que solo atino a encogerme de hombros.