marzo 01, 2024

Milei ¿jugando con fuego?

Sigo de cerca lo que está ocurriendo con Milei, desde su ascenso a la primera magistratura hasta la actualidad. No es un seguimiento puntilloso, sino a la distancia. Es claro que desde el primer día de su ingreso a la Casa Rosada, avalado en su triunfo electoral, enciende la mecha permanentemente como si todavía fuese candidato, como si siguiera en campaña. Lo demuestra cuando afirma que Argentina está viviendo un momento histórico, que es ahora o nunca, y pide, haciendo uso y abuso de las redes sociales, que lo apoyen y acompañen.

Parece olvidar que no se gobierna insultando, ignorando o buscando capturar a la oposición, ni frente a una pantalla de un computador o de un celular para andar contabilizando los “me gusta” que recibe en twitter o Facebook. Parece olvidar que está gobernando un país real, no un país virtual. También pareciera declararse en estado de guerra, desconociendo la división de poderes. Habiendo promovido en el pasado el federalismo, hoy, frente a un posicionamiento de los gobernadores de las provincias del sur, no encuentra nada mejor que calificarlo de amenaza sediciosa.

Estamos frente a una personalidad que no sé cómo calificar, pero que no dudo en considerar no apta para gobernar democráticamente. Milei tiene legitimidad de origen, de eso no cabe duda alguna, pero esa legitimidad debe ir acompañada de una legitimidad de ejercicio, lo que no se observa dado que, tanto él como quienes lo acompañan, parecen desconocer las reglas democráticas y los límites que impone el ejercicio democrático, los que son excedidos una y otra vez. Hay toda una paradoja, porque quienes están tras Milei surgen democráticamente, mediante el voto, pero se apoderan del poder del Estado para lanzarse contra él, porque no creen en él, sosteniendo que todo lo que hace el Estado lo hace mal. Asumieron para destruirlo, y en eso están con motosierra en mano. Y de la mano de parte de la casta política a la que tanto basureó a lo largo de su campaña.

Pero gobernar democráticamente es otro cuento. No se gobierna democráticamente descalificando, insultando o amenazando. La legitimidad de ejercicio implica respetar la división de poderes imperante, respetar a la oposición, persuadir, buscar acuerdos antes que andar imponiendo políticas avalado en mayorías electorales. Obtuvo la mayoría para ser presidente, pero no la obtuvo en el parlamento, ni la tiene entre los gobernadores. Esto le exige negociar, a lo que no parece estar dispuesto. Quiere imponer, jugar al todo o nada. ¿Pretenderá gobernar por decreto? ¿con las FFAA?

Milei no es Bolsonaro ni es Trump. tienen parecidos, pero no son los mismos. Los une su adhesión a una nueva derecha, una ultraderecha que ha sido capaz de desplegarse a nivel mundial, ocupando espacios que nadie imaginó ante el vacío dejado por la caída del muro de Berlín seguido del derrumbe del imperio soviético y de sus países satélites que conformaban el pacto de Varsovia. Una nueva derecha nacionalista de la boca para afuera, pero que postula un modelo global socioeconómico transnacional específico, el neoliberal. Una nueva derecha experta en manejo de las redes sociales para transmitir sus mensajes (“medias verdades”) al por mayor que se distribuyen como bombas de racimo.

Una nueva derecha que ha descubierto un nuevo modo de dar batalla, que arremete con un modo de hacer política que en estricto rigor nada tiene de tal si la entendemos como un espacio de debate, de pluralidad de voces, no de pensamientos únicos.  

Todo esto hay que vincularlo con las redes sociales en que se apoya Milei aprovechando que ellas constituyen un fenómeno más emocional que racional. Milei dedica horas y horas a las redes sociales para enviar mensajes que no son de pacificación, sino muy por el contrario, de provocación. Siendo presidente actúa como si aún estuviese en campaña para conquistar la presidencia. Pero ese tiempo ya fue.

Hoy, ya como presidente no le corresponde seguir exacerbando los ánimos, y si así lo hace, entonces cabe pensar que lo que aspira es generar un caos con el propósito inconfesado de estresar a la población, de infundir miedo, depresión con miras a generar un ánimo derrotista, junto con debilitar el interés y la esperanza ciudadana. Todo esto en el marco de un plan maquiavélico, sádico, sistemático para imponer, contra viento y marea, un nuevo modelo socio-económico.

Recordemos que Milei es un presidente que surge de una demonización de la política a pesar de ser parte de ella. Tanto en su discurso como en la práctica alienta la anti política como lo prueba la forma con que se relaciona con la “casta política”, como le gusta llamar a los políticos, el parlamento, los gobernadores y los dirigentes sindicales. Es un presidente que surge de las redes sociales, como panelista de la televisión, que cree que está en una suerte de reality show.

Milei siempre ha sido así, pero que como presidente opte por estar permanentemente insultando, descalificando en vez de persuadir, no le hace bien a Argentina ni a ningún país del mundo y amenaza con afectar la salud mental de los argentinos, si es que ya no están afectados. Al paso que vamos, me temo que desde el parlamento argentino surjan voces destinadas a acusarlo constitucionalmente por incapacidad psíquica para gobernar. Incapacidad reflejada en su permanente agresividad e irritación con quienes no comparten sus planteamientos.

No hay que olvidar que Milei ganó porque la rabia de los argentinos con la realidad que viven fue mayor que el miedo a sus propuestas, pero al paso que vamos corre el riesgo de que esta rabia se vuelque en su contra. En política el diálogo real, verdadero, no es prescindible, es condición necesaria para salir adelante.

febrero 22, 2024

El cuento de la independencia

Foto de Iftikhar Shah en Unsplash

Es bastante común en el mundo laboral hablar de dependientes e independientes, donde los primeros suelen tener un superior o jefe, un trabajo relativamente estable, y una remuneración fija. Los segundos, por el contrario, no tendrían jefe y sus ingresos tienden a ser inestables. Los independientes pueden ser tanto formales como informales.

Mi tesis es que la independencia como tal, no existe, al menos para los mortales de a pie sin mayores espaldas financieras capaces de soportar un chaparrón o los períodos de vacas flacas que inevitablemente la vida nos pone por delante; o para quienes juegan con las cartas marcadas al tener santos en la corte. Me temo que siempre somos dependientes de "algo".

En efecto, siempre seremos dependientes en un sentido estricto, si no lo somos de un jefe, de alguien con rostro y apellido, lo seremos de una multitud de seres anónimos, del inefable mercado, veleidoso mercado, del “cruel” mercado como en su momento lo calificó el expresidente Aylwin. También seremos dependientes de las reglas del juego, de los reglamentos, de las leyes que se imponen para “perfeccionar” los mercados para hacerlos más competitivos, pero que en la práctica no pocas veces lo “imperfeccionan” para deleite de personajes que se sitúan en la sombra.

Pero si estamos jugando limpio, estaremos a merced de un mercado al cual deberemos estar permanentemente atentos, que no debemos dejar ni a sol ni a sombra y que no perdona si te equivocas en tu estrategia, en tu marketing, en tu localización, en tu política de precios.

La independencia es muy apetecida. Emprender, no tener que mirarle la cara a ningún superior ni estar a merced de él es algo que atrae, pero que guarda tintes engañosos. Sin capital ni espaldas financieras es una trampa mortal. Lo escrito lo he comprobado en vivo y en directo.

Una vez lo fui por necesidad, por quedar sin trabajo. En mis tiempos mozos me tiré con un preuniversitario, partimos muy bien con una estrategia de marketing que iba al mercado que apuntábamos. Una estrategia de hormiga, laboriosa, de bajo costo, pero eficiente. Nos fue tan bien que se nos subieron los humos a la cabeza y decidimos apuntar más alto, cambiamos la estrategia de marketing, pusimos todos los huevos en una única canasta, y no pasó nada, fue un rotundo fracaso. Por suerte, justo al momento de fracasar logré ser seleccionado a un concurso académico en la Universidad del Norte, sede Arica.

Eran tiempos difíciles, ya con una familia y dos hijos, la remuneración que recibía, a duras penas alcanzaba para parar la olla. La tentación de la independencia para salir a flote seguía al acecho hasta que se presentó una oportunidad, la de crear la primera empresa de servicios computacionales en Arica: una empresa que demandó sangre, sudor y lágrimas, que prestó servicios tanto a empresas privadas, como públicas y municipales. Si nos iba bien, dejaría mi dependencia de la universidad donde impartía clases, para ser “independiente”. 

Todo iba viento en popa a punto tal que habíamos resuelto renovar el equipamiento computacional para satisfacer la creciente demanda de nuevos proyectos que con los equipos que disponíamos no estábamos en condiciones de desarrollar. Dimos el pie para el nuevo equipo y el saldo en cómodas cuotas mensuales en dólares cuyo valor se había prometido mantener por varios años más. Vino la recesión, la promesa de mantener el valor del dólar no se cumplió. La consecuencia fue inmediata: nuestros costos presupuestados se duplicaron y los nuevos ingresos que presupuestamos tener no fueron tales porque los clientes decidieron posponer sus decisiones de implementar nuevos proyectos. Nos fuimos a pique. Por suerte no había abandonado la universidad. Tenía una patita en la dependencia (el trabajo en la universidad) y otra en la independencia, listo para ser “totalmente independiente”.

Me tocó conocer también otro caso, en el ámbito familiar, de quien fue contratado para asumir altas responsabilidades gerenciales en el ámbito de la producción en una empresa nacional. Todo iba bien, a punto tal que se creyó el cuento de la independencia, de para qué trabajar para terceros. No lo pensó dos veces. Se largó por su cuenta, todo bien, hasta que le fue mal. una cosa es estar a cargo de la parte productiva y otra, la gestión, el manejo del personal, la contabilidad, la gestión de compras, las ventas. De esclavo de los dueños de una empresa pasó a ser esclavo del mercado. Sin tener espaldas para soportar más que un par de temporadas malas, la salud terminó por jugarle una mala pasada: un infarto terminó con su vida.

En síntesis, no es broma tirarse con colores propios. Hay que andar con pies de plomo. La vida tiene sus vueltas. Otra cosa es con guitarra.

febrero 14, 2024

En el país del nunca jamás

Antes de iniciado el partido entre Colo Colo y Huachipato en el Estadio Nacional, se pidió un minuto de silencio para homenajear al expresidente Sebastián Piñera fallecido en un trágico accidente aéreo. Un partido por una supercopa que no logro entender qué tiene de super y donde la figura estelar sería el rey Arturo, luego de su incursión por ligas mundiales de primer orden para volver al club de sus amores. Garra Blanca, la barra brava de Colo Colo no podía estar ausente.


No faltaban los motivos para el minuto de silencio. Mal que mal, Sebastián fue accionista de Blanco y Negro, la sociedad controladora del club hasta el día de hoy, sociedad que ha sacado y puesto presidentes en Colo Colo desde que las sociedades anónimas hicieron su ingreso en el mundo de los negocios futbolísticos. No solo fue accionista, sino que gran accionista dado que estaba en posesión de importantes paquetes accionarios. Paradojalmente no era fanático de Colo Colo, sino que de la Universidad Católica. Es tal como están las cosas hoy.


Al final del día, el protagonismo del evento no fue del partido ni del rey Arturo, ni el homenaje al expresidente Piñera, sino la Garra Blanca gracias a los graves incidentes desatados a partir de la estruendosa pifiadera y cánticos contra Sebastián a que dio origen el minuto de silencio. No es primera vez que la Garra Blanca entra en acción para dejar una estela de destrucción y desorden a su paso. La pregunta que cabe hacerse es ¿quién financia a estas barras bravas? ¿quiénes les dan las entradas? No es primera vez que los desmanes tienen lugar. Lo ocurrido me recuerda el refrán “cría cuervos y te sacarán los ojos”. Sin perjuicio de la responsabilidad que les cabe a quienes originaron la violenta destrucción de parte importante de un estadio recientemente remozado, sería interesante indagar respecto de quién tuvo la ocurrencia de instituir el minuto de silencio en una instancia que podría abrir espacio a reacciones encontradas difíciles de contrarrestar. Me temo que pasará el tiempo y no pasará nada, hasta la próxima destrucción.


En paralelo, por esos mismos días, los ministros de la Corte Suprema resolvieron renovar su flota automotriz que no alcanza a tener 10 años de antigüedad. El Ministro de Hacienda metió la cuchara afirmando que tiene un vehículo del 2015 y que aún le funciona lo más bien. Yo tengo uno del 2008 y también anda tiqui-taca. La resolución parece una tomadura de pelo al país: decidieron comprar 22 vehículos de una marca de alta gama avaluada en más de mil doscientos millones de pesos. O sea, cada vehículo sale por un valor sobre los 50 millones cada uno. ¿En qué país estamos? Después nos quejamos porque la gente está molesta, por la inseguridad, por el terrorismo. Esto es impresentable, tan impresentable que al interior de la propia Corte Suprema una minoría se percató que esto iba a generar ronchas. Dicen que este proceso de compra no ha terminado. Eso esperamos, porque abre espacio a echar pie atrás. De hecho dicen que de los arrepentidos será el reino de los cielos 


Desgraciadamente esto no es algo aislado. Se inscribe en una realidad que a la larga le cuesta caro al país: el desencuentro entre las máximas autoridades, tanto civiles como militares y el pueblo, la gente de a pie. Máximas autoridades que gozan de granjerías que debieran hacerlas sonrojar. Han perdido la vergüenza. Este desencuentro, en vez de reducirse en el tiempo, pareciera crecer, incidiendo en el malestar que recorre al país y que de alguna manera termina estando detrás de una violencia sin sentido como la descrita más arriba en el Estadio Nacional. Después nos agarramos la cabeza a dos manos porque no lo vimos venir.

febrero 07, 2024

La muerte de un expresidente

Ha muerto, imprevistamente, sorpresivamente, Sebastián Piñera, quien fuera dos veces presidente de la República de Chile. Los medios de comunicación y las redes sociales que estaban concentradas en la cobertura de los grandes incendios que afectaron el fin de semana pasado a la región de Valparaíso, se habían volcado a cubrir sus nefastas consecuencias, en términos de fallecidos, damnificados y destrucción del medio ambiente.

De un minuto a otro, lo que estaba en el tapete noticioso, fue desplazado por la noticia del fallecimiento de Piñera por asfixia por sumersión al precipitarse el helicóptero que pilotaba en el lago Ranco. El gobierno resolvió organizar un funeral de Estado. El país entero se vio conmovido, tanto entre sus adherentes, como adversarios.

A nadie dejó indiferente su muerte. Y no es para menos, dado su historial y su personalidad. No repetiré los hitos que jalonan su existencia que por lo demás se han reproducido hasta el cansancio en estos días. Solo diré que vivió al límite, al borde de la cornisa, al filo de la navaja, en los dos mundos, el político y el económico, en los que se movió como pez en el agua. No pocas veces entremezcló ambos mundos, a punto tal que le hizo merecedor a severas críticas que nunca llegó a aclarar, y que su muerte se llevó.

La derecha política nunca pudo considerarlo como uno de los suyos en el más pleno sentido de la palabra. Lo vio siempre como un afuerino por su origen demócratacristiano. Mal que mal, su padre fue uno de los fundadores de la DC. A esto cabe agregar que tuvo la osadía de haber declarado que para el plebiscito del 88, donde se definía la continuidad del innombrable, optó por el NO. A codazos logró abrirse paso en el seno de la derecha y llegar a ser candidato presidencial dejando en el camino a Lavín, entonces candidato de la derecha más dura. Y su elección como presidente de su primer gobierno se vio facilitada por la aparición de Marco Enriquez-Ominami (MEO), quien le propinó un golpe mortal a la candidatura de Frei Ruiz-Tagle en su intento de reelección. Por entonces ya la Concertación mostraba signos de agotamiento.

Tampoco el clásico empresariado nacional lo consideró como uno de los suyos. Más que un emprendedor, entendido como un creador de nuevas empresas, se le vio como un especulador, como un financista, un comprador-vendedor, con ojo de lince. Un personaje de una inteligencia superior, que se “las sabía todas”, que estaba al cateo de todo, capaz de anticiparse, en base a información privilegiada o no, de las oportunidades que el mercado, tanto político como económico-financiero, le ponía por delante.

La derecha le debe mucho a Piñera. Gracias a él pudo volver a reunir los votos que le permitieron acceder democráticamente a la presidencia, no una vez, sino dos veces. Anteriormente, por la vía democrática solo había alcanzado la presidencia en 1958, con Jorge Alessandri, postulado entonces como candidato “independiente”.

Para los efectos de las próximas elecciones presidenciales en menos de dos años más, Piñera como animal político que era, seguía vigente en todo el sentido de la palabra, en una suerte de estado de “reserva” a la espera del devenir de las candidaturas de Evelýn Matthei y José Antonio Kast, siempre dispuesto a lanzarse al ruedo. Su intempestivo fallecimiento cercenó su opción.

Tras la muerte de todo ser humano existe la tendencia a resaltar lo positivo de su paso por este mundo terrenal. Es bueno y sano que así sea, siempre y cuando no se nos pase la mano, esto es, sin exagerar mayormente. Por momentos, a la luz de lo que está apareciendo en las redes sociales, tengo la sensación de que unos lo están santificando, así como otros, demonizándolo. Por mi parte, me resisto a lo uno y a lo otro.

febrero 02, 2024

La racionalidad humana desafiada

Foto de Tengyart en Unsplash

Nos asumimos como seres racionales y nos escandalizamos, ponemos el grito en el cielo cuando observamos conductas, acciones o comportamientos inadecuados, los que solemos calificar de irracionales. Por lo mismo se asumen como excepcionales, de ocurrencia esporádica, puntual. Así el menos se asume a la hora de estudiar al ser humano. Se teoriza sobre la base que el grueso de nuestras decisiones sigue una lógica dada por la racionalidad dictada por los intereses individuales que nos mueven. De hecho, la teoría económica clásica supone un comportamiento racional de nuestra parte a la hora de concurrir al mercado.

Sin embargo, en la práctica, en la vida real, no parece ser así. La racionalidad tiende a ser empañada, en no pocas ocasiones, por la emocionalidad. De otra manera no sabría cómo explicar casos que la existencia diaria nos pone por delante.

Uno de estos es el caso de la reciente concurrencia de más de 30 mil personas al estadio monumental de Colo Colo, no para presenciar un partido, sino para observar la llegada desde las alturas, desde el cielo, en un helicóptero, de un jugador de futbol, Arturo Vidal.

Posteriormente un disfrazado caballero del medioevo ingresa a la cancha para investirlo como rey, alias el rey Arturo. Investido como tal, se dio el lujo de dar una vuelta olímpica alrededor de la cancha, montado en un caballo con una corona en su cabeza. Seguramente uno de su propiedad. No pudo contener la emoción ante los vítores que le prodigaba el público. Mal que mal estuvo poco menos de dos décadas jugando en el extranjero, en equipos de primera línea.

Todo un pueblo dándole la bienvenida a una de las estrellas más conspicuas de una generación dorada y que al mismo tiempo ha sido protagonista de más de un escándalo. Recaló en el equipo de sus amores no sin que antes existieran rudas negociaciones. Estamos en presencia de un caso en el que se combina el negocio puro y duro, la racionalidad elevada a su máxima expresión, con la emocionalidad con que se aspira atraer a los hinchas del futbol. Habrá que ver en qué termina este cuento.

En los últimos días de cada mes, al igual que en los primeros días del mes siguiente al vencimiento del plazo para renovar la revisión técnica de los vehículos motorizados, delante de muchas Plantas de Revisión Técnica (PRT) constatamos la existencia de largas filas de vehículos. La racionalidad nos dice que para evitar estos tiempos perdidos debemos anticiparnos, programarnos para no dejar estas actividades para última hora con las molestias y pérdida de tiempo consiguientes. La irracionalidad de nuestro comportamiento nos juega una y otra vez una mala pasada. Lo mismo para los efectos de los pagos de cuentas, de los permisos de circulación, de los pagos de impuestos, etc.

Estos dos casos, así como tantos otros, me hacen poner en duda que seamos racionales en nuestro comportamiento como homo economicus, tal como pregonan los economistas clásicos. 

 

enero 27, 2024

Milei, un tiro al aire

Foto de Fernando Távora en Unsplash

Nunca imaginé que un personaje como Milei fuese elegido por los argentinos como presidente. Su discurso, su personalidad, sus apariciones y reacciones destempladas, junto a sus antecedentes escapaban a toda lógica, a toda racionalidad, a toda normalidad. Tenía todas las características del outsider, de quien va a contracorriente. Pero sintonizó con el contexto imperante, con la indignación y el profundo malestar imperante entre los argentinos que están con el agua hasta el cuello. Irrumpió con todo, se echó al hombro a la derecha tradicional, superando con creces a Patricia Bullrich, la candidata de Macri, y a Massa, el candidato del peronismo. Pocos, con dos dedos de frente, imaginaron su triunfo.

Ganó arremetiendo, con motosierra en mano, contra toda la clase política, contra la casta, no solo la peronista, también contra la casta macrista. Ganó emulando el discurso y la gestualidad de Hitler en los años 30 del siglo pasado, en Alemania, contra la república de Weimar, cuando la clase política se vio sumida en una crisis económica y social, expresada en una inflación desbordada que los partidos políticos de entonces se vieron incapaces de resolver. Ganó asegurando, enfatizando que el “ajuste, el costo de sus políticas las pagaría la casta.

A poco más de un mes de asumir la presidencia argentina, Milei ha tratado de partir con todo, de disparar todos sus dardos de un viaje aprovechando que el peronismo está por los suelos, groggy, en riesgo de knock out. Ganó precisamente con ese discurso, que acá no caben las medias tintas ni gradualismo alguno. Y pone como ejemplo al gobierno de Macri cuyo gradualismo lo terminó por esterilizar. De allí que se la está jugando por una política de shock, como la que aplicó en Chile el innombrable, hace ya 50 años atrás.

Una política de shock que los chilenos conocemos muy bien, que abra los mercados de par en par, que libere el comercio exterior de toda regulación, que recorte drásticamente el gasto público, excepto los asociados al poder armado -militar, marino y aviador- que garanticen los sagrados derechos de orden y propiedad. Una política de shock que se eche al bolsillo los derechos humanos, donde los dueños del factor capital dominen sin contrapeso alguno a los dueños del factor trabajo, esto es, los trabajadores.

Pero para eso se requieren poderes dictatoriales, o un congreso dócil, trabajadores sin capacidad de reacción, y una ciudadanía entregada. En eso están Milei y los argentinos: en la pulseada, en el gallito. En ver quien gana. En todo caso los argentinos pareciera que ya se están percatando que el ajuste no lo pagará la casta, ni la oligarquía, ni los poderosos de siempre, como creían cuando eligieron a Milei, sino que ellos mismos.

Por el momento Milei está pidiendo al congreso argentino que le den chipe libre para hacer y deshacer todo a su pinta, la de quienes están tras él. Es su primer escollo. Si no logra superarlo por las buenas, tendrá la tentación de hacerlo por las malas, pasando a llevar la institucionalidad democrática. Algunos dicen que es el clásico chanta, un charlatán de tomo y lomo, un libertario anarquista o un anarquista libertario. Asistió al último foro de Davos, la cumbre del capitalismo, para afirmar que el mundo está en peligro, no por el cambio climático, sino por el socialismo. Los argentinos tienen la palabra.

enero 15, 2024

Entre halcones y palomas

La persistente negativa de parlamentar políticamente de igual a igual entre dos actores en pugna es un fenómeno clásico cuando una de las partes siente que tiene a la otra en el bolsillo, que puede hacer, o trapear, lo que quiera con ella. la racionalidad imperante pareciera decirnos que es de tontos sentarse a conversar de igual a igual cuando una de las partes tiene poderes, capacidades que el otro no tiene. Llega a ser natural que quien tiene más poder, más capacidad, impone las condiciones dejando de lado otras consideraciones, particularmente las que tienen relación con la justicia, con lo que es razonablemente justo, con ponerse en los zapatos del otro.

Bajo esta lógica, tenemos un mundo en el que pareciera que la guerra fuese un estado permanente. Si bien, copan las portadas de los medios de comunicación dos guerras, la de Rusia en Ucrania y la de Israel en Gaza, lo que tenemos actualmente, según organismos internacionales que monitorean la realidad a nivel global, son 58 guerras, las que afectan al 15% de la población mundial.

Esta disposición proclive a zanjar conflictos por la vía de las armas ha sido fatal y seguirá siéndolo. Todas las victorias que se obtengan serán pírricas. Frente a contingencias de este tenor, la dirigencia política, militar, empresarial, al igual que la opinión pública tiende a dividirse entre palomas y halcones. Los primeros con propensión a conversar, los segundos, a rehuir todo diálogo, a imponer todo el peso de la ley, o de las armas. Suelen triunfar, en el corto plazo, los halcones. Sus propuestas energizan, aparentan seguridad, resolución, a diferencia de las posturas de las palomas.  

Al escribir estas líneas no puedo dejar de recordar a Jimmy Carter, uno de los primeros mandatarios estadounidense que fracasó en su intento de reelección por su imagen de paloma, de blandengue, de ingenuo, y no la de duro que suele atraer más votos. Ser valiente, a mi entender, en estas circunstancias, aun teniendo toda la fuerza del poder militar, es sentarse a conversar de igual a igual sin asomo de pisotear a quien se tenga al frente. La convivencia humana y el bienestar de todos así lo exige.

No es un misterio para nadie que en lo inmediato los halcones tienen todas las de ganar, porque se inclinan a “cortar por lo sano” todo conflicto, pero en el largo plazo los triunfos que alcancen tienden a ser frágiles, por el simple hecho de que se obtuvieron aplastando a los rivales aprovechando una determinada correlación de fuerzas, la que en cualquier minuto puede revertirse. Correlación de fuerzas que no solo incluye el peso del poder duro -militar y/o económico-, sino que el blando -el del sentido común, el de la justicia-, que no es menor. Pero no van a las causas o raíces de los conflictos. Apagan fuegos, no las brasas.

El predominio de la mentalidad de los halcones no es gratis, puesto que es el que conduce a una realidad donde “una bomba que cuesta 100 mil dólares, lanzada desde un avión que cuesta 100 millones y vuela a un costo de 42 mil dólares por hora para matar a gente que vive con menos de un dólar diario” como señalara recientemente Stefanos Kargakis, un destacado ingeniero eléctrico y electrónico griego. Como para agarrarse la cabeza.

En síntesis, la prepotencia existente en el mundo que vivimos, en el que prima la lógica de “arreglar un entuerto a como dé lugar”, nos cuesta caro. Lo vemos a diario. Las guerras se enmarcan en este sino, en pensar que la seguridad que todo ser humano ansía, se resuelve a punta de sembrar más y más inseguridad, que es la tesis de los halcones. Ejemplos tenemos por doquier. Israel, desde su creación, a punta de pretender más seguridad, de la mano de los halcones que la gobiernan, se halla sumida en una quemante inseguridad.

En España, el grupo terrorista vasco, ETA, nacido en tiempos de Franco, no pudo ser destruido por la dictadura imperante. Fue la democracia, de la mano del PSOE, que pulso a pulso, logró desarticularlo e insertar su vertiente política Herri Batasuna, hoy Bildú, dentro de la política democrática, abandonando las armas con la oposición de los duros, de los halcones.

Y para no ir más lejos, en nuestro país, el conflicto chileno-mapuche se rehúye, se niega, como si ya estuviese todo oleado y sacramentado, clásica postura de quienes se resisten a parlamentar. Del predominio de la visión de los halcones sobre las palomas.

A los halcones les gusta jugar al todo o nada, por lado y lado. Tanto por la izquierda como por la derecha, por el opresor como por el oprimido, por el victimario como por la víctima. Esta visión del todo o nada, si bien puede parecer exitosa en el corto plazo, a la larga no lo es. Chutea la pelota para más adelante. No atender, escuchar, analizar en su momento la mirada del otro, no es gratis.

No pocos en el mundo, claman por soluciones drásticas, a lo Bukele, erosionando con ello una democracia ya debilitada. Soluciones que no son tales. Son escapes, no son soluciones mientras no vayamos al fondo de los problemas que nos aquejan. Pero atraen, apelan a emociones, aplastando la racionalidad. Y así está el mundo, armado hasta los dientes.


enero 07, 2024

Haciendo lobby

Foto de Alyson McPhee en Unsplash

En Chile se descubrió una reunión en casa de quien fuera alcalde de las comunas de La Florida y Santiago, Pablo Zalaquett, de la UDI, ahora lobista, esto es, una persona dedicada a influir, interceder por intereses de terceros ante instancias de decisión. Una reunión a la que fueron invitados ministros de gobierno y empresarios. Reunión entre distintas autoridades de gobierno y dirigentes empresariales que fue precedida por otras. Ahora se supo.

Es la clásica cocina de la que hablaba el chico Zaldívar años atrás cuando afirmó que había problemas cuya resolución no podían hacerse de cara a la opinión pública, porque “en estas cosas no todo el mundo puede estar en la cocina, ahí muchas veces está el cocinero con algunos ayudantes, pero no están todos, no pueden estar todos, es imposible”.

Para regular esto existe una ley de lobby. Estas reuniones son legales en la medida que se registren, de modo que se transparenten. Sin embargo estas reuniones no fueron registradas. Se descubrieron por una investigación periodística. La vocera de gobierno, Camila Vallejo, del PC, sin arrugarse siquiera declaró que no hay nada malo en esto, que son invitaciones para intercambiar conocimientos, ideas, dialogar, conocerse más, etc. Lo curioso es que en el gobierno no está la derecha, sino que el FA y el PC, que siempre vio con malos ojos este tipo de contactos a espaldas del pueblo, que llegó para cambiar estas prácticas.

A punta de costalazos el gobierno, y las fuerzas que lo respaldan, particularmente las del FA-PC se está percatando que otra cosa es con guitarra. De ahí las contradicciones que de tiempo en tiempo observamos en un gobierno prisionero de sus palabras, de su juventud e inexperiencia que intentan sortearse desde sectores de la Concertación (PS-PPD-PR y DC), no siempre con éxito. Estamos ante un gobierno que nació con propósitos refundacionales y que está sufriendo en carne propia que la necesidad tiene cara de hereje.

Hoy, hacer lobby es una profesión más para ganarse la vida, que habla de las gestiones que realizan personas o instituciones para promover, defender o representar intereses particulares, o bien para influir en las decisiones que en el ejercicio de sus funciones deben adoptar autoridades o funcionarios. Se dice lobista a quien hace lobby, expresión inglesa cuyo significado en español es vestíbulo de un edificio público, antesala.

No cualquiera puede hacer lobby. Hay que tener cualidades muy específicas, muy buena mano, contacto, influencias en los centros de poder, llegada a personajes que cortan el queque, tener santos en la corte.

Para regular esto que existe, nos guste o no, existe lo que se llama una ley de lobby que “legaliza” estos contactos en la medida que “se registren” estas reuniones y sus contenidos, aunque nunca se sabrá si fuera de las conversaciones registradas no existen otras, de trastienda. En términos de cocinería hay recetas donde aparecen todos los ingredientes y sus cantidades, acompañadas de los respectivos pasos a seguir para la preparación de la comida. Pero no siempre siguiendo la receta se consigue el sabor del plato que se está preparando. Hay secretos que no aparecen en la receta, pero que le dan la enjundia al plato. Son los secretos de la abuela.

enero 05, 2024

Futbol: Chile en busca de entrenador

Foto de Emilio Garcia en Unsplash

Chile se encuentra en proceso de búsqueda de entrenador luego de que el último, Berizzo, diera un paso al costado como consecuencia de los malos resultados alcanzados hasta ahora en las eliminatorias para el próximo mundial.

Estamos en el peor de los mundos, sin entrenador, sin juego definido, sin jugadores y con una dirigencia dando palos de cielo. Hemos vuelto atrás. La generación dorada fue eso y nada más, no dejó rastro ni herencia alguna, a lo más una que otra individualidad aislada, uno que otro chispazo. Atrapada en el pasado quedó una década con jugadores rutilantes que fueron grito y plata en las principales ligas europeas. Jugadores que hoy viven sus últimos días.

Atrás también quedó un juego colectivo, de ataque, inédito en la historia futbolística chilena, caracterizada por un juego arratonado, a la defensiva, temeroso, cuando la mayor cantidad de tiempo se la pasaba en su propio campo apostando al contrataque, al chiripazo. De visita, rasguñando empates que asomaban como victorias, y de local procurando ganar, aunque fuera por la mínima diferencia.

Esta historia fue rota con la contratación del loco Bielsa como entrenador de la selección chilena, hoy entrenador de Uruguay con resultados que mueven a la envidia. Bielsa le cambió el pelo al futbolista chileno.

Sí, hubo una generación de lustre, pero que sin Bielsa lo más probable que se hubiese perdido. El loco le dio otra fisionomía apostando a un futbol ofensivo, de apretar al rival desde el medio campo hacia arriba, de ir siempre hacia adelante cualquiera fuera el marcador. No por estar ganando uno o dos o más goles, retrocedían las líneas. Todo lo contrario, había que mantener el ritmo. Y eso se logró de la mano de Bielsa. Chile perdió mucho sin él. La jerarquía se mantuvo por algunos años porque los jugadores estaban, por inercia, y porque Sampaoli tuvo la inteligencia de mantener ese espíritu.

Pero después todo fue decayendo en una suerte de crónica de decadencia anunciada. Ya no pinchamos ni roncamos. Falta un trabajo de trastienda, en la cantera. Falta una visión estratégica como la que se tuvo cuando se trajo a Bielsa. Falta una política de deportes, de masificación. Falta una dirigencia incorruptible, transparente, más interesada en sacar adelante al futbol profesional que en hacer crecer sus bolsillos, y con una visión de largo plazo.

De lo expuesto se deduce que el tema es más complejo que el de la mera búsqueda de un entrenador. Lo que quizás debiéramos buscar es una nueva dirigencia con la película clara. Con las cosas como están, da lo mismo a quien traigan porque al paso que vamos solo un milagro posibilitará la clasificación de Chile al próximo mundial. Y en futbol, así como en tantas partes, los milagros no existen. No nos engañemos.

enero 02, 2024

Partió el 2024

Foto de BoliviaInteligente en Unsplash

Acaba de partir un nuevo año e inevitablemente se renuevan las esperanzas, los buenos deseos. Es consustancial a nuestra naturaleza y es positivo que así sea. Más positivo sería que se concretaran, lo que lamentablemente ya es otro cantar.

A propósito de esperanzas, recuerdo que por los años 90, en una reunión partidaria en la Hostería Arica, siendo presidente del PPD-Arica y con la asistencia del presidente nacional del PPD, Sergio Bitar, en mi alocución hice alusión a la necesidad de recuperar la esperanza en favor de un mejor destino para Arica.

Inmediatamente después tomó la palabra Sergio para rebatirme por hacer referencia a una expresión “esperanza” que denota una actitud pasiva, de espera, en circunstancias que debíamos tomar el destino en nuestras manos. Nada de “esperar”, es imperativo actuar, elevar propuestas, proponerlas, debatirlas, contrastarlas, pelear por ellas. Todo esto supone algo muy distinto a esperar.

Se vivían los primeros años de transición a la democracia y Arica se encontraba vapuleada por una dictadura que nunca ocultó su preferencia por Iquique. La primera experiencia regionalizadora del país, la Junta de Adelanto de Arica (JAA) había sido borrada del mapa. Y cuando en 1974 se divide el país en regiones, la primera región incluyó los provincias de Arica e Iquique, además de las del altiplano, decretándose como capital a Iquique en desmedro de Arica que la doblaba en tamaño poblacional. Y como broche de oro, en 1976, el innombrable crea la zona franca de Iquique (ZOFRI), dejando en el abandono a Arica. Cuesta entender esta indisimulada preferencia por Iquique. Algunos afirman que razones geopolíticas están tras estas decisiones inconsultas.

Me he permitido recordar esto, a 30 años de entonces, como una suerte de invitación a asumir con nuestras manos el futuro, para dejar de depender de los planteos de terceros, dejar de esperar. Esto supone participar, integrarse, activarse, organizarse. Quizás éste sea uno de mis mayores deseos. Reactivar nuestra pertenencia a una sociedad donde el individualismo pareciera primar con menoscabo de lo colectivo.

Los sindicatos ralean, las asociaciones no viven sus mejores días. Es imperativo recuperar nuestra capacidad de integración, de reverdecer juntas de vecinos, a los sindicatos, a los centros de madres, de adultos mayores, centros de alumnos, reuniones de apoderados. Dejar de esperar que sobre nosotros caigan dádivas que no van al fondo de nuestros problemas.

Por ello, mi mayor deseo para este año es que nos empoderemos, que nos paremos en las hilachas, que asumamos nuestras responsabilidades, que seamos más exigentes con las castas políticas, económicas y de cualquier otro orden.    

De lo contrario me temo que seguiremos esperando, que seguiremos chuteando la pelota para más adelante, que de tiempo en tiempo nuevos estallidos nos remecerán.

Salud! 

diciembre 22, 2023

Intentando cuadrar el círculo

Foto de Chaitanya Tvs en Unsplash

Muchos han querido ver en los resultados del último plebiscito una suerte de crítica a un mundo político que no atina, incapaz de resolver los problemas reales que afectan a las personas. No descarto que así sea, pero creo que los resultados dicen algo más, que revelan un desconcierto generalizado. Como que anduviéramos dando palos de ciego. Intentaré explicarme.

El tema constitucional partió desde el minuto cero, cuando se promulgó la constitución del 80 en base a un plebiscito fraudulento, sin registros electorales, en el contexto de una oposición diezmada, relegada a las catacumbas, en una contienda electoral absolutamente desigual de todo orden, rematado con un voto en que las opciones estaban representadas por una bandera chilena y una bandera negra. como que no había por donde perderse.

Desde entonces se ha bregado por modificarla con éxitos parciales a la medida de la derecha, la que se había asegurado su derecho a veto vía senadores vitalicios, designados, sistema electoral binominal, y quórums calificados. todo estaba amarrado y bien amarrado. Los desamarres comenzaron a darse a conveniencia de la derecha. Los senadores vitalicios se levantaron cuando la derecha vio que ya no le convenía, y lo mismo con los senadores designados. Y así, a paso de tortuga se logró ir avanzando, pero manteniendo siempre las bases, la esencia del modelo neoliberal instalado a sangres y fuego. El mismo que hoy Milei pretende instalar en Argentina, así como Fujimori en Perú.

Si bien la constitución actual, luego de sucesivas modificaciones, si bien ha cambiado sus bases políticas originales, mantiene sus bases económicas primigenias. Bases que se han intentado modificarse sin éxito hasta ahora.

La explosión social del año 2019 motivó un acuerdo que derivó en la necesidad de un cambio constitucional que posteriormente fue refrendado en un plebiscito donde por amplia mayoría el país quiso que nos abocáramos a elaborar una nueva constitución.

Se eligió una convención donde los representantes de los partidos políticos fueron barridos, eligiéndose mayoritariamente convencionales provenientes de movimientos sociales. Resultado expresivo de la desconfianza existente en la clase política. El fruto de esta convención fue una propuesta convencional ampliamente rechazada por la ciudadanía, al parecer, por estar pasada para la punta izquierda.

Posteriormente se emprende un segundo proceso constituyente donde la ciudadanía tiene la oportunidad de elegir nuevamente a los consejeros responsables de redactarla. Además, se adoptaron resguardos para que no se salieran de madre. A la hora de elegir a los consejeros constitucionales, sorpresivamente la extrema derecha alcanzó una holgada mayoría, que junto con la derecha, les permitiría elaborar una constitución a su pinta, dejando de lado la propuesta constitucional que un consejo de expertos había logrado armar con acuerdo de todos los sectores, de un extremo a otro. La derecha no resistió la tentación, la oportunidad, gracias a su mayoría, de hacer la constitución que querían, una que en el fondo consolidara, apretara las clavijas sueltas de la constitución actual. Se fueron para el otro extremo respecto de la convención anterior. Sometido al plebiscito la ciudadanía volvió a rechazarla.

¿Qué significa todo esto? Los resultados señalan que la ciudadanía no quiere la constitución actual, tampoco la que salió del primer proceso constituyente, no la que salió de este segundo proceso. Uno se puede preguntar ¿por qué? Sospecho que porque las dos constituciones elaboradas son extremas, dividen en vez de unir.

La paradoja reside en que a la hora de elegir a quienes debían elaborar la constitución, en ambos procesos, elegimos a convencionales y consejeros que preconizaron posturas extremas aprovechando las mayorías alcanzadas. No se aguantaron de pasar máquina. La contradicción que visualizo reside en que queremos una constitución que una, una constitución para todos, pero elegimos convencionales o consejeros que solo quieren llevar agua a su molino. 

Queremos una constitución moderada, pero para elaborarla elegimos consejeros que se atrincheran. Así es imposible. Es como intentar cuadrar el círculo. Como para pensar que el problema no es solo de la clase política, sino de nosotros mismos.

diciembre 18, 2023

Un nuevo fracaso constituyente

Las razones de la derrota de la nueva propuesta constitucional, las centro en 3. Una, cuando la presidenta del Consejo Constitucional, una republicana de cepa alemana, al hacer entrega de la propuesta constitucional, dio un largo discurso en el que invitó a “los verdaderos chilenos” a aprobarla, a votar a favor. Esto se prestó para que los cerebros del En Contra celebraran la infortunada frase que implícitamente sostenía que quienes no votáramos A Favor seríamos unos “falsos chilenos”. La soberbia metió su culebra.

Dos, los genios publicitarios de la derecha acuñaron la expresión “que se jodan” a quienes votáramos En Contra, lo que se convirtió en un boomerang porque empezó a ser usada en las redes sociales: “que se jodan ellos”, “que se jodan los narcotraficantes”, “que se jodan los corruptos de cuello y corbata”, etc.

Tres, en el tramo final de la campaña, a medida que se estrechaban las cifras que arrojaban las encuestas, los genios publicitarios de la derecha machacaron en todas las radios, urbi et orbi, el grito “Boric vota en contra, Chile vota a favor” como una forma de aprovechar la baja popularidad de Boric y tratando de que el plebiscito fuese en torno a él y su gobierno, y no sobre la constitución que se estaba proponiendo.

¿Resultado? Fracaso total, fueron por lana y salieron trasquilados. Les salió el tiro por la culata. Tal como les ocurrió en el proceso anterior a los oponentes.

Si bien existen otras razones más de fondo para explicar el triunfo del En Contra, me he centrado en ellas porque creo que ilustra la soberbia que impregnó a la derecha, particularmente a los republicanos que no resistieron la tentación de meter mano en la propuesta que había salido del consejo de los expertos, que había logrado aunar criterios de moros y cristianos, desde todos los sectores políticos, incluidos republicanos y comunistas. Una farra descomunal. Cayeron en el mismo pecado en que incurrieron los representantes de los movimientos sociales en la convención constituyente pasada que también terminó en un rotundo fracaso. Algunos sacan cuentas alegres al mantenerse la constitución actual.

Ojo, no olvidar que cuando la ciudadanía ha tenido la oportunidad de expresarse, ha dicho claramente que no le gusta ni la constitución que tenemos, ni las dos que nos han propuesto. Ya llevamos dos intentos fallidos de cambio constitucional. Ya no hay ánimo para otro proceso, al menos en el corto y mediano plazo. El país necesita un respiro, abocarse a la resolución de los problemas y dejar de andar dibujando el país que queremos. Pero en algún minuto va a querer volver a hacerlo, al menos mientras no tengamos una constitución que no nos divida, que nos una, que dibuje la casa de todos(as).

diciembre 16, 2023

¿Síntomas de vejez?

Foto de Oziel Gómez en Unsplash

Hoy fui al centro. Tenía varias tareas, las que anoté para que no se me olvidaran:

1) ir al taller de reparación de zapatos para buscar unas sandalias mías junto con zapatos que Cielo también había dejado para cambiar sus tacos; 2) comprar una ampolleta para un viejo visor de diapositivas portátil que tengo pensando que estaba mala; 3) comprar pilas para mi audífono; 4) comprar los remedios recetados por mi otorrinolaringólogo para hacerle frente a una supuración en mi oído derecho.

Todo bien, con tres salvedades.

Una, que cuando llegué a casa Cielo me reclamó que solo traje un par de zapatos en circunstancias que ella había dejado para arreglar dos pares. No tenía idea, había ido al taller de reparación de calzados con el ticket que me dio Cielo y me dieron un par de zapatos. Gran escándalo. Tendré que ir de vuelta al centro para reclamar el par faltante. Por la congestión vehicular es toda una odisea ir al centro. Sufro cada vez que voy y eso explica que cuando voy intento matar varios pájaros de un tiro.

Dos, compré los remedios, pero la receta quedó en la farmacia y en la receta están las dosis, los días y la frecuencia con que debo tomarlos. Ahora estoy intentando comunicarme con la consulta del doctor para ver si me puede enviar una nueva receta por whatsapp.

Tres, tuve que recorrer medio centro para encontrar las ampolletas y una vez que la encontré, la probé, y no funcionó. Compré también las pilas requeridas por si las que tenía estaban descargadas, volví a probar, y nada. Volví a casa con la intención de emitir un acta de defunción al visor por obsoleto, cuando se me ocurre limpiar los terminales de contacto por si estuviesen oxidados, lo pruebo y ¡eureka! El visor resucitó en gloria y majestad con las pilas y la ampolleta nueva. Vuelvo a probarlo con la ampolleta y las pilas que tenía, y también funciónó. No podía creerlo. Toda una acuática, o varias vueltas de carnero por el aire, para que finalmente funcionara el visor.

Todo este vía crucis ¿a qué se debe? Sospecho que por viejo.

 

diciembre 13, 2023

En la recta final

Foto de Luke Stackpoole en Unsplash

El próximo domingo 17 de diciembre deberemos pronunciarnos en torno a una propuesta constitucional, la segunda después de un primer proceso constituyente frustrado. Ahora se corre el riesgo que sufra igual suerte, por las mismas razones que el anterior. Razones que por lo demás parecieran subsistir: no ser una constitución que una, sino que nos divide; o que no sería la casa de todos a la que decimos aspirar; o que no sería hecha “con amor”; o solo para los “verdaderos chilenos”.

Cualesquiera sean los resultados en la noche del domingo inmediatamente anterior a la del nacimiento del Señor, ellos representarán un fracaso mayúsculo para el país: su incapacidad para enarbolar una constitución que congregue, que sume, que acoja. Lo más probable que los resultados sean estrechos, no apabullantes, señal inequívoca de un país partido en dos mitades, donde una sobrepasa a la otra por razones circunstanciales. La constitución que emerja, la que tenemos o la que se nos propone, nacerá legitimada, pero débil, sin lugar a dudas.

A pesar de ello, es claro que no hay espacio para un tercer proceso constituyente, aunque inevitablemente el debate constitucional siga abierto. En ningun caso se cierra totalmente como proclaman unos u otros. Hay cansancio, desazón, sentimiento de pérdida de tiempo, de haber desperdiciado una preciosa oportunidad, de habernosla farreado. Será necesario hacer un alto, dar vuelta la página. Si algo hemos aprendido a lo largo de estos años es lo difícil que resulta la convivencia, el debate con altura de miras, ponernos de acuerdo.

A lo largo de estas semanas, las mentiras de todo orden han circulado al por mayor, particularmente en las redes sociales, las que están siendo manipuladas inescrupulosamente por los más diversos grupos. Nunca imaginé que las redes sociales serían espacios de difusión de odiosidades. Siempre creí que contribuirían a fortalecer la democracia al posibilitar el acceso de los más diversos sectores a información que de otro modo no tendrían.

Lo que ha ocurrido, desafortunadamente, es todo lo contrario, dado que las distintas plataformas –facebook, instagram, twitter y otras- han servido para difundir como reguero de pólvora mentiras, o mediasverdades, destinadas a confundir, a desinformar, a engañar. Con ello distorsionan la voluntad popular al reducir la capacidad de discernir por parte de las personas proveyendo información falsa. Ya pocos saben para quién trabaja uno. Me hace recordar la publicidad a la vena que se nos inyecta a diario para que consumamos lo que no necesitamos, pero que creemos necesitar, distorsionando con ello nuestro perfil de consumo. O las recetas milagrosas para adelgazar.

Una democracia en el más pleno sentido de la palabra exige que por un lado tengamos frente a nosotros tengamos opciones claras, discernibles, presentadas en igualdad de condiciones sin financistas bajo cuerda que nos apabullen con publicidad. Y al otro lado tengamos ciudadanos, esto es personas con capacidad para analizar, sopesar, evaluar las distintas alternativas en juego. En síntesis, que a un lado no existan quienes tengan la voluntad de engañar, y al otro lado, no existan personas capaces de ser engañadas una y otra vez. Estas condiciones parecen ser una quimera inalcanzable. En este contexto, la democracia es devaluada.

La noche del próximo domingo, Chile seguirá siendo Chile. Nadie podrá cantar victoria. La corrupción, la inseguridad y el narcotráfico no se acabarán en tanto no seamos capaces de unirnos para combatirlos. Mientras cada uno quiera llevarse la pelota para su respectiva casa, sin capacidad para llevarla a una casa común construida por una abrumadora mayoría, estamos fritos.

diciembre 04, 2023

La letra chica (parte 2)

En mi columna anterior esbocé dos razones por las que considero que la propuesta constitucional que se plebiscitará es una constitución tramposa, o lo que es lo mismo, tiene mucha letra chica: una, fortalece las AFP al constitucionalizarlas; y dos, los impuestos que pagamos no pueden estar afectos a un destino en particular, excepto si se destinan a la defensa nacional, esto es, a las FFAA, dejando fuera cualquier otro gasto, entre ellos, la educación y la salud. Por mayores detalles sugiero leer mi columna La letra chica (parte 1).

En esta ocasión me referiré a las limitaciones que la constitución que se nos propone tiene en el campo de la salud. A pesar de la crisis que viven las isapres, las eterniza, constitucionalizándolas, en circunstancias que la experiencia señala que han sido incapaces de proveer salud a toda la población, tal como las AFP han sido incapaces de proveer las jubilaciones que prometieron cuando fueron creadas. En ambos casos, la constitución que se nos propone lo único que hace es consolidar el sistema vigente, caracterizado por su extremo individualismo, donde cada uno se debe rascar con sus propias uñas sin el más mínimo decoro.

El artículo 16, numeral 22 y letra b afirma que “Cada persona tendrá el derecho a elegir el sistema de salud al que desee acogerse, sea este estatal o privado”. ¿Dónde está la trampa? En que este derecho a elegir está sujeto a la disponibilidad de recursos económicos de cada uno, esto es, incentiva un sistema de salud dual a la medida del bolsillo de cada uno: uno, para quienes tienen altos ingresos; y otro, para el resto de los chilenos.

Extrema la política de que con plata se compran huevos, en este caso particular, con plata se compra no tener que estar en lista de espera para una eventual operación. Y hasta de esto último se puede dudar. El resto se las tiene que arreglar en base a solidaridad entre los suyos, a punta de bingos y/o completadas perpetuando la desigualdad en el acceso a los servicios de salud. En síntesis, perpetúa el individualismo al impedir la construcción de espacios de solidaridad institucionalizada.

La clásica grieta, donde en vez de promover su disminución, se tiende a agudizar. Quizás eso quisieron decir cuando la presidenta del consejo constitucional se dio el lujo de hablarle a los “verdaderos chilenos”. Los demás seríamos unos falsos chilenos, los humanoides.

Por eso se dice que constitucionaliza las isapres, las consagra, consolidando el modelo neoliberal en que estamos sumergidos. Esto es, va en la dirección contraria de aquella por la cual el país quería cambiar la constitución. En términos de tránsito vehicular, vamos a contramano.

Por esto y mucho más, no me pierdo: voto EN CONTRA.