En la parte 1 de esta serie (leer) hice alusión a las definiciones que se dan a inteligencia artificial (IA) y cuales fueron mis primeros pasos en esta dirección, cuando recién asomaban los primeros indicios de lo que se estaba pariendo.
En esta ocasión me tomé la libertad de pedirle a IA, ya no recuerdo si a Gemini o Chatgpt, que me
escribiera un texto de no más de 500 palabras, en el que se haga alusión a los
cambios que deben implementarse en la educación por la irrupción de la IA.
En un dos por tres, como sin pensarlo
mayormente, me entregó una respuesta que me dejó boquiabierto. Por su velocidad
y contenido. Una velocidad asombrosa y un contenido que muy probablemente, quienes
me leen, si hubiese dicho que lo escribí yo, muy probablemente me lo creerían.
Acá va, entre comillas, lo escrito por
IA:
“La irrupción de la inteligencia
artificial en la vida cotidiana no es una tendencia pasajera; es una
transformación estructural. Ante este escenario, el sistema educativo no puede
limitarse a ser un espectador pasivo ni a reaccionar con prohibiciones. La
escuela y la universidad deben evolucionar para preparar a las personas en un
mundo donde la creación y el procesamiento de información ya no son
exclusividad humana.
El primer cambio fundamental reside en qué enseñamos. Durante décadas, la educación priorizó
la memorización y la repetición de datos. Hoy, con herramientas capaces de
redactar ensayos o resolver problemas complejos en segundos, retener
información perdió valor estratégico. El foco debe desplazarse hacia el
desarrollo del pensamiento crítico, la alfabetización digital y la capacidad de
formular preguntas precisas. Aprender a evaluar la validez de los resultados
generados por una máquina y detectar sesgos es ahora una habilidad
indispensable.
En segundo lugar, se vuelve urgente reformar los métodos de evaluación. El modelo
tradicional basado en tareas escritas para la casa o exámenes reproductivos ha
quedado obsoleto. Las evaluaciones deben priorizar el proceso sobre el
resultado final: defensas orales, proyectos prácticos, debates en el aula y
resolución de problemas en tiempo real. La inteligencia artificial debe
integrarse como un tutor o asistente de trabajo, evaluando cómo el estudiante
interactúa con la tecnología, cuestiona sus respuestas y aporta su propio
criterio personal.
Por último, la formación docente es el pilar central de esta
transición. Los educadores necesitan acompañamiento y capacitación continua
para perder el miedo a estas herramientas y aprender a incorporarlas en el
aula. Un docente respaldado por tecnología puede personalizar el aprendizaje
según el ritmo de cada estudiante, liberando tiempo de tareas administrativas
para concentrarse en lo más importante: la empatía, la motivación y la guía
humana.
La inteligencia artificial no reemplaza
la necesidad de aprender; redefine su propósito. El desafío de la educación
actual no es competir contra la máquina, sino formar seres humanos capaces de
pensar de manera autónoma, ética y creativa en un mundo impulsado por ella”.
Leído lo escrito por IA quise ver cómo
operacionalizaría lo propuesto, por lo que pasé a preguntarle ¿cuál
es el máximo de alumnos que deben admitirse por sala? ¿los profesores deben
dejar de impartir conocimientos que la IA puede proveerle? ¿qué impacto tiene
en las horas directas e indirectas de docencia de un profesor? en la enseñanza
media? en la universidad?
Al igual que para la pregunta
anterior, la respuesta fue casi inmediata. Acá va entre comillas:
“Estas preguntas tocan el corazón
operativo y metodológico del debate. La irrupción de la IA no solo cambia qué se enseña, sino cómo se organiza el trabajo docente
y el espacio escolar.
A continuación, abordo cada una de estas
dudas diferenciando el impacto entre la enseñanza media y la
educación universitaria:
1. ¿Cuál es el máximo de alumnos que deben admitirse por sala?
La tendencia general apunta a reducir el tamaño de los grupos, pasando de salas
masivas a espacios de interacción directa.
·
Enseñanza Media: El máximo ideal debería rondar entre 20 y 25 estudiantes por aula.
A esta edad, el desarrollo socioemocional, la disciplina y el acompañamiento
personalizado son prioritarios. Grupos más reducidos permiten al docente
monitorear cómo cada alumno interactúa con las herramientas tecnológicas y
guiar su pensamiento crítico de cerca.
·
Universidad: En clases teóricas masivas (donde la IA puede actuar como tutor individual
fuera del aula), las cátedras podrían mantener grupos amplios, pero las sesiones prácticas, talleres y seminarios no deberían superar
los 15 a 20 estudiantes. La universidad debe ser un espacio de
debate, investigación aplicada y mentoría, algo inviable en auditorios saturados.
2. ¿Los profesores deben dejar de impartir conocimientos que la IA puede
proveer?
No
deben dejar de enseñarlos, pero sí cambiar la forma en que los abordan.
·
Saber el "por qué" antes de usar
la herramienta: Un estudiante no puede evaluar si una
IA le da un resultado correcto si no entiende las bases del tema. Por tanto, el
profesor sigue siendo esencial para construir los cimientos del conocimiento.
·
De la entrega pasiva a la mediación: El docente deja de ser un "transmisor de datos" (función que la
IA realiza con inmediatez) para convertirse en un curador de contenidos y
facilitador. La enseñanza ya no consiste en dictar materia, sino en
enseñar a dudar, contextualizar, verificar fuentes y conectar conceptos complejos.
3. Impacto en las horas directas e indirectas de docencia
El cambio en la evaluación y la
planificación altera drásticamente la distribución de la jornada laboral
docente:
En la Enseñanza Media
- Horas
directas (en aula): Pasan de ser expositivas a ser dinámicas. Se
prioriza el trabajo en equipo, la resolución de problemas en vivo y las
exposiciones orales para evitar el plagio automatizado.
- Horas
indirectas (fuera del aula): Disminuye el
tiempo dedicado a la corrección mecánica de guías o ensayos tradicionales
(labores donde la IA apoya en la revisión), pero aumenta el tiempo necesario para el diseño pedagógico:
crear metodologías activas, adaptar recursos y realizar seguimiento
individual.
En la Universidad
- Horas
directas (en aula): La lección magistral pierde sentido si el alumno
puede pedirle a la IA que le explique el mismo tema de diez formas
distintas. Las horas de clase se transforman en laboratorios de discusión,
análisis de casos reales y evaluación de proyectos complejos.
- Horas
indirectas (fuera del aula): La IA automatiza
tareas administrativas, el diseño de sílabos y la generación de ejercicios
base. Esto libera tiempo indirecto para que el
académico se dedique a la investigación, la actualización
constante de sus contenidos y las tutorías personalizadas (mentoring) para orientar el perfil profesional del
estudiante”.
Hasta acá la respuesta de IA. Como
pueden ver, impecable, todo parece lógico. Sin embargo, veo supuestos que no me
cuadran. Dado que, al desaparecer la clase expositiva tradicional o la clase
magistral, para transformarse en un espacio de discusión, de análisis de un
tema en particular, se asume que el estudiante ya conoce el tema, que lo vio en
casa gracias a la IA. qué pasa con aquellos estudiantes que lleguen a clase sin
conocer el tema?
Esta pregunta fue la siguiente que le
hice a IA. Para no agobiarles, la respuesta la veremos en una próxima columna.
Abrazo!

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