septiembre 15, 2026

La inteligencia nuestra de cada día (parte 2 de n)

En la parte 1 de esta serie (leer) hice alusión a las definiciones que se dan a inteligencia artificial (IA) y cuales fueron mis primeros pasos en esta dirección, cuando recién asomaban los primeros indicios de lo que se estaba pariendo.

En esta ocasión me tomé la libertad de pedirle a IA, ya no recuerdo si a Gemini o Chatgpt, que me escribiera un texto de no más de 500 palabras, en el que se haga alusión a los cambios que deben implementarse en la educación por la irrupción de la IA.

En un dos por tres, como sin pensarlo mayormente, me entregó una respuesta que me dejó boquiabierto. Por su velocidad y contenido. Una velocidad asombrosa y un contenido que muy probablemente, quienes me leen, si hubiese dicho que lo escribí yo, muy probablemente me lo creerían.

Acá va, entre comillas, lo escrito por IA:

“La irrupción de la inteligencia artificial en la vida cotidiana no es una tendencia pasajera; es una transformación estructural. Ante este escenario, el sistema educativo no puede limitarse a ser un espectador pasivo ni a reaccionar con prohibiciones. La escuela y la universidad deben evolucionar para preparar a las personas en un mundo donde la creación y el procesamiento de información ya no son exclusividad humana.

El primer cambio fundamental reside en qué enseñamos. Durante décadas, la educación priorizó la memorización y la repetición de datos. Hoy, con herramientas capaces de redactar ensayos o resolver problemas complejos en segundos, retener información perdió valor estratégico. El foco debe desplazarse hacia el desarrollo del pensamiento crítico, la alfabetización digital y la capacidad de formular preguntas precisas. Aprender a evaluar la validez de los resultados generados por una máquina y detectar sesgos es ahora una habilidad indispensable.

En segundo lugar, se vuelve urgente reformar los métodos de evaluación. El modelo tradicional basado en tareas escritas para la casa o exámenes reproductivos ha quedado obsoleto. Las evaluaciones deben priorizar el proceso sobre el resultado final: defensas orales, proyectos prácticos, debates en el aula y resolución de problemas en tiempo real. La inteligencia artificial debe integrarse como un tutor o asistente de trabajo, evaluando cómo el estudiante interactúa con la tecnología, cuestiona sus respuestas y aporta su propio criterio personal.

Por último, la formación docente es el pilar central de esta transición. Los educadores necesitan acompañamiento y capacitación continua para perder el miedo a estas herramientas y aprender a incorporarlas en el aula. Un docente respaldado por tecnología puede personalizar el aprendizaje según el ritmo de cada estudiante, liberando tiempo de tareas administrativas para concentrarse en lo más importante: la empatía, la motivación y la guía humana.

La inteligencia artificial no reemplaza la necesidad de aprender; redefine su propósito. El desafío de la educación actual no es competir contra la máquina, sino formar seres humanos capaces de pensar de manera autónoma, ética y creativa en un mundo impulsado por ella”.

Leído lo escrito por IA quise ver cómo operacionalizaría lo propuesto, por lo que pasé a preguntarle ¿cuál es el máximo de alumnos que deben admitirse por sala? ¿los profesores deben dejar de impartir conocimientos que la IA puede proveerle? ¿qué impacto tiene en las horas directas e indirectas de docencia de un profesor? en la enseñanza media? en la universidad?

Al igual que para la pregunta anterior, la respuesta fue casi inmediata. Acá va entre comillas:

“Estas preguntas tocan el corazón operativo y metodológico del debate. La irrupción de la IA no solo cambia qué se enseña, sino cómo se organiza el trabajo docente y el espacio escolar.

A continuación, abordo cada una de estas dudas diferenciando el impacto entre la enseñanza media y la educación universitaria:

1. ¿Cuál es el máximo de alumnos que deben admitirse por sala?

La tendencia general apunta a reducir el tamaño de los grupos, pasando de salas masivas a espacios de interacción directa.

·         Enseñanza Media: El máximo ideal debería rondar entre 20 y 25 estudiantes por aula. A esta edad, el desarrollo socioemocional, la disciplina y el acompañamiento personalizado son prioritarios. Grupos más reducidos permiten al docente monitorear cómo cada alumno interactúa con las herramientas tecnológicas y guiar su pensamiento crítico de cerca.

·         Universidad: En clases teóricas masivas (donde la IA puede actuar como tutor individual fuera del aula), las cátedras podrían mantener grupos amplios, pero las sesiones prácticas, talleres y seminarios no deberían superar los 15 a 20 estudiantes. La universidad debe ser un espacio de debate, investigación aplicada y mentoría, algo inviable en auditorios saturados.

2. ¿Los profesores deben dejar de impartir conocimientos que la IA puede proveer?

No deben dejar de enseñarlos, pero sí cambiar la forma en que los abordan.

·         Saber el "por qué" antes de usar la herramienta: Un estudiante no puede evaluar si una IA le da un resultado correcto si no entiende las bases del tema. Por tanto, el profesor sigue siendo esencial para construir los cimientos del conocimiento.

·         De la entrega pasiva a la mediación: El docente deja de ser un "transmisor de datos" (función que la IA realiza con inmediatez) para convertirse en un curador de contenidos y facilitador. La enseñanza ya no consiste en dictar materia, sino en enseñar a dudar, contextualizar, verificar fuentes y conectar conceptos complejos.

3. Impacto en las horas directas e indirectas de docencia

El cambio en la evaluación y la planificación altera drásticamente la distribución de la jornada laboral docente:

En la Enseñanza Media

  • Horas directas (en aula): Pasan de ser expositivas a ser dinámicas. Se prioriza el trabajo en equipo, la resolución de problemas en vivo y las exposiciones orales para evitar el plagio automatizado.
  • Horas indirectas (fuera del aula): Disminuye el tiempo dedicado a la corrección mecánica de guías o ensayos tradicionales (labores donde la IA apoya en la revisión), pero aumenta el tiempo necesario para el diseño pedagógico: crear metodologías activas, adaptar recursos y realizar seguimiento individual.

En la Universidad

  • Horas directas (en aula): La lección magistral pierde sentido si el alumno puede pedirle a la IA que le explique el mismo tema de diez formas distintas. Las horas de clase se transforman en laboratorios de discusión, análisis de casos reales y evaluación de proyectos complejos.
  • Horas indirectas (fuera del aula): La IA automatiza tareas administrativas, el diseño de sílabos y la generación de ejercicios base. Esto libera tiempo indirecto para que el académico se dedique a la investigación, la actualización constante de sus contenidos y las tutorías personalizadas (mentoring) para orientar el perfil profesional del estudiante”.

Hasta acá la respuesta de IA. Como pueden ver, impecable, todo parece lógico. Sin embargo, veo supuestos que no me cuadran. Dado que, al desaparecer la clase expositiva tradicional o la clase magistral, para transformarse en un espacio de discusión, de análisis de un tema en particular, se asume que el estudiante ya conoce el tema, que lo vio en casa gracias a la IA. qué pasa con aquellos estudiantes que lleguen a clase sin conocer el tema?

Esta pregunta fue la siguiente que le hice a IA. Para no agobiarles, la respuesta la veremos en una próxima columna. Abrazo!

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