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| Fuente: https://gemini.google.com/app/d32bf6a82ed8b3ce |
Estas líneas nacen a raíz de un reciente artículo de prensa en el que se da a conocer que alrededor del 97% al 98% de los funcionarios del gobierno central son calificados en la lista nº 1 (de distinción), calificación máxima.
Este
porcentaje me hizo recordar algunas experiencias personales, tanto en Arica
como en Talca, con distintas secretarias que trabajaron bajo mi responsabilidad
a lo largo de mi vida laboral. Me siento privilegiado porque las que me fueron
asignadas resultaron ser excelentes. No fueron rastreras ni trepadoras. Sencillas,
tranquilas, trabajadoras. Así y todo, mis evaluaciones tendían a ser críticas. A
mi entender no tenía sentido, en todos los atributos a calificar, evaluarlas
con la calificación máxima. Eran excelentes secretarias, pero no perfectas. Siempre
hay algo en qué mejorar, que poder hacerse mejor.
Cuando llegaba
la hora de conversar y explicarles personalmente la evaluación realizada, las
objeciones no estaban centradas en la evaluación recibida, sino en que
cotejadas con la evaluación que recibían otras secretarias, salían
menoscabadas. No dejaban de tener razón, pero así y todo les hacía ver que no
sacábamos nada con engañarnos, con inflarnos, dado que, a la larga, las
perjudicaba. Algún mal rato pasaba, pero no daba el brazo a torcer.
Lo concreto
es que no calza que casi todo el personal que presta servicios públicos sea evaluado
con calificación máxima con las persistentes quejas de mala atención por parte
de los usuarios cuando éstos deben recurrir a la prestación de servicios
públicos. Si bien una mala atención, tales como los retrasos, las listas de
espera, pueden deberse a escasez de recursos no imputables al personal que trabaja,
con todo, es contradictorio con el porcentaje de calificación máxima que
alcanzan.
Dado esto,
me tomé la libertad de preguntarle a “inteligencia artificial” (IA) sobre el
tema. Lo primero que le pregunté apuntaba a confirmar si era verdad que tantos
funcionarios públicos fueran evaluados “con distinción”. La pregunta que le
hice fue: “Sabes cuál es el porcentaje de funcionarios públicos chilenos
evaluados con calificación máxima de desempeño”.
La respuesta
me dejó atónito. No solo me la confirmó, sino que se explayó largamente. Acá
va:
“Sí, las cifras históricas y recientes muestran una
tendencia bastante constante en el sistema de calificación del Estado chileno:
Alrededor del 97% al 98% de los
funcionarios públicos del Gobierno Central son calificados en la Lista N° 1 (de Distinción), que representa la máxima
categoría de desempeño.
Detalles claves del sistema:
1. Pila de
sobresalientes: En mediciones recientes sobre
el Gobierno Central administrativo, cerca del 97,4% de los trabajadores
evaluados fue clasificado en la categoría máxima. El promedio de los
últimos años se mantiene consistentemente por encima del 97%.
2. Bono de
desempeño (PMI): En cuanto al cumplimiento de metas de
gestión vinculadas a incentivos económicos, las cifras son aún más altas,
alcanzando aproximadamente un 99% de funcionarios
que logran el tramo máximo de bonificación.
La paradoja de las evaluaciones: Este
fenómeno suele generar debate entre expertos en gestión pública y economistas,
ya que en la práctica: menos del 2% o 3% queda clasificado en
Lista 2 (Buena) o en las listas de demérito/condicional (Lista 3 o 4), que son
las que eventualmente permitirían la desvinculación de un funcionario por mal
desempeño.
Existe una fuerte resistencia o falta de incentivos
dentro de las jefaturas para diferenciar objetivamente el rendimiento, lo que
termina convirtiendo las evaluaciones en un mero trámite administrativo donde
casi la totalidad del personal obtiene la nota máxima”.
Hasta acá la respuesta recibida. Como puede verse, IA
se las trae. No son palabras menores, son palabras mayores que invitan a la
reflexión. No es llegar y creer a pies juntillas lo que nos dice, y hay aseveraciones que no debemos pasar por alto. Y por lo mismo, invitan a desarrollar
pensamiento crítico.
En la próxima columna incluiré lo que nos escribió “nuestro
amigo IA” cuando le pedí que escribiera una columna sobre la contradicción que
encierra una excelente calificación de los trabajadores públicos, y las
diatribas que tiende a recibir el Estado en el ejercicio de sus funciones.
Nota: La consulta la hice a gemini.

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