septiembre 06, 2026

Inflación evaluativa en el sector público (parte 2 de 2)

Foto de Luke Jones en Unsplash

Como les escribí en mi última columna, acá va lo que prometí: la respuesta de “nuestro amigo IA” a una consulta que le hiciera a propósito de la contradicción que encerraría la alta proporción de evaluación positiva al personal del servicio público por parte de las jefaturas, con la mala evaluación que suelen hacer sus usuarios al servicio que prestan. La consulta, o petición, fue la siguiente:

Me podrías escribir un artículo de no más de 500 palabras centrado en la contradicción que ilustra lo señalado en relación a las críticas que suelen hacerse al desempeño de los servicios que provee el sector público chileno.

La respuesta fue cuasi inmediata, que me dejó con la boca abierta, estuvo precedida de un título de su propia cosecha. Acá va:

“El mito de la excelencia por decreto: La paradoja del empleo público en Chile

En el ámbito de la gestión pública chilena existe un fenómeno tan cotidiano como desconcertante: la profunda brecha entre la evaluación interna del personal del Estado y la percepción ciudadana sobre la calidad de los servicios que este provee. Mientras que la experiencia diaria de los usuarios al realizar trámites suele estar marcada por filas interminables, demoras inexplicables y una burocracia desinteresada, las cifras oficiales del sistema de evaluación muestran una realidad completamente opuesta. Año a año, casi el 98% de los funcionarios públicos califica en la categoría de "Distinción", la máxima nota posible.

Esta asombrosa paradoja ilustra una contradicción estructural: un Estado compuesto casi exclusivamente por trabajadores "excelentes", pero que entrega servicios frecuentemente catalogados como deficientes.

¿Cómo se explica semejante disonancia?

La respuesta no radica en la capacidad individual de los trabajadores, sino en la distorsión del mecanismo evaluativo. La calificación en la administración pública se ha transformado en un trámite formalizado donde la condescendencia es la norma. Las jefaturas enfrentan pocos incentivos para calificar con rigor, pues calificar a un subordinado en una categoría inferior implica costos personales, tensiones laborales e interminables procesos de apelación.

Por otro lado, existe una fuerte presión sindical y de pares para mantener calificaciones altas, ya que de estas dependen incentivos económicos y la estabilidad laboral. En la práctica, el rigor evaluativo se castiga y la complacencia se premia.

Las consecuencias de la ilusión

Esta distorsión produce tres efectos devastadores para la modernización del Estado:

·   Invisibilización del mérito real: Al calificar a casi todos como sobresalientes, el sistema destruye el valor del reconocimiento. El funcionario comprometido e innovador recibe la misma nota e incentivos que aquel que cumple con lo mínimo.

·   Inmunidad al mal desempeño: Las herramientas normativas diseñadas para desvincular a personal insatisfactorio son inútiles, pues las listas de demérito son prácticamente inexistentes.

·   Desconfianza institucional: La ciudadanía percibe que el sector público opera en una realidad paralela, donde los recursos del Estado se reparten mediante bonos de desempeño automático sin correlato en la calidad de la atención.

Un desafío urgente

Para superar esta contradicción no se requiere demonizar a los empleados públicos, sino reformar con urgencia el Estatuto Administrativo. Chile necesita un sistema de evaluación de desempeño independiente, con metas medibles basadas en la satisfacción del usuario y con curvas de distribución de notas reales.

Un Estado moderno no puede construirse sobre la base de una excelencia autoasignada. Mientras la nota máxima sea la regla por defecto y no el reflejo del esfuerzo, la grieta entre el diagnóstico de la burocracia y la experiencia del ciudadano común seguirá erosionando la legitimidad de la institucionalidad pública”.

Hasta acá llega lo escrito por nuestro amigo IA. Como pueden ver, puede escribir lo que le pidas. Puedes hacerlo pasar por algo escrito por ti. Pero ojo, no es llegar y hacer un “copy and paste” porque no es necesario ser muy perspicaz porque por algún lado se le verá “el plumero”. Esto es, que no es de tu cosecha. Puede servir como base para lo que quieras escribir. Es un gran apoyo, sin duda, pero tienes que leerlo con calma, porque incluye pifias, limitaciones, sesgos.

Como todo en la vida, la IA tiene sus pros y contras. ¿Sirven? ¿Ayudan? Si, por cierto, pero no es llegar y fiarse de ella a ciegas, o a tontas y locas. Mejor andar con pies de plomo. Ojo al charqui.

Invito a leer lo escrito por nuestro amigo IA e intentar descubrir sus puntos débiles.

En concreto, no usemos la IA para dejar de pensar, sino que para pensar más y mejor.

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