Los resultados de las últimas elecciones en una región de Alemania, donde ganó el representante de la AfD están activando, una vez más, las alertas. Al alcanzar un inédito 44% muy lejos de las restantes fuerzas políticas, dan cuenta de la marea ultraderechista que se está viviendo a nivel mundial. No es un hecho aislado, es parte de una tendencia que se está dando, mientras las fuerzas políticas tradicionales experimentan fuertes descensos.
Quienes pensaban que
los cordones sanitarios implementados serían suficientes para impedir su alza,
se equivocaron. Tales cordones habrían sido útiles tan solo para retrasar su
ascenso para asumir responsabilidades de gobierno. Quizás fueron necesarios,
pero no suficientes.
Estamos inmersos en
una ola que pareciera imparable, pero bien sabemos que no hay nada imparable,
nada irreversible. Cada día tiene su afán. Todo lo que va, vuelve. Nada nuevo
bajo el sol. Vivimos tiempos apocalípticos, que difícilmente habríamos
imaginado. No solo en términos de tiempos políticos, también de tiempos
climáticos, tecnológicos, y de todo orden.
Lo que debemos
preguntarnos es ¿cómo hemos llegado a esto? ¿qué hemos hecho para que fuerzas
políticas de ultraderecha estén dominando la escena? ¿qué es lo que está
impulsando a la gente a votar por ellos? A votar por Trump en EEUU; por Milei
en Argentina; por Orban en Hungría; por Bolsonaro en Brasil; por Kast en Chile;
por De Espriella en Colombia; por Le Pen en Francia; y así en tantos países.
En cada país hay
razones específicas que explican el alza de la ultraderecha, las que deberán
ser analizadas, pero más allá de ellas, existen razones de orden general, que
afectan a todos los países, no solo allí donde la marea ultraderechista se está
haciendo más explícita. Estas razones, muy probablemente se relacionen con las
dificultades para encontrar empleo y/o la precariedad de éste, la inseguridad,
el crecimiento del narcotráfico, la desindustrialización que en mayor o menor
grado está afectando a muchos países.
En el caso alemán, el avasallador triunfo de AfD fue obtenido en uno de los
estados que antes de la fusión de las dos Alemanias, era parte de la RDA, la
Alemania comunista. Triunfo que viene precedido por los obtenidos en otros
estados de la misma Alemania comunista (Turingia, Sajonia y Brandemburgo) donde
ya se ha consolidado como fuerza política dominante. Vaya paradoja la de
quienes en el pasado votaban por los comunistas, ahora aparecen votando por los
ultraderechistas. Y que hayan contado con apoyo ruso. Todo un puzle a
descifrar.
Debemos ir más allá de
las protestas, de las manifestaciones de rechazo, de agarrarnos la cabeza ante
lo que está ocurriendo, de los llamados a la unidad. Si aspiramos a revertir
esta tendencia, necesariamente debemos respondernos respecto de las causas que
están tras los tiempos políticos que estamos viviendo. Escudriñar respecto de
las motivaciones que tienen los votantes para optar por fuerzas políticas
regresivas que al amparo de la democracia están accediendo a ámbitos políticos
que le permitirán socavarla.
Nada sacamos con
afirmar que la ciudadanía está siendo engañada; nada sacamos con aludir a los
bulos que se trasmiten como reguero de pólvora por las redes sociales; nada
sacamos con sostener que una nueva tecnocracia está imponiendo sus cánones; que
la clase política está siendo cooptada; que la inteligencia artificial está
haciendo su trabajo subliminal.
Tenemos que ir al
fondo, a las causas profundas de lo que parece observarse en las nuevas
generaciones, una suerte de desapego democrático, de frustración de
expectativas; del sentimiento de abandono de los adultos mayores.
Vivimos tiempos en
que tenemos más años de escolaridad que nunca, lo que supondría que somos
personas más educadas que quienes nos precedieron. Esto debiera reflejarse en
términos políticos, en la emisión de votos más informados, más conscientes,
menos propensos a ser engañados. Por tanto, descarto la postura de quienes estiman
que la población está siendo engañada. Más que votos de adhesión, visualizo
votos de rechazo al comportamiento de las fuerzas políticas convencionales.
Identificar lo que
hay tras este rechazo, es lo que siento que debemos desentrañar, hacernos una
introspección, que sin duda será dolorosa, pero que percibo como inevitable si
aspiramos a revertir los tiempos que estamos viviendo.
En algún minuto la retórica
ultraderechista que se está enseñoreando, será frenada y revertida. Debemos hacerlo
antes que concrete sus propósitos implícitos, que no son otros que desmantelar,
transformar en letra muerta, la democracia, para imponer sus términos.
Tenemos a nuestro
favor que todo lo que estamos viendo es antinatura.

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