septiembre 08, 2026

Un mundo patas arriba

 

Los resultados de las últimas elecciones en una región de Alemania, donde ganó el representante de la AfD están activando, una vez más, las alertas. Al alcanzar un inédito 44% muy lejos de las restantes fuerzas políticas, dan cuenta de la marea ultraderechista que se está viviendo a nivel mundial. No es un hecho aislado, es parte de una tendencia que se está dando, mientras las fuerzas políticas tradicionales experimentan fuertes descensos.

Quienes pensaban que los cordones sanitarios implementados serían suficientes para impedir su alza, se equivocaron. Tales cordones habrían sido útiles tan solo para retrasar su ascenso para asumir responsabilidades de gobierno. Quizás fueron necesarios, pero no suficientes.

Estamos inmersos en una ola que pareciera imparable, pero bien sabemos que no hay nada imparable, nada irreversible. Cada día tiene su afán. Todo lo que va, vuelve. Nada nuevo bajo el sol. Vivimos tiempos apocalípticos, que difícilmente habríamos imaginado. No solo en términos de tiempos políticos, también de tiempos climáticos, tecnológicos, y de todo orden.

Lo que debemos preguntarnos es ¿cómo hemos llegado a esto? ¿qué hemos hecho para que fuerzas políticas de ultraderecha estén dominando la escena? ¿qué es lo que está impulsando a la gente a votar por ellos? A votar por Trump en EEUU; por Milei en Argentina; por Orban en Hungría; por Bolsonaro en Brasil; por Kast en Chile; por De Espriella en Colombia; por Le Pen en Francia; y así en tantos países.

En cada país hay razones específicas que explican el alza de la ultraderecha, las que deberán ser analizadas, pero más allá de ellas, existen razones de orden general, que afectan a todos los países, no solo allí donde la marea ultraderechista se está haciendo más explícita. Estas razones, muy probablemente se relacionen con las dificultades para encontrar empleo y/o la precariedad de éste, la inseguridad, el crecimiento del narcotráfico, la desindustrialización que en mayor o menor grado está afectando a muchos países.

En el caso alemán, el avasallador triunfo de AfD fue obtenido en uno de los estados que antes de la fusión de las dos Alemanias, era parte de la RDA, la Alemania comunista. Triunfo que viene precedido por los obtenidos en otros estados de la misma Alemania comunista (Turingia, Sajonia y Brandemburgo) donde ya se ha consolidado como fuerza política dominante. Vaya paradoja la de quienes en el pasado votaban por los comunistas, ahora aparecen votando por los ultraderechistas. Y que hayan contado con apoyo ruso. Todo un puzle a descifrar.

Debemos ir más allá de las protestas, de las manifestaciones de rechazo, de agarrarnos la cabeza ante lo que está ocurriendo, de los llamados a la unidad. Si aspiramos a revertir esta tendencia, necesariamente debemos respondernos respecto de las causas que están tras los tiempos políticos que estamos viviendo. Escudriñar respecto de las motivaciones que tienen los votantes para optar por fuerzas políticas regresivas que al amparo de la democracia están accediendo a ámbitos políticos que le permitirán socavarla.

Nada sacamos con afirmar que la ciudadanía está siendo engañada; nada sacamos con aludir a los bulos que se trasmiten como reguero de pólvora por las redes sociales; nada sacamos con sostener que una nueva tecnocracia está imponiendo sus cánones; que la clase política está siendo cooptada; que la inteligencia artificial está haciendo su trabajo subliminal.

Tenemos que ir al fondo, a las causas profundas de lo que parece observarse en las nuevas generaciones, una suerte de desapego democrático, de frustración de expectativas; del sentimiento de abandono de los adultos mayores.

Vivimos tiempos en que tenemos más años de escolaridad que nunca, lo que supondría que somos personas más educadas que quienes nos precedieron. Esto debiera reflejarse en términos políticos, en la emisión de votos más informados, más conscientes, menos propensos a ser engañados. Por tanto, descarto la postura de quienes estiman que la población está siendo engañada. Más que votos de adhesión, visualizo votos de rechazo al comportamiento de las fuerzas políticas convencionales.

Identificar lo que hay tras este rechazo, es lo que siento que debemos desentrañar, hacernos una introspección, que sin duda será dolorosa, pero que percibo como inevitable si aspiramos a revertir los tiempos que estamos viviendo.  

En algún minuto la retórica ultraderechista que se está enseñoreando, será frenada y revertida. Debemos hacerlo antes que concrete sus propósitos implícitos, que no son otros que desmantelar, transformar en letra muerta, la democracia, para imponer sus términos.

Tenemos a nuestro favor que todo lo que estamos viendo es antinatura.

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