julio 15, 2020

Las AFP en la cuerda floja

Dada la emergencia en que nos encontramos, y a falta de mejores alternativas que no impliquen endeudamiento adicional al que ya agobia a la mayoría de las personas, se ha levantado la opción de que cada uno pueda retirar hasta un 10% de los fondos que tenga acumulados para sus futuras pensiones en las AFP.

Cabe recordar que las propias AFP han insistido una y otra vez, que cada uno es propietario de sus fondos, y por tanto, en casos extremos como es la emergencia en que nos encontramos, es inevitable pensar en la posibilidad de recurrir a ellos. La ausencia de ingresos por la pandemia frente a las obligaciones a pagar, la necesidad de encarar los costos de una grave enfermedad, o saber que no se sobrevivirá sino unos meses, invitan a pensar en abrirse a opciones excepcionales, particularmente cuando al frente no asoman alternativas razonables.

Es importante destacar que si bien los fondos existen, ellos no se encuentran en cajas de fondos de las AFP, por lo que no están disponibles físicamente, sino que se encuentran invertidos en distintos instrumentos financieros (bonos, acciones, etc.). En consecuencia, frente a un retiro masivo inevitablemente tiene un impacto en el valor de dichos instrumentos, y por lo tanto en los fondos que tienen acumuladas las personas. Por ello deberá haber plazos de entrega, los que no podrán ser tan inmediatos como se quisiera. Con todo, bajo cualquier plazo que se dé, por más que se busque amortiguar el impacto negativo, será imposible evitarlo. Y esto afectará más a unos que a otros, a quienes tengan más fondos acumulados y a quienes estén por jubilar.

Para no enturbiar la reflexión, no voy a entrar a analizar los intereses e interrelaciones existentes entre quienes conforman el gobierno, en particular a nivel de ministros y subsecretarios, y los directores y altos ejecutivos de las AFP, junto con los dueños y ejecutivos de las empresas en que se encuentran invertidos los fondos. No es un tema menor, pero es para otra columna.

Para nadie es una gracia tener que abordar la emergencia actual recurriendo a fondos reservados para la hora de pensionarse. Sin embargo, ¿qué se puede hacer cuando se ha perdido el trabajo? ¿cuando no hay con qué alimentar a la familia? ¿cuando ya no existe capacidad de endeudamiento por parte de la población? No es broma de tener que recurrir a fondos propios destinados a la vejez para sobrellevar el presente. Las tardías y restrictivas propuestas del gobierno que han emergido a modo de cuentagotas, ni siquiera han podido impedir que diputados y senadores de su propio sector se sumen a aprobar el proyecto de retiro del 10% de los fondos acumulados por parte de quienes lo requieran.

Lo curioso es que se ha aprobado un proyecto por el que los trabajadores tendrán que rascarse con sus propias uñas a falta de otras opciones. Como ha afirmado un economista localizado en la puerta norte de Chile, se trata de un triunfo neoliberal que los neoliberales no celebran. 

Por más que se amenace con vetar el proyecto, o que se recurra al tribunal constitucional para detenerlo, lo único que se está logrando es eludir una realidad que no se está atendiendo debidamente. Creo que es la oportunidad de repensarlo todo, de punta a cabo.

Otras miradas se pueden encontrar acá:

El retiro de fondos de las AFP: un triunfo neoliberal que los neoliberales no celebrarán de Enrique Fernández

Malo o peor de Fernando Cabrales


julio 11, 2020

El sistema de AFP existente en el país

Antes que nada es importante destacar que el sistema de AFP no es un sistema de seguridad social propiamente tal, el que supone un mínimo de solidaridad intra e intergeneracional, un mínimo de aporte empresarial y del Estado. Se trata de un sistema privado de seguridad individual obligatorio por el que cada uno va generando su propio fondo en base a los ingresos que haya logrado percibir durante su vida, sin aporte de la empresa en que uno trabaje ni del Estado. Quien a lo largo de su vida ha ganado poco, y más encima haya tenido períodos sin trabajar, acumulará poco, y en consecuencia, si es que llega a los 65 años, recibirá una pensión irrisoria que muy probablemente deba ser complementada con aportes del Estado para alcanza la pensión mínima. Es la realidad de la mayoría del país.

Este sistema convive con el sistema de previsión para las FFAA, Carabineros y la PDI, que se basa en pensiones provenientes del presupuesto público nacional, esto es de todos los chilenos que pagan sus impuestos, más afín a lo que se entiende por un sistema de reparto. Lo que no se entiende es la brutal diferencia en las pensiones que reciben el mundo civil en relación al mundo ligado a la seguridad interior y exterior como se muestra en la figura.


Si bien la seguridad es importante, también lo es la educación, la salud, etc. y tendríamos que entrar a conversar respecto de los criterios para discriminar a unos de otros.

Existen detalles en los que no me he inmiscuido y que tienen relación con las comisiones cobradas al momento de descontar de los ingresos cuando se está trabajando y cuando se pagan comisiones. Es como si los bancos me cobraran por los depósitos y giros que hacemos.

Mas encima las AFP no garantizan rentabilidad alguna, con el agravante que nos da la “libertad para elegir” entre los cinco fondos disponibles, desde el fondo A, el más riesgoso, hasta el fondo E, el menos riesgoso. Cualquiera diría que estamos jugando al casino o a la ruleta rusa. A ello se agrega que el manejo de los fondos es una verdadera caja negra, donde uno –un mortal como cualquiera- no sabe por qué bajan o suben y tiene que tragarse cualquier explicación.

Por otro lado, no me calza que las utilidades de las AFP sean independientes de la rentabilidad de los fondos que gestionan. Esto es, una AFP puede tener utilidades a pesar de que la rentabilidad de los fondos que administra sea negativa.

Por último, está el método de cálculo de la pensión, que es otra misteriosa caja negra, donde por más que los ejecutivos se esmeren en explicar, los mortales de a pie no alcanzamos a entender nada. Quienes estén interesados en recabar mayor información, sugiero:

  • Leer el blog de Víctor Ramió que reúne valiosa información en torno al sistema de AFP que rige en Chile. Sin perjuicio de que Víctor Ramió es un defensor del sistema, efectúa un exhaustivo análisis de sus características, analiza los cambios introducidos desde su creación, y propone importantes modificaciones. El último de sus artículos es Sistema Pensiones Chileno: top ten a nivel mundial.
  • Ver la presentación que distintas personalidades hicieron ante la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado, entre las que destaca la de Patricio Basso (desde el minuto 16 hasta el 44). 


  • También se puede ver otra presentación exclusiva de Patricio Basso centrada en el método de cálculo de la pensión asegurando que su modificación permitiría aumentar significativamente las pensiones actuales y futuras.
  • Ver video de Fundación Sol donde se explica críticamente el modelo de AFP imperante en el país. 
  • Ver un video de Axel Kaiser de Fundación para el Progreso donde el acento está puesto en sus virtudes.

En resumen, considerando estos antecedentes, y otros que por razones de espacio omito, mi posición es contraria al sistema de AFP como sistema obligatorio con sus actuales características. Las razones se centran en:

  • su carácter discriminatorio, dado que deja a los FFAA, Carabineros y PDI fuera del sistema, y a todos los demás dentro de él. Si bien, en general los países tienen sistemas diferenciados para sus fuerzas de seguridad y defensa, sus diferencias no dan origen a pensiones tan desiguales;
  • su carácter individualista, donde cada uno debe rascarse con sus propias uñas, asumiéndose que uno recoge los frutos del esfuerzo realizado en su vida laboral, sin embargo se sabe que por lo general intervienen circunstancias que escapan a dicho esfuerzo: enfermedades, discriminaciones, u otros;
  • su ausencia de solidaridad intrageneracional, esto es, quienes más ganan no contribuyen en nada a quienes menos ganan;
  • su ausencia de solidaridad intergeneracional, esto es, que cada generación debe financiar sus propias pensiones, desentendiéndose de las pensiones de generaciones futuras;
  • su escasa transparencia en el manejo de los fondos, de las comisiones que se cobran y en el método de cálculo de las pensiones;
  • su carácter obligatorio que lo hace operar con ribetes monopolísticos; y
  • su origen ilegítimo al ser fraguado e implementado en tiempos del innombrable sinque hasta la fecha haya sido posible legitimarlo.

Esto no significa que sea partidario de eliminar las AFP. Puede ser un apropiado sistema para quienes tienen buenos y permanentes ingresos, no así para quienes tienen bajas y esporádicas remuneraciones, lo que no es imputable a las AFP. Considero que ellas tienen su razón de ser como un sistema previsional privado voluntario, no obligatorio que complemente un sistema previsional obligatorio de carácter público. Este sistema público obligatorio debe basarse en el principio de que todos los adultos mayores tienen derecho a vivir sus últimos días con dignidad. Por ello, debe otorgar una pensión única similar para todos con independencia de lo que haya logrado imponer cada uno y cuyo valor habría que definir, pero que estimo no debiera ser inferior a un equivalente a los U$S 1,000 con cargo al presupuesto de la nación. Esta pensión base podría verse complementada con lo que cada uno logre acumular  en un sistema previsional privado de carácter voluntario (AFP).

En síntesis, me inclino por un sistema mixto, de reparto e individual con los correctivos correspondientes.

julio 09, 2020

El día en que Gardel vuelva a cantar

Photo by Ian Espinosa on Unsplash

La consistencia entre lo que se dice y lo que se hace es un atributo que la sociedad en general valora, pero que desafortunadamente escasea. No es fácil ser consistente.

Esta reflexión nace a partir de una inserción efectuada en una de las redes sociales por parte de una profesora de educación básica de la ciudad de Arica donde se afirma que “cuando exista una ley que obligue a los políticos a ser atendidos en los hospitales públicos, a partir de ese momento mejorará la salud en nuestro país”.

Quienes legislan, quienes nos gobiernan, quienes deciden respecto de los montos a destinarse al sistema de salud pública, así como sus características esenciales, en su gran mayoría, por no decir todos, cuando las circunstancias lo exigen, recurren al sistema de salud privada. No deja de ser una contradicción, una inconsistencia, y por lo mismo parece razonable la exigencia de que toda autoridad pública se atienda en los centros de salud públicos existentes en el país. Para que vivan en carne propia la realidad que deben enfrentar y vivir las familias con escasos recursos que por problemas de salud deben atenderse en la red pública de salud.

No hace mucho, una diputada, María José Hoffmann, de la UDI, en medio del debate en torno al ingreso familiar de emergencia que inicialmente era de $ 65,000 por 3 meses, frente a las presiones opositoras por su aumento, no tuvo empacho en sostener “nosotros no queremos que la gente viva del Estado”. Y ella de qué vive? Hace cuántos años? Con qué facilidad se suben sus propias remuneraciones, pero a la hora de incrementar sueldos mínimos, ingresos familiares de emergencia, las dificultades son enormes. Estas son posturas insostenibles de las cuales el mundo político está plagado.

Vivimos en una sociedad dual, donde conviven dos mundos que solo se relacionan entre sí por necesidades imperiosas. El mundo de la abundancia, de la modernidad de una minoría, de donde proviene el grueso de quienes definen y deciden el país en que vivimos; y el mundo de los marginados, de los endeudados, de los subempleados, de quienes buscan escapar de la pobreza. Resulta paradojal que quienes no viven la realidad de la marginalidad son quienes formulan, implementan y evalúan las políticas para abordarla con prescindencia de quienes están afectados.

En tiempos de pandemia, luego de décadas de crecimiento que ha logrado reducir la pobreza a costa de endeudamiento, la desigualdad no decrece. Irrita la discriminación social, de trato, el discurso vacío de la meritocracia e igualdad de oportunidades. Los dos mundos persisten sin mayores espacios de interacción.

Quienes están definiendo qué hacer para enfrentar la crisis sanitaria, económica y social no la están viviendo, a lo más la están viendo, sobretodo quienes están más cerca, los alcaldes y concejales. De hecho no han perdido sus trabajos ni han visto disminuidos sus ingresos. No viven la incertidumbre en la magnitud de quienes la padecen.

Quizás sea hora de conectar estos dos mundos, tender puentes, vasos comunicantes bidireccionales con quienes están más implicados en los problemas, no con prescindencia de ellos. No solo eso, se hace imperativo acercarlos. Una convivencia pacífica de ambos mundos con sus características actuales, es insostenible en el largo plazo, salvo por la vías dictatoriales. Una democracia en plenitud no admite un distanciamiento tan severo entre sus distintos actores sociales como el que se está viviendo.

El día en que estos dos mundos se miren, abracen y confundan, ese día Gardel volverá a cantar.


julio 01, 2020

No solo hay que serlo, sino que parecerlo

Photo by Akshay Chauhan on Unsplash


La semana pasada escribí una columna referente (leer) a lo que entendía por espíritu republicano. Lo hice a partir de dos ejemplos de las más altas autoridades del país (Chile) que lo contradicen flagrantemente: el de la cotización de productos gourmet para los menús en la casa de gobierno en medio de una pandemia que tiene al país en una dolorosísima encrucijada, y el funeral de un familiar del presidente en el que no se respetaron los protocolos establecidos por el propio gobierno.

Solo incluí dos botones de muestra, los más recientes, pero no los únicos. Si la columna la hubiese escrito esta semana tendría que haber agregado otro botón: el de la salida del presidente para comprar vino en medio de la cuarentena.

Como nunca antes, la columna desató controversia. Uno de mis lectores la catalogó como uno de mis peores artículos expresando “¡Qué limitada tu visión de la izquierda que defiendes! El caviar (jamás demostrado) de La Moneda importa tan poco ante lo que se pide en la búsqueda de soluciones país, como el funeral de Bernardino Piñera, donde además no se violó protocolo de salubridad alguno (el ataúd estaba sellado por lo que era dable levantar la tapa que separaba al medio del difunto por un grueso vidrio). Ustedes han caído en la más pedestre forma de hacer oposición, quizás porque no saben dónde están parados”.

No dejó de sorprenderme tan drástico comentario, razón por la cual, por tratarse de un amigo, solo atiné a responder “¡Veo que te saqué de las casillas, lo siento!”.

Al respecto es importante aclarar que lo expresado en la columna no tiene nada que ver con visiones de izquierdas y derechas. El espíritu republicano lo puedes encontrar tanto a uno como al otro lado, en mayor o menor grado, así como ninguna de las dos visiones está exento de carecer de él. No defiendo visión de izquierda alguna, por el contrario, defiendo una visión de la derecha que sí tiene espíritu republicano, la que está asomándose tímidamente luego de décadas de oscurantismo. Es la derecha republicana que se desprende de la dictadura para sumarse al proceso de recuperación de la democracia en la segunda mitad de la década de los 80 de la mano de Hugo Zepeda, Julio Subercaseaux y Armando Jaramillo.

El lector, objetor de la columna, agrega que tanto el caviar como el funeral importan poco frente al problema que enfrenta el país. Toda la razón, y ese es el punto: es de mal gusto que las más altas autoridades estén implicadas en cotizar productos gourmet para sus menús con medio país sumergido en cuarentenas y participando en un funeral, violando sus propios protocolos –el que establece un máximo de participantes-, cuando el común de los mortales no puede hacerlo. ¡Vaya ejemplo el que nos están dando! Y después las máximas autoridades nos reclaman cuando los chilenos de a pie no acatan las disposiciones y restricciones que las circunstancias están exigiendo.

Si la columna la hubiese escrito esta semana tendría que haber agregado otro botón de muestra: la compra del presidente en un local de venta de vinos en el sector oriente de la capital del reino en medio de la cuarentena vigente en distintas partes del país. En vez de dar el ejemplo, da el contraejemplo. Vergonzoso.

El Ministro de Salud, Enrique Paris, quien lleva poco tiempo en el cargo, no se corrió ni le hizo el quite cuando se le observó el hecho, delatando un espíritu republicano digno de resaltarse. Afirmó que “Como se dice, el rey o la máxima autoridad en este caso, debe dar el ejemplo. Se lo decía Julio César a su mujer: no solo hay que serlo, sino que parecerlo”. No creo que París esté defendiendo visión de izquierda alguna. Sostuvo también que “A lo mejor el presidente se va a molestar, pero lo voy a decir: creo que hay que medir la consecuencia de los actos”. No está haciendo otra cosa que resaltar la importancia del espíritu republicano.

No se trata de que la máxima autoridad del país no pueda cotizar productos gourmet, ni pueda participar en un funeral, ni pueda comprar vino, aún en circunstancias excepcionales. Legalmente puede hacerlo por ser lo que es, la máxima autoridad, nadie discute eso. No es irrelevante.

Como dicen por ahí: la mona por más que se vista de seda, mona queda.

junio 24, 2020

Invocando el espíritu republicano

A raíz de la difícil situación actual se ha estado invocando la necesidad de que impere un espíritu republicano en el quehacer nacional, particularmente en las altas instancias políticas. Esta invocación tiende a estar asociada a coyunturas complejas que demandan solidaridad y unidad para enfrentarlas como es el caso de cataclismos naturales –terremotos, inundaciones, aluviones- y guerras militares o sanitarias, como es en la que nos encontramos actualmente, contra covid19, que afecta no solo a nuestro país, sino que a todo el mundo.

Mi sentido común me dice que república es la antítesis de lo que se comprende por monarquía o dictadura, donde el poder no está concentrado en una persona, ni siquiera en una élite, y donde las controversias son resueltas civilizadamente, sin imposiciones ni menoscabos a terceros.

Cuando se incorpora el vocablo espíritu el tema adquiere otra dimensión vinculada a un entorno, a una manera de ser, donde un espíritu republicano implica un ambiente de escucha, de atención, de trato, de respeto al otro, de reconocimiento a los demás. No implica ausencia de conflictos, sino que muy por el contrario, implica reconocerlos y un espíritu capaz de procesar pacíficamente los conflictos, voluntad para buscar y concretar acuerdos sin menoscabo para nadie.

El espíritu republicano no se limita al momento en que se elige a un parlamento, o cuando hay un cambio de gobierno, o cuando se rinde tributo a los héroes de la patria. Supone mucho más que eso: una conducta, una forma de vida, de vivir y tratar a los demás, particularmente de parte de quienes ostentan posiciones de poder.

Las invocaciones a la unidad y solidaridad para abordar la crisis sanitaria, económica y social  caen a saco roto, y minan la credibilidad de quienes las emiten, cuando en medio de la pandemia y confinamientos, desde la casa de gobierno se cotizan productos gourmet –caviar, mousse de pato, paté de jabalí y mozzarella de búfala- para los menús de La Moneda. Da lo mismo si finalmente se concretó, o no, la compra. Lo concreto es que el solo hecho que se haya cotizado, revela una ausencia total de espíritu republicano.

Asocio a espíritu republicano el concepto de que las autoridades deben ser las primeras en respetar las obligaciones que se nos imponen a los mortales de a pie. Si por estrictas disposiciones sanitarias miles de familiares no han podido despedir como hubiesen deseado a quienes en estos días han fallecido, con mayor razón deben cumplir tales disposiciones quienes son nuestras máximas autoridades. Su incumplimiento por parte de la máxima autoridad del país atenta contra el espíritu republicano al que tanto gusta aludir: la real igualdad ante la ley.

La modestia y la austeridad también son expresiones muy estrechamente vinculadas a lo que entiendo por espíritu republicano. En este plano la derecha tiene un modelo en el olvido: Jorge Alessandri Rodríguez, quien viviendo con sencillez, en su calidad de presidente del país, se iba caminando desde su departamento a la casa de gobierno, sin escoltas ni choferes. Esa es la esencia del espíritu republicano que le permitió levantar al país luego del destructor terremoto de 1960, hace ya 60 años atrás. Bien haría la derecha en recordarlo y emularlo en estos tiempos de coronavirus.

(*) Photo by Tim Marshall on Unsplash

junio 19, 2020

La joya de la corona: Uruguay

En América Latina hay un paisito que se está distinguiendo por su capacidad para enfrentar el covid19: Uruguay. A la fecha solo ha registrado 24 víctimas fatales, menos de mil contagios, menos de 20 casos activos y con sobre un 90% de recuperados. Con 3 millones y medio de habitantes, Uruguay está dando que hablar en términos muy positivos. Si bien no se puede cantar victoria hasta que no termine el partido contra el coronavirus, vale la pena arriesgar algunas reflexiones que ayuden a explicar el hecho de que se esté manteniendo a raya la pandemia. 

 Algunos piensan que Uruguay tiene todo a su favor. No es así, tener a Brasil al lado, donde la pandemia está causando estragos no es para nada una ventaja, y menos cuando está gobernado por quienes conducen el país mirando por sobre el hombro al coronavirus. Brasil es vice campeón mundial en contagios y muertes. Entre Trump y Bolsonaro no hay diferencia alguna. Son lo mismo en distinto envase. Pero no nos vayamos por las ramas. Tampoco es una ventaja que el gobierno uruguayo esté recién asumido, mas encima de signo opuesto al anterior. Fue el primer y sorpresivo desafío que de un paraguazo tuvo que encarar el gobierno de Lacalle Pou, un hombre de derechas que encabeza una coalición multicolor como le llaman allá donde también está la ultraderecha militarista encabezada por quien fuera comandante en jefe del ejército uruguayo.

El modelo de abordaje de la pandemia por parte de Uruguay parece caracterizarse por los siguientes elementos. En primer lugar, desde el primer caso que se tuvo conocimiento el gobierno decretó emergencia sanitaria, cerrándose las fronteras, los aeropuertos y suspendiendo los servicios educacionales, religiosos y todos los eventos públicos. El gobierno no esperó a ver como evolucionaba lo que algunos llamaban despectivamente “la gripecita”. Se lo tomó en serio. 

En segundo lugar, el gobierno decretó una cuarentena voluntaria. No quiso coartar la libertad de sus ciudadanos y que a los uruguayos les es tan cara. Tanto la libertad como la justicia son dos conceptos que los uruguayos valoran muy fuertemente. Apeló y confió en la conciencia, el comportamiento y la responsabilidad del pueblo uruguayo. La respuesta, hasta ahora al menos, ha sido ejemplar. Se la tomaron muy a pecho, como una suerte de honor. 

En tercer lugar, tanto el gobierno como la oposición consensuaron tanto la emergencia sanitaria como la cuarentena voluntaria, así como la creación de un fondo coronavirus financiado con el 20% de los sueldos más altos de la administración pública –ministros, legisladores, funcionarios públicos-. 

En cuarto lugar, un sistema de salud, con un potente servicio público de atención primaria que está a la altura de las circunstancias, que no ha alcanzado a ser desmantelado y que en esta hora se valora en toda su magnitud. 

 A estos factores podemos agregar otros asociados a la baja densidad poblacional, la baja tasa de informalidad laboral en relación a otros países, así como al nivel educacional-cultural de sus habitantes que sin duda están ayudando a contener el coronavirus. Estos factores están incidiendo justamente porque el gobierno adoptó las medidas tomando en cuenta ese contexto.

(*) Photo by Amy Rollo on Unsplash

junio 13, 2020

¿Qué pasó? ¿Por qué renunció Mañalich?

Escribo estas líneas apenas me enteré del cambio del ministro de la cartera de salud chilena. Y me enteré a las 6 horas de producida la renuncia porque me encontraba podando ramas y chipeando las podas. Curiosamente, en el interregno me llegó un wsp desde Rapel, donde vive un familiar muy apreciado, que vive en la acera política contraria a la mía, y que me pedía que estuviese atento a algún llamado de Piñera para hacerme cargo del ministerio de salud. No le tomé el peso asumiendo que me estaba bromeando. Poco después me llega otro wsp de un amigo de muchos años, español, casado con chilena, jubilado y que vive en Luxemburgo con quien acabo de retomar una fluida comunicación. En este último wsp me informaba que lamentaba la renuncia del ministro de salud. Recién en ese minuto me cae la teja del significado del wsp.

La pregunta que surge es porqué renuncia cuando acaba de haber un cambio de gabinete donde uno de los cambios que muchos vislumbraban era en la cartera de salud. El cambio fue un mero juego de sillas ministeriales para recomponer el cuoteo político y prepararse para tiempos electorales. Muchos apostaban que el ministro Mañalich debía salir. Presumí que no caería en base a que no se cambia a un general que tiene la responsabilidad de enfrentar una guerra salvo que incurra en alguna locura o que se vislumbre una derrota de proporciones. En este minuto estamos enfrentando una guerra no convencional, porque el enemigo no es otro país ni otra persona o grupo de personas, es un virus, es covid19, de quien no existen mayores antecedentes. El general a cargo de esta guerra, en este caso es el ministro de salud.

Sin embargo, intempestivamente, ahora cayó. Desconozco si renunció, si le rechazaron la renuncia o si le pidieron la renuncia. Da lo mismo. Lo importante es que algo pasó en el interregno para que el presidente le quitara el piso a Mañalich, quien también fuera su ministro de salud durante los 4 años del anterior gobierno de Piñera. ¿Qué fue lo que pasó? No pueden haber sido los ataques de que ha sido objeto, las peticiones de la oposición, ni las políticas o las estrategias de comunicación implementadas. Todos estos elementos ya estaban antes del cambio de gabinete último y no fueron suficientes para derribarlo.

Desde el cambio de gabinete último hasta ahora visualizo dos grandes factores que deben haber incidido en la caída de Mañalich. Uno, que desde entonces los resultados indican que se está perdiendo la guerra en forma categórica, y dos, las contradicciones en los datos remitidos a la organización mundial de la salud (OMS) y a la opinión pública. Esta última razón, combinada con la primera, creo que fue la gota que rebalsó el vaso.

Todos sabemos que para ganar una guerra, convencional o no, es imprescindible tener a todo un país respaldando y acatando a sus autoridades, sus políticas, sus decisiones, sus acciones. Por los más diversos motivos, Mañalich no lo logró. El nuevo ministro tendrá la responsabilidad de lograrlo. De parte nuestra, los ciudadanos de a pie, tenemos la mejor voluntad para respaldarlo porque, mal que mal, en ello se nos va la vida.

junio 12, 2020

Un modelo con pies de barro

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay
Desde hace ya varias décadas que al país (Chile) se le han venido atribuyendo cualidades que covid19 está poniendo en duda. Entre las cualidades más destacadas se encuentran el crecimiento económico en las últimas décadas que nos ha vuelto más ricos, que somos más eficientes, que estamos entre los países menos corruptos. En concreto que seríamos un país moderno, en paz, un país modelo. Para unos, gracias a la revolución silenciosa del innombrable, el país inició una senda de progreso y crecimiento como nunca en la historia; para otros, esta senda se habría iniciado con la transición, con la llegada de la democracia actual y su reducción de la pobreza desde un 40% a menos de la mitad.

Unos lo atribuyen a la constitución del 80 que sentó las bases económicas y cuyas innumerables reformas no han sido capaces de alterar mayormente, otros lo atribuyen a la disciplina fiscal en que se empeñaron los gobiernos a lo largo de la transición y que no tocaron el corazón del modelo ni las turbias privatizaciones emprendidas en la década de los 80.

No obstante que la desigualdad se ha mantenido incólume, si es que no se ha visto incrementada, nadie duda que la pobreza material ha sido reducida significativamente a lo largo de todo este tiempo. Lamentablemente, los problemas que estamos viviendo a raíz de covid19, están mostrando la cara fea del modelo que tenemos. Si bien se está ante un fenómeno inédito que afecta a todo el mundo, del que nadie se verá eximido de sus consecuencias, debe reconocerse que hay países que han enfrentado de mejor manera la pandemia. Sería el caso de países que han contado con modelos políticos y económicos más sustentables, con autoridades guiadas más por el sentido común que por intereses creados, y una ciudadanía con la educación y cultura a la altura de la contingencia.

El más potente signo de que estamos asentados sobre un modelo con pies de barro está dado por lo que estamos viviendo en estos días. Autoridades que recién se están percatando de una realidad nacional marcada a fuego por la desigualdad, donde más de la mitad del país vive al borde de la cornisa a punta de un endeudamiento que no se sostiene en el tiempo sin que explote en algún minuto. Todo esto frente a un Estado que nunca tiene los recursos suficientes para asumir un rol protector de los más débiles, pero que siempre los tiene para asumir un rol represivo con miras a mantener “el orden”.

Desafortunadamente la pobreza material volverá por sus fueros y se explica porque su reducción en todas estas décadas ha sido sobre la base de la precarización del empleo y el endeudamiento. Covid19 tan solo está poniendo a la vista, sobre la parrilla, lo que el estallido social había insinuado.

Si queremos amortiguar el impacto que covid19 tiene sobre nosotros y las nuevas generaciones, es imprescindible que seamos capaces de enfrentar la realidad sin esconder nada bajo la alfombra: de situarnos fuera de la caja. No solo en Chile, sino que en todo el mundo.

junio 06, 2020

¿La docencia presencial en jaque?

Photo by NeONBRAND on Unsplash

La semana pasada escribí sobre el salto a la virtualización de la docencia que ha afectado a todos los niveles educativos –primaria, secundaria y terciaria- a raíz de las restricciones impuestas por las cuarentenas, confinamientos, distanciamientos sociales por el covid19 que está impulsando el teletrabajo en quienes tienen el privilegio de conservar su empleo. Muchos creen que el cambio se limita al paso de lo presencial a lo virtual, en seguir haciendo virtualmente lo que se hacía presencialmente.
Al respecto es necesario puntualizar al menos tres cosas: una, que lo virtual no reemplaza el quehacer presencial, particularmente en lo que se refiere a la actividad educativa; dos, que no se trata de replicar virtualmente lo que se hace presencialmente; y tres, lo que está ocurriendo ahora, es para salir del paso, mientras dure el temporal llamado covid19, no es para quedarse como algunos quizás estén pensando o soñando.
La educación virtual carece de elementos que son consustanciales al proceso formativo: humanidad, sociabilidad, en una palabra: calidez. La calidez que da el cara a cara, la interacción físico-mental entre el profesor y sus alumnos, al igual que entre los alumnos. El mirarse a los ojos, la observación de los gestos, las posturas, las reacciones, las emociones, los sentimientos, que retroalimentan la interacción segundo a segundo para ir modificando el proceso de enseñanza-aprendizaje según las circunstancias que la mediación tecnológica es incapaz de proveer.
Se equivocan quienes creen que la educación virtual replica lo que se hacía presencialmente, esto es, conectarse profesores y alumnos para que los primeros expongan y/o hagan lo mismo que hacían presencialmente, ya sea vía pizarra, presentaciones en powerpoint, fotografías, videos, u otras vías. Los códigos en los mundos presencial y virtual son muy diferentes, ponen en acción con distintas intensidades y maneras los sentidos –oído, vista, olfato, tacto, habla- con que nos relacionamos y recibimos o enviamos información.
Lo que hace la virtualidad, es abrir espacio a la posibilidad de enriquecer la educación presencial, complementándola, al ofrecernos la posibilidad de enfrentar emergencias como la que estamos viviendo en este minuto; de poner a nuestra disposición conocimientos de terceros disponibles en “la nube”; de implementar nuevas metodologías de enseñanza-aprendizaje.
Desafortunadamente en estas semanas de educación virtual ha estado tendiendo a ser a imagen y semejanza de lo que se hacía presencialmente. Esto se puede explicar porque en muchas instituciones el cambio tuvo lugar abruptamente. En otros casos porque los profesores no tenían la preparación y/o las capacidades para su implementación. En cierta forma estamos pagando el costo de la improvisación propio de quienes suelen posponer lo importante por lo urgente. Tuvo que invadirnos un virus –covid19- para que nos cayera la teja.
Como todo en la vida, no hay que irse a los extremos, no todo es blanco ni negro, hay toda una gama de tonalidades. Yerran quienes creen que la educación virtual llegó para sustituir el quehacer educacional presencial, más bien deberíamos afirmar que llegó para complementarlo. En este plano, por más inteligencia artificial que pongamos sobre la mesa, por más que le metamos robots, automatismo al proceso educativo, nunca va a alcanzar la riqueza que provee la interacción humana. Tampoco tiene sentido una docencia presencial que prescinda de las oportunidades que proveen las tecnologías de información y comunicación actuales.
Por último, no debemos perder de vista que la calidad en la educación no viene dada por su infraestructura física, sus plataformas tecnológicas, sino por sus profesores, por su compromiso y la pasión con que desarrollan sus funciones, por la motivación, el interés, la curiosidad que son capaces de despertar en sus estudiantes. Al respecto invito a ver un video en el que se destaca este punto.

Por todo lo señalado, pasada la emergencia actual, deberemos ser capaces de encontrar la ecuación más apropiada para el aprovechamiento de las potencialidades de lo presencial y virtual en el proceso formativo.

junio 04, 2020

Una virtualización de la docencia sobre la marcha

Photo by Austin Distel on Unsplash
Con motivo de la pandemia que está afectando a millones de personas a lo largo del mundo, y que está causando muerte y desolación, al igual que toda actividad económica, cultural, social y deportiva, el sector educacional está siendo profundamente afectado. Los establecimientos básicos, medios y superiores se han visto imposibilitados de desarrollar las funciones que les son propias en forma presencial.

Las restricciones asociadas a las sugerencias, recomendaciones y/o medidas adoptadas –confinamientos, cuarentenas, toques de queda, entre otras-, han sacudido a un sector caracterizado porque en esencia ha desarrollado su quehacer educacional bajo un formato tradicional, sin mayores innovaciones durante todo el siglo pasado y comienzos del presente. Los cambios experimentados han estado asociados al equipamiento físico, a los laboratorios, a la disponibilidad de computadores, antes que a la infraestructura física y a las metodologías de enseñanza-aprendizaje.

Si bien han emergido nuevos métodos de enseñanza-aprendizaje, sigue primando, la clase magistral, frontal, donde el profesor expone contenidos y los alumnos toman nota, escuchan. Si bien se está batiendo en retirada, a los profesores les ha costado abandonar un formato al que están habituados, pero que en los tiempos actuales ya no corresponde, tanto porque los estudiantes exigen un rol más activo, como porque los profesores ya no tienen el monopolio del conocimiento de los contenidos a tratar, los cuales se pueden encontrar en la red de redes, internet. Hoy, el rol del profesor es más de acompañamiento, orientación, motivación.

Unos establecimientos más que otros, particularmente universidades, han realizado importantes esfuerzos orientados a poner bibliotecas digitales y poderosas plataformas tecnológicas de información y comunicación al servicio de sus alumnos, docentes e investigadores. La intensidad de uso de estos recursos para los distintos propósitos –docencia e investigación- da cuenta del grado de involucramiento de los destinatarios. En no pocos establecimientos, tales bibliotecas y plataformas no han sido ocupadas en los términos que se esperaban.

Con la llegada de covid19, las instituciones educacionales han debido abandonar la docencia presencial para subirse, de golpe y porrazo, a una docencia virtual para la cual pocas estaban adecuadamente preparadas. Las dificultades han sido de distinto orden: entre otras, no todos los docentes están siendo capaces de adaptarse a esta imprevista nueva realidad; no todos los alumnos tienen acceso a internet en los términos requeridos; no todos los docentes y alumnos tienen el espacio y la tranquilidad en sus viviendas para trabajar y estudiar; no todos los establecimientos educacionales poseen la plataforma tecnológica informática capaz de soportar la simultaneidad de acceso a ella. A estos factores se debe agregar la tensión, el miedo y la incertidumbre reinante que las circunstancias actuales están generando. Todos estos elementos estamos llamados a dominarlos y no dejarnos dominar por ellos.

Como puede observarse, el desafío para los distintos actores es mayúsculo. La capacidad para sortear los obstáculos nos pone a prueba para que salgamos fortalecidos de esta contingencia que nadie se esperaba.
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mayo 28, 2020

Razones en favor de las canastas


A raíz de mi última columna escrita sobre las famosas cajas o canastas familiares, a continuación se acompañan las razones dadas por el gobierno para distribuirlas a cerca de 500,000 familias que beneficiarían a 2 millones 500 mil de personas, con el propósito de efectuar un somero análisis de ellas. No obstante que conocía estas razones, de todos modos agradezco a quienes me las hicieron llegar.

1. Se afirma que asegura la provisión de alimentos ante las actuales necesidades, lo que no sucede al entregar plata que los necesitados podrían destinar a otros fines. Esto es ¿los destinatarios irán a comprar los productos de la canasta? O bien, ¿por qué cuando hay algún tipo de emergencia cualquier gobierno entrega, por ejemplo, frazadas? ¿por qué no le depositan en la cuenta rut para que compren frazadas, estufas, cocinas, etc.? ¿se ha pensado a qué público llega eso? ¿tienen EDUCACIÓN Y CULTURA para no comprar cualquier cosa menos lo más importante?

Respuesta: La lógica que inspira este argumento revela la desconfianza en la decisión de las familias al suponer que podría destinar los recursos a otros fines, razón por la cual sería necesario no otorgarle la libertad de definir qué comprar, sino que se le compra a su nombre. Sería interesante saber quiénes definieron el contenido de las cajas, con qué criterio lo hicieron y para qué tipo de familia. Es una lógica totalitaria, más propia de regímenes dictatoriales que de democracias, al adoptar decisiones entre bambalinas, las que afectan a terceros con recursos ajenos.

En relación a las preguntas ¿por qué cuando hay algún tipo de emergencia cualquier gobierno entrega, por ejemplo, frazadas? ¿por qué no le depositan en la cuenta rut para que compren frazadas, estufas, cocinas, etc.?

Afirmé en su momento que en caso de emergencias, como el de la pandemia actual, la provisión de canastas familiares tiene sentido si la cadena de abastecimiento está quebrada. Para el caso que se señala, frazadas, se trata de un bien único, no una canasta con muchos productos distintos, y no obstante ello, los distintos gobiernos han terminado optando por un bono invernal para atender las necesidades de abrigo, así como para el inicio de las actividades escolares se opta por el bono marzo para que la gente pueda comprar materiales escolares, en vez de proveerles de cajas con los materiales requeridos.

Respecto de las preguntas que ¿has pensado a qué público llega eso? ¿Tienen EDUCACIÓN Y CULTURA para no comprar cualquier cosa menos lo más importante? ¿quién te asegura que no vayan a comprar droga o vino?

Estas preguntas revelan una desconfianza, fundada o no, en la capacidad de las personas para decidir qué comprar. Bajo esta premisa debiéramos retroceder en el tiempo y volver al sistema donde los dueños de los fundos, de las salitreras, pagaban a sus peones u operarios con fichas que solo se podían ocupar para comprar en las pulperías que eran de los mismos dueños. Es como si el gobierno estuviese entregando canastas cuyos contenidos fueron comprados, con platas del Estado, a las empresas de los amigos de quienes conforman el gobierno.

Si desconfiamos en la capacidad de las personas para decidir qué comprar, me pregunto ¿por qué delegar en las personas la decisión de quienes han de gobernarnos o de legislar? Así era cuando el voto no era universal, cuando solo unos pocos podían votar, quienes tenían un patrimonio, la oligarquía, únicos iluminados de la época con derecho al voto.

2. Aunque la logística es más complicada, se asegura (por economías de escala) más por menos.

Respuesta: Las dificultades que se han puesto de manifiesto en el curso de los días dan cuenta que no se asignó el peso que correspondía al complejo abordaje logístico asociado a la cadena de abastecimiento. Afirmé en su momento que la cadena vinculado al aprovisionamiento de una canasta familiar, incluyen procesos que no son triviales: a) hay que definir e identificar el contenido de la canasta asociado al monto que se presupuestó; b) a quienes comprar; c) dónde almacenar la compra; d) cómo armar cada canasta; e) cómo distribuir las canastas y quiénes las distribuirán; y f) cómo entregar las canastas. Toda esta cadena tiene un costo que no es menor por más voluntarios que se tengan tanto para el armado de las canastas como para su distribución. Toda esta cadena tiene un costo, por más voluntariado que quieras ponerle, y que más probable que sea sustancialmente mayor que la economía de escala que eventualmente se haya podido obtener con la compra al por mayor. Me compro el argumento si la economía de escala es mayor que el costo logístico generado para proveer las canastas.

3. Se evita desplazamiento de gente a comprar alimentos y disminuir el contagio.

Respuesta: Este argumento se cae desde el momento que la llegada de las cajas no está impidiendo que las personas estén saliendo de sus casas, ya sea a trabajar o a efectuar las compras. De hecho, en el curso de los días en contagio ha ido in crescendo y nada indica que la llegada de las cajas esté aminorando este crecimiento. Me compraría el argumento si estuviésemos viendo una sustancial disminución de salidas a comprar por parte de la gente acompañada de una baja en los contagios. Creo que estamos viendo lo contrario,

Cabe agregar, algo vergonzoso y no por ello menos relevante: la manipulación política por parte de alcaldes, senadores, diputados, ministros, seremis y otros personeros políticos distribuyendo cajas, algunas de ellas con los nombres de los próceres, quienes simulan ser los benefactores.
Inevitables son también las suspicacias que despierta un gobierno con una impronta gerencial a toda prueba. Los recursos comprometidos son significativos, del orden de los 15 mil millones de pesos sin incluir los costos de la cadena de abastecimiento, más o menos la mitad del fraude que conocimos de los carabineros y que sería interesante cotejar con tantos otros fraudes. Ojalá algún día conozcamos la verdad en esta materia.

Por último se me señala que según la última encuesta CADEM, más del 80% de la población estaría aceptando la medida de proveer canastas familiares y estableciendo como corolario que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Al respecto quisiera aclarar que mi escrito no pretende ser la última palabra, tan solo pretende expresar lo que pienso. Si la mayoría está o no de acuerdo con lo que pienso, es otro cuento. No es mi intención congraciarme con la mayoría ni con la minoría, ni aferrarme a lo que pienso contra viento y marea. Por el contrario, sobre la base de buenas y poderosas razones estoy abierto a pensar de otra manera.

mayo 24, 2020

Las famosas canastas familiares

Photo by Kouji Tsuru on Unsplash
Cuando el presidente, por cadena nacional, anunció la provisión de dos millones y medio de canastas para las familias de menos recursos, para compensar en parte las dificultades asociadas a los menores ingresos que tienen por las medidas sanitarias aplicadas, me agarré la cabeza pensando en que si lo que quería era resolver un problema y anotarse un punto, al gobierno le saldría el tiro por la culata.

Lo que sobrevino después de la alocución presidencial parece haber sido una crónica de algo absolutamente previsible. Las críticas no tardaron en dejarse caer, porque el anuncio que generó amplia expectativa inmediata, fue acompañado de la más absoluta improvisación a la hora de la implementación. El anuncio presidencial implicaba un complejo abordaje logístico asociado a la cadena de abastecimiento al cual no se le asignó el peso que correspondía.

En efecto, cuando de una canasta familiar se trata, hay una serie de pasos a seguir que no son triviales: a) hay que definir e identificar el contenido de la canasta asociado al monto que se presupuestó; b) a quienes comprar; c) dónde almacenar la compra; d) cómo armar cada canasta; e) cómo distribuir las canastas y quiénes las distribuirán; y f) cómo entregar las canastas. Toda esta cadena tiene un costo que no es menor por más voluntarios que se tengan tanto para el armado de las canastas como para su distribución.

Uno se pregunta: ¿no era acaso más práctico agarrar el dinero asociado al costo del contenido de cada canasta, más el costo logístico más arriba mencionado, y depositarlo en la cuentarut de los destinatarios?

Las ventajas eran manifiestas para cualquiera con dos dedos de frente. Al azar mencionaré algunas de ellas. Uno, no nos complicamos la vida; dos, es de ejecución inmediata, no requiere tiempo de nada; tres, cada familia ocupa los recursos recibidos en lo que cree que más necesita sin recibir nada que no quiera; cuatro, se dinamizan las economías de barrio donde residen las familias receptoras, y por tanto con un importante efecto en cadena.

A estas ventajas agregaría otra no menos relevante: impide la vergonzosa manipulación política que hemos estado viendo estos días. Alcaldes, senadores, diputados y otros personeros políticos distribuyendo cajas, algunos de ellos con sus nombres. Politiquería barata. Y más encima algunos, haciendo gala de una inocencia a toda prueba, afirman que no lo hacen con intención política alguna, simplemente para asegurarse que lleguen a quienes deben llegar. Es uno de los problemas que tenemos: nos creen tontos, y a veces pareciera que lo somos, no solo hasta las 12, sino que las 24 horas del día.

A las ventajas ya mencionadas agregaría otra no menos importante: se evitan suspicacias respecto de eventuales negocios bajo cuerda. Mal que mal, el volumen de las compras a realizar es como para abrir el apetito de las más grandes empresas capaces de responder al desafío de la provisión. La magnitud de los recursos que involucra la operación cajas no es menor. Es importante asegurarse que todo el proceso haya sido transparente y que no haya nada bajo cuerda o fraguado en una cocina.

¿Cuáles son las desventajas? Me cuesta descubrirlas. Algunos quizás insinúen que debido a que la compra se hace al por mayor se consiguen mucho mejores precios y que con el valor del contenido de la canasta se obtiene mucho más que si con ese dinero uno va a comprar al negocio de la esquina. Dudo que así sea si al costo del contenido de la canasta se agrega el costo de toda la cadena de abastecimiento más arriba mencionada. Otra desventaja que se podría citar es que estamos en cuarentena y que por ello no podemos salir a comprar. Ojo, no todo el país está en cuarentena, y dentro de las comunas que están en cuarentena, no cuesta nada abrir una ventana de tiempo para realizar la compra con los recursos recibidos, tal como se está haciendo con los permisos que se conceden vía comisaría virtual.

Uno se podría preguntar ¿cuándo tiene sentido una decisión de esta naturaleza, distribuir canastas familiares a quienes las necesitan? La respuesta es clara: cuando la cadena de abastecimiento está rota, no funciona, y requiere una intervención. Es lo que puede ocurrir cuando estamos ante un terremoto. Claramente no estamos en esta coyuntura.

Por último ¿por qué no se incluyó el valor de la canasta en el ingreso familiar de emergencia que sí se ingresa a la cuentarut? Habría sido una inyección a la vena.

mayo 19, 2020

La lógica de Bolsonaro

Photo by James Jonathan on Unsplash
 El gobierno de Brasil, encabezado por Bolsonaro, no ha dejado de sorprendernos desde que ganó las elecciones presidenciales. Su populismo de derecha ejerce una atracción irresistible más allá de sus fronteras. En Chile, tanto Acción Republicana como la UDI siguen de cerca sus pasos y la lógica de sus actuaciones.

Partió su gobierno premiando a Moro, el impoluto juez del caso Lavajato, como ministro de justicia. La principal razón de Bolsonaro fue por haber sacado del camino a la presidencia a Lula como candidato, dejando el campo libre a Bolsonaro. Recientemente, se deshizo de Moro al tener la osadía de no detener las investigaciones que el poder judicial está realizando en torno a su familia, especialmente a sus hijos, y que Bolsonaro intentó interferir.

Ahora está enfrentado con los gobernadores regionales, recordemos que Brasil es un país federal, por discrepancias respecto de las acciones a tomar para enfrentar el covid19 que está causando estragos. Bolsonaro, desde el inicio, al igual que Trump, minimizó la pandemia, incluso burlándose de quienes advertían la gravedad del fenómeno en camino, los gobernadores regionales. Éstos se agarraban la cabeza a dos manos ante la indiferencia de un gobierno central que desoía las solicitudes de adopción de drásticas medidas –cuarentenas, cierre de escuelas, comercios y restricciones al transporte- para frenar los contagios y evitar que se llegara a la realidad que se está viviendo en la actualidad.

Incluso más, tilda de tiranos a quienes apoyan el distanciamiento social al afirmar que “el desempleo, el hambre y la miseria será el futuro de aquello que apoyen la tiranía del aislamiento social”. Para Bolsonaro la vida debe seguir, al igual que Trump, provocando la renuncia de su segundo ministro de Salud, quien alcanzó a durar menos de un mes en el cargo.

Ya el anterior había sido destituido por no compartir las decisiones de un presidente que frente al covid19 ha decidido mirar al techo y alentar a sus partidarios a oponerse a sus gobiernos locales. La política de Bolsonaro es ignorar la pandemia, continuar como si acá no pasara nada, y forzar el suministro de cloroquina a quienes se vean afectados por el covid19. Mientras tanto, la pandemia agarra vuelo en tierra brasileña a vista y paciencia de todos y arriesga extenderse más allá de sus fronteras.

La lógica de Bolsonaro es muy simple, la simpleza elevada a su máxima expresión: dejar que mueran quienes tienen que morir. Su política es, las cosas son como son, y por lo mismo, hay que dejar que ocurra lo que tenga que ocurrir. Fue taxativo al afirmar "¿más muertos? ¿y qué? yo no hago milagros". Lo que no puede ocurrir es que se detenga la actividad económica. Es la misma lógica de Trump y la que tenía Johnson en Inglaterra, hasta que se infectó y se vio comprometido. Ahí recién le cayó la teja.

No pocos adhieren a esta lógica, caracterizada por su inhumanidad, amparada en la amenaza del desempleo, el hambre y la miseria, como si ese fuese un destino inevitable, desechando abrirse a caminos humanitarios.

mayo 14, 2020

Cavilaciones en torno al covid-19

Photo by CDC on Unsplash
El covid19 nos tiene a todos perplejos, sin saber a qué atenernos. Ha generado un escenario nunca antes visto y no cuesta imaginar mucho lo que se vaticina. Si bien pandemias han habido muchas a lo largo de la historia, para las generaciones en vida, ninguna con este nivel de extensión y profundidad. Además, esta pandemia se da en un contexto de difusión, de información y desarrollo científico-tecnológico inexistente en el pasado. Se ha informado, comunicado y difundido a una velocidad sin precedentes.

Por lo mismo han saltado por los aires las elucubraciones, especulaciones y noticias falsas, las que se han vertido, particularmente por las redes sociales bajo el formato de videos postulando que el virus ha sido creado en algún laboratorio. Muchos de ellos hacen alusión a tenebrosos complots para obtener provechos políticos –aquellos que suponen la participación de China, USA o Rusia- o económicos-financieros –aquellos que creen en una industria farmacéutica coludida con investigadores-científicos vinculados a ella- o para sembrar el terror con propósitos inconfesables.

En estas líneas asumiré que el virus tuvo un origen accidental, y que tras él no hay intencionalidad malvada alguna, al menos hasta que alguien no me demuestre lo contrario. No soy proclive a sumarme a tesis sin mayor base.

Es importante resaltar que estamos ante un escenario inédito, y que por lo mismo, los gobiernos de distintos países han estado haciendo camino al andar, a tientas, a ciegas, a punta de prueba y error, a través de distintos mecanismos y estrategias. Unos más, otros menos, tomando decisiones centradas en la información provista por comisiones de expertos, apoyados por sistemas estadísticos más o menos sólidos, robustos, confiables, cotejando las consecuencias en términos sanitarios (salud), económicos (laborales) y/o políticos (elecciones), y las características de la población.

Las excepciones están constituidas por quienes se resisten a abordar el virus como un problema, los negacionistas. Trump y Bolsonaro están en esa línea, asumiendo que la vida debe continuar, que quienes tienen que morir, mueran. Así de simple. Y no les faltan adherentes. Total, de algo se tiene que morir uno. Pero en general, bajo gobiernos del más diverso signo, debe reconocerse que ha existido en los distintos países un esfuerzo por adoptar medidas que amortigüen el impacto sanitario-económico del virus.

Esfuerzo cuyos resultados están por verse, con mucho cuidado y con lupa. En base a qué indicadores mediremos estos resultados? Cuáles son los que dan cuenta de lo que queremos medir? La tasa de recuperados? La tasa de muertos por covid19? Qué mediremos? La resistencia de la población? La eficacia, o la eficiencia, del sistema de salud para enfrentar la pandemia? La eficacia, o la eficiencia, de las políticas gubernamentales? Cómo aseguramos que los resultados son confiables? Contra qué mediremos los resultados obtenidos? Contra los de otros países? De cuáles? Qué hacer si los resultados son los esperados? Bajamos la guardia? Levantamos las cuarentenas? de un viaje o gradualmente? dónde? Qué hacer para evitar rebrotes?

Para responder, estas y muchas otras interrogantes habrá que andar con pies de plomo. Ya habrá tiempo de analizar cuán exitosas han sido las medidas adoptadas por los distintos países. A vuelo de pájaro llama la atención el caso de Nueva Zelanda que ya ha reabierto su comercio, sus restaurantes y escuelas para niños. Dicho país, encabezado por una mujer, cortó por lo sano desde un comienzo: cerró sus fronteras. Pero ojo, recordemos que se trata de una isla, lo que facilitó el cierre.

Lo concreto es que mientras el virus esté entre nosotros y no se descubra la vacuna que lo neutralice, no nos queda más que adoptar los mayores recaudos posibles para evitar el colapso de los servicios de salud. No vaya a ser que terminemos muriendo en una cola de espera para ser atendidos. Y después, cuando los valores de los indicadores y el sistema de salud lo permitan, ingresar a una fase de normalización gradual, progresiva. No antes.

Referencia: http://victorramio.blogspot.com/

mayo 07, 2020

La nueva normalidad

Photo by Everton Vila on Unsplash
A raíz del virus que está infectando al país y al mundo, han surgido distintas expresiones, tales como “la nueva normalidad”, “retorno seguro”, entre otros, para dar cuenta de la necesidad de retomar cuanto antes el nivel de actividad precovid19.

Desde el lado sanitario se pone énfasis en la necesidad de desarrollar una serie de acciones orientadas al mantenimiento de una vigilancia epidemiológica y la aplicación masiva de tests diagnósticos, entre otras, con el propósito de controlar y/o suavizar las olas pandémicas que sigan a esta en la que nos encontramos. Al menos hasta que se encuentre la vacuna que la neutralice el covid19, que no pocos pronostican que se logrará de acá a fines del presente año.

Desde el lado económico la preocupación gira en torno a la recuperación de la actividad económica-productiva. Medio mundo está parado con consecuencias desastrosas. Ninguna de las generaciones vivas ha tenido un nivel de incertidumbre como la que hoy nos embarga y que nos atraviesa a todos. Unos más que otros, nadie está a salvo de sufrir lo que se nos viene.

En este contexto ¿qué se entiende por nueva normalidad? En general se asume que la nueva normalidad es la preexistente hasta la llegada del covid19 con un mayor nivel de preocupación sanitaria, con una revisión de los sistemas de salud imperantes, junto con una reanudación de la máquina económica-financiera-productiva.

Mi percepción es otra. La nueva normalidad no puede ser la que existió hasta antes del covid19, con algunos retoques o apretadas de tuercas. De ser así nos estaríamos farreando la oportunidad que nos brinda la pandemia de levantar la mirada, de abrir espacio a una verdadera una nueva normalidad.

En el ámbito económico los economistas tradicionales especulan en torno a los escenarios que se plantean en términos de letras (U, V, W y L). La primera (U) supone que solo después de un buen tiempo, se recuperará el nivel de actividad precovid19; la segunda (V) asume que una vez superada la emergencia, la recuperación será rápida; la tercera (W) postula que si bien vendrá pronto una recuperación, ella sería seguida por una nueva caída del quehacer productivo, para luego recuperarse hasta alcanzar los niveles esperados. La última alternativa (L) es sostenida por quienes estiman que el estancamiento llegó para quedarse, que no habrá recuperación alguna, o bien, que la recuperación será extremadamente lenta. Por ello, esta opción está asociada a la depresión, en tanto que todas las otras se relacionan con la recesión.

La mayoría de los economistas, que podríamos motejar como “realistas” en la materia, parece estimar que lo que ocurrirá tendrá forma de U, V o W, y una minoría, que el país y/o el mundo, se comportará como una L. Los optimistas son quienes postulan la V: que tendremos una pronta recuperación, como que acá no ha pasado nada. Y los pesimistas serían quienes creen en la L, que no habrá recuperación ni en el corto ni mediano plazo.

Lo interesante es que en todos los casos se piensa “dentro de la caja”, esto es, si volvemos al mundo en que vivíamos con todas sus características positivas y negativas. Se asume que el mundo es como es, que nuestros comportamientos son como son, que no tenemos vuelta. Estimo imprescindible, y la oportunidad está para “salir de la caja”. Es preciso pensar de otro modo, en una nueva economía que se aleje de la tesis del crecimiento permanente basado en la ocupación de recursos no renovables.

Estamos actuando como aquella familia que se está comiendo su capital. ¿Qué hará cuando se le acabe? La nueva normalidad está “fuera de la caja”. Algunas pistas están dadas en mis últimas columnas y muy probablemente también en las próximas.