En la última columna de esta saga deje en el aire la pregunta por qué ese rechazo a los judíos expresado en el grito de las turbas pidiendo Muerte a los judíos con ocasión del juicio llevado a cabo contra el capitán militar francés Alfred Dreyfus, acusado falsamente de traición. Su condición de judío fue determinante para que ello ocurriera.
Es en respuesta a este hecho que nace el sionismo político impulsado por Theodor Herzl en 1897. Un hecho
que da cuenta del violento y extendido rechazo, que iba más allá de un mero
prejuicio religioso contra los judíos. Rechazo que abrió paso a un antijudaísmo,
a un creciente clima contra los judíos. ¿Cuáles serían las razones?
Surgimiento en Europa, a mediados del siglo XIX, de teorías raciales bajo ropajes científicos (pseudocientíficos), donde se asumía que un judío de nacimiento no podía dejar de serlo por más que se convirtiera o adoptara otra religión. Ser judío pasó a ser un rasgo biológico o racial inescapable. Tal como un negro no podía dejar de serlo por más que procurara blanquearse.
Nace el antisemitismo racial donde
se sostiene que quien nace judío, muere judío por genética y que toda eventual
conversión es falsa porque no puede alterarse lo inmutable. Sus principales
impulsores fueron Wilhelm Marr[1], Arthur de Gobineau[2], Houston Stewart
Chamberlain[3],
Eugen Dühring[4].
Previamente, en la España de los siglos XV y XVI, pueden encontrarse los llamados estatutos de limpieza de sangre instituidos en tiempos de la Corona de Castilla y Aragón, y que se aplicaron en tiempos de la Inquisición. En tales estatutos se discriminaban a los “nuevos cristianos”, esto es, a quienes los judíos que se habían convertido al cristianismo. Discriminación que se expresaba en la imposibilidad de acceder a cargos públicos, a universidades u órdenes religiosas, con independencia del tiempo ni las generaciones que llevaran practicando el catolicismo.
Esta
concepción biológica-racial fue la que, en pleno siglo XX, llevó al nazismo en
Alemania a promulgar en 1935 las leyes de Nüremberg. En ellas se define al
judío por su ascendencia biológica antes que por sus creencias religiosas. A
ver si en otra columna hago referencia al contenido de tales leyes.
Todo
esto se enmarca en tiempos de consolidación de estados-naciones cuya identidad
estaría dada por sangre, idioma y tierra. Bajo esta concepción los judíos eran
vistos como extraños, no asimilables. Si a esto se agrega que, en tiempos de
convulsión, de crisis económicas, sociales y/o políticas, existe la propensión
a focalizar sus causas en un enemigo, la mesa está servida. Da igual cómo se
llame este enemigo: “interno”, “externo” y/o “infiltrado”.
Así como
hoy se tiende a centrar como causantes de los problemas en los inmigrantes, la
izquierda “progre”, o el terrorismo, entonces no faltaron quienes no
encontraron nada mejor que responsabilizar a los judíos de la crisis que se
vivía hace ya un siglo atrás. Tiempos de industrialización y urbanización que
generaron tensiones sociales. En el ámbito económico, a los judíos se les acusó
de controlar la banca y las finanzas (entre otros, a la familia Rothschild); y en el ámbito político
de estar tras las agitaciones revolucionarias (Karl Marx y Leon Trotsky, entre otros).
Tanto
ayer como hoy, nada más fácil que tener un chivo expiatorio para explicar los
problemas que se viven. Y así estamos.
[1] Alemán (1819-1904),
introdujo el término antisemitismo y en un panfleto (La victoria del judaísmo
sobre el germanismo postuló que entre judíos y alemanes existían características
biológicas hereditarias insalvables que hacían inevitable la confrontación.
[2] Francés
(1816.1882), escribió “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas”, donde
introduce la teoría de la jerarquía de las razas y la supremacía de la raza
aria, sosteniendo que la mezcla racial llevaba a su degeneración.
[3] Inglés
(1855-1927), yerno de Richard Wagner, escribe “Los fundamentos del siglo XIX”
donde presenta la historia de Europa como una de combate biológico entre la
raza aria y la semítica, y que los rasgos raciales determinan la psiquis y el
comportamiento humano en forma indeleble.
[4] Alemán
(1833-1921), filósofo y economista que escribió la obra titulada “La cuestión
judía como una cuestión de raza, costumbre y cultura”, donde afirma que “un
judío bautizado sigue siendo judío” en virtud de su herencia biológica.

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