El concepto
de prejuicio encuentra su raíz etimológica en el latín praeiudicium, entendido
como 'juicio previo' o 'decisión prematura'. Se le define en dos acepciones
complementarias. Uno, como la acción y efecto de prejuzgar; y dos, como una opinión
previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.
La UNESCO,
en su Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales (1978) establece que
el prejuicio es una construcción ideológica basada en la ignorancia y en la
voluntad de sustituir los principios de dignidad e igualdad por el dogma de la
desigualdad de los hombres y de las razas.
La
psicología social y la doctrina de la Oficina del Alto Comisionado para los
Derechos Humanos (OHCHR) han operacionalizado esa distinción en una tríada de
orden cognitivo (creencia), de orden afectivo y actitudinal (emoción), y por
último, de orden conductual y jurídico (predisposición a actuar).
Esta triada
evoluciona partiendo de un estereotipo, que es de orden cognitivo; luego se da
paso al prejuicio, que es de orden afectivo y actitudinal; para finalmente
desembocar en la discriminación, que es de orden conductual y jurídico.
El
estereotipo conforma una imagen mental simplificada y generalizada sobre un
grupo. Configurado un estereotipo, se da espacio a los prejuicios, esto es, juicios
u opiniones generalmente negativas, sin mayores evidencias que suponen una
actitud negativa y hostil hacia una o más personas por el solo hecho de
pertenecer a un grupo percibido como ajeno. El resultado final suele ser la
discriminación, definida como la conducta, el comportamiento, la actuación o la
política concreta que se deriva del prejuicio.
Estas líneas
nacen como consecuencia de los dichos de un diputado, Javier Olivares, a raíz
de unas declaraciones de la expresidenta Michelle Bachelet donde no descarta
una eventual candidatura presidencial futura.
El diputado se dio el lujo de afirmar «Le
deseo mucha suerte, podría seguir los mismos pasos de la señora Matthei, irse a
su casa y disfrutar a sus nietos, cocinar y hacer unas buenas cazuelas para
enseñarle a la gente». Tras esta sentencia, hay un estereotipo,
una imagen mental simplificada del rol que les correspondería a las mujeres, el
de relegar a las mujeres al ámbito privado y doméstico.
Este estereotipo da cancha, tiro y lado a los
prejuicios existentes sobre el rol de la mujer, centrados en que el lugar de toda
mujer es quedarse en casa, cuidar de hijos y nietos, y que no tiene nada que
hacer en el ámbito público. La
excandidata presidencial, Evelyn Matthei, reaccionó sosteniendo que « En
Chile, el tiempo donde mandaban a las mujeres a la cocina ya pasó».
El estereotipo y prejuicio contenidos en la
declaración del diputado alimentan la discriminación de género y la
discriminación etaria, por edad.
La de género, al asumir que al hombre le corresponde actuar
en la esfera pública (política, trabajo) y a la mujer le corresponde actuar en
la esfera privada (Hogar, cuidado de la familia, cocina).
La etaria, invitar a "disfrutar a
sus nietos" y "irse
a su casa", en virtud de la edad madura o la condición de abuela, que
inhabilitarían o restarían valor a la participación de la mujer en la vida
pública.
Invito a los lectores a hacer el
ejercicio de identificar los estereotipos y los prejuicios que tienen respecto
de grupos de personas, así como las discriminaciones en que incurriría.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario