octubre 13, 2026

Del prejuicio a la discriminación

El concepto de prejuicio encuentra su raíz etimológica en el latín praeiudicium, entendido como 'juicio previo' o 'decisión prematura'. Se le define en dos acepciones complementarias. Uno, como la acción y efecto de prejuzgar; y dos, como una opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.

La UNESCO, en su Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales (1978) establece que el prejuicio es una construcción ideológica basada en la ignorancia y en la voluntad de sustituir los principios de dignidad e igualdad por el dogma de la desigualdad de los hombres y de las razas.

La psicología social y la doctrina de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OHCHR) han operacionalizado esa distinción en una tríada de orden cognitivo (creencia), de orden afectivo y actitudinal (emoción), y por último, de orden conductual y jurídico (predisposición a actuar).

Esta triada evoluciona partiendo de un estereotipo, que es de orden cognitivo; luego se da paso al prejuicio, que es de orden afectivo y actitudinal; para finalmente desembocar en la discriminación, que es de orden conductual y jurídico.

El estereotipo conforma una imagen mental simplificada y generalizada sobre un grupo. Configurado un estereotipo, se da espacio a los prejuicios, esto es, juicios u opiniones generalmente negativas, sin mayores evidencias que suponen una actitud negativa y hostil hacia una o más personas por el solo hecho de pertenecer a un grupo percibido como ajeno. El resultado final suele ser la discriminación, definida como la conducta, el comportamiento, la actuación o la política concreta que se deriva del prejuicio.

Estas líneas nacen como consecuencia de los dichos de un diputado, Javier Olivares, a raíz de unas declaraciones de la expresidenta Michelle Bachelet donde no descarta una eventual candidatura presidencial futura.

El diputado se dio el lujo de afirmar «Le deseo mucha suerte, podría seguir los mismos pasos de la señora Matthei, irse a su casa y disfrutar a sus nietos, cocinar y hacer unas buenas cazuelas para enseñarle a la gente». Tras esta sentencia, hay un estereotipo, una imagen mental simplificada del rol que les correspondería a las mujeres, el de relegar a las mujeres al ámbito privado y doméstico.

Este estereotipo da cancha, tiro y lado a los prejuicios existentes sobre el rol de la mujer, centrados en que el lugar de toda mujer es quedarse en casa, cuidar de hijos y nietos, y que no tiene nada que hacer en el ámbito público.  La excandidata presidencial, Evelyn Matthei, reaccionó sosteniendo que « En Chile, el tiempo donde mandaban a las mujeres a la cocina ya pasó».

El estereotipo y prejuicio contenidos en la declaración del diputado alimentan la discriminación de género y la discriminación etaria, por edad.

La de género, al asumir que al hombre le corresponde actuar en la esfera pública (política, trabajo) y a la mujer le corresponde actuar en la esfera privada (Hogar, cuidado de la familia, cocina).

La etaria, invitar a "disfrutar a sus nietos" y "irse a su casa", en virtud de la edad madura o la condición de abuela, que inhabilitarían o restarían valor a la participación de la mujer en la vida pública.

Invito a los lectores a hacer el ejercicio de identificar los estereotipos y los prejuicios que tienen respecto de grupos de personas, así como las discriminaciones en que incurriría.

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