
Fuente: https://encyclopedia.ushmm.org/
En mi columna anterior escribí en torno a las leyes de Nüremberg de 1935 dirigidas contra los judíos y otros grupos considerados no alemanes, como es el caso de los gitanos. Ahora intentaré centrarme en las razones de la promulgación de tales leyes discriminatorias y vejatorias.
Los argumentos invocados por el régimen
nazi para justificar las leyes de Nüremberg se sustentaron en la necesidad de
proteger la “pureza de la sangre alemana” y la "seguridad de la
comunidad popular (Volksgemeinschaft)".
Tras estos argumentos se encontraba
una ideología en la que primaban los siguientes conceptos:
1. Incompatibilidad racial-biológica:
se afirmaba que la nación alemana se define biológicamente, distinguiendo una
raza alemana de la judía, que así como otras, sería una raza ajena, “no alemana”.
Esta visión racial, biológica distinguiría a unos de otros, no por sus lugares
de nacimiento o sus bases culturales, sino que en base a la sangre que corre
por sus venas. Se afirmaba que la mezcla entre unos y otros “contaminaría”
la integridad genética de los “alemanes”.
2. Seguridad y paz social: se
afirmaba que la sociedad alemana exigía una legislación que permitiera asegurar
la paz social terminando con la violencia imperante en las calles y la protegiera
de la nociva influencia de diversos actores del mundo político, financiero y
cultural.
3. Defensa de la soberanía: se
afirmaba que era necesario asegurar que la ciudadanía solo la tuvieran quienes
poseían “sangre alemana”, dado que solo ellos podían jurar verdadera lealtad al
Reich. De allí la necesidad de reducir a los judíos a la condición de súbditos”
sin derechos.
La ideología nazi se sustentó en focalizar en los
judíos la responsabilidad de la crisis que vivía Alemania, así como de la derrota
sufrida en la primera guerra mundial y de las condiciones de rendición pactadas.
Frente a las agresiones, la violencia callejera y
los boicots a locales comerciales por parte de las tropas de asalto nazi que
hacían caso omiso a las ordenanzas locales, el régimen nazi no encontró nada
mejor que institucionalizar el antisemitismo que el propio régimen alentaba,
promulgando leyes que legalizaban el despojo de derechos aprovechando las
mayorías que poseía en el parlamento y en el poder judicial.
En una próxima columna
intentaré escudriñar en torno a qué hizo posible, o qué ambiente existía para que
en 1935 se promulgaran leyes de un racismo escalofriante, donde la población se
antagonizara entre quienes tenían una sangre y no la otra.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario