En 1981 nace la Universidad de Tarapacá a partir de las sedes que las Universidades de Chile y del Norte tenían en Arica. Su primer rector fue Carlos Valcarce, uno de los tantos jóvenes próceres incubados en movimientos políticos bajo el manto protector del innombrable. Carlos, como buen ariqueño, era amigo de todos, muy especialmente de sus amigos, Jaime Mancilla, Carlos Valle, Marcos Burich, Pepe Weinborn, y tantos otros. Todas buenas personas.
Todos ellos sabían cómo venía la mano, sabían que el estatus universitario sería reservado para aquellas universidades que cumplieran ciertos requisitos. Ya no todas las carreras serían exclusivamente “universitarias”, por lo que para merecer el nombre de tales, se exigiría impartir al menos un determinado número de carreras universitarias. Las carreras de ingeniería de Ejecución que se impartían (Electrónica, Mecánica, Computación) debían pasar a ser Ingenierías Civiles para que la Universidad fuera tal, y no un mero instituto profesional. Dicho y hecho.
A esta altura, con sutil elegancia, nos invitan a Yanko y a mí, a perfeccionarnos, a enviarnos al exterior para seguir estudios de posgrado -magister o doctorado-, mientras contratan a dos profesionales provenientes de la casa central de la Universidad del Norte: Ante Vrsalovic, quien trabajaba en el Centro de Computación (CECUN), y a Ricardo Durán, quien se desempeñaba en el departamento de Computación de la UNORTE sede Antofagasta. Posteriormente también contratan desde allí a Ibar Ramírez.
Es así como Yanko parte en 1982 a España para seguir un magister en informática en la Universidad Politécnica de Madrid. Yo lo hago un año después, porque para poder salir y se me mantuviera el sueldo, tenía que ser chileno. Trámite que solo vine a hacer cuando me vi contra la espada y la pared. En octubre de 1983, con mi señora y nuestros hijos, partí a estudiar en el mismo programa de Yanko, cuando la Facultad de Informática de la Politécnica de Madrid estaba en el kilómetro 7 de la carretera a Valencia.
Fueron años maravillosos que nos marcaron. Con mi señora nos fuimos cuando teníamos los dos, 35 años, y nuestros hijos 6 y 8 años. Años maravillosos porque aprendimos mucho, no solo en el campo del conocimiento informático, sino humano, y político. Eran tiempos de destape, de la movida madrileña con Enrique Tierno Galván como alcalde de Madrid. Tiempos de gobierno socialista encabezado por Felipe González.
Regresamos a fines de 1985, cuando el país estaba entrando a una nueva fase política, de mayor apertura, con el plebiscito del 88 en el horizonte. A nuestro regreso encontramos otro Chile y una Universidad de Tarapacá buscando su destino.

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