enero 25, 2019

El cuento de la meritocracia

A propósito del proyecto que el gobierno ha denominado admisión justa, la derecha ha invocado la necesidad de restituir la selección en el ámbito educativo basado en la necesidad de valorar el esfuerzo de los estudiantes y no dejar su admisión a merced de una tómbola. El fundamento subyacente es el de la meritocracia. Quiénes son los que invocan la meritocracia? Las élites, gran parte de los sectores de clase media, y también, no pocos de los sectores más pobres.

Si hiciésemos un estudio de las élites, a quienes solemos identificar como los dirigentes que conducen, toman decisiones en sus respectivos campos de acción –político, empresarial, deportivo, eclesiástico, militar-, llegaremos a la conclusión de que en su inmensa mayoría accedieron a ella no por mérito ni esfuerzo, sino que esencialmente por cuna, por nacimiento, por herencia. Basta ver los apellidos que se repiten una y otra vez. Ahí están los Larraín, los Errázuriz, los Irarrázabal, los Chadwick, los Sweet, los Luksic, los Angellini, entre otros. Están donde están porque nacieron en cunas de oro, lo que no quiere decir que no sean personas de esfuerzo, pueden serlo, pero con el puro esfuerzo, y sin el apoyo de sus respectivos clanes familiares y las redes de contacto asociadas, la inmensa mayoría de ellos no estarían donde están. También hay otros apellidos no tan rimbombantes, que efectivamente han salido adelante a pulso, a punta de mucho esfuerzo, pero son los menos.

Si similar estudio hiciésemos a nivel de quienes pertenecen a la clase media, lo más probable que la mayoría estime que son personas de esfuerzo, que han transpirado la gota gorda, sobretodo quienes han logrado escapar de la pobreza. Por lo mismo, tales familias tienden a identificarse fuertemente con la selección en el ámbito educativo, pensando que la selección está basada en el reconocimiento del esfuerzo de sus hijos y de las propias familias. Se pasa por alto que quien selecciona es el establecimiento educacional y no la familia. Se asume que las calificaciones de los estudiantes son una medida de sus esfuerzos, cuando abundantes evidencias señalan que más que sus esfuerzos, las calificaciones son resultado de un entorno, un contexto, un ambiente de aprendizaje, una familia. Esto es especialmente válido en las primeras etapas del proceso educativo educación básica y media-. Por tanto, la selección no es por mérito ni por esfuerzo del estudiante, sino que fundamentalmente por factores externos.

En consecuencia, la selección, al menos en los niveles de educación básica y media, termina por segregar en vez de integrar, propósito perseguido por la vía de la tómbola. Otro mecanismo existente en otros países es por la vía de las cuotas, donde los establecimientos educativos deben reservar cuotas de vacantes para determinados grupos de estudiantes –de origen indígena, de sectores vulnerables, de inmigrantes u otros-.

Dentro de los sectores más pobres, es probable que también nos encontremos con quienes estimen que es válido que los establecimientos seleccionen a quienes ingresan a sus aulas por sus calificaciones. Son quienes ya se han resignado, quienes han asumido que son pobres por flojos, porque se lo merecen. Son quienes se han comprado el discurso imperante, que quienes están en las capas medias son porque se lo merecen, así como quienes conforman las élites. Es el discurso que supone que todos estamos donde nos corresponde en base a nuestros esfuerzos.

Un periodista, Daniel Matamala, graficó muy bien en qué terminan los esfuerzos de los de abajo, y las cunas de los de arriba en una columna titulada Pedro, Juan y Diego.

Por momentos pienso que todo es al revés. Que arriba están los que menos la trabajan y abajo los que más la trabajan. A quienes les ha ido bien en esta vida les seduce creerse el cuento de que lo que son y tienen es fruto de sus esfuerzos, obviando otros factores, así como la existencia de muchos que se han esforzado tanto a más, sin recompensa alguna.

Las banderas de la meritocracia y del esfuerzo están en manos equivocadas. El mundo al revés.

enero 19, 2019

La gobernanza democrática desafiada

En Chile, a lo largo de diversas ciudades, en un esfuerzo descentralizador, por estos días ha estado desarrollándose el Congreso Futuro. Una de las charlas, titulada el poder de los ciudadanos, concierne a la desconfianza de los ciudadanos en sus gobiernos, la que nos invita a buscar alternativas de gobernanza.

Esta creciente desconfianza se da a pesar de tener gobiernos que se asumen democráticos, o sea, que han sido elegidos por sus ciudadanos. En cierto modo esto representa una contradicción, dado que si somos nosotros quienes elegimos a quienes nos gobiernan, entonces se supone que debiésemos confiar en ellos. Sin embargo, ello no es así. Qué está pasando?

Hemos entrado a la era de la información, de una era donde había poca información, que no era accesible, estamos pasando a una era de mucha información, gracias a la revolución de la informática y las comunicaciones. Venimos saliendo de un tiempo en el que nuestras decisiones estaban basadas en muy poca información. Hoy manejamos mucha más información que en el pasado, y ello está abriendo nuestros ojos, nos está permitiendo ver lo que antes no veíamos: que nuestros representantes en los gobiernos y en los parlamentos, han estado conformando leyes con un cierto sesgo a favor de determinados grupos sociales, económicos o culturales. En USA un estudio llegó a la conclusión que lo que se tiene no es un sistema democrático, sino que un sistema oligárquico, donde una élite conformada por los más ricos y poderosos se encarga de concebir, diseñar e implementar leyes que los beneficien pensando en sus propios intereses, aun cuando sea en desmedro de los intereses de los sectores medios y bajos. Lo mismo podríamos sospechar que ha estado ocurriendo en nuestros países.

Si bien esto no es nuevo, de alguna manera se intuía, pero gracias a las sucesivas elecciones que el sistema democrático pone a nuestra disposición, escogíamos nuevos políticos para conformar los gobiernos y los congresos. A pesar de esto, las leyes que se promulgan tienden a favorecer a los mismos de siempre. Una y otra vez. Y cargamos los dardos a los políticos sin percatarnos que el problema no son ellos, sino que el sistema.

Más que cambiar a los políticos, lo que se ha comprobado que no tiene los efectos esperados, lo que habría que cambiar es el sistema político. Vaya tarea monumental. Al lado de los asombrosos y vertiginosos avances que hemos experimentado, y seguimos experimentando en el ámbito tecnológico, el ámbito político parece petrificado, los gobiernos y los parlamentos actuales no parecen muy distintos a aquellos que existían hace más de 100 años atrás.

De una era en la que teníamos que tomar decisiones con muy poca información, pasamos a una era de exceso de información donde no faltan quienes no trepidan en generar maliciosamente información falsa para que sea difundida como reguero de pólvora vía redes sociales. En el campo político ya está ocurriendo, incluso por parte de algunos de los propios políticos para obtener los votos que requieren, distorsionando el sentido de la democracia, contribuyendo con ello a su desvalorización.

Para evitar que se nos siga tomando el pelo, que sigamos votando por quienes nos engañan una y otra vez estamos obligados a tener la capacidad para filtrar información proveniente de las fuentes tradicionales y no tradicionales –redes sociales-, para distinguir aquella que es relevante de la que no lo es, así como darnos el trabajo y tener la capacidad para verificar la información que recibimos. Pero eso no bastará si no logramos controlar y manejar la información disponible asegurando que los gobiernos y parlamentos, no interfieran en ella. Esto implica implementar sistemas en distintas nubes –con la información distribuida en miles de computadores con los cuales interactuemos directamente, y que sean autónomos de los gobiernos y los parlamentos.

De este modo, los gobiernos y parlamentos perderán el poder monopólico que en distintas materias disponen actualmente, forzándolos a combatir este empoderamiento ciudadano con un comportamiento más eficiente y respetando sus intereses, no solo los de las élites. La tentación de los gobiernos por limitar, controlar o prohibir la construcción de estas nubes de información no estará disponible. Para allá vamos.

enero 10, 2019

El sueño de un pibe de 70 años (parte 3 y final)

En su momento prometí compartir algunas reflexiones en torno a mi reciente primera experiencia periodística rentada y que ya di a conocer en columnas anteriores (ver parte 1 y parte 2). Una experiencia muy positiva que se tradujo en 6 columnas en torno a la biotecnología en la agricultura, en entrevistas radiales y televisivas a los invitados nacionales e internacionales al workshop, y en una nota final.

Una primera reflexión señala que cuando estás relajado, sin apremios, sin apuros, sin mayores necesidades, parecen llegar oportunidades que suelen ser esquivas cuando más las necesitas. Quizá por lo mismo. Cuando estás necesitado, la tensión, el apremio, por algún lado se transmite. No basta con posar, con hacer ejercicios de relajación, con recetas ni nada por el estilo. Hay que ser como se es y no otra cosa. Tratar de simular suele no resultar. Debo puntualizar que esto no necesariamente es cierto siempre. No faltan quienes deben estar necesitados, tensionados, apremiados, para ver y aprovechar oportunidades. Incluso más, en uno mismo pueden darse que en distintos momentos de la vida la necesidad, la tensión sea el motor que ponga en acción las capacidades que tenemos. No conozco ley escrita al respecto.

Dos, cuando me llegó el momento de postular a la universidad quería estudiar periodismo o arqueología. Sin embargo, en mi casa la respuesta fue negativa porque no querían muertos de hambre en la familia!!!! Así de simple. Hoy una respuesta de este tenor es impensable, pero en esos tiempos era bastante común. Pregunté: ¿entonces qué estudio? La respuesta fue categórica: ingeniería. El horno no estaba para bollos, así que eso estudié. Pero como el agua que se escurre por algún lado, mi interés por el periodismo se ha estado expresando, ya por màs de 45 años, escribiendo columnas o papers, y ahora con esta oferta laboral periodística caída del cielo que me dejó viendo estrellas.

Tres, toda mi vida ha sido como pisando huevos hasta que colgué los guantes. Mi primer trabajo lo perdí por el golpe del 73. Trabajaba en el Banco Central de Chile en una unidad responsable del control de divisas. Me echaron sin preguntarme nada, simplemente suprimieron la unidad en que trabajaba porque de inmediato se implementó una nueva política económica y los dólares que escaseaban empezaron a aparecer como por arte de magia en virtud de que se había decretado libertad cambiaria. Por lo mismo perdió sentido el control de divisas. Ya estaba casado y de un día para otro quedé con una mano adelante y otra atrás estando en mi último año de la universidad. Mi tesis para titularme como ingeniero civil industrial, se fue al tacho de la basura tanto porque se trataba de un tema vinculado a mi trabajo que ya no tenía -la planificación de la producción de la línea de productos electrodomésticos-, como porque a quien era mi profesor guía de la tesis, Sergio Bitar, lo relegaron a la isla Dawson por haber sido ministro en el gobierno de Salvador Allende. Busqué trabajo enviando mi curriculum a todas partes. Ni siquiera me respondían o llamaban a entrevistas. Ya tenía el síndrome del perseguido, por ser uruguayo en tiempos de tupamaros, y por lo mismo estaría en una lista negra. Más encima, para rematarla, en esos tiempos tenía una frondosa barba roja, ahora más rala y encanecida con el paso del tiempo. Toda una facha de comunista, marxista leninista, ultra, pero pura facha porque mi cerebro era incapaz de adherir a dictaduras del proletariado o a una concepción de la sociedad como de luchas de clases. Recién al cabo de un año, que sobreviví a punta de trabajos esporádicos y un emprendimiento en el sector educativo, logré encontrar un trabajo estable. Desde entonces, siempre he andado con el temor a perder el trabajo, y ahora, por primera vez en mi vida, a los 70 años, vienen a buscarme para ofrecerme un trabajo temporal, pero precioso. Como para no creerlo!.

enero 09, 2019

La mona, por más que se vista de seda, mona queda

En la semana tres pasos en falso a nivel gubernamental dan cuenta de un gobierno que parece tropezarse solo a falta de una oposición con claridad conceptual. Uno, las explicaciones del ministro del Interior, Andrés Chadwick, frente a las declaraciones de un general en retiro; dos, el aumento de sueldo a una cifra cercana a los 10 millones de pesos mensuales de Fernanda Bachelet, de tan solo 27 años, hija de un amigo de Piñera, para trabajar en una de las oficinas comerciales de ProChile en USA; y tres, la nominación de Benjamín Salas, de la misma edad e hijo de la ministra del deporte, como asesor presidencial en la APEC 2019 que se realizará en Santiago. Estos dos últimos casos hacen estallarle al gobierno, en su propia cara, las acusaciones de amiguismo y nepotismo.

El primer caso está referido a las inverosímiles explicaciones dadas por Chadwick, donde se explaya en torno a las interferencias en la comunicación que mantuvo con un general de carabineros, ahora en retiro. Este último, en sus declaraciones ante la fiscalía, sostuvo que el ministro, desde el primer minuto fue informado y sabía que Catrillanca estaba desarmado y que los carabineros no estaban siendo atacados. Cuesta creer que hayan sido las interferencias y dificultades en la comunicación hayan inducido al ministro a error.

En el segundo caso, el de Fernanda Bachelet, ya se dio vuelta la página gracias a que ella decidió dar un paso al costado. Sin embargo quedó al desnudo el castillo de naipes que se había montado al afirmarse en primera instancia que había accedido al cargo merced a un concurso público. Posteriormente pudo comprobarse la falsedad de ello cuando desde el propio personal de la cancillería tuvo que desmentirse la existencia de concurso alguno.

El tercer caso da cuenta del nepotismo existente. Si bien debe reconocerse que no es un fenómeno nuevo, no deja de llamar poderosamente la atención porque una de las críticas más fuertes a los gobiernos anteriores de la Concertación y de la Nueva Mayoría, era justamente el del nepotismo. Sin embargo, al lado de lo que estamos observando por estos días, las fuerzas de gobierno anteriores parecen niños de pecho al lado de quienes conforman la actual coalición gobernante de Chile Vamos,.

Los tres casos, son verdaderos botones de muestra, sobre todo los dos últimos, de lo lejos que estamos de ser un país donde se haga carne la meritocracia y la igualdad de oportunidades. Esto, a pesar de que nos enjuagamos la boca una y otra vez con tales expresiones. Vemos que una vez más se ponen en jaque ambos conceptos que tanto pregonaron las fuerzas de Chile Vamos en la última campaña electoral, caballito de batalla con el que fustigaron al anterior gobierno.

Las 3 torpezas mencionadas dan cuenta de la importancia que tiene la existencia de una oposición propiamente tal. Si existiese una oposición fuerte, difícilmente el gobierno se andaría disparando a los pies como es lo que está ocurriendo. En efecto, el gobierno sería más ciudadoso, más cauteloso y no andaría haciendo chambonadas como las que estamos observando. De allí que, al paso que vamos, la principal oposición al gobierno está en su propio seno.

enero 03, 2019

Lo que se viene en el 2019

Con escaso margen de error se puede vaticinar que se nos viene un año movido, con ribetes especiales y que sacarán más de una roncha. De alguna manera lo que se dio el 2018 fue un anticipo y no es para menos. Mal que mal lo que se da son tendencias. Y de lo que no cabe duda es que hay un cambio de eje que se está dando a nivel mundial, global. La comunicación instantánea, las redes sociales, están posibilitando el “contagio” como reguero de pólvora. Incluso las mentiras, las medias verdades, las noticias falsas.

Resulta sintomático que luego de décadas intentando girar hacia la izquierda, buscando profundizar la democracia en lo político, combatir la pobreza junto con reducir la desigualdad en lo económico, e incrementar las libertades individuales en lo valórico, hoy se está observando un suerte de orden de “virar hacia la derecha”. Un viraje hacia el autoritarismo en lo político con miras a imponer orden y seguridad, hacia el neoliberalismo en lo económico, y hacia el conservadurismo en lo valórico. Todo ello a como dé lugar.

Las razones que impulsan este viraje varían según el país que se trate, aunque muy probablemente tengan algún tronco común. Estas razones son múltiples –la inmigración, la inseguridad, la precariedad del empleo, la corrupción, entre otras-, pero en esta ocasión solo haré mención a dos de ellas: la corrupción y la infiltración.

La corrupción solía estar asociada a la derecha, y de hecho la sigue afectando. El tema es que se ha expandido a la izquierda, perdiendo la superioridad moral que tenía en este plano. Se asumía que desde el gobierno la izquierda debía combatir la corrupción, y en no pocos casos ha caído en tentación, terminado siendo cooptada. Eso lo está pagando caro, mucho más caro que la derecha porque la gente que confió en la izquierda se ha sentido defraudada, y por lo mismo vota con rabia. A la gente no le importa tanto que la derecha sea mucho más corrupta que la izquierda, como que ésta haya “pisado el palito”. De hecho, lo más probable que al final de este nuevo ciclo que se abre los actuales niveles de corrupción sean irrisorios al lado de los que se vienen. En no pocos casos, quienes se han erigido como jueces son tantos o más corruptos que aquellos a quienes han condenado. Por la boca muere el pez.

La infiltración comunista es otro argumento que se ha estado levantando, al igual que en la década de los 70 cuando se inició el ciclo de las dictaduras militares, todas ellas encaminadas a extirpar el cáncer marxista, el yugo marxista. Caballito de batalla que es resucitado en la hora actual aun cuando ya no estamos en tiempos de guerra fría ni existe la Unión Soviética. Pero sirve para aleonar a las FFAA y las distintas corrientes conservadoras religiosas de los distintos países que ven con malos ojos todo lo que huela a comunismo o socialismo. En su reciente discurso inaugural, el nuevo presidente brasileño puso énfasis en intervenir la educación con miras a erradicar toda influencia comunista. No deja de llamar la atención que el foco esté puesto en esta infiltración y no en la creciente influencia del narcotráfico en los más diversos niveles de decisión.

Para recuperar el ascendiente que en su momento tuvo la izquierda, necesariamente debe asumir la responsabilidad que le corresponde por haber llegado la realidad en que se encuentra en la actualidad. Un análisis retrospectivo e introspectivo respecto de las ideas que la conforman, así como de su comportamiento, le haría bien a ella misma, así como a los países en que actúa.

En síntesis, lo que se viene es preocupante, por no decir alarmante, y exigirá lo mejor de nosotros si es que no queremos convertirnos en ovejas manejadas a su antojo por pastores armados hasta los dientes.

diciembre 27, 2018

Una remoción con decreto fundado por Rodolfo Schmal S.

Luego del rechazo del general director de Carabineros Hermes Soto a la petición de renuncia que le hiciera el presidente Piñera, r
tuvo que recurrir a la figura del “decreto fundado” en base a lo contemplado en la constitución gracias a una de las reformas establecidas durante el gobierno de Lagos.

La petición de remoción tiene su origen en la responsabilidad de mando que tiene el general Soto por la muerte del comunero mapuche Catrillanca quien fuera asesinado por carabineros pertenecientes a las fuerzas especiales policiales apostadas en la zona de la Araucanía. Esto fue confirmado luego de versiones iniciales que señalaban que los carabineros habían sido atacados, las que posteriormente se demostraron falsas ya que Catrillanca estaba desarmado.

Dado que el general Soto gozaba de inamovilidad en su cargo, el presidente tuvo que recurrir al artículo 104 de la Constitución Política para poder destituirlo. Dicho artículo establece que para ello debe emitirse un decreto fundado e informando previamente a la Cámara de Diputados y al Senado. El decreto se fundó en la necesidad de un nuevo liderazgo. Solo entonces pudo ser removido y nombrado un nuevo director general de Carabineros, siendo escogido el general Rozas. La remoción fue rechazada por la derecha encabezada por José Antonio Kast (JAK) y vista con malos ojos desde el grueso de la UDI y gran parte de RN, los mayores partidos de la coalición gobernante.

Es interesante consignar que la Constitución Política de 1980 no contemplaba posibilidad alguna de destitución de ninguno de los comandantes en jefe de las FFAA ni del director general de carabineros. Solo con las reformas del 2005, bajo el gobierno de Lagos logró incluirse el artículo al cual tuvo que recurrir ahora el presidente Piñera para destituir al general Soto. Artículo que fue resistido por la oposición derechista de entonces, la que no quería que la remoción quedara en manos del presidente. Finalmente, ante la insistencia del presidente Lagos, a regañadientes y no sin dificultades, la derecha accedió pero exigiendo un decreto fundado y informando al congreso nacional.

Hoy desde el seno de gran parte de la propia derecha que el propio JAK no trepida en calificar de “acomplejada”, se constata la necesidad de que el presidente de la república tenga la facultad de remover a los comandantes en jefe de las FFAA y de Orden, una vez que dejen de contar con su confianza. Sin embargo dentro la derecha recalcitrante se sigue viendo con malos ojos la posibilidad de que un presidente, elegido por mayorías políticas “circunstanciales”, tenga la facultad de remoción que pudiera afectar la “autonomía” de las FFAA.

En las democracias y repúblicas que se precian de tales se asume que el poder militar está supeditado al poder civil político, y que en tanto ello no sea así, lo que se vive no es más que una caricatura de democracia y de república. Una fantasía, como me dijo un amigo, donde los políticos hacen como que mandan y las fuerzas armadas y de orden como que obedecen.

Como escribiera en otra ocasión, no se le pueden pedir peras al olmo. La derecha está condenada a llegar atrasada a todas partes –tarde llegó a la ley de divorcio; tarde llegó a conceder el derecho a voto de los chilenos en el exterior; tarde llegó a la ley de igualdad de género-. La derecha intransigente, por el contrario, se resiste y le reprocha a esta derecha atrasada dejarse llevar por el viento antes que por convicciones.

Aprovecho de desearles a todos -derechistas y no derechistas, transigentes e intransigentes- un muy feliz año nuevo y que de una vez por todas vengan los tiempos mejores que se pregonan!

diciembre 25, 2018

El sueño de un pibe de 70 años (parte 2)

La semana pasada escribí en torno a una sorprendente propuesta destinada a conocer mi disponibilidad para una eventual oferta laboral. Sorprendente por dos motivos: uno, por tener ya siete décadas en el cuerpo en pleno estado de “júbilo”; y dos, porque nada tiene que ver con mi profesión de ingeniero civil industrial ni con mi trayectoria laboral como profesor universitario. La idea era ofrecerme un trabajo periodístico, destinado a difundir los temas tratados en un taller (workshop) donde invitados nacionales e internacionales expondrían sus trabajos y avances en torno a la regulación genética en el desarrollo de las plantas y la maduración de la fruta con miras a un mejoramiento en la productividad agrícola sustentable.

Mi aceptación a la propuesta fue instintiva e inmediata sin conocer siquiera las condiciones económicas. Me despedí agradecido de quien me hizo la propuesta y quedó en avisarme cuando tuviese alguna respuesta que darme. Quedé viendo estrellitas de felicidad, de pensar que se hubiesen acordado de mí, y de la oferta, que consistía en escribir en torno a los temas que se tratarían en el taller para el común de los mortales. Esto implica “bajar a tierra” los términos sofisticados o de alto nivel que se abordarían. El desafío no era menor porque se trata de una disciplina que nada tiene que ver con la que he tratado toda mi vida, la regulación genética en la agricultura, en la producción de fruta y maderas, donde mis conocimientos son nulos. Así y todo, que se confiara en mi capacidad inquisitiva e investigativa a esta altura del partido, me animó fuertemente.

Pasaron los días y no pasaba nada. Ya estaba convencido que todo había quedado en nada, que todo no había sido más que un sueño, el famoso sueño del pibe.

Mal que mal, en mi adolescencia, cuando me llegó la hora de ver qué estudiar en la universidad, mis opciones favoritas eran periodismo o arqueología. Sin embargo, en mi casa rechazaron mis opciones con el argumento de que “no querían muertos de hambre en la familia”. Eran otros tiempos. Resignado solo atiné a preguntar: entonces ¿qué estudio? La respuesta, luego de una brevísima cavilación fue: ingeniería. ¿Porqué? pregunté. “Porque le pegas a las matemáticas” se me respondió y yo agaché el moño. No veía por dónde rebelarme, el horno no estaba para bollos, de hecho ya me había rebelado en otra ocasión con un desastroso resultado. Ya escribiré sobre esta rebelión en tiempos de boyscouts de la iglesia de El Bosque en tiempos de Karadima! Así que arrugué sin complicarme mayormente, ni caer en depresiones ni sesiones psicológicas que por esos tiempos no existían.

Volviendo al tema que nos convoca, cuando ya estaba resignado a que no pasara nada, recibo un whatsapp de quien me había contactado para decirme que ya estaba todo listo, que se me iba a elaborar un contrato a honorarios por un valor total de $ 300,000 brutos (equivalentes a unos 400 euros o 450 dólares). El taller tendría una duración de un día completo y mi responsabilidad era difundir previamente la realización del evento, luego el evento propiamente tal, y posteriormente sus resultados, todo en un vocabulario accesible al ciudadano de a pie. El valor a pagar no era para volverse loco, pero a esta altura del partido, como jubilado, por hacer algo que me apasiona, servía para pasar un lindo año nuevo.

Firmo el contrato, el cual debe ir instancias superiores para su aprobación, lo que se asume como un mero trámite de toma de razón. Sin embargo, el contrato no es aprobado en razón a que el suscrito no es periodista, por lo que el contrato debe respaldarse con los fundamentos correspondientes en aras de la transparencia en tiempos de “transparencia”. Se insiste, ahora enviando el contrato con carta complementaria en que se incorporan los antecedentes que acreditan mi función periodística por casi 50 años en diversos medios de comunicación regional, nacional e internacional. Cuento corto, al final el contrato fue aprobado y por estos días debo estar recibiendo la millonaria.

Respecto de la experiencia vivida y el taller que ya tuvo lugar, me ha hecho reflexionar varias cosas, de las que daré cuenta una próxima columna. Continuará!

diciembre 20, 2018

La resurrección del innombrable

Una joven diputada de Renovación Nacional (RN) en el último Consejo general de su partido, sin vergüenza alguna, se declaró orgullosa de ser pinochetista, y al mismo tiempo, partidaria del orden, la libertad y la democracia. Por afirmarlo se declaró valiente y pidió la misma valentía a quienes asistían al Consejo, muchos de los cuales respaldaron y aplaudieron la alocución de la diputada.

No me calza ni lo uno ni lo otro. Uno, la asociación del pinochetismo con el orden, la libertad y la democracia; y dos, que por afirmarlo se considere valiente.

Personalmente soy partidario del orden, la libertad y la democracia, pero no soy pinochetista. Y no lo soy precisamente porque bajo su régimen no hubo ni orden, ni libertad, ni democracia, sino el poder del terror, la imposición del miedo, la restricción de las libertades y la ausencia de democracia. El orden, la libertad y la democracia no se imponen por decreto ni con el peso de las bayonetas. Por el contrario, para que sean reales, deben ser fruto del diálogo, de conversaciones cara a cara sin amenazas, de igual a igual, frente a frente, sin eufemismos y sin armas sobre ni debajo de la mesa. La conquista del orden, la libertad y la democracia es un proceso de mejoramiento continuo, permanente, que debe trabajarse día a día mediante una disposición, una actitud abierta, honesta, positiva en favor de los más débiles. El pinochetismo, a mi modesto entender, es la antítesis de lo expuesto.

Por otra parte, afirmar que “Yo soy pinochetista, y lo digo sin problemas. Soy una agradecida del gobierno militar" no veo qué tiene que ver con la valentía. La valentía es un concepto que va más allá de hacer o decir cualquier cosa. Como ha sostenido el filósofo español José Antonio Marina, la ausencia de miedo es temeridad, no valentía. Esta última está asociada a fijarse un objetivo y mantenerlo contra viento y marea, no obstante los riesgos, esfuerzos y/o dificultades que conlleven. Es una contradicción arrogarse la condición de valiente en las condiciones actuales, con viento a favor en medio de un resurgimiento de una ola populista que tiende a sacralizar el militarismo y el anticomunismo. No se es valiente por respaldar a quienes tienen el monopolio de las armas para que las usen a favor de unos y en contra de otros compatriotas.

Todo lo contrario. Valientes son quienes insisten incansablemente en la defensa de los DDHH y la búsqueda de una justicia que les ha sido esquiva. Valientes son quienes no pierden la fe en la posibilidad de vivir en un país donde coexistan pacíficamente el orden, la libertad y la democracia. Valientes son quienes luchan por estos ideales a pesar del riesgo de una resurrección del pinochetismo.

diciembre 18, 2018

El sueño de un pibe de 70 años (parte 1)

En las postrimerías de mi existencia, con 70 años y a menos de un año jubilado, recibí una oferta digna de un análisis psicopatológico, del mundo en que vivimos, de una suerte de mundo al revés.

A comienzos de semana, un amigo, a través de una de las redes sociales -whatsapp-, me envía un mensaje consultando si podía ir uno de estos días a la universidad en que trabaja, y donde trabajé por más de 20 años hasta el año pasado para tomarnos un café en su cafetería. Respondí que si quería podía ir al día siguiente a la hora que le viniera bien. Dicho y hecho, nos juntamos a las 11 de la mañana en la cafetería.

Al otro día, quienes fueron mis alumnos se sorprenden de verme en el campus universitario. Algunos se acercaron a saludarme o conversar, al igual que mis excolegas, quienes aprovechan de ponerme al día en sus peripecias académicas y preguntarme como va esa vida de jubilado.

Me encontré con quien me había llamado, nos fuimos al café y me cuenta que quería anordar dos temas: uno, de un taller que tendría lugar pronto, con invitados nacionales e internacionales en torno al mejoramiento de la productividad agrícola sustentable. Mi amigo (Raúl), junto con otros, está a cargo de su organización y lo que le interesa es que su contenido, resultados y conclusiones se den a conocer a nivel local, regional, nacional. Por ello, en una de las reuniones preparatorias del taller analizaron esto de la difusión y en primera instancia pensaron en algún periodista, pero no veían quien podía ser que se manejara con lo que llaman periodismo científico. En medio de las reflexiones Raúl se acuerda que yo escribo sobre lo divino y lo humano, poniendo mi nombre sobre la mesa. Pide autorización para conversar conmigo afirmando que Rodolfo pone en fácil lo que puede ser difícil, y que si bien no es periodista, escribe desde hace más de 40 años. Los demás aceptaron la propuesta y le autorizaron para auscultar un posible interés de mi parte e iniciar conversaciones conmigo.

El otro tema que quería conversar era del mismo orden, pero en torno a un programa de investigación agrícola que se quería postular a un concurso y que tendría 3 componentes: de formación, investigación y difusión. Esta última debería hacerse cargo de difundir los trabajos de investigación que incluye el programa, así como sus actividades de formación (cursos, talleres, etc.). Raúl quería saber si podía incluir mi nombre en la postulación. De aceptar, y si el programa es adjudicado, ahí tendría que estar trabajando también.

Por último, Raúl afirmó que en ambos temas hay presupuesto y que recibiría unos honorarios cuyo monto está en el aire porque primeramente querían saber si me interesaba participar.

Cuando me contó todo esto en torno a un café y un "muffin", una suerte de galletón, tanto el café como el muffin los encontré más sabrosos que nunca.

A Raúl le agradecí que se acordara de mí, que me dejaba el ego a la altura de las nubes, que nunca imaginé que me llegaría una oferta de este tenor a esta altura de mi vida, que encontraba fantástica la propuesta con independencia de las platas y que aceptaba encantado.

Cuando nos despedimos quedé alucinado como un niño, agarrándome la cabeza. Habiendo altos niveles de desempleo juvenil y que me llegue esto sin que lo busque ni lo necesite, me hizo pensar que estaba alucinando, soñando despierto.

Luego pasaron los días, las semanas, sin noticias de Raúl. No quise llamarlo para no importunarlo. En una de esas todo quedó en nada. No me hice mala sangre, total, aunque al final todo esto quedara en nada, lo soñado y lo bailado no me lo quitaba nadie. Fueron minutos, días de gloria. Vi todo como un meteorito, como el sueño de un pibe de 70 años.

Al cabo de unas semanas me llama Raúl. 

Continuará!

diciembre 13, 2018

Lo que esconde la no firma del pacto migratorio

El gobierno de Chile resolvió no sumarse a la firma del pacto migratorio de las Naciones Unidas sobre la base de que entra en contradicción con los objetivos que tiene el país dado que su obligación es proteger los intereses de los chilenos. Para confirmar lo señalado, sostuvo que “restringe nuestra soberanía y puede perjudicar a nuestros compatriotas”, agregando que “yo quiero discutir la política de migración en Chile con los chilenos y no con los funcionarios internacionales”. Luego remata afirmando que “Yo sé que para mucha gente estar en buena con los organismos internacionales es muy importante por razones obvias. A mí me interesa más estar en buena con el país, con los chilenos, y estamos haciendo lo que tenemos que hacer".

Como anillo al dedo le vino el respaldo del expresidente Frei Ruiz-Tagle, al afirmar éste que “no podemos aceptar que de afuera nos estén fijando las condiciones en que entra la gente”. Su padre, Frei Montalva, debe estar agarrándose la cabeza en su tumba ante tamaña expresión.

Quisiera dejar constancia de al menos cuatro hechos que me llaman la atención. Uno, que el pacto restringiría la soberanía y pueda perjudicar a los chilenos. Esta afirmación me recuerda los tiempos del innombrable, que no estaba disponible para firmar pacto alguno que restringiera su poder para hacer lo que se le antojara internamente, abusando del poder al amparo de la fuerza. Dos, no querer discutir políticas migratorias con funcionarios internacionales, sino que con los chilenos. Sin embargo, no duda en discutir políticas económicas y financieras con el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Tres, quienes apoyan la decisión de no firmar el pacto son casi todos, si no todos, hijos de inmigrantes y tienen pendiente resolver el llamado problema mapuche, los únicos no migrantes de este país llamado Chile. Y cuatro, esta decisión coincide con un alza del populismo de derecha que en nuestro continente está siendo liderado por Brasil con Bolsonaro a la cabeza, otro hijo de inmigrantes italianos y que aspira reducir a los nativos a la mínima expresión.

Es importante consignar que el pacto, firmado por más de 150 países, procura abordar la problemática migratoria, que de por sí suele tener tras sí una tragedia –escapando de guerras, de crisis económicas, hambrunas, desastres naturales-. Si nos damos el trabajo de leer el contenido del pacto, y los ejes que contiene, observaremos que solo persigue una migración segura, ordenada y regular. En ningún caso apunta a facilitar la migración de delincuentes ni privilegiar a los inmigrantes por sobre los connacionales.

El tradicional eje político izquierda-derecha pareciera estar quedando atrás, para ser reemplazado por uno nuevo, que está por definirse, y donde está en juego si construimos una sociedad basada en lo peor o lo mejor de nosotros.

diciembre 06, 2018

Entre olas (parte 3 y última)

La actual ola de transición democrática que viven varios países de América Latina parece que tienen sus días cantados. En Europa, la ola comunitaria iniciada al término de la segunda guerra mundial y ampliada a los países que conformaban la Europa Oriental con la caída del muro de Berlín, también parece estar llegando a su fin.

En nuestro continente, la elección de Bolsonaro en Brasil parece dar cuenta de ello. Bolsonaro, al igual que tantos otros que están emergiendo desde las catacumbas, lo hacen con un discurso simple, sin rodeos, que no requiere mayor reflexión, apelando a la antipolítica. Son políticos que simulan no serlo con un discurso antipolítico, basados en la ley del talión, de la imposición del más fuerte, manipulando nuestras emociones e inseguridades y apuntando sus dardos hacia los grupos humanos más vulnerables y fáciles de identificar: los inmigrantes, los negros, los homosexuales, los mapuche.

No resulta difícil visualizar que vivimos tiempos de rechazo a la política y los políticos por gran parte de una población, la que se siente defraudada, con una gran rabia, la que vuelca esencialmente contra el centro y la izquierda, no a favor de la derecha, sino que de la ultraderecha. En consecuencia, todo indica que se está ente el inicio de una ola de repliegue, de retorno a un discurso nacionalista, antiglobalizador encabezado ahora por Trump. Un tiempo que se asemeja al vivido en Europa antes de la segunda guerra mundial.

En Chile, su más genuino representante es José Antonio Kast, quien clavó su primera estaca en las últimas elecciones, obteniendo un nada despreciable 8%. Desde la derecha jaquea a la derecha, así como en su tiempo, la izquierda era jaqueada por la izquierda. Para él, y no pocos como él, Piñera pareciera estar “más interesado en agradar a la izquierda que de defender las convicciones propias y cumplir el mandato de los chilenos”. Tanto JAK como otros están convencidos que la izquierda está dominando la agenda de gobierno. Igual que en tiempos de la Concertación y de la Nueva Mayoría, cuando desde la ultraizquierda estaban convencidos que la derecha estaba dominando la agenda de gobierno.

Dicen que el hombre es el único animal capaz de tropezarse dos veces o más con la misma piedra. Espero que no. La salida que salvará al ser humano y a la madre tierra es la ola humanista, la ola del equilibrio, la sensatez, la armonía, la paz interior, y la solidaridad entre nosotros. Entre la ola populista y la humanista, no hay por dónde perderse!

Entre olas (parte 2)

En América Latina, agotadas las dictaduras militares de la primera mitad del siglo XX, emergen débiles gobiernos democráticos con escasas bases electorales y precarias institucionalidades en la mayoría de los países como consecuencia de los altos niveles de analfabetismo existentes. La efervescencia política imperante es cortada de raíz en la segunda mitad del siglo pasado, en un contexto de guerra fría capitaneada por USA y URSS, mediante dictaduras militares instaladas con el beneplácito y financiamiento norteamericano para hacer frente a la influencia de la revolución cubana.

Esta ola militarista coincide en el tiempo con una revolución científico-tecnológica sin precedentes y que abre espacio a una globalización que derriba fronteras geográficas para el flujo financiero, comercial y humano en la que estamos inmersos hasta la actualidad. Algunos de los más significativos representantes de esta ola son Pinochet en Chile, Videla y otros en Argentina, Castelo Branco y otros en Brasil, Álvarez en Uruguay, Banzer en Bolivia. Los une su visceral anticomunismo, su dependencia y obsecuencia ante el poder norteamericano, y un brutal atropello a los más básicos derechos humanos expresado en exilios, torturas, desapariciones, asesinatos por agentes del Estado. A ello se agrega una gobernanza en que se privilegian consideraciones económicas y tecnocráticas por sobre los aspectos políticos, los que son denostados persistentemente.

Como consecuencia del desprestigio en que fueron cayendo las dictaduras militares, esta ola es seguida por una de transiciones democráticas, complejas y frágiles, esencialmente por dos factores. Uno, porque si bien las FFAA no están en la primera línea de fuego, conservan un poder político que es difícilmente compatible con una democracia a secas, con todas sus letras. Y dos, porque la política ha visto cercenadas sus atribuciones en favor del poder financiero dada una realidad económica, marcada por el neoliberalismo, caracterizada por un tóxico cocktail de creciente inseguridad laboral, corrupción e injusticia en todos los planos que el mundo político no ha sido capaz de resolver.

Entre olas (parte 1)

Estamos siendo testigos de una resurrección del populismo de derecha, que generalmente se asocia a la ultraderecha o al fascismo. El último botón de muestra es el resultado de las recientes elecciones en Andalucía, España. De la nada misma, VOX, la ultraderecha española, sin mayor trascendencia hasta la fecha en toda España, se catapultó con una votación por sobre el 10%. Porcentaje alcanzado en una región con tradición de izquierda y que en las más de tres últimas décadas ha sido gobernada por el partido socialista obrero español (PSOE). Los otros dos partidos de derecha, Ciudadanos y Partido Popular (PP) se apresuraron en mostrarse disponibles para formar gobierno con VOX aprovechando que juntos conforman una mayoría.

No resulta fácil encontrar las razones que explican esta debacle para todos los partidos, muy especialmente a la izquierda (PSOE y Podemos de Iglesias), aunque también a la derecha tradicional (PP) y la nueva derecha (Ciudadanos). Ahora parece que estamos regresando a una vieja nueva ola.

Es preciso destacar que en el tiempo, y en diferentes partes del mundo, hemos estado inmersos en distintos tipos de olas políticas. Europa en la primera mitad del siglo pasado fue remecida por la ola fascista o nacionalsocialista que desembocó en la segunda guerra mundial. Tiempos en los que en América Latina muchos países vivieron dictaduras o gobiernos encabezados por militares: Somoza en Nicaragua, Trujillo en república Dominicana, Pérez Jimenez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia, Batista en Cuba, Perón en Argentina.

Luego de haber sido escenario de una cruenta guerra que trascendió sus fronteras, en la segunda mitad del siglo XX caracterizada por la guerra fría, los países occidentales europeos se reconstruyen democráticamente y comienzan a forjar la Unión Europea para dejar atrás los tiempos de nacionalismos. Mientras tanto, Europa oriental cae dentro de la órbita soviética-comunista al amparo del Pacto de Varsovia.

La ola populista

Estamos siendo testigos de una resurrección del populismo de derecha, que generalmente se asocia a la ultraderecha o al fascismo. El último botón de muestra es el resultado de las recientes elecciones en Andalucía, España. De la nada misma, VOX, la ultraderecha española, sin mayor trascendencia hasta la fecha en toda España, se catapultó con una votación por sobre el 10%. Porcentaje alcanzado en una región con tradición de izquierda y que en las más de tres últimas décadas ha sido gobernada por el partido socialista obrero español (PSOE). Los otros dos partidos de derecha, Ciudadanos y Partido Popular (PP) se apresuraron en mostrarse disponibles para formar gobierno con VOX aprovechando que juntos conforman una mayoría.

No resulta fácil encontrar las razones que explican esta debacle para todos los partidos, muy especialmente a la izquierda (PSOE y Podemos de Iglesias), aunque también a la derecha tradicional (PP) y la nueva derecha (Ciudadanos). Ahora parece que estamos regresando a una vieja nueva ola.

Es preciso destacar que en el tiempo, y en diferentes partes del mundo, hemos estado inmersos en distintos tipos de olas políticas. Europa en la primera mitad del siglo pasado fue remecida por la ola fascista o nacionalsocialista que desembocó en la segunda guerra mundial. Tiempos en los que en América Latina muchos países vivieron dictaduras o gobiernos encabezados por militares: Somoza en Nicaragua, Trujillo en república Dominicana, Pérez Jimenez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia, Batista en Cuba, Perón en Argentina.

Luego de haber sido escenario de una cruenta guerra que trascendió sus fronteras, en la segunda mitad del siglo XX caracterizada por la guerra fría, los países occidentales europeos se reconstruyen democráticamente y comienzan a forjar la Unión Europea para dejar atrás los tiempos de nacionalismos. Mientras tanto, Europa oriental cae dentro de la órbita soviética-comunista al amparo del Pacto de Varsovia.

En América Latina, agotadas las dictaduras militares de la primera mitad del siglo, emergen gobiernos débiles democráticos con escasas bases electorales y precarias institucionalidades en la mayoría de los países como consecuencia de los altos niveles de analfabetismo existentes. La efervescencia política imperante es cortada de raíz en la segunda mitad del siglo pasado, en un contexto de guerra fría capitaneada por USA y URSS, mediante dictaduras militares instaladas con el beneplácito y financiamiento norteamericano para hacer frente a la influencia de la revolución cubana.

Esta ola militarista coincide en el tiempo con una revolución científico-tecnológica sin precedentes y que abre espacio a una globalización que derriba fronteras geográficas para el flujo financiero, comercial y humano en la que estamos inmersos hasta la actualidad. Algunos de los más significativos representantes de esta ola son Pinochet en Chile, Videla y otros en Argentina, Castelo Branco y otros en Brasil, Álvarez en Uruguay, Banzer en Bolivia. Los une su visceral anticomunismo, su dependencia y obsecuencia ante el poder norteamericano, y un brutal atropello a los más básicos derechos humanos expresado en exilios, torturas, desapariciones, asesinatos por agentes del Estado. A ello se agrega una gobernanza en que se privilegian consideraciones económicas y tecnocráticas por sobre los aspectos políticos, los que son denostados persistentemente.

Como consecuencia del desprestigio en que fueron cayendo las dictaduras militares, esta ola es seguida por una de transiciones democráticas, complejas y frágiles, esencialmente por dos factores. Uno, porque si bien las FFAA no están en la primera línea de fuego, conservan un poder político que es difícilmente compatible con una democracia a secas, con todas sus letras. Y dos, porque la política ha visto cercenadas sus atribuciones en favor del poder financiero dada una realidad económica, marcada por el neoliberalismo, caracterizada por un tóxico cocktail de creciente inseguridad laboral, corrupción e injusticia en todos los planos que el mundo político no ha sido capaz de resolver.

Esta ola de transición democrática en América Latina pareciera tener sus días contados. En Europa, la ola comunitaria iniciada al término de la segunda guerra mundial y ampliada a los países que conformaban la Europa Oriental con la caída del muro de Berlín, también parece estar llegando a su fin.

En nuestro continente, la elección de Bolsonaro en Brasil parece dar cuenta de ello. Bolsonaro, al igual que tantos otros que están emergiendo desde las catacumbas, lo hacen con un discurso simple, sin rodeos, que no requiere mayor reflexión, apelando a la antipolítica. Son políticos que simulan no serlo con un discurso antipolítico, basados en la ley del talión, de la imposición del más fuerte, manipulando nuestras emociones e inseguridades y apuntando sus dardos hacia los grupos humanos más vulnerables y fáciles de identificar: los inmigrantes, los negros, los homosexuales, los mapuche.

No resulta difícil visualizar que vivimos tiempos de rechazo a la política y los políticos por gran parte de una población, la que se siente defraudada, con una gran rabia, la que vuelca en contra del centro y de la izquierda, a favor de la ultraderecha. En consecuencia, todo indica que se está ente el inicio de una ola de repliegue, de retorno a un discurso nacionalista, antiglobalizador cuyo máximo representante pareciera ser Trump. Un tiempo que se asemeja al vivido en Europa antes de la segunda guerra mundial.

En Chile, su más genuino representante es José Antonio Kast, quien clavó su primera estaca en las últimas elecciones, obteniendo un nada despreciable 8%. Desde la derecha jaquea a la derecha, así como en su tiempo, la izquierda era jaqueada por la izquierda. Para él, y no pocos como él, Piñera pareciera estar “más interesado en agradar a la izquierda que de defender las convicciones propias y cumplir el mandato de los chilenos”. Tanto JAK como otros están convencidos que la izquierda está dominando la agenda de gobierno. Igual como en tiempos de la Concertación y de la Nueva Mayoría, desde la ultraizquierda estaban convencidos que la derecha estaba dominando la agenda de gobierno.

Dicen que el hombre es el único animal capaz de tropezarse dos veces o más con la misma piedra. Espero que no. La salida que salvará al ser humano y a la madre tierra es la ola humanista, la ola del equilibrio, la sensatez, la armonía, la paz interior, y la solidaridad.

noviembre 28, 2018

Las economías de los invisibles


Recientemente tuvo lugar en Talca la presentación de un libro, de reciente edición, que lleva por título el que encabeza esta columna. Desde Limache, donde vive, vino uno de sus coautores, y la presentación la hizo un destacado doctor en filosofía y profesor universitario residente en Talca.

Escrito por cinco destacados investigadores universitarios, el libro da cuenta en cinco capítulos de diversas formas de organización para subsistir, salir adelante, por parte de los invisibles, aquellos que no están en las páginas sociales, los marginados, los precarizados, los que se las tienen que arreglar como sea, en la realidad que viven, la real, no la ficticia. Trata de las economías de estos mundos, la de los invisibles, la de los millones de personas que no cuentan porque no tienen nada, no tienen poder de compra ni de endeudamiento, aunque seas persona. No hay que olvidar que bajo el paradigma de la economía neoliberal para que cuentes, debes tener capacidad de compra y de endeudamiento. De lo contrario, no existes.

Se nos ofrece una mirada optimista bosquejando pistas para la construcción de un futuro más promisorio a partir de distintas experiencias vividas y compartidas por los autores. Experiencias basadas en una mirada de la economía distinta a la convencional dominante que se presenta a sí misma como si fuese la única posible y que desprecia formas de organización económica alternativas. Así como se habla de sistemas políticos totalitarios, también podríamos afirmar que el actual sistema económico que nos rige tiene un fuerte tinte totalitario. Lo peor de todo es que esta mirada tiende a extenderse y reproducirse en círculos académicos sin mayor reflexión.

Este libro nos hace ver que sí existen otros sistemas económicos distintos al actual, y lo hace dando a conocer de distintas experiencias, tanto en México, Sudáfrica y Chile. En México, mediante la creación de una moneda de trueque comunitaria y complementaria que ha logrado extenderse a 16 de los 32 estados que componen el país. En Chile, a través del resurgimiento de cooperativas enraizadas en territorios locales, destacándose las experiencias de la Federación Trisol, la Red de Semillas Libres, Juntos Compremos, de un Preuniversitario Popular y de una Farmacia Popular. En Sudáfrica se ha estado implementando un innovador programa de empleo público que cataliza el desarrollo comunitario, programa que nació como consecuencia de la frustración producida por políticas convencionales de combate a la pobreza.

Todas estas experiencias están basadas en una concepción de la economía muy distinta a la que estamos acostumbrados, una economía solidaria de respeto, en armonía con nosotros mismos y con los demás, así como con la naturaleza, basada en lo mejor de cada uno de nosotros, no en lo peor.

De ahí la relevancia de este libro escrito a cinco voces.

noviembre 27, 2018

La competencia para emprender

Photo by Austin Distel on Unsplash
Desde que tengo uso de razón, si es que tengo alguna, de tanto conjugar los verbos crear, innovar y emprender, hace rato que debiésemos haber salido del subdesarrollo. Desafortunadamente, aparte de cursos, seminarios, coaching, talleres y exposiciones, en la práctica, bien poco se ha creado, innovado y emprendido en nuestro país. No quiero ni pensar en todo lo que se ha invertido para promover la creatividad, la innovación y el emprendimiento.

No se trata de afirmar que no se ha creado, ni innovado ni emprendido nada, pero desafortunadamente lo que se ha hecho ha sido marginal, no ha tenido mayor impacto, no nos ha permitido saltar hacia el desarrollo. Nuestra canasta exportadora sigue estando dominada por la extracción de nuestros recursos naturales sin mayor valor agregado.

De la teoría a la praxis, todo indica que hay mucho trecho. En este país pareciera que renta más comprar lo que ya existe, administrar lo que se hereda, antes que crear, innovar y/o emprender. Basta ver qué ha hecho la mayoría de los superricos, ese 0,1% de la población activa. A este segmento poblacional le sobran espaldas financieras, las mismas que les faltan a los demás.

No es broma crear, innovar o emprender. Se requiere fuerza interior, espíritu de lucha, autoestima, ganas, propensión al riesgo, convicción, responsabilidad, perseverancia, mente abierta –open mind-, buscar soluciones a los problemas y las necesidades de las personas, antes que crear nuevas necesidades. Y una ética intachable capaz de resistir los atajos que ofrece la corrupción que inhibe cualquier emprendimiento.

La competencia para emprender suele tener una connotación más económica vinculada a la generación del autoempleo, al inicio de una nueva actividad conducente a crear valor, y que por tanto mira al mercado, al igual que innovar. Sin embargo, de lo dicho más arriba, no necesariamente es así. Se puede emprender sin que ello esté asociado a un nuevo proyecto o una nueva empresa. La competencia para emprender no se agota en ello, sino que va más allá, incluye una disposición para crear, innovar, confianza en sí mismo. Una disposición a fracasar una y otra vez sin amilanarse, sabiendo que el camino al éxito está empedrado de fracasos. En consecuencia, lo peor que podemos hacer es castigar el fracaso, puesto que al hacerlo estamos inhibiendo todo propósito de emprendimiento. El éxito sin esfuerzo, no es tal, es simple volador de luces.

Todas estas son cualidades que debemos tener todos, empleadores y empleados, por lo que emprendedores debiésemos ser todos. Pero claro, otra cosa es con guitarra.

noviembre 22, 2018

Un asesinato puro y duro

Digámoslo sin ambages, sin pelos en la lengua: la muerte de Camilo Catrillanca fue un asesinato puro y duro, cometido por fuerzas especiales del Estado, financiado con recursos de todos los chilenos. Un asesinato por la espalda sin que haya mediado delito, provocación ni fuga alguna.

Hasta ahora no he encontrado razones que lo expliquen ni justifiquen. Las versiones iniciales lo vinculaban a un robo de vehículos, avalado por el intendente de la región, la máxima autoridad política. Incluso llegó a afirmar que tenía antecedentes penales. Todo falso de falsedad absoluta.

Un medio de comunicación verspertino, La Segunda, en su portada afirmó que Carabineros tenía videos que confirmarían lo señalado. Afirmación acompañada de fotos con las fuerzas especiales uniformadas cuyos cascos portaban cámaras filmadoras de los acontecimientos. Al otro día, en el diario matutino La Tercera, la portada dice lo contrario: no hay video alguno!

¿Qué pasó en el interín? Las tarjetas de memoria fueron destruidas, “cortadas” con tijera! Se borró todo testimonio de los hechos. ¿Qué interesaba borrar? Los comportamientos, los hechos, delitos cometidos, no por los mapuches, sino por los uniformados, por agentes del Estado, por quienes tienen la obligación de proveernos seguridad, de protegernos de quienes delinquen.

Con la destrucción de las tarjetas de memoria, y las declaraciones del menor que acompañaba a Camilo, se derrumbó el castillo de mentiras que se estaba construyendo. Cuando el gobierno se percató que todo se le escapaba de las manos, que se vería arrastrado al abismo ante hechos que a estas alturas eran indesmentibles, no pudo más que aceptar, reconocer el derrumbe, la sarta de cuentos en los que se había visto envuelto. Y el costo político lo pagó el intendente con su renuncia por comprarse a ciegas las mentiras provenientes desde las fuerzas de carabineros. Su alto mando aún no paga las consecuencias de sus subordinados. Como siempre, el hilo se está cortando por lo más delgado.

En concreto, el asesinato se produjo en la región de la Araucanía donde existe la mayor proporción de mapuche; la región donde la derecha obtuvo la mayor proporción de votos en las últimas elecciones presidencial y parlamentaria; la región más militarizada del país. Una vez más, la víctima, un mapuche. Parece masoquismo. Votan por quienes más los reprimen. Como las víctimas que enamoran de su victimario, de quien lo tortura. Como para agarrarse la cabeza.

¿Hasta cuándo? ¿Cuándo nos sentaremos a conversar frente a frente, de verdad, con todas las cartas sobre la mesa en vez de armas? Solo entonces, mirándonos a los ojos, sin prejuicios, podremos aspirar a una paz duradera, verdadera. La violencia solo es portadora de más violencia, muertes, y vivir con las manos manchadas de sangre. Más vale vivir con las manos limpias.

noviembre 15, 2018

Fake news

Últimamente han aparecido expresiones anglosajonas de difícil traducción, siendo una de ellas las fake news: hacen referencia a noticias falsas que se hacen pasar como ciertas con el propósito de desinformar y/o engañar deliberadamente y que se difunden a través de los más diversos medios de comunicación. Si bien las fake news han existido desde siempre, su “popularidad” actual se explica esencialmente gracias a su altísima velocidad de propagación a través de las redes sociales –twitter, Facebook, whatsapp- y a su influencia en los resultados de elecciones políticas de muchos países, menoscabando, depreciando el valor de la democracia.

En el ámbito político, su intención es inducir a error en la decisión de voto mintiendo descaradamente a favor de unos y en detrimento de otros. Si bien esto no es nuevo, su fuerza en los tiempos que vivimos reside en que hoy se dispone de una red de comunicación social que no existía en el pasado: las famosas redes sociales que permiten esparcir noticias falsas como reguero de pólvora.

A ello debemos agregar: a) la portentosa la capacidad actual de almacenamiento de datos, que ha dado origen a los “big data” para registrar nuestros datos personales; b) la posibilidad de rastrear nuestras actividades en las redes sociales; y c) el desarrollo de algoritmos capaces de extraer una tipología de perfiles de comportamientos.

Todo ello está permitiendo que se difundan, a velocidad de crucero, las mentiras –las fake news- más apropiadas de acuerdo al perfil que se haya confeccionado para cada uno de nosotros. Lo prueba la última elección presidencial brasileña, donde el ganador, Bolsonaro hizo uso y abuso de ellas, sembrando de dudas la legitimidad de su elección.

Para que todo ocurra, los responsables de generar fake news deben ser personas sin sentido ético-moral alguno, y al otro lado, quienes reciben las fake news, deben ser personas sin capacidad para filtrar información, discernir, reflexionar, poner en duda la credibilidad de lo que se está leyendo. De allí que en los tiempos que vivimos la buena educación esté basada en valores y un profundo sentido ético-moral, y que nos provea de la capacidad para ver bajo el agua, pensar, reflexionar, discernir, separar la paja del polvo, esto es, la mentira de la verdad.

Así de simple, así de complejo.

noviembre 08, 2018

La pirámide de Maslow

Hace un par de días tuve una interesante conversación en torno a los últimos resultados electorales que se están registrando en el mundo, con una tendencia al autoritarismo en lo político y el neoliberalismo en lo económico. Mi interlocutor, un destacado profesor que periódicamente nos entrega anécdotas históricas a través de las redes sociales, me sorprendió al fundamentar lo que estaba ocurriendo con la pirámide de Maslow, la que desconocía por completo, por lo que me puse a indagar.

Esta pirámide tiene el nombre de su creador, Abraham Maslow, uno de los fundadores de la psicología humanista, donde establece una jerarquía de necesidades del ser humano que han de satisfacerse en la búsqueda de su más plena autorrealización. Bajo esta teoría se asume que nuestras acciones están guiadas por el objetivo de satisfacer un conjunto de necesidades que se encuentran en distintos niveles. Según el nivel en que nos encontremos de satisfacción, serían nuestros comportamientos y decisiones que adoptemos.

Según Maslow, son seis los niveles con que plantea su teoría. El primero, que está en la base de la pirámide la jerarquía, incluye las necesidades más básicas que tienen que ver con la supervivencia física, las que incluyen comer, respirar, dormir. Satisfechas estas necesidades, se pasa a un segundo nivel, asociado al miedo, esto es, a la necesidad de contar con seguridad física, de protección, de mantener lo que se tiene, de poder mantener satisfechas las necesidades básicas. Luego viene el nivel de asociación vinculado a la satisfacción de necesidades sociales, de relacionarse afectivamente con la familia y las amistades para sentir amor y sentido de pertenencia. Más arriba se encuentra el nivel correspondiente a la necesidad de ser reconocidos, respetados, valorados y que tienen que ver con la confianza y la autoestima, esto es, de sentirse bien con uno mismo. Por último, está el nivel más alto de desarrollo personal, que apunta a la necesidad de autorrealización, de desarrollo personal, espiritual, de darle un sentido a nuestra existencia mediante el desarrollo de todo nuestro potencial para una vida más plena.

Conocidos estos niveles cabe preguntarse en qué nivel se encuentra cada uno de nosotros. El ideal es estar en el nivel superior, el que supone el pleno desarrollo personal. Desgraciadamente la mayoría no lo está.

Aplicada esta pirámide a nivel de los países también podríamos preguntarnos lo mismo. ¿Dónde estamos? Los resultados de las elecciones y las posturas de los distintos partidos políticos parecen estar dándonos algunas pistas para responder la pregunta. En efecto, cuando las necesidades más básicas o biológicas se dan casi por satisfechas –comer, dormir, respirar, etc.-, especialmente para quienes han logrado salir de la extrema pobreza material, el miedo y las necesidades de seguridad y protección pasan a tener una mayor relevancia. Esto se da particularmente entre quienes se han sumergido en una suerte de consumo insaciable.

Allí donde la derecha y la ultraderecha están ganando elecciones parece ser que es porque escuchan y/o recogen esta búsqueda de protección y de seguridad de la población, de mejor manera que sus oponentes políticos.

Le haría bien al centro y a la izquierda reflexionar en profundidad sobre el tema, y la sociedad en que se inserta, para proponer políticas de seguridad que la población perciba como más confiables, humanas y eficientes que las que nos proponen quienes se están imponiendo mediante un discurso que menoscaba la democracia ensalzando el militarismo, el autoritarismo y el neoliberalismo.

Fuente de la imagen:
http://www.laboratorioti.com/2018/02/12/la-famosa-piramide-maslow-tienes-saber-motivar-gente/

noviembre 01, 2018

Bolsonaro: la democracia jaqueada

En las recientes elecciones en Brasil, tal como se esperaba -o temía-, Bolsonaro, un excapitán de la reserva del ejército brasileño, emergió como el presidente electo. Una ventaja de 10 puntos da cuenta de su triunfo indiscutible, y de una derrota sin atenuantes para su adversario, Haddad, abanderado del Partido de los Trabajadores (PT).

Cuesta asimilar el viraje que representa este resultado, así como sus fundamentos y vaticinar lo que viene. Respecto de los motivos, los partidarios de Bolsonaro ponen el acento en la inseguridad reinante con motivo de los elevados niveles de corrupción y violencia; sus rivales apuntan a la persecución sufrida por el PT, alentada desde las redes sociales mediante la proliferación de noticias falsas (fake news).

También están quienes afirman que lo que se está dando es la ley del péndulo, esto es, un movimiento de la izquierda hacia la derecha y que no sería exclusivo de Brasil. De ser cierta esta apreciación se podría pensar en un giro desde una izquierda moderada hacia una derecha moderada. Pero si nos atenemos al contenido de la campaña, a las características de Bolsonaro, así como a sus pensamientos, expresiones y conductas, representa a una ultraderecha nacionalista, militarista. Por lo tanto, el péndulo se habría movido no de un extremo a otro, sino que de una versión moderada a una extremista, porque en ningún caso se podría sostener que tanto Lula como Dilma hayan representado y aplicado políticas de extrema izquierda. Más bien al contrario, procuraron avanzar en sus políticas a punta de acuerdos y negociaciones dentro de un sistema político marcado por el caudillismo y el personalismo. Visto así, el resultado simboliza un fracaso de la política con mayúscula, esto es, entendida como el arte de la negociación para la resolución pacífica, civilizada de los conflictos entre los distintos grupos de interés que conforman una sociedad. Y por lo mismo, un triunfo de las soluciones militares, no negociadas.

De allí que resulta un tanto doloroso, y en cierto modo un contrasentido, que por la vía democrática haya triunfado un candidato cuyo pensamiento se aleja mucho de lo que entendemos por democracia.

Lo expuesto invita a la reflexión por parte de quienes creemos firmemente en la democracia sin apellidos, y muy especialmente a la izquierda. Si nos remitimos a la búsqueda de seguridad ante la violencia y la corrupción imperantes como causales del triunfo de Bolsonaro, entonces significa que la izquierda no sintonizó con esta demanda regalándole estas banderas.

Para la izquierda moderada lo ocurrido también invita a repensar las modalidades bajo las cuales negocia con quienes tiene al frente para no caer en riesgo de ser cooptada, desnaturalizada o corrompida. De lo contrario, la ciudadanía castiga mucho más a la izquierda que a la derecha, y pierde su principal atributo diferenciador: el ético-moral.

Sin perjuicio de lo señalado, el nombramiento de Sergio Moro como Ministro de Justicia, habiendo sido el responsable de la operación Lava Jato destinada a combatir la corrupción y el lavado de dinero, que condujo al enjuiciamiento a Lula, a su inhabilitación como candidato, y a su condena y encarcelamiento, invita a sospechar, por decir lo menos, en un juego sucio.

Se puede pensar que Moro que fue premiado por encabezar el combate a la corrupción para que continúe su tarea ahora al frente de un ministerio. Sí, pero también es lícito pensar que fue galardonado por ser el responsable de haber dejado fuera de carrera a quien era el candidato que punteaba en las encuestas y que posibilitó el triunfo de Bolsonaro.

Por último no puedo dejar de mencionar el tema del impacto de los fake news que se esparcen como reguero de pólvora vía redes sociales sobre las nuevas tecnologías de información. Los medios de comunicación tradicionales, así como los partidos políticos parecen estar sobrepasados, perdiendo influencia a favor de cerebros grises en las sombras capaces de multiplicar al por mayor noticias falsas.

Habrá que ver qué es lo que viene porque en estos tiempos postmodernos todo parece darse vuelta.