En la semana, con los votos de la oposición, los independientes y los senadores escindidos de la Concertación –Zaldívar y Flores- se concretó la elección de Jovino Novoa como presidente del Senado. A casi 20 años de la llegada de la Concertación al gobierno, un ex alto funcionario de la dictadura asume la testera senatorial.
En cierta forma, su elección representa una resurrección de la derecha más dura, más comprometida con el régimen militar. Mal que mal fue subsecretario general del gobierno de Pinochet en un período en el que se violaron impunemente los derechos humanos de personas indefensas. Estamos hablando de ejecuciones, desapariciones y torturas. Y hasta la fecha no se sabe que haya asumido a la fecha alguna responsabilidad, ni siquiera alguna reflexión que lo lleve a siquiera pedir perdón. Su respuesta ha sido la explicación basada en el contexto o el silencio. Recordemos que en esos tiempos se informaba que las muertes eran resultado de falsos enfrentamientos.
Al asumir, Jovino nos invita a mirar el futuro con unidad y sus adherentes hacen referencia a su legitimación democrática al haber sido elegido en votación popular. Silencian que su condición senatorial se la ganó gracias a un sistema binominal que posibilita la elección de quien sale tercero en desmedro del segundo. Efectivamente, salió tercero, tras Girardi y Andrés Zaldívar. Desafortunadamente su invitación a mirar el futuro silenciando su pasado se parece mas a un insulto a la inteligencia humana.
No pocos son quienes honestamente están cansados de estos recordatorios del pasado y quieren concentrar sus energías en enfrentar los desafíos del presente de cara al futuro. Sobretodo los más jóvenes. Sin embargo ellos deben comprender que no sacamos nada con ocultar el pasado y evadir el inevitable debate político que hemos pospuesto año tras año en aras de la convivencia, de la tranquilidad, de una transición pacífica.
Desafortunadamente este debate tendrá que darse en algún minuto. No podemos hacernos los lesos indefinidamente como si acá no hubiese pasado nada. Borrón y cuenta nueva. Aquí quedó la crema y nos invitamos a reinicializarnos, a partir de cero, a caminar juntos tomados de la mano. Eso no se lo cree nadie.
Es como si un asesino en serie, luego de concretar la masacre nos recordara que todos somos hijos de Dios y nos invitara a olvidar sus crímenes sin mediar siquiera un arrepentimiento siquiera.
Lo descrito retrata los bemoles de nuestra transición, sus contradicciones, sus limitaciones. La pregunta que aflora, en el plano de la especulación: ¿era posible otra transición que nos reportara mayores beneficios y/o menores costos? Mi respuesta: no lo sé.

