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| Foto de Ahmed Galal en Unsplash |
Recibí un video titulado ¿Chile: el nuevo Dubai? El fin de la pobreza, en el que se afirma que Chile tiene la llave del futuro
y que se viene el "Superciclo" del cobre más grande de la historia
gracias a la Inteligencia Artificial. Complementa afirmando que se proyecta un
precio de casi US$ 5 la libra para 2026, y si aprovechamos la oportunidad
haciendo bien las cosas, podríamos acabar con la pobreza. Si fallamos, no
haríamos más que repetir lo que nos ocurrió en la primera mitad del siglo
pasado con el salitre.
Junto con el video llegó una pregunta que es la que me
incentiva a escribir estas líneas. La pregunta es: ¿En qué deberíamos invertir
esta fortuna? Y las alternativas puestas sobre la mesa son: A) Educación B)
Salud C) Pensiones
Esta pregunta dio origen a respuestas, que no siempre se
limitaron a las alternativas planteadas, las que daré a conocer por estimarlas de
interés:
1. La
preferencia dominante se inclina por priorizar la inversión en educación, donde
algunos fundamentan que solo un país culto y bien educado puede alcanzar el
desarrollo, y otros especifican que debe ser de calidad para todos, y gratis;
2. La
segunda preferencia mayoritaria se orienta a la salud centrada en una medicina
preventiva que nos permita tener menos personas enfermas, dado que un país con
más personas sanas tiende a ser más feliz, más eficiente, más productivo;
3. La tercera
preferencia es por pensiones dado que a los jubilados les queda poco tiempo;
4. Una
cuarta preferencia apunta a invertir en investigación científica y tecnológica para
disponer de tecnología avanzada que permita agregar valor a la producción
nacional, puesto que de lo contrario difícilmente seremos un país desarrollado;
5. Además
de las alternativas planteadas respecto de dónde invertir (educación, salud y
pensiones), hay respuestas que incluyen áreas donde se piensa que también deben
hacerse esfuerzos conducentes a:
- ·
un mayor respeto, honestidad y humildad entre
los chilenos, ricos y pobres;
- ·
mayores y mejores oportunidades de trabajo;
- ·
mejorar
la conectividad en todo Chile, con caminos para todo el país;
- ·
reducir
los niveles de corrupción imperantes;
6.
También
afloraron comentarios que reflejan la desconfianza existente respecto del
destino y uso de los recursos que se dispondrían, entre los cuales se incluyen
los que siguen:
- · Se lo llevarán para afuera el 1% de la población más rica;
- ·
Distribuir
bien los dineros para que no se vayan a bolsillos de algunos políticos;
- ·
Se van
a robar todo como siempre los políticos y familias acomodadas de Chile;
- ·
Todo
ese dinero terminará por caer en manos de unos pocos y ya se sabe en quienes;
- · Lo más importante es gobernar con honradez, luego educación, salud y pensiones.
Confieso que soy escéptico cuando
se trata de algo caído del cielo. La pobreza no la venceremos así, no sé de
nadie ni de ningún país que haya salido de la pobreza porque de la noche a la
mañana le llegó una fortuna. Normalmente, al menos para el común de los
mortales, toda fortuna caída del cielo tiende a dilapidarse, escurriéndosenos
entre los dedos sin que siquiera nos demos cuenta.
Lo expuesto sirve como una
suerte de ejercicio para especular, para pasarnos películas, para soñar, para
prevenir. Chile ya tuvo una experiencia en la primera mitad del siglo pasado
con el salitre. Ya se sabe que pasó y a dónde fueron a parar los recursos
obtenidos. Con razón a fines de la década de los 50, en 1958, salió un libro titulado
“Chile, Un Caso de Desarrollo Frustrado” de Aníbal Pinto, que vio la luz un año
después que Jorge Ahumada publicara “En vez de la Miseria”.

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