abril 15, 2026

El caso Lincolao, la ministra

La agresión sufrida por Ximena Lincolao a la salida de la inauguración del año académico en la Universidad Austral de Chile, donde fue invitada en su calidad de ministra de Ciencias y Tecnología, ha causado conmoción pública. Y no es para menos. Ya escribí en una columna que la agresión que experimentó no tiene justificación alguna y merece el rechazo y repudio de quienes creemos que las discrepancias se deben resolver bajo un marco de diálogo y respeto mutuo (leer).

Algunas reacciones a mi escrito me obligan a aclarar que no lo hice por adhesión a lo que piense Ximena, ni por su condición de ministra, o de mujer, o de pertenecer a la etnia mapuche, sino porque nadie tiene derecho a agredir en los términos en que fue agredida. Bajo ningún contexto. De hecho, mi pensamiento político está en la acera opuesta en que transita ella, quien es parte de un gobierno cuyo cuerpo de ideas es contrario al que conforma mi modo de pensar.

Ximena estudió pedagogía en Castellano y Filosofía de la Universidad de la Serena, egresando en 1992. En 1997 emigra a EEUU, donde luego de unos años de adaptación y aprendizaje de inglés decide seguir estudios de posgrado, obteniendo un doctorado en Administración y Políticas Públicas en la Universidad George Washington. Posteriormente ocupa cargos como docente, directora de escuelas y en la administración educativa del distrito de Columbia.

Simultáneamente, residiendo en EEUU, va desplegando una faceta emprendedora, cofundando empresas en el ámbito tecnológico (Phone2Action y BuildWithin). Es así como la revista Forbes la incluye, en el año 2019, dentro de las 50 mujeres líderes de startups tecnológicas. Contactada por José Antonio Kast (JAK), éste le ofrece hacerse cargo del ministerio de ciencias, innovación y tecnología, que ella acepta no obstante residir en EEUU. Fue una sorpresa que JAK traía bajo la manga. Actualmente ostenta la doble nacionalidad, la chilena y la estadounidense. Es así como a contar del 11 de marzo, hace poco más de un mes, asume el cargo de ministra con la misión de posicionar a la ciencia y la tecnología como motores del crecimiento económico.

A raíz de la agresión, Ximena ha asumido un protagonismo tal que diversos medios de comunicación han puesto sus ojos en ella. Se trata de un personaje desconocido para el grueso de los mortales, hasta que José Antonio Kast (JAK) decidió nombrarla ministra. Recién estamos conociéndola, por su currículo, sus actuaciones, sus entrevistas, sus decisiones, y nos estamos enterando de “la chichita que nos estamos tomando”. ​

La imagen que proyecta Ximena es de una trayectoria marcada por el mérito y el éxito, pero ya hay cuestionamientos en torno a la construcción de este “éxito”. (leer)

En una de sus últimas entrevistas afirma que la violencia estudiantil de la que fue objeto “no la ha visto en EEUU ni en otras partes del mundo” (Las Últimas Noticias, 10/04/2026). Esta declaración nos dice que no sabe dónde ha estado parada, porque para nadie es un misterio que en EEUU, donde ha estado viviendo, la violencia estudiantil es pan de cada día, y eso lo sabe cualquiera con al menos dos dedos de frente: EEUU es el país con el mayor número de casos de violencia y asesinatos en establecimientos educacionales. En ellos, los incidentes, los tiroteos, los muertos y heridos, las agresiones y los apuñalamientos no solo andan a la orden del día, sino que muestran una tendencia al alza. Esto da cuenta de una sociedad enferma. Basta rememorar las tragedias de Columbine en 1999 donde dos estudiantes mataron a más de una decena de personas; de Sandy Hook en 2012 con más de 20 víctimas, la mayoría niños; de Parkland en 2018, con más de una docena de muertos, y la de Uvalde en 2022, donde asesinaron a las de 20 personas. ¿Esto no la ha visto Ximena en su estadía en EEUU? ¿dónde ha vivido? ¿en la luna?

Lo descrito no habilita para nada la agresión y los insultos recibidos, como tampoco la habilita la falsedad vertida en la entrevista al dar cuenta de algo que no ha visto en EEUU y en ninguna otra parte. El tema es más complejo, como lo describen las siguientes líneas extraídas de una carta titulada “La ministra Lincolao” cuyo origen desconozco, pero su contenido invita a la reflexión:

“La ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, no salió investida de reflexión ni de debate, sino de empujones, gritos y la torpe coreografía de la turba. Una escena que, en cualquier sociedad que se tome en serio a sí misma, sería unánimemente condenada. Y lo ha sido, al menos en la superficie, donde la indignación suele ser más performática que sincera. El gobierno, con prontitud casi protocolar, anunció querellas. La justicia, se nos dice, hará su trabajo. Las sanciones serán ejemplares. El libreto es conocido: condena, persecución y castigo. Todo en orden, todo en regla. 

Pero lo verdaderamente interesante no está en lo que se dice, sino en lo que cuidadosamente se omite. Porque la violencia —esa palabra que se pronuncia con gravedad impostada— no comienza con el golpe. El golpe es apenas su epílogo. Antes de la mano alzada, está la palabra envilecida. Antes del empujón, la descalificación. Antes de la turba, el coro. Y en ese coro, conviene no hacerse los sordos. Durante años, buena parte de quienes hoy ocupan cargos de poder se ejercitaron en una retórica que no distinguía entre adversario y enemigo. El insulto se volvió argumento; la burla, método; la caricatura, sustituto del pensamiento. Desde tribunas mediáticas hasta el propio hemiciclo, la política descendió a un lodazal donde el ingenio fue reemplazado por la grosería y la discrepancia por el desprecio. 

Basta recordar a la actual vocera, Mara Sedini, en su paso por Sin Filtros, donde la palabra no era puente sino proyectil. O al diputado Francisco Orrego, quien ha trasladado sin mayor adaptación ese mismo tono a la solemnidad del Congreso. Y como olvidar a los diputados Rivas y Jiles y sus insultos contra A. Luksic y S. Piñera respectivamente. El problema no es la pasión, sino la degradación del lenguaje. Cuando el verbo se envilece, la acción no tarda en seguirlo. 

Pero aquí aparece la más fina de las hipocresías: la violencia física es condenada con energía; la verbal, en cambio, se relativiza, se justifica o, en el mejor de los casos, se olvida. Como si las palabras no incubaran conductas. Como si el desprecio sistemático no fuera el fertilizante perfecto para la agresión".

En síntesis, mi repudio a la agresión, a la violencia contra la ministra, no es adhesión a su posición política ni a su trayectoria profesional, las que rechazo. No confundir. A modo de ejemplo: estar contra Trump, no implica estar a favor del régimen iraní. Si necesitan más ejemplos, encantado los hago llegar.

Para saber más: 

https://www.facebook.com/1226780724/posts/10242942960969804/?rdid=P8XQl0IfPqPsW6mU#

https://thetimes.cl/contenido/10667/the-times-en-espanol-defiende-su-honra-ante-amenazas-de-demanda-y-actos-de-intim

https://werkenrojo.cl/chile-ximena-lincolao-la-anatomia-de-un-tiburon-y-el-mito-del-esfuerzo/ 


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