En la semana fue agredida física y verbalmente una
autoridad del gobierno recién instalado, la ministra de Ciencias e Innovación,
Ximena Lincolao. El hecho ocurrió en el marco de la inauguración del año
académico de la Universidad Austral de Chile.
Todo apunta a que han sido identificados los
responsables de encabezar la agresión, quienes serían estudiantes de la misma
universidad. Los insultos tendrían no solo un tinte político, sino que uno racista y misógino, por ser
proferidos contra una mujer mapuche.
No cabe sino repudiar el hecho, impropio de cualquier
persona, menos de estudiantes universitarios. Un hecho repudiable por donde se
le mire y que no hay por dónde justificar. Por ahí se intenta explicar por
algunas medidas y/o políticas que se estarían adoptando, ad portas de adoptar, que
se estarían pensando adoptar por parte del gobierno, o del ministerio que
encabeza Lincolao. Ninguna de tales eventuales explicaciones justifica nada.
Ni la agresión física y/o verbal, ni de ninguna índole
tiene espacio bajo circunstancia alguna por parte de ningún actor por más empingorotado
que sea. La violencia, cualquiera sea ésta, cualquiera sea su origen, no puede
ser validada de modo alguno. Esto lo debemos tener claro todos. Desgraciadamente
no lo entienden así, ya sea de un espectro político como del otro, quienes
tienden a justificar acciones de este tenor en base al factor “depende”, de
dónde viene, o a quien afecta. Acá no hay espacio para el doble estándar al
cual estamos tan acostumbrados. Cuesta ser consecuente, consistente.
Estas acciones revelan un talante antidemocrático que
no se condice con lo que se asume que es un espacio universitario y la condición de
estudiantes universitarios por parte de quienes están implicados. No solo quienes se
encontrarían identificados, sino quienes siguieron sus pasos. Eso no es
política, es antipolítica. La política es diálogo, respeto, debate, altura de
miras, argumentación. La antipolítica es todo lo contrario, es agresión, imposición.
Por lo demás, estas acciones no son solo repudiables y condenables per se, sino que además por ser irracionales e inútiles, dado que llevan agua
al otro molino. ¿Qué consiguieron los agresores? Nada, absolutamente nada, o
mejor dicho, consiguieron que el bando opuesto aprovechara la oportunidad para lanzarse
como jauría y tapar, poner una cortina de humo sobre las políticas y acciones que está intentando imponer desde el primer día del gobierno de Kast.
Me recuerda el atentado contra Trump en un acto de
campaña, donde alguien disparó una bala que le rozó el lóbulo de una de sus
orejas. A partir de ahí su campaña agarró vuelo. Si el agresor pensó que con
ello se lo sacaba encima, lo que logró fue lo contrario, reverdecerlo, para que
finalmente tengamos a Trump en la presidencia adoptando decisiones que tienen a
las bolsas moviéndose a su compás.
Acá lo más probable que ocurra lo mismo. El gobierno se va a agarrar de esta agresión con dientes y muelas para zafar de los múltiples frentes que tiene abiertos. De hecho, ya le está sacando jugo.
Pero seamos claros: nada, absolutamente nada justifica lo injustificable, una agresión como la vivida por la minisrtra Lincolao.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario