abril 13, 2026

Abusos de poder

Foto de Nadine E en Unsplash

Consulté a “inteligencia artificial” qué se entendía por abuso de poder, definiéndola como “como el ejercicio indebido, ilegal o coercitivo de la autoridad que una persona tiene sobre otras”. Esta respuesta coincide con la idea que tenemos de lo que entendemos como tal y donde se visualiza una perniciosa relación de dependencia que condiciona conductas.

Luego consulté por el contexto en que tiende a darse, respondiéndome que “ocurre cuando alguien utiliza su posición, cargo o influencia para obtener beneficios personales, gratificación propia o para perjudicar a terceros, desviándose de los fines para los que le fue otorgada esa autoridad”.

Se desprende que para que estemos ante un abuso de poder, debe existir la intención, voluntad de aprovechar la existencia de una asimetría de poder, cualquiera sea su naturaleza, la que puede ser de carácter económico (empresario-trabajador), político (mayoría-minoría; gobernante-ciudadano; público-privado), jerárquico (jefe-empleado), físico (varón-mujer; adulto-niño), familiar (padre-hijo), disponibilidad de información (médico-paciente; profesor-alumno), o de cualquier otra índole.

Una asimetría de poder, particularmente cuando los estándares éticos están por los suelos, que tiende a conducir a abusos de poder, y éstos a amedrentar de manera tal que el miedo termine modelando la conducta de los afectados.

Escrito esto, me tomé la libertad de consultar a Gemini si para que exista abuso de poder debe existir asimetría de poder. La respuesta recibida fue

“Efectivamente, esa es una premisa fundamental en la sociología, el derecho y la ética. La asimetría de poder es el terreno sobre el cual se construye el abuso. Si no existiera una disparidad en la capacidad de influencia, control o recursos entre dos partes, estaríamos hablando de un conflicto entre iguales, pero no necesariamente de un abuso”.

Esta respuesta me confirma que para evitar, o al menos reducir los abusos de poder, es esencial arbitrar las medidas conducentes a reducir la disparidad de poder existente.

Por eso, con todas las limitaciones, defectos que pueda tener, y que de hecho tiene, mi preferencia absoluta hacia la vigencia de la democracia, de un sistema democrático. Su esencia, su razón de ser, su nacimiento, reside justamente en la búsqueda de reducir la asimetría de poder entre los distintos actores.

Que se logre o no, es otro cuento, pero lo importante es dar pasos en esa dirección. La democratización de una sociedad apunta a que nadie esté en condiciones de poner el pie encima de otro, de abusar del otro, bajo ninguna circunstancia. El desarrollo reside justamente en eso, que todos nos respetemos. Diferencias de poder siempre habrá, son inevitables, consustanciales a las diferencias entre unos y otros, pero ellas en ningún modo validan los abusos de poder.  

Por eso importa el equilibrio de los distintos poderes; por eso importa que no exista mucha desigualdad. Cuando la asimetría es inevitable, es la ética la que entra en acción dado que ella pasa a ser el freno para que no exista abuso de poder de unos sobre otros.

En síntesis: hay que intentar reducir al máximo posible las asimetrías de poder, cualquiera sea la índole de ésta -económica, política, social, familiar, profesional u otras-. Y cuando ya no se puede reducir más, por ser inevitables o lo que sea, entran a tallar los valores éticos de los que estemos imbuidos para que no abusemos de quienes están en desventaja.

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