octubre 02, 2014

La codicia infinita

En su momento, el exmandatario, Patricio Aylwin, hace ya más de 20 años, sostuvo que el mercado podía impulsar el consumo, la creatividad y la creación de riqueza, pero que no era justo en la distribución de esa riqueza. Esto lo sintetizó con la expresión “el mercado es cruel” dado que en él no cuenta ni la justicia, ni la solidaridad, ni la fraternidad humana. Este pensamiento lo remató al afirmar que “el mercado es una pugna de egoísmos”.

Estas expresiones dieron origen a una avalancha de reacciones por parte de sus opositores, donde unos destacaban que no era el mercado el cruel, sino que la vida era la cruel al producir desigualdades: ricos, pobres, cojos, atletas, gordos, flacos, rubios, negros, feos, bonitos, bonitas, feas, hijos excelentes, a veces malos, huérfanos. Otros enfatizaban que el mercado no era sino un instrumento y que la crueldad no era del instrumento sino que de su eventual mal uso.

Pues bien, el desfile de hechos que el país está observando por estos días –casos Cascadas, Penta y colusión de pollos- parecieran estar confirmando, las expresiones vertidas por Aylwin, que el mercado no tiene consideraciones éticas ni sociales. Al no tener estas consideraciones, la responsabilidad se traslada entonces a quienes concurren al mercado.

En el caso Cascadas, el mercado financiero es el prostituido por quienes hacen cambalaches para llevar agua a su molino para hacer fortunas de la noche a la mañana en perjuicio de terceros sin sudar la más mínima gota. Especulando con información y posiciones de poder privilegiadas animados por una codicia insaciable.

En el caso Penta, es el mercado político el afectado, dado que se está poniendo al descubierto el chorro de recursos económicos que fluye de poderosos carteles económicos a un sector político claramente identificado para que los representantes elegidos “democráticamente” por el pueblo terminen votando leyes a favor de los grupos que los financian “reservadamente”. Supuestamente nadie sabe de dónde provienen los recursos, cuento imposible de tragarse por cualquiera con dos dedos de frente.

Luego tenemos el caso de la colusión de las tres más grandes pollerías del país, aprovechando su posición dominante, oligopólica, para fijar precios por sobre los que se tendrían si el mercado fuera de competencia perfecta. La codicia sin freno de los poderosos. En este caso, es el mercado económico el que se ve implicado.

¿Qué tienen en común los tres casos? Que los involucrados son ardientes defensores de la libre competencia de la boca para afuera. Apenas pueden abusar, abusan; apenas pueden monopolizar, monopolizan. Ahí se meten la ética, la responsabilidad social al bolsillo. Quienes más desprestigian al libre mercado, son sus propios apologistas.

En consecuencia, puede que el mercado no sea cruel, sino quienes abusan de sus posiciones dominantes, en su gran mayoría conspicuos personajes de la derecha política y económica, ligados a la UDI, el soporte civil de la dictadura y de la perpetuación de su legado ideológico. Aunque ojo, que en la viña del Señor estos personajes podemos encontrarlos hasta en los lugares más inesperados.

septiembre 24, 2014

Las lecciones de Escocia

Recientemente se celebró un referéndum en Escocia, país europeo perteneciente al Reino Unido, con el propósito de que sus habitantes decidieran si querían seguir siendo parte de la Corona británica, o bien, constituirse en un país independiente.

El tema tiene trascendencia más allá de las fronteras del Reino Unido porque en no pocos países existen regiones, movimientos con aspiraciones autonómicas o independientistas, que observaban con sumo interés lo que allí estaba ocurriendo. Entre ellos, menciono los casos de Cataluña y el País Vasco en España por ser los más visibles en la actualidad.

Las razones de estas aspiraciones varían según el caso que se trate, pero en general los motivos se centran en dos. Uno de ellos es de las identidades, culturas claramente diferenciadas históricamente y que el tiempo no ha logrado disipar. El otro motivo suele ser de menoscabo, el de sentir que su contribución al desarrollo de la comunidad a la cual se encuentran adscritos, es sustancialmente mayor que los aportes que reciben de ella. La conjunción de los dos motivos es explosiva. En el caso de Escocia, la existencia de recursos petroleros, junto con el fuerte sentimiento de los escoceses de ser muy distintos a los ingleses, está en la raíz de su deseo de valerse por sí mismos y no estar al alero del Reino Unido.

En los comienzos de la batalla electoral, los sondeos indicaban que las corrientes independientistas ganaban el referéndum. Los ingleses, el gobierno inglés, inteligentemente, en vez de buscar subterfugios para impedir el referéndum, optó por encararlo, movilizando todos los argumentos y recursos disponibles, tanto económicos como emocionales, para revertir los resultados que se veían venir. Con el tiempo, a medida que se acercaba la fecha del referéndum, la diferencia se fue estrechando. Es así como finalmente, un 55% de los escoceses optaron por seguir siendo parte del Reino Unido.

Pero para que ganara esta opción, el gobierno británico tuvo que hacer concesiones, prometiendo una fuerte descentralización. En estos días ya se encuentra trabajando en esta dirección por la vía de traspasar competencias, recursos, atribuciones. Mantener a Escocia dentro del Reino Unido no fue gratis para este último, y en ese plano, quienes querían la independencia no tienen por qué considerarse perdedores o sentir que fue un esfuerzo inútil la lucha. Por el contrario, perdiendo, ganaron en relación a lo que tenían.

Curiosamente estos movimientos secesionistas siguen dándose en tiempos de globalización, cuando el mundo se convierte en una aldea global, lo que da cuenta de una reacción orientada a rescatar identidades y culturas que no desean ser absorbidas por corrientes o influjos supranacionales. Signo de que muchas regiones siguen gozando de buena salud y no están disponibles para que arrasen con sus tradiciones, sus lenguas.

Justo por estos meses, el gobierno catalán está llamando a un referéndum para que los habitantes de Cataluña puedan pronunciarse si desean seguir siendo parte de España o no. A diferencia del Reino Unido, en España el gobierno central ha reaccionado oponiéndose frontalmente a la realización de dicho referéndum, invocando su inconstitucionalidad. Me pregunto: ¿qué sentido tiene que un país tenga en su seno una región que no quiere ser parte de él? ¿por qué no se la juega y aprovecha el referéndum para poner sobre la mesa todos los argumentos en favor de la pertenencia de Cataluña a España?

En este plano, no cabe duda que el referéndum escocés dejó en un muy mal pie a España y a todos los países que se resisten a someter a la decisión de los habitantes si quieren que sus respectivas regiones estén subsumida en países que muchos pueden sentir que no es el suyo.

septiembre 18, 2014

El camino hacia la independencia

Terminadas las fiestas patrias, regresamos a nuestra realidad diaria. La celebración va por la vía de aprovechar para salir, cambiar de aire, descansar, distraernos. Si nos detuviésemos a reflexionar en torno a nuestra independencia, muy probablemente nos percataremos que de independientes tenemos poco. Nos sacudimos de un yugo, pero eso no significa necesariamente que estamos sin yugo.

Seguimos siendo un país subdesarrollado, aún lejos de alcanzar el tan esquivo desarrollo. Desde que tengo uso de razón, por un motivo u otro, la meta, ser un país desarrollado, se pospone una y otra vez. Se nos escapa cada vez que sentimos que estamos ad portas de él.

Otros países, en estas mismas últimas cinco décadas, han logrado dejar atrás el subdesarrollo, aun partiendo de condiciones mucho más desfavorables que nosotros.

¿Dónde está la diferencia? Parece estar en que mientras nosotros hablamos, conversamos, discutimos, hacemos como que trabajamos, otros trabajan, se esfuerzan, actúan, se apoyan entre sí. En síntesis, para alcanzar el desarrollo no basta la voluntad si no va acompañada de esfuerzo, acción, trabajo, persistencia y un talante solidario y colaborativo. En caso contrario, no pasa de ser una quimera.

Somos de los países cuyos trabajadores tienen más horas laborales al año, cuyos estudiantes tienen más horas de clases. No obstante ello, nuestra productividad y capacidad para agregar valor a los recursos naturales que generosamente nos provee nuestra tierra, deja mucho que desear. De hecho, no hemos logrado romper nuestra dependencia del cobre, y el mayor componente de nuestras exportaciones siguen siendo materias primas sin mayor valor agregado.

En un mundo globalizado, crecientemente competitivo, el que pestañea, pierde. Y nosotros pareciera que nos pasamos pestañeando. Por momentos se nos suben los humos a la cabeza, particularmente cuando nos comparamos con quienes pestañean más; también cuando nos cotejamos con las condiciones materiales bajo las cuales nosotros mismos vivíamos hace no más de una o dos décadas atrás.

Nos falta el gran salto cultural, económico y educacional. El primero, un salto más cualitativo; el segundo, más cuantitativo. El cultural tiene que ver con no tanto más horas de trabajo, como trabajar mejor; con ser más responsables, puntuales, disciplinados, valorar el trabajo bien hecho, cumplir la palabra empeñada. Abandonar el chamullo, el trabajo a medias, el arreglo con alambritos, los más o menos, las avivadas.

El salto económico se relaciona con que no podemos seguir gastando en innovación e investigación menos del 1% del producto interno bruto (PIB), cuando los países desarrollados invierten más del 2%. En esta esfera el sector privado tiene una tremenda responsabilidad porque el grueso de lo que se gasta en innovación en Chile proviene del sector público, en circunstancias que en los países que más invierten el mayor peso recae en los privados.

El salto educacional que tiene que ver con hacer posible el salto cultural, esto es, cambiar nuestra mirada, que provea no solo conocimientos, sino valores, y donde la responsabilidad es compartida por los establecimientos educacionales con las familias. Los países más desarrollados tienden a tener una educación pública, gratuita y de calidad. Una educación pública de mala calidad, y por la cual más encima haya que pagar, pierde su razón de ser.

Resumiendo, solo cuando hayamos dado estos saltos, recién entonces podremos ponernos pantalones largos, esto es, afirmar que somos un país desarrollado, y por tanto, independiente en todo su significado.

septiembre 12, 2014

El terrorismo en acción

El mes de septiembre es un mes complejo en Chile. Por un lado, es el mes de la llegada de la primavera, de los volantines, de los circos, de las fiestas patrias. Era el mes de las elecciones presidenciales, de las que nos enorgullecíamos porque simbolizaban la continuidad democrática en un continente asolado por golpes militares.

Al mismo tiempo, es el mes en que se instaló el terrorismo de Estado, entendido como aquel perpetrado desde el Estado mismo, con todos sus recursos, para sembrar el terror entre connacionales, persiguiendo a las personas sin el debido proceso, al amparo de las bayonetas que la propia sociedad les confió para la defensa nacional, no para atacar, ni desaparecer, ni torturar, ni exiliar a miles de compatriotas.

Algunos se limitan a rechazar y lamentar lo que gustan denominar como “excesos del gobierno militar” y piden dejar de insistir para poder mirar hacia adelante. Lo ocurrido no fueron simples excesos, fue una política fraguada al más alto nivel y operacionalizada a sangre y fuego. No pocos dentro de las FFAA, se resistieron a embarcarse en una política del terror destinada a amedrentar, a infundir el temor entre la población. Esos pocos miembros de las FFAA, pagaron con sus vidas su fidelidad a la historia y razón de ser de las propias FFAA.

El terrorismo debe ser rechazado por la ciudadanía toda, venga de donde venga, porque su objetivo no es otro que el de amedrentarnos, para retrotraernos a tiempos que no queremos repetir, salvo algunos nostálgicos trasnochados. El terrorismo se enfrenta con más democracia, no con menos democracia, con la participación de todos nosotros, con más y mejor educación, más y mejor salud, más y mejor previsión; con autoridades y medios de comunicación responsables, que no caen en el juego de los terroristas. Éstos, lo que buscan es cobertura, sembrar temor, generar un “clima” propicio a sus intereses.

A la fecha de escribir estas líneas, se desconoce el origen de las bombas que por estos días siembran la inquietud en la población. Pueden ser tanto de sectores anarquistas desquiciados como de sectores militares y civiles nostálgicos de una dictadura que el país no quiere volver a tener. Identificar y desarticular a los responsables de tales actos reprobables es deber de las autoridades con la colaboración de todos.

septiembre 03, 2014

Revolución en libertad


Imposible olvidar el triunfo de Eduardo Frei Montalva, allá en 1964, luego de una campaña con un rival de fuste, como lo era Salvador Allende, abanderado del Frente de Acción Popular (FRAP). Una campaña compleja, en tiempos de guerra fría, la primera elección presidencial después del ascenso de Fidel Castro en Cuba.

El candidato de la derecha, en aquel entonces una coalición de liberales, conservadores y radicales, Julio Durán, un radical de tomo y lomo, vio desvanecer sus posibilidades luego de la derrota experimentada por el candidato derechista en una elección complementaria, en Curicó, en manos de un socialista. Este fenómeno se conoció como el naranjazo y marcó la pauta  de las decisiones en el ámbito político. La derecha entró en estado de pánico y con tal de impedir el triunfo de Allende, ofreció su apoyo a Frei, dejando en la estocada a Durán, quien no bajó los brazos. Frei no dio la espalda a este apoyo, pero dejó en claro su postura con una frase para el bronce: “no cambiaré mi programa ni por un millón de votos”.

El programa de Frei era un programa de avanzada que a la fecha no se ha sabido valorar en consideración a que impidió el triunfo del candidato de la izquierda, Allende. Cabe recordar que en la contienda presidencial anterior había estado ad portas del triunfo al ser derrotado a duras penas por Alessandri, gracias a la incursión de un cura de Catapilco, quien alcanzó a quitarle a Allende los escasos votos que le faltaron para ganar.

La campaña tuvo de todo, desde la apoteósica Marcha de la Patria Jóven, que culminó en el entonces parque Cousiño, hoy parque O´Higgins, hasta la intervención norteamericana, que se la jugó por Frei Montalva. Mal que mal, para Estados Unidos era inaceptable lo que visualizaba como una eventual segunda Cuba, con el agravante de que en esta ocasión, sería el primer triunfo de un candidato confesadamente marxista por la vía de las urnas. Hasta el campeonato mundial de fútbol que se había desarrollado en Chile sirvió de cortina para la campaña aprovechándose el triunfo de Chile sobre Rusia por 2 a 1.

Con Frei Montalva los campesinos salieron del ostracismo, se promovió la sindicalización campesina; los pobladores vieron reconocidos sus derechos a través de la promoción popular y con la creación de las juntas de vecinos; las mujeres encontraron su cauce en los centros de madres; los trabajadores vieron abiertas sus posibilidades de capacitación; las pequeñas empresas encontraron apoyo en instituciones como el Servicio de Cooperación Técnica; el país inició la recuperación de su riqueza básica, a través de lo que se llamó la chilenización del cobre, y que después, con Allende fue nacionalizado.

No obstante estos innegables avances, la izquierda, herida por haber visto postergada una vez más sus posibilidades de triunfo, le negó la sal y el agua a Frei Montalva.

Hoy, a más de medio siglo del triunfo de Frei Montalva, me permito recordarlo para aprender del error que significó una Democracia Cristiana y una izquierda posicionadas en aceras opuestas. La consecuencia fue fatal.

agosto 28, 2014

Hacia un mundo sin trabajo

Mi tesis es que el desarrollo científico-tecnológico debiera conducirnos hacia un mundo con menos trabajo, o sin sus características actuales, esto es, remunerado, a tiempo completo.

Si bien hay fuerzas que nos dicen que cada vez hay más trabajo, también las hay en la dirección contraria. Entre las primeras destacan el mayor nivel de consumo por parte de la población, ya sea por un aumento en su ingreso per cápita, como por un consumo más allá de los ingresos vía un nivel de endeudamiento que en el pasado no era posible. Para facilitar este incremento se liberalizó el horario del comercio establecido. Atrás quedaron los tiempos en que los fines de semana el comercio estaba cerrado, y durante la semana tenía un horario restringido, regulado. A ello se agrega la sofisticación y penetración que ha alcanzado la publicidad, con mensajes a la vena de los segmentos de mercado que se quiere capturar, induciendo al consumismo a todo evento.

También la posibilidad de comprar “sin dinero”, con tarjetas bancarias o de casas comerciales, ha aumentado la velocidad de circulación del dinero incrementando el volumen de las actividades productivas y el nivel de desempleo.

Por último, no se puede desconocer que la destrucción y la pérdida de vidas que producen las guerras y los cataclismos –epidemias, terremotos y otros- también han sido factores desgraciados que permiten mantener a raya el nivel de desempleo por las necesidades de reconstrucción que se derivan de ellas.

En síntesis, la creación de puestos de trabajo generada por este mayor nivel de actividad ha logrado compensar la pérdida de empleos que el desarrollo tecnológico trae consigo. Sin embargo el desarrollo de los países apunta a que seamos más productivos, esto es, lograr producir más bienes/servicios en menos tiempo, y con menos recursos. Y entre estos recursos, estamos nosotros, el factor humano, los recursos humanos, las personas. Por tanto, la tendencia apunta a que trabajemos menos.

En consecuencia, lo lógico es que por este camino, tengamos cada vez menos trabajo, y no es malo que así sea si es que se logra romper la asociación bíblica bajo la cual hemos crecido, eso de que “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. En efecto, cada vez nos estamos ganando el pan con menos sudor, porque el esfuerzo manual está siendo reemplazado por el esfuerzo intelectual, que no produce tanto sudor. Ya no tenemos empresas conformadas por miles de operarios, los que son reemplazados por máquinas, permaneciendo trabajando tan solo quienes piensan, dirigen, evalúan, organizan, proyectan, todas tareas de más alto nivel. Incluso algunas de estas tareas también se están sistematizando y automatizando.

De hecho, ya hay países desarrollados con altas tasas de desempleo, las que han llegado para quedarse, y que están forzando a implementar generosos subsidios de cesantía que han de financiarse con los mayores niveles de productividad alcanzados. Esto supone que los beneficios de esta mayor productividad son apropiados por la población en general, y no solo capturados por los dueños del capital. Por tanto, la clave está en la distribución de estos beneficios. Si ellos logran ser distribuidos adecuadamente, podemos esperar tiempos mejores, con menos trabajo, mejores trabajos, con mayor disponibilidad de tiempo para el desarrollo del espíritu, para encontrarle un sentido a la vida más allá del consumo, y vivir sin mayor dependencia del dinero. Esto es, ser auténticamente libres.


Claro que para ello, muchas cosas deben cambiar. Sin embargo, es posible ya que de nosotros depende.

agosto 26, 2014

Una propuesta educativa innovadora

La próxima semana, la carrera de Ingeniería en Informática Empresarial (IIE) de la Universidad de Talca celebra sus 10 años de existencia. Creada para formar profesionales con las competencias para agregar valor a las organizaciones en el ámbito de la gestión, le ha hecho honor a su misión: formando para innovar.

Es interesante constatar que su plan de estudios incorpora la enseñanza dual (universidad-empresa) como un pilar fundamental en que el 40% de sus cursos incluye trabajar en algún proyecto con empresas de la región. Es así como a lo largo de la carrera sus alumnos han logrado desarrollar un importante número de proyectos reales que les permite egresar con una relevante experiencia al momento de buscar su primer trabajo. Este acercamiento temprano al medio profesional ha redundado en que los estudiantes desarrollan habilidades sociales y comunicacionales, habilidades profesionales, redes de contacto, y por otro lado, las empresas y microempresas de la región reciben un servicio sin los costos de consultorías profesionales, mejorando así sus procesos de gestión.

No obstante las aprensiones existentes cuando surgió la carrera, los cerca de 100 de sus egresados a la fecha dan fe de que la apuesta realizada en su momento, fue exitosa. Prueba de ello es que ocupan puestos de trabajo para los cuales fueron formados y lo hacen con distinción.

Sus empleadores valoran su contribución para que las organizaciones –sean estas empresas privadas o públicas- sean más eficaces y más eficientes. Consultados por los atributos que visualizan en los Ingenieros Informáticos Empresariales, destacan su ductilidad para enfrentar distintos escenarios, su capacidad crítica en el análisis de problemas y elaboración de diagnósticos, su capacidad reflexiva para resolver problemas, su proactividad para elevar propuestas de solución realistas y factibles de ser implementadas, y su talante abierto a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías que día a día ofrece el mercado.

Los egresados, trabajan por lo general en empresas consultoras o en departamentos responsables de mejorar procesos con apoyo de las tecnologías de información y comunicación. Lo que más destacan en su formación es el trabajo con empresas desde los primeros años, lo que sienten que les otorga un plus a la hora de egresar. Esta característica les ha facilitado la inserción laboral, tanto porque sienten que egresan con experiencia laboral, como porque les ha permitido desarrollar capacidades de trabajo en equipo y de comunicación con ejecutivos, empresarios y otros profesionales que son tanto o más valoradas que las capacidades técnicas propiamente tales. Y quienes egresan con dominio del inglés, lo hacen con ventaja, tanto para ascender laboralmente, como para ser enviados al exterior para capacitarse en nuevas tecnologías.

Las dos columnas en las que se sustenta la formación del IIE, gestión y tecnología, unidos en un plan de estudios innovador, dos mundos habitualmente distanciados, explican el éxito del que gozan sus egresados a tan solo 10 años de la creación de la carrera.

agosto 21, 2014

La política de los acuerdos

Uno de los debates más confusos que se ha dado últimamente tiene que ver con los acuerdos, los consensos y demases. Así como en un pasado no muy remoto se catalogaban a unos de autoflagelantes y a otros de autocomplacientes, a duros y blandos, de halcones y palomas. Pareciera consustancial a la naturaleza humana clasificarnos en alguna de estas categorías, omitiendo los grises, más que nada por razones prácticas, para facilitar los análisis. Incluso podríamos afirmar que muchas veces estas dos visiones conviven en nosotros cuando nos debatimos entre estas dos almas.

Los acuerdos con consustanciales a la democracia. La democracia no es para pasar aplanadoras ni retroexcavadoras, para eso están los totalitarismos, las dictaduras, donde se dicta, no se conversa, no se acuerda, no nos sentamos a conversar, a dialogar. Diálogo supone no solo plantear posturas, sino que también escuchar a los otros, debatir a corazón abierto, sin subterfugios, en igualdad de condiciones, sin imposiciones; supone estar dispuestos a ceder, a transar.

Esto que parece tan simple y lógico, sin embargo, en la práctica no es tan fácil de implementar cuando se tiene una realidad política, social, económica y cultural que no ha sido fruto de acuerdo alguno, marcada por hechos consumados. Más complejo se torna cuando quienes invocan el retorno a los acuerdos son quienes estuvieron detrás de quienes impusieron a sangre y fuego lo que tenemos. La realidad actual no es fruto de acuerdo alguno, por el contrario, nos fue impuesto en tiempos de terror.

No recuerdo momento alguno en que el modelito educacional que tenemos haya sido fruto de acuerdo alguno. Por ello no puedo dejar de arrugar la nariz cuando quienes hoy invocan con voz engolada los acuerdos, ayer no tuvieron asco en imponernos lo que tenemos, tanto en materia educacional, sanitaria, laboral, previsional, productiva. Y lo que tenemos, no es para enorgullecernos, por más que no faltan quienes dicen que vamos bien, que somos modelo a seguir. Vamos, hasta cuándo vamos a andar creyéndonos que somos modelo. Desde que tengo uso de razón que nos creemos un país modélico. Primero fue nuestra revolución en libertad, con Frei Montalva, y desparramamos por el mundo la buena nueva de hacer cambios sin conculcar las libertades que nos son tan caras; luego tuvimos nuestro modelito de socialismo en democracia, con Allende, con sabor a empanadas y vino tinto; después, la dictadura del innombrable, modelito de desapariciones y torturas sin dejar rastros que sus adláteres se atrevían a catalogar de presuntas, todo con la venia de los rastreros medios de comunicación autorizados en esos tiempos. A continuación, nuestra modélica transición de la que nos ufanamos hasta no hace mucho, donde para no revolver el gallinero llegábamos a acuerdos a como diera lugar, incluso con las manitos alzadas.

La amenaza implícita a lo largo de estas décadas, es que sin acuerdo, la cosa seguía igual como nos había sido impuesta en los tiempos donde los acuerdos no corrían. Todo esto al amparo de un sistema político marcado por el empate, el uno a uno y los quórums calificados cuando osáramos querer tocar algo más o menos sustantivo del modelito. Y por último, si todos estos filtros son sobrepasados, está el tribunal constitucional para fallar la inconstitucionalidad de los cambios que se pregonan. Y si el tribunal constitucional no es suficiente, entonces recuperemos la política de los acuerdos, porque mal que mal, todos somos hijos de un mismo Dios Padre.

Por eso, si me preguntan si soy partidario de los acuerdos, mi respuesta es sí, pero junto con ello, también quiero decir con todas sus letras, que no me gusta que me tomen el pelo. No me gusta eso de que quienes invocan los acuerdos son los mismos que nos pusieron la bota encima sin que a la fecha muestren signos de arrepentimiento.

agosto 14, 2014

La libertad para elegir

Estas líneas están motivadas por la discusión existente en Chile en torno a la reforma educacional y la postura de quienes sostienen que el proyecto gubernamental atenta contra la diversidad de proyectos educacionales y la capacidad de elegir por parte de las personas.

Milton y Rose Friedman escribieron en 1980 un libro titulado Free to Choose (Libre para elegir), en el que expresan su pensamiento defensor del libre mercado. Opositor a la intervención del Estado, estuvo en Chile en 1975, en los inicios de la dictadura del innombrable. Su influencia en las autoridades de entonces es innegable, y se arrastra hasta la fecha entre académicos, políticos y gente común y corriente.

Las razones de su influencia residen en la simpleza de su pensamiento. Asume que la realidad es como las matemáticas, donde 2 más 3 son 5, acá y en la quebrada del ají, y cualquier otra cosa que se diga no son sino voladores de luces. Asume que el Estado es un lastre, que lo que haga lo hace mal. Asume que cada uno debe hacer lo que necesita y/o quiere, que debe tener la capacidad de elegir, y que no tiene porqué existir un ente, un Estado, que decida por nosotros. Y menos, un Estado que se ponga a producir bienes y/o servicios que los privados pueden proveer dado que el Estado tenderá a producir a mayor costo y/o menor calidad, bienes o servicios que los privados.

Al Estado lo relega a una función marginal, de custodio del derecho de propiedad antes que de los derechos de las personas. Que haya venido a Chile en tiempos del innombrable a dar conferencias sobre las mil y una maravillas del libremercado, las mismas que dio posteriormente en China, haciendo abstracción de las barbaridades que se estaban cometiendo –en todos los planos- revela la catadura ético-moral de este personaje y de sus seguidores.

No estamos hablando de los asesinatos cometidos por quienes detentaban el poder y de sus múltiples cómplices pasivos, ni de las desapariciones, ni de los exilios, las torturas, las relegaciones, sino del fortalecimiento del capital en desmedro del factor trabajo, debilitado por una legislación impuesta que facilitó el despido y dificultó el derecho a huelga. Es así como se llega a la situación actual, donde el grueso de los trabajadores carece de trabajos estables, con contratos indefinidos y sin mayor capacidad de negociación de sus remuneraciones ni de sus condiciones laborales.

Cuál es entonces la capacidad para elegir que tienen los chilenos? Esta libertad para elegir está dada por el tamaño del bolsillo, y todos sabemos cuál es este tamaño. Por tanto, esta libertad para elegir está constreñida por bolsillos famélicos. Por ello llama poderosamente la atención que los mismos responsables de haber forzado la reducción del peso del factor trabajo son los mismos que hacen gárgaras con la libertad para elegir.

En síntesis, los que eligen son los de arriba; los de abajo no eligen. Lo peor de todo es que quienes tienen la libertad para elegir, no son los que más trabajan, muy por el contrario.

agosto 10, 2014

La educación que necesitamos

La reforma educacional tiene un foco claro: que el país tenga una educación pública, gratuita y de calidad. Una educación pública que no sea de calidad, no tiene razón de ser, porque de ser así el derecho a la educación pasa a ser letra muerta. Una educación que no sea de calidad pasa a ser una estafa, una burla, un engaño. La gratuidad se relaciona con la necesidad de que todos puedan acceder a ella, y que su acceso a una buena educción no dependa del tamaño de nuestros bolsillos. Quienes deseen pagar por su educación, es su opción, pero no debe serla sobre la base de que al otro lado se tenga una educación pública pobre, famélica, incapaz de darle a los niños y niñas de Chile la formación para ser personas capaces de pensar, de discernir, de tomar decisiones por sí mismos, de actuar autónomamente.

La vía para tener la educación que se quiere, es conversable, o “cocinable” dentro de un entorno culinario, pero no en cualquier cocina ni con cualquier cocinero. Debe ser en cocinas y con cocineros que inspiren confianza, donde lo que esté en juego sean la cantidad y calidad de los ingredientes, los tiempos de cocción, y que el plato que salga no dependa de cuánto se pagó por él ni cuánta utilidad arroja. Una cocina que no seleccione quien puede comer y quién no. Lo importante debe ser que salga el plato que se pide: educación pública, gratuita y de calidad. Un plato cuyo sabor y aroma cautive, que alimente de verdad, que nos de la energía para salir adelante contra viento y marea, que nos permita mirarnos frente a frente, sin pisotearnos.

No es un plato fácil de preparar, pero en algún minuto tenemos que hacerlo. Mientras más temprano, mejor. El fin al lucro, al copago y a la selección son condiciones necesarias para lograr lo que se quiere, aunque no suficiente. Pero es un paso en la dirección correcta que tendrá que ser seguido por otros, entre los que se debe destacar el tema de la formación de los profesores. Profesores bien formados dejan huella indeleble en las vidas de nuestros hijos. Ser profesor es un honor, una responsabilidad, y como tal debe considerarse.

Las familias tienen también un rol insustituible que no es posible soslayar. El modelo de sociedad que estamos construyendo no ayuda para nada a cumplir ese rol. Familias destruidas, cansadas, que no ven a sus hijos hasta tarde por las noches cuando ya están durmiendo por estar cumpliendo jornadas laborales extenuantes. Tampoco ayuda el endeudamiento ni el consumismo desenfrenado.

Desafortunadamente, o afortunadamente, la educación tiene muchas aristas y no es monopolio del establecimiento educacional. La tarea de educar trasciende al establecimiento. En este plano, es también un error pretender creer que con una educación pública, gratuita y de calidad, tendremos resuelto el problema. Pero al menos pasa por ahí.

julio 29, 2014

Revolución o reforma educacional

Michelle fue elegida como presidenta, en consideración a que una mayoría significativa de chilenos, compartieron su diagnóstico, su propuesta, y las líneas gruesas del camino por el cual transitar para concretar la propuesta.

Así como hace ya más de 20 años atrás el diagnóstico puso énfasis en la pobreza y la necesidad de reivindicar los derechos humanos, hoy el foco está puesto la persistente y creciente desigualdad.

A lo largo de estas décadas se ha logrado reducir significativamente la pobreza y en el ámbito del respeto a los derechos humanos también se ha progresado en forma importante. Esto, aun cuando hace falta avanzar más si se quiere asegurar que no se repitan los flagrantes atropellos a connacionales cometidos al amparo del monopolio de las armas que ostentan las FFAA; y con el respaldo y apoyo de civiles que hasta la fecha no muestran síntomas de arrepentimiento alguno.

La reducción de la pobreza se logró dentro de los márgenes impuestos por un modelo económico, político y social centrado en la competencia dentro de un mercado desregulado, y un Estado jibarizado, reducido a la más mínima expresión para que los privados den rienda suelta a sus emprendimientos, innovaciones, e interminables abusos. El rol del Estado, de carácter subsidiario, se limitó a contener la pobreza dentro de determinados márgenes, pero no ha sido capaz de incidir en la crónica desigualdad del país, que no es solo de ahora, pero que ha pasado a ser tema de preocupación ciudadana.

El modelo de sociedad actual, instalado a sangre y fuego, está en la raíz del malestar imperante, no obstante los menores niveles de pobreza imperantes, los mayores niveles de consumo de las familias y el mayor ingreso per cápita que se dispone. La torta está distribuida inequitativamente.

La educación, concebida desde siempre como la vía para la movilidad, el ascenso social, ha dejado de serlo. Los niveles de desigualdad existentes, demuestran que la educación, el modelo educativo que tenemos desde el año 1981, ha sido incapaz de contribuir a su reducción. Los retoques que se le han hecho – subvención diferenciada, el copago- sin afectar su esencia, solo han logrado construir uno de los modelos educativos más segregados que puedan existir en el mundo. De hecho, no existe país en el mundo con un modelo educacional como el chileno, con una educación pública abandonada a su suerte. La migración de la matrícula desde la educación municipal a la educación particular subvencionada no se explica por la búsqueda de una mayor calidad en estos últimos, porque no existen evidencias objetivas en esta dirección. Se explica más bien porque las familias aspiran a acceder a redes sociales vinculadas a familias de mayor nivel social, económico y cultural.

Cambiar esta realidad exige no una reforma, sino una revolución educacional. Pero no será una revolución, no porque no se proponga modificar esta realidad, sino porque será gradual, no abrupto. Gradual en el tiempo y en las medidas. No será gratuita de un viaje, ni se elevará la calidad en un dos por tres. Cualquier con dos dedos de frente sabe que es imposible por más que se quiera hacer posible. Extraer la lógica de mercado inserta en la sociedad, no es tarea fácil. Por ello será una reforma educacional, de a poco, pero teniendo clara la concepción subyacente, que la educación no es un bien de consumo transable en el mercado, y un objetivo: tener una educación pública, gratuita y de calidad. Para allá debemos ir, ojalá con el concurso de todos para construir un mejor país.

julio 21, 2014

Cocinando las reformas

En la cocina es donde se cuecen las habas y los factores relevantes que inciden en ella son tanto los ingredientes, los cocineros, la preparación de los platos, como las características de la cocina y de los comensales para quienes se están preparando los manjares. Cuando el apetito arrecia la ansiedad se apodera no solo de los comensales, sino que de los cocineros, de los mozos y de los dueños de casa.

Lo que debe importar es satisfacer los requerimientos culinarios de los comensales antes que los de los cocineros, mozos o dueños de casa. Por ello, en todo centro gastronómico, lo primero es lo primero: darle al comensal el menú para que el cliente haga su pedido, el cual puede estar dado por su gusto, los precios, la especialidad de la casa.

Los comensales querían algo distinto a la que han estado comiendo en los más de últimos 35 años. Estaban hartos de una entrada consistente en un esquema tributario que reducía al Estado a la más mínima expresión; hastiados de un plato de fondo dado por una educación de mala calidad y cara; complementado por un postre que era un insípido arreglo constitucional. Por ello, cuando fueron consultados por lo que querían, la mayoría había elegido un menú que tenía como entrada, una reforma tributaria, como plato de fondo una reforma educacional, y de postre una reforma constitucional.

La reforma tributaria, el nuevo plato de entrada, estaba lista para ser servida, pero a última hora, no se sabe quién resuelve encargar otra reforma a un conspicuo restaurante localizado más allá de la cota mil de la capital del reino. Allá, le cambian los ingredientes, su composición, y sale aparentemente igual, con las mismas calorías que tenía, 8,200 kcal. Todo esto, sin preguntarle a nadie, en medio de un secretismo digno de la KGB. Solo se sabe que los cocineros, entre los top-top a nivel nacional, escogidos por el dueño de la cocina, miembro de una ilustre familia de rancio apellido. Cocineros seleccionados por su capacidad para interpretar, no lo que los comensales quieren, sino lo que la ilustre familia quiere para sus comensales.

Luego de exclusivas reuniones, conciliábulos, acompañados de galletitas sin sodio ni azúcar y agüitas minerales, emergió el plato cocinado con los mejores ingredientes de la plaza, en los mejores hornos y utensilios que pueden imaginarse. La receta no se dio a conocer, porque no todo puede hacerse público, en particular cuando se quiere que resulte bien y no se venga con dimes y diretes que terminen en un plato desabrido sin gusto a nada. Cuando todo estaba listo para servir los platos tan laboriosamente elaborados por los cocineros, en base a órdenes de los dueños de tan singular restaurante, los mozos fueron los encargados de transmitir la buena nueva a los comensales. El mensaje, lanzado urbi et orbi, por todos los medios de comunicación, fue simple, al hueso, aunque sin alzar las manitos: “nueva reforma tributaria habemus”.

Los comensales, moros y cristianos, se miraron una a otros sin entender nada. Cuando empezaron a degustar el plato que todos pensaban que lo sería con fruición por sus olores y sabores, los rictus de las expresiones parecían decir otra cosa. Sentían que era un plato a la pinta de los dueños del restaurante, para gustos refinados, no de ellos.

De allí que a la hora del plato de fondo la reforma educacional, entre los comensales reinaba el escepticismo si acaso les traerían lo que habían pedido: una educación pública, gratuita, de calidad, sin fines de lucro.

julio 17, 2014

El Mundial se terminó: y ahora ¿qué?

Se acabó la fiesta del mundial y ya estamos de regreso a la realidad. Pero antes no están de más algunas reflexiones en torno a sus lecciones, las que van más allá del futbol, de lo deportivo, que lindan con lo económico, político y social.

En lo económico porque la danza de millones que gira en torno al evento y sus protagonistas, sean estos dirigentes, futbolistas, entrenadores, es francamente un insulto al sentido común, para lo que ganamos los mortales comunes y corrientes. Que hoy se esté analizando qué hacer con estadios construidos a todo pasto, que costaron fortunas, es un insulto a la racionalidad. Más todavía cuando dentro de las alternativas se está pensando en “aprovecharlos” para transformar algunos de ellos en cárceles.

En lo político, porque la fiesta del futbol parece concebirse como un analgésico que sirve para anestesiar a los pueblos. Si se obtienen triunfos reales o no, da lo mismo, los medios de comunicación se encargarán de transformar derrotas en triunfos, subirnos al carro de la victoria, para recibir a los gladiadores en aeropuertos o palacios de gobierno. Si las derrotas han sido inapelables, vergonzosas, habrá que encomendarse al Señor por la destrucción de bienes públicos y privados, así como las secuelas electorales que podrán traer consigo.

En lo social, porque tras la euforia mundialera, el regreso a la cruda realidad que rodea a muchos, duele, lacera, obligándonos a preguntar: qué estamos haciendo para mejorar las condiciones de vida de muchos. Al parecer, absolutamente nada, por el contrario, qué no estaríamos haciendo para empeorarla.

En lo futbolístico, el mundial no estuvo exento de sorpresas, entre las cuales destaca el temprano regreso a casa por parte de España, Italia e Inglaterra, y el surgimiento de países que llegaron más lejos que otros, no obstante su menor tradición futbolera, como es el caso de Costa Rica. Pero la gran sorpresa fue la derrota de Brasil en un mundial en su propia casa. Su caída no fue por azar, más bien fue la mediocridad del grueso de sus jugadores y de su juego, lejos del famoso “jogo bonito”. La inagotable cantera que siempre ha tenido Brasil pareciera haberse agotado, o hecho un alto. Lejos están los tiempos en que la mayoría de sus jugadores eran de lujo.

El país que terminó honrando a nuestro continente, fue Argentina, sólido, en ascenso a medida que transcurría el campeonato, y que terminó representándonos en la gran final ante una Alemania que había masacrado a Brasil con una goleada como consecuencia de un juego brutalmente efectivo.

En la final hubo opciones por ambos lados, siendo incapaces de superarse en los primeros 90 minutos y estuvieron a punto de terminar los 120 minutos igualados. En el alargue, el árbitro se comió un penal flagrante del arquero alemán contra un delantero argentino, y un tiro alemán al arco argentino dio en el palo. No obstante que cualquiera pudo haber ganado, el triunfo alemán fue justo tributo al equipo que mostró más ambición, más trabajo colectivo, más disciplina, más perseverancia, atributos con los que Alemania ha logrado superar sus ripios técnicos del pasado. Hoy, su técnica tiene poco que envidiar a la de los latinoamericanos.

julio 10, 2014

Argentina da la cara

Argentina es la que va a dar la cara por nuestro continente en esta final de la copa del mundo. Y la da en Brasil, país que organizó el mundial para ganarlo, pero que quedó en el camino con la cola entre las piernas. Todo gracias al mineirazo propinado por Alemania que complementará al maracanazo de hace ya más de 60 años. Brasil no pudo ante una Alemania impecable, que dio una lección de futbol ante quienes se supone son los malabaristas con la redonda.

La desaprensión con que Brasil enfrentó a Alemania le costó cara. Distinta fue la actitud de Argentina ante Holanda. Se temía otra paliza y que terminaríamos viendo una final entre europeos en nuestro propio continente. Por suerte, Argentina está salvando la plata! Uruguay quedó fuera merced a un desgaste, una falta de renovación y a un mordisco fuera de lugar; Colombia y Chile por excesivo respeto a un anfitrión que Alemania demostró que era pan comido; México y Costa Rica, por el infortunio que golpea a quienes carecen de tradición futbolística.

Argentina encaró el encuentro con Holanda con seriedad, disciplina, concentración, orden, fuerza. Por eso se impuso. Y Brasil perdió por su desconcentración y debilidad futbolística, como hace tiempo no se le veía. Así no se puede jugar ante un rival como Alemania.

Si Argentina aborda el partido con similar disciplina, fuerza, concentración y fuerza que mostró ante Holanda, puede ganar a una Alemania que aparece como invencible. La magia del futbol reside en su impredecibilidad, su capacidad para sorprendernos, para romper, de cuando en cuando, vaticinios cantados.

En las semifinales teníamos a los casi mismos de siempre. De los 4, de un mundial a otro, a lo más varían uno o dos. Ahora entró Holanda en vez de Italia, pero Argentina, Brasil y Alemania, están casi siempre en estas instancias.

Me ha sorprendido la reacción de muchos, tanto por la derrota de Brasil como por el triunfo de Argentina., en nuestro propio continente, América Latina: unos se alegraron porque perdió Brasil así como otros se entristecen porque ganó Argentina. Lamentable, porque nuestros adversarios no son los que están al lado nuestro, sino los que están al otro lado del océano. La copa debe quedar acá! Hubiese deseado una final entre los nuestros. No fue posible. Ahora todo nuestro apoyo a Argentina que está representando a nuestra América en esta instancia, nos guste o no. La alegría de Argentina también debe ser la nuestra.

Si Argentina aborda el partido con similar disciplina, fuerza, concentración y fuerza que mostró ante Holanda, puede ganar a una Alemania que aparece como invencible. La magia del futbol reside en su impredecibilidad, su capacidad para sorprendernos, para romper, de cuando en cuando, vaticinios cantados.

En las semifinales teníamos a los casi mismos de siempre. De los 4, de un mundial a otro, a lo más varían uno o dos. Ahora entró Holanda en vez de Italia, pero Argentina, Brasil y Alemania, están casi siempre en estas instancias.

Me ha sorprendido la reacción de muchos, tanto por la derrota de Brasil como por el triunfo de Argentina., en nuestro propio continente, América Latina: unos se alegraron porque perdió Brasil así como otros se entristecen porque ganó Argentina. Lamentable, porque nuestros adversarios no son los que están al lado nuestro, sino los que están al otro lado del océano. La copa debe quedar acá! Hubiese deseado una final entre los nuestros. No fue posible. Ahora todo nuestro apoyo a Argentina que está representando a nuestra América en esta instancia, nos guste o no. La alegría de Argentina también debe ser la nuestra.


julio 08, 2014

Brasil al desnudo

Literalmente, Alemania desnudó a Brasil en las semifinales. Con Neymar incluido se veía débil. A duras penas logró llegar a jugar contra Alemania a punta de alargues y/o penales. Sin figuras descollantes hace rato que dejó de ser el equipo que deslumbraba con su "jogo bonito". Con una defensa que hacía agua por todos lados, y un ataque sin enjundia, no tenía por donde ser campeón mundial, ni siquiera en su propia casa. 

Lo ocurrido ante Alemania, que lo despedazó sin compasión con una goleada sin precedentes en el marco de las semifinales en un campeonato mundial, nos confirma que Chile se la farreó. que dejó pasar una oportunidad que dificilmente volverá a repetirse. lo que Chile dejó pasar, es lo que Alemania aprovechó.

No fue la FIFA la que hundió a Brasil, ni los árbitros: fue su propia incompetencia. por eso tienen razón los brasileños para sentirse humillados, avergonzados. Fue una paliza!

Algunos piensan que Chile se ahorró este papelón al no tener que jugar contra Alemania. Se equivocan, porque Chile le habría hecho collera. recordemos que antes del mundial, jugó un amistoso contra Alemania, allá en el viejo continente. Y perdió a duras penas por uno a cero. Para Alemania fue un alivio no tener que jugar contra Chile.

Ahora todo se le viene cuesta abajo a Brasil. La rabia, la impotencia, la verguenza están a la orden del día. 

julio 02, 2014

La oportunidad perdida

Las ilusiones de hacer historia en el campeonato mundial de futbol por parte de Chile, se fueron al tarro de la basura. Se tenía una generación de jugadores de clase mundial y un entrenador de lujo que respaldaban la confianza de todo un país por romper la historia. Se partió bien, y algo de historia se hizo al destronar a España, actual campeón mundial, que tuvo que regresar tempranamente a casa con la cola entre las piernas.

Pasamos a octavos de final, debiendo enfrentar a Brasil, el país que más veces ha ganado campeonatos mundiales de futbol, y en su propio país ante sus hinchas. No obstante estos antecedentes, la confianza permaneció incólume porque se sentía que con el plantel que se tenía, lo que parecía imposible, era posible. Algunas de nuestras figuras estaban resentidas, no se hallaban en su mejor condición física –Vidal, Medel, Alexis y Valdivia-, o como diría Mario Benedetti, “estaban rotos, pero enteros”. Se temía al árbitro, a la FIFA, que Brasil no podía perder en su propia tierra, menos cuando las protestas sociales desnudan una cruel realidad socioeconómica que se oculta bajo el circo futbolero.

El desarrollo del partido demostró que era posible. Chile plantó cara de igual a igual, sin arrugarse, remontando un marcador adverso. Brasil, en su propia casa, con todos sus pergaminos, no fue capaz de ganar el partido en 90, ni en 120 minutos. Incluso más, Chile pudo haber ganado y enmudecido al estadio entero, dejando a todo Brasil mascullando una vez más, la derrota. La sombra del maracanazo en 1950 se reconocía entre los espectadores.

El árbitro estuvo impecable, incluso se dio el lujo de anular un gol a los brasileños que quizá otro árbitro no se hubiese atrevido a hacer.

Chile y Brasil terminan empatados, forzando los penales. Chile seguía en carrera. Los muchachos habían cumplido una buena faena. No eran vencedores, pero no estaban derrotados. Quedaba la instancia de los penales. Había que seguir peleando, dando lo mejor de cada uno.

Y en los penales fallamos. No fallamos un penal, sino que tres penales!!! Brasil no acertó todos sus penales!!! Brasil erró dos penales!!!! Brasil falló, solo que nosotros fallamos más que Brasil. Ese es el tema. El paso a octavos de final lo teníamos al alcance de la mano. Ni la FIFA ni los árbitros incidieron a favor de Brasil. Nos la farreamos.

La semana pasada titulé mi columna “una oportunidad preciosa”, y en realidad lo fue, solo que se transformó en una oportunidad perdida. Una lástima.

junio 26, 2014

La oportunidad de Chile

Chile tiene la oportunidad de hacer nuevamente historia en este campeonato mundial. Ya hizo historia al dejar fuera de carrera a España, actual monarca del futbol mundial. Ahora, si elimina a Brasil, un país con tradición de producir jugadores de clase mundial, en su propia casa.

Así como Chile tenía la obligación de ganar su partido ante Australia, no la tenía para ganarle a España. La lógica señalaba que el favorito era España. Ahora también, la lógica futbolística nos dice que debe ganar Brasil, al igual que la lógica económica. Si Brasil no sale airoso en este lance, sería una catástrofe de proporciones, para la FIFA, para Brasil y para su gobierno.

En síntesis, Brasil no puede perder. Esta afirmación tiene lugar a pesar que se reconoce que en los partidos que ha jugado no ha brillado, ni cuenta con un plantel como los de antaño. La única figura descollante es Neymar. Lejos están los tiempos en los que el grueso de sus jugadores brillaban.

Chile, por el contrario, llega en uno de sus mejores momentos, con un plantel como nunca ha tenido. Nunca en su historia hubo tantos chilenos destacándose en los principales campeonatos más exigentes. Toda una generación de astros como difícilmente volveremos a tener. A diferencia del mundial del 2010 en Sudáfrica, ahora el plantel está más fogueado, experimentado. Sus jugadores se encuentren en la plenitud de su madurez.

Es la oportunidad soñada. Es cierto que Brasil no puede perder, que difícilmente los árbitros se podrán sustraer a la presión de los locales y de la propia FIFA que no querrá que le estropeen el negocio. Hay que asumir que tendremos árbitros y público en contra.

Es la oportunidad para que Chile vuelva a hacer historia, esta vez dejando en el camino a Brasil. La lógica está contra Chile, pero los partidos hay que jugarlos en la cancha. Nada está perdido de antemano. Se está en condiciones, como nunca, para jugar de igual a igual ante cualquiera en cualquier parte del mundo. Brasil tiene debilidades, su defensa es vulnerable.

Chile no puede darse el lujo de cometer errores. Deberá jugar con los dientes apretados, con velocidad, sin dejarse expulsar ni pisar el palito ante eventuales provocaciones. Con sangre fría y caliente al mismo tiempo, pero sobre todo, con confianza en que se puede.

El mordisco de Suárez

No me refiero a la mordida tal como se entiende en algunos países donde es sinónimo de coima, chantaje, o lo que se paga para obtener algo indebido. Me refiero a la mordida de Suarez, jugador uruguayo, o supuesta mordida como algunos prefieren catalogar, que tuvo lugar en el marco del campeonato mundial que se está desarrollando en Brasil.

Las imágenes televisivas, en este plano, son lapidarias, al igual que con los errores arbitrales. Difícilmente alcanzan a engañar.

La mordida está en boca de todos por los más diversos factores: por darse en un campeonato del mundo; por la relevancia del partido, dado que estaba comprometida la clasificación de los equipos en juego, ambos excampeones del mundo; por tratarse de la tercera mordida del mismo jugador.

Se podrá explicar, pero no justificar. Por más provocaciones a las que se haya visto afectado el jugador; por más que el futbol sea de meta y ponga y sin llorar; por más que se invoquen casos peores que hayan sido pasados por alto. Ningún jugador, por más importante que sea, por bueno que sea, está habilitado para morder, dentro y fuera del campo de juego. Por el contrario, a los buenos jugadores, como es el caso de Suárez, se les exige más. Son en cierto sentido, jugadores modelo, más allá del campo de juego.

La FIFA no lo pensó dos veces, e impuso rápidamente sanciones draconianas, aunque no tanto. Temía que lo inhabilitaran de por vida para jugar profesionalmente. Se le da una nueva oportunidad. Durante los meses que no podrá jugar ni concurrir a estadios, debe aprovechar de someterse a un tratamiento orientado a regular, controlar su descontrol en determinados casos.

Es cierto que las autoridades de la FIFA, con su historial no santo, sembrado de sobornos y corrupción, no son las más apropiadas para andar adoptando decisiones de esta índole, pero ello no disminuye la gravedad de la mordida.

Quienes defienden y/o justifican la conducta de Suárez, desde el propio Pepe Mujica, el presidente uruguayo, le hacen un flaco favor. Si queremos tener de vuelta a Suárez en las canchas, se tiene que asumir la necesidad de rehabilitarlo a través una terapia que le permita superar el duro trance en que se encuentra.

junio 19, 2014

Chile hace historia

Imposible esquivar la relevancia del triunfo de Chile sobre España en el mundial de fútbol que se está desarrollando en Brasil. Con Australia el partido había que ganarlo sí aspirábamos seguir con vida, tanto por las pretensiones nuestras como porque Chile tiene más historia futbolística y por el plantel con el que cuenta, donde casi todos juegan en el exterior, muchos de ellos en las principales ligas europeas.

Pero el partido con España era otra cosa. Mal que mal, son los actuales campeones del mundo y la historia tampoco nos favorecía. Si bien habían sido vapuleados por Holanda en el primer partido, necesitaban resarcirse de la derrota. Los últimos partidos de Chile tampoco ayudaban al optimismo, aunque se tenía la esperanza y confianza que los jugadores que pisaran el pasto darían lo mejor de sí. También se confiaba en la calma, la modestia, la tranquilidad de Sampaoli, un argentino que no parece argentino.

Se ganó categóricamente, con Chile en lo suyo, con desplante, no se achicó, no se amilanó, se paró con clase, confianza y seguridad. Atrapado en el pasado quedó ese juego de Chile arratonado, buscando el empate, evitando la goleada, refugiado en su propio arco.
España llegó herido al partido, sintió la goleada que le propinó Holanda, mostrando un juego que a ratos me hizo recordar el Chile de antaño, el del pase corto, el del juego bonito, pero ineficiente, sin contundencia. Chile logró la proeza de eliminar al campeón del mundo y pasar a la ronda siguiente. El partido con Holanda servirá para definir el primer y segundo lugar. Con lo ya hecho, Chile ya está haciendo historia.

Pero los jóvenes estandartes aspiran a más y todo Chile les acompaña. Sueñan, con los pies en la tierra, y nos están invitando a soñar como nunca antes. En esta hora bendita, hay que reconocer que este camino se viene recorriendo desde hace unos años, siendo uno de sus hitos, la llegada del loco Bielsa, quien a la distancia debe estar disfrutando del fruto de lo que sembró. Siembra que ha caído en tierra fértil gracias a los cuidados de Sampaoli, un entrenador que le hace bien no solo al futbol, sino que al país.

Desafortunadamente, la gran alegría ha sido parcialmente opacada por los desmanes que han acompañado las celebraciones. Desmanes que ponen en vitrina lo que no debe hacerse, a diferencia de los jugadores que nos están demostrando que el trabajo persistente, serio, responsable rinde frutos, provee satisfacciones, llenan de gozo nuestros espíritus.

Un triunfo histórico en el Maracaná. Como para llenarnos de orgullo.

junio 13, 2014

Partió la bolita

Esta semana partió el por muchos tan esperado campeonato mundial de futbol. Su inauguración, sobria, deslucida, opacada por las dificultades que su organización ha generado, no estuvo a la altura de otras, ni de lo que se esperaba tratándose de un país como Brasil, donde el culto a la actividad física, a la música y al futbol no tiene parangón.

El mismo partido inaugural dejó más dudas que certezas respecto del país anfitrión, sorprendido por un país como Croacia, sin mayor tradición futbolística. No son pocos los factores que pesan sobre el ambiente reinante en Brasil, que está impidiendo el despliegue multicolor y alegre que caracteriza a sus habitantes.

Entre estos factores se encuentra, qué duda cabe, el contraste, el choque que producen los millonarios recursos económicos disponibles para la organización del campeonato y la realidad socioeconómica que los brasileños de a pie enfrentan diariamente. Este contraste ha dado origen a las protestas que en diversas ciudades se han estado dando y que están impidiendo que puedan vivir el campeonato como una verdadera fiesta.

Otro factor no menos relevante es la sombra del maracanazo del 50 que Uruguay le propinó a Brasil en la final de entonces, cuando toda la afición brasileña y mundial daba por sentado que el título quedaría en manos de los dueños de casa. La fiesta estaba montada, nadie daba un peso por Uruguay. Sin embargo, a contrapelo de todos los vaticinios de entonces, la celeste sacó la garra charrúa, esa garra que tiene todo hijo nacido en esas tierras, aquella que no da pelea por perdida, que a punta de pundonor, fuerza y coraje permite enfrentar lo que se ponga por delante.

Chile por su parte llega a este mundial en una suerte de estado contradictorio. La afición tiene expectativas fundadas y no fundadas. Entre las fundadas se encuentran la de contar con un plantel de jugadores de lujo, experimentado, que juega en las ligas más importantes del mundo codeándose con los mejores del mundo. Chile es más que en el pasado, ya no juega arratonado, se planta de igual a igual. De allí que existe confianza en pasar a los octavos, a los cuartos de finales, y porqué no, a las semifinales y a la final misma.

Desafortunadamente, existen antecedentes que obligan a aterrizar estas expectativas. Entre ellas, los últimos partidos preparatorios, si nos ponemos una mano en el corazón, nos obligan a la mesura porque así como se jugó ante Egipto e Irlanda, no se llega a ninguna parte. La defensa fue un pasadizo que hizo agua por todas partes. La condición física en que llegan muchos no es de las mejores. Están fundidos. Matías tuvo que regresar a casa, Vidal está recién operado, Valdivia en cualquier momento se puede caer.

Escribo estas líneas antes del primer partido de Chile y cuando vean la luz ya se sabrá cómo le fue. La serie es difícil, pero el primer partido es clave, aparte de que el rival a enfrentar es abordable, Australia, un país sin mayor historial futbolístico. Por tanto, Chile tiene la obligación de ganar, sí o sí, sin atenuantes, sin importar si lo hace por goleada o no, jugando bien o mal. Si no se gana, la fiesta preparada con tanto entusiasmo habrá que desarmarla. Ganando, se podrá seguir soñando, en caso contrario, de nada servirán las excusas, el arbitraje, el clima, las lesiones, el infortunio.

Mañana será otro día.

junio 05, 2014

El diablo metió su cola: la calidad de la educación

Foto de Vitaly Gariev en Unsplash
Dentro de la discusión que ha tenido lugar por estos meses, está aquella que tiene que ver con los cambios al financiamiento y la institucionalidad de la educación. Quienes se oponen, reclaman que los proyectos de ley que el gobierno está presentando al congreso, orientados a poner fin al lucro, el copago y la selección, omiten lo relevante, la calidad de la educación.

En primer lugar, se constata la existencia de un cierto consenso de que no estamos conformes con la educación que tenemos. En segundo lugar, es importante recordar que lo que tenemos fue fraguado en la segunda mitad de la década de los 70, impuesto a comienzos de los 80 e institucionalizado el día antes de que asumiera el primer gobierno de la Concertación.

Lo que tenemos es un modelo creado para que hoy tengamos una educación de calidad. Al menos así lo explicitaron las autoridades de la época, hace ya más de 30 años, cuando no existía oposición, porque si a alguien se le ocurría oponerse, se le relegaba, despedía, desaparecía, torturaba, borraba, exiliaba.

Esta mayor calidad, según sus promotores, se obtenía por medio de una batería de medidas o políticas, algunas de las cuales me voy a permitir recordar.

Para tener más calidad, se municipalizó la educación, de modo que las escuelas estuvieran bajo el control de los municipios en vez del ministerio de educación, y por esta vía facilitar su gestión. Municipios, cuyos alcaldes eran nominados a dedo por el gobierno de la época, la dictadura del innombrable. Ellos sabrían poner a los directores más apropiados para que las escuelas subieran su calidad.

Para tener más calidad, se resolvió terminar con el financiamiento asegurado año a año, y cambiarlo por uno basado en vouchers, cupones, subvenciones por alumnos asistentes. La lógica subyacente en los ideólogos de la época era que una escuela de calidad atraería más asistencia, olvidando que ella obedece a múltiples factores que van más allá de la calidad de las clases que se imparten, como son la localización, el clima y la salud de los escolares.

Para tener más calidad, se decidió promover la inversión privada mediante la opción de crear nuevos establecimientos educacionales con fines de lucro y con subvención estatal. Esto bajo la lógica de que más establecimientos, generarían mayor competencia, y esta mayor competencia, traería inevitablemente, mayor calidad.

Para tener más calidad se liberalizó el mercado de la educación superior, donde cualquier institución de educación superior, no necesariamente universidad, podía abrir carreras de pedagogía, adonde podía entrar cualquiera. Total, el mercado se encargaría de seleccionar a los mejores profesores, porque los malos profesores no serían contratados. Así de simple.

Para tener más calidad se privilegió la libertad de enseñanza por sobre los derechos a la educación, en el marco de un racional donde se asume que las señales del mercado, los incentivos para emprender y la competencia no darían otro resultado que una educación de más calidad que la que teníamos en tiempos anteriores.

Posteriormente, en 1993, ya en tiempos de la Concertación, y ante la imposibilidad de sustituir el modelo educacional y de allegar todos los recursos públicos que la educación demandaba, para tener más calidad, se abrió la posibilidad del copago, esto es, que las familias complementaran la subvención estatal con un pago de las familias, en lo que se ha llamado el financiamiento compartido.

En resumen, para tener más calidad, se optó por desregular y privatizar la educación, convirtiéndola en un bien de consumo más, en la convicción de sus promotores, que de este modo alcanzaríamos a tener una educación de calidad. El resultado no es precisamente eso. Lo que nos legaron los próceres de entonces, ha sido una educación de mala calidad, y más encima, segregada y cara.  Una vez más, el diablo metió su cola.

mayo 29, 2014

El diablo metió su cola: la cobertura en la educación superior

El informe de una experta de la UNESCO da cuenta que Chile es el país de América Latina que más subió su cobertura en educación superior entre los años 2000 y 2010, aumento que es de casi un 20%. Es así como en el 2010 la cobertura alcanzó el 34%, cifra que en la actualidad debe ser del orden del 40%. En el año 2000, la cobertura era de un 14%, lo que significa que en una década, más que se duplicó.

Esto se supone que es una buena noticia, que debe alegrarnos. Que más jóvenes entre 18 y 24 años estén ingresando a la educación superior, puede significaría: a) que están siendo mejor formados en la educación media que en el pasado, y que por tanto, son más quienes pueden sortear las barreras de entrada académicas que imponen las instituciones de educación superior, asumiendo que éstas no se han modificado sustancialmente; y/o b) que los niveles socioeconómicos de las familias han mejorado sustancialmente, posibilitando posponer la incorporación de los jóvenes al mundo del trabajo, optando por cursar estudios superiores con miras a mayores ingresos futuros.

Sin embargo, si escudriñamos un poco, hay algo que no calza.

El malestar imperante, al igual que las altas tasas de deserción en los primeros años de educación superior y bajas tasas de titulación nos están diciendo que el aumento de la cobertura no se explica porque los jóvenes estén recibiendo una mejor educación media.

Por otra parte, si bien es efectivo que la pobreza ha disminuido fuertemente, debe destacarse que hasta la década de los 70, los estudios superiores eran prácticamente gratuitos, curiosamente cuando la cobertura en educación superior entre los pobres era prácticamente nula. Esto significa que las élites de ahora, provenientes de familias situadas en los quintiles de mayores ingresos, estudiaron gratuitamente. Entonces, la educación superior era un derecho social. En cambio ahora, con mayor cobertura, cuando los quintiles de menores ingresos están cursando estudios superiores, éstos no solo dejaron de ser gratuitos, sino que han pasado a ser los más altos del planeta en que vivimos en relación al ingreso per cápita. Ahora, la educación superior ha pasado a ser un bien de consumo que debe ser pagado por moros y cristianos. ¿Cómo se explica esto?

La explicación es sencilla: el diablo metió su cola! El afán de lucro hizo el milagro por dos vías: la creación de universidades privadas, y la privatización de las universidades estatales, todas sumergidas en la misma lógica, la del mercado. Lógica que domina la toma de decisiones en las instituciones, en unas más que en otras, adobadas con créditos para que los jóvenes de familias con bajos ingresos se incorporen al mercado laboral endeudados, a diferencia de los jóvenes de familias con altos ingresos, que lo hacen sin cargar con deuda alguna.

Es una contradicción flagrante que los pobres de hoy tengan que pagar por aquello que los ricos de ayer no pagaban. Estos son los ricos que ahora se oponen a una reforma tributaria que posibilite estudiar gratuitamente. Vergüenza debiera darles asumir tales posturas!

Por tanto, la única explicación razonable para el aumento de la cobertura en educación superior, es la apertura indiscriminada de vacantes en las instituciones de educación superior. Apertura alentada por el afán de lucro, para que entre Pedro, Juan y Diego, con todo el respeto que tales nombres me merecen, en la medida que vengan con plata en mano, con crédito con aval del estado (el famoso y vilipendiado CAE), o con becas que financiará el Estado.

Por este camino, lo que se está haciendo es inflando artificiosamente la educación superior, por l vía del endeudamiento, con riesgo de caer en un credencialismo propio de países bananeros, donde los cartones terminan por ser papel mojado.

El resultado es lo que tenemos, una alta cobertura en una educación superior ineficiente, por su alto costo, e ineficaz, porque de los muchos que ingresan, pocos son los que egresan. No todo lo que brilla es oro. A los que quedan a la vera del camino, pareciera que solo les queda patear piedras.

mayo 20, 2014

El diablo metió su cola: las universidades que lucran

La reforma educacional que impulsa el gobierno, está partiendo con la decisión de intervenir aquellas universidades cuyos alumnos están quedando a la deriva, y la presentación de proyectos de ley destinados a poner fin: a) al lucro en la educación básica, media y superior; b) al copago, esto es, al financiamiento compartido; y c) a la selección de alumnos, al menos en los establecimientos con financiamiento público. En esta ocasión me referiré a la primera de las medidas. En sucesivas columnas me referiré a las restantes.

En la década de los 80 las universidades fueron creadas con tal laxitud, que no se exigen requisitos de ninguna índole: basta con una mera presentación ante el Ministerio de Educación para que se echen a andar. Y sin perjuicio que por ley no podían lucrar, lo concreto es que hay universidades que han lucrado al margen de la ley al amparo de la falta de fiscalización. Todo esto, por no disponerse de atribuciones para ello, por omisión o porque las argucias legales lo posibilitaron. Como resultado de este laissez faire, tenemos universidades que han abusado y estafado groseramente a miles de estudiantes. Por tanto tras la decisión del gobierno de intervenir las universidades está el escándalo público generado por la vulneración de la fe pública.

En consecuencia, el objetivo de la intervención no es otro que el de proteger a estudiantes perdidos en la noche, lo que no garantiza que dejen de estarlos. Personalmente prefiero las políticas preventivas antes que las correctivas, esto es, que no cualquier torrante pueda crear una universidad como es lo que ha estado ocurriendo en todas estas décadas al amparo de un neoliberalismo ramplón inoculado en tiempos de dictadura, que persiste y es promovido en muchos casos, incluso desde púlpitos académicos, con total descaro y sin ek más mínimo espíritu crítico.

Ahora, estos mismos neoliberales que nos metieron en este follón, levantan la voz contra los peligros que encierra la intervención, olvidando que la libertad de mercado tiene límites que han sido sobrepasados una y otra vez por ellos mismos. Sus responsables, que andan sueltos como Pedro por su casa, omiten la existencia de miles de universitarios endeudados y con sus esperanzas rotas, De eso, no hablan, a lo más afirman que ellos, libre y voluntariamente decidieron meterse en el forro. Así es como el diablo metió su cola.

Cuando el innombrable abrió las puertas a la creación de nuevas universidades privadas, y por ley las declaró sin fines de lucro, no fue por azar, ni por un arranque de inspiración divina, ni por bondad o un estatismo oculto en las profundidades de su psiquis. Fue porque quería que el foco de las nuevas universidades fuera contrarrestar la influencia de la izquierda en la cultura, el pensamiento y la formación de los futuros dirigentes políticos y conductores del país.

Pero no faltaron los malandrines, que sobándose las manos, vieron una nueva oportunidad para hacer negocios aprovechando la alta demanda por educación superior que no estaba siendo satisfecha. Y nacieron las universidades docentes, que abrieron sus puertas de par en par sin el más mínimo pudor. Universidades sin nada, donde los edificios no son de ellas, los lugares en que están emplazadas tampoco, y ni siquiera muchos de los servicios complementarios como los de aseo y ornato, de vigilancia, de alimentación. Incluso con una limitada base de profesores, pues el grueso son profesores por hora, llamados profesores taxi. Todo subcontratado, donde todo lo que no es de ellos, si es de ellos, pero bajo el nombre de otras empresas.

De esta forma, se pagan a sí mismos, pagándose arriendos, servicios prestados por empresas que son de los mismos dueños de las universidades. Por ahí se va el lucro, no con palas, sino que con camiones!!! Todo legalmente y por eso ha sido tan difícil pararlo. Porque el diablo metió su cola. Cuál diablo? La del diablo que agrupa a los malandrines sin escala de valores, o que la tienen por los suelos, que promueven la eficiencia sin enfatizar con igual fuerza la necesidad de que existan ciertos cánones ético-morales que tiren por la borda las mejores intenciones.

El resultado es lo que tenemos. Pobres endeudados a más no poder, en aras de un futuro que jamás verán, y cuyas deudas van a parar a las arcas de los pobres propietarios de universidades para que vivan y viajen como reyes.

Por eso el malestar reinante. Por eso la bronca existente. Salir de esto nos va a costar sangre, sudor y lágrimas!

mayo 14, 2014

Un chileno encantador

El chileno encantador
Cuando aún no se apagan los ecos del logro de un chileno en el exterior parece importante rescatar sus elementos esenciales. Esto es, lo que hay tras la conquista del título de campeón de la liga inglesa por parte de Manchester City de la mano de Manuel Pellegrini, un chileno de excepción.

Manuel hizo la travesía por el desierto. Su camino al éxito está empedrado de fracasos, es fruto del sacrificio. Manuel es de cuna, quien lo duda. Desde siempre quiso estar en el futbol. Sus padres le exigieron una carrera profesional. Así lo hizo y estudió ingeniería, carrera que terminó. Por eso lo apodan el ingeniero.

Pero la vocación fue más fuerte. El futbol le encantaba, le atraía sobremanera, y se dedicó a él. Fue jugador. Hizo sus primeras armas como entrenador a fines de los 80, dirigiendo a la Universidad de Chile, su club, experiencia que fue un sonado fracaso porque bajo su conducción, por primera vez la Chile descendió a segunda división. No podía haber empezado peor. Cualquiera sin su fortaleza, se rinde, abandona, y se dedica a su profesión, en este caso, la ingeniería. Pero él no. Se fue a Ecuador, donde dirige a Universitario de Quito. Lo saca campeón. Luego se va a Argentina. Dirige a San Lorenzo de Almagro, el equipo del Papa Francisco. El éxito le sonríe. Sale campeón en el exigente campeonato argentino. De allá parte a España a dirigir a Villareal, un equipo que siempre estaba en la parte baja de la tabla. Fiel a su patrón de juego ofensivo, desde la banca lo conduce a las alturas, a las ligas europeas.

Desde la banca, imperturbable, elegante, buena pinta, de pocas y mesuradas palabras, destaca por su sobriedad, su clase. No habla mal de nadie. Transmite seriedad, liderazgo. Luego de unas temporadas en Villareal, Real Madrid pone sus ojos en él. El contrato con el Real Madrid es el sueño de su vida. La exigencia de resultados inmediatos por parte de los medios de comunicación y de los aficionados, junto con las zancadillas de otro entrenador, Mourinho, que ansiaba suplantarlo le pasa la cuenta. Una amarga sensación de fracaso lo inunda, pero no lo doblega. Málaga le abre los brazos. Un equipo chico que al igual que a Villareal, Manuel se encarga de encumbrar. Desde Chile se siguen sus pasos deseándole lo mejor.

Ahora es Manchester City quien lo quiere en la banca para obtener el ansiado título en la liga inglesa. Ha seguido sus pasos, valorando su capacidad de trabajo, su liderazgo, su bonhomía. Los ingleses se entusiasman. Le dicen el hombre encantador. Le tienen fe. Él se mantiene imperturbable, no sucumbe al exitismo ni ante el fracaso.

Sin lugar a dudas, que Manuel es un chileno de excepción, un ejemplo de perseverancia, modestia, sencillez, caballerosidad, liderazgo, serenidad, firmeza y convicciones, atributos que conjuga y concilia maravillosamente bien. Manuel es un ejemplo de aprendizaje a punta de fracasos. El único aprendizaje que conduce al verdadero éxito, el de la satisfacción íntima.

mayo 08, 2014

El drama de Chile en la hora actual

Hasta hace unas décadas atrás, el drama de Chile era la pobreza que se expresaba en las poblaciones callampa, la baja cobertura educacional, la no disponibilidad de servicios básicos como agua potable y electricidad por parte de importantes sectores del país. La reducción de la pobreza es un logro significativo. Si bien corresponde seguir avanzando para su erradicación, hoy la prioridad es otra.

El drama actual de Chile es la desigualdad, que la derecha y los poderosos se resisten a asumir, y explica su derrota en las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias. Para ellos la desigualdad no es el problema de este país por la simple razón de que es consustancial a las diferencias entre unos y otros. Asumen que cualquier regulación coarta la libre expresión de las potencialidades de innovación y emprendimiento de las personas. Este ha sido el racional dominante en Chile a lo largo de las últimas décadas y bajo el cual se ha logrado la reducción de la pobreza del 40% a menos de la mitad.

Ahora el foco está puesto en el alto nivel de desigualdad que nos caracteriza y distingue a nivel mundial. Ya no es la pobreza la que está tras los movimientos sociales ni el malestar imperante, sino que los odiosos niveles de desigualdad existentes.

Este es el drama de Chile y que la derecha se ha resistido a asumir y que Que el 1% de los más poderosos acumule para sí más del 30% de los ingresos totales del país debiera mover a escándalo. Sin embargo en la derecha ni se arrugan, y más encima cuentan con importantes escuderos, por lo general reclutados entre el 9% de quienes les siguen en la captura de los ingresos. En USA, el 1% de su población captura poco menos del 20% de los ingresos totales; en Italia, España, Finlandia, Suecia, Holanda y Francia capturan menos del 10%.

En síntesis, acá el gran capital rompe records! Cuál es el pensamiento de la derecha al respecto. Es fácil adivinarlo: significa que su productividad es alta, tan alta como para que sean capaces de capturar más del 30% del total de ingresos. Incluso deberíamos estar agradecidos y orgullosos de ellos, porque en ningún otro país existe ese 1% “tan productivo” como ellos. Y por tanto, como diría Pinochet en sus buenos tiempos “hay que cuidarlos” porque gracias a ellos vivimos y crecemos, gracias a ellos ha bajado la pobreza! Si no fuera por ellos, ¿qué sería de nosotros?

En contraposición, está el resto, o sea, nosotros, que seríamos los “poco productivos”. ¿Tan tontos somos? Entonces ¿para qué estamos? ¿somos un cacho? ¿qué sería de nosotros sin ellos? O dicho de otra manera ¿qué sería de ellos sin nosotros?

Otro gallo cantaría si ese 1% de los más poderosos y el 9% que los rodean, protegen y cobijan se allanaran a abrirse para construir un mejor país, menos desigual, menos segmentado, menos fragmentado, menos discriminatorio, donde la gente en vez de darse la espalda se mire de frente y concuerden en darle a cada uno lo suyo, partiendo por respetar a quienes trabajan día a día por el pan nuestro de cada día.

No por azar están sobre la mesa la reforma tributaria, educacional, laboral y constitucional.