octubre 21, 2022

Otra cosa es con guitarra

Foto de Jacek Dylag en Unsplash

Al cumplirse el tercer año del estallido social del 2019, una vez más se desató la barbarie a pesar de todas las medidas preventivas adoptadas. A pesar de que se está bajo un gobierno distinto del anterior. Una barbarie que se expresó destruyendo todo a su paso, sean éstos tanto bienes públicos como privados.

La pregunta es ¿por qué? ¿Qué pasa? ¿Hasta cuándo? Las respuestas dependerán de la mirada de cada cuál, del cristal con que se mira. Para unos, es consecuencia de la desigualdad, de la falta de oportunidades, de la inflación, del modelo; para otros, de la ausencia de autoridad, o que las fuerzas policiales se encuentran con las manos atadas, temerosas de que se les acuse de excederse, o la percepción en quienes protagonizan la ola destructiva de que se puede hacer cualquier cosa y todo queda impune. O bien, de que tras todo esto habría una mano mora, la del comunismo internacional.

Si nos preguntáramos ¿para qué? lo más probable que no demos con respuesta alguna. Quizás unos dirán para echar abajo el modelo de país en que estamos, otros para expresar sus sentimientos de frustración. Parecieran berrinches anárquicos que afloran cada vez con más frecuencia al amparo del anonimato.

No es primera vez que vivimos estos momentos de furia desatada. La historia del país está jalonada de estallidos sociales.  Sin ir más lejos recordemos los vividos hace menos de medio siglo, en la primera mitad de la década de los 80, en plena dictadura. Eran tiempos de alto desempleo motivados por la caída del sistema financiero donde las movilizaciones eran reprimidas con total desprecio por los DDHH. Ya entonces los desmanes hacían de las suyas sin importarles las consecuencias.

Con el arribo de la transición democrática, las aguas amainan al amparo de un nuevo clima. Pero a poco andar, en el primer decenio del presente siglo, el movimiento pingüino del 2006, bajo el gobierno de Bachelet I,  nos pone en estado de alerta. Las marchas y movilizaciones de entonces, pacíficas en su inicio, terminarían desmadrándose con fuerzas policiales sobrepasadas. El modelo de país que estábamos construyendo muestra sus primeras fisuras en el ámbito educacional. Se cambia la LOCE por la LGE.

Las manifestaciones pacíficas, legítimas, inherentes a una convivencia democrática, derivan, degeneran, terminan en expresiones de violentismo puro y duro que amenazan la institucionalidad imperante. Sus actores no son los mismos. Los primeros son quienes expresan un malestar; los segundos, rabias, anarquía.

En el 2011, ahora bajo el gobierno de Piñera I, estalla nuevamente un descontento creciente que encuentra cada vez más eco de la mano de sus líderes más emblemáticos de entonces: Boric, Jackson y Vallejo. Hoy son quienes se encuentran encabezando el poder ejecutivo con el objetivo de llevar a cabo las grandes transformaciones que el país demandaría. Vaya paradoja! Quienes ayer encabezaban las movilizaciones hoy están al frente del gobierno por decisión popular.

El año 2019, bajo Piñera II, saltan todos los tapones a partir de un alza en el precio del transporte público (metro). La violencia desatada sin control alguno hace crujir la estabilidad institucional. Chile pareció un país de tierra arrasada. El oasis, el país modelo es puesto en jaque. Las castas, las élites de todo orden –económicas, sociales, políticas, académicas, culturales, religiosas, deportivas- se agarran la cabeza a dos manos. Días después, una multitudinaria manifestación nunca antes vista que se desarrolló con toda normalidad. En noviembre del 2019, desde la clase política surge el acuerdo por una nueva constitución. Con ello se asume que ahí estaba la madre del cordero, la necesidad de contar con un nuevo pacto social, de tener la oportunidad de sentar las bases de otro país, con bases distintas a las de la constitución del 80. El acuerdo pareció transformar toda la energía destructiva en energía constructiva.

Desde entonces hasta el 4 de septiembre de este año parecían soplar nuevos vientos. En el año 2020 un plebiscito de entrada dijo que casi un 80% quería una nueva constitución y que ésta fuese hecha por convencionales electos con ese exclusivo propósito, descartando la participación de diputados/senadores del congreso. Se eligieron los convencionales, siendo la mayoría de ellos no adscritos a partidos políticos, sino que a movimientos sociales. Vivían su minuto de gloria.  Los militantes de partidos políticos electos se podían contar con los dedos de la mano. La pelota política, como es la elaboración de una constitución, fue entregada a independientes, o supuestos independientes, y líderes de las más diversos movimientos sociales.

La derecha quedó confinada a menos del tercio sin posibilidad de veto alguno. Su bajo número de convencionales electos y el comportamiento del grueso de los convencionales que constituían la mayoría, contribuyó a que la derecha se atrincherara.

Del trabajo de la convención emerge una propuesta convencional que en el plebiscito de salida es rechazada abrumadoramente, por más del 60%, mediante el voto popular obligatorio. Como consecuencia, la pelota ha vuelto a manos de los políticos quienes parecen no saber con ella, incapaces, a la fecha, de acuerdo alguno.

En medio de este escenario, en este último 19 de octubre se cumplieron los tres años desde el estallido, ahora ya no con un gobierno de derecha, sino que con uno de izquierda. Y los desmanes, la violencia desatada, siguen haciendo de las suyas a vista y paciencia de todo un país. Ahora, en un escenario que se ha vuelto más complejo después de la pandemia y de un contexto internacional de retorno a tiempos de guerra fría. La ultraderecha está al acecho esperando el momento oportuno para retrotraernos a tiempos que creíamos idos. Ya no vía golpes, sino vía votos.

Alcanzar al menos tres acuerdos políticos de parte de todas las fuerzas democráticas es un imperativo en el Chile de hoy. Un primer acuerdo para  elaborar una nueva constitución; un segundo acuerdo que aborde los agudos problemas en los campos educacional, previsional y de salud que nos aquejan; y un tercer acuerdo para enfrentar toda violencia, de cualquier índole, venga de donde venga, que nos permita disponer de un piso de seguridad personal, familiar y social que cada día se demanda con más fuerza.

octubre 11, 2022

Proceso constituyente empantanado

Foto de Yves Moret en Unsplash

A más de un mes del plebiscito de salida las aguas aún no se decantan, las conversaciones en torno a lo que viene parecen empantanadas. Unos sacan cuentas tristes, otros cuentas alegres. Los dimes y diretes andan a la orden del día. Quienes anduvieron fondeados los días previos han salido a la palestra arrogándose un triunfo que les habría sido esquivo si hubiesen estado en la primera línea.

Quiénes estuvieron tras la opción del rechazo los podemos clasificar en tres grandes grupos. Uno, el de quienes siguen enarbolando la constitución del 80  contra viento y marea, y ojalá se pudiese retrotraer a la original, sin sus modificaciones posteriores, excepto las que le venían como anillo al dedo. Acá están los de la derecha dura, los republicanos, los ultras con Kaiser, Marinovic, de la Carrera y Cubillos encabezándolos. Son quienes creen que ganaron, que les llegó su hora y asumen que la ciudadanía se pronunció de modo que no hay que seguir dándole vuelta, que no hay nada de qué conversar, que ya está todo dicho.

Dos, el de quienes queriendo seguir con la constitución actual, perciben que ya está muerta, que no hay nada más que hacer con ella, y por tanto están abiertos a conversar, a ver qué hacer. Acá está la derecha blanda, que pareciera asumir una postura realista, consciente que no podemos seguir como estamos  ya sea por el bien de ellos mismos, como del país en que vivimos. Acá veo a Macaya, a Desbordes, a Ossandón, a Briones, buscando desmarcarse de los cabezas calientes, de los ultras.

Tres, el de la centroizquierda que se enojó con el ninguneo a los famosos 30 años, que proviene del mundo concertacionista, que queriendo cambiar la constitución del 80, que cruzó el río y no estuvo disponible para aprobar una constitución como la que salió de la convención. Son quienes dieron la cara por el rechazo, con el beneplácito de la derecha blanda y el disgusto de la derecha dura. Este grupo representó a quienes rechazando la constitución del 80, encontraron que la propuesta constitucional que tenían entre manos era muy mala. Acá veo a Landerretche, Waissbluth, Parada, Rincón, Ealker, Maldonado.

Durante la campaña, tanto esta centroizquierda, como la derecha blanda de ChileVamos, al promover el rechazo se comprometieron con una nueva constitución que incluyera un conjunto de puntos que consideraban vitales, esenciales.  Objetivamente, no cabe duda que fue este sector, el de la centroizquierda, o como quiera que se le llame, el que inclinó la balanza a favor del rechazo.  

Los resultados del plebiscito de entrada dijeron que un 78% de los votantes querían una nueva constitución y que la totalidad de quienes debían elaborarla debían ser electos con ese exclusivo propósito. Los resultados del plebiscito de salida no los contradicen ni mucho menos porque lo que se consultaba era otra cosa: si queríamos o no la constitución que se nos proponía. La respuesta fue categórica: un 62% de los votantes la rechazó.

En medio de estos dos plebiscitos tuvo lugar la elección de convencionales y cuyo resultado tuvo la particularidad de que los votantes privilegiaron a candidatos independientes, o pseudoindependientes de los partidos políticos, y candidatos provenientes del mundo social. El triunfo del rechazo a la propuesta elaborada es una señal de que los convencionales elegidos no  hicieron bien su trabajo. La gente le pasó la pelota a los “no políticos” y el resultado no gustó. Ahora la pelota ha vuelta a manos de los políticos.

El mensaje es inequívoco: la ciudadanía no quiere ni la constitución del 80 ni la que se nos propuso. Hay que elaborar otra que tome en consideración las razones por las que ha rechazado tanto la constitución que tenemos como la que se le propuso. Hay una experiencia acumulada que debe ser asumida, hay lecciones que deben desprenderse del proceso vivido. Abandonar trincheras, mirarnos a los ojos, abrir nuestros corazones, sentarnos a conversar, llegar a acuerdos, ceder, o como diría el padre Hurtado, dar hasta que duela.

octubre 03, 2022

Mahsa Amini ¿Qué está pasando en Irán?


Una joven mujer iraní de origen kurdo y tan solo 22 años ha muerto tras ser arrestada y torturada por no usar el velo islámico (hiyab) en los términos establecidos por el régimen iraní. En simple, por no cubrirse todo el pelo, por dejar al descubierto parte de su cabello. El velo islámico es el que cubre la cabeza y el pecho que usan las mujeres musulmanas cuando están en presencia de personas que no forman parte de su familia inmediata.

El arresto de Mahsa fue ejecutado en Teherán a punta de engaños por parte de agentes de la llamada “Policía de la Moral” del régimen iraní, lo que en otras partes se llaman “fuerzas especiales”. Integrantes que se creen con licencia para todo. La detención implementada, en presencia de su hermano, tuvo el propósito de llevarla a un centro de detención para recibir una “clase informativa”. Solo les faltó decir que para recibir “clases de ética” como las dadas a los hermanos Carlos (Délano y Lavín) a propósito del memorable caso Penta. Al hermano de Mahsa le aseguraron que la liberarían en una hora. La “clase informativa” consistió en dos horas de golpes y torturas que la condujeron a la muerte.

La torturaron hasta tal punto que del centro de detención tuvieron que llevársela en ambulancia al hospital. Como diría algún experto en la materia “se les habría pasado la mano”. En el hospital estuvo dos días en coma hasta morir. Todo por no usar su velo como lo quiere el gobierno iraní. Así de simple. O lo usas como corresponde, o atente a las consecuencias. Para que entiendan, para que aprendan, para que sepan cómo se debe usar el velo. No habría otra forma que entiendan.

Las protestas se suceden. Las mujeres iraníes se rebelan, protestan, salen a las calles cortándose el cabello y quemando el hijab, desafiando a las fuerzas especiales de Irán encargadas de reprimirlas. El cabello ha pasado a ser su nueva bandera. Claman por la libertad. La imperiosa necesidad de imponer “el orden” ha forzado una represión que está dejando una estela de muertos que a la fecha se acerca a la centena, si es que no la ha sobrepasado.

No podemos permanecer indiferentes. Es obligación nuestra reaccionar, escandalizarnos, rechazar, hacer todo lo que nos es posible para impedir que esto siga ocurriendo en Irán o en cualquier otra parte, incluso en la quebrada del ají.

septiembre 29, 2022

Bolsonaro versus Lula

Foto de Tutz Dias en Unsplash

Este domingo tienen lugar las elecciones presidenciales en Brasil cuya disputa está centrada en Lula y Bolsonaro, representando ambos visiones diametralmente opuestas respecto de lo que se entiende por democracia y desarrollo.

La relevancia de estas elecciones se explica por tratarse del país más grande de América Latina y porque ahora se da la confrontación que no pudo tener lugar en las elecciones pasadas. A estas últimas no pudo concurrir Lula por haber sido sacado de la carrera presidencial por iniciativa del propio Bolsonaro vía judicial a través del entonces fiscal Moro.

Posteriormente, Bolsonaro, una vez entronizado en la presidencia, se encargó de premiar a Moro designándolo como ministro de justicia. Cargo al cual tuvo que renunciar poco tiempo después. El proceso judicial siguió su curso, comprobándose que Lula era inocente de todas las acusaciones por las cuales se le mantuvo encarcelado por poco menos de 2 años.

Desde que salió de la cárcel, Lula se ha empeñado en recuperar su imagen pisoteada una y otra vez por Bolsonaro y sus seguidores inmediatos. Desde entonces inicio la travesía para volver a la presidencia, no dejándose amilanar por los ataques de que ha sido objeto. Travesía que lo tiene adportas de alcanzar un triunfo apoyado por los tiempos en los que estuvo en la presidencia, período en el que redujo significativamente la pobreza y posicionó a Brasil dentro del concierto de naciones más poderosas del mundo. La duda está en si logra ganar con mayoría absoluta en primera vuelta.

En términos ideológicos, en los tiempos que corren, claramente Lula representa a la izquierda, en tanto que Bolsonaro a la ultraderecha. En tal sentido, dado un contexto de avances de la derecha extrema, particularmente en Europa, esta elección cobra especial importancia en el concierto latinoamericano.  En efecto, en nuestro continente la ultraderecha está al acecho, particularmente en Chile, cuyo último candidato presidencial, José Antonio Kast, no dudó en visitar Brasil para abrazar la causa bolsonarista y obtener su apoyo.

Un triunfo de Lula en Brasil tendría un efecto tonificador para una izquierda que se encuentra de capa caída a nivel mundial y un reconocimiento para quien emergió décadas atrás como un líder de los desposeídos y que ha sido injustamente perseguido.

Bolsonaro está en las cuerdas y para ello está recurriendo a golpes bajos, que es el terreno en el que mejor se mueve. Pero todo indica que esta vez no saldrá con las suyas como ocurrió hace 5 años. Eso al menos espero!

septiembre 26, 2022

El ascenso de la ultraderecha en Italia

Foto de Damiano Baschiera en Unsplash

Este domingo 25 de septiembre del 2022, tal cual estaba previsto, ganó la ultraderecha italiana. Giorgia Maloni es la gran triunfadora con tan solo 45 años, la edad de mi hijo. Me asombra cómo el postfascismo está retrotrayéndonos a tiempos que creíamos superados. Pero como bien sabemos, el ser humano parece ser un animal capaz de tropezarse más de una vez con la misma piedra.

En términos futbolísticos diríamos que la delantera encabezada por la ultratrechista Meloni y secundada por dos bufones como son Salvini y Berlusconi, ha ganado por goleada. Cuesta entender cómo el discurso ramplón, populista, simplista del fascismo de la 2GM haya encontrado eco en la Italia actual, al igual que en no pocos otros países. La comprensión de este fenómeno es todo un desafío para lo que se supone es el sentido común. Su discurso es el clásico fascista, nacionalista, homofóbico amparado en su condición de mujer, madre, cristiana e italiana.

En un mundo que está siendo preso de una inseguridad desde los más diversos frentes, el mayor atractivo de Meloni parece ser el de no ser de medias tintas; de no admitir grises, es sí o es no, es blanco o negro, estás conmigo o contra mí. Azuzan a las multitudes levantando un enemigo al cual lanzar sus dardos, sea éste el comunismo, el feminismo, la inmigración, el globalismo. Enemigos que identifican como los responsables de todos los males. Un discurso que a la vuelta de la esquina se desploma no sin antes dejar una estela de tragedias.

El triunfo de Meloni no es un caso aislado, es consecuencia de un efecto dominó, de un período signado por el miedo, la incertidumbre. Ha sido precedido por Trump y Bolsonaro y Orban, en EEUU, Brasil y Hungría. En Francia el ascenso de Marine Le Pen alcanzó a ser detenido a duras penas. En Suecia y Polonia los nacionalismos andan a la orden del día, y para qué hablar de Putín, quien se ha nutrido del nacionalismo ruso para invadir Ucrania.

Italia en Europa pareciera ser lo que es Bolivia en nuestro continente, donde sus gobiernos tradicionalmente han sido de corta duración. Podríamos tranquilizarnos con que en italia todo puede ser, con que sus gobiernos son de corta duración, que más temprano que tarde, el gobierno de Meloni caerá y que la vida sigue igual.

¿Cuál es el mar de fondo tras este resultado? Me temo que es el hastío, el cansancio con una casta política que por décadas se ha dado vueltas en sí misma. La corrupción reinante también está haciendo lo suyo, la clásica avivada que termina socavando los cimientos de cualquier sociedad que se precie de tal. Lamentablemente me temo que la ciudadanía termine apelando a los peores. Como quien dice, poniendo a los gatos a cuidar la carnicería. Ojalá me equivoque!

septiembre 25, 2022

Especulando desde Pullay

Fuente: Rodolfo Schmal

Poco antes del último plebiscito de salida, el presidente Boric afirmó que de ganar el rechazo da por sentado que se haría necesaria una nueva convención, lo que en su momento descolocó a medio mundo. Sí, descolocó a moros y cristianos, a adherentes y opositores porque todos se planteaban de otra manera.

Mal que mal, entre los partidarios del rechazo estuvieron quienes no quieren la constitución actual, pero que tampoco les gusta para nada la constitución que se propone y que decidieron rechazar para entrar a reformar la constitución actual.

Entre los del apruebo estuvieron quienes no les gusta la constitución que se propone, pero que la prefieren antes que la actual. Los partidarios acérrimos del apruebo objetaron las expresiones de Boric porque asumía, en forma implícita, que el rechazo podría ganar. Y los extremistas del rechazo, que son quienes quieren seguir con la constitución actual tal como está, las criticaron porque aspiraban que un triunfo del rechazo implicara automáticamente la continuidad de la constitución del 80.

Ahora, con el inobjetable triunfo del rechazo en la mano, está meridianamente claro que el país, si bien no quiere la constitución actual –lo que fue expresado categóricamente en el plebiscito de entrada por casi el 80% de los votantes- tampoco quiere la propuesta constitucional elevada por la convención. La pregunta que habría que hacerse es si habría que elegir una nueva convención para que hagan otra propuesta constitucional que habría que someter a plebiscito, y así sucesivamente hasta que se apruebe una nueva constitución. En matemáticas esto se llamaría el ¨método de las aproximaciones sucesivas” hasta encontrar una constitución aceptable, esto es, aprobada por la mayoría. Teóricamente así sería, pero no creo que lo sea porque el país resistiría vivir varios años en este estado de “aproximaciones sucesivas”. Por lo demás, nada asegura que esto tienda a algo, porque podrían ser también oscilaciones en diversas direcciones y que al final no se aproxime a nada. En política las matemáticas no siempre calzan.

El tema es ciertamente complejo. El país pareciera estar partido en dos con miradas totalmente opuestas. Quizás podríamos hablar de cuatro países: el de la derecha (15%) que estuvo por el rechazo a secas para seguir con la constitución actual sin modificaciones; una centroderecha (35%) que estuvo por el rechazo para reformar, tomando como base la constitución actual para reformarla; una centroizquierda (35%) en la que unos habrían estado por el apruebo para reformar la constitución propuesta y reformar algunas de sus partes, así como otros que habrían estado por el rechazo, pero no para mantener la constitución actual, sino que para modificarla sustancialmente; y una izquierda (15%) que estuvo a ojos cerrados por aprobar la constitución propuesta. Las cifras son al azar y dan cuenta de mi impresión. Lo que quiero decir es que alrededor de un 70% estaría por otra constitución, distinta de la actual y de la propuesta.

Vamos a ver en qué termina esto, pero tengo mis aprensiones porque no obstante algunos gestos de buena voluntad, a la hora de los quiu, no faltan las zancadillas. Los ánimos están demasiado caldeados en un contexto mundial inestable en términos tanto económico-sociales como políticos. Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde. Mal que mal, el horno no está para bollos, ni para unos ni para los otros.  

El gran aliciente que existe para salir airosos del trance en que estamos, es que si no salimos adelante, perdemos todos. Nadie gana, ni siquiera los de arriba. En tal sentido no debemos descartar alguna salida inesperada e insospechada imposible de predecir en un país como Chile.

septiembre 14, 2022

La resurrección del centro político

Foto de Thought Catalog en Unsplash

Soy de los que perdieron en el reciente plebiscito de salida. Voté apruebo porque prefería tener sobre la mesa la constitución propuesta antes que seguir con una basada en la constitución del 80. Voté por dar vuelta la página con una nueva constitución. Una clara mayoría dijo otra cosa.

Los distintos actores políticos están enfrascados en descifrar el resultado final desmenuzando los datos electorales a todo nivel, comunal, socioeconómico, etáreo, de género, etc. Mi análisis será más simple, apoyándome en cuatro grandes corrientes políticas que nos recorren: izquierda, centroizquierda, centro derecha y derecha. Se trata de una simplificación gruesa dado que las fronteras entre ellas son un tanto borrosas. Podríamos agregar dos categorías más en ambas puntas, la ultraizquierda y la ultraderecha, pero que para el presente análisis las he subsumido dentro de la izquierda y la derecha respectivamente.

Mi tesis sostiene que quien atraiga el grueso de las voces de centro, sean estas de centroizquierda como centroderecha, es quien gana. Así ocurrió con el plebiscito de entrada, donde la izquierda logró capturar casi el 80% de la votación dando inicio al proceso constituyente. Así ocurrió también en la elección presidencial con el triunfo de Boric, facilitado por el hecho de que en la segunda vuelta compitiera con Kast, representante de una derecha extrema. Y si nos remontamos más atrás, al plebiscito del 80, la opción del No ganó en gran parte gracias a los desgajamientos producidos desde las entrañas mismas de la dictadura del innombrable. Entre los nombres que se cambiaron de acera destaco los de Mónica Madariaga, Federico Willoughby, Armando Jaramillo, Julio Subercaseaux y Liliana Mahn.

En esta ocasión, en el plebiscito de salida, la opción del rechazo logró atraer a gran parte de la centroizquierda, en tanto que la centroderecha se cuadró íntegramente. Ahí es donde estaría la madre del cordero. Y la pregunta que asoma de Perogrullo es ¿porqué? El centro, tanto de izquierda como de derecha, tiende a representar a quienes no están en el día a día de la política, quienes tienen posturas moderadas, no extremas, graduales, no abruptas, quienes le hacen el quite a tierras movedizas, desconocidas, salvo cuando se viven momentos desquiciados.

Así ganó el NO el 88: mientras la campaña del SI se centraba en el caos que sembraría un eventual triunfo del NO, la campaña por el NO se impuso poner la pelota al piso y colocando al frente a sus voces más moderadas. Así también se ganó el plebiscito de entrada, enfatizando la necesidad de dejar atrás una constitución mal parida que vanagloria el individualismo y desprecia el espíritu comunitario como base del desarrollo al que todos aspiramos. Así también logró acceder Boric a la presidencia cuando al pasar a la segunda vuelta decide limar las aristas más ásperas de su programa para atraer al mundo de centro, esencial para toda victoria en las urnas.   

Así fue como ahora se perdió en el plebiscito de salida. La derecha logró atraer para su opción, la del rechazo, a todo un mundo de centro que evaluó mal la propuesta constitucional la convención. Esta mala evaluación nos dice que la propuesta constitucional no recoge las aspiraciones de una mayoría. Y esta mayoría la conquista quien logra atraer para sí a ese centro que en Chile siempre ha sido crucial, nos guste o no. Bien sabemos que solo mayorías claras y contundentes en las urnas, son las que viabilizarán las transformaciones necesarias para tener un país más equilibrado, en todo el sentido de la palabra. Por tanto, la orden del día para recuperar una mayoría como la alcanzada en el plebiscito de entrada, es reconquistar el centro político del país. No es una misión imposible. Basta simplificar y clarificar la propuesta constitucional, despojándola de sus acápites más conflictivos, reduciéndola a aquellos aspectos básicos donde se puedan encontrar consensos. Hacer aquello que no hizo la convención.

Aparentemente la derecha ganó desde el momento en que el rechazo obtuvo más votos. Pero ojo, para ganar se tuvo que esconder y poner en el escaparate a figuras del centro político, particularmente de la centroizquierda, la niña bonita de esta elección. Acá no ganó la derecha, sino que el centro político, y quien perdió fue la izquierda, que sin querer queriendo, se vio arrastrada por una izquierda radical, extrema. Este centro político tiene ahora la obligación de concretar las reformas que comprometió en campaña y no verse inmovilizada por una derecha que está queriendo sacar las castañas con la mano del gato.

septiembre 07, 2022

Fuimos por lana y salimos trasquilados

Foto de Kayle Kaupanger en Unsplash

Como consecuencia de la contundente derrota de la opción a la que adhería el gobierno en el plebiscito de salida, no obstante que los análisis abundan, no por ello me abstendré del mío. Acá va.

Sin duda que la derrota cuesta asimilarla y comprenderla en toda su magnitud. Lo más fácil es achacarla a factores externos, que si bien existieron, no los considero determinantes para un resultado que no se esperaba, al menos de la magnitud que alcanzó. Nadie, ni siquiera en la oposición se atrevió a vaticinar una diferencia por sobre 20 puntos (68% versus 32%).

La oposición se encargó de distribuir noticias falsas a través de las redes sociales de manera descarada sembrando a diestra y siniestra dudas, inquietudes, temores, miedos. Los medios de comunicación convencionales también contribuyeron, al igual que la difícil situación económica que está viviendo la gran mayoría de los hogares. A ello agréguese la disparidad de recursos financieros disponibles por parte de una y otra opción fue enorme.

Nadie duda de lo señalado, pero no es nada nuevo. Esta realidad también se dio en la campaña para el plebiscito de entrada y para la presidencia, tanto en la primera y segunda vuelta. Y sin embargo, casi el 80% quiso una nueva constitución y Boric logró acceder a la presidencia en forma holgada. Sin embargo ahora no fuimos capaces de repetir los triunfos anteriores, y por el contrario, perdimos por paliza, farreándonos una oportunidad histórica.

¿Qué pasó? Sin perjuicio de factores que incidieron, pero siempre estarán presentes cuando quieres realizar transformaciones profundas, tengo el convencimiento de que acá fueron factores internos, errores nuestros, que están bajo nuestra responsabilidad los que hicieron posible este traspié. Intentaré bosquejarlos someramente.

El proceso constituyente llevado a cabo por los convencionales estuvo plagado de incidentes desafortunados, por decir lo menos. Como era de esperarse, estos incidentes fueron multiplicados adinfinitum por las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales. También hizo lo suyo el predominio de convencionales “independientes” provenientes de movimientos sociales por sobre los convencionales “políticos”, cuya mirada tiende a ser más amplia, larga y dúctil que la de los primeros.  

El resultado de la convención, la “nueva constitución” en vez de entregar estabilidad y certidumbre, en la práctica incorporó inestabilidad e incertidumbre al abrir espacio a las más diversas interpretaciones, dando alas a los más variados temores en sectores moderados que terminaron siendo capturados por los opositores. Todo esto, por cierto, multiplicado al por mayor por todas las vías imaginables.

El concepto de plurinacionalidad y de las autonomías indígenas fue muy mal entendido, y por lo mismo, mal explicado, mal comunicado. No pocos se compraron el cuento de que el país se dividiría en tantas partes como regiones o grupos indígenas existen. Y si fue bien transmitido, significa simplemente que el país no está preparado, no está en condiciones de asumir la plurinacionalidad.

Fuimos por todo, pero el resultado no cuajó. La mayoría encontró en la nueva constitución al menos algo que objetar y que lo motivaba a rechazar. Perdimos a los moderados, olvidándonos que son claves. Olvidamos que en el plebiscito de entrada se ganó por casi el 80% gracias a que hasta sectores de derecha votaron por una nueva constitución porque entendían que la del 80 ya no daba para más. Olvidamos que el triunfo de Boric se produjo gracias a que al frente había un candidato de ultraderecha y que para la segunda vuelta moderó su programa y logró atraer para sí a todo un mundo que tiende a ser presa fácil de la derecha. Nos olvidamos de lo que en su momento sostuvo Boric en su primer discurso presidencial: vamos lento porque vamos lejos.

Hay otros factores internos, pero con éstos bastan. Fuimos por lana y salimos trasquilados. Se jugó al todo o nada, y se perdió. Así de simple. En democracia esto es sin llorar. Solo nos queda lamer nuestras heridas, aprender de los errores, corregirlos y levantar cabeza.

septiembre 04, 2022

Toda una paliza

Inicio la escritura de estas líneas en pleno proceso electoral con gente aun votando y la terminaré una vez que al menos se sepa la tendencia. Lo primero que habría que consignar es que el proceso electoral ha sido ejemplar como históricamente lo ha sido en Chile y que no deja de enorgullecernos. Una jornada democrática con amplia participación, que se ha desarrollado bajo un clima expectante frente a la incertidumbre del resultado final. Todos han arriado sus particulares banderas para quedar bajo una única bandera, la de Chile, la de la estrella solitaria.

Importa consignar que cualquiera sea el resultado final, el proceso constituyente no concluirá, seguirá abierto, iniciándose una nueva etapa cuyo tenor vendrá dado por 3 factores: uno, cuál sea la opción ganadora; dos, por la magnitud de la diferencia entre las opciones en juego; y tres, por el comportamiento de la población y su clase dirigencial de todo orden, particularmente los líderes políticos, sociales y empresariales.

El plebiscito de salida ha tenido lugar luego de una intensa campaña a favor y en contra de la propuesta elevada por una convención constituyente elegida democráticamente. Campaña efectuada en un contexto extremadamente complejo marcado por golpes bajos, noticias falsas, fuerte incidencia de las redes sociales, el desnivel de recursos disponibles por parte de una y otra opción, una economía nacional y mundial en declive. A ello cabe agregar la asunción de un nuevo gobierno hace menos de 6 meses encabezado por el presidente más joven que ha tenido el país en toda su historia, y sin disponer de las mayorías en el parlamento. Mayorías imprescindibles para realizar las profundas transformaciones comprometidas.

Cualquiera sea el resultado final, la pelota será traspasada al parlamento en funciones, ya sea para ver cómo y qué cambiar de la constitución del 80 o de la propuesta constitucional, lo que dependerá de cuál sea la opción triunfante: rechazo o apruebo. Lo que la campaña ha puesto de manifiesto es que las posturas extremas están condenadas al fracaso: tanto por parte de quienes quieran mantener la constitución del 80 tal cual, sin moverse ni un ápice de él, como por parte de quienes se empecinen en implementar la nueva constitución tal cual está.

En consecuencia, se iniciará una fase de negociaciones, y la fuerza con que se acceda a ella por parte de los distintos actores, estará determinada por cuál sea la opción que gane y por la diferencia con que se ganó/perdió. Lo que viene será muy distinto si se trabaja a partir de la constitución actual o a partir de la nueva constitución. Uno pasa a ser el dueño de casa y el otro la visita. Y también será muy distinta la fuerza con que las partes se sientan a conversar si el triunfo ha sido holgado o estrecho. En el cuadro que sigue se ilustran los escenarios que se abren, todos caracterizados por la negociación, la conversación.

Gana/Resultado

Estrecho

(menos de 10 puntos)

Holgado

(más de 10 puntos)

Apruebo

E1: Se negocia mucho con el apruebo en posición dominante

E3: Se negocia poco con el apruebo en posición dominante

Rechazo

E2: Se negocia mucho con el rechazo en posición dominante

E4: Se negocia poco con el rechazo en posición dominante

Continúo estas líneas, conociendo la tendencia de los resultados, los cuales revelan un abrumador triunfo de la opción rechazo, lo que nos ubica en el escenario E4 de la tabla, con la dirigencia del rechazo en posición claramente dominante y con poca capacidad de negociación de quienes respaldaron el apruebo.

Es interesante consignar que para el plebiscito de entrada la opción de una nueva constitución logró casi un 80%, porcentaje que en este plebiscito de salida se redujo estrepitosamente a una cifra, al momento de escribir esta columna, que bordea el 40%. La pregunta que la dirigencia del apruebo debe hacerse es ¿qué se hizo mal para reducir a la mitad el porcentaje alcanzado en el plebiscito de entrada? Hubo un vuelco tal que obliga a una introspección, a asumir con humildad el veredicto popular.

Ahora, la responsabilidad se traslada al interior de los partidarios del rechazo donde conviven quienes quieren mantener la constitución del 80 tal cual está, quienes quieren cambios cosméticos, y quienes reconocen la necesidad de cambios profundos acorde a los tiempos que vivimos.

En este marco, serán claves el comportamiento, la conducta que adopten los distintos actores implicados, tanto a nivel de base poblacional y laboral, como a nivel de la dirigencia política, sindical, social y empresarial. Poner paños fríos a las cabezas calientes deberá ser la orden del día para abrir espacio a la sensatez, al sentido común, a la cordura, mirándonos a los ojos, dejando atrás un clima de odiosidad inconducente. Se deberá pasar a un clima de acuerdos de cara a la gente, sin cartas escondidas abriendo espacio a la confianza para dejar atrás desconfianzas. Este es el gran desafío, la gran responsabilidad que tendrán los políticos y el gobierno encabezado por Gabriel Boric.

 

agosto 27, 2022

El plebiscito de salida: todo o nada?

Foto de Michał Parzuchowski en Unsplash

Al tenor del clima que se ha ido generando, in crescendo, cualquier diría que estamos ad portas del día del juicio final. Basta ver las redes sociales donde las mentiras más absurdas se difuminan como reguero de pólvora sin que nadie se arrugue. Cualquiera diría que nos estamos jugando la vida como país. No lo creo así. Lo que se juega es si habrá un punto de inflexión, o un punto de continuidad en la curva camino hacia el desarrollo. No creo en quiebre alguno. El país no se vendrá abajo de la noche a la mañana ni en el largo plazo por lo que se decida, así como tampoco se abrirán las grandes alamedas para que pase el hombre libre de un día para otro. Sí veremos decepción en unos, esperanza en otros. Fundadas o no, lo que estará por verse.

Al día siguiente la vida continuará. Gane una u otra opción, la tensión seguirá presente. Ganando la opción del rechazo la tensión se trasladará al interior de dicha opción entre quienes se aferrarán a la constitución del 80 y quienes rechazaron para reformarla. A estos últimos se agregarán quienes optaron por el apruebo, quienes pujarán ya sea por emprender un nuevo proceso constituyente, o por maximizar estas reformas, incorporando los elementos centrales de la propuesta constitucional que salió de la convención. En consecuencia, la tensión continuará.

Si gana el apruebo la tensión se traslada al interior de sus partidarios, entre quienes se aferrarán a la propuesta constitucional tal como salió de la convención apoyados en su legitimidad de origen, y quienes están por introducir modificaciones que apunten a limar sus aristas más controvertidas.  A estos últimos seguramente se le sumarán quienes optaron por el rechazo para reformar, buscando incidir en ellas.

Esta tensión será tanto mayor cuanto más estrecho sea el resultado, el cual revelaría la fosa existente entre los partidarios de una y otra opción. Cuanto más holgado sea el triunfo de cualquiera de las dos opciones, menor será la tensión que emerja el día después. En todo caso, si nos atenemos al aire imperante, lo más probable es que el resultado final sea por una diferencia menor a los diez puntos porcentuales.

El drama de Chile es justamente ese, la fosa ideológica imperante y que dificulta la comunicación, el diálogo. Una fosa que tiene ribetes sociales, económicos, culturales y políticos. Mientras no abordemos de frente, sin engaños este abismo, y creamos que podemos imponer nuestras diametralmente opuestas visiones sin intentar siquiera establecer espacios de comunicación estaremos postergando toda posibilidad de desarrollo.

Con este espíritu y de cara a un futuro más ecológico, de mayor equilibrio entre el factor trabajo y el capital, voy por el apruebo.

No olvidemos que en el juego del todo o nada, la historia nos dice que lo más probable que nos quedemos con la nada misma. Es ir por lana y salir trasquilado. 

agosto 16, 2022

Desde Międzywodzie, Polonia

Estas líneas están siendo escritas desde Międzywodzie, un pueblo balneario polaco a poco más de 100 km al norte del río Oder, río que separa a Polonia de Alemania. Aquí fue donde justo hace unas semanas se produjo la mayor catástrofe ecológica de la reciente historia de Polonia sin que hasta ahora se sepa el origen ni qué sustancias tóxicas vertidas han causado la muerte de la vida marina en el segundo río más largo del país. Es una catástrofe que perdurará por décadas y que en el tiempo probablemente afectará las tierras agrícolas colindantes del río Oder, la economía y el turismo, tanto alemán como polaco de la zona.

Hasta acá llegué en tren desde Berlin con un trasbordo en Stettin, primera ciudad polaca que está en la frontera con Alemania. Mientras en el tren de Alemania íbamos cómodamente sentados, en el tren polaco tuvimos que ir el par de horas del trayecto parados porque iba lleno. Mientras en Alemania no hubo control alguno de pasajeros, en Polonia los controles andaban a la orden del día con inspectores que pasaban una y otra vez. En este tren llegamos hasta una ciudad llamada Międzyzdroje. Desde aquí no tenía más alternativa que tomar taxi para llegar a Międzywodzie. Uno de los problemas de esta estadía reside en que no entiendo el polaco, que las palabras son impronunciables para nosotros, y que son raros los polacos que hablan algún otro idioma, como el alemán o el inglés. Buscan compensar esto con una amabilidad a toda prueba y la incomunicación procuran resolverla disponiendo siempre de un celular con un traductor a mano.

Desde poco antes de llegar a la frontera todo huele a tercermundismo, partiendo desde los controles en el tren, el deterioro de las construcciones, o su falta de mantenimiento. La moneda es el sloty, no el euro a pesar de que están incorporados a la Union Europea. Es un paso que Polonia tiene pendiente dado que se resisten a abandonar el control sobre su moneda. Todo un jaleo porque al euro te lo castigan fuertemente.

Hasta acá llegué en plan familiar, en lo que es pueblo balneario, de turismo no masivo, tranquilo, de clase media polaca y algunos turistas alemanes. Resido en una cabaña familiar, a unos 200 metros de la playa, por lo que una vez desocupadas las maletas y nos fuimos a la playa. Espectacular! Amplia, de arenas blancas, circundadas por bosques nativos, con la gente regresando a sus casas porque ya estaba refrescando. Luego salimos a caminar por el pueblo, en un ambiente clásico de balneario, lleno de vitalidad, con familias de todas las edades. 

Estando en un clásico pueblo balneario los días no se diferencian mucho unos de otros. Ayer fue uno de esos días clásicos: levantarse con calma y desayunar, para a media mañana ir caminando a la playa. A pesar de lo amplias que son las playas no es fácil encontrar espacio porque cada familia se instala con “su cerco” de alrededor de un metro de altura, lo que no dejó de llamarme la atención. No se ven muchos quitasoles, a pesar del fuerte sol imperante, pero sí cercos de similar género que los quitasoles y que las familias traen enrollados bajo el brazo. Por cada metro de género tiene un pequeño palo. Estos cercos los instalan martilleando los palos para que se afirmen en la arena. Resulta curioso ver a cada familia premunida de sendos martillos golpeando estos palos. Es una forma de marcar territorio, de privatizar temporalmente un espacio público. Estos cercos los venden en el comercio local y también los alquilan en la misma playa, y tienen distintos largos (metrajes) dependiendo del gusto del consumidor y/o del tamaño del grupo familiar: hay de 8m, 10m, 12m, 14m y 16m.

Esto me llamó fuertemente la atención porque Polonia es un país que perteneció a la órbita soviética que tuvo uno de los regímenes más dictatoriales detrás de la cortina de hierro, que ahora está en la Unión Europea. De un marco donde todo era público, estatal, si es que alguna vez hubo un alto espíritu público en su población, hoy por el contrario, parece predominar el espíritu de cada uno con lo suyo. Toda una señal de que de un extremo se tiende a ir hacia otro extremo. 

Polonia ha sido un país sufrido. No olvidemos que Polonia ofreció una gran resistencia a la invasión nazi cuando Hitler decidió iniciar la segunda guerra mundial invadiendo su territorio; que fue “liberado” por tropas rusas, y que tuvo que pagar un alto precio por esta “liberación”:  estar bajo el radar del comunismo de la URSS, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, quienes instalaban a sus gobernantes. Uno de ellos fue Gomulka, quien cayó producto de la rebelión de los polacos, forzando la instalación de Jaruzelki, otro títere del Kremlin. De allí para adelante el espíritu polaco se expresó de la mano de Lech Walessa, dirigente sindical y presidente del sindicato Solidaridad, quien inició la rebelión de la mano del entonces arzobispo de Kracovia, Karol Wojtila, y que posteriormente la iglesia católica, en una genial maniobra política entroniza como papa, colaborando con ello al derrumbe del imperio soviético y del pacto de Varsovia al que estaba adscrito Polonia.

Bueno, ya me estoy yendo por las ramas. En la playa me sumergí en las saladas aguas de lo que es el mar Báltico. Pensaba que eran aguas heladas y saladas, pero al lado de las del Pacífico las siento cálidas y no tan saladas. Mientras tanto, en Chile el invierno parece arreciar al igual que las mentiras y noticias falsas en torno al plebiscito de salida que se avecina.

agosto 12, 2022

La cosa está que arde

Foto de Roi Dimor en Unsplash

Me encuentro fuera del país, pero sigo con las antenas puestas en el devenir político nacional, y a partir de la información que recibo de moros y cristianos, observo que el clima está que arde a pesar de encontrarnos en pleno invierno. Cualquiera diría que el mundo se viene abajo a propósito del plebiscito en torno a la constitución. Mi voto será para el apruebo y, sin perjuicio de que puedo estar equivocado, se fundamenta en cuatro pilares:

En primer lugar, pinta, dibuja, bosqueja, traza de alguna manera, el país que se quiere, el marco conceptual, el futuro, una visión sin entrar en mayores disquisiciones respecto de las posibilidades y limitaciones que la realidad pueda imponer para alcanzar ese futuro. Justamente esa es una de las críticas que los partidarios del rechazo le reprochan: excesivo énfasis en los derechos sin entrar a precisar en el camino para llegar a ese país que se quiere. Un país que deja de darle la espalda a la tan necesaria regionalización; un país que reconoce y deja de discriminar a sus pueblos originarios; un país que aspira a una economía basada en la colaboración antes que en la competencia despiadada; un país que consagra un derecho a la educación y la salud donde se deje atrás la odiosa discriminación entre quienes disponen de recursos económicos y quienes no los tienen; un país que tiene el debido respeto por el medio ambiente sin zonas de sacrificio; un país donde la justicia no sea letra muerta para los de abajo y sí lo sea para los de arriba.

En el papel todo muy bonito, porque el papel aguanta mucho, y habrá que ver cómo se cristaliza, cómo se remueven los obstáculos que impiden alcanzar ese país deseado tan distinto al país que tenemos y cuya impronta está dada por su desigualdad, discriminación y clasismo histórico.

En segundo lugar porque ha sido elaborada por una convención constitucional que tiene un origen democrático a toda prueba, característica inédita, sin precedentes, en la historia nacional, con participación no solo de expertos constitucionalistas, sino que de ciudadanos de a pie provenientes de movimientos sociales. No ha sido elaborada a puertas cerradas, sino en forma pública por moros y cristianos, por quienes saben de constituciones y por quienes viven las consecuencias de las constituciones. Esta amalgama pareciera ser algo que la comunidad mundial observa con especial atención por sus particularísimas características.

Para unos lo que se votará será un engendro que nos conducirá al infierno, para otros será una constitución que nos conduciría al paraíso. No creo ni en lo uno ni en lo otro. Eso se verá en el camino y dependerá de nuestras conductas, de nuestras reacciones, de nuestra capacidad de adaptación. Pero su génesis democrática le provee de una sólida base de la que carece la constitución actual del 80.

En tercer lugar, la recalcitrante y ciega oposición que ha jugado un rol de defensa de sus intereses de corto plazo sin visualizar el abismo, la fosa que ha ido creando impidiendo la unidad nacional que el país tanto necesita. Una oposición que desde el primer minuto, y en todo momento, se ha opuesto tenazmente a todo cambio a los amarres dejados por la constitución del 80, salvo cuando éstos ya no le servían como es el caso de los senadores designados y del sistema electoral binominal; una oposición que por primera vez ha perdido la capacidad de veto que ha tenido a lo largo de todas estas décadas. Una oposición que se la jugó para que todo artículo de la constitución tuviese la aprobación de dos tercios confiada en que tendría el tercio de los convencionales electos requerido. Al no obtenerlo se ha empeñado en una campaña de desprestigio sin precedentes de los convencionales y de la convención propiamente tal. En consecuencia, su rabiosa opción por el rechazo estaba cantada de antemano, con independencia del contenido de la propuesta constitucional. Es una oposición que apuesta por el pasado, que no cree que de una convención con la participación popular haya podido emerger algo decente, sino que solo algo que puede menoscabar sus mezquinos intereses.

Por último, el cuarto motivo por el cual no votaré rechazo, es porque veo una derecha oculta, parapetada tras sectores de la centroizquierda, donde se encuentran muchos de mis amigos, sectores que los medios de comunicación convencionales y las redes sociales vinculadas a la derecha se han encargado de poner a la palestra.

Si bien lo ideal habría sido que de este proceso emergiera “la casa de todas y todos”, los extremismos de todo orden, lo han imposibilitado, entre ellos, el de una derecha obcecada que se automarginó desde el minuto que no alcanzó siquiera a tener el tercio de los convencionales dedicándose a torpedear cualquier iniciativa.

Desafortunadamente, lo más probable es que cualquiera sea la opción ganadora –apruebo o rechazo- lo será por un escaso margen, lo que de alguna manera dificultará su implementación. Esto no hará sino prolongar el impasse, con las negativas consecuencias en materia de desarrollo económico y social al que el país aspira. Con todo, cualquiera sea el resultado final, solo cabe que todos los sectores lo acaten con auténtico talante democrático y un espíritu de paz y concordia nos invite a ponernos en los zapatos del otro. Tenemos que saber ganar y perder, es parte de la esencia del juego democrático que pocos parecen entender.

agosto 03, 2022

Desde Ludwighafen, Alemania


En Alemania, el lago de Constanza es conocido como el Bodensee, y tanto Alemania como Suiza y Austria tienen ribera en él. Los amantes de las travesías en bicicleta pueden recorrerlo completamente gracias a una ciclovía de más de 250 km. Es un gran lago con más de 500 km2 de superficie rodeado de densos bosques y pequeños pueblos que adquieren especial vitalidad en estos tiempos de oleadas de calor que recorren Europa y que invitan a sumergirse en sus aguas.

Por una semana me encuentro en Ludwigshafen, un pueblo de no más de 5,000 habitantes, lejos del mundanal ruido, en compañía de la familia, esposa, hijos y nietos, que viven cerca de estos parajes, empapándome de las travesuras de los nietos cuyas personalidades empiezan a aflorar en un mundo completamente distinto al que me tocó vivir, tanto en términos de tiempo, como de lugar. Insertos en un ambiente desarrollado y altamente tecnologizado, y cuyo máximo representante en la vida diaria es el celular. Cuesta encontrar a alguien caminando sin el celular en sus manos.

Por el celular me entero de dónde estoy parado y de lo que está ocurriendo en el mundo. En Chile, en medio del sucio debate constitucional en que se está inmerso en que sin querer queriendo están aflorando intereses de clase de quienes se sienten amenazados. Y como por obra del Espíritu Santo, aparece un gran y perfecto socavón cilíndrico en Atacama. Aún se desconoce su origen.

En Estados Unidos de Norteamérica, Trump ha resuelto volver por sus fueros revolviendo el almanaque luego de meses de silencio. Sigue levantando las banderas del supremacismo blanco y de que se le arrebató el triunfo en la última elección a punta de un fraude sin aportar prueba alguna. La cantidad de armas que posee la población civil y la polarización que muestra la sociedad norteamericana están abriendo la posibilidad, aún remota, de una guerra civil.

En Italia cayó el gobierno del tecnócrata y europeísta Mario Draghi. Si bien no debiera llamar la atención porque las crisis de los gobiernos es parte del folklore político italiano, lo concreto es que la convocatoria a elecciones en los próximos meses abre la posibilidad de un triunfo de la extrema derecha. Triunfo que vendría de la mano de Giorgio Meloni, admiradora de Mussolini, acompañada de las fuerzas de la derecha encabezadas por Silvio Berlusconi, el mismísimo, y Matteo Salvini. El drama que encierra su eventual triunfo radica en sus consecuencias para la unidad europea porque se trata de fuerzas nacionalistas que se oponen al europeísmo reinante.

Mientras tanto, en Ucrania la guerra sigue su curso a vista y paciencia del mundo, pero su popular presidente Zelenski, ya está empezando a ser cuestionado. A 5 meses del inicio de la invasión rusa, el desgaste de su figura se está empezando a sentir dados los avances rusos en territorio ucraniano. El fuerte control existente sobre los medios de comunicación está imposibilitando conocer en toda su dimensión el tenor y la magnitud de la oposición imperante. Si bien el tiempo corre en contra, tanto de Zelenski como de Putin, el jerarca ruso, este último tiene a su favor los avances alcanzados.

No obstante la oposición china y la amenaza de represalias, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de USA, visitó Taiwan para testimoniar el apoyo norteamericano al gobierno taiwanés. Todo está que arde y hay numerosos signos de que estamos retornando a los tiempos de las guerra fría.

Para rematarla, estando acá en Ludwigshafen, el gobierno norteamericano informa que dio muerte al líder de Al Qaeda y sucesor de Bin Laden, Ayman al Zawahiri, en Afganistan, mediante un dron. Biden afirma que se hizo justicia. Vaya democracia! Por sí y ante sí sin mediar proceso judicial alguno se lo echaron. Es lo que en la jerga popular creo que se llama asesinato, el retorno a los tiempos de ojo por ojo, diente por diente. La tentación de combatir al terrorismo mediante otro terrorismo, el del Estado.