abril 06, 2022

La Convención Constituyente en tierra derecha


La Convención Constituyente (CC) ya se encuentra próxima a ingresar a su fase final, no sin dificultades ni críticas. Unos ponen el acento en su composición, otros en sus actuaciones. Para los convencionales se ha tratado de un desafío mayúsculo. La CC nace como consecuencia de la explosión social de octubre del 2019 y de la aspiración de casi un 80% del país, por dejar atrás la constitución actual para tener una nueva constitución. En este escenario, se eligieron a los actuales constituyentes que conforman la CC. Su objetivo no es otro que dar origen a “la casa de todos”.

En la CC hay expertos constitucionalistas y quienes “viven” en el país, quienes pisan tierra, andan en micro y representan a quienes sufren las consecuencias de la constitución que tenemos, del modelo de sociedad que se ha construido, el neoliberal, individualista, depredador. Tenemos una CC cuyos integrantes reflejan la diversidad socioeconómica y política del país, sin exclusión alguna. Convencionales elegidos democráticamente y donde están representados todos los sectores, incluidos los de quienes desean perpetuar la actual constitución.

La CC no ha estado exenta de críticas desde los más diversos ángulos, unas con propósitos inconfesables, otras con un ánimo constructivo, positivo. Las primeras apuntan a obstaculizar las transformaciones que se requieren para disminuir la desigualdad que ha dado origen al malestar imperante y a mantener las características esenciales de la constitución que tenemos.  Estas críticas suelen provenir de las élites o castas beneficiadas en estas décadas gracias a sus posiciones de privilegio antes que como consecuencia de un esfuerzo y trabajo perseverante y responsable.

Las críticas constructivas expresan una preocupación e interés por llegar a buen puerto. Críticas que invitan a tender puentes antes que a cavar o profundizar fosas ya existentes. Esta asumo que es la intencionalidad de quienes se han dado en llamar amarillos por Chile, o quienes conforman el movimiento “una que nos una”.

Ambas críticas, tanto las que buscan socavar los resultados del trabajo que realiza la CC, como los que buscan mejorarlos, no pocas veces se solapan, viendo fantasmas o dando por verdadero lo que no son sino falsedades. A modo de ejemplo, se proyecta la imagen de que en la CC habría una suerte de aplanadora de un grupo sobre otro, y que por tanto no se estaría construyendo “la casa de todos”. Esto es de falsedad absoluta, por cuanto no existe grupo dominante alguno sin contrapeso. Por lo mismo nadie puede hacer lo que quiera ni poner el pie encima de nadie. Esto pareciera de difícil comprensión para quienes están habituados a manipular las cosas a su antojo.

La misma metodología de trabajo que se ha dado la propia CC impide cualquier manipulación que se quiera realizar. Desde el momento que algo se aprueba en una comisión debe pasar al pleno de la CC donde debe pasar la valla de los 2/3. Y bien sabemos que ningún grupo político por sí solo monopoliza los 2/3. Si una disposición aprobada en una comisión no supera los 2/3 del pleno, pero supera el 50% de los votos del pleno, vuelve a la comisión para su mejora a fin de que logre sortear la valla de los 2/3. Y si no supera el 50%, la disposición no pasa al borrador ni a revisión, simplemente va al tarro de la basura. Esta metodología de trabajo es la que garantiza que los maximalismos no tengan espacio dado que no lograrán superar el escollo de los 2/3.

En síntesis, todos están forzados a negociar dado que nadie tiene el sartén por el mango. Esto es lo que pareciera que tiene molestos a no pocos acostumbrados a hacer todo a su pinta, razón por la que no trepidan en entorpecer la andadura convencional.

El problema más complejo que se viene encima es el de la armonización de las disposiciones que se aprueben porque cada temática se ha abordado en forma aislada. Y llegada la hora de la verdad necesariamente deberán ensamblarse para conformar un cuerpo coherente donde las disposiciones aprobadas por el pleno se complementen entre sí sin entrar en contradicción. Ese sí va a ser un trabajo de filigrana.

Lo que de allí emerja, será sometido al escrutinio público en el plebiscito de salida. Si nos gusta, lo aprobaremos, de lo contrario, lo rechazaremos. Así de simple. 

marzo 31, 2022

Retiros de los fondos previsionales

Pirámides Chile 1990 vs 2020

Gran parte de la clase política está empecinada en que saquemos nuestros fondos de las AFP. Unos, para que las familias en situación crítica puedan salir del paso recurriendo a sus fondos previsionales. Otros, para hacer zumbar las AFP en razón de su oposición al sistema que encarnan. Unos van por el quinto retiro del 10%, en tanto que otros van a por todas, esto es, el 100%.

Quienes promueven esto se ubican en todo el espectro político dado que sus promotores, sin vergüenza alguna, se encuentran tanto a la izquierda como a la derecha. En lugar de centrarnos en conversar y discutir para llegar a un acuerdo en torno al sistema previsional que queremos tener, lo que se nos ofrece es pan para hoy, y hambre para mañana.

Para el mundo político pareciera ser más fácil legislar para autorizar a que metamos mano en nuestros bolsillos para obtener recursos destinados a nuestra vejez, que legislar para construir un sistema previsional capaz de conciliar los intereses individuales con los colectivos. Esta es la tragedia que nos embarga.

Es hora de ponernos serios: no podemos pedirle peras al olmo. Mientras los sueldos sean bajos, es imposible pensar en que las pensiones no lo sean. Cualquiera sea el sistema previsional que nos rija, bajo la lógica dominante que sostiene que las pensiones se calculan en base a los bajos ingresos recibidos a lo largo de nuestra vida, será imposible hacer el milagro de que como jubilados no tengamos pensiones bajas.

El sistema de reparto que no pocos añoran, al menos tal como se conoció, en la actualidad es insostenible dado que la pirámide se ha invertido en los últimos 50 años como resultado del proceso de envejecimiento poblacional que ha elevado la cantidad de personas en edad de jubilar, de la reducción de la tasa de natalidad y del proceso de automatización que han experimentado las empresas. Menos trabajadores tendrían que estar financiando a más pensionistas.

Necesitamos buscar un sistema previsional que considere los antecedentes expuestos sin perder el foco: pensiones decentes requieren de sueldos decentes. Lo primero es lo primero. Y para tener sueldos decentes es imprescindible equilibrar la relación entre el factor capital y el factor trabajo. Este desequilibrio se expresa en el bajo peso que tienen las organizaciones sindicales en relación a las organizaciones gremiales empresariales, y una de sus consecuencias es que las cotizaciones previsionales descansan en los propios trabajadores sin que el dueño del capital haga aporte alguno. Y el extremo individualismo que se vive en el país se expresa en la baja contribución estatal, lo que se ha ido modificando primero con el llamado pilar solidario y últimamente con la pensión universal garantizada.

Sin embargo queda mucho por recorrer, a abrirnos a pensar “fuera de la caja”, incluyendo la posibilidad de desacoplar las pensiones respecto de los ingresos percibidos en nuestra vida laboral. Pero lo que no podemos seguir haciendo es esconder el problema bajo la alfombra, que es lo que se ha estado haciendo con los sucesivos retiros de los fondos desde las AFP.

Las AFP han hecho su aporte al desprestigio que les aqueja. Uno de ellos es el énfasis puesto en su publicidad de que los fondos son de cada uno de los cotizantes para asegurar su futuro. La pregunta que se hace el grueso de quienes cotizan es ¿cuál futuro? Y por otro lado, al insistir en que los fondos son nuestros ¿por qué no podríamos recurrir a ellos en casos de emergencia?

Por otra parte, las propias AFP sembraron expectativas que resultaron ser falsas cuando en sus inicios informaron que jubilaríamos con el 100% de nuestros ingresos. Y que hayan sido creadas en tiempos del innombrable tampoco ayuda a prestigiarlas, y menos aún al ver que los miembros de las FFAA y de Carabineros continúan bajo un sistema de reparto.

marzo 25, 2022

Universidad de Talca: elección de rector

En la Universidad de Talca tuvo lugar la elección de rector. El más reñido del que se tiene conocimiento hasta la fecha. Ninguno de los cuatro candidatos obtuvo la mayoría absoluta, razón por la cual habrá segunda vuelta, la que tendrá lugar el próximo 31 de este mes. Al obtener las dos primeras mayorías, los candidatos que siguen en carrera son Carlos Torres y Arcadio Cerda.

Carlos Torres, Ingeniero Civil Mecánico de la Universidad Federico Santa María y Doctor en Economía del Desarrollo de la Universidad de Leipzig en Alemania. Su trayectoria incluye la Vicerrectoría de Reconstrucción creada con motivo del terremoto de febrero del 2010, la Vicerrectoría de Innovación, Desarrollo y Transferencia Tecnológica, y la Vicerrectoría de Gestión Económica y Administración. Este último cargo lo ejerció hasta la presente campaña.

Arcadio Cerda, Ingeniero Comercial de la Universidad de Concepción y Doctor en Economía Ambiental y de los Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Oregón en Estados Unidos. Su trayectoria incluye la Decanatura de la Facultad de Economía y Negocios durante varios períodos, la Dirección de la Escuela de Graduados y la Dirección del Centro de Desarrollo Empresarial.

Ambos tienen en común una trayectoria esencialmente académica, de vinculación con el medio y con experiencia en gestión universitaria. Tanto el uno como el otro, se han caracterizado por apoyar la gestión del rector actual, Álvaro Rojas Marín, y en tal sentido se espera una continuidad en lo grueso.

Si uno observa los respectivos programas con que se presentan ambos candidatos, no es fácil encontrar diferencias sustantivas. No obstante intentaré algunas que a mi juicio se visualizan, ya sea a partir de sus respectivas trayectorias como de las campañas que han desplegado.

Carlos Torres ha demostrado capacidad de gestión organizacional a un nivel universitario, esto es, al más alto nivel en todas las vicerrectorías en las que se ha desempeñado y en su Facultad de Ingeniería ha estado a cargo de importantes proyectos de vinculación con el medio. No es un misterio que es quien ha estado más cerca de la rectoría actual. Su perfil es más tecnócrata que político. Más que ambición, parecieran que fueran las circunstancias las que lo han llevado a estar donde está y a postularse a la rectoría. Su personalidad es más reservada que extrovertida.

Arcadio Cerda ha demostrado capacidad de gestión organizacional a nivel de facultad y de dirección en las que le ha tocado desempeñarse. Si bien siempre ha sido cercano al actual rector, Álvaro Rojas, a raíz de la actual campaña pareciera haberse producido un distanciamiento. Tejedor de redes tiene un perfil más político que su oponente. Más que las circunstancias, pareciera que un destino manifiesto guiara su postulación a la rectoría. Su personalidad, a diferencia de su oponente, es particularmente extrovertida.

Cualquiera sea el ganador de la contienda, deberá liderar una Universidad que posee un sello de calidad dado por una acreditación de 6 años en todas las áreas, logro que escasas universidades ha alcanzado y que la sitúa dentro de un selecto grupo de ellas.

No olvidemos su difícil nacimiento hace ya poco más de 40 años, cuando en este mismo mes de 1981 se fusionan lo que eran sedes regionales de la Universidad de Chile y la entonces Universidad Técnica del Estado, hoy Universidad de Santiago, para dar origen al Instituto Profesional de Talca. Fruto de la movilización de los más diversos sectores de la ciudad, que se sentían menoscabados por no tener una universidad en la región, en octubre del mismo año, nace la Universidad de Talca. Hoy cuenta con un plantel de más de 600 académicos y más de 15 mil estudiantes de pre y posgrado.

En tal sentido es importante resaltar que desde su nacimiento hasta la fecha, la Universidad de Talca ha logrado encumbrarse desde una de las regiones más pobres del país aportando al desarrollo de la región, tanto a través de la formación de profesionales, como de la visionaria constitución de centros tecnológicos en apoyo a los sectores productivos regionales y a su contribución al desarrollo cultural de la región como lo testimonian sus múltiples espacios culturales, artísticos y recreativos. Todo esto en menos de medio siglo.

Por todo ello, quien triunfe deberá enfrentar con mucha responsabilidad los desafíos que tendrá por delante, los que no son menores en los tiempos que corren.

marzo 24, 2022

Los límites del crecimiento

Foto de Chris Gallagher en Unsplash

A raíz de la insistencia de no pocos en que sin crecimiento no hay desarrollo he recordado un informe titulado “Los límites del crecimiento” y que fuera presentado ya hace exactamente medio siglo, en 1972. En él se predice lo que estamos viviendo. Se trata de un informe generado por un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) por encargo de lo que se llamó el Club de Roma, institución privada formada por economistas, científicos y políticos preocupados por el futuro.

La pregunta que se hacía el Club de Roma y que cuya respuesta esperaba encontrar en el informe era muy simple: ¿puede el crecimiento económico y material continuar indefinidamente en un planeta finito? Para la elaboración de este informe se barajaron diversos escenarios respecto de la evolución de la sociedad en función de un conjunto de variables tales como el crecimiento poblacional, la contaminación y la disponibilidad de recursos.

Entre los escenarios planteados se incluyó uno que asumía que todo sigue más o menos igual, que la población seguiría creciendo con la misma intensidad, al igual que el consumo y el deterioro del medio ambiente. Bajo este escenario el informe señalaba que en 100 años más colapsaríamos. Esto significa que si este es el escenario en que estamos, nos quedarían tan solo 50 años para que el actual modelo económico-social se venga abajo.

Al momento de publicarse este informe, abundaron las críticas de los sectores económico-empresariales porque se invitaba al crecimiento cero, a no seguir creciendo al ritmo que se venía haciendo. Estas críticas se centraban en que ignoraba las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, la aparición de nuevos recursos, el descubrimiento de nuevos yacimientos. Se presumía que podíamos crecer indefinidamente.

La realidad que estamos viviendo, con las persistentes crisis de todo orden que observamos a diario,  nos está demostrando que el informe del Club de Roma como se le llamó en su tiempo no andaba tan despistado. Lo prueba el hecho de que estamos inmersos en un proceso de cambio climático sin freno, de migraciones sin precedentes y de un deterioro del medio ambiente cuyos alcances aún no dimensionamos. Para rematarla, por si esto fuera poco, ahora último nos acompaña una pandemia global, el retorno de la amenaza de la guerra nuclear que creíamos haber dejado atrás. Todo esto, inevitablemente termina por afectar las relaciones humanas, las que muestran signos crecientes de agresividad. Estamos hablando de un fenómeno global, que cruza todas las fronteras.

El colapso del que estamos siendo testigos era absolutamente previsible, como lo demuestra el informe en comento de medio siglo atrás. Sin embargo no quisimos, o no supimos leerlo. Seguimos como si los recursos naturales fuesen infinitos, como si la naturaleza fuese capaz de aguantar cualquier contaminación generada por nuestras actividades productivas y nuestro comportamiento como consumidores.

Hoy todo está tan entrelazado, tan globalizado, que lo que vale en la quebrada del ají también es válido aquí. El mundo está en crisis, una crisis que se avizoró hace al menos 50 años sin que a la fecha se le ponga atajo. Al menos todo lo que eventualmente se ha realizado por amortiguarlo es claramente insuficiente.  Para remate escribo estas líneas mientras los bombardeos sobre Ucrania continúan dejando toda una estela de destrucción.

No sé si aún estamos a tiempo para atajar este camino en que estamos empeñados, pero lo menos que podemos hacer es seguir bajo el modelo actual de sociedad como si nada. Seguramente Sócrates se estaría preguntando a quienes lo acompañan: ¿Qué será lo que nos empuja a la insensatez? No sé si alguien le habría respondido.

marzo 18, 2022

La oposición en su laberinto

Foto de Marek Studzinski en Unsplash

La oposición actual vive días difíciles. Si bien rescató un empate en las parlamentarias, cayó inapelablemente en las elecciones presidenciales y brilla por su irrelevancia en la Convención Constituyente. Mal que mal cuando la derecha fue gobierno, tanto con Piñera I como Piñera II, asumió enarbolando las banderas de la seguridad y de tiempos mejores.

La realidad dijo otra cosa. Hoy se viven tiempos peores y mayores niveles de inseguridad. Si bien no todos los males que se viven son imputables al gobierno que se fue, no por ello se le puede eximir de la responsabilidad que le cabe. Generó expectativas que se vieron frustradas. Prueba lo expuesto que su propia coalición, ChileVamos, terminó dándole la espalda.

Los dimes y diretes en su interior andan a la orden del día, revelando desorientación y desunión. Se debate entre ser una oposición dura, que niegue la sal y el agua al gobierno, o blanda, dialogante. Esta realidad se arrastra desde hace tiempo, como lo revelan las recriminaciones que periódicamente afloran una y otra vez, no obstante los esfuerzos por mantenerlas soterradas.

La disputa por la testera de la cámara alta desnudó la división imperante. Teniendo los votos para elegir al presidente del Senado, lo perdió. La UDI y Evópoli, con calculadora en mano, prefirieron que fuese encabezada por un senador gobiernista, Elizalde, ante que por un senador de Renovación Nacional (RN), y menos por José Manuel Ossandón.

Pero esto se viene arrastrando desde hace tiempo. Sin necesidad de retroceder mucho en el tiempo, basta recordar las últimas primarias presidenciales, donde la derecha concurrió con camas y petacas, escogiendo a su abanderado, Sebastián Sichel, a quien abandonan a poco andar. Como a cuenta gotas, poco a poco, diputados y senadores de la UDI, y también desde RN, olfateando la derrota, van dándole la espalda para respaldar a José Antonio Kast, quien no concurrió a las primarias porque sabía que allí perdía.

No es algo nuevo. Recordemos el primer gobierno de Piñera que en su momento tuvo como ministros a Longueira, Allamand y Golborne. Estos últimos se levantaron como precandidatos presidenciales de RN y la UDI para las primeras primarias presidenciales en representación de la derecha. La UDI viendo que Golborne iba de capa caída y que Allamand sería el ganador, como quien saca conejos de un sombrero, a última hora baja sin vergüenza alguna a Golborne y levanta a Longueira. Todo con el único propósito de impedir que Allamand fuese el candidato que los representara. Esta rivalidad viene de los tiempos de Jaime Guzmán y Sergio Onofre Jarpa, cuyos idearios al interior de la derecha se colocaban en polos opuestos.   

Y la UDI sale con la suya logrando el triunfo de Longueira para al otro día declararse éste en estado de depresión e inhabilitarse como candidato. Pero ya había logrado su propósito: exigir que el cupo le pertenecía. Así es como se desembarazan de Allamand y levantan a última hora la candidatura de Evelyn Matthei.

Traigo todo esto a colación para recordar que no es algo nuevo. Tampoco es algo privativo de la derecha puesto que también lo vemos en otras fuerzas políticas. Es la despiadada lucha por el poder, pero que en la derecha adquiere connotaciones especiales por los intereses en juego, los que suelen centrarse en los económicos. La derecha ha demostrado una y otra vez cómo no se debe actuar. Harían bien el centro y la izquierda en no caer en la tentación de dejarse llevar por intereses económicos y/o políticos de corto plazo que terminan avergonzando.  

marzo 10, 2022

Chile ante un inédito recambio generacional

Foto de Elias Almaguer en Unsplash

Con el gobierno encabezado por Boric se inicia un nuevo ciclo político de ruptura con la clase política responsable de la transición democrática. Todo indica que hay un fuerte recambio generacional fruto de un cierto cansancio con viejos hábitos de los viejos tercios. Es primera vez que ninguno de los partidos y coaliciones que dominaron la escena política en estas décadas, estará en el gobierno. Se está en una suerte de punto de quiebre que se expresa no solo por un relevo generacional sino que por una fragmentación política donde los partidos políticos tradicionales están quedando a la vera del camino. Está por verse cuáles son los que sobrevivirán o cuáles son los nuevos partidos que emergerán.

Se sospecha que se tendrá un presidente menos personalista, más empático, mas proclive al trabajo colectivo, donde el foco mediático no esté centrado en su persona, sino que en sus colaboradores, en las regiones. Delegar, delegar pareciera ser su slogan. Habrá que ver si a la hora de la verdad resiste la tentación de llevar el pandero, pero existe la sensación que se está adportas de un nuevo liderazgo, blando, no explícito, lo que sería algo un tanto inédito en un país como Chile caracterizado por su centralismo y presidencialismo.

Imposible soslayar que lo expresado tropezará con una realidad dramática: luego de décadas de éxtasis, de triunfalismo, de consumismo desenfrenado, ahora habrá que pisar tierra, aterrizar, asumir que vienen tiempos complejos, donde se tendrán que recorrer nuevos y desconocidos senderos. La pandemia y la realidad obligan a repensarlo todo.

Desde la derecha, con motivo de la explosión social gatillada el 2019, surgieron voces tales como “no lo vimos venir”, a pesar que no pocos advertían de un malestar que se venía incubando desde hace años. La revolución pingüina del 2006 fue un primer aviso, la rebelión universitaria del 2011 fue un segundo aviso. O como en los días del estallido del 2019, cuando Cecilia Morel, esposa de Piñera, con cierta angustia atinó a afirmar que “parece que vamos a tener que ceder algunos privilegios”.  

Todo esto vendrá adobado, endulzado o amargado en paralelo con una convención constitucional (CC) que ya está en marcha, no sin contratiempos, y un nuevo parlamento donde el gobierno estará en minoría. Una CC, cuya responsabilidad es la de elaborar una nueva constitución que deje atrás la del 80. Una CC inédita a nivel mundial donde muchos de sus integrantes provienen de movimientos sociales y que por lo mismo no está meramente constituida por expertos, sino que por personas de a pie.

De esta CC aún se desconoce qué es lo que saldrá. Desde la derecha recalcitrante se asegura que no puede salir sino un mamarracho, un desastre de una convención donde las clásicas élites tradicionales se encuentran en franca minoría. Desde la otra acera se vaticina que emergerá algo esplendoroso, nuevo, sorprendente que recoja las grandes aspiraciones nacionales. Aspiraciones que tienen que ver con el término de los abusos, la producción de bienes públicos, una relación más equilibrada entre el factor trabajo y el factor capital, entre el mundo público y privado, y con la forma con que nos relacionamos con el medio ambiente.

En cualquier país, en un contexto como el que está viviendo Chile, muy probablemente el resultado de la CC va a depender fuertemente del clima y de la relación que se logre con los poderes ejecutivo y legislativo que se instalen en marzo de este año. De esa relación y del clima imperante dependerá si se sale hacia adelante con una nueva constitución que sea la casa de todos y no de unos pocos.

Confío en las virtudes difíciles de encontrar en otras latitudes. Virtudes centradas en nuestra capacidad de resurrección, de caernos y levantarnos ante los terremotos, los cataclismos a los cuales estamos habituados, donde de la noche a la mañana todo se nos viene abajo para al otro día tener que volver a empezar a reconstruirnos, a reinicializarnos, a resetearnos. A ello cabe agregar un espíritu solidario a prueba de balas, en especial de quienes poco o nada tienen, que se mantiene vivo contra viento y marea.

marzo 08, 2022

Amanece con el pelo largo ..... de Gioconda Belli

                                      Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.

¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
Desde la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres).
Nosotras queremos ver y oler las flores.

Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos.
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
y de los que nos vendaron los pies.
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio
para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina.
Flores del que se metió en la cama de noche
y nos tapó la boca para violarnos
mientras nuestra madre dormía.
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
y del que nos corrió cuando se dio cuenta de que estábamos embarazadas.
Queremos flores del que nos condenó a muerte
forzándonos a parir a riesgo de nuestras vidas.
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento,
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo,
del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte.
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
y nos encerraron por locas.
Flores del que nos pega, del que se emborracha,
del que se bebe irredento el pago de la comida del mes.
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos.
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género.

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, resurgiremos.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuanto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.

marzo 04, 2022

Con el tejo pasado

Foto de Trevor Vannoy en Unsplash

Ya estamos en los últimos días del gobierno de Piñera y adportas de que Boric asuma la presidencia, lo que ocurrirá el 11 de este mes. Lo hace con fuerte viento en contra, tanto interna como externamente. Internamente deberá lidiar con las expectativas generadas en medio de una inflación increscendo, una pandemia que no muestra signos de amainar, una coalición de partidos, el Frente Amplio sin mayor experiencia de gobierno y en franca minoría en el congreso, pensiones desvalorizándose a pasos agigantados, con los últimos comandantes en jefe del ejército procesados y/o acusados por fraudes millonarios, y una convención en marcha, pero a trastabillones.

En el frente externo la guerra en Ucrania no ayuda en nada a enfrentar la inflación, además de suscitar opuestas reacciones al interior de la coalición de gobierno conformada por el FA y el partido comunista. Al mencionar todas estas variables, visualizo un denominador común en todas ellas: el tejo pasado.

Todo tejo pasado tiene consecuencias, no siempre las que se esperan. Encierra riesgos y costos que muchas veces no se miden apropiadamente en su momento. Se estira el chicle más allá de lo que se puede. Estiramos la cuerda a más no poder y en no pocas ocasiones nos sale el tiro por la culata. Por querer ganarlo todo, terminamos perdiéndolo. Ejemplos tenemos al por mayor.

Hay tejo pasado en las expectativas generadas si se consideran las circunstancias bajo las cuales se está asumiendo el gobierno y que su período es de tan solo 4 años. O Boric se concentra en no más de dos o tres temas, o corre el riesgo de perderse. No es algo nuevo, puesto que en toda democracia se tiende a prometer más de lo que efectivamente se compromete. Un ejemplo lo tenemos en el gobierno saliente que solo pudo cumplir menos de un 60% de lo que en su momento prometió.

Está recrudeciendo una inflación que si bien tiene como origen un exceso de liquidez como secuela de los retiros del 10%, estos se explican a su vez por la reticencia gubernamental a reaccionar oportuna y debidamente frente a las consecuencias de la pandemia en el campo laboral. Hubo tejo pasado tanto en quienes promovieron los retiros del 10% como por parte del gobierno al negar la profundidad del desempleo que estaba generando la pandemia.

Hay tejo pasado en las AFP que no tienen empacho en comportarse sin el sentido de responsabilidad social al que están llamados por el rol que cumplen al tener el monopolio de las cotizaciones obligatorias. No es sostenible que mientras los trabajadores y jubilados ven menguados sus ahorros previsionales por las caídas de los fondos, las AFP registran utilidades al por mayor. Es el colmo de la insolidaridad.

Hay tejo pasado en nuestros comandantes en jefe del Ejército que han hecho uso y abuso de sus atribuciones para defraudar al fisco y al país. Hay tejo pasado en materia de viajes y de gastos reservados. Y me temo que esto se extiende no solo a las otras ramas de las FFAA y de Carabineros, sino que también a otros ámbitos, como el deportivo, el religioso, el empresarial, el educacional. Se tira la casa por la ventana como si nada, actuándose como si se tuviera licencia para hace cualquier cosa.

Hay tejo pasado en la convención cuando se quiere hacer una constitución a la pinta de uno olvidando que se trata de construir la casa de todos. No es fácil, lo tengo clarito. De lado y lado hay tejo pasado.

En Ucrania el tejo pasado es más que visible, tanto a un lado como al otro. En Rusia sienten que la Unión Europea se pasó de revoluciones en su avance hasta llegar a la frontera con Rusia, al incluir a países que no hace mucho estaban en la órbita soviética. Y hay una reacción desproporcionada en la decisión rusa cuando resuelve por sí y ante sí, invadir Ucrania.

El orden tal como lo soñamos será el que emerja el día en que hayamos erradicado la política del tejo pasado, la que da origen a desigualdades inmerecidas de todo tipo.  

febrero 24, 2022

El maquiavelismo de Putin al desnudo

Foto de Mick De Paola en Unspl

Si bien se veía venir, también había una cierta confianza de que no pasaría a mayores. Sin embargo, finalmente Rusia, de la mano de Putin, decidió emprender la aventura de ir a la guerra invadiendo sin asco alguno Ucrania. Se sabe cuándo y dónde empieza una guerra, pero no cuándo ni cómo se termina. El tiempo de las amenazas de lado y lado terminó para iniciarse un período cuyos ribetes desconocemos, pero que de seguro serán de alto costo no solo para los involucrados, sino que para todo el mundo. Los únicos que deben estar sobándose las manos, son los empresarios de la industria de armamentos que viven de las guerras. Los rusos decidieron tomar el toro por las astas y decir basta a las pretensiones independentistas de Ucrania. La acción rusa es un fiel reflejo de su intento de reverdecer laureles, de tiempos hegemónicos, tiempos de la URSS. Putin, con su pasado en la policía secreta, ha resuelto hacerse responsable de gatillar una guerra que nadie se esperaba. Afirma hacerlo en aras de los intereses rusos amagados.

En honor a la realidad, Putin se lanza al vacío dada la debilidad en que se encuentra internamente donde los problemas económicos reflejados en la desvalorización de su moneda, el rublo. Para zafar no encuentra nada mejor que involucrar al país en una aventura externa inflamada de nacionalismo ruso. Lo mismo que hizo en su momento Galtieri en Argentina cuando decidió invadir las islas Malvinas para sacarse de encima los problemas económicos y sacarle el jugo a nacionalismo argentino. Fue por lana y salió trasquilado.

El maquiavelismo de Putin tiene antecedentes no solo por su rol en la KGB de la URSS, sino por su intervención en las elecciones norteamericanas que hicieron posible el triunfo de Trump por sobre Hillary. En esa oportunidad el espionaje ruso jugó un papel clave.

Y ahora se lanza a la guerra luego de simular una retirada de sus tropas estacionadas en la frontera con Ucrania. Es claro que a Putin no le hace gracia que Rusia se vea rodeada de un conjunto de países que fueron parte de la URSS, y que ahora pretendan hacerse parte de la Unión Europea (UE), y menos aún que estén al amparo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Recordemos que la OTAN era la otra cara de la moneda del Tratado de Varsovia, pacto militar contraído por la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) con los países satélites comunistas, entre los que se encontraban Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, entre otros. Todo eso se derrumbó a partir de la caída del muro de Berlín. Y ahora Putín pareciera que aspira a reverdecerlo para contrarrestar a la OTAN.

Hasta el día de hoy a Putin le pesa la desaparición de la URSS, y de hecho la califica como una de las mayores tragedias del siglo pasado. No solo no le causa gracia alguna, sino que le resulta insoportable. No olvidemos que en 2014, en un dos por tres, Rusia se anexó la península de Crimea que pertenecía a Ucrania sin que la Unión Europea y EEUU reaccionaran más allá de reclamar para la galería. Rusia no está dispuesta a perder lo que fue su área de influencia y que de alguna manera sigue siéndolo.

El apetito sobre Ucrania se explica no solo por su estratégica posición geopolítica. Es un país con más de 40 millones de habitantes que ocupa una no despreciable superficie geográfica. En el ámbito de la minería cuenta con importantes reservas de mineral de titanio, de manganeso, de mercurio, de carbón; en el ámbito de la agricultura es un país que dispone de una gran superficie cultivable, con una elevada producción de trigo, girasol y aceite de girasol, de cebada, de maíz, de papas, de centeno, que le permite responder no solo las necesidades de alimentos de su población, sino que posee excedentes para la exportación. A ello se agrega la disponibilidad de una importante infraestructura industrial, gasífera, y de transporte ferroviario.

Como puede verse, Ucrania no es cualquier país, de ahí su desgracia de ser hoy el escenario en el que confluyen los más variados intereses. Su autonomía e independencia de cualquier pretensión imperial es esencial. Hace bien nuestro presidente electo, Boric, al condenar la invasión a Ucrania y solidarizar con las víctimas. En esto, como en tantas otras cosas, es imprescindible ser de una única línea, sin dobles estándares.

El vía crucis de la derecha española

Foto de Mick Haupt en Unsplash

A estas alturas, el watergate español ya cobró una víctima: Pablo Casado, el líder del partido popular (PP), partido opositor de derecha. Desde hace tiempo que se observaba que Casado y Díaz Ayuso, la presidenta de la comunidad autónoma de Madrid no hacían buenas migas, a pesar de pertenecer ambos al mismo partido. Sin embargo nadie imaginó que la pugna por el poder desembocaría en algo más propio de las mafias. Quienes tan solo ayer respaldaban y aplaudían a Casado, hoy le dan la espalda mientras él no entiende nada porque no sabe qué ha hecho de malo como para tener que abandonar el liderato opositor español.

Todo sería fruto de una soterrada investigación ordenada desde la dirección del PP al entorno de la Díaz Ayuso en razón de una millonaria adjudicación de un contrato de compra de mascarillas en que estaría comprometido un hermano de ella. Lo ocurrido habría sido a espaldas del mismísimo Casado con miras a perjudicar a Díaz Ayuso. Sin embargo, la paradoja reside en que Casado sería la primera y, al menos hasta ahora, exclusiva víctima. Cuesta creer que así sea.

Todo apunta a que se trata de una guerrilla intestina donde lo que llama la atención es que la víctima termine siendo Casado y no Díaz Ayuso, cuando quizás debiese ser todo lo contrario: Díaz Ayuso crece y azuza a sus partidarios para que derroquen a Casado. Éste se resiste, pero los barones del PP, como se les llama a quienes presiden las comunidades autónomas bajo su dirección, los mismos que hace no mucho estaban con él, ahora le exigen que de un paso al costado. Como para agarrarse la cabeza. Y Casado pide tiempo hasta el próximo congreso para que en este se resuelva. Pero no, le exigen que se vaya ya, que lo haga por el PP! Lo abandonan sin miramiento alguno. y ya le tienen sustituto: Núñez Feijóo, presidente de la comunidad autónoma de Galicia, el mismo que hasta hace poco estaba cuadrado con Casado.

Desafortunadamente el común de los mortales tiene la idea que así es la política, y por ello muchas personas valiosas guardan distancia y no se ven atraídas por involucrarse en la política. La política, la verdadera política no debe entenderse así. La política en su sentido más pleno implica vocación de servicio, no de servirse de ella, implica posesión de valores superiores y ponerlos en práctica.

Y lo que estamos observando no es eso, es politiquería barata, lucha despiadada por el poder sin importar medios ni recursos. Cabe recordar que no es primera vez que el PP se ve involucrado en un escándalo de esta naturaleza. La corrupción en todo su esplendor.

No deja de llamar la atención que Casado esté en las cuerdas y Díaz Ayuso muy bien gracias. Mientras tanto, VOX y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) toman palco. El primero, sobándose las manos listo para sacar su tajada confiando en verse beneficiado en las próximas contiendas electorales. Mal que mal los vasos comunicantes entre el PP y VOX (la ultraderecha española) son fuertes, tal como en Chile lo son entre la UDI, RN y los republicanos.

Por su parte, en el PSOE se debe estar viendo con preocupación este escenario de debilitamiento del PP, por cuanto todo gobierno democrático requiere imperiosamente de un sólido interlocutor al frente que. La tragedia en comento no es solo del PP, sino que de la democracia española. La corrupción está en la raíz de lo que está ocurriendo no solo en España, y de lo que se observa también en muchos países, incluido Chile. Y en España, desde hace su buen tiempo, la corrupción tiene su casa matriz en el PP.

Si bien lo ocurrido en España se ha visto opacado en los medios de comunicación por la guerra en Ucrania, es importante seguir con atención lo que estamos viendo en España por los paralelismos políticos con lo que está ocurriendo en Chile. 

febrero 20, 2022

A un año de tu partida

A poco de llegar a Talca, en 1995, cuando Sabino estaba al frente del Centro de Tecnologías de Información (CTI) de la Universidad de Talca, tuve oportunidad de conocerlo dado que en paralelo impartía un curso a la naciente carrera de ingeniería comercial mención Informática. Estaba encabezando el proceso de desarrollo de un sistema de información para la inscripción de los alumnos en las asignaturas. A mí me había tocado desarrollar un sistema similar en la Universidad de Tarapacá, de donde venía. De la conversación me invitó a incorporarme al equipo de trabajo. Desde entonces, se frecuentaron nuestros encuentros. Juntos fuimos a Santiago, en su vehículo, con el entonces director de la carrera de Ingeniería Comercial, Víctor Rey, a conocer la experiencia de la Universidad de Chile. A la vuelta cenamos en el hotel El Descanso de Curicó. A partir de ese viaje, se aceleró el desarrollo de un sistema de gestión curricular cuyo nucleo persiste hasta el día de hoy, resistiendo los embates de los cambios tecnológicos y de los cambios en los requerimientos. Como fruto de este trabajo, escribimos juntos un paper relatando la experiencia de construcción de un sistema para la gestión curricular que Sabino tuvo oportunidad de presentar en un congreso en Buenos Aires, Argentina. Eso fue en la segunda mitad de la década de los noventa.

Mas adelante, siendo yo director del Departamento de Informática, me vi envuelto en una encrucijada: un profesor renunció intempestivamente, dejando abandonados varios cursos y la guía de varios proyectos de título que estaban realizando los alumnos. Tuve que remediar con urgencia el problema generado. Entonces, Sabino seguía en la dirección de la CTI bajo la Vicerrectoría de Innovación y Desarrollo que en ese entonces estaba con Narciso Cerpa a la cabeza. Le pedí ayuda a Sabino para impartir uno de los cursos y guiar un par de tesis. Su respuesta fue positiva, solo me pidió que pidiera autorización a su jefe, Narciso. Fui a hablar con él y su respuesta fue negativa, que no podía autorizar a Sabino porque tenía mucho trabajo. No obstante ello, Sabino, bajo cuerda, impartió el curso solicitado y guió los proyectos de tesis. Eso no lo hace cualquiera. Esto fue en la primera década de este siglo.

En el año 2010, con motivo de la llegada y elección de rector, Alvaro Rojas, Sabino es destituido de su cargo de director del CTI y relegado a la Escuela de Ingeniería en Informática (EII) donde yo me encontraba. Sabino pagó cara su oposición a una petición que le hizo el equipo de  campaña de Álvaro a la rectoría. Petición que Sabino rechazó por estar reñida con los valores éticos que sustentaba. Lo recibimos con los brazos abiertos.

A poco de llegar a la EII, en busca de nuevas oportunidades, el director de entonces, Andrés Ruiz-Tagle, renuncia. La EII queda sin director. Todos nos mirábamos. Debíamos proponer un nombre y nadie quería ser director. En medio del silencio y la tensión, Victor Nocetti toma la palabra para proponer a Sabino. A mí no se me había ocurrido porque daba por sentado que su nombre sería rechazado en las alturas. Sabino no rechaza la proposición si es que cuenta con el apoyo de todos. Es así como su nombre sube a las alturas y para sorpresa del propio Sabino, la propuesta es aceptada y Sabino asume la dirección de la Escuela. Así como Andrés tuvo la responsabilidad de crear la carrera en el año 2005; Sabino asumía la responsabilidad de consolidarla. Apenas asumido tuvo que llevar adelante el primer proceso de acreditación de la carrera, lográndola por 5 años, todo un éxito dado que se trataba de una carrera nueva con apenas una generación titulada. Al cabo de los 5 años le tocó encabezar el segundo proceso de acreditación, alcanzando una acreditación por 6 años. Tuve el privilegio de acompañarlo en ambos procesos no exentos de dificultades y tropiezos, pero que llevó adelante contra viento y marea siempre con buen espíritu, con buena cara.

Donde sea que estés, vaya un gran abrazo Sabino de quienes te recordamos!   

febrero 17, 2022

El dilema de la derecha: ¿seguir o salir?

Foto de Patrick Schneider en Unsplash

Luego de los resultados de una primera votación de normas por parte del pleno de la Convención Constituyente (CC), un grupo de constituyentes de la derecha se declaró en “estado de reflexión”. Éste sería una suerte de estado de recogimiento con miras a evaluar la pertinencia de continuar siendo parte de una CC que les incomoda, en la que sienten que no tienen nada que hacer.

A juicio de tales constituyentes este estado se explicaría porque los dos tercios que se exigen para la aprobación de las normas no serían suficientes para moderarlas. La tesis en juego no sería otra que la de abandonar el buque en el que se habrían embarcado, ya sea porque visualizan que el puerto de destino no es el que ellos quisieran, porque les incomodan los otros pasajeros con quienes comparten la travesía, o porque están a disgusto con la tripulación al mando del buque.

Traigo a colación la metáfora del buque porque en estricto rigor la opción de abandono no existe dado que ya estamos en alta mar. Quienes se embarcaron lo hicieron porque fueron seleccionados por medio de una votación de la población luego de haberse inscrito para la travesía. Abandonar en estas circunstancias, en medio de aguas tempestuosas y revueltas es una suerte de suicidio, salvo que en las cercanías hubiese alguna otra embarcación de salvataje que los recoja.

Otro paralelo que podríamos hacer es con el futbol. Son los mismos que no querían jugar el partido para no perder la punta dada mi condición de puntero –seguir con la constitución actual-. Pero la ciudadanía resolvió vía plebiscito, por casi el 80%, que el partido debía jugarse. Se juega el partido y no alcanza siquiera a terminar el primer tiempo cuando parte de quienes van perdiendo, deciden entrar en “estado de reflexión” para ver si seguir en la cancha o retirarse, largar la esponja.  Todo porque el partido no se está jugando como ellos pensaban, sino que porque hay un equipo que estaría avasallando, pasando máquina, y por lo mismo, dividiendo a los chilenos.

Esto lo sostiene una constituyente de ChileVamos, Carol Bown, una de las que no quería jugar el partido porque estaba cómoda en la punta de la tabla, esto es, con la constitución que tenemos. Una constitución que según su parecer nos uniría y a la que se llegó sin jugar ni un solo partido con todos los jugadores en la cancha. Una constitución elaborada entre 4 paredes, fuera del escrutinio público que está en riesgo. En cambio ahora, con una CC abierta, sujeta al escrutinio público, reclama porque avizora una constitución que divide. El doble estándar en acción.

Perdieron el plebiscito, luego se la jugaron por tener al menos el tercio de los convencionales. No alcanzaron al tercio y ahora se la juegan por el fracaso de la CC apostando a que se está pasando máquina como si la mayoría de los dos tercios fuese una banda armada hasta los dientes guiada por oscuros intereses y donde todos piensan lo mismo. Y si la CC no fracasa, les queda un último cartucho: el plebiscito de salida donde se jugarán el todo por el todo por el rechazo con el propósito de que sobreviva en gloria y majestad la constitución actual.   

Dentro del propio equipo de constituyentes de ChileVamos y de los republicanos,  hay voces disonantes que entienden que no están dadas las condiciones para abandonar la cancha, que el partido hay que jugarlo hasta el final, que para eso entraron la cancha, aunque se pierda y por goleada. Por último, no hay que olvidar que  este partido no es el último. Después viene el definitivo, el del plebiscito de salida. La orden es prepararse para este último partido. Esta orden es válida para ambos equipos, el que quiere cambiar la constitución actual y el que quiere mantenerla.

Es importante resaltar que quienes quieren una nueva constitución no la tienen regalada. El campeonato no lo tienen asegurado. No hay que olvidar que después viene el partido definitivo, el del plebiscito de salida, al que se deberá llegar con una constitución moderna, bien aspectada, que recoja lo que el país está demandando, donde nadie sea capaz de poner el pie encima de otro y que tengamos una relación armoniosa con el medio ambiente.


febrero 06, 2022

El problema de la distribución del poder

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

Un gran amigo sureño y nortino al mismo tiempo, porque nació en el sur, pero vive en el norte cautivado por una ariqueña, ha dicho que se cumple una regla eterna. Aquella que nos dice que los más dialogantes son quienes tienen poco poder y viceversa: quienes tienen todo el poder no dialogan jamás.

Agrega este amigo y sempiterno optimista, a quien no le entran balas, a propósito de la convención constitucional, que actualmente en Chile el poder estaría bastante repartido, y que por lo mismo todos estarían obligados al diálogo! Remata afirmando que “ya saben lo que pasa si no lo hacen!”.

Resulta fácil constatar que quienes tienen todo el poder, o creen tenerlo, son reacios a dialogar. La tendencia a hacer uso y abuso del poder disponible, invita a no dialogar. Este poder se puede expresar en múltiples formas. Ya sea en términos económicos, con una buena billetera en mano; en términos militares, poniendo sobre la mesa el arsenal disponible; en términos socioculturales, exponiendo las credenciales académico-profesionales; y en términos políticos, aludiendo a respaldos electorales.

Tenemos a mano lo que ha ocurrido en la órbita sindical. Desde la década de los 70 el factor trabajo ha ido perdiendo terreno en favor del factor capital, cuyo poder desde entonces se ha vuelto incontrarrestable. Todo lo contrario de lo que venía ocurriendo hasta entonces, cuando el factor trabajo iba aumentando lenta pero progresivamente su peso en la sociedad y en el mundo de la empresa de la mano de los colegios profesionales y de los sindicatos. De la mano de Reagan, Tatcher y el innombrable, junto al desarrollo científico-tecnológico, el poder empresarial terminó aplastando el poder sindical a punto tal que ha horadado al mundo político. Es así como el grueso de quienes conforman el congreso actual, provienen del mundo empresarial antes que del sindical. Esta falta de equilibrio ha limitado la posibilidad de diálogo no solo desde el advenimiento de la democracia, sino que desde los albores de la república.

Todo esto se ha visto puesto en jaque desde la explosión social,  la que forzó al mundo político para llevar a cabo una convención que se haga responsable de elaborar una nueva constitución. Y a la hora de la elección de convencionales surgió un caleidoscopio de personajes nunca antes visto que ha dejado en ascuas a las élites que habitualmente han detentado el poder.

Hoy se tiene una convención que no deja de sorprender, con personajes que provienen de los más diversos mundos, la mayoría desconocidos para quienes históricamente han detentado el poder. Sorprende porque estamos ante una convención donde el diálogo se hace inevitable porque nadie tiene el poder de imponerse sobre otros. Y allí donde hay equilibrio de poderes, el diálogo, la concesión mutua, se hace imposible de esquivar.

No es un camino fácil ni rápido, está lleno de obstáculos, de espinas, pero que necesariamente debemos recorrer si queremos alcanzar la paz social, requisito insoslayable para emprender el camino hacia un verdadero desarrollo, sostenible, en el que todos seamos partícipes.

Lo que estamos observando, no solo en la convención, sino en la conformación del nuevo gobierno y del nuevo congreso, es una suerte de redistribución del poder que da cuenta de una nueva realidad, tanto política, económica, como cultural. Estamos ante un poder más distribuido, el que facilita el diálogo, a diferencia de un poder concentrado en una élite que inhibe, imposibilita el diálogo.

La derecha ha solido tener el sartén por el mango, así como hoy siente que no lo tiene, y por lo mismo pone el grito en el cielo; y desde la izquierda no pocos creen tener ahora el sartén por el mango, y no le faltan ganas de freir a la derecha en ella (leer acá). De lo que se trata es que nadie pueda hacer lo que se le antoje con su contrincante, y para eso es clave que el poder esté altamente distribuido.


febrero 02, 2022

Bajando la guardia antes de tiempo

Foto de Jan Kopřiva en Unsplash

La variante omicron, a pesar de visualizarse como menos peligrosa que las variantes anteriores de covid-19, sus consecuencias no son menores, por el contrario, amenazan con ser mayores en virtud de un cierto hastío, hartazgo, cansancio que se va haciendo extensivo tanto a nivel poblacional como de las élites dirigenciales y las propias autoridades de toda índole. Autoconvencidos unos y otros que la pandemia estaba siendo vencida, y que se batía en retirada, ha habido un relajamiento respecto de las medidas preventivas, de consecuencias imprevisibles. Bajada de guardia asociada al distanciamiento social, al uso de mascarillas, al lavado de manos, al cumplimiento de los aforos que está amenazando con prolongar y agravar el estado de cosas.

No se trata de alarmismo, sino de ver lo que está ocurriendo. Los datos duros no nos dicen que la pandemia está amainando, sino que todo lo contrario. Si bien la tasa de muertes y de hospitalización por esta variante es menor que con otras variantes, su tasa de contagio es más alta, y por lo mismo, en términos de números absolutos estamos viendo un recrudecimiento en el n° de muertos y de congestión hospitalaria debido al alto n° de personas que concurren a centros de salud afectados por omicron.

Es para agarrarse la cabeza observar que en las playas atestadas de personas sin mascarilla y sin distanciamiento social. Si en pleno verano estamos como estamos no es difícil pensar en cómo estaremos en invierno, cuando el virus esté en todo su esplendor, como de hecho está ocurriendo en el hemisferio norte. Acá, en temporada estival el sistema de atención primaria se encuentra trabajando a tope. Mientras tanto el partido de los negacionistas, de los antivacunas ve incrementado el número de sus adeptos al alero de una ciudadanía que ansía recuperar sus libertades deslizando el concepto de que no debemos aceptar bajo el alero de lo que no tienen empacho en calificar de dictadura sanitaria. Sin querer queriendo, esta postura se ve alentada por gobiernos que parecen estar dando palos de ciego, sin saber qué hacer, balanceándose entre privilegiar el salvataje de vidas o de seguir manteniendo vivo el andamiaje económico.

Lo que estamos viviendo no es farándula ni una realidad virtual, sino real, por lo que haríamos bien en no hacernos eco de información sin mayor respaldo científico, ni de versiones o mentiras bien o mal intencionadas que circulan tanto en medios de comunicación como en redes sociales. Lo que menos podemos hacer cada uno de nosotros, para no agravar el actual estado de cosas, es adoptar las medidas personales que ya conocemos –uso de mascarillas, distanciamiento social, lavado recurrente de manos, cumplimiento de aforos-.

Además, debiésemos seguir a pies juntillas las recomendaciones provenientes de organismos dedicados al tema sanitario, como lo es la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto último debido a que estamos ante un problema global, que trasciende las fronteras nacionales, por lo que las soluciones nacionales no tienen sentido alguno. Problemas exigen acciones conjuntas, al igual que frente al cambio climático. No se saca nada con que un país adopte medidas si otros países no hacen lo mismo. Somos más dependientes que nunca, sin embargo no veo acción conjunta alguna.

Sin ir más lejos, Dinamarca, por sí y ante sí, sin consulta a terceros países, a la Unión Europea, ni a nadie, acaba de eliminar todas las restricciones para frenar covid-19 porque su gobierno consideró que la variante omicron no encierra peligro alguno para sus habitantes. Esto implica que Dinamarca “se cansó” y que resolvió que se puede andar sin mascarillas y que la vida retoma su normalidad total, no obstante que los muertos por covid-19 se han incrementado en los últimos 50 días y que una alta tasa de contagio aún persiste dentro y fuera de sus fronteras.

Mientras cada uno de los países siga actuando por su cuenta, no tardaremos en contagiarnos todos, vacunados o no, y esperar que por obra del birbiriloque, el virus resuelva disolverse después de dejar la crema, o como dijera un ministro de salud de un lindo país esquina vista al mar, se vuelva “buena persona”.