noviembre 07, 2022
Gran asado gran
noviembre 04, 2022
Las pensiones que nos persiguen
![]() |
| Foto de Harli Marten en Unsplash |
El gobierno ha dado a luz su proyecto previsional que se presenta al congreso nacional con miras a su análisis para su eventual aprobación. Se trata de un proyecto largamente esperado. Ya han existido iniciativas anteriores, todas fracasadas. Por eso, no faltan quienes afirman que la tercera es la vencida. Estamos ante un proyecto que se balancea entre quienes se han parapetado tras el lema “No más AFP” y quienes están tras “Con mi plata, no”.
Las razones que fundamentan el proyecto
apuntan esencialmente a romper su carácter eminentemente individualista, y donde
solo el trabajador es el que se pone, forzosamente. Dejar atrás un sistema que en
su momento, al crearse en 1980 mediante el DL 3500, prometió el oro y el moro. Lo
que ha dejado no ha sido sino una estela de frustraciones por motivos que dan
para otra columna.
El proyecto propuesto busca un financiamiento
tripartito de las pensiones: con aportes no solo de los trabajadores y del
Estado, sino que de las empresas. Lo que se propone es moneda corriente en los países,
particularmente en aquellos con los cuales queremos cotejarnos, a los cuales
queremos acercarnos, de mayor desarrollo.
La otra rareza del sistema que tenemos
reside en que cada uno arma su propia alcancía con los ingresos que tiene, sin
que exista solidaridad alguna a nivel intrageneracional ni intergeneracional. Es
el sueño del neoliberal extremo, en el que cada uno se rasca con sus propias
uñas, asumiendo que lo que cada uno gana es exclusivamente gracias a su propio
esfuerzo, siguiendo la máxima de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”.
Como si la cuna no incidiera para nada. Como si la suerte tampoco incidiera, ni
las trampas de quienes se avivan. Meritocracia pura y dura. Si nos ponemos una
mano en el corazón, sabemos que lo de la meritocracia es más cuento que
realidad.
Lo que el proyecto propone es
incorporarle al sistema una tímida cuota de solidaridad desde el aporte
patronal por la vía de la creación de una cuenta colectiva que apunte a mejorar
pensiones actuales y futuras. Es lo que objetan quienes están tras la bandera
de “con mi plata no”.
No nos engañemos. Más allá de lo que
se logre con este proyecto, no veo posibilidad alguna de tener pensiones dignas
mientras persistan los sueldos que la mayoría recibe. No se le pueden pedir
peras al olmo. Si en vida activa ganamos poco, lo que recibamos como pensión también
será baja. Imposible que no lo sea si no hay un mínimo de solidaridad entre
nosotros, si nuestro sistema previsional carece de un componente solidario. Si no
somos capaces de reconocer que unos ganan lo que ganan por nacer en cuna de oro
y otros en cuna de paja; o que unos ganan lo que ganan por pitutos y otros
porque no los tienen, estamos fritos. Y por lo mismo, el foco debe estar en reducir
la influencia de los pitutos, la influencia de la cuna, y que la palabra
meritocracia deje de ser una expresión vacía, sin contenido. Cuando ocurrirá
esto? Al paso que vamos será en el año de las calendas griegas.
Agreguemos el factor suerte, que
también incide, en unos más, en otros menos, pero que no deja de estar
presente. Si bien es cierto que unos se esfuerzan más que otros, no nos
compremos el cuento de que nuestro esfuerzo lo es todo.
La
travesía que sufrirá el proyecto, con la composición del congreso que tenemos,
será un verdadero vía crucis. Quién sabe cómo y ni cuándo saldrá el proyecto. El
arte de la negociación, inherente a la política, alcanzará alturas que en este
minuto ni sospechamos.
octubre 29, 2022
Segunda vuelta en Brasil: Lula vs Bolsonaro
![]() |
| Foto de Matheus Câmara da Silva en Unsplash |
Con 48% de los votos, Lula logró aventajar a Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, sin lograr la mayoría absoluta a la que aspiraba. Bolsonaro, por su parte, alcanzó una votación del 43% por sobre la prevista, comprobándose que disponía de un voto oculto que las encuestas no fueron capaces de contabilizar. De los restantes candidatos solo dos superaron el 1% de los votos: Simon Tebet con un 4% y Ciro Gomez con un 3%, ambos más afines a la izquierda que a la derecha.
Tanto Lula como Bolsonaro pueden sentirse satisfechos con la
votación alcanzada: Lula, porque sin perjuicio de no alcanzar el 50% más uno de
los votos, logró obtener más votos que Bolsonaro a pesar del poder que otorga
estar a la cabeza del gobierno; Bolsonaro también tiene motivos para estar contento
con los votos obtenidos porque superó con creces las previsiones de las
encuestas.
Para el balotaje Lula corre con ventaja, tanto por que superó
por 5 puntos a Bolsonaro en la primera vuelta, como porque los candidatos que
salieron en tercer y cuarto lugar han resuelto apoyar a Lula. Los apoyos de
Tebet y Gomez son importantes, significativos y previsibles dado que dentro de
un espectro de derecha-izquierda, se sitúan dentro del centro y/o la
centroizquierda.
Pero también se sabe que los votos obtenidos por ellos no son
traspasables automáticamente. Menos en el caso brasileño donde los
personalismos, los caciquismos locales y regionales están a la orden del día.
Otro respaldo relevante que obtuvo Lula proviene del expresidente Cardoso. Los
apoyos de Tebet, Gomez y Cardoso se sustentan en el talante democrático
demostrado por Lula durante sus dos períodos presidenciales. En consecuencia,
la lógica invita a pensar que Lula debe ganar la presidencia. Sin embargo, bien
sabemos que en política no todo es lógico.
Bolsonaro se ha jugado el todo por el todo para repetirse el
plato. Tal como en el tramo final de su campaña de primera vuelta lanzó propuestas económicas
populistas de última hora, ahora para la segunda vuelta ha lanzado bonos para
los pobres. A ello cabe agregar que Bolsonaro tiene a favor su afinidad
ideológica con una corriente política de derecha radical que se encuentra en
ascenso a nivel mundial.
Pero Lula no dará el brazo a torcer, es duro de roer. Viene
de abajo, es sólido, tiene trayectoria. No pudo postular en la anterior elección
presidencial gracias a un proceso judicial encabezado por un fiscal, Sergio
Moro, en su tiempo motejado como niño símbolo de la lucha contra la corrupción.
Por este proceso Lula fue condenado y encarcelado por acusaciones que las
investigaciones demostraron infundadas. Por los servicios prestados, al sacar a
Lula de su camino a la presidencia, Bolsonaro nombró a Moro como ministro de
justicia. El ladrón detrás del juez.
Lo descrito demuestra que Lula ha sufrido golpes bajos al por mayor, y cuando se ha creído que estaba en la lona, se ha levantado. De este desafío confío que también salga airoso. El pueblo brasileño lo merece. Pero no la tiene fácil.
octubre 26, 2022
Soñando con una visita
![]() |
| Foto de Johannes Plenio en Unsplash |
Cuando nos vimos no podíamos creerlo. Estaban igual que
siempre, incluso más jóvenes. Ellos también nos vieron más jóvenes. No les
creímos y ellos tampoco. Frases de buena crianza. Intentamos ponernos al día. A
ella, buena lectora de libros le conté que estaba leyendo un libro, Patria, de
Fernando Aramburu. Me dijo que no lo había leído, aunque había escuchado de él.
Seguro, en materia de libros nadie le gana, se los devora. No recuerdo si me
dijo cuál libro estaba leyendo.
Sí recuerdo que me preguntó qué me parecía el gobierno de
Boric. Cada vez que nos vemos le gusta picanearme políticamente. Viene de una
familia política, de armas tomar y no se anda con chicas. Sabe lo que pienso y
para darle en el gusto, o no abrir camorra, le dije que desgraciadamente lo
veía mal. Que así como el caso Caval fue el comienzo del fin del gobierno de Michelle
II, el estallido social lo fue para el gobierno de Piñera II, ahora lo fue el
resultado del reciente plebiscito de salida para el gobierno de Boric.
Hicimos recuerdos de viejos tiempos y reíamos a carcajadas
con las anécdotas vividas, con los inolvidables paseos que hacíamos, con el fin
de año que pasamos juntos en Viña, con su casa en Viña, la de 8 Norte, siempre
soplada, minimalista, feng sui, impecable, amplia. Me habló pestes de cómo está
Viña, insoportable, no se puede vivir ya. Ella es así, sin medias tintas. No quise
preguntarle por la alcaldesa Ripamonti porque ahí ya no pararía. Extraña a la
Reginatto. Sigue con su yoga de arriba para abajo. Nada nuevo bajo el sol.
Le pregunté por los niños y ellos nos preguntaron por los
míos. Le pregunté por el mayor, casado o
emparejado con La Dehesa, diseñador; por quien vive o vivía en San Pedro
de Atacama, quien se casó a todo trapo y en un dos por tres tuvo a su hija, la
niña de los ojos de sus abuelos; por quien fuera capo de las matemáticas desde
que tiene uso de razón; por el fanático de los coches, que se conoce al revés y
al derecho todas las marcas y que ya ha dado la vuelta al mundo al menos una
vez; y por la regalona, la menor, la surfista, deportista, gastrónoma.
Su marido, quien fuera mi jefe en poco más de un lustro, solo
atinaba a escucharnos, mirarnos y sonreir. De repente metía la cuchara. Le pregunté
por sus malos pasos. Le gusta subir escaleras. De director de Escuela pasó a ser
decano de Facultad, y de acá a Vicerrector de Universidad. Hasta acá era lo que
sabía, pero como han pasado años que no le veía, lo más probable que ahora
fueses rector de alguna universidad. Con su sonrisa habitual, socarrona,
optimista, me dijo que no era para tanto. Que seguía como vice, allá en el norte,
lleno de proyectos, feliz de la vida.
Y me preguntó por la carrera de acá, la que creó, impulsó, le
dio su sello, que dejó andando. Le tuve que decir que andaba a mal traer. Que las
postulaciones estaban decayendo año a año, que al interior de la escuela las
relaciones están como las pelotas, que el director que trajeron del norte no da
el ancho, no atina, parece que solo vino a calentar el asiento. No pasa nada.
Un rictus amargo emergió en su cara.
Le dije que hubo un momento en que me preguntaron cómo estaba
quien fuera el primer director de la carrera y si tendría sentido sondearlo
para resucitarla. Su esposa, que estaba al cateo de la conversación, que no se
pierde una, saltó de su asiento y taxativamente dijo: “a Talca no vuelvo ni
cagando”. Y mirándolo fijamente a los ojos agregó: “O Talca o yo”. Él tan solo se
encogió de hombros y solo atinamos a reírnos condescendientemente. Yo tenía
claro que no había posibilidad alguna, que lo pasado, pisado está, como gusta
decir a mi mujer. Yo tiendo más a querer repetir buenos momentos.
No nos dimos cuenta como el tiempo se nos fue volando cuando
ya tenían que irse. Nos despedimos ¡hasta la próxima, un abrazo!
octubre 21, 2022
Otra cosa es con guitarra
![]() |
| Foto de Jacek Dylag en Unsplash |
Al cumplirse el tercer año del estallido social del 2019, una vez más se desató la barbarie a pesar de todas las medidas preventivas adoptadas. A pesar de que se está bajo un gobierno distinto del anterior. Una barbarie que se expresó destruyendo todo a su paso, sean éstos tanto bienes públicos como privados.
La pregunta es ¿por qué? ¿Qué pasa? ¿Hasta cuándo? Las
respuestas dependerán de la mirada de cada cuál, del cristal con que se mira.
Para unos, es consecuencia de la desigualdad, de la falta de oportunidades, de la
inflación, del modelo; para otros, de la ausencia de autoridad, o que las
fuerzas policiales se encuentran con las manos atadas, temerosas de que se les
acuse de excederse, o la percepción en quienes protagonizan la ola destructiva de
que se puede hacer cualquier cosa y todo queda impune. O bien, de que tras todo
esto habría una mano mora, la del comunismo internacional.
Si nos preguntáramos ¿para qué? lo más probable que no demos
con respuesta alguna. Quizás unos dirán para echar abajo el modelo de país en
que estamos, otros para expresar sus sentimientos de frustración. Parecieran
berrinches anárquicos que afloran cada vez con más frecuencia al amparo del
anonimato.
No es primera vez que vivimos estos momentos de furia
desatada. La historia del país está jalonada de estallidos sociales. Sin ir más lejos recordemos los vividos hace
menos de medio siglo, en la primera mitad de la década de los 80, en plena
dictadura. Eran tiempos de alto desempleo motivados por la caída del sistema
financiero donde las movilizaciones eran reprimidas con total desprecio por los
DDHH. Ya entonces los desmanes hacían de las suyas sin importarles las
consecuencias.
Con el arribo de la transición democrática, las aguas amainan
al amparo de un nuevo clima. Pero a poco andar, en el primer decenio del
presente siglo, el movimiento pingüino del 2006, bajo el gobierno de Bachelet
I, nos pone en estado de alerta. Las
marchas y movilizaciones de entonces, pacíficas en su inicio, terminarían
desmadrándose con fuerzas policiales sobrepasadas. El modelo de país que
estábamos construyendo muestra sus primeras fisuras en el ámbito educacional.
Se cambia la LOCE por la LGE.
Las manifestaciones pacíficas, legítimas, inherentes a una
convivencia democrática, derivan, degeneran, terminan en expresiones de violentismo
puro y duro que amenazan la institucionalidad imperante. Sus actores no son los
mismos. Los primeros son quienes expresan un malestar; los segundos, rabias,
anarquía.
En el 2011, ahora bajo el gobierno de Piñera I, estalla
nuevamente un descontento creciente que encuentra cada vez más eco de la mano
de sus líderes más emblemáticos de entonces: Boric, Jackson y Vallejo. Hoy son
quienes se encuentran encabezando el poder ejecutivo con el objetivo de llevar
a cabo las grandes transformaciones que el país demandaría. Vaya paradoja!
Quienes ayer encabezaban las movilizaciones hoy están al frente del gobierno
por decisión popular.
El año 2019, bajo Piñera II, saltan todos los tapones a
partir de un alza en el precio del transporte público (metro). La violencia
desatada sin control alguno hace crujir la estabilidad institucional. Chile
pareció un país de tierra arrasada. El oasis, el país modelo es puesto en
jaque. Las castas, las élites de todo orden –económicas, sociales, políticas,
académicas, culturales, religiosas, deportivas- se agarran la cabeza a dos
manos. Días después, una multitudinaria manifestación nunca antes vista que se
desarrolló con toda normalidad. En noviembre del 2019, desde la clase política
surge el acuerdo por una nueva constitución. Con ello se asume que ahí estaba
la madre del cordero, la necesidad de contar con un nuevo pacto social, de
tener la oportunidad de sentar las bases de otro país, con bases distintas a
las de la constitución del 80. El acuerdo pareció transformar toda la energía
destructiva en energía constructiva.
Desde entonces hasta el 4 de septiembre de este año parecían
soplar nuevos vientos. En el año 2020 un plebiscito de entrada dijo que casi un
80% quería una nueva constitución y que ésta fuese hecha por convencionales
electos con ese exclusivo propósito, descartando la participación de
diputados/senadores del congreso. Se eligieron los convencionales, siendo la
mayoría de ellos no adscritos a partidos políticos, sino que a movimientos
sociales. Vivían su minuto de gloria. Los
militantes de partidos políticos electos se podían contar con los dedos de la
mano. La pelota política, como es la elaboración de una constitución, fue
entregada a independientes, o supuestos independientes, y líderes de las más
diversos movimientos sociales.
La derecha quedó confinada a menos del tercio sin posibilidad
de veto alguno. Su bajo número de convencionales electos y el comportamiento
del grueso de los convencionales que constituían la mayoría, contribuyó a que
la derecha se atrincherara.
Del trabajo de la convención emerge una propuesta
convencional que en el plebiscito de salida es rechazada abrumadoramente, por
más del 60%, mediante el voto popular obligatorio. Como consecuencia, la pelota
ha vuelto a manos de los políticos quienes parecen no saber con ella,
incapaces, a la fecha, de acuerdo alguno.
En medio de este escenario, en este último 19 de octubre se
cumplieron los tres años desde el estallido, ahora ya no con un gobierno de
derecha, sino que con uno de izquierda. Y los desmanes, la violencia desatada,
siguen haciendo de las suyas a vista y paciencia de todo un país. Ahora, en un
escenario que se ha vuelto más complejo después de la pandemia y de un contexto
internacional de retorno a tiempos de guerra fría. La ultraderecha está al
acecho esperando el momento oportuno para retrotraernos a tiempos que creíamos
idos. Ya no vía golpes, sino vía votos.
Alcanzar al menos tres acuerdos políticos de parte de todas
las fuerzas democráticas es un imperativo en el Chile de hoy. Un primer acuerdo
para elaborar una nueva constitución; un
segundo acuerdo que aborde los agudos problemas en los campos educacional,
previsional y de salud que nos aquejan; y un tercer acuerdo para enfrentar toda
violencia, de cualquier índole, venga de donde venga, que nos permita disponer
de un piso de seguridad personal, familiar y social que cada día se demanda con
más fuerza.
octubre 11, 2022
Proceso constituyente empantanado
![]() |
| Foto de Yves Moret en Unsplash |
A más de un mes del plebiscito de salida las aguas aún no se decantan, las conversaciones en torno a lo que viene parecen empantanadas. Unos sacan cuentas tristes, otros cuentas alegres. Los dimes y diretes andan a la orden del día. Quienes anduvieron fondeados los días previos han salido a la palestra arrogándose un triunfo que les habría sido esquivo si hubiesen estado en la primera línea.
Quiénes estuvieron tras la opción del rechazo los podemos clasificar
en tres grandes grupos. Uno, el de quienes siguen enarbolando la constitución
del 80 contra viento y marea, y ojalá se
pudiese retrotraer a la original, sin sus modificaciones posteriores, excepto
las que le venían como anillo al dedo. Acá están los de la derecha dura, los
republicanos, los ultras con Kaiser, Marinovic, de la Carrera y Cubillos
encabezándolos. Son quienes creen que ganaron, que les llegó su hora y asumen
que la ciudadanía se pronunció de modo que no hay que seguir dándole vuelta,
que no hay nada de qué conversar, que ya está todo dicho.
Dos, el de quienes queriendo seguir con la constitución
actual, perciben que ya está muerta, que no hay nada más que hacer con ella, y
por tanto están abiertos a conversar, a ver qué hacer. Acá está la derecha
blanda, que pareciera asumir una postura realista, consciente que no podemos
seguir como estamos ya sea por el bien
de ellos mismos, como del país en que vivimos. Acá veo a Macaya, a Desbordes, a
Ossandón, a Briones, buscando desmarcarse de los cabezas calientes, de los
ultras.
Tres, el de la centroizquierda que se enojó con el ninguneo a
los famosos 30 años, que proviene del mundo concertacionista, que queriendo
cambiar la constitución del 80, que cruzó el río y no estuvo disponible para
aprobar una constitución como la que salió de la convención. Son quienes dieron
la cara por el rechazo, con el beneplácito de la derecha blanda y el disgusto
de la derecha dura. Este grupo representó a quienes rechazando la constitución
del 80, encontraron que la propuesta constitucional que tenían entre manos era
muy mala. Acá veo a Landerretche, Waissbluth, Parada, Rincón, Ealker, Maldonado.
Durante la campaña, tanto esta centroizquierda, como la
derecha blanda de ChileVamos, al promover el rechazo se comprometieron con una
nueva constitución que incluyera un conjunto de puntos que consideraban vitales,
esenciales. Objetivamente, no cabe duda
que fue este sector, el de la centroizquierda, o como quiera que se le llame,
el que inclinó la balanza a favor del rechazo.
Los resultados del plebiscito de entrada dijeron que un 78%
de los votantes querían una nueva constitución y que la totalidad de quienes
debían elaborarla debían ser electos con ese exclusivo propósito. Los
resultados del plebiscito de salida no los contradicen ni mucho menos porque lo
que se consultaba era otra cosa: si queríamos o no la constitución que se nos
proponía. La respuesta fue categórica: un 62% de los votantes la rechazó.
En medio de estos dos plebiscitos tuvo lugar la elección de
convencionales y cuyo resultado tuvo la particularidad de que los votantes
privilegiaron a candidatos independientes, o pseudoindependientes de los
partidos políticos, y candidatos provenientes del mundo social. El triunfo del
rechazo a la propuesta elaborada es una señal de que los convencionales
elegidos no hicieron bien su trabajo. La
gente le pasó la pelota a los “no políticos” y el resultado no gustó. Ahora la
pelota ha vuelta a manos de los políticos.
El mensaje es inequívoco: la ciudadanía no quiere ni la
constitución del 80 ni la que se nos propuso. Hay que elaborar otra que tome en
consideración las razones por las que ha rechazado tanto la constitución que
tenemos como la que se le propuso. Hay una experiencia acumulada que debe ser
asumida, hay lecciones que deben desprenderse del proceso vivido. Abandonar
trincheras, mirarnos a los ojos, abrir nuestros corazones, sentarnos a
conversar, llegar a acuerdos, ceder, o como diría el padre Hurtado, dar hasta
que duela.
octubre 03, 2022
Mahsa Amini ¿Qué está pasando en Irán?
El arresto de Mahsa fue ejecutado en Teherán a punta de engaños por parte de agentes de la llamada “Policía de la Moral” del régimen iraní, lo que en otras partes se llaman “fuerzas especiales”. Integrantes que se creen con licencia para todo. La detención implementada, en presencia de su hermano, tuvo el propósito de llevarla a un centro de detención para recibir una “clase informativa”. Solo les faltó decir que para recibir “clases de ética” como las dadas a los hermanos Carlos (Délano y Lavín) a propósito del memorable caso Penta. Al hermano de Mahsa le aseguraron que la liberarían en una hora. La “clase informativa” consistió en dos horas de golpes y torturas que la condujeron a la muerte.
La torturaron hasta tal punto que del centro de detención tuvieron que llevársela en ambulancia al hospital. Como diría algún experto en la materia “se les habría pasado la mano”. En el hospital estuvo dos días en coma hasta morir. Todo por no usar su velo como lo quiere el gobierno iraní. Así de simple. O lo usas como corresponde, o atente a las consecuencias. Para que entiendan, para que aprendan, para que sepan cómo se debe usar el velo. No habría otra forma que entiendan.
Las protestas se suceden. Las mujeres iraníes se rebelan, protestan, salen a las calles cortándose el cabello y quemando el hijab, desafiando a las fuerzas especiales de Irán encargadas de reprimirlas. El cabello ha pasado a ser su nueva bandera. Claman por la libertad. La imperiosa necesidad de imponer “el orden” ha forzado una represión que está dejando una estela de muertos que a la fecha se acerca a la centena, si es que no la ha sobrepasado.
No podemos permanecer indiferentes. Es obligación nuestra reaccionar, escandalizarnos, rechazar, hacer todo lo que nos es posible para impedir que esto siga ocurriendo en Irán o en cualquier otra parte, incluso en la quebrada del ají.
septiembre 29, 2022
Bolsonaro versus Lula
![]() |
| Foto de Tutz Dias en Unsplash |
Este domingo tienen lugar las elecciones presidenciales en Brasil cuya disputa está centrada en Lula y Bolsonaro, representando ambos visiones diametralmente opuestas respecto de lo que se entiende por democracia y desarrollo.
La relevancia de estas elecciones se explica por tratarse del
país más grande de América Latina y porque ahora se da la confrontación que no
pudo tener lugar en las elecciones pasadas. A estas últimas no pudo concurrir
Lula por haber sido sacado de la carrera presidencial por iniciativa del propio
Bolsonaro vía judicial a través del entonces fiscal Moro.
Posteriormente, Bolsonaro, una vez entronizado en la
presidencia, se encargó de premiar a Moro designándolo como ministro de
justicia. Cargo al cual tuvo que renunciar poco tiempo después. El proceso
judicial siguió su curso, comprobándose que Lula era inocente de todas las
acusaciones por las cuales se le mantuvo encarcelado por poco menos de 2 años.
Desde que salió de la cárcel, Lula se ha empeñado en
recuperar su imagen pisoteada una y otra vez por Bolsonaro y sus seguidores
inmediatos. Desde entonces inicio la travesía para volver a la presidencia, no
dejándose amilanar por los ataques de que ha sido objeto. Travesía que lo tiene
adportas de alcanzar un triunfo apoyado por los tiempos en los que estuvo en la
presidencia, período en el que redujo significativamente la pobreza y posicionó
a Brasil dentro del concierto de naciones más poderosas del mundo. La duda está
en si logra ganar con mayoría absoluta en primera vuelta.
En términos ideológicos, en los tiempos que corren,
claramente Lula representa a la izquierda, en tanto que Bolsonaro a la ultraderecha.
En tal sentido, dado un contexto de avances de la derecha extrema, particularmente
en Europa, esta elección cobra especial importancia en el concierto
latinoamericano. En efecto, en nuestro
continente la ultraderecha está al acecho, particularmente en Chile, cuyo
último candidato presidencial, José Antonio Kast, no dudó en visitar Brasil para
abrazar la causa bolsonarista y obtener su apoyo.
Un triunfo de Lula en Brasil tendría un efecto tonificador
para una izquierda que se encuentra de capa caída a nivel mundial y un reconocimiento
para quien emergió décadas atrás como un líder de los desposeídos y que ha sido
injustamente perseguido.
Bolsonaro está en las cuerdas y para ello está recurriendo a
golpes bajos, que es el terreno en el que mejor se mueve. Pero todo indica que
esta vez no saldrá con las suyas como ocurrió hace 5 años. Eso al menos espero!
septiembre 26, 2022
El ascenso de la ultraderecha en Italia
![]() |
| Foto de Damiano Baschiera en Unsplash |
Este domingo 25 de septiembre del 2022, tal cual estaba previsto, ganó la ultraderecha italiana. Giorgia Maloni es la gran triunfadora con tan solo 45 años, la edad de mi hijo. Me asombra cómo el postfascismo está retrotrayéndonos a tiempos que creíamos superados. Pero como bien sabemos, el ser humano parece ser un animal capaz de tropezarse más de una vez con la misma piedra.
En términos futbolísticos diríamos que
la delantera encabezada por la ultratrechista Meloni y secundada por dos
bufones como son Salvini y Berlusconi, ha ganado por goleada. Cuesta entender cómo
el discurso ramplón, populista, simplista del fascismo de la 2GM haya
encontrado eco en la Italia actual, al igual que en no pocos otros países. La
comprensión de este fenómeno es todo un desafío para lo que se supone es el
sentido común. Su discurso es el clásico fascista, nacionalista, homofóbico
amparado en su condición de mujer, madre, cristiana e italiana.
En un mundo que está siendo preso de
una inseguridad desde los más diversos frentes, el mayor atractivo de Meloni parece
ser el de no ser de medias tintas; de no admitir grises, es sí o es no, es
blanco o negro, estás conmigo o contra mí. Azuzan a las multitudes levantando un
enemigo al cual lanzar sus dardos, sea éste el comunismo, el feminismo, la
inmigración, el globalismo. Enemigos que identifican como los responsables de
todos los males. Un discurso que a la vuelta de la esquina se desploma no sin
antes dejar una estela de tragedias.
El triunfo de Meloni no es un caso
aislado, es consecuencia de un efecto dominó, de un período signado por el
miedo, la incertidumbre. Ha sido precedido por Trump y Bolsonaro y Orban, en
EEUU, Brasil y Hungría. En Francia el ascenso de Marine Le Pen alcanzó a ser
detenido a duras penas. En Suecia y Polonia los nacionalismos andan a la orden
del día, y para qué hablar de Putín, quien se ha nutrido del nacionalismo ruso
para invadir Ucrania.
Italia en Europa pareciera ser lo que
es Bolivia en nuestro continente, donde sus gobiernos tradicionalmente han sido
de corta duración. Podríamos tranquilizarnos con que en italia todo puede ser,
con que sus gobiernos son de corta duración, que más temprano que tarde, el
gobierno de Meloni caerá y que la vida sigue igual.
¿Cuál es el mar de fondo tras este
resultado? Me temo que es el hastío, el cansancio con una casta política que
por décadas se ha dado vueltas en sí misma. La corrupción reinante también está
haciendo lo suyo, la clásica avivada que termina socavando los cimientos de
cualquier sociedad que se precie de tal. Lamentablemente me temo que la ciudadanía
termine apelando a los peores. Como quien dice, poniendo a los gatos a cuidar
la carnicería. Ojalá me equivoque!
septiembre 25, 2022
Especulando desde Pullay
![]() |
| Fuente: Rodolfo Schmal |
Poco antes del último plebiscito de salida, el presidente Boric afirmó que de ganar el rechazo da por sentado que se haría necesaria una nueva convención, lo que en su momento descolocó a medio mundo. Sí, descolocó a moros y cristianos, a adherentes y opositores porque todos se planteaban de otra manera.
Mal
que mal, entre los partidarios del rechazo estuvieron quienes no quieren la
constitución actual, pero que tampoco les gusta para nada la constitución que
se propone y que decidieron rechazar para entrar a reformar la constitución
actual.
Entre
los del apruebo estuvieron quienes no les gusta la constitución que se propone,
pero que la prefieren antes que la actual. Los partidarios acérrimos del
apruebo objetaron las expresiones de Boric porque asumía, en forma implícita,
que el rechazo podría ganar. Y los extremistas del rechazo, que son quienes
quieren seguir con la constitución actual tal como está, las criticaron porque
aspiraban que un triunfo del rechazo implicara automáticamente la continuidad
de la constitución del 80.
Ahora,
con el inobjetable triunfo del rechazo en la mano, está meridianamente claro
que el país, si bien no quiere la constitución actual –lo que fue expresado
categóricamente en el plebiscito de entrada por casi el 80% de los votantes-
tampoco quiere la propuesta constitucional elevada por la convención. La
pregunta que habría que hacerse es si habría que elegir una nueva convención
para que hagan otra propuesta constitucional que habría que someter a
plebiscito, y así sucesivamente hasta que se apruebe una nueva constitución. En
matemáticas esto se llamaría el ¨método de las aproximaciones sucesivas” hasta
encontrar una constitución aceptable, esto es, aprobada por la mayoría.
Teóricamente así sería, pero no creo que lo sea porque el país resistiría vivir
varios años en este estado de “aproximaciones sucesivas”. Por lo demás, nada
asegura que esto tienda a algo, porque podrían ser también oscilaciones en
diversas direcciones y que al final no se aproxime a nada. En política las
matemáticas no siempre calzan.
El
tema es ciertamente complejo. El país pareciera estar partido en dos con
miradas totalmente opuestas. Quizás podríamos hablar de cuatro países: el de la
derecha (15%) que estuvo por el rechazo a secas para seguir con la constitución
actual sin modificaciones; una centroderecha (35%) que estuvo por el rechazo
para reformar, tomando como base la constitución actual para reformarla; una
centroizquierda (35%) en la que unos habrían estado por el apruebo para
reformar la constitución propuesta y reformar algunas de sus partes, así como
otros que habrían estado por el rechazo, pero no para mantener la constitución
actual, sino que para modificarla sustancialmente; y una izquierda (15%) que
estuvo a ojos cerrados por aprobar la constitución propuesta. Las cifras son al
azar y dan cuenta de mi impresión. Lo que quiero decir es que alrededor de un
70% estaría por otra constitución, distinta de la actual y de la propuesta.
Vamos
a ver en qué termina esto, pero tengo mis aprensiones porque no obstante
algunos gestos de buena voluntad, a la hora de los quiu, no faltan las
zancadillas. Los ánimos están demasiado caldeados en un contexto mundial
inestable en términos tanto económico-sociales como políticos. Sin embargo, la
esperanza es lo último que se pierde. Mal que mal, el horno no está para
bollos, ni para unos ni para los otros.
El
gran aliciente que existe para salir airosos del trance en que estamos, es que
si no salimos adelante, perdemos todos. Nadie gana, ni siquiera los de arriba.
En tal sentido no debemos descartar alguna salida inesperada e insospechada
imposible de predecir en un país como Chile.
septiembre 14, 2022
La resurrección del centro político
![]() |
| Foto de Thought Catalog en Unsplash |
Los distintos actores políticos están enfrascados en descifrar
el resultado final desmenuzando los datos electorales a todo nivel, comunal, socioeconómico,
etáreo, de género, etc. Mi análisis será más simple, apoyándome en cuatro grandes
corrientes políticas que nos recorren: izquierda, centroizquierda, centro derecha
y derecha. Se trata de una simplificación gruesa dado que las fronteras entre
ellas son un tanto borrosas. Podríamos agregar dos categorías más en ambas
puntas, la ultraizquierda y la ultraderecha, pero que para el presente análisis
las he subsumido dentro de la izquierda y la derecha respectivamente.
Mi tesis sostiene que quien atraiga el grueso de las voces de
centro, sean estas de centroizquierda como centroderecha, es quien gana. Así ocurrió
con el plebiscito de entrada, donde la izquierda logró capturar casi el 80% de
la votación dando inicio al proceso constituyente. Así ocurrió también en la
elección presidencial con el triunfo de Boric, facilitado por el hecho de que
en la segunda vuelta compitiera con Kast, representante de una derecha extrema.
Y si nos remontamos más atrás, al plebiscito del 80, la opción del No ganó en
gran parte gracias a los desgajamientos producidos desde las entrañas mismas de
la dictadura del innombrable. Entre los nombres que se cambiaron de acera destaco
los de Mónica Madariaga, Federico Willoughby, Armando Jaramillo, Julio Subercaseaux
y Liliana Mahn.
En esta ocasión, en el plebiscito de salida, la opción del
rechazo logró atraer a gran parte de la centroizquierda, en tanto que la
centroderecha se cuadró íntegramente. Ahí es donde estaría la madre del
cordero. Y la pregunta que asoma de Perogrullo es ¿porqué? El centro, tanto de
izquierda como de derecha, tiende a representar a quienes no están en el día a
día de la política, quienes tienen posturas moderadas, no extremas, graduales,
no abruptas, quienes le hacen el quite a tierras movedizas, desconocidas, salvo
cuando se viven momentos desquiciados.
Así ganó el NO el 88: mientras la campaña del SI se centraba
en el caos que sembraría un eventual triunfo del NO, la campaña por el NO se
impuso poner la pelota al piso y colocando al frente a sus voces más moderadas.
Así también se ganó el plebiscito de entrada, enfatizando la necesidad de dejar
atrás una constitución mal parida que vanagloria el individualismo y desprecia
el espíritu comunitario como base del desarrollo al que todos aspiramos. Así también
logró acceder Boric a la presidencia cuando al pasar a la segunda vuelta decide
limar las aristas más ásperas de su programa para atraer al mundo de centro,
esencial para toda victoria en las urnas.
Así fue como ahora se perdió en el plebiscito de salida. La derecha
logró atraer para su opción, la del rechazo, a todo un mundo de centro que
evaluó mal la propuesta constitucional la convención. Esta mala evaluación nos
dice que la propuesta constitucional no recoge las aspiraciones de una mayoría.
Y esta mayoría la conquista quien logra atraer para sí a ese centro que en
Chile siempre ha sido crucial, nos guste o no. Bien sabemos que solo mayorías
claras y contundentes en las urnas, son las que viabilizarán las
transformaciones necesarias para tener un país más equilibrado, en todo el
sentido de la palabra. Por tanto, la orden del día para recuperar una mayoría
como la alcanzada en el plebiscito de entrada, es reconquistar el centro político
del país. No es una misión imposible. Basta simplificar y clarificar la propuesta
constitucional, despojándola de sus acápites más conflictivos, reduciéndola a
aquellos aspectos básicos donde se puedan encontrar consensos. Hacer aquello
que no hizo la convención.
Aparentemente la derecha ganó desde el momento en que el
rechazo obtuvo más votos. Pero ojo, para ganar se tuvo que esconder y poner en
el escaparate a figuras del centro político, particularmente de la centroizquierda,
la niña bonita de esta elección. Acá no ganó la derecha, sino que el centro
político, y quien perdió fue la izquierda, que sin querer queriendo, se vio
arrastrada por una izquierda radical, extrema. Este centro político tiene ahora
la obligación de concretar las reformas que comprometió en campaña y no verse
inmovilizada por una derecha que está queriendo sacar las castañas con la mano
del gato.
septiembre 07, 2022
Fuimos por lana y salimos trasquilados
![]() |
| Foto de Kayle Kaupanger en Unsplash |
Como consecuencia de la contundente derrota de la opción a la que adhería el gobierno en el plebiscito de salida, no obstante que los análisis abundan, no por ello me abstendré del mío. Acá va.
Sin duda que la derrota cuesta asimilarla y comprenderla en
toda su magnitud. Lo más fácil es achacarla a factores externos, que si bien
existieron, no los considero determinantes para un resultado que no se
esperaba, al menos de la magnitud que alcanzó. Nadie, ni siquiera en la
oposición se atrevió a vaticinar una diferencia por sobre 20 puntos (68% versus
32%).
La oposición se encargó de distribuir noticias falsas a
través de las redes sociales de manera descarada sembrando a diestra y
siniestra dudas, inquietudes, temores, miedos. Los medios de comunicación
convencionales también contribuyeron, al igual que la difícil situación
económica que está viviendo la gran mayoría de los hogares. A ello agréguese la
disparidad de recursos financieros disponibles por parte de una y otra opción
fue enorme.
Nadie duda de lo señalado, pero no es nada nuevo. Esta
realidad también se dio en la campaña para el plebiscito de entrada y para la
presidencia, tanto en la primera y segunda vuelta. Y sin embargo, casi el 80%
quiso una nueva constitución y Boric logró acceder a la presidencia en forma
holgada. Sin embargo ahora no fuimos capaces de repetir los triunfos
anteriores, y por el contrario, perdimos por paliza, farreándonos una
oportunidad histórica.
¿Qué pasó? Sin perjuicio de factores que incidieron, pero
siempre estarán presentes cuando quieres realizar transformaciones profundas,
tengo el convencimiento de que acá fueron factores internos, errores nuestros, que
están bajo nuestra responsabilidad los que hicieron posible este traspié. Intentaré
bosquejarlos someramente.
El proceso constituyente llevado a cabo por los
convencionales estuvo plagado de incidentes desafortunados, por decir lo menos.
Como era de esperarse, estos incidentes fueron multiplicados adinfinitum por
las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales. También hizo lo
suyo el predominio de convencionales “independientes” provenientes de
movimientos sociales por sobre los convencionales “políticos”, cuya mirada
tiende a ser más amplia, larga y dúctil que la de los primeros.
El resultado de la convención, la “nueva constitución” en vez
de entregar estabilidad y certidumbre, en la práctica incorporó inestabilidad e
incertidumbre al abrir espacio a las más diversas interpretaciones, dando alas
a los más variados temores en sectores moderados que terminaron siendo
capturados por los opositores. Todo esto, por cierto, multiplicado al por mayor
por todas las vías imaginables.
El concepto de plurinacionalidad y de las autonomías
indígenas fue muy mal entendido, y por lo mismo, mal explicado, mal comunicado.
No pocos se compraron el cuento de que el país se dividiría en tantas partes
como regiones o grupos indígenas existen. Y si fue bien transmitido, significa
simplemente que el país no está preparado, no está en condiciones de asumir la plurinacionalidad.
Fuimos por todo, pero el resultado no cuajó. La mayoría
encontró en la nueva constitución al menos algo que objetar y que lo motivaba a
rechazar. Perdimos a los moderados, olvidándonos que son claves. Olvidamos que
en el plebiscito de entrada se ganó por casi el 80% gracias a que hasta
sectores de derecha votaron por una nueva constitución porque entendían que la
del 80 ya no daba para más. Olvidamos que el triunfo de Boric se produjo
gracias a que al frente había un candidato de ultraderecha y que para la
segunda vuelta moderó su programa y logró atraer para sí a todo un mundo que
tiende a ser presa fácil de la derecha. Nos olvidamos de lo que en su momento
sostuvo Boric en su primer discurso presidencial: vamos lento porque vamos
lejos.
Hay otros factores internos, pero con éstos bastan. Fuimos
por lana y salimos trasquilados. Se jugó al todo o nada, y se perdió. Así de
simple. En democracia esto es sin llorar. Solo nos queda lamer nuestras
heridas, aprender de los errores, corregirlos y levantar cabeza.
septiembre 04, 2022
Toda una paliza
Importa
consignar que cualquiera sea el resultado final, el proceso constituyente no
concluirá, seguirá abierto, iniciándose una nueva etapa cuyo tenor vendrá dado
por 3 factores: uno, cuál sea la opción ganadora; dos, por la magnitud de la
diferencia entre las opciones en juego; y tres, por el comportamiento de la
población y su clase dirigencial de todo orden, particularmente los líderes
políticos, sociales y empresariales.
El
plebiscito de salida ha tenido lugar luego de una intensa campaña a favor y en
contra de la propuesta elevada por una convención constituyente elegida
democráticamente. Campaña efectuada en un contexto extremadamente complejo
marcado por golpes bajos, noticias falsas, fuerte incidencia de las redes
sociales, el desnivel de recursos disponibles por parte de una y otra opción, una
economía nacional y mundial en declive. A ello cabe agregar la asunción de un
nuevo gobierno hace menos de 6 meses encabezado por el presidente más joven que
ha tenido el país en toda su historia, y sin disponer de las mayorías en el
parlamento. Mayorías imprescindibles para realizar las profundas
transformaciones comprometidas.
Cualquiera
sea el resultado final, la pelota será traspasada al parlamento en funciones,
ya sea para ver cómo y qué cambiar de la constitución del 80 o de la propuesta
constitucional, lo que dependerá de cuál sea la opción triunfante: rechazo o
apruebo. Lo que la campaña ha puesto de manifiesto es que las posturas extremas
están condenadas al fracaso: tanto por parte de quienes quieran mantener la
constitución del 80 tal cual, sin moverse ni un ápice de él, como por parte de
quienes se empecinen en implementar la nueva constitución tal cual está.
En
consecuencia, se iniciará una fase de negociaciones, y la fuerza con que se
acceda a ella por parte de los distintos actores, estará determinada por cuál
sea la opción que gane y por la diferencia con que se ganó/perdió. Lo que viene
será muy distinto si se trabaja a partir de la constitución actual o a partir
de la nueva constitución. Uno pasa a ser el dueño de casa y el otro la visita.
Y también será muy distinta la fuerza con que las partes se sientan a conversar
si el triunfo ha sido holgado o estrecho. En el cuadro que sigue se ilustran
los escenarios que se abren, todos caracterizados por la negociación, la
conversación.
|
Gana/Resultado |
Estrecho (menos de
10 puntos) |
Holgado (más de
10 puntos) |
|
Apruebo |
E1: Se negocia
mucho con el apruebo en posición dominante |
E3: Se
negocia poco con el apruebo en posición dominante |
|
Rechazo |
E2: Se
negocia mucho con el rechazo en posición dominante |
E4: Se
negocia poco con el rechazo en posición dominante |
Continúo
estas líneas, conociendo la tendencia de los resultados, los cuales revelan un
abrumador triunfo de la opción rechazo, lo que nos ubica en el escenario E4 de
la tabla, con la dirigencia del rechazo en posición claramente dominante y con
poca capacidad de negociación de quienes respaldaron el apruebo.
Es
interesante consignar que para el plebiscito de entrada la opción de una nueva
constitución logró casi un 80%, porcentaje que en este plebiscito de salida se
redujo estrepitosamente a una cifra, al momento de escribir esta columna, que
bordea el 40%. La pregunta que la dirigencia del apruebo debe hacerse es ¿qué
se hizo mal para reducir a la mitad el porcentaje alcanzado en el plebiscito de
entrada? Hubo un vuelco tal que obliga a una introspección, a asumir con
humildad el veredicto popular.
Ahora, la
responsabilidad se traslada al interior de los partidarios del rechazo donde
conviven quienes quieren mantener la constitución del 80 tal cual está, quienes
quieren cambios cosméticos, y quienes reconocen la necesidad de cambios
profundos acorde a los tiempos que vivimos.
En este
marco, serán claves el comportamiento, la conducta que adopten los distintos
actores implicados, tanto a nivel de base poblacional y laboral, como a nivel
de la dirigencia política, sindical, social y empresarial. Poner paños fríos a
las cabezas calientes deberá ser la orden del día para abrir espacio a la
sensatez, al sentido común, a la cordura, mirándonos a los ojos, dejando atrás
un clima de odiosidad inconducente. Se deberá pasar a un clima de acuerdos de
cara a la gente, sin cartas escondidas abriendo espacio a la confianza para
dejar atrás desconfianzas. Este es el gran desafío, la gran responsabilidad que
tendrán los políticos y el gobierno encabezado por Gabriel Boric.













