enero 08, 2014

La desigualdad


Si bien la desigualdad ha existido siempre, se trata de uno de los temas recurrentes que ha estado en la agenda política, al menos en las últimas décadas. De hecho parece estar en el origen del malestar imperante, un malestar que las élites tecnocráticas no comprenden.

Malestar que se asienta esencialmente en su magnitud y tendencia a incrementarse en vez de disminuir. En forma creciente se está percibiendo que el modelo neoliberal que ha estado imperando desde los años 80, no ha hecho sino exacerbar las diferencias. Modelito impulsado por Reagan en USA y Tatcher en Inglaterra, y del que Chile ha sido su más aventajado alumno de la mano del innombrable y sus Chicago Boys, y que ha sido sometido a retoques y maquillajes orientados a limar sus aristas más ásperas. Sin embargo su esencia permanece. La mona por más que se vista de seda, mona queda.

No se trata de algo etéreo, inasible, intangible, sino que por el contrario, concreto, que se palpa, se vive diariamente. Una desigualdad lacerante. Ya no somos un país, somos dos o más países. Están los que viven en Vitacura, Las Condes, La Dehesa, los de plaza Italia al oriente, y de plaza Italia al poniente. Si, al menos dos Santiago. Lo mismo pasa en regiones.

Aún cuando algunos pretendan rebatirnos, la verdad que la desigualdad que tenemos es vergonzosa. Existe un 1% de los chilenos que concentra el 30% de los ingresos. En qué otro país existe este nivel de desigualdad? en USA, el 1% de los estadounidenses más ricos capta el 20% del total de los ingresos; en Alemania poco más del 10%; en Suecia, poco menos del 10%.

Y si hilamos más fino, y nos centramos en el 0,1% de los chilenos más ricos, podemos observar que capturan casi el 20% del total de ingresos! Esto significa que hay chilenos que ganan más de 80 millones de pesos mensuales, mientras un 80% vive endeudado con menos de un millón de pesos al mes.

Este 0,1% de los chilenos son los que “compran” educación pagando mensualidades del orden de los 300 mil pesos con cuotas de incorporación de dos millones de pesos. La correlación entre los puntajes en la PSU y los ingresos familiares es casi perfecta. Mientras más ingresos tienes más educación puedes “comprar”, y por tanto más puntaje PSU tienes.

Lo mismo vale respecto del empleo. Mientras vengas de una familia con más ingresos, más probable es que tengas un buen empleo, bien pagado, lo suficiente como para reproducir y multiplicar la desigualdad imperante.

Lo que tenemos es un modelito político-económico-financiero que desafortunadamente no hace más que perpetuar y amplificar la desigualdad. El malestar y las movilizaciones son consecuencia de esta desigualdad que no es ficticia, sino que por el contrario, crece y crece, aún cuando en términos absolutos hoy estemos mejor que ayer. Se requiere algo más que un Estado subsidiario o políticas públicas centradas en la focalización. Las pildoritas de los bonos no son la receta.

enero 03, 2014

2014: Lo que se nos viene

El inicio de un nuevo año, es la oportunidad para unas pinceladas acerca de lo que ya pasó y de lo que se nos viene. Estas pinceladas pueden ser tanto a nivel regional, nacional como internacional, como de diferentes ámbitos, político, económico o social. En el marco de una columna me restringiré a lo político y lo nacional, con especial referencia al contexto en que nos situamos.

De partida, en el año que pasó, lo más relevante es que la ciudadanía resolvió quitarle la confianza a un gobierno y una coalición política, cuyos adherentes aún no logran entender qué fue lo que pasó, convencidos que lo hicieron estupendo, haciendo crecer la economía, manteniendo baja la inflación y con bajas tasas de desempleo. A lo más imputan a derrota a problemas comunicacionales, déficits políticos, ausencia de humildad, carisma de Michelle. Las causas son más profundas.

El arbolito que tenemos, esto es, el modelito político-económico-social, podado y repodado, no gusta, y ha traído consigo un malestar inasible.

Estamos convencidos que el mundo nos mira como un país modélico. A estas alturas, se nos ve como el paradigma del neoliberalismo, tal como en un pasado no muy remoto se nos vio como un modelo de transición pacífica hacia la democracia; de un modelo de dictadura en tiempos del innombrable; de un modelo de socialismo en democracia en tiempos de Allende; o de revolución en libertad en tiempos de Frei Montalva.

Lo concreto es que estamos insertos en un contexto del que difícilmente escaparemos, marcado por oleadas. La década de los 60 estuvo marcada por el influjo de la revolución cubana, la derrota de USA en Vietnam; la de los 70 por la oleada militarista, caracterizada por una represión sin parangón que trascendió fronteras geográficas; la de los 80 por la imposición de un modelito neoliberal extremo que en lo grueso se conserva hasta la fecha y que ha dado origen a protestas, al agotamiento del militarismo; la de los 90 por las transiciones hacia la democracia, más o menos largas, más o menos profundas. Todo esto, en medio de un desarrollo científico-tecnológico sin precedentes cuyas caras más visibles son los PC, los tablets, los celulares, internet, los correos electrónicos, las compras en red, las redes sociales. La información se expande vertiginosamente.

En la primera década del presente siglo, marcada por las consecuencias de políticas que desembocan en una crisis financiera a nivel mundial, y un cierto cansancio con transiciones que parecen interminables, incapaces de modificar sustantivamente el modelito vigente. Asoman las primeras movilizaciones que empiezan a caracterizar a la presente década. El 2014, difícilmente escapará a este sino. Todo indica que las movilizaciones llegaron para quedarse a despecho de los medios de comunicación tradicionales jaqueados por las redes sociales capaces de movilizar multitudes en minutos y que hacen tambalear o caer gobiernos.

Más allá de quienes nos gobiernen, gobernar se hace una tarea cada vez más compleja, particularmente cuando se pretende hacerlo de espaldas a una ciudadanía más exigente, que cada vez menos entiende a quienes hacen fortuna sin trabajarle un peso a nadie. En este contexto, en marzo se iniciará un nuevo ciclo político en Chile con Michelle en la presidencia. De ella y de todos nosotros depende que seamos capaces de sortear obstáculos navegando en mares encrespados.

diciembre 26, 2013

Los jóvenes: la hora de las decisiones


Al momento de egresar de la enseñanza media, los jóvenes inician un proceso de decisiones de consecuencias no menores. La primera se relaciona con el camino seguir de entre las alternativas disponibles: ingresar al mundo laboral, o continuar estudios en la educación superior. Cualquiera de estos caminos plantea exigencias, obstáculos a vencer.

La decisión de ingresar al mundo laboral, tiene sentido si se tiene aversión por el estudio, limitaciones intelectuales, necesidades económicas inmediatas y/o tenerse un especial olfato para los negocios y/o de las oportunidades existentes en el mercado. Cualquiera sea la causa, por lo general este no es un camino corto, sino que por el contrario, es un camino largo, de esfuerzo, para salir adelante.

Cada vez son más quienes optan por continuar estudios superiores, en cuyo caso se hace necesario descifrar las opciones que se tienen por delante. La serie de decisiones a adoptar parte por si estudiar una carrera profesional o técnica. En este último caso, la alternativa son los centros de formación técnica. Se trata de una alternativa atractiva para quienes desean estudiar una carrera de no más de 4 años, eminentemente práctica, y de menor costo que una carrera profesional. Considerando el déficits de técnicos existentes en el país, se asume que la demanda por ellos debiera ir en ascenso, aunque deben vencerse los prejuicios existentes en relación a los universitarios. Lo mismo vale respecto de quienes egresen de institutos profesionales.

Si la opción es estudiar en alguna universidad, primero se debe tener claro qué carrera escoger, y luego en qué institución, no al revés. Para definir la carrera a seguir, lo más importante es escuchar lo que nos dice la vocación que anida en cada uno de nosotros. Los que la tienen clara desde su infancia, no tienen por dónde perderse. Cuando la vocación no está claramente definida, la segunda variable a considerar es la capacidad, las aptitudes que se tienen para uno u otro camino, esto es, si uno tiene dedos para el piano o no. Se aconseja fuertemente estudiar aquello para lo cual se tienen facilidades que permiten aprender más rápidamente, sin tanto esfuerzo. La tercera y última variable a considerar, es el mercado laboral, la que aconsejo solo si tanto la vocación como las aptitudes que se tienen son difusas, no están claramente identificadas.

No hay por donde perderse: primero, la vocación; luego las aptitudes; y solo al final, las posibilidades de encontrar trabajo y las remuneraciones esperadas. Una vez decidida la carrera a estudiar, viene la última definición: ¿en qué universidad? Dilema no menor en una realidad marcada por publicidad engañosa, subliminal, distorsionadora. ¿Cómo distinguir las universidades de verdad de aquellas cuyos fines no confesados no son sino el lucro o la segregación o la infiltración ideológica? Hay evidencias de que las mejores universidades no son las que lucran, ni las que segregan económica o socialmente, ni las que tienen un sesgo ideológico o religioso.

Teniendo identificada la carrera que se quiere estudiar, debe escogerse la universidad donde la carrera esté acreditada por el mayor número de años como una forma de asegurarse que el plantel cuenta con un buen cuerpo docente, estable, comprometido, con una infraestructura física, propia, no arrendada, amplia, acogedora, abierta, como se entiende que debe ser un campus universitario.

Los jóvenes de hoy no la tienen fácil pues deben tomar decisiones trascendentales para su vida que en un pasado no muy remoto eran tomadas por sus viejos, pero que en los nuevos tiempos son impensables, ya sea porque los propios jóvenes han decidido tomar el toro por las astas, como porque los propios viejos han renunciado a ello.

diciembre 18, 2013

Fin de año: muchas felicidades a tod@s @s amig@s visitantes!!!!!

¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO!!!!


El fenómeno de la abstención

Los resultados de la segunda vuelta presidencial fueron lapidarios para una derecha que aún no logra entender qué pasó. Hasta último minuto, no pocos se aferraban a la esperanza de un vuelco, de una sorpresa, incluso a un milagro bíblico, sobre todo por parte de jóvenes que han sido penetrados por una droga inoculada por los medios de comunicación “serios” y “expertos” economistas, la del libre mercado.

No logran entender lo que ha pasado. Se agarran la cabeza pensando en lo estúpidos que deben ser quienes votaron por la otra opción cuando el país navega rumbo al paraíso bajo la conducción de un gobierno serio, el de los mejores, de excelencia, que en aguas turbulentas, ha logrado un crecimiento sostenido, una inflación controlada, y altos niveles de empleo. Convencidos están que el país se ha farreado la oportunidad de darle continuidad a una política y un modelo admirado en el mundo entero, pero rechazado en nuestro querido chilito.

Y como para obviar la envergadura de la derrota, y la contundencia de la victoria de Michelle, inapelable y sin parangón en las últimas décadas, en tres elecciones sucesivas, los perdedores buscan poner el acento en el fenómeno de la abstención. Incluso más, han tenido la osadía de pretender llevar agua a su molina por la vía de puntualizar que ella sería una señal de que la gente está contenta, que no quiere grandes cambios, y que por lo mismo, no le pareció importante ir a votar.

En Chile, siempre ha habido abstención, lo que ocurre es que ella se transparentó, se sinceró, por la vía de la inscripción automática y el voto voluntario. En el pasado, se expresaba en lo fundamental por la vía de la no inscripción, una suerte de abstención perpetua. Ahora en cambio, ella se ha puesto sobre la mesa, descarnadamente, y su magnitud es similar a la de otros países con mayor y similar nivel de desarrollo al nuestro, como es el caso de Suiza y Colombia. No hay nada nuevo bajo el sol como se nos quiere aparecer.

Por otra parte, la abstención no tiene una única cara: puede ser reflejo de una elección con un muy bajo grado de incertidumbre, donde desde la propia derecha se oían voces de que era carrera corrida para la oposición; de quienes consideran que es perder el tiempo ir a votar porque sienten que en lo personal no ganan nada; de quienes rechazan lo que llaman el duopolio; de quienes han dejado de soñar y caído en el cosismo, el individualismo, el descreimiento; del encumbramiento del poder económico-financiero y el relegamiento del poder político a un rol irrelevante.

En todo caso, un elevado nivel de abstención es un problema que debe ser abordado con altura, relevando lo público respecto de lo privado, el bien común, la ética en nuestro comportamiento diario con nuestros semejantes, educando y formando, no para competir desaforadamente, sino para colaborar, compartir, integrar y construir juntos, sin discriminar, sin segregar, sin abusar. Esto es lo que hay que rescatar del holgado triunfo de Michelle.

diciembre 13, 2013

Rankings: lo bueno y lo malo

Los rankings parecen vivir tiempos de gloria en medio de una aparente creciente competitividad. Aparente porque muchas veces la realidad no es lo que parece; creciente, porque se nos hace creer que los mercados son cada vez más competitivos. Sin embargo, no deja de ser una paradoja que los distintos mercados están siendo cubiertos cada vez por menos empresas: cientos de farmacias han ido desapareciendo en beneficio de unas pocas cadenas que se dan el lujo de coludirse; las decenas de bancos existentes en un pasado no remoto, algunos de ellos de carácter regional, entre ellos el de Talca, Osorno y La Unión, han sido absorbidos por grandes bancos que operan ante indefensos consumidores, ya sea por la existencia de letra chica, como por la mala educación de consumidores incapaces de leer, descifrar e interpretar la letra chica que acompaña toda documentación donde uno tiene que poner su firma o su huella.

En este contexto, los rankings hacen su agosto, simulando una competencia que de tal, tiene muy poco. Un ranking no es bueno ni malo per se, pero no es neutro. Depende del ranking. Un ranking no es más que un ordenamiento de un conjunto de elementos –que pueden ser farmacias, alumnos, bancos, universidades, establecimientos comerciales, etc.- en base a los valores que asume algún criterio, variable o atributo, o conjuntos de criterios, variables o atributos específicos. Todo ranking aspira comparar los elementos en cuestión, sean estas universidades, farmacias o bancos. Pero solo tiene sentido comparaciones entre “iguales” o “similares”, sobre todo cuando se trata de comparar resultados. En caso contrario, los rankings lo que hacen es inducir sesgadamente la toma de decisiones.

A modo de ejemplo es un despropósito comparar los resultados SIMCE o PSU de establecimientos cuyos alumnos provienen de establecimientos municipales con aquellos que vienen de colegios particular pagados de La Dehesa o Las Condes. Es como comparar peras con manzanas. Además de que no se le pueden pedir peras al olmo.

Recientemente tuve el privilegio de hacer un ejercicio en un taller con un significativo grupo de profesionales, respecto de lo bueno y lo malo de los rankings. Los resultados fueron sumamente ilustrativos. Entre lo malo, se identificó su tendencia a:
  • La exacerbación de la competencia entre componentes no siempre iguales en entornos donde la cooperación debiese ser un valor, como es el caso de los ambientes educacionales;
  • La segregación, marginando a unos y seleccionando a otros, con miras a “mejorar” una posición;
  • La generación de prejuicios entre quienes se guían por los rankings sin preocupación respecto de la fórmula de cálculo empleada ni de la validez de los datos que los sustentan;
  • Su manipulación por parte de los interesados en mostrar los rankings que los favorecen y ocultar los que no los favorecen; y
  • La potenciación de un modelo de sociedad –político, económico, social y cultural- neoliberal.

Pero junto con lo malo, también se identificó lo bueno de los rankings, destacándose la posibilidad de:
  • Una visualización de una particular realidad en torno a un tema en particular;
  • Una comparación orientada al mejoramiento;
  • La adopción de decisiones orientadas a superar debilidades y la correspondiente focalización de acciones a emprender;
  • La verificación de los progresos o retrocesos en relación a terceros o a si mismo en el tiempo.

Recientemente, el Ministerio de Educación ha propuesto una nueva metodología para la determinación del arancel de referencia, que tiene como característica central tomar en consideración la empleabilidad del profesional que egresa del establecimiento. ¿Qué relación tiene esto con el tema de los rankings?

Nelson Mandela


Mi modesto homenaje a Nelson Mandela: una vida memorable ....

diciembre 12, 2013

Votar o no votar

Este domingo es la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile y las opciones que se tienen por delante abstenerse, votar nulo o en blanco, o por una de las candidatas en carrera. Entre mis amistades tengo de todo, no distribuidos uniformemente, pero tampoco parapetados en una única postura.

Quienes no voten, que muy probablemente sean los más, y de hecho probablemente la señora “abstención” sea la candidata ganadora, lo harán por los más diversos motivos. Están aquellos que no habían estado inscritos, como una manera de hacerle el quite al voto obligatorio, hasta que vino la inscripción automática y voto voluntario, como aquellos que votaban porque en su momento se inscribieron y ahora aprovechan que el voto dejó de ser obligatorio.

Se abstienen quienes a la fecha tienen más motivos para no votar que para lo contrario. Los motivos van desde que “votar no me cambiará la vida” hasta el rechazo a lo que llaman el duopolio que el sistema electoral binominal ha generado o el rechazo a la política en general, tal cual se expresa, o a lo que denominan la clase política.
Efectivamente, un voto no cambiará la vida de nadie, pero muchos votos sí pueden cambiarla. Tal como un grano de arena no da origen a una montaña, muchos granos de arena si la generan. Uno es parte de un todo. Si todos votamos podemos orientar al país hacia los objetivos que se aspiran.

No votar por oposición al duopolio Concertación-Alianza, es quedarse atrapado en un pasado que quedó atrás. Ni la Concertación ni la Alianza existen actualmente, pues han quedado sobrepasados. Una y otra coalición cumplieron un ciclo histórico, uno para derrotar a la dictadura, y el otro para defender su legado. Ambas coaliciones cumplieron exitosamente su misión: la Concertación derrotó, no solo electoralmente a la dictadura, sino que culturalmente. La Concertación es fruto de la rebeldía, del rechazo a los atropellos a los DDHH, de la promoción de las libertades políticas y de la resolución civilizada, no militarizada de los conflictos. Hoy por hoy, estas ideas ya están fuertemente instaladas mayoritariamente en la sociedad. A pesar del desprestigio de la clase política, son pocos los que piensan en volver atrás, en la necesidad de un “nuevo Pinochet”.

Por su parte, la Alianza logró mantener incólume la defensa de su legado, el modelo económico que tenemos, donde la sociedad se confunde con un mercado en todos los ámbitos, incluidos el de la educación, la previsión y la salud, convertidos todos ellos en bienes de consumo.

Las mayorías que ha tenido la Concertación fueron suficientes para reducir la pobreza, pero no para reducir las desigualdades y la precariedad de la vida diaria por parte de quienes han logrado escapar de la pobreza, pero que en cualquier momento pueden volver a caer en ella. El modelo político-económico que tenemos requiere cambios sustantivos, de envergadura, que pongan fin a los abusos, que miren más las externalidades positivas que generan gozar de una buena educación, una buena salud, una buena previsión. Quienes no votan, no contribuyen en nada a tales cambios, que solo son posibles con grandes mayorías.

Esto no significa que votando se aseguren tales cambios, pero sí asegura que sean más probables, y sí asegura que los cambios que muchos desean no se produzcan. Es una suerte de profecía autocumplida. No voto, porque no va a pasar nada, lo que efectivamente ocurrirá al no votar. Si la mitad del país no vota, por más mayoría que tenga quien triunfe en las elecciones, no tendrá las espaldas suficientes para tomar las decisiones que muchos de quienes no votan quisieran. A modo de ejemplo, si la candidata ganadora lo hace con un 60% de los votos, pero solo votó la mitad de quienes están habilitados para votar, significa que del universo electoral, solo un 30% votó por ella. Entonces, ¿con qué respaldo podrá emprender las acciones que muchos de quienes no votan aspiran?

En democracia, el voto es el instrumento clave, no la voz de la calle. La calle sirve para complementar, para expresarse, pero ningún gobernante puede adoptar decisiones en base a lo que diga la calle y a espaldas de quienes fueron elegidos, en tanto estos representan a las mayorías expresadas en las urnas. La voz de “la calle” tiene sentido en la medida que “la calle” vote, en caso contrario se transforma en un poder fáctico, como todos aquellos que repudiamos. Solo que en vez de estar en la sombra, lo hace a cara descubierta o encapuchado. La voz de “la calle” tiene sentido cuando quienes nos representan en las instituciones que se ha dado la democracia, no cumplen lo que prometen, o no estamos debidamente representados, lo que en cierta manera ocurre con el sistemita electoral que tenemos.

Por todo lo expresado, mi decisión es votar e invitar a votar a quienes lean estas líneas. Tengo la convicción de que no votando es más probable que las cosas se den como no quiero que se den.

No votaré por Evelyn ya sea porque no comulga en mi parroquia, como porque no me gusta quienes se visten con ropaje ajeno. Pretender ganar con un eslógan como “por un país más justo” cuando el modelo que preconiza tiende a exacerbar la injusticia, la segregación, y que por lo demás sus ideólogos no visualizan negativamente porque la encuentran consustancial a la naturaleza humana, me parece un despropósito. Y para rematarla, ahora habla de “cambios revolucionarios” en circunstancias que su sector ha sido el muro de contención de tales cambios que denomina como “revolucionarios”. Se equivoca si cree que los abusos se podrán eliminar bajo el modelo económico desregulado que tenemos. No quiero tener una gata a cargo de la carnicería.

Por lo expuesto, mi voto será por Michelle. Respeto a quienes desconfían, no se hacen muchas ilusiones, a quienes no voten por Michelle, quienes lo harán por motivos más que plausibles. Sin embargo, mi opción es Michelle. Lo es por los más diversos motivos, por trayectoria de vida, le creo, le tengo confianza. Me fío más de sus dudas que de las certezas de Evelyn. Michelle es buena onda, tranquila, humana, acogedora, cree en lo que yo creo, sabe que el país necesita otro rumbo, más cooperación, menos competencia desenfrenada, más y mejores trabajos, menos precariedad, un país a escala humana. Sabe que entre todos y todas podemos, sin exclusiones. Guardando las proporciones, siento que Michelle representa lo que Mandela representa a nivel mundial.

Voto por Michelle porque para hacer lo que hay que hacer, necesita una victoria contundente, abrumadora, que la empodere, que le de fuerza. No se trata de dar vuelta el país, se trata de enderezarlo! Una vez más se trata de decidir en torno al país que queremos.

En consecuencia, voto, e invito a votar este domingo por Michelle, con alegría, con esperanza, con fe de que “si, se puede”.

diciembre 05, 2013

LLueve sobre mojado

A la candidatura oficialista de Evelyn parece lloverle sobre mojado todos los días. A lo largo de la campaña no le han faltado las malas noticias. Le sobran por uno u otro motivo, sin parar, como si de una mala racha o de una confabulación se tratara.

No resulta fácil encontrar las razones para explicarse el actual estado de la campaña de Evelyn. No resulta fácil a la luz de las cifras que se manejan desde las esferas de gobierno. Crecimiento sin parangón, inflación bajo control, negocios florecientes, bajas tasas de desempleo rayanas en el pleno empleo. Esta triada no la tiene cualquier gobierno. De allí que se agarren de la cabeza frente a la posibilidad de que se les escape el control del próximo gobierno que emergerá de las urnas en los próximos días.

Desafortunadamente para sus adherentes, la sarta de errores no forzados, junto con algunos forzados ha conducido a la candidatura de Evelyn hacia una suerte de crónica de una derrota anunciada.

Entre los primeros se cuentan las bajadas y subidas de candidatos. Evelyn no es sino la culminación de esta serie que se inicia con la subida de Golborne por parte de la UDI, animada por competir en el plano de la simpatía o la sonrisa, y que a poco andar se desploma ante las denuncias de intereses usureros en la empresa donde oficiaba de gerente, y que se remata con la denuncia de sus depósitos en paraísos fiscales.

Ad portas de las primarias presidenciales cunde el pánico en la UDI, y en un dos por tres, lo bajan, y suben a Longueira, cuya máxima aspiración desde hace años no era otra que ser candidato a la presidencia de la nación.

Logran ganar a Allamand en las primarias, cuando para sorpresa de todos, la candidatura de Longueira se desploma al más puro estilo de la extinta Unión Soviética. La razón oficial, un cuadro depresivo que nadie logra explicarse razonablemente, en una persona que llevaba más de 30 años metido en la cosa política. Con este sustrato, vetado Allamand por parte de la UDI, emerge como candidata de última hora, también en un dos por tres, Evelyn. La nomenclatura de la UDI, los eternos coroneles, la proclamó entre gallos y medianoche.

Los resultados de la primera vuelta no hicieron sino confirmar lo que se temía. El premio de consuelo, lograr entrar a una segunda vuelta, con el paso de los días, y a medida que se aproxima la fecha, amenaza con ser más un castigo que un premio propiamente tal. Desde entonces, todo parecen manotazos de ciego. Desde la creación del observatorio judicial para ocultar las responsabilidades de gobierno en materia de seguridad ciudadana, hasta la invocación de catástrofes bíblicas si los evangélicos osaran votar por su contrincante.

La afonía de la que ha sido afectada, adportas de los debates con los que desde siempre ha soñado, no hace sino poner un broche de oro a lo que ha sido una campaña donde han sobrado las zancadillas desde la propia derecha. Emblemáticos candidatos de su sector que ganaron las elecciones parlamentarias, resuelven irse de vacaciones, dejándola al garete; o una candidatura presidencial más afín a su sector, Parisi, que la trata como una mujer “mala”, en contraposición a Michelle, a quien no duda en visualizar como una “dama”. Y un senador de la coalición que la respalda, que en la primera vuelta le negó su respaldo, ahora afirma que sus ideas de gobierno las ve más cercanas a la candidatura de la Nueva Mayoría. Y ahora, uno de los candidatos alternativos, Sfeir, entusiastamente, resuelve respaldar a Michelle en esta segunda vuelta.

La derecha, como dando por perdida la elección, sin pudor alguno, ya está levantando candidatos para la elección presidencial de cuatro años más. La única incertidumbre que aparece en el horizonte sería el del nivel de abstención. Un alto nivel de abstención si bien no deslegitima al ganador, lo debilita porque lo hace menos representativo de la totalidad de la población. De allí que un gobierno que emerge con una mayoría absoluta con bajo nivel de abstención, lo hace debidamente empoderado para implementar las transformaciones que el país pueda estar demandando.

noviembre 28, 2013

Cabalgando hacia el abismo

Todos los días, Evelyn se empecina en poner temas sobre la mesa. Así como un día fue el del observatorio judicial destinado a seguirle la pista a los fallos de los jueces, como una forma de blanquear el fracaso del gobierno en aquello que tanto había criticado a los gobiernos anteriores, ahora está emprendiendo una cruzada fundamentalista, afirmando en la Catedral Evangélica que, si es electa, “no se hará nada que vaya en contra de lo que la Biblia señala”.

La causa de esta cruzada en que se ha empeñado, recuerda a campañas del terror: la de los comunistas comiéndose las guaguas en tiempos de Allende, y la del caos que generaría el triunfo del No en el plebiscito del 88 y el advenimiento de los gobiernos de la Concertación en los 90. Quienes implementan estas campañas, por una extraña casualidad, son los mismos que no trepidan en hacer lo suyo: torturar, exiliar, perseguir, desaparecer, verbos que conjugan al revés y al derecho. Se trataría de atemorizar, de pasar gatos por liebres.

Uno se pregunta: ¿para qué incurrir en estas cruzadas de terror? Pregunta que nace porque estas campañas no han dado resultado, por el contrario, han sido nefastas para quienes incurren en ellas. En otra de sus expresiones dignas de un bronce, Evelyn sostiene: “cuando tú estás en el templo con personas que son muy profundamente religiosas hablarles de la Biblia es la forma más fácil de que entiendan cuáles son las posturas nuestras, y ellos lo entendieron muy bien”. Y como para rematarla, afirma que “lo que estábamos hablando ahí con los evangélicos era básicamente de los temas que les importan muchísimo sobre el aborto y el matrimonio homosexual. Yo, en ese sentido, ya había expresado claramente cuál era mi posición hace mucho tiempo”. Esto, para reafirmar su postura de rechazo al aborto y al matrimonio homosexual.

Entre las frases para el bronce que Evelyn ha sacado a relucir durante esta campaña, en una suerte de cruzada fundamentalista destaca aquella donde afirma que "Ustedes saben que Dios pone a los gobernantes y Dios los saca". O sea, a Pinochet lo puso y lo sacó Dios; ¿a Allende también? Y como para rematarla, nos invita a involucrarnos y parar el desastre que se nos vendría encima si es que no votan por ella cuando sostiene que “si el día de mañana tenemos un país absolutamente laico no lloren, cuando no han tratado de parar este movimiento, cuando podían hacerlo durante su voto”. En síntesis, esquizofrenia total.

El tema es más profundo, más complejo, y merece un análisis y una reflexión menos simplista, menos demagógica. Nadie aborta por el gustito de abortar, ni se es homosexual por opción. Así como nadie se divorcia por el gusto de divorciarse. Todos nos casamos con la intención de hacerlo para siempre, pero las circunstancias, la cruda y dura realidad, a veces es más fuerte. Eso lo saben no pocos en la propia derecha. No se puede tapar el sol con el dedo. Es hora que a la derecha, y a Evelyn, su abanderada, le caiga la teja. Dios no merece que juguemos con Él, ni que lo manipulemos.

Es hora que respetemos a creyentes y no creyentes, que nos respetemos todos y no hagamos caricaturas de nuestros sentimientos y valores. Los valores de la Biblia están suficientemente resguardados en la conciencia nacional, y quienes alguna vez han actuado en contra de dichos valores no están entre quienes no están con Evelyn, sino que entre quienes la sostienen y respaldan.

noviembre 22, 2013

Turbulencias electorales

Si bien el inicio de la semana estuvo marcado por los resultados de las elecciones y sus consecuencias, la guinda de la torta la puso un senador de RN al cruzar la frontera y sostener una reunión, de carácter público, con la abanderada presidencial de la Nueva Mayoría (NM).

A poco andar, la alegría de la derecha por haber logrado llegar a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, se vio opacada por los pobres resultados en las elecciones parlamentarias. Si bien la NM no arrasó, como se temía, cuenta con un buen piso para acometer algunas de las transformaciones a las que aspira.

Por otra parte, cuando la derecha se sentó a analizar los resultados, pudo constatar que se está ante una misión imposible: remontar los más de 20 puntos que separan a Evelyn de Michelle. Con un 46%, Michelle está a 4 puntos de ser presidenta electa, en tanto que Evelyn está a 25 puntos. Los candidatos que quedaron a la vera del camino hacia la presidencia sumaron un 29%, de los cuales dos candidatos, Parisi y Marco, concentraron del orden del 21%.

Por tanto, a Michelle le basta capturar un 4% del total de los votos de estos candidatos, en tanto que Evelyn necesita un 25%. Esto significa que de cada 100 votos que en la primera vuelta fueron para los otros candidatos, Michelle solo necesita 14 de ellos para ganar, mientras que Evelyn necesita a lo menos 86 de esos 100 votos. Cabe destacar que estos 100 votos fueron a candidatos cuyas posturas son mucho más lejanas a la visión de país que tiene Evelyn, y más cercanas a las de Michelle.

Un escenario que me atrevo a bosquejar, y que no creo que pueda ser catalogado de optimista ni pesimista, sería el siguiente: quienes votaron por Michelle y Evelyn en la primera vuelta, volverán a hacerlo por las mismas candidatas; quienes votaron por los otros candidatos, que ahora lo hagan en partes iguales por una u otra candidata, esto es que se distribuyan equitativamente; y que quienes no votaron en la primera vuelta, tampoco lo hagan en esta segunda vuelta. Bajo este escenario gana Michelle con un 60%, quedando Evelyn con un 40%. Incluso puede ser peor, porque si dos de cada tres que votaron por los otros candidatos vota ahora por Michelle, el resultado puede llegar a ser de 65% versus 35%. Igual de lapidario sería el resultado si quienes no votaron por Michelle ni por Evelyn, se quedan en la casa y no votan en la segunda vuelta.

En este contexto, un análisis desapasionado de los resultados de la elección, debiera haber invitado a Evelyn a deponer su candidatura, reconociendo los más de 20 puntos que la distancian de Michelle. Por algo, en otros países la segunda vuelta está condicionada no solo a tener más del 50% de los votos, sino a que la diferencia entre el primero y el segundo sea de menos de 20 puntos, y de esta forma evitar el desgaste de una segunda vuelta con un resultado más que predecible.

La reacción de los personeros más centrados de la derecha, lo confirman. Tanto Ossandón como Allamand se fueron de vacaciones, en tanto que Horvath se está allanando a conversar con Michelle.

Ahora, la derecha arriesga una derrota de proporciones, mayor a la que ya experimentó el domingo pasado. Mal que mal, mientras más alta sea lo votación que obtenga la candidata que emerja como presidenta electa el próximo 15 de diciembre, mayor será el voto de confianza que la ciudadanía le otorgue para implementar su programa, y más inhibidos se verán los parlamentarios recientemente electos para obstaculizar su cumplimiento.

noviembre 18, 2013

La realidad del día después

La semana pasada intenté prever las caras que sobrevendrían el día después de las elecciones en base a las expectativas que cada una de las candidaturas presidenciales tenían ad portas de los comicios. Si bien el partido no ha terminado, dado que habrá un alargue, porque hay segunda vuelta, el poco incierto panorama, sigue incierto, pero menos incierto. Sin perjuicio que existen otros indicadores –n° de votos, porcentajes, n° de diputados, senadores, cores elegidos, analicemos lo ocurrido a la luz de lo que denominamos el indicador clave, las expectativas que cada una de las candidaturas tenían.

La buena noticia para Evelyn, es que hay segunda vuelta, y que su abanderada logró posicionarse como segunda. Versiones apocalípticas aventuraban que ni siquiera llegaba segunda. Tales versiones se comprobaron falsas. La mala noticia es que la distancia con Michelle se ve irremontable: una distancia de más de 20 puntos porcentuales que nadie sabe de dónde puede sacar.

Para Michelle ver frustrada su expectativa de ganar en primera vuelta es una mala noticia. Era su aspiración, ambiciosa por cierto, pero era lo que se aspiraba, “hacerla cortita”. Hay alargue. La buena noticia es que tiene prácticamente asegurada la victoria en la segunda vuelta de no mediar un cataclismo de proporciones, e incluso por una diferencia que podría ser de una contundencia sin precedentes. Mal que mal, los programas o las ideas de los candidatos que quedaron en el camino son más afines a la candidatura de Michelle que de Evelyn.

La aventura de Parisi, quedó en eso, un tiro al aire que metió ruido, pero que no logró alterar la historia, que era su objetivo. Falló en salir segundo, quería estar en el alargue, para la segunda vuelta. No lo logró, a lo más revolvió el gallinero, movió el esqueleto.

Marco tuvo que ir cambiando de objetivo sobre la marcha. Cuando partió lo hizo con la intención de provocar una segunda vuelta y salir segundo, como en las elecciones presidenciales del 2009, ahora el piso del 20% obtenido entonces, y el respaldo de un partido, el PRO, creado con ese propósito. La irrupción de Parisi terminó por alterar ese objetivo, forzándolo a pelear ya no el segundo lugar, sino que la tercera posición. A duras penas lo logró, y con la mitad de los votos de cuatro años atrás, un 10%.

Los restantes candidatos, que tan solo sumaron menos del 7%, no tenían expectativa alguna. Solo los animaba entretener el almanaque, parar el dedo, figurar en la papeleta y en el debate de ANATEL. De ellos llaman la atención las menguadas votaciones de Ricardo y Marcel, así como los testimonios de Roxana y Alfredo Sfeir. Roxana, por dar cuenta de una realidad, la de los que quedan fuera del sistema, de una marginalidad lacerante que el país no quiere ver; y Sfeir, por proveer una mirada sistémica, holística que harta falta nos hace, capaz de interrelacionar entre sí, la salud con la alimentación, la vida humana con la naturaleza que nos habita.

En síntesis, quienes se fijaron objetivos ambiciosos, se vieron frustrados, no así quienes se fijaron objetivos modestos, como es salir segundo o tercero, vieron cumplidos sus sueños.
Moraleja: fijarse objetivos aterrizados son más fáciles de ser alcanzados que aquellos que terminan siendo más sueños que objetivos propiamente tales.

Lo que viene, es para otra columna.

noviembre 13, 2013

Las expectativas

El escenario que se abre a partir del día siguiente de toda elección es siempre una incógnita. Previamente siempre habrá favoritos, los cuales por lo general se confirman, pero nadie tiene clavada la rueda de la fortuna. Hay más o menos incertidumbre, como en el fútbol, la que se despeja solo una vez terminado el partido, esto es, escrutadas la totalidad de las mesas. Imposible descartar batacazos, aunque sean altamente improbables.

Y ello es así porque al fin y al cabo, la decisión última la tiene cada uno de los votantes, a ello se agrega que ahora hay menos información que en el pasado, tanto respecto de cuántos y quiénes votarán. Con la llegada del voto voluntario el escenario se complicó. Antes era mucho más fácil hacer pronósticos.

No obstante, muchos aventuran, anticipan resultados, lo que parece explicarse esencialmente por los estados de ánimo de las partes en disputa. Curiosamente, en esta ocasión, moros y cristianos parecen coincidir en los resultado clave, esto es, quien obtendrá la victoria este domingo en la elección presidencial. A estas alturas los batallones tras las candidaturas estarán preparando sus argumentos para transformar derrotas en triunfos y viceversa.

El indicador clave en este minuto, más allá del n° de votos, reside en la expectativas de los distintos candidatos, partidos, coaliciones. Por el lado de la Alianza por Chile, su esperanza reside en forzar la segunda vuelta, objetivo modesto, pero realista: modesto porque después de haber accedido al gobierno por primera vez en 20 años, lo razonable hubiese sido una reelección sin mayores dificultades, sobre todo si se consideran los logros proclamados urbi et orbi una y otra vez desde el propio gobierno; y realista, porque los desatinos y errores cometidos a lo largo de la campaña no difícilmente podrían ser mayores.

Por el lado de la Nueva Mayoría, la expectativa está en ganar en primera vuelta para evitar una segunda vuelta que se ve cantada e innecesaria, por el despilfarro financiero que implicaría tener un mes más de campaña llena de consignas y sloganes sin contenido, y por último, porque introduce un factor de riesgo. Esta expectativa está instalada aún cuando se sabe que con 9 candidatos en carrera y un gobierno jugándosela sin disimulo alguno. A nivel parlamentario aspiran tener una mayoría parlamentaria, aunque no sea suficiente para tener los quórums calificados, pero que le permita meter presión para algunas de las reformas que aspiran desarrollar.

La expectativa de Parisi es desplazar a Evelyn del segundo lugar, con independencia de si hay o no segunda vuelta, en tanto que la del ME-O, no quedar relegado a un cuarto lugar por un candidato novato como Parisi, en circunstancias que el ME-O ya fue candidato en las elecciones pasadas. Los restantes sospecho que ya se dan por pagados con haber dado a conocer sus nombres, denuncias y/o propuestas.

En consecuencia, el día después debiéramos ver caras largas tras:
  • Michelle si no gana en primera vuelta;
  • Evelyn si no hay segunda vuelta o no sale segunda;
  • Parisi si no le gana a Evelyn; y
  • ME-O si saca menos votos que Parisi.

Sin embargo, lo más probable que las caras largas se oculten y todos se saquen el pillo con explicaciones mefistofélicas. En el caso de Michelle se apelará a la irremontable distancia con quien haya salido segundo o segunda; en caso de Evelyn, hará referencia a los doblajes parlamentarios que se lograron impedir; Parisi calificará como gran victoria la cantidad de votos alcanzada considerando que tras él no hay partido ni estructura alguna; y el ME-O no sé qué culebra sacará en caso que retroceda al cuarto lugar. Sin embargo, doy por descontado que, salvo quien haya efectivamente ganado, el día después veremos sonrisas mal disimuladas.

noviembre 06, 2013

El observatorio judicial


Desde las altas esferas de gobierno y de la candidatura de Evelyn, pareciera que a algún experto comunicacional no se le ocurrió nada mejor que lanzar, en plena campaña electoral, la brillante idea de crear un observatorio judicial. Como para darle respiración artificial a una candidatura presidencial agonizante y mal parida.

Con esta iniciativa, la derecha busca recuperar el control de la agenda pública y contrarrestar el fracaso en materia de seguridad ciudadana. La derecha ha caído en su propia trampa. A todos nos persiguen esos carteles que para la anterior contienda electoral presidencial circulaban por todo el país, donde nuestro actual presidente anunciaba que con su llegada, la delincuencia sería barrida. El slogan no pudo ser más puntudo al afirmar que con él se acabaría la fiesta de la delincuencia. Además afirmaban que le pondrían fin a la puerta giratoria.

Por desgracia, hoy, a cuatro años del slogan, la fiesta continúa. Por más que se quieran buscar, las políticas en esta materia han sido de fracaso total. Y el gobierno, en coordinación con su abanderada presidencial, cuya sonrisa se visualiza cada vez más amarga, en vez de hacer un mea culpa, de reconocer errores, de sembrar expectativas imposibles de cumplir, no haya nada mejor que echarle la culpa al empedrado.

Ahora la abanderada de la derecha, Evelyn, ha descubierto que la fiesta de los delincuentes continúa gracias a los jueces, a sus fallos, y no al gobierno. Sin embargo, años atrás la responsabilidad se la achacaban al gobierno. ¿En qué quedamos?

La propuesta de crear un observatorio judicial suena interesante y difícilmente podríamos oponernos a una iniciativa si ella apuntara a transparentar los fallos, los votos, sus fundamentos por parte de los jueces. Sin embargo, en el ambiente flota la duda si el objetivo no es otro que el de intimidar, influir en el actuar de los jueces, violando su autonomía. Como en tiempos dictatoriales, ahora en vez de un seguimiento a los extremistas, marxistas y humanoides, ahora se trataría de hacer un seguimiento a los jueces.

Por lo demás, la información que este “observatorio” manejaría ya está disponible, ya es pública, y cualquier ciudadano que sepa leer y escribir puede acceder a ella. Quizá habría que facilitar el acceso a esta información, pero para ello no es necesario crear un observatorio. En otros países existen observatorios como el que se pretende crear, pero con un objetivo distinto al pregonado por el gobierno, que no es otro que el de fiscalizar a los jueces, esto es, “monitorear” su comportamiento, y por lo general son organismos no gubernamentales, para evitar la mano mora gubernamental y se atente contra la autonomía de los jueces.

En síntesis, me da la sensación que se trata de una volada, un fuego artificial, para emborracharnos la perdiz, conducente a ocultar el fracaso de una política de gobierno que apunta a meter a la cárcel a medio Chile y dejar sueltos a los que sí deben secarse en la cárcel, los abusadores de cuello y corbata.


Toda política de seguridad ciudadana está condenada al fracaso si no apunta hacia las causas más profundas de la delincuencia: la pobreza, la pérdida de valores, la desigualdad.

octubre 30, 2013

Lo que está en juego


La reacción oficialista ante la publicación del programa de gobierno por parte de Michelle no se hizo esperar. Cuál hienas al acecho de su presa, esperaron horas, días, semanas, para lanzarse con tutti con miras a descuartizarlo. No necesitaron ni leerlo porque el hambre pudo más.

No se podía esperar otra cosa. La ansiedad los corroía. Era la fase en que querían entrar para salir del letargo, del derrotismo, la fase de la esperanza. No obstante, es poco probable que esta estrategia tenga éxito, tanto porque la población pareciera tener una opinión ya formada, con independencia del programa, como porque su contenido no arroja mayores sorpresas. Los resultados de las encuestas lo confirmarían.

La confusión desde el gobierno es total cuando el Ministro del Interior afirma: "lamentamos lo que hemos conocido del programa presidencial de la candidata Michelle Bachelet. Lo lamentamos porque hoy día tenemos un país que va a avanzando, que se está desarrollando, que ha sido capaz de crecer, ha sido capaz de crear empleos, dar mejores remuneraciones, de ir por el camino correcto para poder avanzar".

Se equivoca, porque en ninguna parte del programa se desconoce que el país avanza, se desarrolla, crea empleos, da mejores remuneraciones, pero desgraciadamente lo hace por el camino incorrecto: acentuando la desigualdad, la segregación. La inmensa mayoría del país no está contento con el país que estamos construyendo. Ese es el punto medular. O transitamos por el modelo que nos rige, un modelo de progreso para unas minorías, o cambiamos de rumbo hacia un modelo de progreso para las mayorías, de menor desigualdad y segregación. Ese es el punto.

Se equivocan cuando desde el gobierno y la derecha se cree que se puede seguir creciendo con las grotescas diferencias de ingreso que tenemos. Este camino es insostenible, lo que explica la imperiosa necesidad de cambia de rumbo.

El mismo ministro, Chadwick, también objeta que "en el programa de Michelle Bachelet no hay ninguna palabra en contra de los encapuchados y favor del proyecto de ley para hacer más severas las penas y las acciones de la policía contra los encapuchados. Ahí vemos una debilidad muy importante". ¿En qué planeta vive? Ellos, los mismos que para llegar al gobierno prometieron terminar con la fiesta de los delincuentes en base a represión, hoy no pueden sino irse con la cola entre las piernas: los niveles de inseguridad de la población en el día de hoy son mayores que ayer. Los delincuentes no están de fiesta, sino que de carnaval! ¿Porqué? Porque la mirada desde la derecha es demasiado simplista, burda, que los lleva a creer que se resuelve con represión, con endurecimiento de penas, con legislación antiterrorista, con más policías, con un Estado policial. La mirada desde el centro y la izquierda es más holística, global, apunta a las causas últimas de los problemas que nos afligen, antes que a sus consecuencias. No se limita a la venta del sofá de Otto.

Por su parte, la candidata del oficialismo aprovechó de llevar agua a su molino con una declaración para el bronce: "el proyecto nuestro apunta a la Alemania de Merkel, el proyecto de ellos apunta a la Alemania del muro de Berlín". Si conociera Alemania se percataría que su proyecto no tiene nada que ver con el de Merkel, así como el de Michelle no tiene nada que ver con el de la Alemania del muro de Berlín. Por el contrario, el programa de Michelle se asemeja mucho más a la Alemania de Merkel que el programa de Evelyn. Allá no se venden los parques al mejor postor como en Chile presionados por los apetitos inmobiliarios. Allá existe una concepción de lo público mucho más arraigada que acá. Allá la relación entre los dueños del capital y los trabajadores es de una naturaleza radicalmente distinta a la que tenemos acá, donde el modelito se basa en la sumisión del mundo laboral a los designios del mundo empresarial. La Alemania de Merkel es la de la CDU, la Democracia Cristiana alemana. Ello explica que la DC chilena esté con Michelle y no con Evelyn.

Por lo demás, todos sabemos que una cosa es lo que diga un programa, que expresa una voluntad de hacer lo que se dice o escribe, pero otra cosa, es lo que se pueda hacer. Y eso no depende solo de Michelle y de la coalición que la respalda, sino que de la correlación de fuerzas parlamentarias que emerja de las próximas elecciones. De no haber una mayoría parlamentaria contundente, difícilmente podremos esperar cambios como los que muchos esperan en el país. Cambiar el modelito que tenemos no es broma: la institucionalidad vigente exige mayorías sustantivas que el binominalismo dificulta severamente. Eso pareciera no entenderlo las candidaturas alternativas que lanzan ideas al voleo como si esto fuese un juego. Otra cosa es con guitarra.

A modo de ejemplo, en el ámbito educacional, lo más sustantivo que propugna Michelle es terminar con el lucro, esto es, que la educación deje de ser un negocio. Tendremos un Congreso que lo hará posible? También piensa allegar más recursos, lo que implica una reforma tributaria. Tendremos un Congreso que lo hará posible? En lo político postula cambiar la Constitución nacida en dictadura y que hasta la fecha solo se ha podido reformar en todo aquello que la derecha admite. ¿será posible cambiarla con el parlamento que salga de estas elecciones? Lo mismo vale en lo que se refiere a las relaciones laborales, la salud, la previsión. Difícil, muy difícil, pero de nosotros depende.

En fin, para qué seguir.

octubre 23, 2013

Arroz graneado

Estas elecciones están marcadas por la cantidad de candidatos presidenciales, dificultando con ello que el candidato electo emerja en la primera vuelta, puesto que la lógica indica que mientras más candidatos, más difícil se visualiza que uno de ellos alcance el 50% más un voto requeridos.

Sin embargo, observando el escenario, de los nueve candidatos, hay al menos cinco que difícilmente logren superar el 1%, con lo que en conjunto no sobrepasarán el 5%. Entonces uno se pregunta: ¿para qué postulan? ¿son postulaciones testimoniales? O ¿en qué planeta viven?

De los otros cuatro candidatos, el favoritismo se inclina claramente hacia Michelle. De hecho no hay dos opiniones al respecto, como lo prueba que la gran duda reside tan solo en si alcanzará el 50% en primera vuelta. Ello se explicaría porque hay un punto en el que Michelle no ha logrado ser superada por ninguno de sus oponentes: es la única candidata que emergió de primarias con una contundente votación. Evelyn es una candidata de carambola porque no surge de primarias, a pesar que la derecha se sometió primarias. Todas las dificultades que ha debido enfrentar tiene su origen en ese pecado original: nace de la depresión del ganador de la primaria y del veto al contendor por parte de la UDI. Los demás candidatos presidenciales surgen sin primarias, por iniciativa propia, o del Espíritu Santo, sin vivir el vía crucis que implica la llegada a la presidencia peldaño a peldaño. Son los candidatos chantas.

Marco Enriquez-Ominami ya vivió su minuto de fama en las elecciones pasadas cuando logró prender, pero en estas elecciones dejó de ser la novedad, que en estos momentos monopoliza Franco Parisi. Así como el MEO logró poner fin al ciclo concertacionista, abriendo cancha para que la derecha llegara al gobierno por la vía democrática, Franco parece destinado a boicotear su continuidad.

Afortunadamente, en términos políticos, en Chile a los aventureros no les suele ir bien. Los llaneros solitarios no logran ir más allá de un 20% cuando mucho. Tenemos el ejemplo de Fra Fra en los 90, que creó un partido para sí mismo, Unión de Centro Centro; el de Marco en la elección pasada, y que ahora creó el partido PRO que gira en torno a su figura; ahora quizá sea el minuto de Parisi, pero no llegará lejos. La propia Evelyn le está dando como caja. A lo más causará daño en el sector más afín a sus ideas, como fueron los casos del Meo y del Fra Fra. Todas candidaturas condenadas al fracaso en un país como Chile, a pesar del desprestigio que padece el quehacer político.

Con todo, la ciudadanía parece desconfiar más de los aventureros políticos que se las dan de independientes, que de quienes tienen un domicilio político; se desconfía más de candidatos de último minuto que de candidatos con trayectoria conocida. Algún grado de madurez pareciera que tenemos como para que la mayoría no quiera escuchar cantos de sirena. En política, rara vez hay atajos.

octubre 17, 2013

Camino hacia Brasil

Chile ya tiene pasajes para el mundial de futbol en Brasil. La clasificación no estuvo exenta de tropiezos, entre los que destacan la renuncia del loco Bielsa con motivo del cambio de directiva de la entidad rectora del futbol profesional, los desaguisados de algunos jugadores en tiempos del Bichi Borghi, su caída, y la nominación de Sampaoli como director técnico nacional.

La clasificación le hace justicia a un plantel de lujo, a un seleccionador como Sampaoli, de pocas palabras, sobrio, mesurado, que ha sabido sortear obstáculos y dirigir un plantel no exento de egos y figuras. Una clasificación que también le hace justicia a un país y que refleja los cambios experimentados en las últimas décadas.

Ya no somos los mismos de antes. Por eso nos clasificamos. Tenemos la ecuación perfecta: una generación dorada de jugadores y un entrenador que no se amilanan ante nada ni nadie y un entrenador de la misma escuela que el loco. Un obsesivo, un coach, un conductor, un orientador que logró revertir el bajón que nos pudo costar caro. Los dirigentes, dieron en el blanco cuando nominaron al pelao Sampaoli.

Este equipo está para cosas grandes. Los primeros 45 minutos ante Colombia lo retrató tal cual. Fueron minutos fueron celestiales, donde los jugadores parecían de otro planeta, como si jugaran de memoria, de toque, al ataque, sin parar, bajo el sofocante y húmedo calor de Barranquilla, de visita. Se fueron 3 a 0 al descanso, como para tocar el cielo. El cansancio, la confianza, el relajo pasó la cuenta. Al final se empató a duras penas, raspando, pero se conquistó un punto de oro que permitió llegar al último partido con las posibilidades intactas.

En Santiago, ante Ecuador, se vio otro partido. De más nervio, con más control, no tan desenfadado como ante Colombia, con el pie en el freno, más calculador, y por lo mismo menos espectacular, pero efectivo al 100 por 100. En un dos por tres, dos goles dieron la tranquilidad para festejar. Era imposible no clasificar con este equipazo, pero claro, no se podía cantar victoria. Había que esperar los 90 minutos, como en la política, hay que esperar los resultados que emerjan de las urnas. A veces el pan se quema en la puerta del horno.

Chile y los chilenos ya no son los mismos de antes. Los jugadores son reflejo de aquello. Se paran de igual a igual donde quiera que estén. Ya no entran arratonados a buscar el empate o a no perder por goleada. Esos tiempos se fueron, ojalá para siempre. Por el contrario, ahora salen desvergonzadamente a ganar con todo. Hay ambición. Y eso trasciende al futbol.

octubre 12, 2013

En la recta final

Estamos entrando a los 30 días finales de la campaña presidencial, parlamentaria, y ahora con el agregado de la de los consejeros regionales (cores). No sé si me estaré poniendo viejo, pero no recuerdo haber sido testigo de una campaña con tantos recursos, y tan pocas ideas, tan llena de frases hechas que no significan nada: me muevo por ti, síganme los buenos, sobran razones, etc.

Tan estúpidos somos como para que nos decidamos por mensajes sin contenidos, sin respaldos, sin evidencias? Y más encima, la mayoría esconde su domicilio político, en circunstancias que la elección es política. Todo esto en momentos que el país pide a gritos lo contrario: más transparencia, menos abusos; más generosidad, menos egoísmo; más competencia, menos monopolios; más regulación, menos trampas.

Las próximas elecciones se dan en un país cuando la conmemoración de los 40 años del golpe y los 25 años del triunfo del No en el plebiscito han dado lugar a recuerdos y reflexiones como nunca antes. Reflexiones que han remecido a todos, pero muy particularmente a la derecha y que la ha sumergido en una crisis existencial que hace prever un desastre electoral.

Por primera vez en todas estas décadas, la derecha ha tenido que mirarse a sí misma por la conducta adoptada antes, durante y después del golpe. El propio presidente, lo dijo con una crudeza brutal. Hizo mención a los cómplices pasivos, forzando a sus colaboradores a mirarse a sí mismos o mirar al techo; hizo mención a que quienes votaron por el Sí estaban equivocados; y para rematarla, ordena cerrar el penal Cordillera donde se encontraban los más conspicuos violadores de derechos humanos y el propio director de la policía secreta chilena.

No pocos lo han secundado, pero siguen siendo muchos los que se resisten a renegar de una dictadura cuyo propósito de exterminio opositor ya nadie osa desmentir.

Las nuevas generaciones y la apertura del país al mundo, están haciendo lo suyo. Hoy somos un país más abierto, más tolerante, pero aún nos falta mucho por conquistar. Persisten déficits en muchas áreas que el próximo gobierno no podrá escabullir: educación, salud, previsión, relaciones laborales, entre otras, son áreas donde se requerirán cambios significativos si queremos vivir en un país mejor. De nosotros depende levantar propuestas viables y creíbles para tener el país que queremos. Y eso pasa por votar, dejando de lado cantos de sirena.

octubre 07, 2013

El cierre de un penal

La decisión de cerrar el penal Cordillera por parte del presidente Piñera, sacó roncha, particularmente entre sus adherentes, quienes fueron los primeros sorprendidos. No es primera vez que Piñera sale con su domingo 7, puesto que con motivo de los 40 años del golpe, golpeó la cátedra al expresar que bajo la dictadura debía reconocerse que habían coexistido cómplices activos con cómplices pasivos. Nadie sabe cuál será su próxima movida.

Muchos afirman que se trata de una decisión adoptada con la mirada puesta en las elecciones presidenciales del 2017 para dar origen a una nueva derecha, que apunte a desmarcarse de la dictadura. No es tarea fácil, pero al país le haría bien el surgimiento de una derecha que reniegue de la dictadura, así como al país le ha hecho bien una izquierda que reniegue de dictaduras y que valore la democracia que en su momento no valorizó apropiadamente.

Con todo, cualquiera sea el interés que movió a Piñera, su decisión va en la dirección correcta, y el motivo aducido no admite discusión: la igualdad ante la ley. La crítica que se le hace respecto de la oportunidad, habría que hacérsela al Mamo, porque fue quien se la dio en bandeja al ser entrevistado por diversos medios de comunicación. La soberbia del Mamo, sus declaraciones, su trato al personal que tiene la responsabilidad de custodiarlo, delataron privilegios que no pudieron menos que sorprender al país. Mal que mal, el Mamo está condenado, y no por tribunales populares, sino que por los tribunales de justicia, siguiendo todos los procedimientos que le franquea la ley. Y condenado por delitos no menores: violaciones a los DDHH.

Hoy cuesta entender cómo fue posible que se construyeran cárceles especiales para violadores de los DDHH. Lo que hoy vemos parece un teatro del absurdo, puesto que el penal de Cordillera fue construido en tiempos de los gobiernos de la Concertación, y es cerrado por un gobierno de la derecha. Para explicar esto que parece inexplicable habría que irse a un contexto dado por tiempos donde no era tan simple encarcelar a quien fuera el mandamás de los organismos responsables de la represión, del exterminio de los dirigentes opositores de entonces. Ningún otro país lo ha hecho.

Si bien, el contexto puede servir para explicar muchas cosas, en ningún caso sirve para justificar la construcción de penales cuyos reclusos cuentan con privilegios que se quisieran tener muchos quienes no estamos recluidos. Que las condiciones de reclusión de un violador de DDHH, que abusó del poder coercitivo del Estado, que abusó del monopolio de las armas que el país le confió por ser un soldado de la patria, sean sustancialmente mejores que las de aquel que está condenado por robar gallinas, por girar un cheque sin fondos, o por cometer cualquier otro delito, es lo que la decisión de Piñera desnudó.

Lo ocurrido habla bien del país, habla de avances importantes, habla de que hoy no se admiten privilegios que antes sí se admitían. Al César, lo que es del César.