marzo 27, 2014

La retroexcavadora en la educación

El senador y presidente del PPD, Jaime Quintana, actual vocero de la Nueva Mayoría, coalición ganadora de las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias, dijo sin pelos en la lengua: “No vamos a pasar la aplanadora, sino a poner una retroexcavadora. Hay que destruir los cimientos del modelo neoliberal”. Con su expresión, hizo arder Troya en todas las direcciones, tanto en la derecha como en la Nueva Mayoría.

No es para menos. La afirmación se enmarca en la reacción por el retiro desde el palacio de la moneda de los últimos proyectos remitidos por Piñera que apuntaban a subsanar deficiencias del modelo educacional. En palabras de Camila, en el año 2011, a “podar el arbolito“ antes que a “cambiar el arbolito“.

Todo el mundo sabe que Michelle ganó porque uno de sus caballitos de batalla fue justamente este. Ganó porque la visión mayoritaria que tiene el país de la educación no es la de un bien/servicio de consumo más, que se transa en el mercado al mejor postor; ganó porque el país no quiere más aspirinas ni cambios cosméticos que han exacerbado la discriminación y la segregación. Ganó en rechazo a un modelo educacional impuesto en dictadura y perpetuado gracias a los cerrojos impuestos por la derecha y la complicidad de no pocos sectores de la propia Nueva Mayoría.

Por tanto, la expresión de Quintana no hace sino reflejar lo que debe hacerse. Pero como siempre ocurre en estos casos, el acento se pone en la forma, en el lenguaje, antes que en el fondo, sobre todo en un país que gusta de eufemismos. Por años se habló de pronunciamiento en vez de golpe de estado; de régimen autoritario en lugar de dictadura. Lo mismo podía haberse dicho con mayor suavidad, poniéndose énfasis en la construcción de un nuevo modelo educacional antes que en la destrucción del modelo existente.

Como bien lo ha afirmado el propio gobierno, no se trata de aplicar aplanadoras ni retroexcavadoras, sino que de levantar los obstáculos que impiden avanzar hacia un modelo de educación capaz de generar ciudadanos responsables, críticos, capaces de desenvolverse en un mundo cada vez más complejo. Y que esta educación no dependa del dinero disponible en el bolsillo de cada familia.

Todo esto se da en los inicios de un gobierno cuya responsabilidad para dar un gran salto adelante es enorme, tanto en el ámbito educacional como constitucional. Al término de este gobierno se aspira que se hayan sentado las bases tanto para un nuevo modelo educacional como constitucional que deje atrás los que nos impuso la dictadura y que la ciudadanía ha rechazado una y otra vez en las distintas contiendas electorales a las que ha sido convocada.

Si la derecha se allanara a los cambios que la mayoría demanda, no se requerirían ni aplanadoras ni retroexcavadoras. Sin duda que la expresión es fuerte, pero que se vengan a escandalizar, poniendo el grito en el cielo quienes fueron cómplices activos o pasivos de las barbaridades de la dictadura, es como mucho.

marzo 20, 2014

Desde Berlín 2014

Poco antes de llegar a Berlín, la emblemática capital de Alemania, desapareció un avión malasio con más de 200 pasajeros. Y en Ucrania se había desencadenado una crisis de gobierno que culminó con la destitución de su presidente por parte del parlamento ucraniano. En Chile, las fallidas nominaciones de subsecretarios y gobernadores del nuevo gobierno de Michelle, generaban escozor.

Hoy, no obstante el tiempo transcurrido, los temas mencionados siguen presentes en mayor o menor medida. Quizá el del avión desaparecido sea el que ya no está en el primer plano noticioso, lo que no significa que haya aparecido, ni que existan rastros de él. No deja de intrigarme que en los tiempos actuales de GPS, de satélites, de robots, de internet, estemos en presencia de un avión que no ha dejado rastros. Hasta el minuto de escribir estas líneas no se sabe siquiera si se cayó o fue secuestrado, dejando sumidos a las familias de los pasajeros en la más penosa de las incertidumbres. Confieso que me cuesta creer que no se sepa nada.

En Europa se estima que la guerra fría clausurada con el derrumbe del muro de Berlín y de la Unión Soviética, está siendo recreada con la reacción rusa ante la destitución del presidente ucraniano. El resultado del referéndum en Crimea, permite avizorar su casi segura anexión a Rusia. Occidente, paralizada, sorprendida, ya la dio por perdida luego del zarpazo de Rusia. Putin, sin medias tintas, busca resucitar la Unión Soviética, o a lo menos, impedir que los países con los que limita en su oeste, se occidentalicen. Necesita recrear un muro de contención, como lo fueron en su momento Polonia y Alemania Oriental, entre otros países. Putin apuesta que Europa no reaccionará, más allá de declaraciones de rechazo, dada su dependencia energética. Descaradamente, Putin está interviniendo militarmente, retrotrayendo la historia a siglos pasados, sin disimulo alguno aprovechando el desconcierto reinante.

Y las noticias que llegan de Chile dan cuenta que la teleserie de las nominaciones de subsecretarios y gobernadores continúa sin mostrar signos de término. Bajan a unos y suben a otros. La oposición parece desear interpelar al ministro del interior, sin percibir que más allá de los errores, estamos en presencia de un fenómeno nuevo sumamente interesante, siempre y cuando no se pretenda que los cargos sean ocupados por santos, que en los tiempos que corren, no existen, si es que en algún momento existieron. Asumo que lo que se pide, es que no sean sinvergüenzas. En un pasado no remoto, estos últimos pasaban piola. Hoy, esto es más difícil. Ya no solo se requeriría tener los medios de comunicación en manos de los poderosos, sino que también el control de las redes sociales, de los diarios digitales y de los blogs. Por suerte éstos existen y están permitiendo el destape de lo que antes se tapaba. A pesar de tanto malandrín, no están los tiempos para malandrines.

marzo 13, 2014

Filosofando con Mujica

Al final quien se robó la película en el proceso de cambio de mando chileno, entre las autoridades visitantes, no fue Maduro, sino Mujica, el presidente uruguayo. Su pachorra, su desfachatez, su informalidad, rompen esquemas. Su popularidad, no solo en Chile, sino que en el mundo entero, y quizá mayor que en Uruguay mismo, si bien atraviesa a todos los estratos, la tiene muy especialmente entre los jóvenes.

La razón es muy simple. Invita a soñar, invita a reflexionar en tiempos que nos han arrebatado las ilusiones. Vivimos tiempos de un neoliberalismo ramplón que nos invita a lo contrario, a ser realistas, pragmáticos, aterrizados, a aceptar ciegamente los veredictos, las veleidades, las tentaciones del mercado. Un mercado que nos invita a lo contrario, a no pensar, a dejarnos llevar por la farándula. La droga de nuestro tiempo que nos inoculan día tras día es la publicidad machacona para consumir lo que no necesariamente requerimos y que penetra lenta, pero persistentemente hasta convertirnos en zombies.

Pepe Mujica nos invita a rebelarnos, a resistir, a ser capaces de poner coto a esta invasión en nuestra voluntad resquebrajada y vencida con una educación de mala calidad que invita a la resignación, la aceptación, a asumir al egoísmo y la injusticia como algo consustancial a la naturaleza humana.

De qué sirve el progreso, tener más bienes y servicios, muchos de ellos innecesarios, si para tenerlos, en vez de trabajar menos tenemos que trabajar más y más con empleos que tienden a precarizarse. Hoy, tener un empleo con contrato perdurable, no temporal, tanto acá como en la quebrada del ají, es como sacarse la lotería.

Pepe Mujica nos recuerda que el hambre y la depredación no tiene porqué existir y que si existe es por responsabilidad nuestra, por nuestras conductas, por la desigualdad que nuestros sistemas políticos, económicos y sociales promueven sin cesar. Michelle refrendó lo expuesto al recordarnos que nuestro enemigo no es el otro, no es el prójimo, es la desigualdad, y que todos juntos debemos remar en esa dirección. Construir una sociedad menos desigual es un desafío que se dio en el pasado, que sigue presente y que seguirá en el futuro si no hacemos nada.

Si algo hemos aprendido en estas últimas décadas, son al menos tres grandes lecciones. Una primera lección, es que nuestro sistema político-económico no resiste más maquillajes. Más mercado en una sociedad tan desigual como el nuestro, no hace sino acentuar la desigualdad. Por tanto, es un imperativo de la hora presente revertir el proceso de mercantilización que se ha vivido desde hace ya más de 30 años. Es imperativo rescatar la educación, la salud y la previsión de las garras de un mercado donde unos pocos han hecho de las suyas sin misericordia alguna. La zanahoria ha sido el lucro sin el más mínimo sentido de la ética. Ha sido un verdadero asalto a mano armada como lo demuestra lo que han ganado en estos años las administradoras de salud, de fondos de pensiones, y sostenedores de verdaderas cadenas de establecimientos educacionales subvencionados, gestionados como si de sucursales de supermercados se tratara, con el agravante de que lo han hecho con recursos públicos. No hay relación entre la calidad de los servicios prestados y las utilidades registradas. En síntesis, han defraudado, la fe pública.

Una segunda lección, es que tenemos que cuidar lo que tenemos, valorizar los espacios democráticos ganados con el sacrificio de tantos, no romper vínculos, no cerrar puertas ni ventanas, que debemos dialogar, conversar, no vernos como enemigos. Pepe habla desde sus entrañas, desde su vivencia, sabe de qué habla. Él vivió a concho los tiempos en que nos veíamos como enemigos, y sabe en carne propia, que a río revuelto, ganancia de pescadores. Que los de arriba se las arreglan para ganar, asfixiando la economía para que sus súbditos armados hagan lo suyo. Si algo hemos aprendido, es que el único espacio en el que los de abajo pueden ganar, es el de la democracia. Por ello es imperativo profundizarla, consolidarla, avanzando en transparencia, en educación, en rendiciones de cuentas, en descentralizaciones, en la distribución del conocimiento, del poder, de los recursos.

Y una tercera lección, pero no por ello, menos importante, es que al igual que con la democracia, con la economía no se puede jugar. No es llegar y echar a andar la maquinita de fabricar billetes y andar repartiéndolos si no están respaldados con producción de bienes y servicios. En caso contrario, lo que tenemos ya lo sabemos: una combinación letal de inflación, escasez, desabastecimiento, mercados negros. Venezuela lo está experimentando en carne propia. Las políticas asistencialistas son inconducentes. La responsabilidad fiscal es esencial. Pero no solo ella, también la responsabilidad privada, esto es, no gastar más de lo que se tiene, de lo que se produce, no endeudarse sin conocer los intereses implicados que al final nos hacen pagar dos o más veces el valor de lo que compramos.

marzo 06, 2014

Cambio de mando

El cambio de mando estará marcado por ciertos hechos de corto y largo alcance. El gobierno que se va poco menos que está tirando la casa por la ventana como si después viniera el diluvio. Entiendo que Piñera celebrará la misma noche con sus colaboradores más cercanos en su casa. No tengo claro qué celebrará, porque hasta donde yo sé, la candidata de sus adherentes, fue derrotada estrepitosamente, y el resultado de las elecciones parlamentarias ha provocado que la UDI disminuyera significativamente su representación en el congreso nacional, y en el otro, RN, el choclo se ha ido desgranando.

No recuerdo que Michelle, al término de su anterior gobierno, haya celebrado con bombos y platillos como Sebastián, que no haya podido entregar la presidencia del país a un candidato de su coalición. Quizá lo que esté celebrando Sebastián sea que no le haya tocado un 27F, aunque en estos últimos días la tierra no ha dejado de sacudirse y recordarnos que en cualquier momento puede saltar la liebre.

El cambio de mando, en todo país democrático, se asume que es un hito significativo en la historia política de un país. No cabe duda que habrá momentos de especial simbolismo, destacándose la entrega de la banda presidencial a Michelle por parte de una de las hijas de Salvador Allende.

Otro hito estará constituido porque el primer gobierno de derecha después de la dictadura, haya sido capaz de gobernar bajo las reglas de la democracia y no de las bayonetas, respetando todas las formalidades inherentes a toda democracia. No les debe haber sido fácil, aunque está claro que no están los tiempos para andar pateando el tablero por más ganas que haya tenido algunos de sus partidarios.

Otro hito que marcará a este cambio de mando ha sido la dificultad para constituir e instalar los nuevos equipos gubernamentales. La nominación de nuevos ministros, subsecretarios e intendentes no ha estado exenta de errores. De hecho más de uno ha debido dar una nominación se ha caído, y eso que falta que se caigan otras que políticamente se harán insostenibles en el tiempo, como es el caso de Carolina Echeverría., quien al resistirse a dar un paso al costado le hace un flaco favor al nuevo gobierno.

Si hay algo positivo que podamos rescatar de estas últimas semanas, es que ya no están los tiempos para pasar gatos por liebres, que se ha avanzado en materia de transparencia, que se hace cada vez más difícil ocultar hechos y/o decisiones que nos pesen. Esto, a pesar del control que grupos empresariales ejerce sobre los medios de comunicación tradicionales que a la fecha no han logrado bloquear la información que circula por las redes sociales.

Gobernar a espaldas de la gente se hace cada vez más difícil, por lo que lo más recomendable es hacerlo a cara descubierta, con las manos limpias, con la verdad, sin letras chicas. El país demanda un gobierno con valores. Quizá ese sea su principal desafío.

febrero 27, 2014

Venezuela: juego de suma negativa

Venezuela vive momentos críticos que se refleja en la posición de “combate” de las partes en conflicto, gobierno y oposición. Los adherentes de unos y otros tienen en común que no se soportan, no se toleran, no se aceptan, no creen en la palabra del otro. El país está polarizado, ya no fisurado, sino facturado y la responsabilidad de ello cada una de las partes se la endosa a la contraparte. Las posturas tanto al interior del gobierno como de la oposición en ningún caso son monolíticas, existiendo fisuras al interior de cada uno de ellos. En unos y otros hay quienes están en paradas más dialogantes o de combate.

Las posturas de combate, de jugarse el todo o nada, suenan más atractivas, pero no son compatibles con la democracia. Y lo que está en juego es justamente el talante democrático del país, su capacidad para resolver democráticamente, civilizadamente, sus diferencias. O se resuelve así, o se resuelve militarmente, imponiéndose unos sobre otros. Presumo que cada uno tiene poderosas razones para intentar imponer sus posiciones, pero aplastar a los otros, por más minoría que sea, no está dentro de las reglas de la democracia.

Por ello, la única salida es el diálogo, sentarse en la mesa, sin condiciones, para mirarse a los ojos, y conversar, escuchándose unos a otros, abriendo sus corazones, dejando atrás un diálogo de sordos. No hacerlo es suicida, para unos más que para otros, pero que nada bueno trae consigo para nadie.

El faro que debe iluminar las decisiones de las partes no es otro que revertir una situación actual –política, económica y financiera- insostenible en el tiempo, que solo trae perjuicios a todos, pero muy especialmente a los más pobres. Solo se benefician los corruptos. Todos sabemos que a río revuelto, ganancia de pescadores. Aislar el autoritarismo, venga de donde venga, de derechas o izquierdas, civil o militar, es la tarea del día.

Venezuela lo tiene todo para no estar en el trance actual. Su riqueza petrolera parece haber sido su salvavidas de plomo; es hora que deje de serlo y pase a ser la herramienta que contribuya al verdadero desarrollo al que aspiran los venezolanos.

Venezuela, Ucrania y Siria viven tiempos complejos. Sus muertos nos exigen poner término al drama que viven. Los traficantes de armas están al acecho sobándose las manos en espera de que se abran nuevos “mercados” –léase guerras- para la producción de armas y probar las nuevas capaces de matar más eficaz y eficientemente.

Convirtamos un juego de suma negativa, donde todos pierden -sobre todo los más pobres-, en uno de suma positiva, donde todos ganan.

febrero 18, 2014

Venezuela: se cae de Maduro

Foto de Andrés Silva en Unsplash

Hace rato que el piso se está moviendo en Venezuela, solo que ahora es con mayor fuerza. Solo desconozco si la magnitud de los movimientos son tales como para echar abajo al gobierno ahora o más adelante, pero de lo que estoy convencido que en algún momento caerá. Más temprano o más tarde, no lo sé.

En este plano me recuerda lo ocurrido en Chile hace ya 40 años atrás. El golpe se veía venir, era vox populi, se veía inevitable. Estaban dadas todas las condiciones, fabricadas por unos y otros, por moros y cristianos. Todos sabían que se venía un sismo de magnitud máxima, y todos empujaban, queriendo o sin querer, a que el sismo se produjera. Muchos lo hicieron sin imaginarse siquiera lo que se vendría; otros, ocultos tras las bambalinas sí lo sabían.

No obstante lo expuesto, el común denominador de ser ambos gobiernos surgidos de las urnas, y con intenciones revolucionarias, de alterar sustantivamente el statu quo existente para sustituirlo por un sistema de índole socialista, hay diferencias no menores entre lo que vivimos en Chile y que se está viviendo en Venezuela.

De partida, Venezuela ha sido un país cuyo peso específico a nivel mundial es más significativo que Chile gracias a su capacidad de producción de petróleo, la energía que mueve al mundo, y que seguirá pesando a pesar de la conciencia y de la evolución de fuentes alternativas energéticas. La incidencia de nuestro cobre a nivel mundial no es comparable.

En este plano, Venezuela ha experimentado la maldición de estar en posesión de recursos naturales apetecidos mundialmente. Gracias a esta maldición, la corrupción se ha enseñoreado en dicho país. Chávez es consecuencia de las corruptelas en los principales partidos de entonces: Acción Democrática y COPEI, ahora sumidos en el descrédito. Nació como consecuencia de la corrupción, las simpatías populares surgieron para poner término a este asalto a mano armada de los sectores más pudientes de la sociedad venezolana. Desafortunadamente, con el paso del tiempo, la corrupción que lo compra todo, también ha hecho presa del gobierno de Chávez, y de su sucesor, Maduro.

Por otra parte, es importante consignar que las FFAA venezolanas no tienen nada que ver con las FFAA chilenas. Allá, los de abajo pueden llegar a ser coroneles o generales; en Chile, prácticamente imposible. Acá existen filtros que dificultan en extremo la posibilidad que alguien de sectores sociales desfavorecidos ingresen a las escuelas, sean estas militares, navales o de aviación. Falta mucho para que alguien de origen mapuche alcance el generalato. No es el caso de Venezuela. En este plano, las FFAA venezolanas son más espejo de la sociedad en que se insertan, que en Chile, y por tanto, no es llegar y dar un golpe. En este caso, es probable que quienes vayan por lana salgan trasquilados. Así como los altos mandos chilenos están asociados a las élites económicas, allá lo están con los sectores sociales postergados. En Chile, un personaje con el origen de Chávez difícilmente alcanza a ser oficial del Ejército, por no decir imposible.

Con todo, al menos por las noticias que llegan, la situación que se vive en Venezuela, da cuenta de una caída libre que en algún minuto topará fondo, si es que aún no lo ha hecho. Unos achacarán la responsabilidad al gobierno, sus pretensiones revolucionarias y mal manejo económico; otros, a las fuerzas opositoras, que casualmente son los que tienen más recursos económicos.

La división de Venezuela no es de ahora: es de siempre, al igual que lo fue en su minuto en Chile. Solo que ahora la división aflora, está sobre la mesa, como fue el caso chileno en el 73. A no pocos les gusta que la división se esconda bajo la mesa y se resuelva a favor de unos en desmedro de otros.

Por mi parte, prefiero que la división aflore, se aborde civilizadamente, no militarmente. Esa capacidad faltó ayer en Chile y siento que está faltando ahora en Venezuela. Como que unos y otros no pudiésemos vivir bajo un mismo techo sin que unos pisoteen a otros.

Hay derechos irrenunciables, entre los cuales destaca el de la libertad para manifestarse pacíficamente, y todo gobierno tiene la responsabilidad de posibilitarlo, no obstaculizarlo. A la reacción no se le vence con represión ni la supresión de las libertades, sino que por el contrario, con apertura y más libertades, con la confianza que da la seguridad en lo que uno cree.

Lo señalado creo que se cae de Maduro, a pesar de la complejidad que encierra la realidad venezolana. Si no ha caído, es porque tras él están las FFAA venezolanas.

febrero 11, 2014

Las élites en acción

A raíz de lo ocurrido con la subsecretaria de educación, Claudia Peirano, al no asumir el cargo para el cual había sido nominada, distintos actores han puesto sobre la mesa el tema de que un gobierno no puede dejarse presionar por “la calle”, “la voz de la calle”, o por los movimientos sociales.

Incluso, avizoran dificultades a futuro al “mostrar debilidades” como afirma un senador, Andrés Zaldívar; o que lo ocurrido es “una pésima señal”, dado que “los estudiantes le doblaron la mano al nuevo gobierno” como sostiene Mariana Aylwin, exministra de Educación bajo la presidencia de Lagos,

Estas expresiones ponen el acento en lo negativo que resultaría de escuchar la voz “de la calle” por sus consecuencias -mostrar debilidades y doblar la mano-, sin hacer mención al contenido de la denuncia formulada por “la calle”. Lo que importa es si este contenido es verídico, y de serlo, si tiene una connotación negativa. En el ámbito educacional, es claro que en las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias, la ciudadanía optó por una educación pública, gratuita, de calidad, y sin fines de lucro, no por dogmatismo, sino por convicción y por experiencia. Llevamos ya más de 30 años bajo un modelo educacional impuesto por una dictadura que escuchó la voz de “los expertos”, que nos han conducido al estado actual: una educación privatizada, segregada, de mala calidad, y más encima, carísima. Todo esto en un país desigual.

Lo ideal es que la voz de la calle se exprese en el gobierno y en el parlamento. En una democracia, así debiera ser, así debe ser, y por lo mismo no debiera haber mayores discrepancias entre unos y otros, esto es, entre gobernantes, parlamentarios y la voz de la calle. Gran parte de la crisis política nace justamente de la brecha entre unos y otros, que por lo general se gesta entre las sombras, por influencia de poderes fácticos, cuando el diablo mete su cola, cuando el poder económico-financiero se hace sentir, cuando la tecnocracia empieza a correr por su cuenta, soslayando los desequilibrios sociales.

Llama poderosamente la atención que quienes disgusta un cierto tonito de superioridad moral que emanaría de dirigentes o exdirigentes estudiantiles, no hayan expresado en momento alguno similar disgusto cuando este tonito proviene de grandes empresarios ni de “expertos”. Omiten que tras ellos también hay intereses, que por lo demás, no son menores.

Un connotado cientista político, Genaro Arriagada, expresó recientemente que “los grupos de presión hacen lo suyo al plantear sus demandas. Pero la política, esto es, los partidos políticos y el gobierno, debe hacer lo que le corresponde, que es fijar límites, señalar qué es y qué no es posible”. Afirmación clara y contundente. Sin embargo, estamos en un país, Chile, donde unos se creen con derechos y atribuciones para definir lo posible, en circunstancias que los límites de “lo posible” se asume que es definido democráticamente. Sin embargo, pareciera que tales límites lo definen “los que saben”, que por extraña coincidencia serían empresarios, financistas, expertos; el resto, “la calle”, no merecería ser escuchado. De ser así tendríamos una democracia mentirosa, donde “la calle” está tan solo para votar por quienes terminan actuando en base a lo que ordenan las élites.

Es lamentable que tantas nominaciones para conformar el nuevo gobierno estén siendo objetadas, pero lo realmente lamentable es que tales objeciones se basen en antecedentes fidedignos. El país no resiste más un nuevo gobierno y un parlamento que no sea consistente con lo que prometió, consistente en su conformación y con la implementación del programa gubernativo; no resiste más un nuevo gobierno que no sea intérprete de las grandes mayorías.

Lo que se está viendo en estos días son las escaramuzas de lo que viene.

febrero 04, 2014

El control social en marcha

La presidenta electa ya ha escogido, tanto a sus ministros, como a sus subsecretarios e intendentes. La nominación de cada una de las personas, se asume que es fruto de un análisis de su adhesión al programa de la Nueva Mayoría y de una trayectoria consistente con dicho programa, de sus capacidades técnicas, políticas, y de no estar involucrados en problemas judiciales ni en conflictos de intereses.

Lo expuesto significa que los filtros a sortear no son banales. Todos los nominados estarán en el ojo del huracán, porque cada vez existe una mayor conciencia de la relevancia que tiene la transparencia y la rendición de cuentas. No están los tiempos para pasarnos por el aro. Estamos en una sociedad cada vez más empoderada, más exigente, tanto con el uso de los recursos públicos como privados.

Cuando se afirma que el país cambió, se hace referencia a lo señalado, y que se expresa en un mayor control social, el que nace como fruto de la insuficiencia del control parlamentario y/o del control de las entidades públicas responsables de impedir los abusos, entre otros, el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) en el ámbito de las actividades comerciales, y la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) en la educación superior.

Este control social puede llegar a producir algunos dolores de cabeza y dar origen a situaciones injustas, pero así y todo, constituye un imperativo de sanidad. La mona por más que se vista de seda, mona queda.

Michelle parece haber sorteado la nominación de los ministros que la acompañarán, no así la de los subsecretarios e intendentes, algunos de los cuales están siendo fuertemente cuestionados. Al momento de escribir estas líneas, de los nominados, hay dos intendentes y cuatro subsecretarios cuestionados, de los cuales una subsecretaria, la de Educación, ya dio un paso al costado.

El futuro subsecretario de Bienes Nacionales, porque en el 2011 le tocó el culo a una dama de 38 años, siendo condenado y obligado al pago de una multa, no obstante que posteriormente fue sobreseído por su conducta previa, esto es, no tenía antecedentes anteriores. Que asuma este personaje, implicaría que las mujeres tendrían que andar con el culo a dos manos. Impresentable.

El futuro subsecretario de Minería, por ser gerente general de una empresa minera que se ha encontrado en huelga por 50 días, y a quien acusan de prácticas antisindicales. Apenas fue nominado, se logró un acuerdo para “no empañar” su nombramiento. Impresentable.

El futuro subsecretario de Agricultura, por enfrentar una acusación de estafa y apropiación indebida al incumplir un contrato con una empresa para el abastecimiento de peras y manzanas a la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB). Impresentable.

¿Qué está fallando? En primero lugar, los partidos políticos, en caso que ellos hayan sido quienes proponen nombres impresentables; y en segundo lugar, el círculo de hierro, responsable de filtrar, buscar, contrastar y revisar antecedente, con miras a evitar exponer a la presidenta electa. Con los avances tecnológicos, no es tan difícil recabar antecedentes acerca de los involucrados. Basta con efectuar una búsqueda utilizando google o cualquier otro buscador.

Si se quiere partir con el pie derecho, más vale cortar por lo sano y corregir a tiempo, antes que persistir con nominaciones que desgastarán el quehacer gubernamental. Más vale prevenir que curar.

Sería bueno que los nominados que están siendo cuestionados, den un paso al costado, como lo hizo la subsecretaria de Educación, quien previó que su nombramiento solo entorpecería el futuro accionar del poder ejecutivo.

enero 30, 2014

Después del fallo de La Haya

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) de las Naciones Unidas falló optando por lo que algunos tildan de fallo salomónico, en alusión a un personaje bíblico, considerado en su tiempo como un hombre muy sabio, Salomón. A él recurrían quienes tenían algún conflicto con miras a su solución. Las partes preferían la resolución del conflicto antes que su perpetuación, aún cuando la decisión no fuese del gusto de las partes. Por sobre todo, lo que intenta un fallo salomónico es ser equitativo, dar a cada uno lo suyo, aunque no deje contento a ninguno. A modo de ejemplo, ante una disputa entre dos mujeres que decían ser madres de un niño, ambas con sus respectivos argumentos, Salomón no halló nada mejor que partir al niño en dos mitades.

Por tanto, que el fallo sea salomónico o no, depende simplemente de si el conflicto, lo que dio origen a la demanda, fue resuelto o no. En consecuencia, aún es muy temprano para precisar si el fallo fue salomónico.

Tanto Chile como Perú tienen motivos de sobra para sentirse tanto contentos, como descontentos. Chile debe sentirse satisfecho porque la demanda peruana no fue acogida en plenitud, pero por sobre todo, porque consolida su posición al zanjarse un motivo de discordia; debe sentirse insatisfecho porque su postura, la del paralelo hasta las 200 millas fue reducida a 80 millas, perdiendo una importante superficie marítima. Perú debe estar contento porque ahora tiene una superficie marítima que no tenía, y descontento porque su demanda de la línea equidistante desde el hito 1 no fue acogida.

Las primeras reacciones a uno u otro lado fueron disímiles y contradictorias. En Chile hubo una sensación de derrota, en tanto que en Perú fue de triunfo. En todo caso, en ambos países solo existen voces aisladas que apuntan a desconocer el fallo, existiendo cierto consenso en que el fallo se acata. Donde parece haber estar centradas las discrepancias radica en la implementación o ejecución del fallo y su gradualidad, y particularmente, en la interpretación del fallo.

Sería trágico que interpretaciones antagónicas terminen dando origen a problemas mayores, a los que el fallo se propuso resolver. En este plano quizá sería pertinente que pasado este período de dimes y diretes, la CIJ sacara una voz aclaratoria a fin de que tales problemas no vayan escalando con el tiempo.

En mi columna anterior hice presente que el fallo debía ser una oportunidad para cerrar de una vez por todas, un pasado de conflictos y abrir un futuro común. De ser así, se trata de un buen fallo, donde ganamos todos; en caso contrario, de un mal fallo, donde todos perdemos.

De nosotros depende que sea un buen fallo. Sigo pensando en que así debe ser, fundado en la intensificación de intereses comunes que se ha dado en las últimas décadas. Importantes inversiones chilenas son copartícipes del desarrollo que está experimentando Perú, al igual que una importante corriente inmigratoria peruana está dejando su huella gastronómica en la vida cotidiana chilena.

enero 22, 2014

En vísperas del fallo de la Haya



Chile y Perú están a la expectativa del fallo que emergerá del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) de las Naciones Unidas, con asiento en La Haya, Holanda. Fallo que surge a raíz de una demanda presentada por Perú, el año 2008, para delimitar la frontera marítima, sosteniendo que el Tratado de 1929 solo fijó la frontera terrestre. Chile, por su parte, se ampara en tratados de 1952 y 1954, y que han regido por más de medio siglo, pero que Perú, desde el año 2005 no considera como tratados, sino como meros acuerdos pesqueros destinados a regular las capturas.

En síntesis, para Chile manda el paralelo, y Perú solicita que mande la bisectriz del ángulo formado por las costas chileno-peruanas, esto es una frontera marítima que divida en partes iguales las aguas de la zona.

El TIJ, creado en 1945, está para resolver pacíficamente controversias de esta naturaleza, y que en el pasado se resolvían militarmente. Los países firmantes del Pacto de Bogotá, voluntariamente le reconocen juridicción al TIJ para resolver diferencias entre los países. Perú y Chile son dos de los países firmantes que se comprometen, de buena fe a acatar lo que el TIJ resuelva sin margen a apelación. De allí la expectativa en torno a la resolución que emerja el 27F.

En Perú predomina el optimismo. No es para menos, no tienen nada que perder. Cualquier solución, por más salomónica que sea, favorece a Perú. En cambio, en Chile impera un cierto pesimismo, porque no tiene nada que ganar, a lo más salir igual que antes del fallo.

Por momentos, en ambos países, surgen algunas voces destempladas, que más parecen voces en el desierto. En Perú, un expresidente, condecorado en Chile por el actual gobierno, invitando a embanderar casas, calles y plazas para celebrar el fallo que emerja y que se asume no conocido antes del 27E; en Chile, sendos diputados, uno de gobierno y otro de oposición, invitando a desconocer el fallo si éste “no se ajusta a derecho”. Otros afirman, a última hora, como temiendo un fallo adverso, que el TIJ no tiene atribuciones para fallar. En fin, de todo hay en la viña del Señor.

Afortunadamente, en general, domina la tranquilidad y madurez, tanto desde las máximas autoridades de ambos países, tanto nacionales como locales, como en los pueblos, con mínimas dosis de tensión, propias de la incertidumbre de “cómo vendrá el fallo”, pero que en ningún caso permiten avizorar un clima guerrero.

Por el contrario, se respira confianza en el fallo sea la oportunidad para fortalecer las relaciones y cerrar un capítulo centrado en la mirada al pasado, para abrir uno centrado en el futuro, en lo que nos une. Es más lo que nos une que lo que nos separa. La reciente reunión entre los alcaldes de Arica y Tacna, al igual que sus expresiones, dan testimonio de ello.

El horno no está para aventuras nacionalistas ni militaristas por parte de ambos países, por más que no falten quieran calentar ambiente. El ánimo dominante, a ambos lados de la frontera, es acatar el fallo cualquiera que éste sea.

Lo que vendrá se relacionará con interpretaciones del fallo y su ejecución, para lo cual también se requerirá se impongan la madurez, criterio, los intereses comunes de las partes por sobre la inmadurez, el descriterio y los intereses contrapuestos.

enero 16, 2014

La popularidad de Pepe


Si existiese un índice de popularidad a nivel mundial de los presidentes de los países, muy probablemente, Pepe Mujica sería fijo el número uno. Muchos de mis amigos uruguayos, o no pueden creerlo, o se agarran la cabeza pensando en cómo es posible.

Pepe fue un florista, tiene una chacra, es el presidente más pobre del mundo, es un tipo llano, simple, bonachón. En sus tiempos mozos fue tupamaro, participó en acciones armadas, fue encarcelado, torturado. Las tiene todas!

Actualmente es el presidente de la República Oriental del Uruguay, el mismo paisito que me vio nacer, el de Artigas, su prócer. En menos de 50 años, pasó de tupamaro a presidente. Pocos países pueden contar una historia como esta. Es como si en Chile, un mirista, de esos que solo creían en acciones armadas, allá en la década de los 60, hoy nos gobernara. Imposible dirían muchos. En Uruguay fue posible.

Cuando a Mujica se le preguntó ¿cómo es eso? ¿qué cambió? Su respuesta no se hizo esperar y fue más o menos así: “lo que pasa ché, es que en esos tiempos queríamos cambiar el mundo; hoy nos conformamos con arreglar la vereda de la casa”. Así de simple. Es el tránsito del maximalismo al minimalismo.

Hoy por hoy, Pepe filosofa. Adónde va, se lanza para conversar sobre lo humano y lo divino ante las más diversas audiencias, dejando embobados a unos y otros. Expone a partir de las cosas simples, no se complica. No le tiene miedo a experimentar. Se hace lo que se puede.

La mayoría de mis amigos uruguayos no lo quieren, dicen que han perdido años preciosos para avanzar en infraestructura, en educación y otras materias. En Chile podríamos decir lo mismo, y eso que no tenemos a Pepe, tenemos todo lo contrario. Pepe es pobre de solemnidad; en Chile, nuestro presidente está entre los más millonarios del país.

A Pepe le reclaman incapacidad para ejecutar, no obstante que en las próximas elecciones que tendrán lugar este año, lo más probable que ceda el bastón de mando a alguien de la misma coalición política, el Frente Amplio. Acá en cambio, nuestro presidente, alias la locomotora por su capacidad ejecutiva, fue incapaz de ser sucedido por su candidata a pesar de ser el “gobierno de los mejores”. Por la boca muere el pez.

Lo expuesto nos dice que la mayoría de los uruguayos parece querer a Pepe, al igual que en el resto del mundo, a despecho de muchos de mis más cercanos amigos uruguayos.

Bajo el neoliberalismo, la política se ha reducido a la más mínima expresión, subordinada a lo técnico, lo económico, lo financiero. A los tecnócratas, a los economistas, a los financistas. Los políticos ya no son los que cortan la torta, son otros los que la cortan. En este plano no está mal tener un presidente pedagogo o filósofo, o que se las da de pedagogo o filósofo, que nos invite a pensar, a reflexionar, a buscar acuerdos, derroteros, abrir nuevos senderos, probar o ensayar nuevos caminos que sean factibles no solo técnica, económica y financieramente, sino que también lo sean ética y socialmente.

A los tecnócratas, economistas y financistas les hace falta una pequeña dosis de humildad, descender del Olimpo. Por momentos parecen haber olvidado que dos más tres no siempre da cinco en el plano de la convivencia social. Puede ser más, como puede ser menos.

enero 08, 2014

La desigualdad


Si bien la desigualdad ha existido siempre, se trata de uno de los temas recurrentes que ha estado en la agenda política, al menos en las últimas décadas. De hecho parece estar en el origen del malestar imperante, un malestar que las élites tecnocráticas no comprenden.

Malestar que se asienta esencialmente en su magnitud y tendencia a incrementarse en vez de disminuir. En forma creciente se está percibiendo que el modelo neoliberal que ha estado imperando desde los años 80, no ha hecho sino exacerbar las diferencias. Modelito impulsado por Reagan en USA y Tatcher en Inglaterra, y del que Chile ha sido su más aventajado alumno de la mano del innombrable y sus Chicago Boys, y que ha sido sometido a retoques y maquillajes orientados a limar sus aristas más ásperas. Sin embargo su esencia permanece. La mona por más que se vista de seda, mona queda.

No se trata de algo etéreo, inasible, intangible, sino que por el contrario, concreto, que se palpa, se vive diariamente. Una desigualdad lacerante. Ya no somos un país, somos dos o más países. Están los que viven en Vitacura, Las Condes, La Dehesa, los de plaza Italia al oriente, y de plaza Italia al poniente. Si, al menos dos Santiago. Lo mismo pasa en regiones.

Aún cuando algunos pretendan rebatirnos, la verdad que la desigualdad que tenemos es vergonzosa. Existe un 1% de los chilenos que concentra el 30% de los ingresos. En qué otro país existe este nivel de desigualdad? en USA, el 1% de los estadounidenses más ricos capta el 20% del total de los ingresos; en Alemania poco más del 10%; en Suecia, poco menos del 10%.

Y si hilamos más fino, y nos centramos en el 0,1% de los chilenos más ricos, podemos observar que capturan casi el 20% del total de ingresos! Esto significa que hay chilenos que ganan más de 80 millones de pesos mensuales, mientras un 80% vive endeudado con menos de un millón de pesos al mes.

Este 0,1% de los chilenos son los que “compran” educación pagando mensualidades del orden de los 300 mil pesos con cuotas de incorporación de dos millones de pesos. La correlación entre los puntajes en la PSU y los ingresos familiares es casi perfecta. Mientras más ingresos tienes más educación puedes “comprar”, y por tanto más puntaje PSU tienes.

Lo mismo vale respecto del empleo. Mientras vengas de una familia con más ingresos, más probable es que tengas un buen empleo, bien pagado, lo suficiente como para reproducir y multiplicar la desigualdad imperante.

Lo que tenemos es un modelito político-económico-financiero que desafortunadamente no hace más que perpetuar y amplificar la desigualdad. El malestar y las movilizaciones son consecuencia de esta desigualdad que no es ficticia, sino que por el contrario, crece y crece, aún cuando en términos absolutos hoy estemos mejor que ayer. Se requiere algo más que un Estado subsidiario o políticas públicas centradas en la focalización. Las pildoritas de los bonos no son la receta.

enero 03, 2014

2014: Lo que se nos viene

El inicio de un nuevo año, es la oportunidad para unas pinceladas acerca de lo que ya pasó y de lo que se nos viene. Estas pinceladas pueden ser tanto a nivel regional, nacional como internacional, como de diferentes ámbitos, político, económico o social. En el marco de una columna me restringiré a lo político y lo nacional, con especial referencia al contexto en que nos situamos.

De partida, en el año que pasó, lo más relevante es que la ciudadanía resolvió quitarle la confianza a un gobierno y una coalición política, cuyos adherentes aún no logran entender qué fue lo que pasó, convencidos que lo hicieron estupendo, haciendo crecer la economía, manteniendo baja la inflación y con bajas tasas de desempleo. A lo más imputan a derrota a problemas comunicacionales, déficits políticos, ausencia de humildad, carisma de Michelle. Las causas son más profundas.

El arbolito que tenemos, esto es, el modelito político-económico-social, podado y repodado, no gusta, y ha traído consigo un malestar inasible.

Estamos convencidos que el mundo nos mira como un país modélico. A estas alturas, se nos ve como el paradigma del neoliberalismo, tal como en un pasado no muy remoto se nos vio como un modelo de transición pacífica hacia la democracia; de un modelo de dictadura en tiempos del innombrable; de un modelo de socialismo en democracia en tiempos de Allende; o de revolución en libertad en tiempos de Frei Montalva.

Lo concreto es que estamos insertos en un contexto del que difícilmente escaparemos, marcado por oleadas. La década de los 60 estuvo marcada por el influjo de la revolución cubana, la derrota de USA en Vietnam; la de los 70 por la oleada militarista, caracterizada por una represión sin parangón que trascendió fronteras geográficas; la de los 80 por la imposición de un modelito neoliberal extremo que en lo grueso se conserva hasta la fecha y que ha dado origen a protestas, al agotamiento del militarismo; la de los 90 por las transiciones hacia la democracia, más o menos largas, más o menos profundas. Todo esto, en medio de un desarrollo científico-tecnológico sin precedentes cuyas caras más visibles son los PC, los tablets, los celulares, internet, los correos electrónicos, las compras en red, las redes sociales. La información se expande vertiginosamente.

En la primera década del presente siglo, marcada por las consecuencias de políticas que desembocan en una crisis financiera a nivel mundial, y un cierto cansancio con transiciones que parecen interminables, incapaces de modificar sustantivamente el modelito vigente. Asoman las primeras movilizaciones que empiezan a caracterizar a la presente década. El 2014, difícilmente escapará a este sino. Todo indica que las movilizaciones llegaron para quedarse a despecho de los medios de comunicación tradicionales jaqueados por las redes sociales capaces de movilizar multitudes en minutos y que hacen tambalear o caer gobiernos.

Más allá de quienes nos gobiernen, gobernar se hace una tarea cada vez más compleja, particularmente cuando se pretende hacerlo de espaldas a una ciudadanía más exigente, que cada vez menos entiende a quienes hacen fortuna sin trabajarle un peso a nadie. En este contexto, en marzo se iniciará un nuevo ciclo político en Chile con Michelle en la presidencia. De ella y de todos nosotros depende que seamos capaces de sortear obstáculos navegando en mares encrespados.

diciembre 26, 2013

Los jóvenes: la hora de las decisiones


Al momento de egresar de la enseñanza media, los jóvenes inician un proceso de decisiones de consecuencias no menores. La primera se relaciona con el camino seguir de entre las alternativas disponibles: ingresar al mundo laboral, o continuar estudios en la educación superior. Cualquiera de estos caminos plantea exigencias, obstáculos a vencer.

La decisión de ingresar al mundo laboral, tiene sentido si se tiene aversión por el estudio, limitaciones intelectuales, necesidades económicas inmediatas y/o tenerse un especial olfato para los negocios y/o de las oportunidades existentes en el mercado. Cualquiera sea la causa, por lo general este no es un camino corto, sino que por el contrario, es un camino largo, de esfuerzo, para salir adelante.

Cada vez son más quienes optan por continuar estudios superiores, en cuyo caso se hace necesario descifrar las opciones que se tienen por delante. La serie de decisiones a adoptar parte por si estudiar una carrera profesional o técnica. En este último caso, la alternativa son los centros de formación técnica. Se trata de una alternativa atractiva para quienes desean estudiar una carrera de no más de 4 años, eminentemente práctica, y de menor costo que una carrera profesional. Considerando el déficits de técnicos existentes en el país, se asume que la demanda por ellos debiera ir en ascenso, aunque deben vencerse los prejuicios existentes en relación a los universitarios. Lo mismo vale respecto de quienes egresen de institutos profesionales.

Si la opción es estudiar en alguna universidad, primero se debe tener claro qué carrera escoger, y luego en qué institución, no al revés. Para definir la carrera a seguir, lo más importante es escuchar lo que nos dice la vocación que anida en cada uno de nosotros. Los que la tienen clara desde su infancia, no tienen por dónde perderse. Cuando la vocación no está claramente definida, la segunda variable a considerar es la capacidad, las aptitudes que se tienen para uno u otro camino, esto es, si uno tiene dedos para el piano o no. Se aconseja fuertemente estudiar aquello para lo cual se tienen facilidades que permiten aprender más rápidamente, sin tanto esfuerzo. La tercera y última variable a considerar, es el mercado laboral, la que aconsejo solo si tanto la vocación como las aptitudes que se tienen son difusas, no están claramente identificadas.

No hay por donde perderse: primero, la vocación; luego las aptitudes; y solo al final, las posibilidades de encontrar trabajo y las remuneraciones esperadas. Una vez decidida la carrera a estudiar, viene la última definición: ¿en qué universidad? Dilema no menor en una realidad marcada por publicidad engañosa, subliminal, distorsionadora. ¿Cómo distinguir las universidades de verdad de aquellas cuyos fines no confesados no son sino el lucro o la segregación o la infiltración ideológica? Hay evidencias de que las mejores universidades no son las que lucran, ni las que segregan económica o socialmente, ni las que tienen un sesgo ideológico o religioso.

Teniendo identificada la carrera que se quiere estudiar, debe escogerse la universidad donde la carrera esté acreditada por el mayor número de años como una forma de asegurarse que el plantel cuenta con un buen cuerpo docente, estable, comprometido, con una infraestructura física, propia, no arrendada, amplia, acogedora, abierta, como se entiende que debe ser un campus universitario.

Los jóvenes de hoy no la tienen fácil pues deben tomar decisiones trascendentales para su vida que en un pasado no muy remoto eran tomadas por sus viejos, pero que en los nuevos tiempos son impensables, ya sea porque los propios jóvenes han decidido tomar el toro por las astas, como porque los propios viejos han renunciado a ello.

diciembre 18, 2013

Fin de año: muchas felicidades a tod@s @s amig@s visitantes!!!!!

¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO!!!!


El fenómeno de la abstención

Los resultados de la segunda vuelta presidencial fueron lapidarios para una derecha que aún no logra entender qué pasó. Hasta último minuto, no pocos se aferraban a la esperanza de un vuelco, de una sorpresa, incluso a un milagro bíblico, sobre todo por parte de jóvenes que han sido penetrados por una droga inoculada por los medios de comunicación “serios” y “expertos” economistas, la del libre mercado.

No logran entender lo que ha pasado. Se agarran la cabeza pensando en lo estúpidos que deben ser quienes votaron por la otra opción cuando el país navega rumbo al paraíso bajo la conducción de un gobierno serio, el de los mejores, de excelencia, que en aguas turbulentas, ha logrado un crecimiento sostenido, una inflación controlada, y altos niveles de empleo. Convencidos están que el país se ha farreado la oportunidad de darle continuidad a una política y un modelo admirado en el mundo entero, pero rechazado en nuestro querido chilito.

Y como para obviar la envergadura de la derrota, y la contundencia de la victoria de Michelle, inapelable y sin parangón en las últimas décadas, en tres elecciones sucesivas, los perdedores buscan poner el acento en el fenómeno de la abstención. Incluso más, han tenido la osadía de pretender llevar agua a su molina por la vía de puntualizar que ella sería una señal de que la gente está contenta, que no quiere grandes cambios, y que por lo mismo, no le pareció importante ir a votar.

En Chile, siempre ha habido abstención, lo que ocurre es que ella se transparentó, se sinceró, por la vía de la inscripción automática y el voto voluntario. En el pasado, se expresaba en lo fundamental por la vía de la no inscripción, una suerte de abstención perpetua. Ahora en cambio, ella se ha puesto sobre la mesa, descarnadamente, y su magnitud es similar a la de otros países con mayor y similar nivel de desarrollo al nuestro, como es el caso de Suiza y Colombia. No hay nada nuevo bajo el sol como se nos quiere aparecer.

Por otra parte, la abstención no tiene una única cara: puede ser reflejo de una elección con un muy bajo grado de incertidumbre, donde desde la propia derecha se oían voces de que era carrera corrida para la oposición; de quienes consideran que es perder el tiempo ir a votar porque sienten que en lo personal no ganan nada; de quienes rechazan lo que llaman el duopolio; de quienes han dejado de soñar y caído en el cosismo, el individualismo, el descreimiento; del encumbramiento del poder económico-financiero y el relegamiento del poder político a un rol irrelevante.

En todo caso, un elevado nivel de abstención es un problema que debe ser abordado con altura, relevando lo público respecto de lo privado, el bien común, la ética en nuestro comportamiento diario con nuestros semejantes, educando y formando, no para competir desaforadamente, sino para colaborar, compartir, integrar y construir juntos, sin discriminar, sin segregar, sin abusar. Esto es lo que hay que rescatar del holgado triunfo de Michelle.

diciembre 13, 2013

Rankings: lo bueno y lo malo

Los rankings parecen vivir tiempos de gloria en medio de una aparente creciente competitividad. Aparente porque muchas veces la realidad no es lo que parece; creciente, porque se nos hace creer que los mercados son cada vez más competitivos. Sin embargo, no deja de ser una paradoja que los distintos mercados están siendo cubiertos cada vez por menos empresas: cientos de farmacias han ido desapareciendo en beneficio de unas pocas cadenas que se dan el lujo de coludirse; las decenas de bancos existentes en un pasado no remoto, algunos de ellos de carácter regional, entre ellos el de Talca, Osorno y La Unión, han sido absorbidos por grandes bancos que operan ante indefensos consumidores, ya sea por la existencia de letra chica, como por la mala educación de consumidores incapaces de leer, descifrar e interpretar la letra chica que acompaña toda documentación donde uno tiene que poner su firma o su huella.

En este contexto, los rankings hacen su agosto, simulando una competencia que de tal, tiene muy poco. Un ranking no es bueno ni malo per se, pero no es neutro. Depende del ranking. Un ranking no es más que un ordenamiento de un conjunto de elementos –que pueden ser farmacias, alumnos, bancos, universidades, establecimientos comerciales, etc.- en base a los valores que asume algún criterio, variable o atributo, o conjuntos de criterios, variables o atributos específicos. Todo ranking aspira comparar los elementos en cuestión, sean estas universidades, farmacias o bancos. Pero solo tiene sentido comparaciones entre “iguales” o “similares”, sobre todo cuando se trata de comparar resultados. En caso contrario, los rankings lo que hacen es inducir sesgadamente la toma de decisiones.

A modo de ejemplo es un despropósito comparar los resultados SIMCE o PSU de establecimientos cuyos alumnos provienen de establecimientos municipales con aquellos que vienen de colegios particular pagados de La Dehesa o Las Condes. Es como comparar peras con manzanas. Además de que no se le pueden pedir peras al olmo.

Recientemente tuve el privilegio de hacer un ejercicio en un taller con un significativo grupo de profesionales, respecto de lo bueno y lo malo de los rankings. Los resultados fueron sumamente ilustrativos. Entre lo malo, se identificó su tendencia a:
  • La exacerbación de la competencia entre componentes no siempre iguales en entornos donde la cooperación debiese ser un valor, como es el caso de los ambientes educacionales;
  • La segregación, marginando a unos y seleccionando a otros, con miras a “mejorar” una posición;
  • La generación de prejuicios entre quienes se guían por los rankings sin preocupación respecto de la fórmula de cálculo empleada ni de la validez de los datos que los sustentan;
  • Su manipulación por parte de los interesados en mostrar los rankings que los favorecen y ocultar los que no los favorecen; y
  • La potenciación de un modelo de sociedad –político, económico, social y cultural- neoliberal.

Pero junto con lo malo, también se identificó lo bueno de los rankings, destacándose la posibilidad de:
  • Una visualización de una particular realidad en torno a un tema en particular;
  • Una comparación orientada al mejoramiento;
  • La adopción de decisiones orientadas a superar debilidades y la correspondiente focalización de acciones a emprender;
  • La verificación de los progresos o retrocesos en relación a terceros o a si mismo en el tiempo.

Recientemente, el Ministerio de Educación ha propuesto una nueva metodología para la determinación del arancel de referencia, que tiene como característica central tomar en consideración la empleabilidad del profesional que egresa del establecimiento. ¿Qué relación tiene esto con el tema de los rankings?

Nelson Mandela


Mi modesto homenaje a Nelson Mandela: una vida memorable ....

diciembre 12, 2013

Votar o no votar

Este domingo es la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile y las opciones que se tienen por delante abstenerse, votar nulo o en blanco, o por una de las candidatas en carrera. Entre mis amistades tengo de todo, no distribuidos uniformemente, pero tampoco parapetados en una única postura.

Quienes no voten, que muy probablemente sean los más, y de hecho probablemente la señora “abstención” sea la candidata ganadora, lo harán por los más diversos motivos. Están aquellos que no habían estado inscritos, como una manera de hacerle el quite al voto obligatorio, hasta que vino la inscripción automática y voto voluntario, como aquellos que votaban porque en su momento se inscribieron y ahora aprovechan que el voto dejó de ser obligatorio.

Se abstienen quienes a la fecha tienen más motivos para no votar que para lo contrario. Los motivos van desde que “votar no me cambiará la vida” hasta el rechazo a lo que llaman el duopolio que el sistema electoral binominal ha generado o el rechazo a la política en general, tal cual se expresa, o a lo que denominan la clase política.
Efectivamente, un voto no cambiará la vida de nadie, pero muchos votos sí pueden cambiarla. Tal como un grano de arena no da origen a una montaña, muchos granos de arena si la generan. Uno es parte de un todo. Si todos votamos podemos orientar al país hacia los objetivos que se aspiran.

No votar por oposición al duopolio Concertación-Alianza, es quedarse atrapado en un pasado que quedó atrás. Ni la Concertación ni la Alianza existen actualmente, pues han quedado sobrepasados. Una y otra coalición cumplieron un ciclo histórico, uno para derrotar a la dictadura, y el otro para defender su legado. Ambas coaliciones cumplieron exitosamente su misión: la Concertación derrotó, no solo electoralmente a la dictadura, sino que culturalmente. La Concertación es fruto de la rebeldía, del rechazo a los atropellos a los DDHH, de la promoción de las libertades políticas y de la resolución civilizada, no militarizada de los conflictos. Hoy por hoy, estas ideas ya están fuertemente instaladas mayoritariamente en la sociedad. A pesar del desprestigio de la clase política, son pocos los que piensan en volver atrás, en la necesidad de un “nuevo Pinochet”.

Por su parte, la Alianza logró mantener incólume la defensa de su legado, el modelo económico que tenemos, donde la sociedad se confunde con un mercado en todos los ámbitos, incluidos el de la educación, la previsión y la salud, convertidos todos ellos en bienes de consumo.

Las mayorías que ha tenido la Concertación fueron suficientes para reducir la pobreza, pero no para reducir las desigualdades y la precariedad de la vida diaria por parte de quienes han logrado escapar de la pobreza, pero que en cualquier momento pueden volver a caer en ella. El modelo político-económico que tenemos requiere cambios sustantivos, de envergadura, que pongan fin a los abusos, que miren más las externalidades positivas que generan gozar de una buena educación, una buena salud, una buena previsión. Quienes no votan, no contribuyen en nada a tales cambios, que solo son posibles con grandes mayorías.

Esto no significa que votando se aseguren tales cambios, pero sí asegura que sean más probables, y sí asegura que los cambios que muchos desean no se produzcan. Es una suerte de profecía autocumplida. No voto, porque no va a pasar nada, lo que efectivamente ocurrirá al no votar. Si la mitad del país no vota, por más mayoría que tenga quien triunfe en las elecciones, no tendrá las espaldas suficientes para tomar las decisiones que muchos de quienes no votan quisieran. A modo de ejemplo, si la candidata ganadora lo hace con un 60% de los votos, pero solo votó la mitad de quienes están habilitados para votar, significa que del universo electoral, solo un 30% votó por ella. Entonces, ¿con qué respaldo podrá emprender las acciones que muchos de quienes no votan aspiran?

En democracia, el voto es el instrumento clave, no la voz de la calle. La calle sirve para complementar, para expresarse, pero ningún gobernante puede adoptar decisiones en base a lo que diga la calle y a espaldas de quienes fueron elegidos, en tanto estos representan a las mayorías expresadas en las urnas. La voz de “la calle” tiene sentido en la medida que “la calle” vote, en caso contrario se transforma en un poder fáctico, como todos aquellos que repudiamos. Solo que en vez de estar en la sombra, lo hace a cara descubierta o encapuchado. La voz de “la calle” tiene sentido cuando quienes nos representan en las instituciones que se ha dado la democracia, no cumplen lo que prometen, o no estamos debidamente representados, lo que en cierta manera ocurre con el sistemita electoral que tenemos.

Por todo lo expresado, mi decisión es votar e invitar a votar a quienes lean estas líneas. Tengo la convicción de que no votando es más probable que las cosas se den como no quiero que se den.

No votaré por Evelyn ya sea porque no comulga en mi parroquia, como porque no me gusta quienes se visten con ropaje ajeno. Pretender ganar con un eslógan como “por un país más justo” cuando el modelo que preconiza tiende a exacerbar la injusticia, la segregación, y que por lo demás sus ideólogos no visualizan negativamente porque la encuentran consustancial a la naturaleza humana, me parece un despropósito. Y para rematarla, ahora habla de “cambios revolucionarios” en circunstancias que su sector ha sido el muro de contención de tales cambios que denomina como “revolucionarios”. Se equivoca si cree que los abusos se podrán eliminar bajo el modelo económico desregulado que tenemos. No quiero tener una gata a cargo de la carnicería.

Por lo expuesto, mi voto será por Michelle. Respeto a quienes desconfían, no se hacen muchas ilusiones, a quienes no voten por Michelle, quienes lo harán por motivos más que plausibles. Sin embargo, mi opción es Michelle. Lo es por los más diversos motivos, por trayectoria de vida, le creo, le tengo confianza. Me fío más de sus dudas que de las certezas de Evelyn. Michelle es buena onda, tranquila, humana, acogedora, cree en lo que yo creo, sabe que el país necesita otro rumbo, más cooperación, menos competencia desenfrenada, más y mejores trabajos, menos precariedad, un país a escala humana. Sabe que entre todos y todas podemos, sin exclusiones. Guardando las proporciones, siento que Michelle representa lo que Mandela representa a nivel mundial.

Voto por Michelle porque para hacer lo que hay que hacer, necesita una victoria contundente, abrumadora, que la empodere, que le de fuerza. No se trata de dar vuelta el país, se trata de enderezarlo! Una vez más se trata de decidir en torno al país que queremos.

En consecuencia, voto, e invito a votar este domingo por Michelle, con alegría, con esperanza, con fe de que “si, se puede”.

diciembre 05, 2013

LLueve sobre mojado

A la candidatura oficialista de Evelyn parece lloverle sobre mojado todos los días. A lo largo de la campaña no le han faltado las malas noticias. Le sobran por uno u otro motivo, sin parar, como si de una mala racha o de una confabulación se tratara.

No resulta fácil encontrar las razones para explicarse el actual estado de la campaña de Evelyn. No resulta fácil a la luz de las cifras que se manejan desde las esferas de gobierno. Crecimiento sin parangón, inflación bajo control, negocios florecientes, bajas tasas de desempleo rayanas en el pleno empleo. Esta triada no la tiene cualquier gobierno. De allí que se agarren de la cabeza frente a la posibilidad de que se les escape el control del próximo gobierno que emergerá de las urnas en los próximos días.

Desafortunadamente para sus adherentes, la sarta de errores no forzados, junto con algunos forzados ha conducido a la candidatura de Evelyn hacia una suerte de crónica de una derrota anunciada.

Entre los primeros se cuentan las bajadas y subidas de candidatos. Evelyn no es sino la culminación de esta serie que se inicia con la subida de Golborne por parte de la UDI, animada por competir en el plano de la simpatía o la sonrisa, y que a poco andar se desploma ante las denuncias de intereses usureros en la empresa donde oficiaba de gerente, y que se remata con la denuncia de sus depósitos en paraísos fiscales.

Ad portas de las primarias presidenciales cunde el pánico en la UDI, y en un dos por tres, lo bajan, y suben a Longueira, cuya máxima aspiración desde hace años no era otra que ser candidato a la presidencia de la nación.

Logran ganar a Allamand en las primarias, cuando para sorpresa de todos, la candidatura de Longueira se desploma al más puro estilo de la extinta Unión Soviética. La razón oficial, un cuadro depresivo que nadie logra explicarse razonablemente, en una persona que llevaba más de 30 años metido en la cosa política. Con este sustrato, vetado Allamand por parte de la UDI, emerge como candidata de última hora, también en un dos por tres, Evelyn. La nomenclatura de la UDI, los eternos coroneles, la proclamó entre gallos y medianoche.

Los resultados de la primera vuelta no hicieron sino confirmar lo que se temía. El premio de consuelo, lograr entrar a una segunda vuelta, con el paso de los días, y a medida que se aproxima la fecha, amenaza con ser más un castigo que un premio propiamente tal. Desde entonces, todo parecen manotazos de ciego. Desde la creación del observatorio judicial para ocultar las responsabilidades de gobierno en materia de seguridad ciudadana, hasta la invocación de catástrofes bíblicas si los evangélicos osaran votar por su contrincante.

La afonía de la que ha sido afectada, adportas de los debates con los que desde siempre ha soñado, no hace sino poner un broche de oro a lo que ha sido una campaña donde han sobrado las zancadillas desde la propia derecha. Emblemáticos candidatos de su sector que ganaron las elecciones parlamentarias, resuelven irse de vacaciones, dejándola al garete; o una candidatura presidencial más afín a su sector, Parisi, que la trata como una mujer “mala”, en contraposición a Michelle, a quien no duda en visualizar como una “dama”. Y un senador de la coalición que la respalda, que en la primera vuelta le negó su respaldo, ahora afirma que sus ideas de gobierno las ve más cercanas a la candidatura de la Nueva Mayoría. Y ahora, uno de los candidatos alternativos, Sfeir, entusiastamente, resuelve respaldar a Michelle en esta segunda vuelta.

La derecha, como dando por perdida la elección, sin pudor alguno, ya está levantando candidatos para la elección presidencial de cuatro años más. La única incertidumbre que aparece en el horizonte sería el del nivel de abstención. Un alto nivel de abstención si bien no deslegitima al ganador, lo debilita porque lo hace menos representativo de la totalidad de la población. De allí que un gobierno que emerge con una mayoría absoluta con bajo nivel de abstención, lo hace debidamente empoderado para implementar las transformaciones que el país pueda estar demandando.