febrero 02, 2007

Transantiago: un desafío mayúsculo

En Chile se nos anuncia que el sistema de transporte público llamado transantiago que partirá el 10 de febrero, está condenado al fracaso, ya sea por ineptitud de quienes fraguaron el plan, de quienes lo implementarán, o simplemente, porque no está alineado con nuestra “cultura nacional”.

Desde la región en que residimos pareciera que somos meros espectadores. Mal que mal se trata de un problema de la capital del reino. Si bien nos puede parecer una temática ajena, no nos viene mal monitorear lo que ocurrirá para aprender.

El tema del transporte público en Santiago, y en todo el país, está muy lejos de tener las características que nos merecemos. Ineficiente, contaminante, incómodo, no resulta una alternativa atractiva. En vez de desincentivar el uso del automóvil, lo incentiva, promoviendo soluciones individuales. Esta es la realidad que desde hace años se vive en el país. Para el nivel de ingreso per cápita que tiene el país, esto ya no se sostiene.

Esto de que una micro pare en cualquier parte y cuando a uno le de la gana; o esa avivada criolla de “me lleva por cien pesos”; que el chofer conduzca y al mismo tiempo cobre, no se sostiene en ningún país. O que todas las micros atraviesen la ciudad de un extremo a otro pasando por el centro: en Santiago por la Alameda; en Talca por la 2 Sur; en Arica por 18 de Septiembre.

Estas costumbres tan arraigadas no se pudieron alterar ni en tiempos del innombrable, quien ni siquiera hizo el intento por abordarlo para no comprarse problemas gratis. Sin embargo, el crecimiento de la ciudad y sus altos niveles de contaminación, han obligado a los gobiernos de la Concertación a enfrentar a fondo el sistema de transporte público.

Años atrás se hizo un intento cuando se procuró que los conductores se limitaran a conducir y los pasajes se emitieran automáticamente mediante máquinas que recibían monedas y billetes. Fue un sonado fracaso, ya sea porque no todas las micros tenían tales máquinas, porque muchas de ellas no funcionaban o funcionaban mal, o porque los pasajeros –nosotros- preferíamos pasarles las monedas a los choferes y éstos las metieran en las máquinas, o porque no teníamos sencillo.

En esta ocasión no se puede fracasar, pero para ello es indispensable la colaboración de todos los involucrados. Se trata de un desafío, no solo para el gobierno, sino que para todos sus actores –pasajeros, conductores, empresarios, autoridades-, quienes deberán poner la mejor voluntad para salir airosos. Una prueba de fuego para saber si estamos en condiciones de abandonar un pasado representado por el actual sistema de transporte público, e ingresar al desarrollo simbolizado por un transporte público más eficiente.

enero 26, 2007

La verdad tiene su hora

Tengo en mis manos el libro que Eduardo Frei Montalva escribiera hace ya poco más de 50 años cuyo título me he tomado la libertad de recoger para encabezar esta columna. A 25 años de su muerte se empiezan a desentrañar los misterios que la acompañaron.

Con tan solo 16 años mi primer encuentro con él fue en el 64, cuando mi tío, un redomado derechista aterrorizado ante la eventualidad de un triunfo de Allende, me llevó al parque Cousiño –hoy llamado parque O´Higgins- para sumarnos a la marcha de la Patria Joven que venía desde Arica y Punta Arenas. Eran tiempos de guerra fría. Posteriormente me reencontré con él en febrero del 67, en la ciudad de Castro donde un grupo de estudiantes universitarios estábamos construyendo viviendas en el marco de los trabajos voluntarios. Allá fue a vernos, en su calidad de Presidente de Chile, a la escuela pública en que alojamos. Su imponente figura junto con sus palabras llenas de sabiduría me marcaron profundamente, y conforman el origen de mi interés por la política hasta el día de hoy.

Los tiempos han cambiado, las alianzas son otras, pero la validez de su pensamiento sigue vigente, quizá más que nunca, particularmente en los tiempos actuales en los que la política pareciera estar perdiendo valor y los jóvenes no se sienten atraídos por ella. Nos haría bien releer un libro escrito a mediados del siglo pasado, pero que tiene plena vigencia. Su lectura invita a tener confianza, a creer en nosotros, a construir un país que está a nuestro alcance.

Su preocupación e interés por Chile y su futuro lo mueven a continuar en escena. Al encabezar su gobierno es atacado a diestra y siniestra. En tiempos de Allende la derecha lo caricaturiza como el Kerensky chileno; la izquierda, por hacerle el juego a la derecha y al imperialismo yanqui. Fue oponente de Allende y de Pinochet. En 1980, con motivo del plebiscito asume el liderazgo opositor a la dictadura con un histórico discurso en el teatro Caupolicán que –en silencio y con temor- se escuchó de norte a sur a través de la única radio que se atrevió a transmitirlo. Nos dio nuevos bríos y esperanzas. La dictadura tomó nota de ello.

En 1982, entra a una clínica para una operación menor, y sale de ella fallecido en extrañas circunstancias –por decir lo menos-. Aunque la versión oficial dijera otra cosa, ya en ese entonces, un solo pensamiento nos cruzó: fue asesinado. Hoy, a 25 años de su fallecimiento, un preinforme señala la presencia de gas mostaza en su cuerpo. Hasta el 90 no se pudo investigar porque la dictadura se encargó de taponear todo; luego porque para eso Pinochet continuaba en escena ya sea como comandante en jefe del Ejército primero, y luego como senador vitalicio. Recién ahora, sin su presencia, tímidamente, se pueden ir abriendo todas las cajas de Pandora.

Hoy como ayer, la verdad tiene su hora.

enero 19, 2007

La transparencia

Durante las últimas décadas el tema de la transparencia ha estado en el tapete noticioso. Generalmente se le relaciona con la corrupción dado que ésta tiende a darse allí donde no hay transparencia. Se trata de una expresión ligada a ámbitos no políticos, pero que en la actualidad se asocia íntimamente a lo político, a lo democrático.

En un intento por definir la transparencia, lo primero que se me viene a la cabeza es un vidrio o un papel que nos permita ver lo que hay al otro lado. Que lo que vemos al otro lado es lo que efectivamente hay, que no sea vea borroso o algo distinto. De allí que cuando hablamos de una persona transparente, lo que queremos afirmar es que no tiene dobleces, que se muestra tal cual es, que dice lo que piensa, que no intenta representar lo que no es. Lo mismo vale a todo nivel, por ejemplo, institucional. Por ejemplo, una empresa puede decir que el cliente está primero, pero a la hora nona no está ni ahí. O a nivel de los procesos. Por ejemplo, del reclutamiento de personal en las empresas o de las postulaciones a las universidades. Un proceso será transparente en la medida que los procedimientos, rutinas, reglas y decisiones sean conocidas por los involucrados y sean consistentes. En el ejemplo, que no existan quienes entren por la ventana, esto es, apitutados.

La falta de transparencia es un problema serio porque posibilita la injusticia, que pecadores pasen por santos. Es un problema porque siembra la desconfianza, y ésta tiene un costo que es alto. La desconfianza genera controles que serían innecesarios si la sociedad en que vivimos fuera mas transparente. La transparen-cia tiene el mérito de inhibir conductas, decisiones y acciones indebidas.

De allí el interés por la transparencia. En política y en democracia es esencial, porque de otro modo la ciudadanía no estaría en posesión de información completa y confiable cada vez que se requiere su opinión. Lo mismo vale a nivel económico. ¿Cómo se encuentra nuestro país en este tema?

Creo que vamos por buen camino. De partida no vivimos bajo el oscurantismo de los tiempos del innombrable en el que las decisiones se tomaban entre 4 paredes y la arbitrariedad se enseñoreaba a vista y paciencia de todos. Tiempos donde los recursos destinados a gastos reservados eran de una cuantía impensable para los tiempos actuales y con los cuales se cometían delitos de marca mayor.

Como botón de muestra, hoy tenemos mayor transparencia en todo el proceso de adquisiciones que efectúan los organismos de Estado a través del portal Internet de Chilecompras. Hay mayor transparencia en el proceso de adjudicación de proyectos por parte de CONICYT. Con los desaguisados que hemos visto en los últimos tiempos en CHILEDEPORTES y los Programas Generales de Empleo, se están disminuyendo los presupuestos disponibles para asignaciones directas, y tanto los montos comprometidos como los nombres de las empresas y de los beneficiarios finales serán de conocimiento público a través de sitios Internet.

Por tanto, más allá de los dimes y diretes, creo que se va en la dirección correcta, hacia una mayor transparencia, que mas temprano que tarde terminará por acorralar a quienes quieran seguir haciendo de las suyas.

enero 12, 2007

Análisis de los resultados de la prueba de selección universitaria (PSU)

Con la publicación de los resultados de la última prueba PSU, una vez más, vuelven a surgir rankings y comentarios que en vez de agregar información de valor, contribuyen a confundir. Se trata de un tema en el que se debe actuar con suma responsabilidad por estar involucrada la fe pública por lo que la información que se entrega al mercado debe ser completa; en caso contrario se está desinformando en vez de informar y aumentando el grado de asimetría informativa existente en el sector educacional.

Entre los titulares observados se incluyen entre otros, los siguientes: “la brecha entre colegios públicos y privados creció 14 más”; “los establecimientos pagados subieron 12 puntos promedio mientras que liceos públicos bajaron 2 puntos respecto del 2006”; “los jóvenes de de colegios municipales obtuvieron 459 puntos en 2006, en tanto que ahora 457 puntos, mientras los colegios privados suben de 586 a 598 puntos”; “el 60% de los puntajes nacionales viene de establecimientos particular pagados”. Todos estos titulares, así como el de muchos otros, están dando información incompleta, sesgada, con efectos distorsionadores. El efecto subliminal de estos titulares no es otro que el de concluir que los establecimientos particular pagados son de mejor calidad que los municipales, conclusión falsa si se considera la realidad en toda su complejidad.

Oculta los costos bajo los cuales se obtienen los puntajes. Basta preguntarse con qué recursos operan los establecimientos particular pagados y los municipales. Mientras muchos de los primeros trabajan con aranceles por sobre los $ 100,000 mensuales, los establecimientos municipales deben hacerlo con menos de $ 50,000 al mes.

Oculta el nivel socioeconómico de los alumnos en los establecimientos educacionales: los particular pagados matriculan alumnos de los más altos ingresos, en tanto que los municipales deben hacerlo con los de más bajos ingresos.

Lo que indican realmente los resultados PSU y su evolución en el tiempo, es lo fácil que es obtener buenos puntajes PSU con altos aranceles y alumnos que traen consigo un alto capital sociocultural al provenir de familias con altos ingresos. Y lo difícil que es lograr buenos puntajes con alumnos de los sectores más vulnerables y con poca plata.

También se oculta que este año rindieron la prueba más de 30 mil alumnos más que el año pasado y que éstos son alumnos provenientes de las familias más pobres, y por tanto, debiera haberse esperado una baja significativa en el puntaje PSU de alumnos matriculados en establecimientos municipales, lo que no ocurrió. O sea, en estricto rigor, si nos ponemos a cotejar grupos de alumnos pertenecientes a un mismo tramo de ingresos familiares, no podemos encontrar con la sorpresita que los establecimientos municipales son de más alta calidad que los establecimientos particular subvencionados y que los particular pagados. Imagínense cuáles serían los resultados de la PSU si los establecimientos municipales pudiesen trabajar con la cantidad de recursos con que lo hacen los establecimientos particular pagados?

diciembre 28, 2006

Hora de balances y proyecciones

Por suerte tenemos fin de año para hacer al menos un alto en nuestro peregrinar por este mundo y reflexionar en torno a lo bueno, lo malo y lo feo del año que se nos va. Por razones de espacio me limitaré a algunos brochazos. A nivel nacional y político el 2006 se inicia marcado por la elección presidencial y el triunfo de Michelle. A poco de asumir el paro estudiantil pone sobre la mesa el tema de la educación en Chile, evento que gatilla la primera crisis de gabinete. Termina el año con la muerte de Pinochet procesado, y el destape de una corrupción de la que nos creíamos exentos. Ojalá aprovecháramos estos acontecimientos, de los que difícilmente se escape algún sector de nuestra sociedad, para revisar no solo leyes y medidas, sino comportamientos y conductas, que si bien pueden reportar ventajas de corto plazo, pueden ser éticamente reprobables y de alto costo en el mediano y largo plazo. Sin embargo, no nos creamos el cuento que esto es de ahora. Viene de hace tiempo, e incluso invita a revisar el modelo de transición hacia la democracia que hemos estado recorriendo. Una transición basada en acuerdos, conversaciones, transacciones, pulseadas entre una mayoría agrupada en la Concertación por la Democracia y una minoría sobrerepresentada en el Congreso Nacional y en todos los acuerdos alcanzados, en tanto que otra minoría subrepresentada en todas las instancias de decisión. Que desde antes exista corrupción no justifica ningún acto corrupto, pero no olvidemos que quienes hoy rasgan vestiduras no tienen las manos limpias y dentro de las negociaciones posplebiscito del 88 –cuyo tenor exacto se desconoce a la fecha- hay ciertos acuerdos explícitos o implícitos que están en el origen de los problemas que nos azotan por estos días. ¿No es acaso un insulto a la inteligencia que la educación todavía se rija por una ley orgánica constitucional promulgada el día antes que Pinochet entregara el gobierno? ¿y que esta ley no haya podido ser siquiera discutida hasta la fecha? ¿que la comisión investigadora los pinocheques en la Cámara de Diputados cerrara el caso por “razones de Estado”? ¿que Pinochet dejara el gobierno y reasumiera la Comandancia del Ejército como si acá no hubiese pasado nada? ¿y que después abandonara la comandancia para transformarse en senador vitalicio? ¿que hasta la fecha no se investiguen las privatizaciones realizadas bajo el régimen militar y las nuevas fortunas generadas? ¿o la operación salvataje de los bancos mientras se aplicaba mano dura con los deudores habitacionales y se desmontaban subsidios sociales? No se trata de empatar, sí se trata de repudiar unos y otros hechos, de llegar a acuerdos para desentrañar todos los misterios, en vez de acuerdos para tapar y encubrir. Debemos revisar el camino seguido. Por él se corre el grave riesgo de estar fraguando una crisis que si la clase política no escucha puede tentar a los aventureros de siempre que se encuentran al acecho. Ojalá el 2007 sea el año del sinceramiento aprovechando que al frente de nuestro gobierno tenemos a Michelle, una mujer de corazón limpio.

diciembre 22, 2006

Hoy es Navidad

En una noche como hoy, hace ya más de dos siglos, en una cuna de paja, hijo de María y José –un modesto carpintero-, nació el niño Jesús. Menciono esto para aterrizar la desenfrenada locura en que nos encontramos sumergidos. Locura expresada en la obsesión por comprar y regalar a como dé lugar. Como si fuéramos una manada impulsada por una fuerza irrefutable, caemos presa de una fiebre de compras que nos deja extenuados y endeudados por todo el año. Con esta conducta desvirtuamos el sentido más profundo de esta fecha.

El ambiente que estamos viviendo no tiene nada que ver con el nacimiento de Jesús. Éste simboliza todo lo contrario: la irrelevancia de lo material y la relevancia del espíritu. En efecto, en lo económico para qué hablar. El comercio y la actividad económica en general vive sus mejores días gracias a una publicidad atosigante y la proliferación del crédito que permite ahogarnos sin que nos demos cuenta hasta que ya es muy tarde. Lo más triste es que al final del día los que pagan los platos rotos son los más pobres porque terminen pagando dos o más veces lo que compran vía intereses dada la imposibilidad de pagar sus compras al contado. Como consuelo, la tasa de empleo aumenta mientras más nos encalillamos. Quizá a qué nivel se encontraría el desempleo si nos abstuviésemos de comprar y osáramos tener una navidad familiar en casa, reflexiva y tranquila, en el que los regalos se centraran en nuestros mejores deseos para los demás.

En lo político nos encontramos bajo un ambiente un tanto turbio, con dimes y diretes que generan un clima de crispación inconducente, o que a nada bueno nos puede conducir. Buen momento este para hacer un alto y recordar nuestra condición humana, así como nuestra aspiración de vivir en paz y armonía. Dejar de ver la maldad en el otro y la bondad en uno mismo, para ponernos en el lugar del otro.

En fin, aprovechemos la oportunidad que nos brindan estos días para renovarnos, para reinicializarnos, dar vuelta la hoja, desarmarnos, recoger las lecciones que el pasado y presente nos señalan para proyectarnos al futuro con ganas, optimismo y fé. He tratado de imaginar que si Jesús naciera hoy ¿qué nos diría? ¿a qué nos invitaría? Creo que nos invitaría, a cada uno de nosotros, a dibujar el país que queremos. Y lo más probable que nos nos encontremos con mayores diferencias. Luego nos invitaría a proponer los caminos a seguir para el logro de ese país que dibujamos. En este punto es muy probable que surjan las discrepancias, pero ellas no deben ser como para que nos cortemos las venas.

Vamos, ¡¡¡¡Arriba los corazones!!!!

diciembre 14, 2006

La muerte de Pinochet

La historia es muy cruel. Así como para el 11 de septiembre del 73 una parte del país estuvo descorchando botellas de champaña, en esta ocasión la celebración corrió por cuenta del sector opuesto. Hoy como ayer, no hubo funerales de Estado, ni banderas a media asta, y tampoco se decretó duelo oficial.

Para unos, Pinochet fue un libertador, poniendo el acento en que entregó su vida por los demás, salvando al país de una guerra civil derrotando al marxismo internacional, que fue capaz de encarar a Perú y Argentina en momentos extremos, y de abordar profundas reformas económicas liberalizadoras, soslayando el tema de los derechos humanos y las restricciones impuestas al devenir político. Para sus partidarios, si algún error se le pudiese imputar, sería el de no haber matado a todos sus adversarios. Si alguna lección dejan estos años, y se pudiese repetir la historia, esa sería la de haber sido demasiado “blandos”.

Para otros, Pinochet fue un clásico dictador de derecha que se enriqueció haciendo uso del poder, que encabezó el período más trágico de la historia de Chile implantando una dictadura caracterizada por la sistemática violación de los derechos humanos al amparo de una doctrina de seguridad nacional que posibilitaron los asesinatos, las torturas, los exilios, y atropellos haciendo uso del aparato civil y militar del Estado. En lo económico, enfatizan las oscuras privatizaciones que enriquecieron a unos pocos y propagaron la miseria y cesantía.

Su muerte ha dejado al trasluz las profundas diferencias que nos dividen como nación y las dificultades que encierra su construcción. Estas encontradas visiones de quienes habitamos esta tierra, son las que nos impedirán alcanzar el objetivo común de ser un país desarrollado capaz de vivir en paz.

La muerte de Pinochet lo que ha puesto sobre la mesa es esta realidad que no pocas veces soslayamos y ocultamos. Ojalá el período de catarsis que estamos viviendo abra paso a una fase de reflexión. Mientras su nieto lo ensalza, otro nieto del comandante en jefe del Ejército que precedió a Pinochet y que fuera asesinado en Buenos Aires, escupe sobre su féretro. En este marco, las palabras y decisiones adoptadas en estos días por la presidenta Bachelet, hija de un general de Aviación muerto bajo el régimen de Pinochet, nos orientan respecto del camino a seguir.

Debo confesar que la muerte de Pinochet me produjo alegría y pesar; sentimientos encontrados y la constatación de un gran fracaso nacional: la incomunicación nacional, la existencia de sectores de la sociedad incapaces de asumir sus responsabilidades, imputándoselas a los demás.

Pesar porque los tribunales de justicia chilenos no fueron capaces de condenarlo, aún cuando tenemos la convicción que la historia ya lo condenó. pesar porque las tácticas dilatorias de sus abogados dieron su fruto. Alegaron demencia, prescripción por el paso del tiempo, edad,, el contexto de guerra fría, estirando la cuerda para que alcanzara a morir antes que lo condenaran. Y lo lograron. Se dieron el gusto de rendirle honores en la Escuela Militar.

Alegría porque al fin se despachó un personaje siniestro que influyó tanto en nuestras vidas. Porque con el tiempo se ha ido reduciendo a su real dimensión: la de un clásico dictador de derecha que en sus tiempos de gloria, con la soberbia propia de quien detenta el poder total, violó impunemente los derechos humanos. Alegría porque no obstante las limitaciones que enfrenta nuestra precaria democracia actual, el soporte cívico militar que lo sustentó, se encuentra en franca retirada. pero, ojo! porque se mantienen al acecho. Alegría porque no obstante que los tribunales de justicia chilenos no realizaron oportunamente su tarea, tanto a nivel internacional como nacional, ya está condenado en el corazón de la gente. Ello a pesar de los esfuerzos de la "seria" prensa nacional que emitió informes especiales en los que sibilinamente, eufemísticamente, al mas puro estilo mercurial, buscan ensalzar su figura posmortem. Esa misma prensa que en su tiempo ignoró las macabras acciones que se llevaban a cabo y lo que es peor, las alentaba al hacerse eco de los desvergonzados y mentirosos mensajes oficiales. Mientras en aviones lanzaban cuerpos al mar, con engoladas voces oficiales sostenían que esas personas presuntamente desaparecidas estarían en el exterior y que todo no era más que parte de la campaña internacional del marxismo.

A duras penas se atreven a llamr las cosas por su nombre. Régimen autoritario a lo que fue una brutal dictadura; Pronunciamiento a lo que fue un Golpe de Estado.

En fin, para qué seguir.

diciembre 07, 2006

Más y más

Uno de los problemas más serios que visualizo en la oposición es el carácter unilateral y repetitivo de sus propuestas. Esta realidad le estaría impidiendo capitalizar el desgaste de la Concertación, no obstante llevar ya más de 15 años de andadura gubernamental, y sumar una creciente dosis de conflictos internos. La ciudadanía no cree que siguiendo las recetas provenientes de la derecha tengamos un mejor país, un país más decente donde haya tanta disparidad económicosocial.

Desde la década de los 70 el país se ha empelotado, abriéndose al mundo y abandonando todo afán proteccionista. No solo se abrió al mundo, además inició un proceso privatizador sin precedentes en tiempos “autoritarios”, poco transparentes, que posibilitó la transformación de modestos funcionarios públicos en nuevos y poderosos empresarios a partir de la posesión de información privilegiada desde posiciones de poder.

Todo lo que nos enseñaron a lo largo de la vida, centrado en la necesidad de ganarnos el pan nuestro de cada día, ha sido puesto en jaque en el pasado y lo está siendo hasta el día de hoy. En la práctica lo que nos toca observar es que quienes más ganan, no lo hacen trabajando, sino que especulando sobre seguro. Cuando escribo esto último me asalta la duda porque la especulación en sí conlleva un riesgo y sobre seguro sería sin riesgo.

Pero no nos vayamos por las ramas. Volvamos al título de la columna: más y más. No conforme con la realidad actual, la derecha solo atina a reclamar más y más privatización, más y más flexibilización laboral, más y más espacio para seguir haciendo de las suyas. Todo atisbo de regulación es visto como sacrílego, presagio de los mil demonios y que va a contrapelo de las “recomendaciones” de los “expertos”. Por mera coincidencia estos expertos suelen ser “independientes” despojados de sesgo ideológico alguno.

Si siguiéramos las recetas de la derecha no tendríamos salario mínimo al cual culpan del actual nivel de desempleo; no debiéramos tener permisos pre ni posnatales porque elevan los costos de las empresas; no debiéramos tener jornadas de 8 horas diarias, sino que las que el “mercado” sugiera “libremente”; no debiéramos tener contratos laborales porque rigidizan los costos empresariales. No tendríamos escuelas ni universidades públicas. Quizá dónde estaríamos si siguiéramos a pies juntillas las recetas derechistas! Recetas que ni en la meca del capitalismo (Estados Unidos) se practican.

Estimo que esto es lo que está tras la decisión de los profesores y estudiantes secundarios y universitarios de marginarse del consejo de educación conformado luego del paro de los pingüinos. Marginación que solo puede explicarse ante la esterilidad de los esfuerzos desplegados por detener el insaciable afán de lucro, disfrazado de libertad de enseñanza, que hoy invade al ambiente educativo nacional.

noviembre 17, 2006

El PPD en ascuas


El fin de mes, el Partido por la Democracia tendrá Consejo General, que si bien fue convocado para reformar sus estatutos, lo más probable que termine centrado en la crisis en que se debate. Crisis que no deja de ser preocupante por tratarse de un actor relevante en la política chilena y en la coalición de la que forma parte.
Esta crisis se ha desatado por el eventual involucramiento de algunos de sus militantes en hechos que se encuentran en investigación. No obstante el doloroso momento partidario, visualizo con optimismo la realidad actual. De partida, veo con buenos ojos que la sociedad se escandalice frente a hechos reprobables, que los denuncie y solicite las sanciones correspondientes. Ojalá esta actitud no pase al olvido con el tiempo si queremos que no se repitan. En este sentido, más que nuevas leyes, normas, reglamentos, es indispensable elevar las exigencias de probidad por parte de nosotros a terceros, y a nosotros mismos.
Dentro del PPD la reflexión debe ser a fondo y creo que ella es posible. Entre sus protagonistas destacan Sergio Bitar y Fernando Flores, quienes si bien hoy parecen estar en trincheras opuestas al interior del partido, no hay que olvidar que tienen una historia común que debe ser mucho más fuerte que sus diferencias.
Esta historia común que debe primar está dada porque ambos fueron ministros del gobierno de Allende; porque ambos fueron relegados a isla Dawson por Pinochet, y posteriormente exiliados. Sergio fue senador por la primera región y cuando decidió no volver a postular, solicitó a Fernando que postulara por el partido. Bajo el lema “Me tinca Flores”, éste logró la senaturía.
Fue la última elección partidaria la que produjo el distanciamiento, elección en la que se produjeron realineamientos impensables en el pasado. Girardi y Schaulsohn tendían a formar una dupla de miedo en las elecciones internas, y no recuerdo que Sergio se alineara con ellos. Sin embargo, ahora Guido y Jorge se encuentran rotundamente distanciados. Estas diferencias tenían consecuencias electorales internas, y en el peso que los distintos grupos finalmente tendrían en los procesos de tomas de decisiones. Tema no menor cuando de un partido de gobierno se trata y por tanto, con militantes con posibilidades de acceder a puestos gubernamentales.
No cabe duda que al PPD no le ha hecho bien acceder al gobierno a poco de nacer: le ha faltado la travesía por el desierto, la historia larga, aunque ella no garantiza nada. La ausencia de esta historia obliga a reforzar la selección y formación política de sus militantes.
Si bien la convivencia interna pareciera verse deteriorada, existe la convicción que la gran mayoría de los militantes no están involucrados en hechos reprobables, lo que junto a la calidad humana e inteligencia de Sergio y Fernando, obliga a restaurar la convivencia interna sin esconder la basura bajo la alfombra.

noviembre 10, 2006

¿Con alambritos?

La semana pasada escribí afirmando que en el tema de la corrupción habían saltado los tapones. Más temprano que tarde iban a saltar. La capacidad de la sociedad para tolerar actuaciones ilícitas y/o indebidas está dada por el tipo de tapones que se tienen. En la sociedad que tenemos estos tapones son de alta capacidad, esto es, aguantan mucho. Se hace la vista gorda una y otra vez. La haremos nuevamente. ¿O arreglaremos los tapones con alambritos? La reacción que se observa nos permite abrigar la esperanza que no se hará la vista gorda. Habrá que ver si pasada la tempestad se habrá ido al fondo de la cuestión o se dejará que el tiempo sane heridas que posteriormente se reabren con mayor fuerza.

En esta ocasión el partido que está en el ojo del huracán es el PPD. Dos de sus tres senadores están enfrascados en una disputa sin cuartel. Dos posiciones que reflejan distintas maneras de ser y hacer política. Lo que está en jaque no son los principios del PPD, ni la política en sí. La política existe per se, nos guste o no. Existe desde el minuto que el ser humano es un ser social, o lo que es lo mismo, un ser que ha decidido vivir en sociedad. El cambio desde la apacible vida rural a la vertiginosa urbe no es gratis. Mientras más alta sea la tasa de urbanización, de gente que vive en ciudades, mayor incidencia tiene la política.

Lo que está en juego no es la política, sino que su ejercicio, su práctica. El problema no son sus principios, sino que sus dobles estándares, las acusaciones al voleo, los clientelismos, los sectarismos, la discrecionalidad en la asignación de recursos y cargos, la hipocresía, males todos que afectan no solo a los partidos, sino que recorre a la sociedad entera, y a muchos de nosotros. Por lo general rasgamos vestiduras ante hechos deplorables y dejamos de mirarnos a nosotros mismos.

Los partidos no son sino un espejo de la sociedad que representan, por lo que difícilmente cambiarán si la sociedad, esto es, nosotros, no cambiamos. Nos gusta mirar a los partidos tomando palco, sin involucrarnos, pero si no lo hacemos, la congénita debilidad partidaria persistirá, y agudizará, al igual que las malas prácticas. Desafortunadamente la sociedad que estamos construyendo, que privilegia el individualismo por sobre lo colectivo, la competencia por sobre la solidaridad, la alienación por sobre la libertad, no fortalece la adscripción partidaria.

En el caso particular del PPD gran parte de la crisis que la afecta tiene sus raíces en lo grotesco que resulta la disonancia entre sus principios y sus prácticas. Un partido que nació contra la dictadura, a favor de la democracia, la diversidad, el medio ambiente, la no discriminación, la convivencia pacífica, la justicia y los derechos humanos, si se mirara al espejo, al espejo de su propia realidad, probablemente le costaría reconocerse al observar las innumerables denuncias de irregularidades que afectan a algunos de sus militantes de mayor o menor peso. Más allá de la presunción de inocencia hasta que no se compruebe culpabilidad alguna, lo cierto es que existe un viejo adagio que nos dice que “cuando el río suena, es porque piedras trae”.

Nació hace ya más de 15 años como una gran promesa que a la fecha no ha logrado despegar no obstante el esfuerzo de pocos o muchos de sus militantes, por comportamientos indebidos de pocos o muchos de sus militantes que se posicionan al lado de distintos próceres según la ocasión. No obstante ser un partido nuevo, incurre en prácticas internas impropias.

En sus recientes elecciones internas, era primera vez que se presentaron dos candidaturas a su presidencia, lo que parecía una muestra de su madurez y capacidad para encarar el desafío que supone una competencia interna. Craso error, pues todo indica que las diferencias de entonces subyacen en la crisis actual.

Poco después de derribarse las torres gemelas en Nueva York, en el PPD circuló un folleto en el que se hacía alusión a las torres gemelas del PPD: Ávila y Girardi por su protagonismo y capacidad para atraer votos al partido. Una de estas torres se derrumbó hace unos años: Ávila, quien fue expulsado; la otra, Girardi, se mantiene. En ese tiempo, ambos eran diputados con aspiraciones senatoriales. Hoy ambos son senadores, no sin dificultades: arrebataron la senaturía, no a la oposición, sino que a la democracia cristiana. El mediatismo de ambos sepultó a dos políticos convencionales: Hamilton y Zaldívar. Qué ganó el PPD? Ahora, de los 3 senadores con que cuenta, en el escenario más pesimista, conservará uno, Muñoz Barra, ya sea por que expulsen o renuncien Girardi y/o Flores; en el escenario más optimista, que el PPD logre articular un acuerdo sobre la base de un cambio radical en su convivencia interna y sus prácticas, y sea capaz de mantener a los tres senadores, escenario ideal, pero por lo mismo, poco probable. El escenario más probable es aquel que en el que al final de este jaleo termine son 2 de sus 3 senadores.

Lo expuesto invita a reflexionar respecto de la selección de sus candidatos al parlamento y de quienes propone para ocupar cargos en el gobierno; a ingresar a un período de penitencia con el retiro o renuncia a los cargos de gobierno que ocupan sus militantes para seleccionar a quienes tienen las capacidades técnicas y con real espíritu de servicio público para ocuparlos.

noviembre 03, 2006

Saltaron los tapones

Una vez más ha saltado a la palestra el tema del uso, o mal uso, de recursos públicos. Esta vez, a raíz de las platas de Chiledeportes, institución que se asume responsable de promover el deporte en el país, ya sea el de alto rendimiento como de masificarlo. Es un tema que se arrastra desde hace tiempo y que se relaciona con una manera nefasta de ver y encarar la política: la del clientelismo político. Concepción por completo ajena al sentido más profundo y pleno de lo que se debe entender por democracia porque desequilibra la igualdad de oportunidades al privilegiar a unos por sobre otros promoviendo el rastrerismo, la obsecuencia.

Si queremos abordar de verdad el problema, debemos ir más allá del hecho puntual y no dejarnos llevar por apasionamientos momentáneos que obnubilarán las posibles alternativas que permitan reducir la repetición de hechos y conductas delictivas y reprobables.

De partida los partidos políticos y la ciudadanía deben asumir su responsabilidad. Los primeros deben reflexionar acerca de su razón de ser y rol dentro de una democracia. Dentro de los partidos políticos existe la idea generalizada que su razón de ser es la conquista del poder, y que éste, en democracia, se consigue con votos, los que se alcanzarían a base de prebendas y favores. Pero ojo, que la existencia de este problema no es exclusivo de la democracia. Las dictaduras, también se apoyan en ellas, con el agravante que lo hacen en un contexto peor: sin oposición y ante una ciudadanía totalmente desprotegida.

De hecho, uno de los problemas que tiene la oposición en Chile reside en su falta de credibilidad en estas materias porque ella se procreó en los tiempos de gloria de Pinochet. Sus principales dirigentes fueron en su tiempo sus alcaldes y/o ministros secretarios de la presidencia o de instituciones gubernamentales que manejaban cuantiosos recursos a su antojo sin rendir cuenta ante nadie y con una oposición relegada a la ilegalidad que arriesgaba la tortura, muerte, desaparición y/o exilio.

Esta cordón umbilical de la oposición con la dictadura, que a la fecha no ha podido romper, ha impedido que la alternancia haya tenido lugar, facilitando la permanencia de la Concertación y que la ciudadanía persista en sus preferencias por ella no obstante el desgaste que está experimentando en su andamiaje gubernamental, el deterioro en las relaciones entre los partidos y al interior de ellos.

La ciudadanía, nosotros, también tenemos una dosis de responsabilidad en esta materia al no asumir el insustituible e indelegable rol de control que nos corresponde. Nada peor que hacer la vista gorda o quedarse en la denuncia de pasillo. La democracia pasa por ejercer y practicar la ciudadanía, esto es, copar espacios, no dejar el camino libre a los sinvergüenzas, activar controles, denunciar arbitrariedades y no practicarlas.

En este plano, lo que está ocurriendo con Chiledeportes constituye una gran oportunidad y es en extremo saludable. Nos energiza, nos involucra y refuerza la necesidad de no dormirnos en los laureles para que los gatos de campo hagan de las suyas.

octubre 31, 2006

Voluntarismo bomberil insostenible

Escribo estas líneas a raíz de un reciente amago de incendio. Llamas acompañadas de un humo denso y amenazante indujeron a la alarma de la vecindad. Al llamado telefónico arribó poco después el carrobomba para entrar en acción. Fue penoso observar el estado en que se encontraban las mangueras: salía más agua por sus perforaciones que por el pitón. Siendo ya de noche, y debiendo entrar en acción las linternas, éstas se encontraban con sus baterías agotadas. No obstante ello, el fuego logró ser controlado gracias al esfuerzo bomberil. Omito muchos detalles para no aburrir al lector, pero el hecho permitió constatar la realidad bajo la cual operan los bomberos: una precariedad total de recursos para una actividad que además es voluntaria. En los tiempos actuales esto es un anacronismo total. En la actualidad los efectos de los incendios pueden llegar a ser devastadores. Voy a citar tan solo dos factores: hoy existe mayor propensión a favor de los incendios como consecuencia del calentamiento global, esto es, de las mayores temperaturas; y la mayor densidad poblacional. El primer factor afecta la propensión hacia el incendio por los fuertes calores, el segundo factor incide en el impacto de un incendio por la fuerte concentración de personas y difucltades de acceso al sitio del suceso. Si a esto agregamos la acción inescrupulosa de no pocos, y el carácter voluntario que tiene el quehacer de los bomberos, solo nos cabe concluir que estamos ante una bomba de tiempo. La solución pasa por profesionalizar la actividad y asignarle los recursos que permita a sus actores desenvolverse como tales. Como en muchos otros temas, todos sabemos lo que ocurre, y aunque todos sabemos los cambios que hay que hacer, las fuerzas de la inercia, del statu quo, impiden la realización de tales cambios. Hace ya mucho tiempo que la actividad bomberil requiere una urgente cirugía mayor. Uno de nuestros orgullos nacionales es el ser el único país del mundo –al menos ese es el dato que dispongo- donde los bomberos son voluntarios. A pesar del desarrollo de nuestras ciudades, del avance tecnológico, de la envergadura que pueden asumir los incendios en la vida moderna y de los costos que ellos encierran, nuestros bomberos siguen siendo amateurs, no profesionales. Nuestros hombres del fuego son pobres de solemnidad y eso nos llena de orgullo y satisfacción. Cuando uno de ellos muere en pleno acto de arrojo por la mera satisfacción del deber cumplido, la patria le llora, le rinde pleitesía. Pero como con plata se compran huevos, para financiar sus actividades que demandan carros bomba, mangueras, escaleras cada vez más sofisticadas, periódicamente se deben realizar campañas de donaciones voluntarios y a las empresas se les piden aportes extraordinarios. La solución pasa por profesionalizar la actividad y asignarle los recursos que permita a sus actores desenvolverse como tales. Como en muchos otros temas, todos sabemos lo que ocurre, y aunque todos sabemos los cambios que hay que hacer, las fuerzas de la inercia, del statu quo, impiden la realización de tales cambios. Hace ya mucho tiempo que la actividad bomberil requiere una urgente cirugía mayor. Todos sabemos que los tiempos no están para bollos, pero así y todo, seguimos manteniéndonos enhiestos y orgullosos de nuestros cuerpos de bomberos voluntarios, aunque de cuando en cuando en sus cuerpos directivos asomen escándalos por malos manejos financieros, así como bomberos que se aprovechan de la ocasión tentándose con pertenencias ajenas.

octubre 20, 2006

Por un desarme total

A raíz de la reciente prueba nuclear efectuada por Corea del Norte se ha reactivado la amenaza nuclear. EEUU ha advertido que adoptará medidas en caso que se produzca una nueva prueba similar. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha aprobado una resolución que sanciona a Corea del Norte por la realización del ensayo nuclear subterráneo. Las fuerzas del “bien” procuran atajar a las fuerzas del “mal”. De esta forma se nos presenta la noticia.

En tiempos de la guerra fría, la amenaza de la guerra nuclear era pan de cada día. Tanto EEUU como la entonces Unión Soviética tenían la capacidad nuclear suficiente para destruir el mundo. Paradojalmente esa misma capacidad constituyó el disuasivo para que no ninguna de las dos potencias nucleares hiciera uso de ella. Con el derrumbe del imperio soviético a fines de los 80, se produjo una sensación de alivio al pasarse de un mundo bipolar a un mundo unipolar en el que no habría necesidad de recurrir a la amenaza nuclear.

Sin embargo la realidad ha resultado ser más fuerte. Desde entonces, si no antes, el imperio dominante –léase EEUU- no ha hecho sino alimentar la proliferación nuclear. Ella no se ha detenido, y a EEUU le cabe una cuota importante de responsabilidad, especialmente a sus traficantes de armas. El club nuclear ha sido alimentado en lo sustancial por los mismos estadounidenses que hoy ponen el grito en el cielo por el ensayo nuclear norcoreano.

La conducta de los países que poseen bombas nucleares es hipócrita y me hace recordar a aquel “niño” que teniendo un “juguete” no quiere que otro “niño” tenga un “juguete” similar, por lo que intenta quitárselo. Acá la única reacción decente y racional que cabe es el desarme total. Estamos hablando de “juguetes” con una capacidad de destrucción que excede nuestra imaginación.
Las investigaciones conducentes a la primera bomba atómica se iniciaron en 1942, siendo detonada la llamada bomba A en 1945 en el desierto de Nuevo México (Estados Unidos). El responsable de dicho proyecto, Julius Oppenheimer, años después se opuso a su desarrollo, lo que le valió la acusación de “pro-comunista”. Desde entonces se han efectuado innumerables pruebas, inicialmente a nivel de superficie, y posteriormente de carácter subterráneo. Las explosiones de Hiroshima y Nagasaki mostraron a la faz del mundo las consecuencias de un ataque nuclear sobre la población civil.

Desde entonces las pruebas nucleares han ido en aumento y más y más países realizan esfuerzos por incorporarse a este “selecto” club. Actualmente 8 países cuentan con bombas atómicas para hacer pedazos el mundo una y otra vez.

Insisto, si queremos ser serios y no ofender la razón, lo único que cabe es detener este irracional proceso de armamentismo nuclear e iniciar un proceso de desarme nuclear sin excepciones. Cualquier otra política no es más que música y no hace más que justificar la pretensión de más y más países por poseer “juguetes” nucleares. En definitiva: ¿por qué yo no puedo tener el juguete que tienes tú?

octubre 06, 2006

Al fin una mirada global a la educación

El Consejo Asesor Presidencial de Educación entregó recientemente su tan esperado informe de avance cuyo informe definitivo saldrá a fines de año. Recordemos que este consejo nació gatillado por las masivas protestas estudiantiles, que si bien partieron por temas operativos tales como los pases escolares y el precio de la PSU, terminaron por objetar la educación en su conjunto, desde la formación del profesorado hasta la ley orgánica constitucional de educación (LOCE), pasando por la jornada escolar completa (JEC), la gestión, la segmentación, el financiamiento y el estatuto docente, entre otros temas.

Los pingüinos pusieron sobre la mesa lo que estaba escondido bajo la alfombra: los problemas que enfrenta la educación en Chile. Hoy existe la posibilidad cierta de abordarlos en su conjunto, sistémicamente, por parte de todos los actores involucrados.

Si hacemos un repaso del enfoque con que estos temas eran enfrentados, veremos que primaba una visión reduccionista, parcial. Por ejemplo, la LOCE fue promulgada el 10 de marzo de 1990, esto es, un día antes que la Concertación asumiera la conducción del gobierno. No hay que ser muy avispado para asumir que ello no fue obra de la casualidad y que esta ley, junto con la municipalización educacional en 1981, ha condicionado todo el desarrollo de la educación hasta la fecha.

Desde entonces -en virtud de una correlación de fuerzas políticas condicionada por un sistema electoral binominal concebido como traje a la medida de la derecha-, lo que se ha hecho no son sino parches.

En lo sustantivo, la LOCE no ha sido tocada. El estatuto docente generado en los primeros años de la Concertación nació ante el cuadro de absoluta indefensión en que se encontraba el profesorado, pero no miró sus eventuales consecuencias. La JEC parece haber centrado la energía en la infraestructura física, obviando la habilitación de dicha infraestructura y el aprovechamiento de la mayor disponibilidad de tiempo. El mayor financiamiento que ha tenido la educación no ha logrado expresarse en mejores resultados educativos, olvidando la fuerte reducción del gasto público en educación en los tiempos aquellos.

La deficiente gestión educacional municipal, tan vapuleada y no sin razón, tiene su origen en que el traspaso de las escuelas y liceos realizado en 1981 desde el Ministerio de Educación a los municipios se realizó sin ser acompañado del correspondiente traspaso de atribuciones, recursos y capacidades. Qué otra cosa podíamos esperar entonces que no fuera la realidad educacional actual?

Lo mismo vale respecto de la gestión de los establecimientos, cuyos directores fueron designados por su afinidad con el régimen militar en carácter de inamovibles. Solo recientemente ha podido modificarse esta situación para que dichos cargos sean resueltos por concurso.
En fin, para qué seguir. Por ello creo que la labor que está realizando el consejo de educación es una oportunidad preciosa, tanto para encarar sistémicamente el problema educativo nacional, como porqué en él participan no solo los expertos, sino que todos los actores involucrados –profesores, apoderados, estudiantes, universidades, gobierno-.

octubre 02, 2006

Reciclables

Vivimos tiempos de vorágine, donde todo parece cambiar incesantemente. La vida útil de los bienes/servicios se está reduciendo progresivamente, salvo la de nuestras vidas, pero no la de nuestro período laboral. Me asombra constatar la frecuencia con la que renovamos nuestro vestuario, nuestros electrodomésticos, nuestros conocimientos, nuestros trabajos. En cuanto a los bienes y servicios, ya sea por la atosigante publicidad que nos invita a estar a la última moda, ya sea por la aparición de nuevos modelos de los mismos productos con nuevas y mayores capacidades. Me asombra constatar la volatilidad de los puestos de trabajo. Parecen acabarse aquellos tiempos en los que se ingresaba a una empresa y se jubilaba en ella. El nuevo paradigma es el de “andar a salto de mata”, cambiarse de un lugar a otro, con la correspondiente reducción del nivel de compromiso de la empresa con el trabajador, y de éste con la empresa. Quienes tienen las competencias y/o los pitutos más apetecibles del mercado son los que no pueden sustraerse a la seducción de niveles de remuneración más elevados en nuevos puestos de trabajo para satisfacer sus crecientes y sofisticadas necesidades. Ello aún a costa de mayores niveles de tensión, de deterioro de la vida familiar y de la convivencia social. Todo sea por “ascender”. Quienes no tienen las competencias más demandadas y/o los contactos requeridos corren serio riesgo de ver cercenada su permanencia en el mercado laboral. Surge entonces la necesidad de capacitarse, de renovarse, de multiplicarse, de recrearse, de reinventarse, de buscar nuevos horizontes, nuevas oportunidades. En efecto, lo que empezó como “algo lógico” en la evolución del mundo, está terminando por desestabilizar y precarizar nuestro trabajo. Bajo esta realidad, ¿cuántos de nosotros podemos creer que podremos llegar a la edad de jubilar “trabajando”? ¿no habrán otros más jóvenes, más actuales, capaces de ser más eficientes, más productivos? El progreso, la modernidad, los avances, la innovación, la globalización, la competitividad, como quiera que se definan, muestran estas características que se pueden resumir en el surgimiento de la persona de “usar y tirar” como de alguna manera lo anticipara Aldous Huxley en su “Un mundo feliz”. En este contexto, de aceptación acrítica, impotente y sin mayor reflexión de lo que ocurre en los tiempos que vivimos, como si todo fuera irremediable, lo que empezó como un camino de progreso liberador, se está volviendo en contra nuestra. En un mundo reciclable, donde es bicho raro aquel que se mantiene por años con el mismo trabajo, el mismo automóvil, viviendo en la misma casa y con la misma señora, no debiera extrañarnos que de la noche a la mañana nos quieran tirar a la basura, ni que se le haga el quite al compromiso, y a la responsabilidad consiguiente.

septiembre 26, 2006

La innovación tecnológica

En Chile se están desarrollando complejos procesos de modernización con impactos en los más diversos ámbitos –social, político, cultural y económico-. Ellos forman parte de un escenario mundial caracterizado por la globalización y la hegemonía del mercado. Tales fenómenos son causa y efecto de procesos de innovación tecnológica, con importantes consecuencias en la gestión de las empresas y en sus procesos de negocios.

Existe la convicción que para alcanzar niveles de desarrollo sustentable es imprescindible contar con una cultura innovadora para traspasar el umbral de país exportador de materias primas y productos sin mayor valor agregado. Para consolidar el esfuerzo exportador de las últimas décadas, los más diversos actores han expresado la necesidad de ingresar a una fase caracterizada por el mayor valor agregado de su oferta exportadora. Lo anterior implica vincular el desarrollo científico-tecnológico con el aparato productivo.

Un análisis histórico de las invenciones e innovaciones da cuenta de la existencia de ciclos de invenciones seguidas por períodos de innovaciones. De hecho un gran número de productos y servicios que hoy se demandan tienen origen en innovaciones del período post Segunda Guerra Mundial. El intervalo de tiempo desde que ocurren las invenciones hasta que se producen las innovaciones ha tendido a reducirse, revelando una aceleración entre el paso del laboratorio a la producción a escala comercial. A modo de ejemplo, la radio después de 40 años alcanzó un volumen de penetración en el mercado de 50 millones de hogares, mientras que la televisión en 13 años logró satisfacer un mercado de igual magnitud. Asimismo, Internet en tan sólo pocos años ha cubierto un mercado por sobre los cientos de millones de personas.

El motor de la innovación tecnológica no es otro que el pertinaz esfuerzo del ser humano por reducir el trabajo manual, mecánico y repetitivo, el cual está siendo sustituido por el intelectual que requiere de nuevas capacidades de orden cognitivo, procedimental e interpersonal.

Nuestra actividad productiva ha estado sustentada básicamente en la explotación de sus recursos naturales y en la disponibilidad de mano de obra de bajo costo. La globalización y la creciente competitividad no permiten basar el desarrollo del país en recursos naturales que tienen cada vez menor peso en los productos y servicios demandados por los mercados, ni tampoco en recursos humanos de baja calificación. Dada la alta correlación existente entre el nivel de desarrollo de un país con su capacidad de innovación tecnológica, como lo muestra la evidencia internacional, se desprende la necesidad de incrementar los esfuerzos que en materia de innovación tecnológica se puedan estar efectuando.

Si queremos dejar de patear piedras, debemos redoblar nuestros esfuerzos en materia de disponibilidad de recursos, de rendición de cuentas, de levantamiento de obstáculos, y de una férrea y persistente voluntad conducente al aprovechamiento de las oportunidades existentes.

agosto 31, 2006

Los sagrados incentivos

Ha saltado a la prensa el tema de eventuales sobornos e irregularidades en el fútbol nacional. Debo confesar que no me extraña, aún más, lo veo inevitable dado el contexto en que nos encontramos. Si bien hoy está centrado en el futbol, es un tema que trasciende al futbol recorre a todo el deporte, y no solo al deporte. Tiene que ver con el tipo de sistema en que estamos inmersos, con la escala de valores dominante. Por tanto, no debiera sorprendernos la corrupción que observamos en este ámbito, así como en muchos otros.

Ahora es el futbol el que está en el candelero por posibles incentivos a jugadores para que perdieran partidos involucrados en apuestas de juegos legales o ilegales ya sea en el país como en terceros países. Mas temprano que tarde el problema saldría a luz. Lo curioso es que quien puso el fosforito fue Miguel Namur, quien fuera alto dirigente de la actividad, se fue al ostracismo, para recientemente volver por sus fueros como dirigente en Santiago Morning. Además, empresario vinculado a casinos y dueño de terrenos dieron origen a la conocida toma de Peñalolén.

Cuando hago mención al contexto se me viene a la mente lo ocurrido en Brasil, donde los árbitros eran comprados. Si algunos creen que la solución es convertir a los equipos futbolísticos en sociedades anónimas que se transan en la bolsa de valores. Sin embargo, ni ellos se han librado.

Vivimos en un mundo que se orienta en base a incentivos, donde la tentación está a la vuelta de la esquina. En todas partes nos explican que las ineficiencias y los fracasos tienen su origen en la falta de incentivos o la no existencia de los incentivos correctos. Aquí está la madre del cordero. Cuando el valor del trabajo que realiza la gran mayoría de las personas vale hongo es fuerte la tentación por ganarse unos pesos adicionales para parar la olla. Ahí está el narcotráfico buscando corromper.

Pero también está el otro extremo, el de quienes no ganan poco, quienes están en la cúspide, en la cresta de la ola, embriagados por la competitividad, donde parece primar el “todo vale” para acceder a posiciones de vanguardia o con tal de mantenerse arriba. En el mundo de hoy, para ser campeón hay quienes creen que no solo se requiere esfuerzo, entrenamiento, persistencia, sino que también se hace necesaria una buena dosis de hormonas provistas por drogas. En el deporte tenemos múltiples ejemplos, pero también los tenemos más allá de ellos, en el mundo político, empresarial y laboral. Muchos máximos ejecutivos de empresas deben drogarse para sostener su tren de vida, al igual que muchos trabajadores con extenuantes jornadas laborales o sometidos a fuertes exigencias de cumplimiento de metas. En el mundo académico no han estado ausentes los casos de investigadores que simulan o manipulan experiencias para llegar a conclusiones que confirmen sus hipótesis.


En fin, para qué seguir. No nos movamos a engaño. En un mundo que se orienta por incentivos materiales, la realidad actual no debe sorprendernos. Algunos creen que el tema pasa por implementar un apropiado sistema de castigos que inhiba conductas reprobables. Desgraciadamente la propia lógica mercantil es la que encontrará los medios para vulnerar cualquier sistema de castigos que se quiera imponer. El problema es más profundo y pasa por modificar la esencia, el corazón del sistema en el que estamos envueltos y la lógica bajo la cual se toman las decisiones.

agosto 21, 2006

Pudor nacional

A los bolivianos no les bastó declarar monumento nacional a la modesta choza donde nació su actual presidente Evo Morales. Ahora estamparon su figura en una reciente producción de sellos bolivianos. Estos hechos me permiten poner sobre la mesa una característica nacional que parece escasear en otros confines, y que no quisiera que perdiésemos.

Un cierto pudor, recato o vergüenza nos impide incurrir en gestos, actos o actuaciones que en otras partes, para otras personas, no producen siquiera una arruga. Recientemente en Colombia, su presidente Uribe acaba de ser reelecto, autoreformándose la Constitución. Lo mismo hizo en su oportunidad Menem en Argentina y Chávez en Venezuela. A ninguno de ellos se les movió una ceja siquiera. Como si fuera de lo más natural del mundo promover medidas en las que ellos mismos están involucrados.

En Chile, ni siquiera a Lagos se le habría ocurrido promover su reelección, no obstante el amplísimo respaldo que gozó en las postrimerías de su gobierno. Ni a sus asesores del segundo piso de entonces se les pasó por la mente manejar esa alternativa. ¿Razones? Esta suerte de pudor nacional de la que en otros lares se carece.

En Chile, a quienes pretenden saltarse este sentido del recato por lo general les sale el tiro por la culata. El caso más reciente, hace ya casi 17 años, es el del innombrable, quien se quiso repetir el plato vía plebiscito para perderlo estrepitosamente corriendo solo.

En el caso boliviano resulta más chocante porque al ser consultados personeros de gobierno sobre el tema respondieron que los pilló de sorpresa, como si la empresa de correos del estado hubiese corrido con colores propios. Como si las guaguas las trajera la cigüeña en vez de ser el resultado del fortuito encuentro entre un espermio y un óvulo. Pretenden adobarlo con la cantinela que es un homenaje al primer presidente indígena. Para ello podrían haber puesto en escena a un indígena cualquiera. Es como si en Chile nos pusiésemos a emitir estampillas con la sonrisa de nuestra presidenta en homenaje a nuestra primera mujer presidenta., emisión que habría brotado del entusiasmo popular.

Por suerte, al menos hasta la fecha, no nos hemos prestado para estas farándulas. Ya llegará el momento para que nuestra Michelle tenga su estampilla como lo han tenido quienes han ocupado la primera magistratura.

Mientras tanto enorgullezcámonos que en medio de la ensalada de características negativas con las que nos azotamos diariamente, tengamos también alguna positiva y que no nos avergüence destacar.

junio 27, 2006

La educación en Chile

Siguiendo las sugerencias de algunos lectores, abordaremos el modelo educacional que aspira impulsar nuestro país. Para estos efectos debemos tener claridad respecto de la misión que le conferimos a la educación y los objetivos que perseguimos. Esto es, para qué educarnos. Teniendo claro para qué nos educamos, podemos entrar a la discusión en torno a qué debemos aprender.
El para qué educamos es crucial y nos demanda dibujar la persona que queremos sea la resultante de un proceso educativo que se prolonga por más de 10 años desde los primeros años de vida. ¿Qué clase de personas queremos? ¿Personas realistas o soñadoras? ¿Personas competitivas capaces de desenvolverse en una sociedad cuyo motor de desarrollo está guiado por decisiones individuales basadas en un egoísmo que se asume consustancial a la naturaleza humana? ¿O basadas en los incentivos monetarios?
¿Personas solidarias que no asumen el egoísmo como el motor del desarrollo de la sociedad y que confían en la cooperación antes que en la competencia? ¿Una educación que forme personas solidarias antes que competitivas? ¿Personas aptas para constituirse en mano de obra del aparato productivo? ¿O personas competentes para desenvolverse en el mundo que viene? ¿Personas capaces de creer en sí mismos, de confiar en sus capacidades para desenvolverse sin atropellar a terceros?
Estas, y muchas otras interrogantes tenemos que responderlas con franqueza para definir los cursos de acción a seguir. Y por encima de ellas, ¿debemos ponernos de acuerdo en un particular modelo educativo o lo dejamos a merced del mercado? ¿Por qué no dejamos que sea el propio mercado el que dibuje los distintos tipos de personas que queremos? ¿Por qué el Estado habrá de definir la base educativa restando libertad de acción a los establecimientos educativos? ¿En qué queda entonces la libertad de enseñanza? ¿Es necesario un modelo educativo en particular? ¿Porqué no hacer convivir una multiplicidad de modelos educativos guiados por el mercado, por las preferencias y bolsillos de los apoderados? ¿Es viable esta diversidad en un contexto tan desigual como el chileno?
El grado de inequidad en nuestra sociedad es tal que al proceso educativo le endosamos la tremenda responsabilidad de procurar igualar lo desigual, y más encima, con escasos recursos públicos.
¿Una educación que asuma la realidad como tal, inmodificable? ¿O una educación que asuma la posibilidad de cambiar la realidad? ¿De poner en jaque lo que se estima inamovible? ¿Una educación de cualquier calidad, la que vendrá dada por el propio mercado? Si el mercado pide una educación de mala calidad ¿Porqué impedirlo? ¿Es pertinente entregar una educación de cualquier calidad? De no ser así ¿Cuál es el piso de una educación para que sea de calidad?
Es cierto que tenemos que revisar o repensar el estatuto docente, la LOCE, la municipalización, la formación de los profesores, los programas de estudio, el rol de las familias, la promoción automática, la inflación de notas, la jornada escolar completa, la falta de transparencia de información existente, los recursos educativos con los que se trabaja, la dedicación al estudio por parte de los alumnos, pero si no resolvemos el tema de los objetivos que perseguimos, solo seguiremos estar dándonos vueltas de carnero hasta una próxima crisis.
Teniendo claros los objetivos que perseguimos en el sector escolar podemos entrar a determinar qué medidas adoptar. Pero antes es importante distinguir el sistema escolar del educativo. Este último está constituido por varios subsistemas, de los cuales el escolar es uno de ellos. Otros componentes importantes son el familiar-social y los medios de comunicación. Con ello estamos afirmando que en nuestra formación inciden tanto lo que aprendemos en nuestras escuelas, como en nuestros hogares y barrios, como de los medios de comunicación, sean estos escritos o audiovisuales. Esta precisión en necesaria para no endosar toda la responsabilidad en la educación que se imparte en los establecimientos escolares. Parte significativa del deterioro, o estancamiento, en el nivel educacional del país se explicaría porque muchos padres y apoderados no participan activamente en el proceso educativo de sus hijos. Razones hay muchas, y en otras ocasiones he incursionado en ellas. Basta recordar las extenuantes jornadas laborales de muchos padres, la crisis familiar, la incomunicación, el estrés, etc.
Creo que es posible la coexistencia de objetivos comunes, con objetivos particulares. Esto es, disponer de un conjunto mínimo de objetivos obligatorios para todo el sistema escolar que sea realmente mínimo, que deje espacio para que cada establecimiento pueda plantearse sus propios objetivos. Los objetivos obligatorios deben apuntar a cuestiones centrales para desenvolverse en el mundo de hoy, ya sea como trabajador o como ciudadano. Hoy, quien no tenga capacidad para pensar, reflexionar, analizar, sintetizar, concluir, evaluar, decidir o comunicar, está perdido. Quizá siempre fue necesario tener estas capacidades, pero hoy es un imperativo mayúsculo si no queremos quedar al margen de la historia. Quizá lo que sostenga sea obvio, pero no por ello dejaré de mencionarlo porque me consta que no se cumple hoy: a las universidades están ingresando muchos que no comprenden lo que leen ni se saben las operaciones aritméticas básicas.
A la luz de lo descrito, podemos fijarnos los siguientes objetivos:
a) sumar, restar, dividir y multiplicar en un dos por tres sin el apoyo de calculadoras y de memoria números de hasta dos dígitos;
b) hablar y escribir correctamente en al menos un idioma;
c) leer y comprender lo que se lee en al menos un idioma;
d) comprender y analizar la evolución del hombre y su relación con la naturaleza; y
e) conocer y explicar el comportamiento de los fenómenos naturales.
Si logramos que quienes egresen de la enseñanza media tengan estas capacidades mínimas habremos dado un gran salto en relación a la realidad actual. Sin estos logros ningún alumno debería certificarse como egresado.
Estos objetivos son realmente mínimos, y dejan espacio para otros objetivos específicos vinculados a cada establecimiento. Estos objetivos específicos pueden estar vinculados a aspectos artísticos, deportivos, técnicos y otros en función del proyecto de cada establecimiento y de la región en que se inserta.
Con una propuesta de esta naturaleza lograríamos conciliar la necesidad de tener un común denominador que nos identifique, con la aspiración de disponer de espacios de libertad para implementar proyectos propios de cada establecimiento.
Ya dijimos que en la sociedad actual, tanto para sobrevivir, como para darle un sentido, así como una trascendencia a nuestra existencia, es un imperativo que al término de nuestro período escolar –básica y media- debemos tener la capacidad para reflexionar, analizar, sintetizar, extraer conclusiones, decidir, comunicar, interrelacionarnos con otros, respetarnos y dialogar en la vida diaria. No solo necesitamos personas capaces de adaptarse a una realidad, sino que de de influir en ella para transformarla. Con esta base podemos soñar con un futuro esplendor. Pero este objetivo tan genérico debemos especificarlos en objetivos que sean medibles, susceptibles de ser evaluados, porque en caso contrario se convierten en papel mojado.
Por ello planteé los objetivos en términos que a muchos puede haber sorprendido. Por ejemplo, uno de ellos es el de sumar, restar, dividir y multiplicar en un dos por tres sin el apoyo de calculadoras y de memoria números de hasta dos dígitos. En la actualidad da pena ver cómo son pocos los que saben realizar las operaciones aritméticas básicas sin el apoyo de calculadoras. Esta capacidad es esencial en el mundo actual por cuanto es la base para desarrollar un pensamiento analítico-lógico y mantener en activo las conexiones neuronales que conforman nuestro cerebro. Por otra parte nos ayuda a desenvolvernos en la vida diaria. Tenemos que ser capaces de calcular sobre la marcha la tasa de interés que nos están aplicando cuando hacemos un depósito, solicitamos un préstamo o efectuamos una compra al crédito.
Otro objetivo planteado es el de hablar y escribir correctamente al menos un idioma. Este objetivo es esencial para comunicarnos, entendernos y dialogar. Y en medio de la globalización limitarnos al español es imponernos un techo muy bajo, es auto limitar nuestras propias potencialidades. Pero para estos efectos al menos debemos manejarnos con el español. Con un vocabulario que vaya más allá de unas pocas palabras. Pero más allá de leer, se debe comprender lo que se lee si queremos ser capaces de discernir de modo de no tragarnos cualquier cuento. Por ejemplo, los envases de muchos productos vienen con información respecto de su composición y sus posibles efectos colaterales. Por momentos muchos ni leen las advertencias y menos los que las entienden, con las consiguientes consecuencias en nuestra salud.
También se incluyó como objetivo comprender y analizar la evolución del hombre y su relación con la naturaleza. Se trata de incursionar en nuestros orígenes, en las corrientes históricas, políticas, militares, económicas, artísticas que ayuden a entender y objetar la sociedad en la que nos toca vivir. Nos ayuda a tener una postura, a pararnos ante la vida cuando sabemos de dónde venimos para saber dónde estamos y para dónde vamos.
Y por último, pero no por ello menos importante, se sostuvo la necesidad de conocer y explicar el comportamiento de los fenómenos naturales. En un mundo altamente tecnologizado, más que nunca se hace necesario comprender toda la cadena que parte desde el desentrañamiento de los misterios que encierran los fenómenos naturales que nos rodean. Despertar y satisfacer la curiosidad de porqué ocurre lo que ocurre. Porqué tiembla, porqué se mueven las nubes, porqué los objetos se caen desde una cierta altura. Quien no sabe porqué ocurren las cosas, difícilmente podrá superar las limitaciones o problemas que la vida nos pone por delante. La resolución de un problema exige necesariamente identificarlo y conocer su causa. Y el gusto por la ciencia se debe cultivar desde temprana edad. Son los niños los que se preguntan porqué la luna no se cae. Satisfacer esa inquietud es una obligación de nuestro sistema escolar.
Habiendo bosquejado los objetivos que debía fijarse el sistema escolar chileno, podemos entrar a analizar qué debemos hacer para alcanzarlos. Y en este análisis no podemos sustraernos de la realidad escolar que tenemos. Contrastando esta “realidad” con lo que aspiramos alcanzar, nos obliga a reflexionar en todos los factores que de alguna manera se relacionan entre sí.
Tenemos que repensar la ley orgánica constitucional de enseñanza (LOCE) que es la que fija el marco en el que se desenvuelve el sistema escolar. Habiéndose promulgado el 10 de marzo de 1990, un día antes que Pinochet entregara el mando del gobierno, carece de toda legitimidad y privilegia en forma desmedida la libertad para crear establecimientos educacionales sin restricción alguna, Creo que instalarse con una panadería tiene más restricciones que abrir una escuela.
Tenemos que repensar la municipalización de la educación. A más de 25 años de su imposición en 1981, amerita a lo menos una reflexión acerca de sus consecuencias. Si bien representó un paso descentralizador que es preciso rescatar, fue hecho entre gallos y medianoches con el objetivo de destruir el poder del profesorado antes que de mejorar la calidad de la educación. No ha operado efectivamente la doble dependencia de los establecimientos: de los municipios en lo administrativo, y del MINEDUC en lo educacional propiamente tal. Por otra parte, las nuevas atribuciones que se les asignaron a los municipios fueron hechas sin la correspondiente asignación de los recursos y las capacidades para ejercerlas.
Tenemos que repensar el estatuto docente. Nació en 1991, en un contexto muy distinto al actual. Luego de años de inestabilidad, de una dependencia laboral sujeta a la voluntad de los alcaldes nombrados por Pinochet, una vez que el país se desembarazó de éste, los profesores solo buscaban asegurar su puesto de trabajo. A más de 15 años del estatuto docente, la temática que atraviesa al sector educacional ya no es la estabilidad laboral de los profesores, sino que la disponibilidad de una educación de calidad. Esta nueva realidad amerita su discusión.
Tenemos que repensar la jornada escolar completa (JEC). No basta con más horas de permanencia de los alumnos en el establecimiento. Hay que darle contenido a esas horas adicionales. Se trata de aprovechar para elevar el aprendizaje y realizar actividades que motiven. La JEC no se instituyó para latearse, ni para hacer más de lo mismo. Es necesario desarrollar actividades en el ámbito de la cultura, el arte, los deportes, a elección de los propios alumnos de modo que se sientan atraídos a ellas.
Es necesario revisar la formación de los profesores, las exigencias de ingreso y egreso, el proceso de formación propiamente tal, sus planes de estudio. El mundo ha cambiado, los niños de hoy no son los mismos de ayer, las nuevas tecnologías abren la puerta a nuevas metodologías de enseñanza-aprendizaje y a nuevos contenidos.
Es necesario revisar el rol que jugamos las familias en la educación. Por momentos da la sensación que depositamos toda la responsabilidad de la formación de nuestros hijos en las escuelas, en los profesores. Ello no es posible ni justo. Es cierto que las jornadas extenuantes y las tensiones del mundo moderno dificultan nuestra tarea como padres, pero no podemos obviar que con todo, el destino de nuestros hijos depende en lo sustancial de nosotros, de nuestras decisiones, de nuestra presencia, de nuestros afectos.
Es necesario crear hábitos de estudio. A medida que dejamos pasar el tiempo, más difícil será inculcar el hábito de estudio. El esfuerzo que padres y profesores realicen a más temprana edad de los niños, es el esfuerzo y malos ratos que se evitarán a futuro. Lo mismo vale en relación al comportamiento, la disciplina y el orden. En ambientes donde prima el relajo, el “laissez faire” en pleno período de formación de nuestros hijos, solo conduce a su desorientación.
Es necesario repensar la evaluación que efectúan los profesores a sus alumnos. La promoción automática, sin aprendizaje es un engaño que no contribuye a nada. La aprobación sin exigencias es sinónimo de éxito sin esfuerzo. En estas circunstancias el éxito no es tal, es efímero y tiene pies de barro. Más temprano que tarde se derrumba. El verdadero éxito está precedido de múltiples fracasos. Se aprende más de los fracasos que de los éxitos.
Es necesario revisar la información que se entrega al mercado para que los padres, apoderados, profesores, directores de escuela y alumnos tomen las mejores decisiones. En estos tiempos no hay excusa para que no se disponga de toda la información necesaria. Ese es un rol que el Ministerio de Educación debe cumplir a cabalidad entregando indicadores de entrada, recursos, procesos, contexto, y de rendimiento a todos los actores. Este rol debe ir de la mano con los medios de comunicación y de los padres y apoderados, quienes deben “empoderarse”, asumiendo la responsabilidad de lo que ocurre participando activamente, elevando sus exigencias, no solo a los profesores, directores de escuelas, sino que a sí mismos y a sus hijos.
Por último debemos repasar el tema de los recursos públicos que se destinan al sector, cotejándolo con lo que ocurre en otras latitudes y en otros sectores. Con ello espero dar una pincelada que explique su desmedrada posición y la cuesta que se debe remontar si es que se quiere abordar en serio la calidad en educación. En su momento sostuve que es una aberración comparar la educación pública con la privada en tanto el gasto privado por alumno sea 3, 4 y hasta sobre 5 veces el gasto público por alumno.
En esta ocasión, lo que haremos es cotejar el gasto público en Chile con el de Holanda. Mientras acá el gasto público por alumno es del orden de 600 dólares anuales, en Holanda es de 7200 dólares por alumno, esto es, doce veces más. Considerando el ingreso per cápita de ambos países, que en Holanda es 6 veces mayor que en Chile, tendremos que al menos el gasto público en educación en Holanda es del doble que en Chile.
Si hacemos un parangón con otro sector, la educación sale peor parada. Aprovechando los datos que se han publicado recientemente en torno a la delincuencia, ahora se sabe que el gasto anual público por preso es del orden de $3 millones. No es necesario ser matemático para percatarse que el Estado destina 10 veces más recursos para financiar la permanencia en la cárcel de un reo que los que destina a financiar la educación de un escolar.
Y eso que quien está preso no está en una jaula de oro, sino que en condiciones de insalubridad y hacinamiento. Y cuando las cárceles se concesionen a privados, el costo por mensual por preso subirá de los $250,000 actuales a sobre $400,000.
Y eso que en las cárceles no están todos los que quizás debieran estar presos. Si lo estuvieran quizá cuántos más recursos debieran destinarse, y si no existieren más recursos, cuánto más empeorarían las condiciones en que se encuentran los presos.
Y si la comparación la hacemos con el sueldo mínimo, del orden de los $120,000, no podemos sino terminar de convencernos que el mundo está al revés. Mantener un preso cuesta más del doble que el sueldo mínimo.
Frente a estas cifras, que ojalá alguien me las desmintiera, no queda sino poner en jaque la actual distribución presupuestaria sectorial, que no es otra cosa que un reflejo de las preferencias políticas imperantes, tanto a nivel de gobierno como del parlamento. Este es el meollo del problema en torno al cual invito a reflexionar.

junio 16, 2006

El mercado en la educación

En columnas anteriores he buscado explicar lo injusto que es cotejar los resultados de la educación pública con la privada cuando esta última opera con 4 veces más recursos que la primera, y más encima, cuando su “cliente”, el alumno, viene de una cuna de oro en circunstancias que la educación pública debe atender a quienes vienen de cunas de paja. Sé que el tema no se agota en el tema financiero, pero no es razonable omitirlo.

Los apologistas de la educación privada, de los rankings por resultados y de la eficiencia, claman por más mercado y menos Estado, en contraste con quienes sustentan la necesidad de más Estado y menos mercado. Debo confesar que no me alineo con ninguna de las dos partes. Valoro tanto al mercado como al Estado, cuando funcionan bien, no así cuando operan mal. Todos sabemos que existen fallos de mercado y fallos de Estado. Por ello, mi postura es más y mejor mercado, junto con más y mejor Estado. Esto último es indispensable si queremos que efectivamente se desea que el mercado opere como la afirman sus apologistas. Para que la “mano” que guía el comportamiento mercantil sea efectivamente “invisible”, deben ser millones los actores que participan en tal mercado, sin que uno o unos pocos de ellos adquieran posiciones dominantes, y si estos existen, deben tener al frente un Estado profesional, incorruptible, que no se deje comprar, con capacidad para corregir las distorsiones propias de un mercado caracterizado por el imperio de la desigualdad extrema. Sí, porque sin perjuicio que somos 15 millones los que habitamos este país, el mercado propiamente tal está constituido por unos pocos, los que tienen dinero como dirían Los Prisioneros. El resto no son sino gatos frente a la carnicería.

Un mercado que sea competitivo de verdad, no solo en el papel, en el que ningún actor o conjunto de actores, sea capaz de imponer sus condiciones; un mercado en el que exista transparencia de información confiable; un mercado constituido por empresas capaces de asumir la responsabilidad social que tienen ante la sociedad; un mercado al que concurren personas con capacidad económica y capacidad para discernir a fin de que sus decisiones tengan una base racional.

Con el nivel de desigualdad imperante en nuestro país el mercado no funciona, o está funcionando de manera tal que agudiza las desigualdades y lo que es peor, está desintegrando en vez de integrar. En las actuales condiciones, quienes propugnan más mercado y menos Estado nos conducen a la desintegración total. A nivel educacional, lo que está ocurriendo con la educación pública y privada que tenemos, apunta en la misma dirección. Con un Estado ausente, consecuencia de la LOCE, que permite crear establecimientos educacionales particulares como si de un negocio cualquiera se tratara, sin mayores regulaciones y con establecimientos a cargo de municipios cuyo giro no tiene nada que ver con la educación, que nunca han asumido su responsabilidad en ese terreno, y más encima sin recursos. Así difícilmente tendremos personas bien educadas.

Hecha esta introducción, en algunas de mis columnas siguientes espero abocarme al tema de la calidad en la educación desde mi particular visión.