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junio 22, 2007
Inconciencia ambiental
junio 15, 2007
Recientemente se hizo pública la nómina de los prófugos más buscados del país, la que está encabezada por Raúl Iturriaga, general en retiro del Ejército, alias Yiyo, y seguida por el pedófilo Rafael Maureira, alias Zakarach. Nómina emitida por la Policía de Investigaciones.
Si bien los senderos de ambos difieren significativamente, ambos tienen un común denominador: eludir la acción de la justicia, el ordenamiento jurídico que se ha dado el Estado invocando razones que en todas las instancias judiciales han sido rechazadas.
En el caso particular del General® Iturriaga, de triste recuerdo en el norte del país en sus tiempos de gobernador, se negó a cumplir una condena por el secuestro de Luis San Martín en el año 1974 y desaparecido desde entonces.
En esferas de los Generales de Ejército en Retiro se respalda su rebeldía sosteniendo que es consecuencia de una condena basada en presunciones, por la ficción jurídica del secuestro permanente, y por no aplicársele la prescripción como sí se ha hecho en otros casos. Incluso llegan a afirmar que “pensamos como él”. En estricto rigor no debiera extrañar esta reacción de parte de un círculo en el que parte importante de sus integrantes se encuentran involucrados en procesos vinculados a atropellos a los derechos humanos.
Es interesante analizar la lógica que está tras este pensamiento y que se extiende a parte importante de la sociedad chilena. En primer lugar, acá no hay presunciones, hay hechos, pruebas que se encuentran en el proceso que incriminan al General® Iturriaga por su participación en el secuestro. Lo que no se ha comprobado es su participación en otros secuestros o delitos, pero en el caso particular de Luis San Martin las pruebas son demoledoras. Así lo determinó la Justicia y a eso hay que atenerse.
En segundo lugar, sin ser abogado ni pretender serlo, sino como simple ciudadano de a pie, no existe el concepto de secuestro permanente. Lo que existe es un secuestro, y lo natural es que mientras no aparezca su cuerpo, se presume que está vigente. Lo más probable es que el secuestrado, después de tantos años –más de 30-, se encuentre muerto, y que lo hayan secuestrado para matarlo. Si un condenado por este hecho quiere liberarse de la condena le basta decir qué hizo con él, dónde lo dejó, dónde está su cuerpo. Pero que no se saque el pillo con una prescripción por hechos que si bien se iniciaron hace muchos años, se perpetúan en tanto no aparezcan los cuerpos.
Por último, no debemos olvidar que quienes por estos días encabezan el ranking de prófugos abusaron del estado de indefensión de las víctimas y en el caso del Yiyo con el agravante de hacerlo en representación del Estado que se supone está para defendernos.
junio 08, 2007
En las últimas décadas hemos observado, tanto en Chile como a nivel mundial, gran cantidad de fusiones empresariales enmarcado en un desenfrenado proceso de globalización. Los autodenominados “expertos” –formados en las cunas del neoliberalismo- aplauden dichas fusiones publicitando sus enormes ventajas: economías de escala, penetración en nuevos mercados, acceso a tecnologías de punta. Y como broche de oro, reducciones en los precios de los productos y/o mejoras en la calidad de los bienes/servicios comprometidos con ganancias para todos, productores y consumidores. O sea, un mundo de bilz y pap.
Sin embargo, estos mismos expertos ocultan la otra cara de la medalla: los despidos de trabajadores que muchas de estas fusiones conllevan, colusiones para el bloqueo al ingreso de nuevas tecnologías o nuevas empresas, la postergación de los pagos a los proveedores, el control de los mercados en manos de pocas empresas que suelen conducir a la generación de ganancias monopólicas y la destrucción de empresas imposibilitadas de competir y/o de negociar en mínimas condiciones de equidad con las megaempresas.
De 1999 a la fecha, en el sector del supermercadismo, los dos principales actores concentraban el 40% de las ventas del sector; al año pasado bordeó el 60%. Los mismos expertos que pregonan la libre competencia, ahora no le hacen asco a la concentración de los mercados en manos de pocas empresas pregonando a los cuatro vientos las ventajas que trae a los consumidores. Incluso llegan a plantear que los precios en estos hipermercados han contribuido a una disminución en los precios de a canasta de alimentos.
Lo descrito no se circunscribe a dicho sector ni a nivel nacional, sino que se extiende a otros sectores y a nivel internacional. Igual fenómeno se observa en los sectores bancario, automotriz y de las comunicaciones, entre otros.
Desconozco la existencia de estudios por parte de expertos en la temática acerca de las ganancias netas que para la sociedad pudiera estar reportando esta concentración de los mercados en pocas manos. De chicos nos han enseñado que el libre mercado supone la existencia de miles de consumidores y productores donde la mano invisible del mercado define los precios de los bienes/servicios que se transan en él. Sin embargo, ahora, de la noche a la mañana, los mismos que nos enseñaron esto, ahora nos vienen a decir que la concentración no necesariamente es mala. Claro que no, siempre y cuando se tenga al frente a un Estado capaz de inhibir y frenar todo intento colusión y abuso de posiciones monopólicas.
Desafortunadamente la realidad nos dice que los Estados tienden a ser capturados o corrompidos por estos monstruos empresariales.
junio 03, 2007
Esta fue la reacción que les produjo la decisión que adoptaron más de 70 mil trabajadores de las empresas contratistas mineras, entre las que destacan CODELCO, Escondida, Collahuasi y Pelambres, entre otras de menor tamaño.
No deja de llamar la atención que esos expertos que ahora ponen el grito en el cielo porque trabajadores deciden unirse para enfrentar en mejores condiciones las negociaciones ante sus empleadores, son los mismos que hacen la vista gorda cuando de fusiones empresariales se trata conducente a la formación de megaempresas. Por estos días estamos conociendo una de esas fusiones que causan furor en la bolsa sin que los expertos digan ni pío a pesar de la fuerte concentración ya existente en ciertos sectores.
Incluso más, como quien saca cartas de la manga, estos mismos expertos están encontrando beneficios en tales fusiones. Y al unísono cantan la música referida a las economías de escala que se obtienen que terminarían beneficiando a los consumidores con menores precios, obviando las ganancias que la concertación les permite una vez quebradas las medianas y pequeñas empresas. Y frente a eventuales objeciones gubernamentales por actitudes monopólicas tienen la capacidad para financiar ka contratación de los más renombrados bufetes de abogados para defenderlos.
Sin embargo cuando de fusiones de trabajadores se trata, solo visualizan perjuicios. Los temores de tales expertos se centran en las distintas realidades financieras de cada una de las empresas del sector, lo que permitiría a algunas empresas acceder a las peticiones de los trabajadores, no así a otras. Otro temor reside en que este megasindicato podría financiar huelgas muy prolongadas.
Es evidente que a las empresas no les conviene tener al frente a megasindicatos. Siempre preferirán trabajadores disgregados, atomizados, para así negociar individualmente. A lo largo de la historia los trabajadores han debido luchar por condiciones laborales que hoy suenan irrisorios, pero que en su momento contaron con la oposición empresarial y de los expertos pseudocientíficos incapaces de visualizar la complejidad de la realidad que tiene aristas que van más allá de las económicas.
Si fuera por tales supuestos expertos lo más probable que aún estaríamos en tiempos de la esclavitud, con trabajo infantil, sin salarios mínimos, y con jornadas laborales extenuantes sin contratos.
mayo 25, 2007
La tecnología: ¿genera, modifica y/o destruye empleo?
Lo anterior ha incidido en el empleo, tanto en términos de su creación, como de su destrucción. En el pasado el empleo se concentraba en la extracción de recursos naturales y la producción de bienes manufacturados. La introducción de nuevas tecnologías en estos ámbitos ha traído consigo la eliminación de puestos de trabajo, particularmente en aquellas empresas que han automatizado sus plantas (sectores automotriz, minero, textil, agrícola, etc.). En la actualidad se están generando empleos en áreas relacionadas con la producción de servicios (sectores financiero, de comunicaciones, informático, etc.).
El mayor o menor impacto, positivo o negativo, de la tecnología en el empleo, depende de cada país en particular, de su voluntad y capacidad de apropiación de las nuevas tecnologías, y de los precios relativos de cada uno de los factores de producción (capital y trabajo).
Junto con incidir en la magnitud del empleo, la tecnología también ha impactado la naturaleza del empleo, esto es, el trabajo que se lleva a cabo en cada puesto laboral. Mientras en el pasado el trabajo a realizar era eminentemente manual, repetitivo, rutinario que demandaba fuerza física, ahora este tipo de trabajo está siendo sustituido por nuevas tecnologías. La naturaleza de los trabajos actuales demanda un mayor esfuerzo intelectual que físico, mayor uso y articulación de conocimientos que de músculos.
Por tanto, quienes ocupaban puestos de trabajo que están tendiendo a desaparecer, deben necesariamente “reciclarse”, para estar en condiciones de asumir nuevas responsabilidades que muy probablemente exija competencias de las cuales carezca y que deba poseer. De las condiciones en que se encuentren los trabajadores para incorporar estas competencias, dependerán sus posibilidades futuras de inserción en un mundo laboral que nos está exigiendo mayor flexibilidad para desempeñarnos eficientemente en las más diversas funciones asociadas a distintos puestos de trabajo.
Además de lo expuesto en un mismo puesto de trabajo las capacidades requeridas pueden verse modificadas. Es el caso de las cajeras en los supermercados, quienes debían ingresar los códigos de los productos y las cantidades adquiridas, lo que implicaba que al menos debían saber leer; gracias a los códigos de barra las cajeras, tan solo necesitan pasar por el lector de barras cada uno de los productos que están siendo adquiridos y al finalizar apretar una tecla para generar la boleta correspondiente. Se logró aumentar el número de transacciones que una cajera es capaz de procesar por unidad de tiempo, y por tanto la productividad en cada caja. Por tanto, para atender una misma cantidad de clientes, ahora es posible disponer de un menor número de cajas, y por tanto, de cajeras. En este caso se “tontificó” el puesto de trabajo porque para la realización de las tareas asociadas se requieren menores capacidades por parte de las cajeras. Además, se disminuyó la cantidad de puestos de trabajo como consecuencia de la mayor productividad de cada uno de ellos.
Bajo una mirada más amplia, para este caso en particular debe observarse que la disminución de puestos de trabajo puede ser contrarrestada ya sea por un aumento en el volumen de compras de los clientes como de la cantidad de clientes que se atienden. También puede contrarrestarse por la creación de nuevos puestos de trabajo vinculados a la producción y mantenimiento de las nuevas tecnologías, en este caso, de los lectores de barras. Surgirán empresas que produzcan estos dispositivos de lectura de barras, así como otras que presten servicios de mantenimiento de ellos. Estos nuevos puestos demandan capacidades de más alto nivel que exigen más estudios, una mayor y mejor educación. Si no poseemos estas nuevas capacidades, significa que no estaremos en condiciones de crear ni mantener estas nuevas tecnologías, las que deberemos importar desde terceros países sin posibilidades de apropiarnos de ellas en el corto plazo.
Para evitar este destino, se hace indispensable disponer de una educación de calidad, tanto a nivel básico, medio como superior, que viabilice la creación de nuevos puestos de trabajo intensivos en conocimientos con algún grado de desarrollo autónomo con independencia tecnológica de terceros países. En caso contrario nos encontraremos inermes ante las nuevas tecnologías, sin capacidad para dominarlas, lo que supone resignación ante un destino inmodificable. Nuestra obligación se remitiría a navegar lo mejor posible en aguas que se encuentran en permanente agitación y fuera de nuestro control.
mayo 08, 2007
Hasta 1980, en los establecimientos particulares pagados, con fines de lucro, se encontraba matriculado menos del 10% de la población escolar. Más del 90% restante están en los establecimientos restantes, públicos o privados con financiamiento público, pero sin fines de lucro, y que por lo general ligados a grupos religiosos o filosóficos. Bajo este contexto, el país logró bajar la tasa de analfabetismo y alcanzar un alto nivel de cobertura en la educación básica.
A comienzos de los años ochenta, la dictadura introduce una reforma radical. Ella se caracteriza por la descentralización de la administración de los establecimientos educacionales públicos, por la vía de su transferencia a las municipalidades y la incorporacion del sector privado con financiamiento público y con fines de lucro, a través de una subvención por alumno. Dicha subvención, de igual valor para los establecimientos municipalizados y privados subvencionados, tuvo como propósito satisfacer sus necesidades operacionales.
Ese esquema operó con alcaldes nominados centralmente -en aquellos tiempos-, y éstos, a su vez nominaban a los directores de las escuelas y liceos bajo su responsabilidad. En la práctica, la decisión estuvo impulsada por la aspiración de destruir la capacidad de negociación del profesorado, aplicando la clásica doctrina de “dividir para reinar”.
Esa decisión fue acompañada de incentivos estatales, a fin de proveer servicios educativos con financiamiento público sin mayores restricciones. Este esquema de financiamiento introdujo la competitividad en la educación, al basarse en una subvención por alumno que asiste a clases. Mientras, el MINEDUC conservaba para sí el control sobre los aspectos curriculares y de evaluación. Se genera así la actualmente llamada doble dependencia de la educación: la administrativa de los municipios o particulares; y, la pedagógica y financiera del MINEDUC.
La competitividad basada en un subsidio público a la demanda, no hizo más que facilitar la estratificación donde los niños se matriculan en escuelas con alumnos similares. Educar a los pobres con los pobres y a los ricos con los ricos, no hizo más que reproducir e incluso multiplicar las desigualdades existentes en la sociedad. En términos de logros o resultados, no existen evidencias de que el sistema haya logrado algún incremento en la materia. La transferencia de matrículas desde las escuelas municipales a escuelas particulares subvencionadas —donde se controlan las características socioeconómicas de los alumnos—, no muestra mejoras significativas en sus resultados. Por tanto, la introducción del subsidio por alumno, no tuvo como consecuencia un aumento en la calidad como lo estipula el dogma neoliberal.
Por otra parte, es importante consignar que esta “competencia” se da en un contexto bastante irregular. Por decir lo menos. Porque los “sostenedores” —municipios y particulares— operan bajo reglas diferenciadas: unos pueden seleccionar y otros no. Lo que agudiza la estratificación, al poder unas escuelas seleccionar y otras no.
Este traspaso de establecimientos educacionales desde el MINEDUC hacia los municipios, se realizó sin que fuera acompañado del traspaso de responsabilidades, atribuciones, competencias y recursos que tamaño cambio involucraba. Fue implementada a espaldas de los profesores, apoderados y alumnos. Aún más, se dio una fuerte disminución en el monto de la subvención como consecuencia de la crisis financiera a comienzos de los 80, al tiempo que un aumento en el tamaño de los cursos (número de alumnos por profesor). Todo ello, enmarcado en una drástica reducción del presupuesto público educacional.
Como resultado de la reforma de la dictadura, a nivel mundial, Chile se convierte en uno de los países con menor gasto público y mayor gasto privado en educación en relación a su PIB: menos del 4% y más del 3% respectivamente (WEI 2003). En términos de resultados, la realidad es inversa: Chile tiene peores resultados que muchos otros países con mayor gasto público y menor gasto privado. Incluso, EE.UU. tiene mayor gasto público (4.8%) y menor gasto privado (2.2%).
Gasto en educación como porcentaje del PIB según fuente
Por todo lo señalado, me atrevo a hablar del gran fracaso de la privatización de la educación chilena. Situación que el proyecto de educación presentado por el gobierno —y que deberá ser complementado con otros— procura revertir abriendo el debate en torno a lo realizado hasta la fecha.
En 1990, un día antes de la entrega del gobierno por parte de Pinochet, es promulgada la ley orgánica constitucional de educación (LOCE) que nos rige hasta la fecha. En ella se consagra lo antes descrito y se “amarra” políticamente por la vía del sistema binominal. De hecho, esta ley no podrá ser modificada sin el concurso de la derecha.
¿Y ésta qué afirma? Que el fracaso de la educación en Chile se explica porque la privatización llevada a cabo, se ha visto truncada con la llegada de la Concertación, que falta profundizarla, que persiste una excesiva intervención estatal o que el subsidio a la demanda no ha logrado operar eficazmente porque los padres y apoderados no reciben directamente los subsidios para con ellos en mano “elegir” los establecimientos educacionales. Ahora último, han asomado voces que reconocen que el subsidio es muy bajo (del orden de los US$ 55). Y no sólo eso, además se han percatado que educar a un pobre no cuesta lo mismo que educar a un rico; y, por tanto, se han abierto a la subvención diferenciada. Reafirman sus argumentos sobre la base que los apoderados intentan sacar a sus hijos de las escuelas municipales, para ponerlos en escuelas particulares subvencionadas (con fines de lucro) mejor administradas. Cómo no van a ser mejor administradas, si en ellas sus directores pueden hacer y deshacer, contratar y despedir profesores en base a la demanda, pagar lo que se les antoja, y más encima seleccionar y expulsar a alumnos sin restricciones. En cambio, en las escuelas municipales no tienen esas atribuciones. Sus directores, hasta poco eran los nominados en tiempos de Pinochet, para evitar su “politización”. Sólo una vez que estos directores ¡¡se fueron muriendo!!, se allanaron a concursar tales cargos.
No conozco ningún país en el que a nivel nacional, se haya privatizado un sistema educacional a sangre y fuego como el nuestro. Antes de Pinochet, el gasto público en educación estaba sobre el 7% del PIB. Al término de su gobierno estaba por debajo del 4%. Era más importante la seguridad nacional que la educación...
Y sus seguidores y ex funcionarios, hoy rasgan vestiduras, porque en el proyecto gubernamental se excluye la posibilidad que los establecimientos educacionales privados con fines de lucro reciban financiamiento público. Y ponen el grito en el cielo preguntando inocentemente: ¿qué tiene de malo el lucro?
Según la Real Academia Española, “lucro” es toda ganancia o provecho que se saca de algo, a diferencia del excedente obtenido cuando los ingresos “exceden” los costos. El lucro está asociado a la ganancia resultante de los negocios o inversiones que se realicen. Una familia o una persona no lucra si le sobra dinero a fines de mes; de igual modo no lucra un servicio público si a fines de año su presupuesto de ingresos supera al de egresos. Sólo lucran quienes invierten dinero para multiplicarlo.
Es bajo esa concepción que en ninguna parte del mundo —excepto en Chile— se admite el financiamiento público a instituciones educacionales privadas con fines de lucro. Sin embargo, acá en Chile se acepta acríticamente lo anterior, como si se tratara de una “obviedad peregrina”. Y así se nos está formando.
Por otra parte, se nos dice que no debiera importarnos introducir el lucro en la educación, cuando lo importante es la calidad de la educación. Claro que sí, pero hasta la fecha, en ninguna parte del mundo existe evidencia alguna a favor del lucro en la educación y que ella tena alguna relación con la calidad. Lo prueban las políticas educacionales de los países de mayor, igual y menor desarrollo que Chile.
El punto de fondo es otro: qué concepción queremos de la educación. Si la educación es una mercancía o un derecho. Si ponemos por delante la rentabilidad privada o la rentabilidad social de la educación (nótese que estoy siguiendo la lógica mercantil!!!) Si concebimos la educación como un negocio más o como un servicio. Si concebimos la educación como un proceso para tener más o ser más. Una educación centrada en el lucro de privados o en el educando y la sociedad. Una educación centrada en la lógica de la competencia o de la cooperación, en la lógica de la exclusión o la inclusión, que cristalice la aceptación o desarrolle el espíritu crítico, que promueva el mantenimiento del statu quo o el cambio hacia una sociedad más igualitaria. En fin, una educación que apunta a la mera formación de insumos (mano de obra dócil) para el funcionamiento del aparato productivo o forme ciudadanos activos dotados de capacidad de discernimiento y análisis crítico para la construcción de una sociedad de hermanos.
Se necesita una educación en consonancia con la sociedad que queremos construir. Y esto es tema de interés público, no sólo de privados, y, por tanto, materia de políticas públicas. Una educación centrada en el lucro pone su eje en lo económico, supeditando toda otra consideración al lucro puesto que se asume per se que el lucro sigue a la calidad, o viceversa. Pero la evidencia nos indica que no existe relación entre lucro y calidad. Por tanto, no nos vengan a decir que el lucro es el motor que nos conducirá a una educación de calidad y que su supresión en este ámbito nos condene a una educación de mala calidad. La mejor prueba de ello es que, habiendo operado a lo largo de las últimas décadas con instituciones educacionales con fines de lucro y con financiamiento público, hoy tenemos una educación de mala calidad. Eso lo reconocen moros y cristianos.
Para edulcorar la falaz relación entre lucro y calidad, están las agencias publicitarias que se encargarán de mostrar como oro lo que no es. No hay otro país en el mundo en el que sea tan alto el gasto publicitario en el sector educacional privado como en Chile. Los extranjeros que nos visitan se asombran al ver que la publicidad educativa se asemeja a la de una hamburguesa. Así es como estamos siendo drogados, para no ver el despeñadero al cual vamos en caída libre si no le ponemos atajo. Sí, porque lo único concluyente que muestran las más diversas evidencias internacionales, es que lo que tenemos no es un sistema educacional como tal, sino un conjunto de subsistemas que operan bajo reglas diferentes. Unos operan bajo un estatuto docente para los profesores, otros no; unos pueden seleccionar y expulsar alumnos, otros no; unos pueden cobrar, otros no. En este contexto, ¿son comparables los resultados de los establecimientos que operan bajo un sistema u otro?
En EE.UU. se han atrevido a privatizar la guerra –sistema que imperó en tiempo de la conquista-, donde el gobierno financia con recursos públicos a empresas privadas para que combatan en los más diversos confines del mundo. Se ha vuelto a la guerra como una actividad mercantil más, con ganancias estratosféricas y altos costos en vidas y patrimonios. Pero, aún así, no se han atrevido a privatizar la educación. Los recursos públicos son para establecimientos públicos o privados, ¡pero sin fines de lucro!. No se les ocurre pensar que puedan distorsionar el espíritu de la ley creando inmobiliarias o sobrefacturando prestaciones de servicio de terceros; como se está dando en la educación superior privada chilena. Si en algo somos campeones, es en materia de privatización de la educación. Nadie nos gana. Pero muchos sí nos ganan en materia de resultados. Las pruebas internacionales así lo testifican.
Desempeño de estudiantes e ingreso per cápita
Fuente: www.expansiva.cl
Lo concreto es que la experiencia de los países de la OECD y de aquellos que en que existe financiamiento público a instituciones privadas, estas últimas son sin fines de lucro y no se les permite cobrar a los apoderados. No se acepta el financiamiento compartido que nos rige desde 1993.
No obstante lo expuesto, quienes sueñan con una educación pública enteramente privatizada, insisten en los pobres resultados de la educación municipalizada, para justificar la creciente intervención privada.
La clave en esta materia, así como en tantas otras, reside en un sistema público educacional que incluya un esquema de regulación, financiamiento y aseguramiento de calidad consistente con la sociedad que se aspira construir.
A pesar de los sucesivos aumentos en el gasto público en educación, éste sigue estando por debajo del que aspira un país con los niveles de desigualdad que nos caracterizan. Según el Banco Mundial nos encontramos dentro de los países con mayor desigualdad socioeconómica. No tendremos remedio mientras el gasto público en educación bordee el 15% del gasto público total. Los países del sudeste asiático lograron el gran salto al desarrollo doblando el gasto educacional público nuestro, esto es, destinando el 30% del gasto público total a la educación.
Sin embargo, el problema educacional chileno no se reduce a un problema de platas. Doblar o triplicar el gasto educacional es parte de la solución. La calidad de la educación, es mucho más que un tema financiero. Incluye una discusión respecto de si la educación es una actividad económica más, donde al Estado sólo le compete subsidiar sin imponer mayores barreras de entrada a los establecimientos que desean recibir financiamiento público. Incluye necesariamente una discusión en torno a lo que más arriba mencionamos, esto es, con el tipo de sociedad que queremos dibujar y soñar
Referencias
www.expansiva.cl
www.cepchile.cl
www.facso.uchile.cl
www.mineduc.cl
El derecho a la educación en Chile de Jesus Redondo
www.cep.cl/Cenda/Cen_Documentos/Educacion/
(*) Se agradece la colaboración prestada por Andres Monares y Jorge Mendez cuyos aportes contribuyeron a enriquecer el documento; no obstante lo señalado, el autor asume la total responsabilidad de su contenido
abril 27, 2007
Con el transcurso de los días se van clarificando las posiciones en torno al proyecto de ley presentado por el gobierno que aspira modificar la LOCE actual. La semana pasada dejé constancia que la LOCE que nos rige fue promulgada un día antes que Pinochet entregara el gobierno, aunque con la precaución de no abandonar la escena y conservar el poder militar en calidad de comandante en jefe del Ejército como una forma de asegurarse que ni la LOCE ni otras leyes de amarre fueran modificadas. Tiempos de democracia vigilada.
abril 12, 2007
No deja de impresionar la visceral reacción opositora ante la intención gubernamental por modificar la ley orgánica constitucional de enseñanza (LOCE). No está de más recordar que ella fue promulgada, entre gallos y medianoches, el 10 de marzo de 1990, un día antes de que Pinochet entregara el gobierno a Aylwin.
Cualquier gobierno relativamente decente se habría abstenido de promulgar a último minuto una ley que compromete el futuro de todo un sector, el educacional. Más encima, una ley promulgada a espaldas de la opinión pública, sin debate alguno, salvo el que se debe haber dado entre los expertos y prohombres del gobierno. Si a eso se agrega, los altos quorums exigidos para su modificación, así como el sistema electoral binominal que ha inflado a la derecha, llegamos a la realidad educacional actual: de mala calidad en la que impera una lógica libremercadista extrema y una LOCE inmodificable, que a la fecha la propia Concertación no se ha dado siquiera la molestia de intentar modificarla por no contar en el Congreso con la mayoría requerida. Eso hasta hoy, cuando gatillado por la revolución pingüina, el gobierno decide enviar al Congreso un proyecto de ley destinado a modificar la LOCE.
Actualmente la LOCE se centra en que el Estado debe resguardar la libertad de enseñanza, sin prestar similar atención al derecho a la educación. El proyecto propone equiparar ambos derechos. La LOCE actual no obliga al Estado a financiar un sistema gratuito que asegure el acceso a la enseñanza preescolar; la modificación extiende esta obligación a la enseñanza preescolar.
En la actualidad la LOCE permite el financiamiento público a instituciones educacionales privadas con fines de lucro, creadas sin mayores exigencias respecto de su creación y continuidad. En paralelo las escuelas municipales deben funcionar con subvenciones irrisorias basadas en la asistencia y sin real autonomía. El resultado lo tenemos a la vista: una educación de mala calidad. Por eso extraña que se afirme que la LOCE no tiene nada que ver con una educación de calidad: tiene mucho que ver. Lo anterior no implica que la LOCE sea la solución para una educación de calidad, pero ella contiene las bases conceptuales, los fundamentos, los cimientos, sobre las cuales se construye el sistema educativo. Lo que corresponde es que ella recoja la amplia experiencia nacional e internacional en la materia.
La derecha ha puesto el grito en el cielo por el tema del lucro. El quid del asunto es otro: la calidad de la educación que queremos y una magnitud y destino del financiamiento público consistente con el nivel de calidad al que se aspira; que las reglas de juego sean parejas para todos; y que exista una rendición de cuentas transparente respecto del financiamiento público que reciben las instituciones educativas. No es justo que unos puedan seleccionar y otros no. No es justo que para unos rija un estatuto docente y para otros no. No es justo que existan establecimientos con financiamiento público que puedan lucrar y otros no. No es justo que con recursos públicos se haga lo que se les de la gana. De esto y muchas otras cosas es lo que el proyecto trata e invita a debatir con altura de miras. Ni mas ni menos que todo lo que no se hizo con la LOCE del 10 de marzo de 1990.
La pretensión de la derecha por perpetuar una LOCE fraguada entre cuatro paredes nos está costando caro, y por tanto ella debe asumir en plenitud su responsabilidad en la materia.
abril 05, 2007
La dependencia tecnológica
Si bien existen múltiples definiciones en torno a la tecnología, para no complicarnos mayormente asumiremos que la tecnología es un conjunto de inventos, técnicas y/o conocimientos vinculados a la generación de un ambiente, sector o producto en particular. Toda tecnología conlleva la aplicación del conocimiento en los mas diversos procesos productivos con miras a hacerlos más eficientes y rentables. Ella encierra conocimiento acumulado en el tiempo a partir de la experiencia, la observación y la aspiración por reducir el esfuerzo o trabajo manual.
Existe la sensación que el desarrollo tecnológico tiene un curso único, dado, que no podríamos alterar, que condiciona nuestras vidas, frente al cual solo cabe resignarnos. Como si fuera el mercado el que determinara su curso. Sin embargo ella es una verdad a medias, porque en estricto rigor, en la actualidad el devenir tecnológico está determinado por unas pocas y grandes empresas multinacionales que a su vez condicionan el comportamiento de los consumidores por la vía publicitaria de modo que el consumo se oriente hacia donde ellos desean.
marzo 30, 2007
Esta vez fue en el marco del día del joven combatiente que se vivió una nueva jornada de violencia. El epicentro estuvo en el centro de la capital del reino y algunas de sus poblaciones. El saldo final fue del orden de medio millar de detenidos –en su mayoría menores de edad-, carabineros acorralados y lesionados, buses del transantiago, bienes públicos y privados destruidos.
Mas allá que los medios de comunicación incrementen y/o distorsionen la magnitud de lo ocurrido y del aprovechamiento del lumpen, estamos ante hechos graves que deben inducirnos a clamar no solo por más orden y seguridad, sino que a reflexionar por la sociedad que estamos construyendo.
Cuando vemos a menores lanzando bombas molotov y piedras a diestra y siniestra en tierra de nadie; a una turba acosando a una jueza indefensa que se movilizaba en su vehículo; la violencia de los ataques al Hospital del Trabajador, en todos estos actos visualizo un común denominador: la cobardía.
Una cobardía amparada en el anonimato que proporciona el pasamontaña, el pañuelo, la multitud, la inacción de terceros. Me recuerda la cobardía de quienes en tiempos del innombrable torturaban y tiraban vivos al mar por órdenes superiores. Una cobardía amparada en el ataque a mansalva por la espalda, en la indefensión de los atacados, en el desequilibrio de las fuerzas en pugna. De valientes es combatir de igual a igual, frente a frente. Nada de eso hemos visto. La violencia solo genera más violencia, se entra al terreno de la irracionalidad, en el que no gana nadie. Todos perdemos.
Por suerte no son todos los jóvenes los involucrados, ni siquiera la mayoría de ellos, pero así y todo no deja de ser preocupante. Esto se sabe cómo comienza, pero no como termina, y lo que es peor, si no se aborda apropiadamente, puede desencadenar un proceso, una escalada de mal presagio.
Podemos sacarnos el pillo con que esto se da en todo el mundo. En la misma semana, la detención de un joven en la capital de Francia por andar en el metro sin su boleto, gatilló una protesta que duró horas. Y no hace mucho, en París ardió por varios días a raíz de la actuación de la policía con dos jóvenes inmigrantes. Pero eso no nos exime de la cuota de responsabilidad que nos cabe. Debemos encontrar respuesta a las preguntas: ¿qué estamos dejando de hacer para que esto ocurra? ¿qué estamos haciendo para que esto ocurra? ¿qué debemos hacer para que esto no ocurra?
Junto con oponernos a la violencia física observada, con la misma fuerza, ni más ni menos, debemos indagar respecto de las causas, el trasfondo de estas erupciones –la marginalidad y exclusión de muchos-. No podemos ser condescendientes con la violencia ni con sus causas, las que también nos violentan. El mensaje subyacente al mundo político -tras las violentas jornadas de ayer, hoy y siempre-, es la necesidad de abordar sin mayor demora las causas de la violencia desatada.
marzo 23, 2007
La voz de los expertos
Los problemas que debemos enfrentar como sociedad, para su resolución, se pueden abordar desde distintas perspectivas. En general, éstas se clasifican en dos grandes categorías: el enfoque técnico y el conductual.
El primero de ellos, pone el énfasis en la naturaleza técnica de los problemas y sus soluciones. Apela a la voz de los expertos. Son ellos los que deben buscar las soluciones, los que “tienen” las soluciones. Los avances científico-tecnológicos han sacado a los expertos del ostracismo y los han puesto en la vitrina a vista y paciencia de todos. Son los nuevos dioses, los que tienen la última palabra. Quienes no son expertos no tienen pito que tocar. Son las personas y la sociedad en general las que deben adaptarse a las soluciones planteadas por los expertos.
Si la realidad no se comporta de acuerdo a los modelos y predicciones de los expertos, no son los expertos los que han fallado, ni los modelos ni sus predicciones. Para los expertos sería la realidad la que está fallando, pues es ésta la que tiene que ajustarse al modelo. A este grupo tienden a adscribirse los tecnófilos o tecno-optimistas, quienes confían a ojos cerrados en las bondades y posibilidades que ofrece la tecnología para resolver problemas por gordos que sean.
El otro enfoque para la resolución de los problemas, el conductual, pone el acento en las personas, las organizaciones, los grupos humanos, sus comportamientos y culturas, en el impacto que tienen las alternativas de solución sobre las personas y la sociedad en general, así como en sus posibilidades de implementación. En consecuencia, bajo esta visión, toda propuesta de solución debe considerar a los diferentes actores sociales involucrados. A diferencia del enfoque técnico, los protagonistas no son los expertos ni las tecnologías, sino las personas, los grupos humanos comprometidos. Quienes se adscriben a este enfoque tienden a ser tecnófobos o tecno-pesimistas, convencidos que las soluciones basadas en tecnología generan más malestar que bienestar y que ningún proyecto tecnológico es autónomo puesto que siempre estará al servicio de proyectos o grupos políticos y/o económicos, explícitos e implícitos.
Pero no todo es blanco o negro, y así es como surge el enfoque sociotécnico que busca recoger lo mejor de ambos enfoques amortiguando lo negativo. Este enfoque procura el ajuste o alineamiento mutuo de la tecnología y las organizaciones hasta que sea satisfactorio. Lo que implica que la tecnología debe adaptarse a las personas, pero que estas también tengan la disposición para modificar sus patrones de comportamiento al sopesar las beneficios/perjuicios que toda innovación tecnológica conlleve.
Estas líneas están escritas en el contexto de la implementación del nuevo sistema de transporte público en la capital del reino. Acá se habría impuesto un modelo donde expertos parecen haber diseñado un sistema creyéndose el cuento de que las personas se adaptarían a cómo diera lugar. Como mansas ovejitas.
marzo 09, 2007
Hace tiempo que no se veían defecciones partidarias ni crisis al interior de los partidos. Incluso se llegó a afirmar, por parte de sus promotores, que el sistema binominal favorecía la aglomeración de partidos al forzarlos a conformar coaliciones, y por ende, a buscar más acuerdos que desacuerdos.
En un comienzo ello pareció ser cierto, pero con el tiempo el binominalismo parece estar convirtiéndose en una camisa de fuerza a punto de reventar. Antes, cuando uno no estaba de acuerdo con el partido se iba para correr con colores propios; hoy nadie se va, espera que lo echen. Y no se va porque sabe que en solitario está políticamente muerto. A lo más se han producido defecciones partidarias dentro de una misma coalición, pero no de una coalición a otra, salvo uno que otro caso muy específico sin mayor connotación nacional.
Sin embargo, en la actualidad hay signos preocupantes de degradación política. Las crisis al interior de los partidos obedecían esencialmente a visiones encontradas, antes que a personalismos. Por décadas la democracia cristiana fue capaz de crecer bajo la conducción de líderes tan potentes como Frei Montalva y Radomiro Tomic, ambos de fuerte personalidad, con un tronco común aunque con enfoques políticos distintos. Mientras Frei tendió hacia el camino propio buscando una equidistancia entre la derecha y la izquierda, Tomic, por el contrario, sostenía la necesidad de gobernar con la izquierda para poder dar gobierno. Sola la DC podría llegar a ser gobierno, pero tendría problemas serios para dar gobierno. No obstante estas distintas visiones jamás la DC vio amagada su unidad, salvo a partir de los últimos años del gobierno de Frei Montalva, cuando primero se orgina el MAPU. Posteriormente, cuando la DC se une a la derecha para conformar la Confederación Democrática (CODE) en los inicios del gobierno de la Unidad Popular (UP), nace la Izquierda Cristiana cuyo líder natural era Tomic. Así y todo, Tomic siempre se mantuvo fiel al partido de toda su vida, la DC.
Hoy la situación pareciera ser distinta. Las diferencias que se observan en la DC pareciera que obedecen más a razones personales de apetitos de poder antes que a diferencias conceptuales. A la fecha no logro desentrañar las diferencias de fondo que pudieran existir, salvo que se estuviera intentando reeditar la alternativa del camino propio. Bajo un sistema binominal, la reproducción del esquema de los tres tercios abre una caja de Pandora, pues condena al tercio menor al ostracismo político.
No cabe duda que la DC vive tiempos complejos, pero el rol histórico que ha jugado y la responsabilidad que tiene como principal partido de gobierno deben motivarla para abordar a fondo, en la fraternidad demócratacristiana, la realidad que tiene frente a sí.
febrero 02, 2007
Transantiago: un desafío mayúsculo
Desde la región en que residimos pareciera que somos meros espectadores. Mal que mal se trata de un problema de la capital del reino. Si bien nos puede parecer una temática ajena, no nos viene mal monitorear lo que ocurrirá para aprender.
El tema del transporte público en Santiago, y en todo el país, está muy lejos de tener las características que nos merecemos. Ineficiente, contaminante, incómodo, no resulta una alternativa atractiva. En vez de desincentivar el uso del automóvil, lo incentiva, promoviendo soluciones individuales. Esta es la realidad que desde hace años se vive en el país. Para el nivel de ingreso per cápita que tiene el país, esto ya no se sostiene.
Esto de que una micro pare en cualquier parte y cuando a uno le de la gana; o esa avivada criolla de “me lleva por cien pesos”; que el chofer conduzca y al mismo tiempo cobre, no se sostiene en ningún país. O que todas las micros atraviesen la ciudad de un extremo a otro pasando por el centro: en Santiago por la Alameda; en Talca por la 2 Sur; en Arica por 18 de Septiembre.
Estas costumbres tan arraigadas no se pudieron alterar ni en tiempos del innombrable, quien ni siquiera hizo el intento por abordarlo para no comprarse problemas gratis. Sin embargo, el crecimiento de la ciudad y sus altos niveles de contaminación, han obligado a los gobiernos de la Concertación a enfrentar a fondo el sistema de transporte público.
Años atrás se hizo un intento cuando se procuró que los conductores se limitaran a conducir y los pasajes se emitieran automáticamente mediante máquinas que recibían monedas y billetes. Fue un sonado fracaso, ya sea porque no todas las micros tenían tales máquinas, porque muchas de ellas no funcionaban o funcionaban mal, o porque los pasajeros –nosotros- preferíamos pasarles las monedas a los choferes y éstos las metieran en las máquinas, o porque no teníamos sencillo.
En esta ocasión no se puede fracasar, pero para ello es indispensable la colaboración de todos los involucrados. Se trata de un desafío, no solo para el gobierno, sino que para todos sus actores –pasajeros, conductores, empresarios, autoridades-, quienes deberán poner la mejor voluntad para salir airosos. Una prueba de fuego para saber si estamos en condiciones de abandonar un pasado representado por el actual sistema de transporte público, e ingresar al desarrollo simbolizado por un transporte público más eficiente.
enero 26, 2007
La verdad tiene su hora
Tengo en mis manos el libro que Eduardo Frei Montalva escribiera hace ya poco más de 50 años cuyo título me he tomado la libertad de recoger para encabezar esta columna. A 25 años de su muerte se empiezan a desentrañar los misterios que la acompañaron.
Con tan solo 16 años mi primer encuentro con él fue en el 64, cuando mi tío, un redomado derechista aterrorizado ante la eventualidad de un triunfo de Allende, me llevó al parque Cousiño –hoy llamado parque O´Higgins- para sumarnos a la marcha de la Patria Joven que venía desde Arica y Punta Arenas. Eran tiempos de guerra fría. Posteriormente me reencontré con él en febrero del 67, en la ciudad de Castro donde un grupo de estudiantes universitarios estábamos construyendo viviendas en el marco de los trabajos voluntarios. Allá fue a vernos, en su calidad de Presidente de Chile, a la escuela pública en que alojamos. Su imponente figura junto con sus palabras llenas de sabiduría me marcaron profundamente, y conforman el origen de mi interés por la política hasta el día de hoy.
Los tiempos han cambiado, las alianzas son otras, pero la validez de su pensamiento sigue vigente, quizá más que nunca, particularmente en los tiempos actuales en los que la política pareciera estar perdiendo valor y los jóvenes no se sienten atraídos por ella. Nos haría bien releer un libro escrito a mediados del siglo pasado, pero que tiene plena vigencia. Su lectura invita a tener confianza, a creer en nosotros, a construir un país que está a nuestro alcance.
Su preocupación e interés por Chile y su futuro lo mueven a continuar en escena. Al encabezar su gobierno es atacado a diestra y siniestra. En tiempos de Allende la derecha lo caricaturiza como el Kerensky chileno; la izquierda, por hacerle el juego a la derecha y al imperialismo yanqui. Fue oponente de Allende y de Pinochet. En 1980, con motivo del plebiscito asume el liderazgo opositor a la dictadura con un histórico discurso en el teatro Caupolicán que –en silencio y con temor- se escuchó de norte a sur a través de la única radio que se atrevió a transmitirlo. Nos dio nuevos bríos y esperanzas. La dictadura tomó nota de ello.
En 1982, entra a una clínica para una operación menor, y sale de ella fallecido en extrañas circunstancias –por decir lo menos-. Aunque la versión oficial dijera otra cosa, ya en ese entonces, un solo pensamiento nos cruzó: fue asesinado. Hoy, a 25 años de su fallecimiento, un preinforme señala la presencia de gas mostaza en su cuerpo. Hasta el 90 no se pudo investigar porque la dictadura se encargó de taponear todo; luego porque para eso Pinochet continuaba en escena ya sea como comandante en jefe del Ejército primero, y luego como senador vitalicio. Recién ahora, sin su presencia, tímidamente, se pueden ir abriendo todas las cajas de Pandora.
Hoy como ayer, la verdad tiene su hora.
enero 19, 2007
Durante las últimas décadas el tema de la transparencia ha estado en el tapete noticioso. Generalmente se le relaciona con la corrupción dado que ésta tiende a darse allí donde no hay transparencia. Se trata de una expresión ligada a ámbitos no políticos, pero que en la actualidad se asocia íntimamente a lo político, a lo democrático.
En un intento por definir la transparencia, lo primero que se me viene a la cabeza es un vidrio o un papel que nos permita ver lo que hay al otro lado. Que lo que vemos al otro lado es lo que efectivamente hay, que no sea vea borroso o algo distinto. De allí que cuando hablamos de una persona transparente, lo que queremos afirmar es que no tiene dobleces, que se muestra tal cual es, que dice lo que piensa, que no intenta representar lo que no es. Lo mismo vale a todo nivel, por ejemplo, institucional. Por ejemplo, una empresa puede decir que el cliente está primero, pero a la hora nona no está ni ahí. O a nivel de los procesos. Por ejemplo, del reclutamiento de personal en las empresas o de las postulaciones a las universidades. Un proceso será transparente en la medida que los procedimientos, rutinas, reglas y decisiones sean conocidas por los involucrados y sean consistentes. En el ejemplo, que no existan quienes entren por la ventana, esto es, apitutados.
La falta de transparencia es un problema serio porque posibilita la injusticia, que pecadores pasen por santos. Es un problema porque siembra la desconfianza, y ésta tiene un costo que es alto. La desconfianza genera controles que serían innecesarios si la sociedad en que vivimos fuera mas transparente. La transparen-cia tiene el mérito de inhibir conductas, decisiones y acciones indebidas.
De allí el interés por la transparencia. En política y en democracia es esencial, porque de otro modo la ciudadanía no estaría en posesión de información completa y confiable cada vez que se requiere su opinión. Lo mismo vale a nivel económico. ¿Cómo se encuentra nuestro país en este tema?
Creo que vamos por buen camino. De partida no vivimos bajo el oscurantismo de los tiempos del innombrable en el que las decisiones se tomaban entre 4 paredes y la arbitrariedad se enseñoreaba a vista y paciencia de todos. Tiempos donde los recursos destinados a gastos reservados eran de una cuantía impensable para los tiempos actuales y con los cuales se cometían delitos de marca mayor.
Como botón de muestra, hoy tenemos mayor transparencia en todo el proceso de adquisiciones que efectúan los organismos de Estado a través del portal Internet de Chilecompras. Hay mayor transparencia en el proceso de adjudicación de proyectos por parte de CONICYT. Con los desaguisados que hemos visto en los últimos tiempos en CHILEDEPORTES y los Programas Generales de Empleo, se están disminuyendo los presupuestos disponibles para asignaciones directas, y tanto los montos comprometidos como los nombres de las empresas y de los beneficiarios finales serán de conocimiento público a través de sitios Internet.
Por tanto, más allá de los dimes y diretes, creo que se va en la dirección correcta, hacia una mayor transparencia, que mas temprano que tarde terminará por acorralar a quienes quieran seguir haciendo de las suyas.
enero 12, 2007
Con la publicación de los resultados de la última prueba PSU, una vez más, vuelven a surgir rankings y comentarios que en vez de agregar información de valor, contribuyen a confundir. Se trata de un tema en el que se debe actuar con suma responsabilidad por estar involucrada la fe pública por lo que la información que se entrega al mercado debe ser completa; en caso contrario se está desinformando en vez de informar y aumentando el grado de asimetría informativa existente en el sector educacional.
Entre los titulares observados se incluyen entre otros, los siguientes: “la brecha entre colegios públicos y privados creció 14 más”; “los establecimientos pagados subieron 12 puntos promedio mientras que liceos públicos bajaron 2 puntos respecto del 2006”; “los jóvenes de de colegios municipales obtuvieron 459 puntos en 2006, en tanto que ahora 457 puntos, mientras los colegios privados suben de 586 a 598 puntos”; “el 60% de los puntajes nacionales viene de establecimientos particular pagados”. Todos estos titulares, así como el de muchos otros, están dando información incompleta, sesgada, con efectos distorsionadores. El efecto subliminal de estos titulares no es otro que el de concluir que los establecimientos particular pagados son de mejor calidad que los municipales, conclusión falsa si se considera la realidad en toda su complejidad.
Oculta los costos bajo los cuales se obtienen los puntajes. Basta preguntarse con qué recursos operan los establecimientos particular pagados y los municipales. Mientras muchos de los primeros trabajan con aranceles por sobre los $ 100,000 mensuales, los establecimientos municipales deben hacerlo con menos de $ 50,000 al mes.
Oculta el nivel socioeconómico de los alumnos en los establecimientos educacionales: los particular pagados matriculan alumnos de los más altos ingresos, en tanto que los municipales deben hacerlo con los de más bajos ingresos.
Lo que indican realmente los resultados PSU y su evolución en el tiempo, es lo fácil que es obtener buenos puntajes PSU con altos aranceles y alumnos que traen consigo un alto capital sociocultural al provenir de familias con altos ingresos. Y lo difícil que es lograr buenos puntajes con alumnos de los sectores más vulnerables y con poca plata.
También se oculta que este año rindieron la prueba más de 30 mil alumnos más que el año pasado y que éstos son alumnos provenientes de las familias más pobres, y por tanto, debiera haberse esperado una baja significativa en el puntaje PSU de alumnos matriculados en establecimientos municipales, lo que no ocurrió. O sea, en estricto rigor, si nos ponemos a cotejar grupos de alumnos pertenecientes a un mismo tramo de ingresos familiares, no podemos encontrar con la sorpresita que los establecimientos municipales son de más alta calidad que los establecimientos particular subvencionados y que los particular pagados. Imagínense cuáles serían los resultados de la PSU si los establecimientos municipales pudiesen trabajar con la cantidad de recursos con que lo hacen los establecimientos particular pagados?
diciembre 28, 2006
Hora de balances y proyecciones
diciembre 22, 2006
En una noche como hoy, hace ya más de dos siglos, en una cuna de paja, hijo de María y José –un modesto carpintero-, nació el niño Jesús. Menciono esto para aterrizar la desenfrenada locura en que nos encontramos sumergidos. Locura expresada en la obsesión por comprar y regalar a como dé lugar. Como si fuéramos una manada impulsada por una fuerza irrefutable, caemos presa de una fiebre de compras que nos deja extenuados y endeudados por todo el año. Con esta conducta desvirtuamos el sentido más profundo de esta fecha.
Vamos, ¡¡¡¡Arriba los corazones!!!!
diciembre 14, 2006
La historia es muy cruel. Así como para el 11 de septiembre del 73 una parte del país estuvo descorchando botellas de champaña, en esta ocasión la celebración corrió por cuenta del sector opuesto. Hoy como ayer, no hubo funerales de Estado, ni banderas a media asta, y tampoco se decretó duelo oficial.
Para unos, Pinochet fue un libertador, poniendo el acento en que entregó su vida por los demás, salvando al país de una guerra civil derrotando al marxismo internacional, que fue capaz de encarar a Perú y Argentina en momentos extremos, y de abordar profundas reformas económicas liberalizadoras, soslayando el tema de los derechos humanos y las restricciones impuestas al devenir político. Para sus partidarios, si algún error se le pudiese imputar, sería el de no haber matado a todos sus adversarios. Si alguna lección dejan estos años, y se pudiese repetir la historia, esa sería la de haber sido demasiado “blandos”.
Para otros, Pinochet fue un clásico dictador de derecha que se enriqueció haciendo uso del poder, que encabezó el período más trágico de la historia de Chile implantando una dictadura caracterizada por la sistemática violación de los derechos humanos al amparo de una doctrina de seguridad nacional que posibilitaron los asesinatos, las torturas, los exilios, y atropellos haciendo uso del aparato civil y militar del Estado. En lo económico, enfatizan las oscuras privatizaciones que enriquecieron a unos pocos y propagaron la miseria y cesantía.
Su muerte ha dejado al trasluz las profundas diferencias que nos dividen como nación y las dificultades que encierra su construcción. Estas encontradas visiones de quienes habitamos esta tierra, son las que nos impedirán alcanzar el objetivo común de ser un país desarrollado capaz de vivir en paz.
La muerte de Pinochet lo que ha puesto sobre la mesa es esta realidad que no pocas veces soslayamos y ocultamos. Ojalá el período de catarsis que estamos viviendo abra paso a una fase de reflexión. Mientras su nieto lo ensalza, otro nieto del comandante en jefe del Ejército que precedió a Pinochet y que fuera asesinado en Buenos Aires, escupe sobre su féretro. En este marco, las palabras y decisiones adoptadas en estos días por la presidenta Bachelet, hija de un general de Aviación muerto bajo el régimen de Pinochet, nos orientan respecto del camino a seguir.
Debo confesar que la muerte de Pinochet me produjo alegría y pesar; sentimientos encontrados y la constatación de un gran fracaso nacional: la incomunicación nacional, la existencia de sectores de la sociedad incapaces de asumir sus responsabilidades, imputándoselas a los demás.
Pesar porque los tribunales de justicia chilenos no fueron capaces de condenarlo, aún cuando tenemos la convicción que la historia ya lo condenó. pesar porque las tácticas dilatorias de sus abogados dieron su fruto. Alegaron demencia, prescripción por el paso del tiempo, edad,, el contexto de guerra fría, estirando la cuerda para que alcanzara a morir antes que lo condenaran. Y lo lograron. Se dieron el gusto de rendirle honores en la Escuela Militar.
Alegría porque al fin se despachó un personaje siniestro que influyó tanto en nuestras vidas. Porque con el tiempo se ha ido reduciendo a su real dimensión: la de un clásico dictador de derecha que en sus tiempos de gloria, con la soberbia propia de quien detenta el poder total, violó impunemente los derechos humanos. Alegría porque no obstante las limitaciones que enfrenta nuestra precaria democracia actual, el soporte cívico militar que lo sustentó, se encuentra en franca retirada. pero, ojo! porque se mantienen al acecho. Alegría porque no obstante que los tribunales de justicia chilenos no realizaron oportunamente su tarea, tanto a nivel internacional como nacional, ya está condenado en el corazón de la gente. Ello a pesar de los esfuerzos de la "seria" prensa nacional que emitió informes especiales en los que sibilinamente, eufemísticamente, al mas puro estilo mercurial, buscan ensalzar su figura posmortem. Esa misma prensa que en su tiempo ignoró las macabras acciones que se llevaban a cabo y lo que es peor, las alentaba al hacerse eco de los desvergonzados y mentirosos mensajes oficiales. Mientras en aviones lanzaban cuerpos al mar, con engoladas voces oficiales sostenían que esas personas presuntamente desaparecidas estarían en el exterior y que todo no era más que parte de la campaña internacional del marxismo.
A duras penas se atreven a llamr las cosas por su nombre. Régimen autoritario a lo que fue una brutal dictadura; Pronunciamiento a lo que fue un Golpe de Estado.
En fin, para qué seguir.
diciembre 07, 2006
Uno de los problemas más serios que visualizo en la oposición es el carácter unilateral y repetitivo de sus propuestas. Esta realidad le estaría impidiendo capitalizar el desgaste de la Concertación, no obstante llevar ya más de 15 años de andadura gubernamental, y sumar una creciente dosis de conflictos internos. La ciudadanía no cree que siguiendo las recetas provenientes de la derecha tengamos un mejor país, un país más decente donde haya tanta disparidad económicosocial.
Desde la década de los 70 el país se ha empelotado, abriéndose al mundo y abandonando todo afán proteccionista. No solo se abrió al mundo, además inició un proceso privatizador sin precedentes en tiempos “autoritarios”, poco transparentes, que posibilitó la transformación de modestos funcionarios públicos en nuevos y poderosos empresarios a partir de la posesión de información privilegiada desde posiciones de poder.
Todo lo que nos enseñaron a lo largo de la vida, centrado en la necesidad de ganarnos el pan nuestro de cada día, ha sido puesto en jaque en el pasado y lo está siendo hasta el día de hoy. En la práctica lo que nos toca observar es que quienes más ganan, no lo hacen trabajando, sino que especulando sobre seguro. Cuando escribo esto último me asalta la duda porque la especulación en sí conlleva un riesgo y sobre seguro sería sin riesgo.
Pero no nos vayamos por las ramas. Volvamos al título de la columna: más y más. No conforme con la realidad actual, la derecha solo atina a reclamar más y más privatización, más y más flexibilización laboral, más y más espacio para seguir haciendo de las suyas. Todo atisbo de regulación es visto como sacrílego, presagio de los mil demonios y que va a contrapelo de las “recomendaciones” de los “expertos”. Por mera coincidencia estos expertos suelen ser “independientes” despojados de sesgo ideológico alguno.
Si siguiéramos las recetas de la derecha no tendríamos salario mínimo al cual culpan del actual nivel de desempleo; no debiéramos tener permisos pre ni posnatales porque elevan los costos de las empresas; no debiéramos tener jornadas de 8 horas diarias, sino que las que el “mercado” sugiera “libremente”; no debiéramos tener contratos laborales porque rigidizan los costos empresariales. No tendríamos escuelas ni universidades públicas. Quizá dónde estaríamos si siguiéramos a pies juntillas las recetas derechistas! Recetas que ni en la meca del capitalismo (Estados Unidos) se practican.
Estimo que esto es lo que está tras la decisión de los profesores y estudiantes secundarios y universitarios de marginarse del consejo de educación conformado luego del paro de los pingüinos. Marginación que solo puede explicarse ante la esterilidad de los esfuerzos desplegados por detener el insaciable afán de lucro, disfrazado de libertad de enseñanza, que hoy invade al ambiente educativo nacional.
