enero 15, 2025

La docencia: pariente pobre


Foto de Collab Media en Unsplash

En Santiago estudié Ingeniería Civil Industrial en la Universidad de Chile, en su Escuela de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, quizás más conocida como Escuela Beaucheff. Los profesores investigadores eran contados con los dedos de la mano. El grueso de ellos eran profesionales de gran experiencia, altos ejecutivos que trabajaban en empresas del sector público o privado que llegaban a clases con una mano adelante y otra atrás. A lo más, con alguna pequeña libreta que empezaban sus clases preguntando dónde habíamos quedado en la última clase. E iniciaban sus clases con una pachorra, un dominio espeluznante. Si se trataba de un buen profesor, por lo general lo eran, en el transcurso de la clase, no volaba una mosca. Por mi sordera me sentaba en primera fila y no podía tomar apuntes porque tenía que concentrarme en “escuchar” leyendo los labios del profesor de turno. Si no modulaba bien, para mí era un mal profesor porque no le entendía nada. Al terminar cada clase le pedía a un compañero que me prestara los apuntes que había tomado para copiarlos en casa. Eran tiempos en los que no existían las fotocopiadoras. A lo más los estencils, los dittos. Tampoco existían los celulares para grabar las clases ni nada por el estilo. Es así como el grueso de mi tiempo de estudio lo ocupaba copiando apuntes de compañeros.

Pocos de mis profesores eran investigadores, el grueso de ellos fueron ejecutivos. Mis mejores docentes fueron estos últimos, no los primeros. Con ello no estoy diciendo que los investigadores no puedan ser buenos docentes. Pueden serlo y de hecho muchos lo son.

Estoy hablando de mis tiempos estudiantiles, esto es, de hace más de medio siglo atrás, de la década de los 60, cuando al mismo tiempo las aulas universitarias estaban impregnadas de un fuerte clima político. Entre mis compañeros de generación destacan Kako Latorre, Francisco Prat, Hernán Büchi y Maño Riesco, quienes han dejado huella en los más diversos ámbitos, pero muy especialmente en el político.

En esos tiempos en el mundo académico no se exigía publicar. La investigación estaba centrada en el objetivo de saber más sobre las más diversas materias, en especial a las más atingentes al desarrollo del país, en esos tiempos centrados en la sustitución de importaciones ante la endémica escasez de divisas. Pocos estaban preocupados de publicar o patentar los resultados de sus trabajos. Tampoco existía la categorización académica en verdaderas castas supuestamente ordenadas por una supuesta jerarquía inobjetable. Eran tiempos en los cuales los académicos se trataban entre iguales, y en los cuales trabajar en la universidad, más que un trabajo del que se vivía, era un honor del cual uno se enorgullecía.

Hoy, por el contrario, trabajar en la universidad se ha transformado en una profesión en sí misma, donde más que experiencia y trayectoria profesional se exigen doctorados y posdoctorados. Y para mantenerse y ascender jerárquicamente, se demanda publicar en revistas indexadas y ganar proyectos concursables. Publicas, o hasta acá llegamos. Y en tal contexto como todo conejo que va tras la zanahoria para sobrevivir, tienes al mundo académico de cabeza tratando de publicar y adjudicarse proyectos. Todo esto se ve alentado por la publicación de rankings que empujan en la dirección de publicar más y más. 

Ya hay toda una industria tras esto en el campo de las revistas científicas, las que ahora se jerarquizan en cuartiles, tal como se jerarquizan a los académicos. Y hay revistas que cobran por publicar; universidades que pagan por publicar; y así entramos en una espiral sin fin mientras los alumnos de las carreras de pregrado ven que sus profesores son reemplazados por segundos de a bordo, porque los titulares están sumergidos en sus proyectos, en sus publicaciones, o asistiendo a congresos, seminarios u otros eventos de su especialísima especialidad.

Dadas las métricas imperantes para la evaluación de las actividades que realizan los académicos, no es difícil imaginar los efectos perversos que esto conlleva. Entre ellos, que la docencia no es prioridad dado que no ayuda a la jerarquización, a subir de jerarquía, ni a tener más ingresos, ni a estar en la planta regular de las universidades.

Sería interesante que las universidades dieran a conocer los problemas que resuelven las investigaciones que se llevan a cabo en su seno y el costo asociado a ellas. El caso es quizás más dramático en las universidades regionales, dado que nacieron para promover el desarrollo de las regiones en que se insertan. No tengo duda que han hecho su contribución. Su sola presencia ya constituye todo un aporte, pero me asiste la certeza que puede ser mucho mayor. No solo puede, debe ser mayor. La investigación debe ser para resolver problemas reales que nos afectan, antes que para cumplir métricas. Y sin sacrificar la docencia.

 

enero 09, 2025

¿En cuál universidad estudiar?

Foto de The Jopwell Collection en Unsplash
En mi última columna vimos las variables a considerar a la hora de elegir una carrera. En esta ocasión divagaremos en torno a las variables que se asume debiésemos tener in mente a la hora de elegir o priorizar las universidades en las cuales queremos, o podríamos estudiar. La diferencia es importante.

Mientras más alto es el puntaje que hemos alcanzado en las pruebas correspondientes, nuestra libertad de elegir a la hora de postular, aumenta; y mientras más bajo sea este puntaje, más se reduce nuestra libertad de elección.

Por lo general se tienden a considerar como las mejores universidades aquellas que tienen más años de acreditación y en el mayor número de áreas (docencia, investigación, vinculación con el medio, posgrado, gestión). Casualmente son aquellas que tienen más historia, más tradición, más años de circo. Allí hay un alma mater consolidado. Es razonable que así sea.

Pero ojo, dentro de cada universidad no todas las áreas del conocimiento están tratadas al más alto nivel, estando unas más desarrolladas que otras, lo que dependerá de la distribución del cuerpo académico y de su calificación. Por tanto, se hace necesario indagar respecto del estado de la carrera que se quiere estudiar en aquellas universidades que la imparten. Quienes son sus profesores, cuál es su experiencia, qué tan conocidos son en su disciplina, su accesibilidad, su trato. Para esto último lo ideal es conversar con los egresados y actuales alumnos. Preguntarles qué tal es la carrera, cómo son sus profes, los laboratorios.

Como en ningún otro país en el mundo, lamentablemente las universidades chilenas publicitan la cartera de carreras en oferta como quien vende un producto de consumo. La decisión de elegir la universidad donde estudiar no es broma, no es una decisión a tomar al voleo, sin pensar mayormente en base a la publicidad: es una decisión crucial.

No pocas universidades se vanaglorian de disponer de un cuerpo docente donde un alto porcentaje de sus profesores tienen el grado de doctor. Ojo, el grado de doctor no hace al buen docente, el grado de doctor se relaciona con el trabajo investigativo, y a la hora de los quiu, los doctores se resisten a hacer clases, privilegiando los proyectos de investigación y publicar papers. En ello se les va la vida porque al final del día se les evalúa por los papers que publican, por los fondos de investigación concursables que obtienen, no por la calidad de las clases que imparten. El ideal es contar con una plantilla de académicos capaces de reunir una alta capacidad investigativa con una alta capacidad de comunicación docente. Lo que no es fácil porque hay doctores y doctores.

Las carreras son para formar profesionales en las distintas disciplinas para que se desempeñan en sus respectivos campos de acción. Por ello es importante que los académicos sean profesionales con experiencia práctica, con trabajo en terreno, que trabajan y hayan trabajado en empresas, no solo en aula o en laboratorio, sino que donde las papas queman. Académicos que hayan innovado en la práctica, no en el papel, emprendedores que hayan triunfado o fracasado, que se hayan caído y levantado. Yo tuve el privilegio de tener como profesores a pesos pesados que trabajaban empresas tanto públicas como privadas en puestos de primera línea que dejaron una huella indeleble en mi formación.

Hoy, vía Google, vía la inteligencia artificial, todos quienes postulan a las universidades deben hacerse un tiempo para hacer todas las consultas, porque en el mundo académico, así como en todos los otros mundos, hay de todo. De otro modo corremos el riesgo de que nos pasen gatos por liebres.

enero 06, 2025

El dilema de la carrera a estudiar

Foto de Akson en Unsplash

Por estos días una nueva generación de jóvenes inicia su postulación a las universidades y carreras, rutina que se repite año a año para quienes han egresado de la enseñanza media. Momento en el cual jóvenes que bordean las dos décadas de vida deben tomar decisiones, que incidirán en el futuro que les espera: ¿qué carrera estudiar? Y ¿en qué universidad?

Recuerdo cuando hace ya más de medio siglo, en los días previos a mi postulación, en tiempos de bachillerato, mi tío me preguntó ¿qué pensaba estudiar? Le respondí periodismo o arqueología. Me miró de arriba para abajo y me dijo: No, no quiero muertos de hambre en la familia. Me quedé de una pieza, nunca imaginé dicha frase. Solo atiné a reaccionar preguntando ¿entonces qué estudio? Mi tío me dice, sin asomo de duda: ingeniería. Yo no tenía idea lo que era la ingeniería, la que asociaba a la construcción de puentes, edificios, carreteras, embalses, estadios. A duras penas me atrevo a preguntarle ¿por qué? Y mi tío, con una seguridad pasmosa en forma taxativa, sin el menor asomo de duda me responde “porque le pegas a las matemáticas”. Así de simple. Ni yo sabía que era bueno para las matemáticas, no me consideraba como tal ni mucho menos. Lo que más me gustaba era leer los diarios, estar en contacto con la naturaleza, estar de campamento, hacer fogatas en los campamentos, mirar las estrellas.

El periodismo me gustaba porque veía que los periodistas salían de viaje como corresponsales, transmitían los partidos de futbol con una pasión desenfrenada, a punto tal que si ibas al estadio y escuchabas el partido por la radio portátil, todo apuntaba a que no era el mismo partido que estabas viendo. Allí donde el locutor sentenciaba un cuasigol, lo que veían tus ojos era otra cosa nada que ver. Esta capacidad para transmitir algo distinto a lo que veías era impagable. El mejor campeonato mundial de futbol me tocó escucharlo por radio, no verlo: el del mundial del 58 en Suecia, donde Brasil se coronó campeón mundial por primera vez de la mano de Pelé con tan solo 16 años.  ninguno de los que me tocó ver después por TV le llegó a los talones.

La arqueología me atraía porque me permitía acampar, salir al aire libre. Como pueden ver, mis motivos eran bien pedestres. Pero eran tiempos en los que uno a esa edad no cortaba ni pinchaba. Eran otros tiempos. hoy es impensable que terceros tomen la decisión por uno. Yo no tenía escapatoria, ni se me pasó por la mente contrariar la voluntad del tío.

Rendí el bachillerato, obtuve 25 puntos, los suficientes para postular a ingeniería, la que era impartida por la Universidad de Chile y la Universidad Católica. Quedé en la Chile. No puedo ocultar que la sufrí. En primer año éramos 500 quienes ingresamos en 1966 distribuidos de 100 en 100 en 5 grupos. Por el apellido me tocó el último grupo, el E. Eran tiempos bravos, donde a segundo año solo pasaba uno de cada dos estudiantes. La especialidad se escogía recién en tercer año. Eran tiempos de las tablas Larsen, de la regla de cálculo y cuando recién asomaban las calculadoras Texas Instruments a precio de oro. 

Tiempos en los que hacer clases en la Chile era por bolitas de dulce, por el privilegio de hacer clases en Beaucheff. Tuve profesores memorables, Moisés Mellado, todo un personaje de raíz mapuche a quien tuve el gusto de visitar su casa una vez, una casa abarrotada de libres distribuidos desordenadamente, pero que él sabía dónde estaban. A Jorge Cauas, en esos tiempos vicepresidente del Banco Central bajo el gobierno de Frei Montalva, quien llegaba a clases directamente del banco con una libretita y que comenzaba la clase preguntando qué materia habíamos visto la última vez. Posteriormente se puso al servicio del innombrable para asumir la responsabilidad de aplicar una política de shock en 1974, política que se asemeja a la de la motosierra de Milei en Argentina actualmente en curso. A Efraín Friedmann en Mecánica Racional. Efraín llegaba con mucha pachorra y gran atraso a las clases sin arrugarse siquiera, pero nadie se iba: Todos lo esperábamos porque sabíamos que llegaba, tarde, pero llegaba. Se manejaba al revés y al derecho en su materia con ejemplos de la vida real que daban cuenta de su ideología, de hacia donde estaba su corazón. Todos profesores pesos pesados que hacían sus clases y se iban dejando una estela de conocimientos. Así como ellos, muchos otros que ocupaban altos puestos en empresas públicas o privadas, que tenían un conocimiento tanto teórico como práctico. Todos ellos me hicieron sufrir. No sé cómo salí vivo de este período.

Lo concreto es que terminé como ingeniero civil industrial, lo que de alguna manera quizás me permitió no ser un muerto de hambre como diría mi tío, pero lo que son las cosas de la vida. Escribo desde que tengo uso de razón. Más de 20 años publicando columnas en La Estrella de Arica, luego otros tanto años en el diario El Centro de Talca, y últimamente en DiarioTalca. Y ahora en mis tiempos de “júbilo”, como jubilado, centrado en medios digitales nacionales (elquintopoder.cl) e internacionales (pressenza.com).

El agua, por algún lado se escurre. No siendo periodista de profesión, he estado terminando por serlo a punta de porrazos, de voluntad.

Cuando les llegó la hora a mis hijos de ingresar al mundo de la educación superior, no me atreví a ser como mi tío. Estos ya son otros tiempos en los que mas vale atenerse a considerar tres variables en la postulación a una carrera, dándole a cada una el peso, o la prioridad, que el interesado estime pertinentes. Estas variables son: 

a) la vocación, lo que uno quiere, aquello que uno siente es lo suyo; 

b) la capacidad, para qué siente uno que tiene “dedos parar el piano”; y 

c) el mercado laboral, dónde hay más trabajo, dónde están los puestos de trabajo mejor pagados. 

Lo ideal es que las tres variables vayan de la mano, esto es que lo que uno quiere, lo que a uno le gusta, coincida con la capacidad, la facilidad que uno tiene y con la oferta de trabajo que se proyecta para los próximos años. 

Tomar en cuenta, no ignorar estas tres variables, creo que hace bien a los jóvenes que deben decidir.

El tema de la elección de universidad ya es otro cuento, que tendré que dejar para otra ocasión.

 

diciembre 27, 2024

Trump vuelve por sus fueros

Foto de Marco Zuppone en Unsplash

Estamos próximos al cambio de mando en la capital del imperio yanqui. Trump vuelve por sus fueros gracias a un triunfo electoral que no sé cómo calificar: aplastante, porque ha ganado no solo en número de electores por ser una elección indirecta, sino también en número de votos. Ha ganado en la cámara de representantes y en el senado. Un triunfo para hacer lo que se le antoje. Un triunfo vergonzoso, de un perseguido por la justicia. Dice que va a hacer nuevamente grande a EEUU (MAGA: Make America Great Again), que la hará entrar a una era dorada. Ha sido un triunfo de los bulos. Es el triunfo de un tozudo, de un perseverante, de un impostor, de un condenado. Primera vez que en EEUU se elige a una persona que ha sido condenada por la justicia.

Celebran Orban, Netanyahu, Putin y todos los autócratas que están empezando a dominar la escena mundial. Los resultados parecen reflejar los tiempos que vivimos, de mediocridades, de fracasos. La pregunta que me hago es: ¿cómo se pudo llegar a esto? Y con la pregunta no me refiero solamente a esta elección, sino que también a muchas otras, reveladoras de una tendencia que no obstante sus baches de tiempo en tiempo, parece irrefrenable. La derrota de Trump en 2020 no habría sido sino un traspié momentáneo producto de oscuros intereses. A este paso, más temprano que tarde, terminaremos viendo a Marine Le Pen instalada en el Eliseo (Francia), a Díaz Ayuso o Abascal en Moncloa (España). 

¿Qué estamos haciendo mal? Probablemente, muchas cosas. No creo que saquemos mucho inculpando a los votantes, a su eventual falta de educación o de que no saben por quién están votando. La democracia está siendo puesta en jaque desde el minuto que estamos privilegiando votar por quienes la basurean. Los resultados parecen indicar que la democracia está defraudando a los votantes, que quienes son elegidos democráticamente han fallado expectativas infladas por promesas incumplibles que nos tragamos sin mayor reflexión.

En su minuto Clinton cuando estuvo en campaña en 1992 sostuvo: “Es la economía, estúpido” explotando las dificultades económicas que se vivían en esos tiempos. Ahora, aunque no lo sostuvo explícitamente, con su discurso Trump pareciera haber dicho “es la inseguridad, estúpido”.

En concreto, debemos reconocer, admitir, que en democracia la mayoría no suele votar por valores, por conceptos, sino en base a “cómo vamos en la parada” (al bolsillo) y la inmigración vista como amenaza. Se votó sin importar si el postulante es un delincuente. Trump cerrará fronteras, elevará aranceles, disminuirá impuestos a quienes más ganan. La globalización entrará en remojo. Abandonará a Ucrania a su suerte o a la suerte de Europa con el beneplácito de Putin, quien debe estar sobándose las manos. Mi única duda es qué hará en el Medio Oriente.

diciembre 26, 2024

¿Qué es lo que viene para el 2025?

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

El título con el que encabezo esta columna puede inducir a error. No pienso dármelas de pitoniso ni mucho menos, sino que tan solo expresar lo que visualizo sin ánimo de predicción. Ya tenemos el 2025 encima. Se completará el primer cuarto del presente siglo. Me centraré en Chile que es el país en que vivo, y en lo político que es un ámbito que desde niño siempre me ha llamado la atención por las esperanzas que levanta y las frustraciones que suelen acompañarlas.

El 2025 no será cualquier año dado que en sus últimos meses tendremos la contienda presidencial junto con la parlamentaria. Si bien aún no hay candidatos presidenciales en regla, ya hay algunos en carrera, y los que están, representan a una derecha (Matthei, Kast, Carter, Kaiser I, Kaiser II, Rojo Edwards) a la que se le ha abierto el apetito. Y no es para menos. Las cartas parecen estar echadas a su favor: tanto por las dificultades que han tenido las fuerzas oficialistas para gobernar, como por la ausencia de candidaturas con posibilidades de triunfo. Al menos eso señalan encuestas del más diverso tenor. De lo expuesto se deduce que el optimismo de la derecha tiene fundamento, al igual que el pesimismo reinante dentro de la izquierda.

Es curioso constatar que, si fuésemos totalmente racionales, lo lógico sería que lo primero que debiese tener cada partido o coalición de partidos con aspiraciones de gobernar, es un objetivo a alcanzar; luego un programa para alcanzar dicho objetivo, y lo último, alguien que encabece la responsabilidad de llevarlo a cabo. En la práctica solemos hacerlo al revés: poner la carreta por delante de los bueyes, esto es, lo primero que solemos hacer es levantar al candidato(a) de nuestros amores.

Es lo que ya estamos viendo. Total, para qué nos vamos a ver la suerte entre gitanos. Ya nos conocemos. Esta realidad da cuenta de la debilidad en que se encuentran los partidos políticos donde para ingresar basta rellenar una ficha, sin que exista filtro alguno. Atrás quedaron los tiempos en los que existía la premilitancia, el compromiso, la capacitación partidaria.

Es posible que lo descrito sea consustancial a nuestra naturaleza humana, a que no solo somos racionales, también somos emocionales. Probablemente seamos más emocionales que racionales, y de allí que lo primero que hacemos es mirar nombres que nos inspiren confianza, que nos suenen, que creamos conocer.

Dijimos que la derecha tiene poderosas razones para ser optimista. El poder ejecutivo pareciera estar a su alcance. Tiene todas las de ganar a fin de año. Las encuestas así lo señalan y tiene candidatos para tirar por la ventana. Muy distinto es el caso en la izquierda. Sin embargo, no hay que olvidar que no por mucho madrugar se amanece más temprano.

Habrá que ver cómo se dan las cosas. El centro, que se ha escorado hacia la derecha en los últimos años, será decisivo. Y así como se cansó de la izquierda, está observando que luego de la calurosa bienvenida que le dio la derecha para acogerla, los codazos en su seno andan a la orden del día. Si hacemos un rastreo a los resultados electorales en el presente siglo, así como en el pasado constataremos, salvo excepciones, que el centro político es el que inclina la balanza, el que corta el queque.

Las cartas aún no están echadas, aunque parecen estarlas. En consecuencia, mi pronóstico es que tendremos un año movido, líquido, donde se pondrá a prueba la inteligencia política de unos y otros.

diciembre 19, 2024

Buscando camorra

Hace rato que el gobierno argentino, que acaba de cumplir un año de vida con Milei a la cabeza, anda buscando llamar la atención y/o buscando camorra.  Todo parece apuntar a que se trata de un gobierno mesiánico que levanta la bandera de la “Libertad carajo” bajo una ideología de difícil comprensión, el anarcocapitalismo. Un concepto que dudo que el mismísimo Milei sepa de qué se trata. Me temo que lo que ha empezado con el lema de la “Libertad carajo” termino como “Al carajo la libertad” como sostuviera un gran amigo que vive en el viejo continente.

Digo que pareciera tener la compulsión por llamar la atención, o levantar polvareda, desde el momento que enarbolaba la motosierra como herramienta para gobernar, o apresurándose para estar al lado de Trump a la hora de su triunfo, o para denostar a quienes no piensan como él sin pelos en la lengua. También se le ve obsesionado por armar camorra, insultando gratuitamente a quienes ya no ve como adversarios, sino como enemigos.

Todo apunta a que estaría inmerso en una batalla apocalíptica cultural que busca despertar a desprevenidos, incautos, de modo que no se compren cualquier cuento. Y Milei estaría encabezando esta cruzada mesiánica destinada a despertarnos, a ser capaces de ver bajo el agua, a percatarnos que los chilenos estaríamos siendo gobernados por un comunista escondido bajo una piel de oveja magallánica. En palabras del ministro de economía argentino, Luis Caputo, toda su diatriba contra Boric no tendría otro propósito que la de salvarnos de la peste comunista que nos estaría hundiendo.

Escuchando a Caputo, en orquesta con Milei, todo huele a soberbia. Con nuestro Axel Kaiser, serían los portaestandartes de la batalla cultural, convencidos que nuestros problemas tienen origen comunista, como si en los últimos 30 años tuviésemos viviendo las consecuencias de gobiernos comunistas. Todo rezuma anticomunismo barato. Se da el lujo de afirmar que “Chile es el país de Latinoamérica que más gente sacó de la pobreza desde los años 80 hasta el 2010”, cuando todos sabemos que en la década de los 80 la dictadura del innombrable no redujo la pobreza, sino todo lo contrario.

¿Qué se cree?¿Con qué ropa habla? Todo apunta a que la soberbia lo está empapando porque está reduciendo la inflación. Logro que está alcanzando a punta de multiplicar la pobreza y el desempleo. Así no tiene gracia. La gracia está en disminuirla sin que los platos rotos los paguen los más pobres y que a éstos los haga más pobres. Ese es el verdadero desafío.

Afortunadamente Boric no cayó en el jueguito de buscar camorra en que andan Milei y sus boys. Por el contrario, apeló a nuestra condición de países hermanados por lazos históricos y fronterizos.

No hace mucho, en el Vaticano se conmemoraron los 40 años del tratado que evitó una guerra que se veía venir por el control del canal Beagle; una guerra no entre dos pueblos hermanos, sino entre dos dictaduras. Conmemoración encabezada por el papa Francisco y a la cual acudió nuestro canciller en representación del gobierno encabezado por Boric; en cambio el gobierno argentino, por orden de Milei decidió retirar a su canciller, Gerardo Werthein, de un evento ante el papa Francisco en el Vaticano para conmemorar el tratado que hace 40 años impidió una guerra entre dictaduras por el control del canal de Beagle, en Tierra del Fuego.

Lo descrito parece ser señal de que, al menos en su relación con Chile, Milei anda buscando camorra, preparando el terreno para sacarse el pillo de problemas internos azuzando conflictos externos. Tal como en su momento Galtieri, el dictador argentino, buscó sacarse problemas internos apelando a la reivindicación de Las Malvinas. Al final el tiro le salió por la culata. Sería bueno que Milei tome nota de esto. Con Chile no se juega.

diciembre 04, 2024

Nuestras queridas isapres

Foto de Martha Dominguez de Gouveia

En Chile, para dar cumplimiento a una sentencia de la Corte Suprema, las instituciones previsionales de salud (ISAPREs), informan  que los 1,200 millones de pesos cobrados en exceso a sus afiliados serán devueltos bajo una modalidad que está sacando ronchas por los plazos, al igual que por los montos y por quienes fraguaron esto.

La tragedia radica en que al final del día los platos rotos no los terminan pagando las Isapres, entidades responsables de los cobros por encima de los legales, sino los 700 mil afiliados, quienes recibirán montos mensuales irrisorios en un plazo máximo de 13 años a los menores de 60 años, de 5 años a quienes tengan más de 60 años y menos de 80, y de 2 años a quienes tengan más de 80 años.

En mi caso particular, se cobró un exceso de más de dos millones de pesos que por mi edad (76 años), me devolverán en 60 cómodas cuotas mensuales de 0,9 UF, esto es, del orden de 35 lucas al mes.

A pesar de que más vale algo que nada, se objeta, a modo de ejemplo, que quienes pagaron un exceso de 100 mil pesos, éstos le puedan ser devueltos en cuotas de 600 pesos durante 13 años. Una vergüenza.

¿Cómo se llegó a esto? Ya me imagino. El monto a devolver era tal que las isapres se agarraron la cabeza, dado que el total cobrado en exceso ($ 1,200 millones), ya se los gastaron o repartieron entre sus dueños. O sea, no los tienen, y por lo tanto amenazaron con quebrar, con fundirse. Y para que no quedara la crema, colapsara el sistema público de salud por la avalancha que le llegaría desde las isapres, no se encontró nada mejor que “ver qué podemos hacer” para resolver este intríngulis. Y se llegó a este acuerdo a espaldas de los afiliados.

Lo acordado permitiría “salir del paso”, esto es, cumplir con la sentencia de la Corte Suprema y evitar que las isapres se fundan. Los afiliados, muy bien gracias, no tienen por qué quejarse, sino todo lo contrario, deberían agradecer que se haya detectado la pillería de sobrepasarse en los cobros por parte de las isapres. Así de simple.

Y como todo el mundo se dió cuenta que tanto las isapres como el gobierno y el parlamento, se pasaron de revoluciones cuidando a las isapres y descuidando a los afiliados, se juntaron para ver qué hacemos para salir del paso. Así es como ahora se está ofreciendo una salida que sea capaz de cuadrar el círculo, dejar contentos a moros y cristianos. 

Nada nuevo bajo el sol. Los poderosos siguen teniendo el sarten por el mango. Pero no nos quejemos, porque algo es mejor que nada. Y así nos tienen por los siglos de los siglos.

 

Biden indultando al hijo pródigo

Foto de Bohdan Komarivskyi en Unsplash

A pesar de que había asegurado que no indultaría a su hijo, Hunter Biden, al final de su mandato, el presidente de EEUU, Joe Biden, decidió indultarlo. Un indulto que no podrá ser revertido por su sucesor, Donald Trump. Con esto Joe Biden logra que su hijo salga libre de polvo y paja del delito de violación de las leyes que impiden que un drogadicto posea armas de fuego.

Cabe recordar que este hijo pródigo de Biden había sido condenado por comprar y poseer ilegalmente un arma, por defraudar al fisco y adicción a las drogas y al alcohol para llevar una vida de padre y señor mío.

Esto significa que el hijo del presidente era drogadicto y que estaba en posesión de armas de fuego; y que no irá a prisión. Al indultarlo total e incondicionalmente, el presidente deja todo esto lo suficientemente amarrado como para que ni Trump pueda desamarrarlo. Al más puro estilo del innombrable. Este es el mundo en que vivimos, y muy particularmente los estadounidenses, aunque no solo ellos. El padre protegiendo a su hijo en uso de sus facultades presidenciales. La razón esgrimida a última hora es que su hijo estaba siendo perseguido políticamente. Todo un clásico en coyunturas como ésta. Como dijera alguien “¿Cómo podría no hacerlo?”. La respuesta podría ser de este tenor: “Sería de tonto no hacerlo, mal que mal es el hijo. Quien no haría eso si se tratara de su propio hijo”. Y así vamos arando.

noviembre 25, 2024

Uruguay y Chile: La resurrección de la moderación

Foto de Pawel Czerwinski en Unsplash

Este domingo 24 de noviembre del 2024 tuvieron lugar dos procesos electorales, en Uruguay y en Chile. Ambos correspondientes a balotajes o segundas vueltas. En el caso uruguayo, a una elección nacional presidencial entre las dos primeras mayorías, Álvaro Delgado y Yamandú Orsi; en el caso chileno, a una elección regional de gobernadores en todas aquellas regiones donde ninguno de los candidatos había alcanzado la mayoría necesaria en la primera vuelta.

La relevancia de ambas elecciones residía en que se dan en un contexto mundial propenso a la polarización, incertidumbre, y desgaste de la democracia, contexto en el que las posturas extremas están sacando mayores réditos. Prueba lo señalado los gobiernos presididos por Milei en Argentina, Maduro en Venezuela, Bukele en El Salvador, Ortega en Nicaragua, Trump en EEUU, Putin en Rusia, Netanyahu en Israel. Y están al acecho en Brasil y Francia, al igual que en muchos otros países.

A diferencia de lo que estamos viendo en esos países, en Uruguay sus ciudadanos se dieron el gusto de dejar pasar al balotaje a los dos candidatos con posturas más moderadas, uno representando a la centroderecha, y el otro a la centroizquierda, dejando fuera a los candidatos extremos.

Álvaro, del Partido Nacional, cargó sobre sus hombros la responsabilidad de ser el candidato de la continuidad del gobierno de Lacalle Pou, desgastado tanto por un narcotráfico que llegó a las puertas mismas de su oficina presidencial, como por una política proclive al neoliberalismo. Su contrincante Yamandú, del Frente Amplio, por el contrario, reivindicó la necesidad de acotar los espacios de acción al neoliberalismo, reivindicando el rol del Estado para hacer frente a la desigualdad. Su origen provinciano, su carácter humilde, su condición de profesor, y su talante proclive a la búsqueda incesante de los acuerdos, fueron sus cartas de presentación que finalmente posibilitaron su triunfo. Un triunfo que tonifica no solo a la izquierda uruguaya, sino mundial.

Por su parte, en Chile se daba por sentado que la derecha y la extrema derecha triunfarían por paliza en el balotaje de la elección de gobernadores. Tenían todas las de ganar ya sea por la tendencia mundial más arriba mencionada, como por el caso de abuso sexual de parte del subsecretario del interior (Monsalve) que les vino anillo al dedo, como por los problemas de seguridad imperantes y las dificultades del gobierno para impulsar el crecimiento económico y llevar a cabo su agenda. Se presumía que el triunfo de la derecha sería arrollador. Para sorpresa de todos, no hubo tal triunfo arrollador que aseguraran un próximo gobierno de derecha. Sin perjuicio de lo expuesto, siguen teniendo todas las de ganar, al menos en tanto no surja con nitidez un candidato en representación de las fuerzas de izquierda y centro izquierda.

Lo más importante de los resultados de la elección de gobernadores, es que muestran un claro rechazo a posturas maximalistas, dando preferencia a quienes están dispuestos a ceder, a buscar acuerdos y puntos de encuentro. Eso pareciera explicar gran parte de la derrota tanto de candidatos opositores, como de proclives al gobierno. Es el caso de los candidatos del partido republicano que llegaron a la segunda vuelta, pero no pasaron este tamiz, al igual que la candidata de la UDI en Valparaíso (María José Hoffman). O el caso de Alejandro Navarro, quien pensó que la ciudadanía obviaría su respaldo a Maduro en tiempos no muy lejanos.

En fin, se me quedan muchas cosas en el tintero, pero lo relevante, es que los procesos electorales en Uruguay como en Chile, por parte de gobiernos de distinto signo, se llevaron a cabo democráticamente y en forma ejemplar, con resultados conocidos en la misma noche, aceptados por todos. Todo esto marca una enorme diferencia con el proceso electoral que no hace mucho se llevó a cabo en Venezuela, pleno de vacíos, y donde su gobierno presume de un triunfo que no ha sido capaz de demostrar hasta el día de hoy.

noviembre 19, 2024

El síndrome de Estocolmo

Un nuevo populismo de derechas -el fascismo puro y duro- pareciera que recorre el mundo, en principio, como resultado de un desencanto colectivo, de un sentimiento de frustración con la democracia, de que ésta nos ha fallado.

Curiosamente esto se da no obstante que los mayores progresos socioeconómicos, científicos y tecnológicos, se han dado en democracia, bajo regímenes democráticos, allí donde existe división de poderes; donde las más altas autoridades políticas son elegidas por la ciudadanía y no entre cuatro paredes; donde el poder militar está supeditado, subordinado al poder civil; donde hay libertad de expresión y libertad para emprender; donde el mercado y el estado se conjugan y complementan, controlándose mutuamente con miras a maximizar el bienestar y minimizar la desigualdad.

Tales regímenes no han sido, ni son perfectos, tienen insuficiencias, qué duda cabe: la libertad de elección de autoridades está constreñida por unos medios de comunicación concentrados en pocas manos; la dependencia del poder militar al poder civil es tan solo una verdad a medias; en tanto que el mercado y el estado en vez de complementarse pareciera que buscaran ser sustituidos uno por el otro; la autonomía del poder judicial suele estar acosada por el poder político.

No faltan las limitaciones que impiden el despliegue de la democracia en toda su expresión, donde el dinero no sea la medida del valor de las personas. Así y todo, no se ha encontrado otro sistema político, distinto de la democracia, capaz de proveer el bienestar que toda población anhela.

Nuestro deber es profundizar la democracia, denunciar sus limitaciones para eliminarlas, no para degradarla. Lo que hacen los populismos, tanto de izquierda como de derecha, es hacer uso de la democracia para socavarla, reducirla. Por eso duele la elección democrática de un racista, un misógino, un machista, un delincuente como Trump. Duele cuando se elige a personas que no creen en la democracia, como ha estado ocurriendo en Argentina, al elegir a Milei, como ocurrió en Brasil cuando se eligió a Bolsonaro.

Que estemos eligiendo a personajes que desprecian la división de poderes, que buscan concentrar el poder, es toda una señal de que algo anda mal, de insatisfacción, de frustración con la democracia, con los partidos políticos y con la institucionalidad imperante. También sería señal de que somos un tanto masoquistas, que queremos a quienes nos esclavizarán, nos harán sufrir, a quienes no nos quieren.  

De otro modo no logro explicarme que los inmigrantes estén votando por quienes los quieren expulsar; las mujeres por quienes las basurean; los negros por quienes los desprecian. Que los fallos que presenta la democracia, la decepción que pueda sentir respecto de sus resultados nos lleve a votar por quienes la desprecian, me hace recordar el síndrome de Estocolmo, por el cual nos terminamos identificando con quien nos agrede, siendo leales con quienes no nos quieren, negamos la realidad, y, por último, sentimos gratitud hacia quienes nos atacan.

Lo otra alternativa sería que yo esté equivocado medio a medio, lo que no me atrevo a descartar.

 

noviembre 15, 2024

Trump: lo que nos espera

Foto de Natilyn Photography en Unsplash

A propósito de la reciente elección de Trump y su encuentro protocolar con el presidente actual de EEUU, Joe Biden, mi señora me expresó su esperanza de que se moderara, de que no sería el ogro con que estaría siendo pintado, que tendería puentes con sus opositores. Le pregunté en qué se basaba para pensar en una eventual moderación. Su respuesta fue sencilla: “En que haya aceptado la invitación de Biden a concurrir a la Casa Blanca, se hayan dado la mano, e inicio al proceso de transición de un gobierno a otro de común acuerdo”.

No dejó de sorprenderme, pero pensándolo bien, percibí que su reacción, o su esperanza, muy probablemente sea la de muchos, particularmente de quienes no están en el día a día de la política, de quienes no se percatan que en las lides políticas hay poco espacio para la “buena onda”.

Le respondí que por mi parte no tenía esperanza alguna, que Trump las tiene todas para aparcar cualquier moderación, que por lo demás no está en su personalidad.

Los hechos, las decisiones adoptadas configuran un cuadro opuesto, un cuadro de radicalización, de aprovechar que tiene en su mano a la cámara de representantes, al Senado, a la corte suprema, dado que en todas estas instituciones cuenta con las mayorías necesarias para hacer lo que se le antoje. Y no desaprovechará esta oportunidad. Lo prueban sus primeras designaciones de autoridades que lo acompañarán en este período.

La experiencia de las defecciones que tuvo en su primer período presidencial le será muy útil para rodearse de quienes sean leales a su persona antes que al partido republicano o a cualquier otra cosa. Recordemos que bajo su gobierno no pocos fueron renunciando disgustados, o siendo defenestrados, por desacuerdos con sus decisiones o con su personalidad.

¿Qué se espera que haga Trump? Lo ha dicho sin arrugarse siquiera. En el ámbito de la política exterior apuntará a salirse de la OTAN, dejar que Taiwán y Ucrania que se las arreglen por su cuenta, y abandonar acuerdos en torno al cambio climático. En materia de política interna, cerrará toda institución pública -agencias, departamentos, etc.- relacionada con temas medioambientales, educacionales y sanitarios, elevará los aranceles a productos importados de terceros países, expulsará a los millones de inmigrantes ilegales que están en EEUU.

No creo que Trump se haya postulado tan solo para tener el fuero presidencial que le permita escapar de los procesos judiciales en que está inmerso. Postuló también para hacer todo lo expuesto en el párrafo anterior. Y como tiene todo el poder en la mano -el ejecutivo, el legislativo y el judicial-no tengo duda que lo hará. O que al menos lo intentará con mucha fuerza desde el primer día. Sus primeras nominaciones ya van en esa dirección.

Mencionaré tan solo tres botones de muestra. Uno, la nominación de Robert Kennedy Jr. para dirigir el Departamento de Salud. Éste no es un personaje cualquiera: es hijo de Bobby Kennedy y sobrino de John Kennedy, ambos asesinados, el primero siendo candidato a la presidencia, y el segundo en el ejercicio de la presidencia.  Robert Kennedy Jr. es un activista antivacunas y promotor de teorías de conspirativas y de desinformación en torno a las vacunas, las que ha vinculado al autismo. En el año 2023 se lanza como candidato a las elecciones presidenciales dentro del partido demócrata para posteriormente, ante la falta de apoyo, presentarse como independiente. Y a mediados de este año abandona la carrera presidencial para apoyar a Trump. Su misión en el Departamento de Salud será devolver la salud al país de acuerdo al movimiento MAHA (“Make America Healthy Again”).

El otro botón es Elon Musk, dueño de X, SpaceX y Tesla, a quien Trump le está confiando el Departamento de Eficiencia del Gobierno. Éste es una suerte de ministerio en el que, en palabras de Trump, deberá aconsejar y guiar para desmantelar la burocracia y acabar con los derroches y las excesivas regulaciones en el ámbito público. Habrá que ver en la práctica esto porque es un clásico de quienes postulan la necesidad de ser austeros practicando recortes en el sector público, pero que a la hora de la verdad terminan sus gobiernos batiendo récords de déficit público como ocurrió bajo la primera presidencia de Trump. Existen serias dudas respecto de cómo funcionará, y cuánto durará este tándem, Trump-Musk, porque se trata de dos multimillonarios con sus egos por las nubes.

El último botón está dado por Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, a quien en el año 2016 Trump lo llamaba despectivamente “pequeño Marco”. Gracias a que el tiempo les ha permitido vertebrar fuertes coincidencias en materias de política exterior, ahora lo designó responsable de las relaciones exteriores. Ambos son partidarios de sostener una línea dura frente a China; terminar cuánto antes la guerra en Ucrania; confrontar con los gobiernos de Irán, Venezuela y Cuba; y apoyar a Netanyahu en Israel.

Ya veremos si se da lo que cree y quiere mi señora, o lo que yo creo: que hundirá a EEUU y pondrá al mundo patas arriba.

 

noviembre 12, 2024

Los misterios de la democracia

Por paliza, y contra todo pronóstico, Trump es nuevamente presidente de EEUU. Luego de una interrupción de 4 años, ahora no solo con la mayoría del colegio electoral, que es la que manda en las elecciones presidenciales, sino de la mayoría de los ciudadanos, superando por más de 5 millones de votos a Kamala Harris.

Ganó a pesar de haber propiciado el asalto al Capitolio en la elección pasada en rechazo al resultado de las urnas que lo dieron por derrotado. Él y sus partidarios nunca reconocieron la derrota y sin prueba alguna denunciaron fraude. Ganó a pesar de ser acusado y condenado por 34 delitos. Ganó a pesar de todos los insultos proferidos a sus rivales.

Si todo lo anterior es cierto, entonces ¿porqué y para qué ganó? Unos dicen que ganó porque la gente no vota por valores universales, por los DDHH, por la democracia, o el imperio de la ética, ni nada por el estilo, sino que vota por cosas concretas, por el bolsillo, el trabajo, la seguridad, por cómo va en la parada. A los electores no les importaría si el candidato desprecia la democracia, incurre en delitos o faltas a la ética.

Otros dicen que ganó porque los trabajadores se cansaron del progresismo falso y abandonaron al partido demócrata (PD) por cuyas candidaturas solían votar, dado que se sintieron abandonados por el partido. Primero habrían sido los trabajadores blancos, luego los latinos y los negros.

Es la tesis de Bernie Sanders, líder del ala más izquierdista del PD y lo fundamenta en que a lo largo de estas últimas décadas, último medio siglo, la desigualdad entre los estadounidenses se ha agudizado, donde los más ricos se vuelven más y más ricos mientras más y más personas viven pateando piedras, al tres y al cuatro, y donde del nivel de vida del grueso de las nuevas generaciones es inferior al de sus progenitores. Todo esto a pesar de que hemos estado viviendo un período sin guerras mundiales y de persistente “progreso” tecnológico y del aumento de la productividad.

Otros dicen que ganó gracias a su discurso simple, al hueso, sin mayores preámbulos (Make America Great Again): uno, por la vía de la implementación de un muro físico para impedir la llegada de inmigrantes ilegales junto con la expulsión de ellos; y dos, por la vía de la implantación de un muro arancelario que permita reverdecer a una industria estadounidense que ha perdido peso en el concierto mundial.    

Muchos terminaron votando por Trump, como una forma de votar contra la clase política, o la casta como gusta llamarla a Milei, contra las élites dominantes, como si Trump no perteneciera a ellas.  La mayoría terminó por olvidar, u obviar, las barbaridades de Trump, sus condenas, sus comportamientos, sus abusos, los cuales terminó revirtiendo a su favor. En lugar de hundirlo, lo elevaron a la primera magistratura de un país que sigue teniendo el sartén por el mango a nivel mundial. Tambien dicen que ganó porque mal que mal, con plata se compran huevos. sobre todo en EEUU, aunque no solo allí.

Parece mentira, pero es verdad. Con la votación alcanzada, las mayorías obtenidas en el Senado y la Cámara de Representantes, y la que ya tiene en la Corte Suprema, Trump podrá hacer lo que le da la gana  sin tener que pedirle permiso a nadie.

 

noviembre 04, 2024

España devastada por la DANA

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

La DANA me pilla estando en España, aunque fuera de la zona de peligro, la que está concentrada en las costas del Mediterráneo de la comunidad valenciana y de Cataluña. Yo me encuentro en la costa que da al mar Cantábrico, entre Santander y Gijón.

¿Qué significa DANA? Es un acrónimo que significa Depresión Aislada en Niveles Altos, originado por el choque de aires fríos, polares, con aires cálidos y húmedos. Según sostienen los expertos, las DANAS no son imputables al cambio climático, dado que han existido siempre, aunque en el pasado se denominaban "gotas frias". Si bien la DANA no es imputable al cambio climático, éste está influyendo en su intensidad y frecuencia con las consecuencias que las noticias destacan, y que las imagenes permiten observar en todo su dramatismo.

Como siempre, los vaivenes de los fenómenos naturales ponen a prueba nuestra capacidad previsora, o imprevisora, para anticiparnos o reducir riesgos. Después de un desastre, nos agarramos la cabeza, lamentándonos por no haber tomado medidas preventivas; o por haber incurrido en la ejecución de obras que reportan beneficios en el corto plazo, minimizando o despreciando los eventuales riesgos que conllevan.

En Chile bien sabemos de estas cosas, donde de tiempo en tiempo tenemos terremotos o inundaciones originadas por torrentes de agua que caen de la cordillera por cauces habitualmente secos. Así y todo, pasado un tiempo hacemos lo que sabemos que no debemos, desafiando a la naturaleza que mas temprano que tarde, reacciona.

Es lo que nos está ocurriendo con el cambio climático. Sabemos que ya está entre nosotros, que debemos actuar, que debemos tomarlo en serio. Desgraciadamente somos incapaces de adoptar las medidas preventivas a tiempo desatendiendo los avisos, las advertencias que los expertos en la materia nos formulan.

La destrucción que las anegaciones ha traido la DANA en España me hacen recordar las vividas en Chile en la region del Maule, particularmente en Lincantén donde su centro de salud quedó sumergido en lodo, al igual que poblaciones nuevas en los alrededores de Curicó.

Para rematarla, en España la DANA ha dado origen a una nueva disputa política, dado que hace poco se redujeron los recursos públicos destinados a la prevención de desastres, lo que explicaría que no se adoptaran las medidas preventivas pertinentes, ni que se diera aviso oportuno de lo que se venía encima. De haberse prevenido lo más probable que muchos de los más de 200 fallecidos habrían sobrevivido.

Nada funcionó, ni siquiera la tecnología, porque la población no pudo comunicarse ni efectuar pagos con tarjetas. De allí la desesperación y enojo de la población afectada, expresado con mucha fuerza cuando tanto el rey, como el presidente del gobierno español y de la comunidad autónoma valenciana se apersonaron en terreno para empatizar con los afectados.

Habrá que ver si la solidaridad de muchos y la capacidad de gestion de las autoridades involucradas será capaz de sortear este nuevo desafío que la fuerza de la naturaleza ha puesto sobre la mesa.

 

noviembre 03, 2024

Resultados interesantes de las elecciones regionales

Foto de Joel Barwick en Unsplash
 Las recientes elecciones regionales en Chile arrojaron resultados interesantes que deben llevarnos a mirar con optimismo el futuro. En lo grueso, si nos atenemos a los resultados, tanto de la elección de alcaldes, concejales, como de gobernadores y consejeros regionales, no hay duda que la izquierda ha visto mermada su presencia territorial, en tanto que la derecha la ha visto incrementada.

Esto no debiera sorprendernos. La realidad política hoy es muy distinta a la de años atrás. Las fuerzas de gobierno -Frente Amplio (FA), PC, PS y socialdemócratas (PPD y PR)- deben reconocer que las expectativas generadas en su momento se han visto defraudadas. La izquierda vive horas bajas, no solo en Chile. No solo la izquierda. Chile entero, su institucionalidad se encuentra jaqueada por la corrupción y la inseguridad que el narcotráfico, la desigualdad, la ambición desmedida y la ausencia de valores traen consigo.

No obstante lo señalado, viendo el vaso medio lleno en vez de medio vacío, estas elecciones también nos traen luz, aspectos positivos. Intentaré reseñar algunos de ellos.

Las elecciones se desarrollaron con plena normalidad, bajo un régimen de voto obligatorio y en dos días. Las sospechas opositoras de fraude esgrimidas previo al proceso electoral se las llevó el viento. El comportamiento de la ciudadanía y de las autoridades responsables fue intachable. En los tiempos que corren, de desprestigio de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial marcado por escándalos de diverso orden, la normalidad imperante es algo a destacar.

Ni la soberbia, la desfatachez, la sinvergüenzura de Marcela Cubillos, lograron su propósito. Marcela jugó a ganar, en su cancha, imponiendo su candidatura contra viento y marea. Llegó de Madrid para imponer su candidatura a la alcaldía de Las Condes. Era sandía calada. Llegó barriendo con quien se le pusiera por delante, sacando de carrera a quien era la alcaldesa, Daniela Peñaloza. En la derecha nadie se atrevió a pararle los carros. Quien terminó parándola fue Catalina San Martín, una mujer independiente de derecha que no estuvo dispuesta a dejarse avasallar, que dio pelea, y la ganó. El extremismo perdió.

En Maipú, Tomás Vodanovic, del FA, triunfó abrumadoramente. La ciudadanía le renovó con creces la confianza a un joven que ha puesto por delante la necesidad de una gestión transparente y eficiente, capaz de ponerse de acuerdo con quien sea, sin importar su domicilio político. Un joven que está sacando adelante un municipio diezmado por la corrupción en que lo sumió Katty Barriga cuyas sus extravagancias la tienen en las cuerdas. Frente a la tentación, por la votación alcanzada, de incursionar en la arena presidencial, él ha sido tajante: estos cuatro años la ciudadanía lo eligió para ser alcalde, no para ser candidato a la presidencia. Esta honestidad se valora.

Matías Toledo en Puente Alto rompe 24 años de hegemonía derechista de Renovación Nacional (RN). Venció por paliza, y sorpresivamente, a Karla Rubilar, en base a un silencioso trabajo de hormiga en la base territorial, en las organizaciones sociales. Karla, la afuerina, había sido incorporada al equipo del actual alcalde, Codina, para que fuera compenetrándose del municipio y de la comuna. No obstante todas las facilidades y recursos con que contó, fue derrotada sin atenuantes por Matías, un independiente de izquierda. Con plata no siempre se compran votos.

Son tan solo tres botones de muestra que nos están dando cuenta de que algo bueno puede estar pasando.