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Foto de Kelly Sikkema en Unsplash |
El título con el que encabezo esta columna puede inducir a error. No pienso dármelas de pitoniso ni mucho menos, sino que tan solo expresar lo que visualizo sin ánimo de predicción. Ya tenemos el 2025 encima. Se completará el primer cuarto del presente siglo. Me centraré en Chile que es el país en que vivo, y en lo político que es un ámbito que desde niño siempre me ha llamado la atención por las esperanzas que levanta y las frustraciones que suelen acompañarlas.
El 2025 no será
cualquier año dado que en sus últimos meses tendremos la contienda presidencial
junto con la parlamentaria. Si bien aún no hay candidatos presidenciales en
regla, ya hay algunos en carrera, y los que están, representan a una derecha
(Matthei, Kast, Carter, Kaiser I, Kaiser II, Rojo Edwards) a la que se le ha
abierto el apetito. Y no es para menos. Las cartas parecen estar echadas a su
favor: tanto por las dificultades que han tenido las fuerzas oficialistas para
gobernar, como por la ausencia de candidaturas con posibilidades de triunfo. Al
menos eso señalan encuestas del más diverso tenor. De lo expuesto se deduce que
el optimismo de la derecha tiene fundamento, al igual que el pesimismo reinante
dentro de la izquierda.
Es curioso constatar que,
si fuésemos totalmente racionales, lo lógico sería que lo primero que debiese tener
cada partido o coalición de partidos con aspiraciones de gobernar, es un
objetivo a alcanzar; luego un programa para alcanzar dicho objetivo, y lo
último, alguien que encabece la responsabilidad de llevarlo a cabo. En la
práctica solemos hacerlo al revés: poner la carreta por delante de los bueyes,
esto es, lo primero que solemos hacer es levantar al candidato(a) de nuestros
amores.
Es lo que ya estamos
viendo. Total, para qué nos vamos a ver la suerte entre gitanos. Ya nos
conocemos. Esta realidad da cuenta de la debilidad en que se encuentran los
partidos políticos donde para ingresar basta rellenar una ficha, sin que exista
filtro alguno. Atrás quedaron los tiempos en los que existía la premilitancia,
el compromiso, la capacitación partidaria.
Es posible que lo
descrito sea consustancial a nuestra naturaleza humana, a que no solo somos
racionales, también somos emocionales. Probablemente seamos más emocionales que
racionales, y de allí que lo primero que hacemos es mirar nombres que nos
inspiren confianza, que nos suenen, que creamos conocer.
Dijimos que la
derecha tiene poderosas razones para ser optimista. El poder ejecutivo pareciera
estar a su alcance. Tiene todas las de ganar a fin de año. Las encuestas así lo
señalan y tiene candidatos para tirar por la ventana. Muy distinto es el caso
en la izquierda. Sin embargo, no hay que olvidar que no por mucho madrugar se
amanece más temprano.
Habrá que ver cómo se
dan las cosas. El centro, que se ha escorado hacia la derecha en los últimos
años, será decisivo. Y así como se cansó de la izquierda, está observando que
luego de la calurosa bienvenida que le dio la derecha para acogerla, los
codazos en su seno andan a la orden del día. Si hacemos un rastreo a los
resultados electorales en el presente siglo, así como en el pasado constataremos,
salvo excepciones, que el centro político es el que inclina la balanza, el que
corta el queque.
Las cartas aún no
están echadas, aunque parecen estarlas. En consecuencia, mi pronóstico es que
tendremos un año movido, líquido, donde se pondrá a prueba la inteligencia
política de unos y otros.
Interesante reflexión .Que tengan un año de paz ,alegrías y sus andares sean como las más bellas melodías .Cariños y abrazos a Uds.
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