diciembre 26, 2024

¿Qué es lo que viene para el 2025?

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

El título con el que encabezo esta columna puede inducir a error. No pienso dármelas de pitoniso ni mucho menos, sino que tan solo expresar lo que visualizo sin ánimo de predicción. Ya tenemos el 2025 encima. Se completará el primer cuarto del presente siglo. Me centraré en Chile que es el país en que vivo, y en lo político que es un ámbito que desde niño siempre me ha llamado la atención por las esperanzas que levanta y las frustraciones que suelen acompañarlas.

El 2025 no será cualquier año dado que en sus últimos meses tendremos la contienda presidencial junto con la parlamentaria. Si bien aún no hay candidatos presidenciales en regla, ya hay algunos en carrera, y los que están, representan a una derecha (Matthei, Kast, Carter, Kaiser I, Kaiser II, Rojo Edwards) a la que se le ha abierto el apetito. Y no es para menos. Las cartas parecen estar echadas a su favor: tanto por las dificultades que han tenido las fuerzas oficialistas para gobernar, como por la ausencia de candidaturas con posibilidades de triunfo. Al menos eso señalan encuestas del más diverso tenor. De lo expuesto se deduce que el optimismo de la derecha tiene fundamento, al igual que el pesimismo reinante dentro de la izquierda.

Es curioso constatar que, si fuésemos totalmente racionales, lo lógico sería que lo primero que debiese tener cada partido o coalición de partidos con aspiraciones de gobernar, es un objetivo a alcanzar; luego un programa para alcanzar dicho objetivo, y lo último, alguien que encabece la responsabilidad de llevarlo a cabo. En la práctica solemos hacerlo al revés: poner la carreta por delante de los bueyes, esto es, lo primero que solemos hacer es levantar al candidato(a) de nuestros amores.

Es lo que ya estamos viendo. Total, para qué nos vamos a ver la suerte entre gitanos. Ya nos conocemos. Esta realidad da cuenta de la debilidad en que se encuentran los partidos políticos donde para ingresar basta rellenar una ficha, sin que exista filtro alguno. Atrás quedaron los tiempos en los que existía la premilitancia, el compromiso, la capacitación partidaria.

Es posible que lo descrito sea consustancial a nuestra naturaleza humana, a que no solo somos racionales, también somos emocionales. Probablemente seamos más emocionales que racionales, y de allí que lo primero que hacemos es mirar nombres que nos inspiren confianza, que nos suenen, que creamos conocer.

Dijimos que la derecha tiene poderosas razones para ser optimista. El poder ejecutivo pareciera estar a su alcance. Tiene todas las de ganar a fin de año. Las encuestas así lo señalan y tiene candidatos para tirar por la ventana. Muy distinto es el caso en la izquierda. Sin embargo, no hay que olvidar que no por mucho madrugar se amanece más temprano.

Habrá que ver cómo se dan las cosas. El centro, que se ha escorado hacia la derecha en los últimos años, será decisivo. Y así como se cansó de la izquierda, está observando que luego de la calurosa bienvenida que le dio la derecha para acogerla, los codazos en su seno andan a la orden del día. Si hacemos un rastreo a los resultados electorales en el presente siglo, así como en el pasado constataremos, salvo excepciones, que el centro político es el que inclina la balanza, el que corta el queque.

Las cartas aún no están echadas, aunque parecen estarlas. En consecuencia, mi pronóstico es que tendremos un año movido, líquido, donde se pondrá a prueba la inteligencia política de unos y otros.

1 comentario:

  1. Anónimo8:39 a.m.

    Interesante reflexión .Que tengan un año de paz ,alegrías y sus andares sean como las más bellas melodías .Cariños y abrazos a Uds.

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