junio 24, 2026

Érase una vez …..

Llegue a Arica en agosto de 1974 luego de casi un año buscando trabajo. Cuando sobrevino el golpe del 73 y la unidad en la que trabajaba en el Banco Central de Santiago fue suprimida el mismo 11 de septiembre. Justo ese día celebraba mi segundo aniversario de matrimonio. Solo conservé mi calidad de profesor hora en la mítica Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile donde era profesor de cátedra de Estadística luego de haber sido ayudante y profesor auxiliar. La remuneración era más que nada simbólica, tan solo para movilizarme y por el honor de trabajar en la Universidad de Chile.  Enviaba mi currículo a distintas empresas sin que me llegara respuesta alguna. Ya pensaba que estaba en una lista negra. Eran tiempos bravos.

Cada vez más universidades estaban llamando a concurso para proveerse de profesores dado que los rectores militares apoyados por civiles, en el marco de extirpar el cáncer marxista, despidieron a cientos de profesores. Empiezo a postular a tales concursos, aprovechando mi condición de profesor hora en la Universidad de Chile. Me llaman a entrevistas en la Universidad Austral de Valdivia y en la Universidad del Norte, sede Arica. En esta última fui entrevistado por quien era el Director Académico, Enrique Correa. Soy entrevistado y quedo en ambas. Me atraía más Valdivia por su verdor, pero me incliné por Arica por ser ciudad frontera, y por lo mismo, más fácil de emigrar si la cosa se ponía más fea. Tenía el síndrome del perseguido.

Así fue como llegué al departamento de Matemáticas para impartir los cursos de estadísticas, en tiempos de Freddy Veas, Mario Alvarado, Washington Mansilla, Gonzalo Masjuan, Víctor Sánchez, Yanko Ossandón, Eward Trigo, Benjamín Cordero, Miguel Schönfeldt. Poco tiempo después se resuelve que las matemáticas y física estén bajo la responsabilidad de los departamentos que imparten las carreras. A Yanko, Miguel y yo nos destinan al departamento de administración y economía. En este departamento me encuentro con Raúl Díaz, Amparo Nuñez, Jaime Díaz, Angel Henríquez, Pablo Jiménez, René Labraña, Carlos Valencia, Ángel Awad. Este último era el director del departamento. En esos tiempos el Vicerrector de la sede Arica de la Universidad del Norte era Sergio Giaconi, uno de los fundadores de la carrera.

Por 1976 el país experimenta una razzia política que afecta a la universidad y a la carrera de INGECO. Son destituidos el Vicerrector, Sergio Giaconi, y en el departamento son despedidos René Labraña y Carlos Valencia. Fueron los tiempos en los que el mundo cristiano empezó a levantar la voz ante las barbaridades que estaba realizando la dictadura –desapariciones, torturas, asesinatos, exilios- y que se estaban conociendo. En reemplazo de Giaconi, impuesto desde la casa central de la Universidad del Norte en Antofagasta, llega un nuevo Vicerrector, Félix Viveros, dentista, reservista del Ejército, quien en no pocas ocasiones llegaba a sus oficinas en uniforme de combate. Se renueva el departamento con savia nueva, de sus propias entrañas. Allí están Juan Iglesias, Ada Acevedo, Alexis Gutiérrez, Héctor Cáceres. En reemplazo de Ángel Awad llega aparece un nuevo director, Pedro Arriagada, economista traído desde las alturas de Santiago. Dura poco. Eran tiempos en que las universidades estaban intervenidas y distribuidas entre militares, marinos, aviadores y cómplices civiles. La Universidad del Norte había sido asignada a los marinos.

Junto con Yanko empezamos a hacernos cargo de los primeros cursos de computación, sin tener computadores. Eran los tiempos de las tarjetas perforadas, las de la polla gol, de los mazos de tarjetas que partían al Centro de Computación que la Universidad del Norte tenía en Antofagasta (CECUN). Allá tenían un equipo IBM 1130 con 8 KB de memoria RAM y 5 MB en disco, en una gran sala especialmente acondicionada para estos efectos. Los primeros programas eran en FORTRAN, luego en COBOL. En un semestre a duras penas alcanzábamos a procesar un programa computacional! Partían las hojas de codificación de los alumnos y en CECUN las secretarias se encargaban de perforar las tarjetas, armar un mazo de tarjetas por cada programa escrito en las hojas de codificación; y luego pasar cada mazo por la lectora de tarjetas para “compilar” cada programa. Es así como regresaban los mazos de tarjetas con los programas “compilados”. Todo esto tomaba semanas, y siempre llegaban con errores, ya sea de perforación, de interpretación, de compilación o de ejecución. Toda una odisea de la cual son testigos los alumnos de entonces. Y los errores había que buscarlos e identificarlos.

Así los programas iban y venían a paso de tortuga. Es así como con Yanko en más de una oportunidad tuvimos que viajar a Antofagasta para acelerar este proceso. Eran tiempos de viajes por tierra, los fines de semana, sin presupuesto, sin viáticos, por amor a Cristo. Tiempos de colonización computacional. Para el fin del semestre, para aprobar, los alumnos debían tener sus respectivos programas ya ejecutados correctamente. Se acercaba el término del semestre y los programas arrojaban errores, no entregaban los resultados esperados de acuerdo a los datos de entrada que se tenían. Es así como en más de una oportunidad, con los cursos completos organizábamos viaje a Antofagasta, para allá in situ apurar los procesos. Alojábamos en escuelas, durmiendo en sacos de dormir, en el suelo, y ya no recuerdo cómo nos alimentábamos. Viajábamos toda una noche, procesábamos y corregíamos los programas en el día, dormíamos, y al otro día seguíamos en eso. Luego volvíamos a Arica, también por tierra, con los programas ya compilados y ejecutados correctamente, con la íntima satisfacción del deber cumplido. Tiempos heroicos, sin pandemia, cuando no existían bonos, ni ayudas de ningún tipo. Todo por Cristo Nuestro Señor!! 

Tiempos inolvidables, forjados a punta del esfuerzo de alumnas y alumnos a quienes con mucho orgullo veo y sigo sus pasos a la distancia. Mujeres y hombres de bien, profesionales a carta cabal. A los próceres de entonces los recuerdo nítidamente, no así sus nombres. Aún a costa de ser injusto, nombraré a quienes sí recuerdo de esos años dorados: Marcelino Garay, Yamil Jorrat, René Solar, Juan Carlos Gandolfo, Leyla Farah, Aulis Tornero, Teresa Fernández, Marisol Correa, Gonzalo Muñoz, Mauricio Néspolo, Santiago Arata, ….

La gran conquista en dichos años por parte de la sede Arica de la Universidad del Norte, fue la adquisición de una máquina perforadora de tarjetas. Ella nos permitía perforar localmente los mazos de tarjetas, los que remitíamos a Antofagasta para su procesamiento. Esto ayudó a acelerar los procesos. Es así como se logró que en los semestres sucesivos, en vez de un programa al semestre, pudiésemos ejecutar dos programas por alumno en un semestre. Arica seguía sin tener computadores. Ni la universidad, ni el municipio, ni las empresas tenían computadores. No existían en Arica.

Un buen día, un egresado de la carrera, Carlos Norambuena, dueño de Comercial Prat, que estaba en la esquina de 21 de Mayo con Arturo Prat, se acerca a conversar con Yanko y conmigo. Nos cuenta que se compró un computador NCR Century 100 para su empresa y que el vendedor le dijo que si lo compraba, él se lo trabajaría. Lo compró y el vendedor desapareció. Entonces nos planteó: “yo tengo un computador que no sé trabajarlo; ustedes no tienen computador y saben trabajarlo: les propongo crear una empresa de servicios computacionales, donde yo pongo el computador y ustedes lo trabajan. Si la empresa sale adelante, nos repartimos igualitariamente las ganancias; de lo contrario, ustedes pierden el trabajo realizado y yo lo invertido en el computador. Con Yanko nos miramos y aceptamos. Posteriormente se integró como socio Mauricio Néspolo, egresado de la carrera, e integramos a un contador. Con el tiempo se incorporaron a la empresa quienes habían sido alumnos destacados nuestros, como es el caso de Gonzalo Muñoz, Marcelino Garay, René Solar y Juan Carlos Gandolfo. La experiencia fue una apasionante y una excelente escuela de aprendizaje práctico de todo lo que involucra el quehacer empresarial. En esa empresa se prestaron servicios computacionales a la empresa fabricante de los jeans Wrangler, CONTEX, a Bicicletas Oxford, a los municipios de Arica e Iquique, a Ferrocarriles de Arica a La Paz, al Hospital Juan Noé, entre muchas otras.  

Poco después, la universidad logra tener su primer computador, un equipo Digital PDP-11/34 con 128 Kb de memoria RAM, ya no recuerdo cuánto de disco, y una unidad de cinta magnética de respaldo. Esta adquisición constituyó todo un hito, porque permitió independizar la docencia en computación de la casa central, de Antofagasta y generar nuevos trabajos de titulación en quienes egresaban de INGECO. De ahí para adelante, la computación nacida en el seno de la carrera, se hizo extensiva a toda la universidad. 

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