En mi columna anterior, en una
excavación superficial, hice mención a que todo este trato especial, de guante
blanco, se explica por la relación familiar de Pablo José con el ministro de
seguridad, Martin Arrau: Pablo José es primo de la señora de Martin. Nada
grave. Mal que mal, Martin no tiene la culpa, no tiene nada que ver, y así lo
hizo saber cuando fue interrogado.
El punto es que el entorno familiar,
quiérase o no, debe hacer juego, debe estar en sintonía, porque de lo contrario
es inevitable que se explote cualquier anomalía. Está en la naturaleza humana. El
contrapunto está dado porque Martin está a cargo de la seguridad del país, y
resulta que en la trastienda familiar tiene a un personaje que siembra
inseguridad en los caminos de Chile. No solo eso, sino que además se mueven
misteriosos hilos destinados a que no se sepa quien era el que se desplazaba
por una carretera a una velocidad más digna de un autódromo.
Si nos ponemos a excavar más
profundamente en torno a los antecedentes familiares de Pablo José nos
encontramos con una sorpresa no menor. Es hijo de Diego Izquierdo Menéndez. Se
preguntarán ¿quién es Diego Izquierdo Menéndez? Es uno de los próceres, junto
con su hermano Julio, que participó en la conspiración, atentado y secuestro
con consecuencia de muerte del General René Schneider en 1970.
Diego y Julio, padre y tío de Pablo
José, pertenecen a la casta que hizo todo lo humanamente posible para evitar
que Allende fuera proclamado presidente. Recordemos que en esos años no había
segunda vuelta, y si nadie ganaba por mayoría absoluta, el congreso nacional en
pleno debía decidir entre las dos primeras mayorías, quién sería proclamado
como presidente de la República. En la elección del 4 de septiembre de 1970,
las candidaturas que ocuparon las dos primeras posiciones fueron Allende y
Alessandri, quedando Tomic relegado a una tercera posición.
Para que el congreso nacional no
proclamara presidente a Allende -a pesar que éste había obtenido la primera
mayoría relativa-, un comando ultraderechista se propuso secuestrar al
comandante en Jefe del Ejército de la época, René Schneider, para forzar una decisión
del congreso pleno en favor de Alessandri. La resistencia del general Schneider,
frustró el secuestro motivando su asesinato por parte del comando.
A pesar de haberse comprobado la
participación en el atentado y muerte del general Schneider, ni Diego ni Julio fueron
a parar a la cárcel. Al ver fracasado el secuestro se refugiaron en la
parroquia de El Bosque, ya en esos tiempos en manos del padre Fernando
Karadima, quien los acogió con especial ternura. Tras morir el general Schneider,
los Izquierdo Menéndez abandonan el país “donde ya no podían vivir tranquilos”,
y se refugian en Argentina esperando “tiempos mejores”.
Regresan a Chilito después del “pronunciamiento
militar” del 11 de septiembre, siendo indultados por el innombrable. Impunidad total,
la misma impunidad que parece gozar hoy Pablo José.
Estamos ante una familia, la de los
Izquierdo Menéndez, que es una de tres familias Menéndez que dan que hablar y
que juntos son dinamita pura. Las otras dos son Lecaros Menéndez y Menéndez
Ross. Estas 3 familias conforman empresas que incursionan en los sectores
forestal, naviero, agrícola, pesquero e inmobiliario. No sé si se me escapa
algún otro sector. Lo concreto es que pintan mucho más que monos.
Son empresarios de raza, de esos que pueden
hacer lo que se les antoja. Lo de manejar a exceso de velocidad no es más que un
pelo de la cola. Y pobres de quienes se les interpongan en su camino. No son
broma.
Me he alargado en demasía, por lo que
quedo hasta acá. Me queda pendiente el historial que tienen en el ámbito
pesquero y en la ley de pesca que tenemos, así como en el exterminio del pueblo selk’nam (u ona) en el territorio austral de Chile y Argentina.

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