junio 10, 2026

Sesgo persecutorio

Foto de Markus Spiske en Unsplash

Mientras la Tesorería General de la República (TGR) empezó a embargar los sueldos y bienes raíces de los deudores del Crédito con Aval del Estado (CAE), el Senado de la República rechazó el levantamiento del secreto bancario.

Lo ocurrido me hizo recordar los años 80, cuando estando en España, a un gran amigo ecuatoriano, Diego del Alcázar, le consulté su opinión respecto de quien entonces era el presidente de su país, León Febres Cordero. Socarronamente me respondió: “León con los pobres, Cordero con los ricos”.

Lo recuerdo porque el famoso CAE nació en el año 2006 para quienes querían estudiar en la universidad sin tener los recursos financieros para hacerlo. Esto es, no se implementó para quienes provenían de familias pudientes ni mucho menos. Desde su creación fue objeto de muchas críticas por los más diversos motivos, muchas de ellas razonables, y la experiencia a lo largo de dos décadas, las confirman.

No soy ni he sido defensor del CAE cuya implementación ha dado lugar a consecuencias abusivas y/o perversas. Si mal no recuerdo, surgió porque no se tenían las mayorías parlamentarias para implementar una política de gratuidad o de arancel diferenciado. Por otro lado, bajo el gobierno de Boric se intentó, sin éxito, modificar el sistema de financiamiento universitario vigente.

Si bien el CAE posibilitó que muchos pudiesen seguir estudios superiores que de otro modo no habrían podido cursar, lo concreto es que hoy se tiene a más de medio millón de deudores del CAE por 4 billones de pesos.

El punto es que si bien el origen del CAE fue para que pudiesen ingresar a la universidad quienes de otro modo no podrían, lo concreto es que para que pasara el filtro parlamentario, el CAE terminó siendo un negocio redondo para las universidades -públicas y privadas- y para los bancos. El Estado avalaba y al final del día el estudiante debía pagar. Los bancos se aseguraban el retorno del crédito gracias al aval del Estado, y las universidades se aseguraban ingresos contantes y sonantes. Tanto ejecutivos bancarios como universitarios se sobaban las manos.

Ni cortos ni perezosos las universidades, tanto públicas como privadas no encontraron nada mejor que expandir las matrículas de aquellas carreras de menor costo, las de papel -que demandaran menos recursos en laboratorios, máquinas, equipamientos-: no las carreras que necesita el país, sino que las más rentables. Total, es el mercado el que regula y no un burócrata el que define que es lo que el país necesita.

Y así estamos con todos mirando para otro lado a lo largo de todos estos años hasta que llegó Kast con motosierra en mano para decir basta de jolgorio, basta de impagos. Dentro del medio millón de deudores no habrán de faltar los frescos que se suben por el chorro para no pagar teniendo los recursos para hacerlo. Temo que sean los menos. 

Pero ¿el resto? ¿quiénes no tienen recursos para hacerlo? ¿Quiénes estudiaron carreras que al egresar no les da para pagar el CAE? ¿es responsabilidad de ellos? ¿o de las universidades que les abrieron las puertas de par en par sin medir las consecuencias? ¿o de los bancos que no les importó nada porque al final avalaba el Estado? Esto es, pagaba moya. ¿O de los parlamentarios que aprobaron una política que engañó a medio mundo?

Al mismo tiempo, a pesar de la penetración del narco y del crimen organizado en el país, el parlamento, resuelve negarle al Estado la entrega de las atribuciones, necesarias en los tiempos actuales, para levantar el secreto bancario. Esto, mientras estamos siendo testigos del desembozado uso de la banca por parte de los narcotraficantes. Queda la impresión de que el narcotráfico ha logrado introducirse en los más altos círculos de poder del país. De otro modo cuesta explicarse la negativa del gobierno y sus parlamentarios para dotarse de una herramienta clave para poder hacer un seguimiento de operaciones bancarias “irregulares, anómalas o inexplicables”.

Por eso resulta chocante que estemos haciendo la vista gorda con unos, mientras nos ensañamos con otros. Leones con los de abajo, y corderos con los de arriba. Nada nuevo bajo el sol.

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