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| Foto de Markus Spiske en Unsplash |
Mientras
la Tesorería General de la República (TGR) empezó a embargar los sueldos y
bienes raíces de los deudores del Crédito con Aval del Estado (CAE), el Senado de
la República rechazó el levantamiento del secreto bancario.
Lo
ocurrido me hizo recordar los años 80, cuando estando en España, a un gran amigo
ecuatoriano, Diego del Alcázar, le consulté su opinión respecto de quien entonces
era el presidente de su país, León Febres Cordero. Socarronamente me respondió:
“León con los pobres, Cordero con los ricos”.
Lo
recuerdo porque el famoso CAE nació en el año 2006 para quienes querían
estudiar en la universidad sin tener los recursos financieros para hacerlo. Esto
es, no se implementó para quienes provenían de familias pudientes ni mucho
menos. Desde su creación fue objeto de muchas críticas por los más diversos
motivos, muchas de ellas razonables, y la experiencia a lo largo de dos décadas,
las confirman.
No
soy ni he sido defensor del CAE cuya implementación ha dado lugar a
consecuencias abusivas y/o perversas. Si mal no recuerdo, surgió porque no se
tenían las mayorías parlamentarias para implementar una política de gratuidad o
de arancel diferenciado. Por otro lado, bajo el gobierno de Boric se intentó,
sin éxito, modificar el sistema de financiamiento universitario vigente.
Si
bien el CAE posibilitó que muchos pudiesen seguir estudios superiores que de
otro modo no habrían podido cursar, lo concreto es que hoy se tiene a más de
medio millón de deudores del CAE por 4 billones de pesos.
El
punto es que si bien el origen del CAE fue para que pudiesen ingresar a la
universidad quienes de otro modo no podrían, lo concreto es que para que pasara
el filtro parlamentario, el CAE terminó siendo un negocio redondo para las
universidades -públicas y privadas- y para los bancos. El Estado avalaba y al
final del día el estudiante debía pagar. Los bancos se aseguraban el retorno
del crédito gracias al aval del Estado, y las universidades se aseguraban
ingresos contantes y sonantes. Tanto ejecutivos bancarios como universitarios
se sobaban las manos.
Ni
cortos ni perezosos las universidades, tanto públicas como privadas no
encontraron nada mejor que expandir las matrículas de aquellas carreras de
menor costo, las de papel -que demandaran menos recursos en laboratorios, máquinas,
equipamientos-: no las carreras que necesita el país, sino que las más
rentables. Total, es el mercado el que regula y no un burócrata el que define
que es lo que el país necesita.
Y
así estamos con todos mirando para otro lado a lo largo de todos estos años hasta
que llegó Kast con motosierra en mano para decir basta de jolgorio, basta de
impagos. Dentro del medio millón de deudores no habrán de faltar los frescos
que se suben por el chorro para no pagar teniendo los recursos para hacerlo.
Temo que sean los menos.
Pero
¿el resto? ¿quiénes no tienen recursos para hacerlo? ¿Quiénes estudiaron
carreras que al egresar no les da para pagar el CAE? ¿es responsabilidad de
ellos? ¿o de las universidades que les abrieron las puertas de par en par sin
medir las consecuencias? ¿o de los bancos que no les importó nada porque al
final avalaba el Estado? Esto es, pagaba moya. ¿O de los parlamentarios que
aprobaron una política que engañó a medio mundo?
Al
mismo tiempo, a pesar de la penetración del narco y del crimen organizado en el
país, el parlamento, resuelve negarle al Estado la entrega de las atribuciones,
necesarias en los tiempos actuales, para levantar el secreto bancario. Esto,
mientras estamos siendo testigos del desembozado uso de la banca por parte de los
narcotraficantes. Queda la impresión de que el narcotráfico ha logrado
introducirse en los más altos círculos de poder del país. De otro modo cuesta
explicarse la negativa del gobierno y sus parlamentarios para dotarse de una
herramienta clave para poder hacer un seguimiento de operaciones bancarias “irregulares,
anómalas o inexplicables”.
Por
eso resulta chocante que estemos haciendo la vista gorda con unos, mientras nos
ensañamos con otros. Leones con los de abajo, y corderos con los de arriba. Nada nuevo bajo el sol.

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