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Loreto Cox, de la Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en su columna titulada “La masificación universitaria” en El Mercurio del 10/07/2026, sostiene que cursar estudios universitarios continúa siendo conveniente dado que para una mayoría de los jóvenes los beneficios de estudiar superan con creces el de no estudiar, salvo para unas pocas carreras.
Al día siguiente, en
carta a El Mercurio del 11/07/2026 titulada “Sobreoferta de títulos”, Pablo
Ortúzar, investigador del Instituto de Estudios Superiores (IES), afirma, en
base a información de la Fiscalía Nacional Económica (FNE) de febrero de este
año, que más del 50% del total de estudiantes de educación universitarios están
matriculados en un 35% de programas académicos con retornos negativos.
Interesa cotejar lo
que afirman Loreto y Pablo. Según Loreto es rentable estudiar en la universidad
salvo para “carreras laborales deficientes, incluso en las universidades más
selectivas”. Si asumimos que estas carreras laborales deficientes son aquellas
con retornos negativos, siguiendo a Pablo y en base a lo informado por la FNE,
estas carreras con retornos negativos serían un 35% del total de carreras ofertadas.
Que poco más de una
carrera de cada tres no genere los ingresos suficientes para cubrir sus costos,
no es menor. Más bien es frustrante, desmoralizador, y contradice la propensión
a afirmar que estudiar en la universidad es más rentable que no hacerlo. Lo
señalado se agrava con el dato de que en estas carreras “no rentables” se matricula
más del 50% de los universitarios.
Esto significaría
que más de un 50% de los estudiantes se matriculan en carreras que a la hora de
la verdad verían frustradas sus expectativas. Es a lo que Pablo se refiere como
“Sueños de cartón”, título de un libro de su autoría, donde pone en jaque la
promesa de que la educación superior asegura el futuro de los jóvenes.
Tanto la
columna de Loreto como la carta de Pablo complementan un debate que se está dando
en torno a si hay, o no, un exceso de profesionales en Chile. Una columna de
Felipe Balmaceda (¿Hay exceso de oferta de profesionales? El Mercurio, 29 junio
2026) da cuenta de algo que parece estar viéndose como “un problema”: el del
exceso de profesionales en Chile. Y en una carta (El Mercurio, 30 junio 2026),
firmada por un personaje que obedecería al nombre de Jaime Undurraga (abogado),
se felicita por la columna de Felipe, afirmando que hace muchos años que en
Chile se empezaron a inventar carreras “universitarias”. Las comillas están en
la carta misma y darían a entender que de universitarias poco o nada tendrían.
Luego
la carta prosigue sosteniendo que los principales objetivos de las carreras
inventadas eran proponer una “carrera” fácil, pero de cuatro años, y captar el
alto pago mensual de la universidad. De este modo se configuraría un engaño a
las familias de los alumnos “que con mucha emoción veían cómo,
por primera vez, un miembro de la familia lograba entrar a la universidad”.
En su carta, Jaime
prosigue denunciando que “para hacer más atractivas estas carreras inventadas
en algo (en alimentos, en administración, en
turismo, etc.), en cualquiera tema, pero que parezca mucho más seria para
cobrar caro”.
Sin pelos en
la lengua, Jaime postula que “nos topamos con la realidad de que la mayoría de
los “profesionales” egresados de estas universidades no encuentran trabajo
porque no están preparados para el mundo laboral de mayor especialización y
criterio que deben enfrentar”. Remata la carta con una frase para el bronce
“algunos de ellos pasan a ser profesores en las mismas universidades”.
Todo esto es consecuencia de algo, que es lo que veremos en la segunda parte de esta teleserie que saldrá en los próximos días.

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