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| Foto de Mariia Shalabaieva en Unsplash |
La reciente visita de Peter Thiel a Chile para
reunirse con el presidente José Antonio Kast (JAK) no es inocua. Thiel, llegó
procedente de Argentina, donde se reunió con Milei. Thiel no es un personaje
cualquiera, como magnate tecnológico y fundador de la empresa Palantir, algo
trae bajo la manga. Oficialmente se informa que la reunión habría sido breve y
protocolar. Como diría un conocido abogado, ”somos tontos hasta las 12”. Lo
confirma el hecho de que JAK se haya negado a informar de los temas tratados
con la excusa de la inviolabilidad de las comunicaciones privadas. ¿Conversaciones
privadas en la casa de gobierno, en La Moneda? ¿Estaremos ante una nueva
metáfora? ¿o de una hipérbole?
Hasta ahora se ignoran los motivos y
contenidos de lo conversado. Por tanto, tenemos chipe libre para especular en
torno a lo que pueden haber estado conversando, porque no creo que se hayan
reunido para jugar a las bolitas ni para tratar temas que no sean de interés
público.
Partamos preguntándonos quién es Peter Thiel. Estamos
ante un personaje que nació en Frankfurt, Alemania, en 1967, cuyo padre era
ingeniero químico. Su infancia está marcada por la itinerancia familiar, dado
que, al año de vida, en 1968, sus padres emigran a EEUU en busca de nuevos
horizontes, y a comienzos de los 70 vuelven a emigrar, esta vez a Sudáfrica, en
tiempos de apartheid, de la segregación racial. Acá es internado en una escuela
de habla alemana caracterizada por su estrictez y los castigos físicos.
Los cambios de residencia de sus padres,
obligan a cambiarlo de escuela múltiples veces, hasta que en 1977 deciden
retornar a EEUU en forma definitiva, país donde termina sus estudios
secundarios e inicia estudios superiores en la Universidad de Stanford para
estudiar filosofía (bachelor of arts), graduándose en 1989. Luego estudia de
leyes, titulándose como abogado en 1992, en la misma universidad.
Fueron los estudios de filosofía los que lo
marcaron al sumergirse en la teoría mimética de Girard, filósofo francés, quien
sostuvo que el deseo humano no es innato, sino que aprendido e imitativo
(mímesis), que copiamos lo que otros desean, lo que inevitablemente genera
rivalidad, competencia, conflicto y violencia, lo que terminaría por excusar la
necesidad de restaurar el orden social.
Esta teoría terminaría por empapar la visión
de los negocios por parte de Thiel, postulando que la competencia destruye las
ganancias. Su tesis es que para tener éxito toda empresa debe buscar el
monopolio, algo único, en vez de competir por la vía de imitar a los demás.
Su adhesión a esta teoría va definiendo su
perfil ideológico libertario, conservador, opositor a la cultura progresista
institucional, caracterizada por su multiculturalismo. Para expresar sus ideas,
funda en 1987 la revista The Stanford Review, donde conoce a quienes más adelante
serían sus socios en PayPal y en Palantir, tejiendo con ellos una red de poder
en Silicon Valley.
Se afirma que su formación escolar inicial en
Sudáfrica, estricta, severa, rígida puede haber incidido en su actual
pensamiento libertario caracterizado por su rechazo al control estatal, al
uniformismo y a la disciplina ciega. Esto, a pesar de haber estado en una
colonia de expatriados alemanes nostálgicos del pasado imperial alemán y del
nazismo.
En la actualidad, su afinidad con gobiernos
y/o sectores iliberales, autoritarios, tecnocráticos es indesmentible desde el
minuto que contribuye financieramente, con mucha fuerza, a quienes impulsan la
agenda de la derecha radical estadounidense en los campos de la política y de
los negocios.
Estamos ante un personaje de temer que recién
está dando sus primeros pasos, pero cuya influencia ya se está haciendo sentir
en las más diversas instancias, tanto políticas, económicas, sociales, como tecnológicas. Espero escribir en otra ocasión en torno a ellas.

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