junio 27, 2026

Uruguay, con la cola entre las piernas

Foto de Jared Schwitzke en Unsplash

Finalmente, Uruguay terminó su participación en el campeonato mundial de futbol en la primera ronda con la cola entre las piernas.

La defraudación es mayúscula porque nos habíamos hecho expectativas de avanzar a la siguiente ronda. El grupo en que estábamos era absolutamente abordable. Cabo Verde y Arabia Saudita sin mayor tradición futbolística no parecían ofrecer mayor resistencia. Los favoritos para continuar eran España y Uruguay.

La pregunta que se hace todo el mundo es ¿qué pasó? El tema tiene múltiples aristas, algunas de las cuales intentaré bosquejar aquí.

De partida, todo se ha tornado más competitivo. Nadie se puede dar por ganador antes de jugar. Si bien esto ha sido siempre así, hoy es así más que nunca. Las sorpresas andan a la orden del día. Y dentro de este ambiente de mayor competitividad por la entrada de nuevos actores, en especial del mundo africano, hemos ido quedando atrás.

Se estila que fuimos un desastre. No lo veo así. Así como empatamos dos partidos y perdimos uno, podíamos perfectamente haber ganado dos de los tres partidos. ¿Hubo mala suerte? Sí, y justamente uno de los desafíos es no dejar espacio al infortunio. El partido contra Arabia Saudita debimos haberlo ganado. El que hicimos contra Cabo Verde podíamos haberlo ganado, y contra España no nos vimos inferiores, pudimos empatar. Pero bien sabemos que el futbol es futbol y tiene sus imponderables que no podemos soslayar.

Teníamos plantel para más. No voy a entrar a juzgar si estaban quienes debían estar o no. No soy el indicado para valorarlo. Tampoco voy a dudar si mojaron o no la camiseta. Doy por sentado que lo hicieron, que cada jugador dio lo mejor de sí. No fuimos un desastre como pregonan no pocos con furia. Fuimos protagonistas, nadie nos pasó a llevar, así como nosotros tampoco logramos pasar a llevar a nadie.

Tengo la percepción que la suerte de Uruguay estaba sellada de antemano. El clima en los medios de comunicación y en las redes sociales no era de los mejores. Todo lo contrario, se tendía a la polarización, al extremismo, y pocos ponían paños fríos. Parecía que todos tiraban para abajo, como que se quería, o vaticinaba, que todo se derrumbaría. Una suerte de profecía autocumplida donde todos metían su cuchara.

Qué otro resultado podíamos esperar si nos pasábamos subiendo y bajando al entrenador y a los jugadores. Al entrenador se le atacó porque ganaba mucha guita, porque era argentino, porque no miraba a los ojos, porque filosofaba, porque se sentaba arriba de una heladera, porque no citó a Suárez, a Nandez, etc. Lo mismo respecto de los jugadores. Qué no se decía de ellos, de los citados y de los no citados. No es fácil sobrellevar un ambiente de este tipo. Finalmente mella el espíritu de cualquiera por más preparado que estés.

Al final el horno estaba para bollos, esto es, para que bos fuera mal. En mi opinión no estábamos como para campeonar, pero tampoco para irnos de buenas a primeras de vuelta a casa. No somos tan buenos, pero tampoco tan malos como estamos dando a entender enrabiados por no haber avanzado. Así como hay otros peores que nosotros, aceptemos que hay otros mejores.

El futbol de hoy es muy diferente al del siglo pasado. Antes jugábamos parados a punta de desbordes, de centros a la olla, de juego fuerte. Hoy el futbol es otra cosa, velocidad pura, físico, pases milimétricos, cálculo, donde los errores no se perdonan.

Lo importante es que saquemos las lecciones de lo ocurrido. En frío, no en caliente. Arriba el ánimo.

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