octubre 31, 2006

Voluntarismo bomberil insostenible

Escribo estas líneas a raíz de un reciente amago de incendio. Llamas acompañadas de un humo denso y amenazante indujeron a la alarma de la vecindad. Al llamado telefónico arribó poco después el carrobomba para entrar en acción. Fue penoso observar el estado en que se encontraban las mangueras: salía más agua por sus perforaciones que por el pitón. Siendo ya de noche, y debiendo entrar en acción las linternas, éstas se encontraban con sus baterías agotadas. No obstante ello, el fuego logró ser controlado gracias al esfuerzo bomberil. Omito muchos detalles para no aburrir al lector, pero el hecho permitió constatar la realidad bajo la cual operan los bomberos: una precariedad total de recursos para una actividad que además es voluntaria. En los tiempos actuales esto es un anacronismo total. En la actualidad los efectos de los incendios pueden llegar a ser devastadores. Voy a citar tan solo dos factores: hoy existe mayor propensión a favor de los incendios como consecuencia del calentamiento global, esto es, de las mayores temperaturas; y la mayor densidad poblacional. El primer factor afecta la propensión hacia el incendio por los fuertes calores, el segundo factor incide en el impacto de un incendio por la fuerte concentración de personas y difucltades de acceso al sitio del suceso. Si a esto agregamos la acción inescrupulosa de no pocos, y el carácter voluntario que tiene el quehacer de los bomberos, solo nos cabe concluir que estamos ante una bomba de tiempo. La solución pasa por profesionalizar la actividad y asignarle los recursos que permita a sus actores desenvolverse como tales. Como en muchos otros temas, todos sabemos lo que ocurre, y aunque todos sabemos los cambios que hay que hacer, las fuerzas de la inercia, del statu quo, impiden la realización de tales cambios. Hace ya mucho tiempo que la actividad bomberil requiere una urgente cirugía mayor. Uno de nuestros orgullos nacionales es el ser el único país del mundo –al menos ese es el dato que dispongo- donde los bomberos son voluntarios. A pesar del desarrollo de nuestras ciudades, del avance tecnológico, de la envergadura que pueden asumir los incendios en la vida moderna y de los costos que ellos encierran, nuestros bomberos siguen siendo amateurs, no profesionales. Nuestros hombres del fuego son pobres de solemnidad y eso nos llena de orgullo y satisfacción. Cuando uno de ellos muere en pleno acto de arrojo por la mera satisfacción del deber cumplido, la patria le llora, le rinde pleitesía. Pero como con plata se compran huevos, para financiar sus actividades que demandan carros bomba, mangueras, escaleras cada vez más sofisticadas, periódicamente se deben realizar campañas de donaciones voluntarios y a las empresas se les piden aportes extraordinarios. La solución pasa por profesionalizar la actividad y asignarle los recursos que permita a sus actores desenvolverse como tales. Como en muchos otros temas, todos sabemos lo que ocurre, y aunque todos sabemos los cambios que hay que hacer, las fuerzas de la inercia, del statu quo, impiden la realización de tales cambios. Hace ya mucho tiempo que la actividad bomberil requiere una urgente cirugía mayor. Todos sabemos que los tiempos no están para bollos, pero así y todo, seguimos manteniéndonos enhiestos y orgullosos de nuestros cuerpos de bomberos voluntarios, aunque de cuando en cuando en sus cuerpos directivos asomen escándalos por malos manejos financieros, así como bomberos que se aprovechan de la ocasión tentándose con pertenencias ajenas.

octubre 20, 2006

Por un desarme total

A raíz de la reciente prueba nuclear efectuada por Corea del Norte se ha reactivado la amenaza nuclear. EEUU ha advertido que adoptará medidas en caso que se produzca una nueva prueba similar. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha aprobado una resolución que sanciona a Corea del Norte por la realización del ensayo nuclear subterráneo. Las fuerzas del “bien” procuran atajar a las fuerzas del “mal”. De esta forma se nos presenta la noticia.

En tiempos de la guerra fría, la amenaza de la guerra nuclear era pan de cada día. Tanto EEUU como la entonces Unión Soviética tenían la capacidad nuclear suficiente para destruir el mundo. Paradojalmente esa misma capacidad constituyó el disuasivo para que no ninguna de las dos potencias nucleares hiciera uso de ella. Con el derrumbe del imperio soviético a fines de los 80, se produjo una sensación de alivio al pasarse de un mundo bipolar a un mundo unipolar en el que no habría necesidad de recurrir a la amenaza nuclear.

Sin embargo la realidad ha resultado ser más fuerte. Desde entonces, si no antes, el imperio dominante –léase EEUU- no ha hecho sino alimentar la proliferación nuclear. Ella no se ha detenido, y a EEUU le cabe una cuota importante de responsabilidad, especialmente a sus traficantes de armas. El club nuclear ha sido alimentado en lo sustancial por los mismos estadounidenses que hoy ponen el grito en el cielo por el ensayo nuclear norcoreano.

La conducta de los países que poseen bombas nucleares es hipócrita y me hace recordar a aquel “niño” que teniendo un “juguete” no quiere que otro “niño” tenga un “juguete” similar, por lo que intenta quitárselo. Acá la única reacción decente y racional que cabe es el desarme total. Estamos hablando de “juguetes” con una capacidad de destrucción que excede nuestra imaginación.
Las investigaciones conducentes a la primera bomba atómica se iniciaron en 1942, siendo detonada la llamada bomba A en 1945 en el desierto de Nuevo México (Estados Unidos). El responsable de dicho proyecto, Julius Oppenheimer, años después se opuso a su desarrollo, lo que le valió la acusación de “pro-comunista”. Desde entonces se han efectuado innumerables pruebas, inicialmente a nivel de superficie, y posteriormente de carácter subterráneo. Las explosiones de Hiroshima y Nagasaki mostraron a la faz del mundo las consecuencias de un ataque nuclear sobre la población civil.

Desde entonces las pruebas nucleares han ido en aumento y más y más países realizan esfuerzos por incorporarse a este “selecto” club. Actualmente 8 países cuentan con bombas atómicas para hacer pedazos el mundo una y otra vez.

Insisto, si queremos ser serios y no ofender la razón, lo único que cabe es detener este irracional proceso de armamentismo nuclear e iniciar un proceso de desarme nuclear sin excepciones. Cualquier otra política no es más que música y no hace más que justificar la pretensión de más y más países por poseer “juguetes” nucleares. En definitiva: ¿por qué yo no puedo tener el juguete que tienes tú?

octubre 06, 2006

Al fin una mirada global a la educación

El Consejo Asesor Presidencial de Educación entregó recientemente su tan esperado informe de avance cuyo informe definitivo saldrá a fines de año. Recordemos que este consejo nació gatillado por las masivas protestas estudiantiles, que si bien partieron por temas operativos tales como los pases escolares y el precio de la PSU, terminaron por objetar la educación en su conjunto, desde la formación del profesorado hasta la ley orgánica constitucional de educación (LOCE), pasando por la jornada escolar completa (JEC), la gestión, la segmentación, el financiamiento y el estatuto docente, entre otros temas.

Los pingüinos pusieron sobre la mesa lo que estaba escondido bajo la alfombra: los problemas que enfrenta la educación en Chile. Hoy existe la posibilidad cierta de abordarlos en su conjunto, sistémicamente, por parte de todos los actores involucrados.

Si hacemos un repaso del enfoque con que estos temas eran enfrentados, veremos que primaba una visión reduccionista, parcial. Por ejemplo, la LOCE fue promulgada el 10 de marzo de 1990, esto es, un día antes que la Concertación asumiera la conducción del gobierno. No hay que ser muy avispado para asumir que ello no fue obra de la casualidad y que esta ley, junto con la municipalización educacional en 1981, ha condicionado todo el desarrollo de la educación hasta la fecha.

Desde entonces -en virtud de una correlación de fuerzas políticas condicionada por un sistema electoral binominal concebido como traje a la medida de la derecha-, lo que se ha hecho no son sino parches.

En lo sustantivo, la LOCE no ha sido tocada. El estatuto docente generado en los primeros años de la Concertación nació ante el cuadro de absoluta indefensión en que se encontraba el profesorado, pero no miró sus eventuales consecuencias. La JEC parece haber centrado la energía en la infraestructura física, obviando la habilitación de dicha infraestructura y el aprovechamiento de la mayor disponibilidad de tiempo. El mayor financiamiento que ha tenido la educación no ha logrado expresarse en mejores resultados educativos, olvidando la fuerte reducción del gasto público en educación en los tiempos aquellos.

La deficiente gestión educacional municipal, tan vapuleada y no sin razón, tiene su origen en que el traspaso de las escuelas y liceos realizado en 1981 desde el Ministerio de Educación a los municipios se realizó sin ser acompañado del correspondiente traspaso de atribuciones, recursos y capacidades. Qué otra cosa podíamos esperar entonces que no fuera la realidad educacional actual?

Lo mismo vale respecto de la gestión de los establecimientos, cuyos directores fueron designados por su afinidad con el régimen militar en carácter de inamovibles. Solo recientemente ha podido modificarse esta situación para que dichos cargos sean resueltos por concurso.
En fin, para qué seguir. Por ello creo que la labor que está realizando el consejo de educación es una oportunidad preciosa, tanto para encarar sistémicamente el problema educativo nacional, como porqué en él participan no solo los expertos, sino que todos los actores involucrados –profesores, apoderados, estudiantes, universidades, gobierno-.

octubre 02, 2006

Reciclables

Vivimos tiempos de vorágine, donde todo parece cambiar incesantemente. La vida útil de los bienes/servicios se está reduciendo progresivamente, salvo la de nuestras vidas, pero no la de nuestro período laboral. Me asombra constatar la frecuencia con la que renovamos nuestro vestuario, nuestros electrodomésticos, nuestros conocimientos, nuestros trabajos. En cuanto a los bienes y servicios, ya sea por la atosigante publicidad que nos invita a estar a la última moda, ya sea por la aparición de nuevos modelos de los mismos productos con nuevas y mayores capacidades. Me asombra constatar la volatilidad de los puestos de trabajo. Parecen acabarse aquellos tiempos en los que se ingresaba a una empresa y se jubilaba en ella. El nuevo paradigma es el de “andar a salto de mata”, cambiarse de un lugar a otro, con la correspondiente reducción del nivel de compromiso de la empresa con el trabajador, y de éste con la empresa. Quienes tienen las competencias y/o los pitutos más apetecibles del mercado son los que no pueden sustraerse a la seducción de niveles de remuneración más elevados en nuevos puestos de trabajo para satisfacer sus crecientes y sofisticadas necesidades. Ello aún a costa de mayores niveles de tensión, de deterioro de la vida familiar y de la convivencia social. Todo sea por “ascender”. Quienes no tienen las competencias más demandadas y/o los contactos requeridos corren serio riesgo de ver cercenada su permanencia en el mercado laboral. Surge entonces la necesidad de capacitarse, de renovarse, de multiplicarse, de recrearse, de reinventarse, de buscar nuevos horizontes, nuevas oportunidades. En efecto, lo que empezó como “algo lógico” en la evolución del mundo, está terminando por desestabilizar y precarizar nuestro trabajo. Bajo esta realidad, ¿cuántos de nosotros podemos creer que podremos llegar a la edad de jubilar “trabajando”? ¿no habrán otros más jóvenes, más actuales, capaces de ser más eficientes, más productivos? El progreso, la modernidad, los avances, la innovación, la globalización, la competitividad, como quiera que se definan, muestran estas características que se pueden resumir en el surgimiento de la persona de “usar y tirar” como de alguna manera lo anticipara Aldous Huxley en su “Un mundo feliz”. En este contexto, de aceptación acrítica, impotente y sin mayor reflexión de lo que ocurre en los tiempos que vivimos, como si todo fuera irremediable, lo que empezó como un camino de progreso liberador, se está volviendo en contra nuestra. En un mundo reciclable, donde es bicho raro aquel que se mantiene por años con el mismo trabajo, el mismo automóvil, viviendo en la misma casa y con la misma señora, no debiera extrañarnos que de la noche a la mañana nos quieran tirar a la basura, ni que se le haga el quite al compromiso, y a la responsabilidad consiguiente.

septiembre 26, 2006

La innovación tecnológica

En Chile se están desarrollando complejos procesos de modernización con impactos en los más diversos ámbitos –social, político, cultural y económico-. Ellos forman parte de un escenario mundial caracterizado por la globalización y la hegemonía del mercado. Tales fenómenos son causa y efecto de procesos de innovación tecnológica, con importantes consecuencias en la gestión de las empresas y en sus procesos de negocios.

Existe la convicción que para alcanzar niveles de desarrollo sustentable es imprescindible contar con una cultura innovadora para traspasar el umbral de país exportador de materias primas y productos sin mayor valor agregado. Para consolidar el esfuerzo exportador de las últimas décadas, los más diversos actores han expresado la necesidad de ingresar a una fase caracterizada por el mayor valor agregado de su oferta exportadora. Lo anterior implica vincular el desarrollo científico-tecnológico con el aparato productivo.

Un análisis histórico de las invenciones e innovaciones da cuenta de la existencia de ciclos de invenciones seguidas por períodos de innovaciones. De hecho un gran número de productos y servicios que hoy se demandan tienen origen en innovaciones del período post Segunda Guerra Mundial. El intervalo de tiempo desde que ocurren las invenciones hasta que se producen las innovaciones ha tendido a reducirse, revelando una aceleración entre el paso del laboratorio a la producción a escala comercial. A modo de ejemplo, la radio después de 40 años alcanzó un volumen de penetración en el mercado de 50 millones de hogares, mientras que la televisión en 13 años logró satisfacer un mercado de igual magnitud. Asimismo, Internet en tan sólo pocos años ha cubierto un mercado por sobre los cientos de millones de personas.

El motor de la innovación tecnológica no es otro que el pertinaz esfuerzo del ser humano por reducir el trabajo manual, mecánico y repetitivo, el cual está siendo sustituido por el intelectual que requiere de nuevas capacidades de orden cognitivo, procedimental e interpersonal.

Nuestra actividad productiva ha estado sustentada básicamente en la explotación de sus recursos naturales y en la disponibilidad de mano de obra de bajo costo. La globalización y la creciente competitividad no permiten basar el desarrollo del país en recursos naturales que tienen cada vez menor peso en los productos y servicios demandados por los mercados, ni tampoco en recursos humanos de baja calificación. Dada la alta correlación existente entre el nivel de desarrollo de un país con su capacidad de innovación tecnológica, como lo muestra la evidencia internacional, se desprende la necesidad de incrementar los esfuerzos que en materia de innovación tecnológica se puedan estar efectuando.

Si queremos dejar de patear piedras, debemos redoblar nuestros esfuerzos en materia de disponibilidad de recursos, de rendición de cuentas, de levantamiento de obstáculos, y de una férrea y persistente voluntad conducente al aprovechamiento de las oportunidades existentes.

agosto 31, 2006

Los sagrados incentivos

Ha saltado a la prensa el tema de eventuales sobornos e irregularidades en el fútbol nacional. Debo confesar que no me extraña, aún más, lo veo inevitable dado el contexto en que nos encontramos. Si bien hoy está centrado en el futbol, es un tema que trasciende al futbol recorre a todo el deporte, y no solo al deporte. Tiene que ver con el tipo de sistema en que estamos inmersos, con la escala de valores dominante. Por tanto, no debiera sorprendernos la corrupción que observamos en este ámbito, así como en muchos otros.

Ahora es el futbol el que está en el candelero por posibles incentivos a jugadores para que perdieran partidos involucrados en apuestas de juegos legales o ilegales ya sea en el país como en terceros países. Mas temprano que tarde el problema saldría a luz. Lo curioso es que quien puso el fosforito fue Miguel Namur, quien fuera alto dirigente de la actividad, se fue al ostracismo, para recientemente volver por sus fueros como dirigente en Santiago Morning. Además, empresario vinculado a casinos y dueño de terrenos dieron origen a la conocida toma de Peñalolén.

Cuando hago mención al contexto se me viene a la mente lo ocurrido en Brasil, donde los árbitros eran comprados. Si algunos creen que la solución es convertir a los equipos futbolísticos en sociedades anónimas que se transan en la bolsa de valores. Sin embargo, ni ellos se han librado.

Vivimos en un mundo que se orienta en base a incentivos, donde la tentación está a la vuelta de la esquina. En todas partes nos explican que las ineficiencias y los fracasos tienen su origen en la falta de incentivos o la no existencia de los incentivos correctos. Aquí está la madre del cordero. Cuando el valor del trabajo que realiza la gran mayoría de las personas vale hongo es fuerte la tentación por ganarse unos pesos adicionales para parar la olla. Ahí está el narcotráfico buscando corromper.

Pero también está el otro extremo, el de quienes no ganan poco, quienes están en la cúspide, en la cresta de la ola, embriagados por la competitividad, donde parece primar el “todo vale” para acceder a posiciones de vanguardia o con tal de mantenerse arriba. En el mundo de hoy, para ser campeón hay quienes creen que no solo se requiere esfuerzo, entrenamiento, persistencia, sino que también se hace necesaria una buena dosis de hormonas provistas por drogas. En el deporte tenemos múltiples ejemplos, pero también los tenemos más allá de ellos, en el mundo político, empresarial y laboral. Muchos máximos ejecutivos de empresas deben drogarse para sostener su tren de vida, al igual que muchos trabajadores con extenuantes jornadas laborales o sometidos a fuertes exigencias de cumplimiento de metas. En el mundo académico no han estado ausentes los casos de investigadores que simulan o manipulan experiencias para llegar a conclusiones que confirmen sus hipótesis.


En fin, para qué seguir. No nos movamos a engaño. En un mundo que se orienta por incentivos materiales, la realidad actual no debe sorprendernos. Algunos creen que el tema pasa por implementar un apropiado sistema de castigos que inhiba conductas reprobables. Desgraciadamente la propia lógica mercantil es la que encontrará los medios para vulnerar cualquier sistema de castigos que se quiera imponer. El problema es más profundo y pasa por modificar la esencia, el corazón del sistema en el que estamos envueltos y la lógica bajo la cual se toman las decisiones.

agosto 21, 2006

Pudor nacional

A los bolivianos no les bastó declarar monumento nacional a la modesta choza donde nació su actual presidente Evo Morales. Ahora estamparon su figura en una reciente producción de sellos bolivianos. Estos hechos me permiten poner sobre la mesa una característica nacional que parece escasear en otros confines, y que no quisiera que perdiésemos.

Un cierto pudor, recato o vergüenza nos impide incurrir en gestos, actos o actuaciones que en otras partes, para otras personas, no producen siquiera una arruga. Recientemente en Colombia, su presidente Uribe acaba de ser reelecto, autoreformándose la Constitución. Lo mismo hizo en su oportunidad Menem en Argentina y Chávez en Venezuela. A ninguno de ellos se les movió una ceja siquiera. Como si fuera de lo más natural del mundo promover medidas en las que ellos mismos están involucrados.

En Chile, ni siquiera a Lagos se le habría ocurrido promover su reelección, no obstante el amplísimo respaldo que gozó en las postrimerías de su gobierno. Ni a sus asesores del segundo piso de entonces se les pasó por la mente manejar esa alternativa. ¿Razones? Esta suerte de pudor nacional de la que en otros lares se carece.

En Chile, a quienes pretenden saltarse este sentido del recato por lo general les sale el tiro por la culata. El caso más reciente, hace ya casi 17 años, es el del innombrable, quien se quiso repetir el plato vía plebiscito para perderlo estrepitosamente corriendo solo.

En el caso boliviano resulta más chocante porque al ser consultados personeros de gobierno sobre el tema respondieron que los pilló de sorpresa, como si la empresa de correos del estado hubiese corrido con colores propios. Como si las guaguas las trajera la cigüeña en vez de ser el resultado del fortuito encuentro entre un espermio y un óvulo. Pretenden adobarlo con la cantinela que es un homenaje al primer presidente indígena. Para ello podrían haber puesto en escena a un indígena cualquiera. Es como si en Chile nos pusiésemos a emitir estampillas con la sonrisa de nuestra presidenta en homenaje a nuestra primera mujer presidenta., emisión que habría brotado del entusiasmo popular.

Por suerte, al menos hasta la fecha, no nos hemos prestado para estas farándulas. Ya llegará el momento para que nuestra Michelle tenga su estampilla como lo han tenido quienes han ocupado la primera magistratura.

Mientras tanto enorgullezcámonos que en medio de la ensalada de características negativas con las que nos azotamos diariamente, tengamos también alguna positiva y que no nos avergüence destacar.

junio 27, 2006

La educación en Chile

Siguiendo las sugerencias de algunos lectores, abordaremos el modelo educacional que aspira impulsar nuestro país. Para estos efectos debemos tener claridad respecto de la misión que le conferimos a la educación y los objetivos que perseguimos. Esto es, para qué educarnos. Teniendo claro para qué nos educamos, podemos entrar a la discusión en torno a qué debemos aprender.
El para qué educamos es crucial y nos demanda dibujar la persona que queremos sea la resultante de un proceso educativo que se prolonga por más de 10 años desde los primeros años de vida. ¿Qué clase de personas queremos? ¿Personas realistas o soñadoras? ¿Personas competitivas capaces de desenvolverse en una sociedad cuyo motor de desarrollo está guiado por decisiones individuales basadas en un egoísmo que se asume consustancial a la naturaleza humana? ¿O basadas en los incentivos monetarios?
¿Personas solidarias que no asumen el egoísmo como el motor del desarrollo de la sociedad y que confían en la cooperación antes que en la competencia? ¿Una educación que forme personas solidarias antes que competitivas? ¿Personas aptas para constituirse en mano de obra del aparato productivo? ¿O personas competentes para desenvolverse en el mundo que viene? ¿Personas capaces de creer en sí mismos, de confiar en sus capacidades para desenvolverse sin atropellar a terceros?
Estas, y muchas otras interrogantes tenemos que responderlas con franqueza para definir los cursos de acción a seguir. Y por encima de ellas, ¿debemos ponernos de acuerdo en un particular modelo educativo o lo dejamos a merced del mercado? ¿Por qué no dejamos que sea el propio mercado el que dibuje los distintos tipos de personas que queremos? ¿Por qué el Estado habrá de definir la base educativa restando libertad de acción a los establecimientos educativos? ¿En qué queda entonces la libertad de enseñanza? ¿Es necesario un modelo educativo en particular? ¿Porqué no hacer convivir una multiplicidad de modelos educativos guiados por el mercado, por las preferencias y bolsillos de los apoderados? ¿Es viable esta diversidad en un contexto tan desigual como el chileno?
El grado de inequidad en nuestra sociedad es tal que al proceso educativo le endosamos la tremenda responsabilidad de procurar igualar lo desigual, y más encima, con escasos recursos públicos.
¿Una educación que asuma la realidad como tal, inmodificable? ¿O una educación que asuma la posibilidad de cambiar la realidad? ¿De poner en jaque lo que se estima inamovible? ¿Una educación de cualquier calidad, la que vendrá dada por el propio mercado? Si el mercado pide una educación de mala calidad ¿Porqué impedirlo? ¿Es pertinente entregar una educación de cualquier calidad? De no ser así ¿Cuál es el piso de una educación para que sea de calidad?
Es cierto que tenemos que revisar o repensar el estatuto docente, la LOCE, la municipalización, la formación de los profesores, los programas de estudio, el rol de las familias, la promoción automática, la inflación de notas, la jornada escolar completa, la falta de transparencia de información existente, los recursos educativos con los que se trabaja, la dedicación al estudio por parte de los alumnos, pero si no resolvemos el tema de los objetivos que perseguimos, solo seguiremos estar dándonos vueltas de carnero hasta una próxima crisis.
Teniendo claros los objetivos que perseguimos en el sector escolar podemos entrar a determinar qué medidas adoptar. Pero antes es importante distinguir el sistema escolar del educativo. Este último está constituido por varios subsistemas, de los cuales el escolar es uno de ellos. Otros componentes importantes son el familiar-social y los medios de comunicación. Con ello estamos afirmando que en nuestra formación inciden tanto lo que aprendemos en nuestras escuelas, como en nuestros hogares y barrios, como de los medios de comunicación, sean estos escritos o audiovisuales. Esta precisión en necesaria para no endosar toda la responsabilidad en la educación que se imparte en los establecimientos escolares. Parte significativa del deterioro, o estancamiento, en el nivel educacional del país se explicaría porque muchos padres y apoderados no participan activamente en el proceso educativo de sus hijos. Razones hay muchas, y en otras ocasiones he incursionado en ellas. Basta recordar las extenuantes jornadas laborales de muchos padres, la crisis familiar, la incomunicación, el estrés, etc.
Creo que es posible la coexistencia de objetivos comunes, con objetivos particulares. Esto es, disponer de un conjunto mínimo de objetivos obligatorios para todo el sistema escolar que sea realmente mínimo, que deje espacio para que cada establecimiento pueda plantearse sus propios objetivos. Los objetivos obligatorios deben apuntar a cuestiones centrales para desenvolverse en el mundo de hoy, ya sea como trabajador o como ciudadano. Hoy, quien no tenga capacidad para pensar, reflexionar, analizar, sintetizar, concluir, evaluar, decidir o comunicar, está perdido. Quizá siempre fue necesario tener estas capacidades, pero hoy es un imperativo mayúsculo si no queremos quedar al margen de la historia. Quizá lo que sostenga sea obvio, pero no por ello dejaré de mencionarlo porque me consta que no se cumple hoy: a las universidades están ingresando muchos que no comprenden lo que leen ni se saben las operaciones aritméticas básicas.
A la luz de lo descrito, podemos fijarnos los siguientes objetivos:
a) sumar, restar, dividir y multiplicar en un dos por tres sin el apoyo de calculadoras y de memoria números de hasta dos dígitos;
b) hablar y escribir correctamente en al menos un idioma;
c) leer y comprender lo que se lee en al menos un idioma;
d) comprender y analizar la evolución del hombre y su relación con la naturaleza; y
e) conocer y explicar el comportamiento de los fenómenos naturales.
Si logramos que quienes egresen de la enseñanza media tengan estas capacidades mínimas habremos dado un gran salto en relación a la realidad actual. Sin estos logros ningún alumno debería certificarse como egresado.
Estos objetivos son realmente mínimos, y dejan espacio para otros objetivos específicos vinculados a cada establecimiento. Estos objetivos específicos pueden estar vinculados a aspectos artísticos, deportivos, técnicos y otros en función del proyecto de cada establecimiento y de la región en que se inserta.
Con una propuesta de esta naturaleza lograríamos conciliar la necesidad de tener un común denominador que nos identifique, con la aspiración de disponer de espacios de libertad para implementar proyectos propios de cada establecimiento.
Ya dijimos que en la sociedad actual, tanto para sobrevivir, como para darle un sentido, así como una trascendencia a nuestra existencia, es un imperativo que al término de nuestro período escolar –básica y media- debemos tener la capacidad para reflexionar, analizar, sintetizar, extraer conclusiones, decidir, comunicar, interrelacionarnos con otros, respetarnos y dialogar en la vida diaria. No solo necesitamos personas capaces de adaptarse a una realidad, sino que de de influir en ella para transformarla. Con esta base podemos soñar con un futuro esplendor. Pero este objetivo tan genérico debemos especificarlos en objetivos que sean medibles, susceptibles de ser evaluados, porque en caso contrario se convierten en papel mojado.
Por ello planteé los objetivos en términos que a muchos puede haber sorprendido. Por ejemplo, uno de ellos es el de sumar, restar, dividir y multiplicar en un dos por tres sin el apoyo de calculadoras y de memoria números de hasta dos dígitos. En la actualidad da pena ver cómo son pocos los que saben realizar las operaciones aritméticas básicas sin el apoyo de calculadoras. Esta capacidad es esencial en el mundo actual por cuanto es la base para desarrollar un pensamiento analítico-lógico y mantener en activo las conexiones neuronales que conforman nuestro cerebro. Por otra parte nos ayuda a desenvolvernos en la vida diaria. Tenemos que ser capaces de calcular sobre la marcha la tasa de interés que nos están aplicando cuando hacemos un depósito, solicitamos un préstamo o efectuamos una compra al crédito.
Otro objetivo planteado es el de hablar y escribir correctamente al menos un idioma. Este objetivo es esencial para comunicarnos, entendernos y dialogar. Y en medio de la globalización limitarnos al español es imponernos un techo muy bajo, es auto limitar nuestras propias potencialidades. Pero para estos efectos al menos debemos manejarnos con el español. Con un vocabulario que vaya más allá de unas pocas palabras. Pero más allá de leer, se debe comprender lo que se lee si queremos ser capaces de discernir de modo de no tragarnos cualquier cuento. Por ejemplo, los envases de muchos productos vienen con información respecto de su composición y sus posibles efectos colaterales. Por momentos muchos ni leen las advertencias y menos los que las entienden, con las consiguientes consecuencias en nuestra salud.
También se incluyó como objetivo comprender y analizar la evolución del hombre y su relación con la naturaleza. Se trata de incursionar en nuestros orígenes, en las corrientes históricas, políticas, militares, económicas, artísticas que ayuden a entender y objetar la sociedad en la que nos toca vivir. Nos ayuda a tener una postura, a pararnos ante la vida cuando sabemos de dónde venimos para saber dónde estamos y para dónde vamos.
Y por último, pero no por ello menos importante, se sostuvo la necesidad de conocer y explicar el comportamiento de los fenómenos naturales. En un mundo altamente tecnologizado, más que nunca se hace necesario comprender toda la cadena que parte desde el desentrañamiento de los misterios que encierran los fenómenos naturales que nos rodean. Despertar y satisfacer la curiosidad de porqué ocurre lo que ocurre. Porqué tiembla, porqué se mueven las nubes, porqué los objetos se caen desde una cierta altura. Quien no sabe porqué ocurren las cosas, difícilmente podrá superar las limitaciones o problemas que la vida nos pone por delante. La resolución de un problema exige necesariamente identificarlo y conocer su causa. Y el gusto por la ciencia se debe cultivar desde temprana edad. Son los niños los que se preguntan porqué la luna no se cae. Satisfacer esa inquietud es una obligación de nuestro sistema escolar.
Habiendo bosquejado los objetivos que debía fijarse el sistema escolar chileno, podemos entrar a analizar qué debemos hacer para alcanzarlos. Y en este análisis no podemos sustraernos de la realidad escolar que tenemos. Contrastando esta “realidad” con lo que aspiramos alcanzar, nos obliga a reflexionar en todos los factores que de alguna manera se relacionan entre sí.
Tenemos que repensar la ley orgánica constitucional de enseñanza (LOCE) que es la que fija el marco en el que se desenvuelve el sistema escolar. Habiéndose promulgado el 10 de marzo de 1990, un día antes que Pinochet entregara el mando del gobierno, carece de toda legitimidad y privilegia en forma desmedida la libertad para crear establecimientos educacionales sin restricción alguna, Creo que instalarse con una panadería tiene más restricciones que abrir una escuela.
Tenemos que repensar la municipalización de la educación. A más de 25 años de su imposición en 1981, amerita a lo menos una reflexión acerca de sus consecuencias. Si bien representó un paso descentralizador que es preciso rescatar, fue hecho entre gallos y medianoches con el objetivo de destruir el poder del profesorado antes que de mejorar la calidad de la educación. No ha operado efectivamente la doble dependencia de los establecimientos: de los municipios en lo administrativo, y del MINEDUC en lo educacional propiamente tal. Por otra parte, las nuevas atribuciones que se les asignaron a los municipios fueron hechas sin la correspondiente asignación de los recursos y las capacidades para ejercerlas.
Tenemos que repensar el estatuto docente. Nació en 1991, en un contexto muy distinto al actual. Luego de años de inestabilidad, de una dependencia laboral sujeta a la voluntad de los alcaldes nombrados por Pinochet, una vez que el país se desembarazó de éste, los profesores solo buscaban asegurar su puesto de trabajo. A más de 15 años del estatuto docente, la temática que atraviesa al sector educacional ya no es la estabilidad laboral de los profesores, sino que la disponibilidad de una educación de calidad. Esta nueva realidad amerita su discusión.
Tenemos que repensar la jornada escolar completa (JEC). No basta con más horas de permanencia de los alumnos en el establecimiento. Hay que darle contenido a esas horas adicionales. Se trata de aprovechar para elevar el aprendizaje y realizar actividades que motiven. La JEC no se instituyó para latearse, ni para hacer más de lo mismo. Es necesario desarrollar actividades en el ámbito de la cultura, el arte, los deportes, a elección de los propios alumnos de modo que se sientan atraídos a ellas.
Es necesario revisar la formación de los profesores, las exigencias de ingreso y egreso, el proceso de formación propiamente tal, sus planes de estudio. El mundo ha cambiado, los niños de hoy no son los mismos de ayer, las nuevas tecnologías abren la puerta a nuevas metodologías de enseñanza-aprendizaje y a nuevos contenidos.
Es necesario revisar el rol que jugamos las familias en la educación. Por momentos da la sensación que depositamos toda la responsabilidad de la formación de nuestros hijos en las escuelas, en los profesores. Ello no es posible ni justo. Es cierto que las jornadas extenuantes y las tensiones del mundo moderno dificultan nuestra tarea como padres, pero no podemos obviar que con todo, el destino de nuestros hijos depende en lo sustancial de nosotros, de nuestras decisiones, de nuestra presencia, de nuestros afectos.
Es necesario crear hábitos de estudio. A medida que dejamos pasar el tiempo, más difícil será inculcar el hábito de estudio. El esfuerzo que padres y profesores realicen a más temprana edad de los niños, es el esfuerzo y malos ratos que se evitarán a futuro. Lo mismo vale en relación al comportamiento, la disciplina y el orden. En ambientes donde prima el relajo, el “laissez faire” en pleno período de formación de nuestros hijos, solo conduce a su desorientación.
Es necesario repensar la evaluación que efectúan los profesores a sus alumnos. La promoción automática, sin aprendizaje es un engaño que no contribuye a nada. La aprobación sin exigencias es sinónimo de éxito sin esfuerzo. En estas circunstancias el éxito no es tal, es efímero y tiene pies de barro. Más temprano que tarde se derrumba. El verdadero éxito está precedido de múltiples fracasos. Se aprende más de los fracasos que de los éxitos.
Es necesario revisar la información que se entrega al mercado para que los padres, apoderados, profesores, directores de escuela y alumnos tomen las mejores decisiones. En estos tiempos no hay excusa para que no se disponga de toda la información necesaria. Ese es un rol que el Ministerio de Educación debe cumplir a cabalidad entregando indicadores de entrada, recursos, procesos, contexto, y de rendimiento a todos los actores. Este rol debe ir de la mano con los medios de comunicación y de los padres y apoderados, quienes deben “empoderarse”, asumiendo la responsabilidad de lo que ocurre participando activamente, elevando sus exigencias, no solo a los profesores, directores de escuelas, sino que a sí mismos y a sus hijos.
Por último debemos repasar el tema de los recursos públicos que se destinan al sector, cotejándolo con lo que ocurre en otras latitudes y en otros sectores. Con ello espero dar una pincelada que explique su desmedrada posición y la cuesta que se debe remontar si es que se quiere abordar en serio la calidad en educación. En su momento sostuve que es una aberración comparar la educación pública con la privada en tanto el gasto privado por alumno sea 3, 4 y hasta sobre 5 veces el gasto público por alumno.
En esta ocasión, lo que haremos es cotejar el gasto público en Chile con el de Holanda. Mientras acá el gasto público por alumno es del orden de 600 dólares anuales, en Holanda es de 7200 dólares por alumno, esto es, doce veces más. Considerando el ingreso per cápita de ambos países, que en Holanda es 6 veces mayor que en Chile, tendremos que al menos el gasto público en educación en Holanda es del doble que en Chile.
Si hacemos un parangón con otro sector, la educación sale peor parada. Aprovechando los datos que se han publicado recientemente en torno a la delincuencia, ahora se sabe que el gasto anual público por preso es del orden de $3 millones. No es necesario ser matemático para percatarse que el Estado destina 10 veces más recursos para financiar la permanencia en la cárcel de un reo que los que destina a financiar la educación de un escolar.
Y eso que quien está preso no está en una jaula de oro, sino que en condiciones de insalubridad y hacinamiento. Y cuando las cárceles se concesionen a privados, el costo por mensual por preso subirá de los $250,000 actuales a sobre $400,000.
Y eso que en las cárceles no están todos los que quizás debieran estar presos. Si lo estuvieran quizá cuántos más recursos debieran destinarse, y si no existieren más recursos, cuánto más empeorarían las condiciones en que se encuentran los presos.
Y si la comparación la hacemos con el sueldo mínimo, del orden de los $120,000, no podemos sino terminar de convencernos que el mundo está al revés. Mantener un preso cuesta más del doble que el sueldo mínimo.
Frente a estas cifras, que ojalá alguien me las desmintiera, no queda sino poner en jaque la actual distribución presupuestaria sectorial, que no es otra cosa que un reflejo de las preferencias políticas imperantes, tanto a nivel de gobierno como del parlamento. Este es el meollo del problema en torno al cual invito a reflexionar.

junio 16, 2006

El mercado en la educación

En columnas anteriores he buscado explicar lo injusto que es cotejar los resultados de la educación pública con la privada cuando esta última opera con 4 veces más recursos que la primera, y más encima, cuando su “cliente”, el alumno, viene de una cuna de oro en circunstancias que la educación pública debe atender a quienes vienen de cunas de paja. Sé que el tema no se agota en el tema financiero, pero no es razonable omitirlo.

Los apologistas de la educación privada, de los rankings por resultados y de la eficiencia, claman por más mercado y menos Estado, en contraste con quienes sustentan la necesidad de más Estado y menos mercado. Debo confesar que no me alineo con ninguna de las dos partes. Valoro tanto al mercado como al Estado, cuando funcionan bien, no así cuando operan mal. Todos sabemos que existen fallos de mercado y fallos de Estado. Por ello, mi postura es más y mejor mercado, junto con más y mejor Estado. Esto último es indispensable si queremos que efectivamente se desea que el mercado opere como la afirman sus apologistas. Para que la “mano” que guía el comportamiento mercantil sea efectivamente “invisible”, deben ser millones los actores que participan en tal mercado, sin que uno o unos pocos de ellos adquieran posiciones dominantes, y si estos existen, deben tener al frente un Estado profesional, incorruptible, que no se deje comprar, con capacidad para corregir las distorsiones propias de un mercado caracterizado por el imperio de la desigualdad extrema. Sí, porque sin perjuicio que somos 15 millones los que habitamos este país, el mercado propiamente tal está constituido por unos pocos, los que tienen dinero como dirían Los Prisioneros. El resto no son sino gatos frente a la carnicería.

Un mercado que sea competitivo de verdad, no solo en el papel, en el que ningún actor o conjunto de actores, sea capaz de imponer sus condiciones; un mercado en el que exista transparencia de información confiable; un mercado constituido por empresas capaces de asumir la responsabilidad social que tienen ante la sociedad; un mercado al que concurren personas con capacidad económica y capacidad para discernir a fin de que sus decisiones tengan una base racional.

Con el nivel de desigualdad imperante en nuestro país el mercado no funciona, o está funcionando de manera tal que agudiza las desigualdades y lo que es peor, está desintegrando en vez de integrar. En las actuales condiciones, quienes propugnan más mercado y menos Estado nos conducen a la desintegración total. A nivel educacional, lo que está ocurriendo con la educación pública y privada que tenemos, apunta en la misma dirección. Con un Estado ausente, consecuencia de la LOCE, que permite crear establecimientos educacionales particulares como si de un negocio cualquiera se tratara, sin mayores regulaciones y con establecimientos a cargo de municipios cuyo giro no tiene nada que ver con la educación, que nunca han asumido su responsabilidad en ese terreno, y más encima sin recursos. Así difícilmente tendremos personas bien educadas.

Hecha esta introducción, en algunas de mis columnas siguientes espero abocarme al tema de la calidad en la educación desde mi particular visión.

junio 15, 2006

Con plata se compran huevos

Es una quimera pretender abordar el tema de la calidad de la ecuación sin considerar que ella está afectada por la disponibilidad de recursos financieros. Si se aspira cotejar la educación pública con la privada no es posible omitir la cruda realidad actual donde el gasto público por alumno es del orden de los $ 30,000 mensuales, la cuarta parte de lo que en promedio perciben mensualmente los colegios privados por cada alumno matriculado. Mientras no se corrija esta distorsión, agravada por el déficit en el capital social-cultural que arrastran quienes se matriculan en establecimientos educacionales con financiamiento público, las comparaciones y rankings que se elaboren carecen de validez alguna.

Mientras como país no estemos disponibles para el tremendo esfuerzo que demanda la educación, las medidas que se adopten a nivel metodológico, en los estilos de dirección en los establecimientos educacionales, y/o en la formación del profesorado tendrán efectos puntuales, marginales, no sustantivos. Por tanto, lo primero es lo primero: asignar los recursos que hagan posible este salto. A partir de ahí podemos exigir calidad en educación y pensar en exigencias de desempeño y resultados.

Lo que la movilización pingüina ha puesto de manifiesto es que no ha existido la suficiente voluntad política para tomar una decisión de envergadura. Esta decisión necesariamente implica no solo optimizar el uso de los dineros públicos en el ámbito educacional, sino que además demanda una reasignación desde algún otro sector de la vida nacional. Es entonces cuando la mirada suele posarse en los gastos en defensa cuyo peso en el presupuesto nacional no es menor, peso que si bien históricamente ha sido significativo, se afianzó bajo la dictadura sin que desde entonces fuese posible reducirla.

A más de 15 años de promulgada la LOCE y a más de 25 años de la municipalización de la educación, los nietos de la dictadura –los que no la conocieron, pero que están sufriendo las consecuencias- están cuestionando las bases de un modelo educacional impuesto, que nunca fue consensuado y que se ha perpetuado en virtud de un binominalismo que ha congelado no solo a la clase política, sino que a la sociedad entera. Los que se han liberado de caer en la trampa, han sido minorías marginales. Nuestros pingüinos han destapado la olla. Los gobiernos democráticos de la concertación no han tenido la capacidad, la fuerza, ni voluntad suficiente para hacerlo. Todos estos años hemos andado pisando huevos, buscando no “tocar el modelito” para no herir “susceptibilidades”, afectar el “clima”. 

Los pingüinos de hoy, libres de los miedos que nos han acosado, están logrando lo que veíamos como imposible: rebelarse ante un modelo educativo mercantilizado que no sentimos nuestro porque segrega en vez de unir. Tanto la clase política, como la empresarial, y las élites en general, no previeron que se estaba incubando un movimiento telúrico de proporciones que invita a reflexionar acera de las medidas y decisiones a adoptar, difíciles, pero necesarias.

junio 01, 2006

La revolución de los pingüinos

Sorpresivamente, los estudiantes secundarios han copado la escena, tanto por la fuerza de sus movilizaciones como por la envergadura de sus planteamientos. Partió con la solicitud de gratuidad del pase escolar y de la PSU y va por la demanda de un nuevo modelo educacional. Con ello está removiendo los cimientos de una visión de la educación basada en la activa promoción del financiamiento privado y el retraimiento del financiamiento público. Una visión inaugurada en 1981 con la municipalización de la educación, consolidada y consagrada con la ley orgánica constitucional de la educación (LOCE) que se promulgara el 10 de marzo de 1990, justo el día antes que Pinochet entregara la Presidencia del Gobierno, pero conservando la comandancia en jefe del Ejército.

Desde siempre la educación se ha concebido como un medio de ascenso económico, social, cultural. La relevancia que se le dio desde la primera mitad del siglo pasado se revela con el sello que le dio el gobierno de Pedro Aguirre Cerda en los años 30 del siglo pasado: “Gobernar es educar”. Desde entonces los esfuerzos estuvieron orientados a la cobertura, de modo que la educación estuviese al alcance de todos como una de las formas más efectivas de salir de la pobreza. Es así como se instauró la obligatoriedad de la educación básica y que se ha ido extendiendo hacia la educación media.
Sin embargo, en la actualidad, al menos bajo los niveles y con las características que tiene el sector, en vez de contribuir a reducir las desigualdades, las petrifica o agudiza. En la práctica no podría ser de otro modo bajo un modelo educativo basado en el mercado. No obstante que en los últimos 15 años el Estado ha más que triplicado la cantidad de recursos destinados a la educación básica y media, a pesar de este esfuerzo, el gasto público por alumno es cuatro veces menor que el gasto privado por alumno. En síntesis, el esfuerzo del Estado en educación sigue siendo insuficiente.

Desgraciadamente cuando se habla de la mala calidad de la educación pública se omite esta realidad y la crítica -particularmente la proveniente desde la derecha-, se centra en la eficiencia del gasto público en esta materia. Esta misma crítica olvida el desmantelamiento del sector educacional bajo la dictadura y que la Concertación ha procurado revertir.

Hay que decirlo con todas sus letras: mientras el quintil más pobre reciba una educación cuya subvención que sea la cuarta parte del promedio del arancel que pagan los apoderados del quintil más rico, las desigualdades actuales están condenadas a agudizarse.
Bajo este contexto, solo el día que la subvención por alumno sea al menos el doble que el gasto de los privados, solo entonces puede pensarse en comparación de resultados SIMCE, puntajes PSU o cualquier otro indicador. En las actuales condiciones pretender cotejar el desempeño de los distintos establecimientos llega a ser obsceno.
Mientras tanto: ¿con qué ropa podemos comparar establecimientos que atienden a los sectores más vulnerables disponiendo por cada alumno tan solo de la cuarta parte de los que cuenta un establecimiento particular pagado?

mayo 31, 2006

Trabajos mal hechos

La reciente caída de un bus, a la altura de San Fernando, con la secuela de muertes, reactivó un tema que no deja de preocuparme. Al momento de escribir estas líneas, se desconocen las causas del accidente. Sin embargo, se me ponen los pelos de punta ante la mera posibilidad que el chofer se quedara dormido por exceso de horas de conducción, o que no se hiciera el cambio de chofer al momento que se debía por un eventual estado de intemperancia del chofer alternativo, o que las barandas de protección no estuvieran a la altura ni tuvieran las características debidas.

Lo ocurrido me recordó lo ocurrido con las casas COPEVA o nylon de años atrás, que no obstante haber estado recién entregadas, se mojaban enteras, forzando a sus habitantes a desalojarlas. Me recordó los famosos hoyos callejeros que en su oportunidad dieron motivo a escándalo, así como actualmente lo hace la calle principal de la capital del reino, que fuera repavimentada hace dos años atrás para que durara por 20 años, y que ya muestra signos de agotamiento.

O el ejercicio militar en Antuco de hace ya un año atrás, donde irresponsablemente se llevó a la muerte en condiciones inhumanas a un contingente de jóvenes conscriptos. También me recuerda la construcción del puente Loncomilla que se vino abajo. Los sucesivos accidentes que experimentó ferrocarriles en un tramo sureño que había sido inaugurado recientemente con bombos y platillos.

O las dificultades y el retraso en la implementación del plan transantiago; o el fracaso del plan de descontaminación ambiental en Santiago; o el dolor de los familiares por la errónea identificación de las víctimas del patio 29.

O las leyes que una vez promulgadas se descubre que tienen fallas que deben ser reparadas; o el nuevo edificio consistorial de la comuna de Maipú que tuvo que ser desalojado por el riesgo de derrumbe ante cualquier temblor y que incluiría un piso por sobre el estipulado en el plano respectivo.

En fin, para qué seguir. En todos estos casos siento que el común denominador es que se trata de “trabajos mal hechos”. Ellos ponen en jaque nuestras posibilidades de despegar del tercer mundo, del subdesarrollo. Cuando creemos estar con un pie en el primer mundo, o ascendiendo hacia el mundo desarrollado, esta realidad nos parece recordar que pertenecemos al tercer mundo. Que tenemos serios problemas no resueltos, más allá del espejismo de la modernidad, de las tarjetas de plástico, de las catedrales del consumo (malles).

En efecto, subsisten bajas exigencias, vistas gordas, estándares inapropiados, ausencia de rigor, ámbitos que conciernen tanto al mundo privado como público. Lamentablemente, todavía nos queda un largo camino que recorrer.
Qué hacer con el alto precio del cobre?

Por estos meses el precio del cobre se ha disparado bordeando los 4 dólares la libra cuando no hace mucho andaba alrededor de un dólar. No conozco a nadie que haya previsto este escenario impensado. Tampoco nadie sabe cuánto tiempo va a durar.

Gran parte del debate político-económico actual está cruzado por qué hacer frente a esta favorable situación, y evitar que lo que debiera ser una bendición, no se nos transforme en una maldición. Esto es, “perdamos la micro” como ya nos ocurrió en siglos pasados.

Han surgido las más disímiles propuestas destinadas a utilizar estos recursos extraordinarios. Ellas van desde incrementar el gasto social, construir plantas generadoras de energía, formar profesionales del más alto nivel en prestigiosas universidades extranjeras, invertir en fondos en el exterior, hasta crear un fondo para financiar las pensiones mínimas.

El tema es de suyo complejo porque exige meridiana claridad respecto de lo que queremos. La coyuntura ante la cual estamos como país podemos asimilarla a la que tendría una familia modesta cuyos ingresos mensuales bordeen los 300 mil pesos mensuales que de la noche a la mañana ve multiplicados sus ingresos hasta superar el millón de pesos. Ello sin saber por cuánto tiempo los va a seguir recibiendo, no vaya a ser que más temprano que tarde vuelva a recibir las 300 lucas mensuales.

¿Qué debería hacer esta familia? ¿aprovechar de ponerse al día? ¿pagar la deuda que tiene? ¿resolver sus problemas de salud muchas veces pospuestos? ¿enviar a sus hijos a otra escuela? ¿crear la empresa soñada? ¿ahorrar? ¿comprarse una casa o un auto?

Esta familia tiene ante sí un amplio abanico de alternativas a escoger, no necesariamente excluyentes, cada una con sus ventajas y desventajas. La alternativa a elegir vendrá dada por los objetivos que persiga la familia. Por ello es clave tener claridad respecto de los objetivos perseguidos. Como le aconsejaran en su momento a un conocido, cuando había perdido la brújula: “no olvides tener claros tus objetivos”.

Al igual que en el caso de la familia, en el país lo más probable que en definitiva se termine por escoger una mezcla de alternativas resultante de una negociación de intereses, lo que no necesariamente es bueno o malo per se. Lo importante es que lo que se resuelva esté alineado con lo que queremos como país, con los objetivos que nos hemos trazado. ¿Y cuáles son éstos?

mayo 23, 2006

Elecciones por doquier

Por estas semanas se han estado dando procesos eleccionarios en las más diversas instancias, tanto a nivel nacional como internacional. Lo interesante es que ellas se dan en contextos complejos sin que por ello la institucionalidad se vea amenazada, por más precaria que esta sea.

A nivel internacional, las elecciones de Evo y Michelle marcaron sendos hitos que asombran al mundo entero. En un caso, se trata del primer indígena que accede a la presidencia boliviana; en el otro, donde una mujer asume el mando presidencial, poniendo en jaque la primacía masculina. Hoy, Evo implementa la nacionalización de hidrocarburos, con un sólido respaldo interno, desafiando los intereses económico-financieros internacionales. El tiempo dirá la última palabra respecto de la factibilidad de tal decisión y si ella contribuye a la solución de los graves problemas que aquejan a la república altiplánica.

Ya tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Perú, sin que se resolviera en la primera vuelta. Tanto la elección de Evo en Bolivia, como la presencia de Ollanta Humala y Alán García para la segunda vuelta en Perú, deberían llevar a la reflexión respecto de las consecuencias de las políticas económicas llevadas a cabo por sus antecesores, marcadas en lo sustancial por la privatización, la corrupción, y la desvalorización de la función estatal.

Dentro de nuestro país, los más importantes partidos políticos están enfrentando procesos eleccionarios fuertemente competitivos, donde cuesta encontrar las diferencias entre las diferentes candidaturas, más allá de estilos personales o luchas por el poder. En la DC el tema parecía circunscrito, a un gallito entre Soledad y Adolfo, al igual que en el PPD, entre Sergio y Fernando, porque en términos de propuestas no se ven diferencias sustantivas. En el PS la elección era entre algo más que dos personas, porque ellas reflejaron distintas tendencias históricas, visiones de la sociedad y de relacionamiento con el gobierno. Lo mismo observo en la elección que tendrá lugar en RN, donde las posturas de Carlos Larraín y Pedro Sabat están claramente marcadas por el conservadurismo de uno y el liberalismo del segundo. Hasta la fecha, la UDI se ha resistido a entrar en esta dinámica.

Con todas las chispas y cortocircuitos que estos procesos de democratización conllevan en todas las organizaciones en que ellas tienen lugar, sumando y restando, las consecuencias son positivas. En este sentido resulta anacrónico que partidos predicadores de ideales democráticos, hayan tenido tantas dificultades para enfrentar la competencia en su seno, privilegiando la búsqueda de consensos. Lo importante es que una vez concluidas las elecciones, las eventuales heridas se cierren. Mal que mal, estamos todos en un mismo barco, el que todos queremos que llegue a buen puerto.
Desde Contulmo

En semana santa estuvimos en el lago Lanalhue, a unos 180 km al sur de Concepción. Llegamos sin mayores expectativas, solo con el deseo de pasar unos días tranquilos, lejos del mundanal ruido. Tuvimos la fortuna de llegar a un lugar paradisíaco, y más encima con días esplendorosos. Pero lo mejor estaba por venir.

En el hotel donde alojamos se nos invitó a un concierto en Contulmo, pueblo de no más de 5000 habitantes localizado en la parte sur del lago, cuyas características son no habituales: calles amplias, ordenadas, limpias; los letreros de sus casas comerciales son de madera artísticamente talladas, con gran cantidad de casas patrimoniales que dan cuenta de su origen en base a una fuerte influencia de la colonización alemana. También está dentro de las 50 comunas más pobres del país con las consecuencias pertinentes, entre las que destaca el alcoholismo.

En este contexto, en el teatro de Contulmo nos aprestamos para ver y escuchar a una orquesta infantil conformada por 30 niños bajo la batuta de su entusiasta y activa directora. El auditorio estaba lleno, silencioso, embobado escuchando los sonidos que fluían de los más diversos instrumentos musicales al compás de los movimientos de los niños.

Recordé Macondo pues lo que escuchaba y veía me parecía macondiano, surrealista, más propio del absurdo. Se trata de una de las mejores orquestas estudiantiles a nivel nacional, donde no existe conservatorio ni escuela tradicional de música. Me sentí en presencia de una suerte de milagro, algo que invita a levantar la mirada, la esperanza, que tenemos remedio, que es posible salir adelante hasta en las peores condiciones, desde las situaciones más adversas.

Estos niños, aparentemente condenados a un futuro sin destino, a un vacío existencial, son una palpable demostración de la capacidad que tiene todo ser humano para revertir, torcer el camino que aparentemente tiene por delante. En este caso, a través de la música, así como también pueden serlo el deporte, la pintura y la lectura, entre otras actividades.

Pero para que ello ocurra, es imprescindible voluntades y manos dispuestas a apoyar, a ir más allá de su metro cuadrado, de sus intereses inmediatos. En este caso, profesores –sí, profesores, los que hoy muchas veces son vilipendiados- para quienes sus alumnos son sus hijos. Profesores a quienes les gusta trabajar con los niños, que quieren verlos salir adelante, que son capaces de viajar periódicamente decenas de kilómetros.

Esta iniciativa nació en 1994 a partir de los retiros musicales que tenían lugar por estos parajes de la mano de un matrimonio de profesores que querían desarrollar la cultura y el arte allí donde estuvieran y por sugerencia de quien tenía a su cargo la orquesta infantil del conservatorio de la Universidad Austral de Valdivia –hoy SEREMI de Cultura de la 10ª región-. Sin embargo, recién en 1999 logró materializarse con el respaldo de la comunidad y sus autoridades.
Su éxito ha sido tal que han logrado consolidar anualmente las semanas musicales de Contulmo, y han sido invitados a lo largo del país e internacionalmente.

abril 17, 2006

Elecciones en las universidades (parte 3)

La semana anterior hice alusión a los desafíos que enfrenta la universidad pública chilena en un contexto de privatización, al igual que en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Proceso que se da en un marco de acoso a lo público y a la intervención estatal.
La universidad pública más que un servicio hacia la ciudadanía, bajo el discurso dominante, se considera como un instrumento destinado a producir profesionales que rentabilicen la acumulación económica. Por ello, en el grueso del discurso universitario tiende a aparecer la rentabilidad económica como elemento discriminador de la puesta en marcha de cualquier iniciativa. Se tiene entonces la paradoja que al interior de la universidad pública las decisiones se basan en la rentabilidad privada, tanto de parte de sus grupos académicos internos, como de los usuarios finales (alumnos, empresas) o “clientes” de sus servicios. Tal es la situación que la universidad pública, surgida al amparo de los "fallos del mercado" y la necesidad de la intervención estatal en pos de la asignación y redistribución (parcial) de los recursos, se encuentra ahora abocada a que sus actividades académicas estén reguladas por su capacidad privada de generar flujos financieros, marginando cualquier tipo de práctica que no presente formas inmediatas de rentabilidad.
Más que un servicio público, pareciera que el compromiso fundamental de la universidad ya no es con la sociedad, sino con el mercado. Este “baja” de lo público, que podríamos conceptualizar como de ataque privado a los valores que habían constituido la universidad pública, ha ido desarticulando su propia unidad interna, así como la coherencia de sus mecanismos de toma de decisiones y de formación de sus objetivos, desplazándose sus fines de lo público/colectivo a lo privado/particular.
Esta desarticulación del modelo universitario chileno se expresa en el discurso de la universidad como responsable de la formación de los cuadros funcionales de media o alta calificación de cara al mercado y se abandone cualquier pretensión de concebir la universidad como un espacio con pretensiones humanistas, de debate, de lugar de pensamiento de modelos alternativos, de búsqueda de valores democráticos o de fortalecimiento de la ciudadanía. Éstos están siendo tratados marginalmente, como accesorios necesarios. De esta manera se ha consagrado en el inconsciente de nuestra vida cotidiana el discurso del fin de las ideologías, discurso que nos conduce inexorablemente al fomento directo o indirecto de la rentabilidad económica, del orden burocrático, o del pragmatismo.

Estamos conociendo, por tanto, una universidad pública que tiende a generar cada vez más elementos de relación directa con el mercado, ya sea por medio de la venta de sus servicios a precios de mercado. Bajo la inocente apariencia de universidad pública estamos viviendo un proceso de autentica privatización encubierta, que es tanto más grave porque gran parte de los recursos públicos son aprovechados por plataformas privadas para conseguir rentabilidades particulares que difícilmente derivan en recursos o mejoras para la universidad en su conjunto.
Elecciones en las universidades (parte 2)
La semana pasada, a propósito de las elecciones que se avecinan en algunas universidades públicas, señalamos que el grueso de las discusiones que están teniendo lugar no dan cuenta de la profunda desorientación en que se encuentran sumidas instituciones y personas. Éstas han sido atrapadas por un modelo de universidad pública que ha operado con la racionalidad de los agentes económicos privados. Ante el imperativo del autofinanciamiento no pocas universidades han olvidado su carácter público y/ o de paso han sacrificado calidad académica.

A modo de ejemplo varias universidades estatales han instalado sedes a miles de kilómetros de su casa central, lo que no sería problema (en un formato de mercado), de no existir en esas localidades otras universidades, pero ocurre que las hay y también son estatales, ¿Quién puede entender esto? ¿Qué lógica explica esta irracionalidad? ¿Son universidades públicas destinadas a competir entre sí? ¿A disputarse los mercados? ¿Esa es su misión?

También ocurre en el país que universidades que reciben significativos aportes públicos, sean privadas o estatales, en una misma región, imparten las mismas carreras, duplicando esfuerzos en vez de ampliar la gama de oportunidades para sus estudiantes.
¿Por qué ha podido ocurrir esta situación? En el fondo, por que las universidades estatales operan como agentes privados y la institucionalidad directiva que las sustenta es débil y no facilita el control público. Es decir, no tienen claro a quien responden.
En la semana un lector me invitó a presentar algunos de los desafíos que debe enfrentar el sistema universitario chileno. Uno de ellos, sino el principal, es que las universidades públicas actúen sistémica y sinérgicamente, cooperando entre sí, no en pro de sus éxitos individuales o institucionales sino en atención a los principales requerimientos sociales, económicos, productivos y culturales de las personas (sociedad). El Consejo de Rectores, entidad que convoca a los rectores de todas universidades públicas, hasta la fecha ha sido incapaz de abordarlo.
Todo esto ocurre en el marco de la autonomía de la que gozan las universidades, donde las decisiones se adoptan –por lo general- bajo esquemas de participación académica más formales que reales. Administrativos y estudiantes no tienen participación alguna, no obstante ser parte de la comunidad universitaria, pues cualquier asomo de pretensión de involucrarlos, siquiera con derecho a voz hace invocar automáticamente el recuerdo del “cogobierno”. Pero lo más patético es el rol de los académicos, quienes una vez que eligen a sus representantes rara vez logran compenetrarse de las decisiones que adoptan, ya sea por comodidad como por estar sumergidos en la necesidad de “producir” clases y publicaciones para mantenerse como tales. Entre tanto, quienes son elegidos como autoridad, es más que menos oportunidades tienden a perpetuarse.
Tenemos entonces muchos desafíos por delante: que exista límite definido para la reelección de Rector, que los representantes académicos en las Juntas Directivas sean electos por los académicos; ampliar la participación a estudiantes y administrativos. También es necesario reformar estas instancias de dirección con personas que sin duda actuando de buena voluntad y desprendimiento personal requieren conocer profundamente de un “negocio” que es altamente competitivo, complejo y diverso, es decir la dirección de las universidades requiere de expertos en el tema universitario, en políticas públicas, en gestión pública, en gestión del conocimiento, etc.
Si las universidades públicas quieren tener un rol trascendente en el futuro de la sociedad, necesariamente tendrán que reinsertarse “recreadas e inteligentemente” en la sociedad, y para ello se requiere romper los miedos, cambiar las prácticas obsoletas y desatar amarras.

abril 03, 2006

Elecciones en las universidades (parte 1)

Varias universidades han entrado en un proceso electoral, entre ellas, la Universidad de Tarapacá. La elección de Rector es una de las pocas ocasiones en que existe la oportunidad de debatir y reflexionar en torno al tipo de universidad pública que se ha estado construyendo desde los tiempos de Pinochet y que a la fecha no ha sufrido mayores modificaciones tanto en sus aspectos legales como en su sistema de financiamiento.

No pocos perciben que el concepto de universidad pública se encuentra en una encrucijada, en una suerte de callejón sin salida, pues de no generarse cambios importantes va encaminada a su total privatización. Crecientemente se entiende menos que las universidades pertenecientes al Consejo de Rectores reciban aportes fiscales directos y otras no. De igual forma cuesta comprender porqué si un estudiante se matricula en una universidad privada no tenga acceso al crédito universitario. Es decir, no es fácilmente comprensible la razón que lleva al Estado a apoyar financieramente a unos estudiantes y universidades y otros no.

Si se trata de producir bienes o servicios públicos, su generación no tiene porqué limitarse a organizaciones públicas. En el país ya existe la creencia generalizada de que es posible proveer bienes y/o servicios públicos por parte de privados en condiciones de mayor eficiencia.

La discusión al interior de las universidades suele centrarse en las características que debe asumir su organización interna –más o menos Vicerrectorías, más o menos Facultades, dependencias de Escuelas y Departamentos; o en las características de su gestión –más o menos centralizada, más o menos transparencia, con o sin representantes de estudiantes y administrativos en sus organismos de gobierno colegiados -; o en las características personales de quienes postulan a la rectoría –con más o menos trayectoria académica; talantes más o menos autoritarios.

La discusión en torno a estas materias evade el problema de fondo, esto es: el rol de la universidad pública en una sociedad democrática en el mundo actual. Esta evasión de lo sustantivo y su intento de adaptarse o ajustarse a un modelo de sociedad basado en factores de mercado, la ha hecho perder la brújula.

La universidad pública ha dejado de ser el ambiente y espacio de generación de reflexiones e ideas destinada a configurar la sociedad que queremos, para ser hoy una institución que está siendo conducida por un modelo de sociedad acrítica y obsecuente que nadie osa discutir. Se asume como dato de la causa. En lenguaje juvenil: “Es lo que hay”.

De ahí que en los debates internos que por estos días tienen lugar no se observa que se vaya al tema de fondo: el actual modelo universitario se encuentra entrampado en un proceso de privatización y mercantilización que está conduciendo inexorablemente a la extinción de la universidad pública. ¿Es esto lo que se busca?
Diga Ud. patroncito....

A medida que los países se van desarrollando, las relaciones entre las personas tienden a ser más auténticas, entre iguales, dejando atrás prácticas paternalistas que siembran el temor y las inseguridades consiguientes. Estas prácticas, más propias del colonialismo, alientan la existencia de una cultura rastrera bajo la cual difícilmente alcanzaremos el desarrollo. Por tanto, uno de los grandes desafíos que tenemos por delante es propiciar ambientes en los cuales se potencie el desarrollo de personas más seguras, más confiables, que se aprecien y valoren de manera que no se vean tentados a adoptar conductas rastreras.

En muchas partes es posible encontrar personas convencidas que sus posiciones, sus trabajos, sus rentas, sus méritos, sus logros y sus capacidades se deben a terceros. Que no obedecen a su esfuerzo, a sus méritos, sino que a otros, a los jefes, a los patrones. Establecen con ellos relaciones de naturaleza amo-esclavo. Son los agradecidos por los favores concedidos, para quienes las oportunidades se las dan, no se las han ganado. Revelan un fuerte estado de dependencia, de subordinación e inseguridad que desafortunadamente condiciona sus conductas. Son los que Allende, magistralmente popularizara como rastreros, en especial referencia a Mendoza, el General rastrero, quien se suma al golpe del 73, traicionándolo a pocos minutos de jurarle lealtad.

Pero a diferencia de los esclavos, los rastreros se comportan de acuerdo a las circunstancias, sin guiarse por principios. Comportamientos que tienden a justificarse por supervivencia, destinadas a contar con “ventajas” de las que carece quien no está disponible para arrastrarse. Con todo, los rastreros llevan consigo un karma: la necesidad de mantener la “ventaja”, la que peligra cuando el destinatario de sus alabanzas se va y suelen entrar en pánico. Es el caso de una renta negociada de tú a tú que no se condice con las condiciones del mercado o de un cargo obtenido sin cumplir los requisitos establecidos, casos que los colocan en una situación de vulnerabilidad y dependencia absoluta.

Los rastreros se multiplican en ambientes donde no se aceptan ni toleran los fracasos ni los errores en los “otros”, pero sí en aquellos que son “fieles”, quienes solamente tienen palabras de buena crianza para sus dioses. En estos contextos las innovaciones no tienen lugar porque para que ellas se den es indispensable un ambiente de libertad y tolerancia al riesgo, a los fracasos y errores.

El servilismo encuentra terreno fértil bajo las dictaduras, donde no exista equilibrio de poderes, o donde la arbitrariedad y la discrecionalidad campean, generando perversos incentivos a favor de los rastreros. Éstos entonces se multiplican, retroalimentando los liderazgos autoritarios, que a su vez se alimentan de los rastreros, pues de ellos siempre se escuchará música celestial.

Los rastreros no se caracterizan precisamente por su franqueza, muy por el contrario, puesto que rara vez dicen lo que piensan, o hacen lo que dicen. Al respecto, Michelle ha insistido, en clara faena pedagógica y con mucha claridad de cara al país, “que diré lo que pienso, y haré lo que digo”. Con ello nos invita a elevar nuestra autoestima, reducir nuestros miedos y forjar un país que abra cauce a liderazgos más horizontales, más acogedores, más democráticos, más participativos y transparentes, donde decir las cosas por su nombre reditúe más que la falsedad. Esto es, donde haya menos rastreros.

La sucesión


Por estos días estamos observando uno de los aspectos que mejor distinguen a las democracias: la sucesión, el cambio de gobierno, tema que las dictaduras no han podido resolver. En esencia, estas últimas se centran en la imposición, el amedrentamiento y en el mantenimiento del desequilibrio en la distribución del poder que inhibe la participación, impide la descentralización y promueve el secretismo y la falta de transparencia. El miedo de quienes acompañan al dictador de turno a perder sus prerrogativas, así como los propios miedos del dictador refuerzan la necesidad de asegurar su continuidad.

En España, Franco gobernó por más de 40 años sin resolver su sucesión. Creyó que lo lograría con la restauración de la monarquía y el control sobre la educación y formación del entonces príncipe Juan Carlos. Pero le salió el tiro por la culata. Bastó que muriera Franco para que el rey Juan Carlos, una vez ungido como tal, en su primer discurso señalara “que quería ser el rey de todos los españoles”. Con ello echó por tierra el permanente mensaje divisor franquista, el de los buenos –ellos, los nacionales- y el de los malos –los otros, los rojos-.

En Cuba, Fidel Castro está llegando a su ocaso tras más de 45 años sin haber sido capaz de dar un paso al lado y cuando muera asumirá su hermano Raúl, algún tapado, o aflorarán las disputas clandestinas pospuestas una y otra vez por la necesidad que impone el férreo control revolucionario y/o el bloqueo y embargo norteamericano. ¿Y todo para qué? ¿para volver a fojas cero? ¿para que la isla vuelva a serlo que fuera bajo la dictadura de Batista? ¿y el sacrificio de varias generaciones para qué?

Las dictaduras comunistas en la URSS y los países satélites de entonces, agrupados en el pacto de Varsovia, ¿cómo resolvieron el tema de la sucesión? Entre gallos y medianoche hasta que terminaron derrumbándose de la noche a la mañana.

En Haití papá Doc, Maurice Duvalier en compañía de su guardia pretoriana -los tonton matutes- hizo de las suyas por décadas. Lo sucedió su hijo, Jean Claude, quien al poco tiempo tuvo que refugiarse en Europa, destapando un caos que perdura hasta el presente.

En Chile, Pinochet tampoco resistió la tentación, y para guardar las formas intentó perpetuarse mediante el plebiscito del 88 cuando ya llevaba 15 años gobernando a su antojo. Falta por escribirse la historia sobre lo ocurrido la noche del 5 de octubre y el aborto de las intentonas por desconocer la victoria del no. Desde entonces todo lo atado se ha ido desatando –lenta y trabajosamente-. Su sucesión terminó por resolverse del modo menos pensado por sus seguidores.

He querido traer estos recuerdos en homenaje al ejemplar cambio de gobierno que estamos viviendo.