septiembre 30, 2026

La razonabilidad puesta a prueba

Foto de AbsolutVision en Unsplash

Habiendo guerras en el Medio Oriente, en el estrecho de Ormuz, y en Ucrania, si creemos que podemos seguir viéndolas por televisión o leyéndolas en los medios de comunicación, sin mayores consecuencias, estamos muy equivocados.

La razón es simple: las guerras tienen consecuencias más allá de los límites geográficos en las que se desarrollan. Consecuencias de todo orden que estamos viviendo en carne propia. Mal que mal hace rato que dejamos de vivir en forma independiente, si es que alguna vez vivimos de esta forma. Somos dependientes. Nos guste o no, estamos globalizados, desde el minuto en que se nos invitó a dejar de producir lo que no sabemos, concentrarnos en lo que sí sabemos, en aprovechar lo que tenemos y traer de afuera lo que no tenemos.

La guerra en Irak es la cara más visible por su impacto en el valor del petróleo, recurso del que dependemos y seguiremos dependiendo quizás por cuánto tiempo más.

Las guerras en Ucrania y en Gaza nos impactan más indirectamente, pero no por ello dejan de hacerlo. Desestabilizan los mercados, ponen signos de interrogación respecto del futuro, afectan las sensaciones, las emociones. Las muertes, atentados, destrucción que observamos a diario, y quienes no la vivimos, inciden en nuestro ánimo, en nuestra salud mental, en nuestros hijos, en nuestra convivencia, en nuestra mirada del futuro.

Vaya mundo el que estamos dejando a nuestros hijos. ¿Qué ganas de tener hijos podemos tener? La baja tasa de natalidad algo tiene que ver con todo esto. Muchas parejas jóvenes prefieren tener animales de compañía antes que hijos.

Todas estas guerras ¿para qué? ¿Para clavar estacas? ¿Para imponer nuestros términos? ¿Para que el adversario, o enemigo, no salga con la suya? Confieso que me cuesta entender los tiempos que vivimos. Me baja la duda si somos seres racionales; también dudo que seamos seres emocionales. ¿Cuántas veces tenemos que tropezar con la misma piedra para darnos cuenta de las barbaridades que cometemos?

Curiosamente todo esto se está dando junto con avances científicos y tecnológicos sin precedentes. Vaya paradoja, avances que permiten una mejor vida para unos, y en paralelo, una peor vida para otros. En la práctica, lo de la mejor vida para unos es discutible, porque al final del día estamos todos en un mismo barco, vivimos en un mismo planeta que estamos haciendo zumbar, climáticamente, ecológicamente, socialmente.

No pocos pensarán que quienes no estamos implicados, físicamente, geográficamente, militarmente, o de cualquier otra forma, no nos veremos afectados. Por más alejados que estemos de los puntos en conflicto, de los centros de poder, nos rebota, sino financieramente, nos rebota psíquicamente. No se puede vivir bajo la amenaza permanente de calores extremos, de bombardeos, de incendios, de inundaciones como parecen ser los tiempos que vivimos.

Es tiempo que demostremos que no hemos perdido nuestra capacidad de raciocinio. Es tiempo de levantar la cabeza, de apelar a lo mejor de cada uno de nosotros en vez de lo peor. Es tiempo de demostrar que somos más inteligentes que tontos antes que sea tarde.

Es tiempo de saber elegir bien a quienes han de liderarnos.

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