No sé si
ayer vimos una gran final. No sé qué entendemos por una gran final: si una con mucho
nervio, con grandes jugadas, o muchos goles. Lo que sí creo que tenemos un
justo ganador, lo que no es poco puesto que no siempre los partidos lo tienen.
Y rara vez el mejor equipo es quien se lleva la copa.
Ha terminado
un campeonato mundial muy sui generis, muy americano diría yo por lo pomposo,
por las pausas para refrescarse, los entretiempos con estrellas musicales, el alto
valor de las entradas, la espectacularidad de los estadios, el creciente volumen
del negocio que hay tras un mundial, la tecnología subyacente en la
organización.
Un
campeonato mundial que se desarrolla mientras uno de los países organizadores,
EEUU, se encuentra enfrascada en una guerra en Irán. Guerra que la va hundiendo,
lentamente en el fango tal como en su momento ocurrió con la guerra de Vietnam,
en la década de los 60, hace ya más de medio siglo. Ambas, lejos de sus
fronteras físicas. Un campeonato realizado mientras Ucrania y Rusia se
desangran sin que se avizore su término. Y en Gaza la destrucción sigue su
curso. China, entretanto, toma palco. El mundo sigue girando.
A varios de mis familiares y amigos les he consultado respecto de las razones que explican que España haya salido campeona por segunda vez. A continuación, va una versión apretada de las respuestas recibidas a raíz de su triunfo en la final sobre Argentina.
- Trabajo en equipo, basado más en un trabajo colectivo, antes que en individualidades. Hicieron suyo el lema, uno para todos, todos para uno. Paciencia, humildad, concentración, juego limpio, donde los jugadores parecen jugar de memoria.
- Disponibilidad de un plantel de jugadores donde nadie es visto como indispensable. Se dieron el lujo de hacer muchos cambios sin que por ello el equipo se resintiera ni perdiera su estilo mostrándose siempre muy afiatado.
- Si bien cuentan con una estrella, Lamine, joven, rápido, hábil, incisivo, capaz por sí solo de dar vuelta un partido, España no descansa solo en él.
- Proceso de largo aliento bajo una dirección técnica comandada por Luis de la Fuente, que ha estado trabajando con la selección desde sus divisiones juveniles, que se ha encargado de transmitir valores más allá de lo meramente futbolístico.
- Si nos circunscribimos a la final propiamente tal, es claro que el dominio de España se expresó en su posesión del balón la mayor parte del tiempo y una mayor cantidad de oportunidades de gol. El marcador final pudo ser más expresivo.
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