No solo por lo simbólico, dado que bien sabemos la rivalidad, los desencuentros de todo orden con Inglaterra. Entre ellos destacan la guerra de las Malvinas y la mano de Dios de Maradona con que Argentina ganó a Inglaterra en cuartos de final durante el mundial del 86 desarrollado en México.
No solo por el trabajo en equipo, de hormiga, de cada uno de sus jugadores, quienes parecen haber hecho suya la máxima de "uno para todos, todos para uno". No solo por el peso de Messi en su incidencia en el juego y en los dos goles. No solo por su hinchada qu eno se cansó de hinchar y no perder la esperanza.
No solo por el entrenador Scaloni, de pocas, sensatas, sobrias palabras, y de efectuar los cambios oportunoamente. No solo por la garra con que se sobrepusieron a un marcador adverso. Una garra que antes era monopolio de los uruguayos de la que los argentinos parecen haberse contagiado, o capturado. Porque al menos en este mundial, no vi a Uruguay con la garra que los caracteriza.
Ninguna de estas caracterìsticas explica el caracter épico del triunfo alcanzado, pero sí todas ellas. Es la simultaneidad de estas características las que permiten entender el logro alcanzado.
En Nueva York tendrá lugar una final de miedo, Argentina con España. Vaya paradoja que en la capital financiera del mundo anglosajón, la final sea entre países del mundo hispano.
Siendo uruguayo por nacimiento, chileno por adopción, y viviendo en España, mi corazón está por el triunfo de Argentina. Pero no me cortaré las venas si gana España. Ambas escuadras cuentan con credenciales para ganar. Confío que el comportamiento de ambas escuadras esté a la altura de lo que se espera de ellas.

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