julio 16, 2026

¿Hay o no hay sobreoferta de profesionales? (parte 2 de 2)

En la columna anterior (leer) hicimos alusión a dos columnas y dos cartas que abordan a un eventual problema de sobreoferta de títulos o exceso de profesionales que existiría en el país (Chile). En ellas no dejan de sorprenderme porque se trata de un debate absolutamente previsible. Más bien me sorprende que, tanto Loreto, Pablo, como Felipe y Jaime, se sorprendan. ¿Acaso esperaban otra cosa? ¿Olvidan el paisito en que vivimos? Acá van algunas pildoritas recordatorias:

1.      En Chile existen carreras universitarias que son tales por esnobismo, clasismo o arribismo. Acá el universitario se sobrevalora, en tanto que el técnico se infravalora. Ser un profesional universitario en el mercado laboral chileno, pareciera que nos sube el pelaje.

2.      El esnobismo, clasismo o arribismo se expresa en que lo que en el mundo son técnicos, en Chile se reemplazó por la figura del ingeniero de ejecución como una forma de “ascenderlo” social y académicamente.

3.      El resultado es que tenemos más profesionales universitarios que técnicos (alrededor de 3 profesionales universitarios por cada técnico) en circunstancias que debiera ser al revés. En los países desarrollados es de 8 a 10 técnicos por ingeniero.

4.      Las universidades, ni cortas ni perezosas, se subieron al carro dado que al mismo tiempo se les empezó a mover el piso financiero. Dejaron de tener asegurado su financiamiento, eliminándose la gratuidad en la educación superior.

5.      Con el innombrable se abrieron las compuertas para que surgieran universidades privadas, con una mano adelante y otra atrás, sin mayores requisitos.

6.      Unos vieron a la opción de generar un nuevo y suculento negocio dado que las instituciones existentes eran incapaces de absorber la demanda por educación superior. Esto, a pesar de que por ley se asumía que a las universidades que se crearan se les exigía que fueran “sin fines de lucro”. 

7.      Otros, antes que un nuevo negocio financiero, vieron la creación de nuevas universidades como una forma de generar nuevos profesionales imbuidos de un nuevo espíritu político-cultural-económico que asegure la continuidad de la ideología subyacente en el régimen del innombrable.

8.      Lo concreto es que hoy estamos llenos de profesionales de primera generación, a punta de un endeudamiento no sostenible con los ingresos que disponen “gracias” a la formación recibida. Y no pocos de ellos, sin trabajo o con trabajos que poco o nada tienen que ver con la formación recibida, o con una formación que no es la que el mercado laboral demanda.

9.      De esta forma se multiplicaron universidades y profesionales, hasta que se descubrió que había que regularlas cuando se descubrió que se producían profesionales como quien produce salchichas.

10.  Y no se encontró mejor manera de “regular” que creando el concepto de acreditación, de universidades y carreras, subdividiéndose en acreditadas y no acreditadas.

11.  Hoy pareciera que vamos camino hacia una paulatina y creciente acreditación desacreditada.

12.  Y la fiesta continúa. Ahora se está descubriendo la pólvora: que hay carreras muy largas, que hay que acortarlas. Y las acortan al mismo tiempo que crean posgrados y postítulos para compensar el descubrimiento de la pólvora. Se chutea la pelota hacia adelante.

¿A dónde iremos a parar? No lo sé. Sólo sé que nada sé, o sólo sé que un libre mercado sin algún grado de planificación no es el camino, así como tampoco lo es una educación superior planificada de espaldas al mercado.

El camino a seguir pasa por el encuentro entre el mercado y un mínimo de planificación que incluya una suerte de “observatorio” honesto que nos diga para dónde va la micro. El drama reside en que la honestidad brilla por su ausencia en tiempos de amoralidad, por ni decir de inmoralidad.

Más en los tiempos que corren, donde ya nos acompaña un nivel de inseguridad y una inteligencia artificial, de Padre y Señor mío, que no podemos soslayar.

 

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